Rav Shlomo Aviner
La conversación diaria -
Pregunta: Somos una pareja siempre en conflicto. Existe gran tensión entre nosotros, mantenemos infinitas discusiones acerca de cuestiones que no son serias sino triviales, pero se acumulan en una pesada carga. ¿Qué debemos hacer?
Respuesta: Aparentemente, el problema no se encuentra en el contenido de vuestras discusiones. Si así fuese, podrían llegar a un compromiso. Sino que el problema son las discusiones mismas: el tono, la falta de confianza mutua, la decepción y la crítica permanente.
La solución es mantener una conversación diaria. Todas las noches, cuando los niños ya duermen y no molestan, desconectar el teléfono y conversar entre 20 minutos y media hora acerca de lo acontecido a lo largo del día. Si durante el día sucede algo inquietante, como un insulto, hay que permanecer en silencio, seguir el curso de la jornada y hablar de ello en la noche. Entonces, cada uno le dirá al otro sus respectivas observaciones:
- “Quiero que sepas que has hablado de tal y tal forma hoy, lo que realmente me ha ofendido”. -“¿Acaso el contenido de lo que he dicho te ha ofendido?” - “¡No! Acepto el contenido. La forma es la que duele”. - “Lamento. ¿Cómo quieres que me exprese para que mis palabras puedan ser aceptadas por ti?” - “Quisiera que hablaras así y así….” - “De acuerdo, lo intentaré. ¿Acaso hubo cosas que dije en forma aceptable para ti?” - “Si, me has hecho una observación sobre…. y acepté tus críticas porque lo expresaste en forma apropiada, gracias. Cuando me hablas así y así, me enfadas….”. - “Lamento, no sabía…”.
Este es el secreto de la conversación diaria: trata de lo bueno y de lo que se debe corregir. Muchas veces, comienza en tonos altos. Ambas partes necesitan sacar el enojo. Lentamente, el ambiente mejora, las heridas abiertas se curan y la vida comienza a iluminarse.
La conversación diaria se puede dividir en dos partes: la negativa y luego la positiva. El diálogo debe concluir en una nota positiva. La conversación diaria que comienza en un tono duro, se purifica progresivamente hasta que finalmente el aire se aclara.
Quienes no son capaces de mantener una conversación diaria, deben dirigirse a un consejero en asunto matrimoniales. Allí tendrá lugar un diálogo similar pero con la dirección de una persona experimentada y objetiva. Por supuesto, es preferible que la pareja logre hacerlo por sus propios medios.
Y si se pregunta: ¿acaso no está escrito: “No hables demasiado con tu esposa” (Avot, 1:5)? Al respecto observó el Jazón Ish que esto no se refiere al primer año de casados en el cual hay que hablar, unirse a través de un diálogo conjunto.
Algunas parejas dirán: “¡No estamos más en nuestro primer año!” Según parece, muchas parejas, lamentablemente, están aún estancados en el primer año, mismo tras muchos años de casados. Al comienzo del matrimonio, la pareja tiene la necesidad de hablar mucho, para construir un puente de comprensión. Posteriormente, a medida que la vida avanza, cada cónyuge comprende al otro, sin necesidad de demasiadas palabras. La conversación diaria es la cura. Como está escrito: “Entonces los que temían al Eterno hablaron cada uno con su compañero; y el Eterno escuchó y los oyó…” (Malaji, 3:16).