Rav Shlomo Aviner

Lo que desea el corazón

Pregunta: Antes de casarme estudiaba mucho la Torá. Ahora, desde que me he casado, es muy difícil para mi sentir un acercamiento al trabajo del hogar, y más de una vez me encuentro dedicada al estudio más que a las tareas cotidianas. ¿Qué debo hacer?

Respuesta: En primer lugar, cada cual debe seguir la tendencia de su espíritu. Una mujer inclinada a la espiritualidad debe dedicarse principalmente a los trabajos espirituales y relegar las tareas diarias a un nivel de importancia inferior. Obviamente, empero, existen circunstancias que obligan en la vida: es necesario cocinar, limpiar la casa y bañar a los niños. Cada individuo tiene mitzvot que le son agradables y otros que son menos, pero sobre todas ellas está escrito: “Nosotros haremos y escucharemos todo cuanto ha dicho el Señor y seremos obedientes” (Éxodo, 24:7). Esencialmente, todos los preceptos son agradables, puesto que son el deseo de D’s; y la realización del deseo divino es la cosa más agradable que existe.

Afirmémoslo claramente: la necesidad de sentirse “conectado” y bien con el trabajo en el hogar es completamente secundaria. No trabajamos a D’s para sentirnos “conectados” y sentir satisfacción, sino para cumplir Su deseo. A pesar de que correspondería sentir un sentimiento maravilloso al servir a D’s, es secundario. Lo principal es realizar Su deseo, sintamos santidad o nada.

Más aún, la situación en la cual la persona sirve a D’s y no siente satisfacción alguna, tiene el valor especial de hacer posible el culto a D’s en sí. Cuando alguien “se siente conectado y bien” puede dudar y preguntarse si está sirviendo a D’s para su propia felicidad o para el deseo divino. Por lo tanto, D’s en Su benevolencia, a veces encarga que la felicidad y el entusiasmo no estén presentes para poner al hombre a prueba y para guiarlo a través de una transición. Para que el hombre pueda ser más sincero y escalar a un nivel más alto del culto a D’s.

Debemos comprender que nuestra tarea es santificar el nombre de D’s desde lo más bajo de esta tierra. La Torá no fue entregada a los ángeles celestes sino a los hombres para que la cumplan: “Santificaremos Tu nombre en el mundo para que ellos lo santifiquen en el firmamento”

Precisamente las mujeres estudiosas y espirituales son quienes pueden sentir gran satisfacción al cumplir los deberes prácticos del hogar, al saber que existe una gran luz escondida detrás de esas tareas simples. La Torá nos describe extensamente los actos de Abraham y su apremio enorme para realizarlos, porque percibía la suprema luz que había en ellos.

Cuando vinieron las visitas, se ocupó de ellos y le dijo a D’s: “Señor del Universo, no pases de largo a tu siervo” (Bereshit, 18:3). A partir de este versículo, nuestros sabios deducen que la hospitalidad es más importante que recibir a la Divina Presencia. El Maharal concluye que la hospitalidad y recibir a la Divina Presencia no son dos objetivos separados, sino que la hospitalidad es recibir a la Divina Presencia. De este modo, en todas las mitzvot que realiza la mujer en su hogar, la Divina Presencia se encuentra en ellas.