Rav Shlomo Aviner

¿Cómo logramos evitar la división en la nación?

P: Hay quienes advierten sin cesar que existe tensión y división entre el pueblo. ¿Acaso es posible unir entre los distintos grupos del pueblo de Israel?

R: Tenemos la impresión, por el contrario, que precisamente no hay tensión ni división. Según nuestro conocimiento y nuestra propia experiencia, observamos que los judíos de todas las tendencias viven juntos en armonía. Evidentemente, en toda sociedad siempre existen márgenes. Existen márgenes entre los derechistas y los izquierdistas, entre religiosos y seculares, ultraortodoxos y nacionalistas religiosos, pero la mayoría de las personas se llevan bien entre sí. Al igual que en toda gran familia, existen varias “clases” de personas, pero, a pesar de sus diferencias, logran tener una muy buena relación. Así ocurre también en el entorno laboral y sin duda en el ejército.

Pero no es cierto decir que hay una fisura en el pueblo. Sólo una minoría de judíos que no posee el amor a Israel se opone con dureza a los demás; pero, gracias a D’s, la gran mayoría vive en calma y armonía.

Sin embargo, a pesar de que la situación parece ser buena, ¿cómo se logra que sea aún mejor? - o mejor dicho: ¿cómo podemos fortalecer la unión de nuestra nación?

La respuesta es: como en todos los aspectos de la vida, haciendo uso de la inteligencia. Debemos comprender, en primer lugar, que lo que nos une es mucho más de lo que nos separa.

Evidentemente, existen divergencias y diferencias, pero éstas no deben ser motivo de temor. No hay que buscar imponerle al prójimo que sea igual a nosotros. No hay que transmitirle un veto negativo: “si no piensas como yo y no crees como yo, si no te comportas como yo y no votas como yo - eres mi enemigo y te odio”;  expresiones semejantes a las palabras pronunciadas por Stalin: “Quien no es mi amigo es por lo tanto mi enemigo”.

Sin duda, tenemos mucho que nos separa, pero tenemos mucho más en común. Somos hermanos, constituimos un mismo pueblo, un mismo destino, una misma historia, con un mismo pasado, un mismo futuro en una misma tierra, un mismo estado. ¡Cuán grande es lo que tenemos en común! Frente a esta grandeza, las diferencias son insignificantes. Para ver lo común es necesario aplicar la inteligencia.

La percepción emocional suele ver lo que diferencia. En cambio, la percepción científica busca lo común. El físico ve toda serie de trozos de metales de distinto peso y volumen, sea un tanque o una aguja, pero sabe que se trata del mismo hierro, con la misma estructura atómica y el mismo peso específico. El científico busca a través de los fenómenos diversos y cambiantes de la naturaleza un hilo conductor que los una. Sabe que el horno eléctrico, el motor electromagnético y el cubo de electrólisis, reciben la misma corriente eléctrica. ¡Es sorprendente cómo la misma electricidad sirve a aplicaciones múltiples tan diferentes entre sí!

Así ocurre con el pueblo judío: la misma electricidad, la misma corriente vital, la misma especificidad, la misma historia - circula entre todas las facciones y sectores. Se expresa en formas diferentes y en distintas formas de vida con virtudes y desventajas.

Se puede discutir acerca de todo aquello sobre lo que no estamos de acuerdo. Cada parte puede intentar convencer a la otra y tratar de triunfar. Pero con una condición: debemos recordar ante todo y por sobre todo que somos hermanos.