Rav
Shlomo Aviner
Podemos
confiar en Tzahal
Pregunta:
Algunos residentes de los asentamientos están preocupados por lo que puede
suceder en la situación de seguridad. No confían en Tzahal. Ellos creen que el
ejército está ocupado en protegerse y evita actuar decididamente y en forma
efectiva a favor de los pobladores. En especial después de la salida del Líbano,
temen que Tzahal los abandone como lo hizo con Tzadal (el Ejército del Sur del
Líbano). Sienten que no hay en quién confiar, llaman a los otros pobladores a
almacenar agua y alimentos y asimismo a organizarse en forma independiente,
comprando toda serie de armas.
Respuesta:
Corresponde plantear todas estas preguntas al ejército. Es importante proponer
la realización de encuentros con los jefes del ejército y plantearles
distintas preguntas sobre los preparativos del ejército ante posibles
situaciones futuras. Evidentemente, no hay que hablarles en un tono ofensivo
pero sí no cesar de preguntar hasta obtener todas las respuestas. No soy un
militar, por lo tanto, no me corresponde informar acerca de las estimaciones
de seguridad. Pero aquí, la pregunta va más allá. Por lo tanto, siento
la obligación de afirmar en forma clara que todos esos reparos son falsos,
simples ofensas. ¡Tzahal no abandonará a nadie, tampoco lo hizo nunca en el
pasado! Esta situación no se puede comparar con lo que ocurrió con Tzadal en
el Líbano. Hubo una decisión oficial de salir del sur del Líbano y un
compromiso moral hacia Tzadal.
Tzahal
nunca abandonará a nadie y para salvar a un ciudadano está dispuesto a enviar
a toda una división de tanques y helicópteros de combate. Y esto no sólo
porque Tzahal tiene la motivación de hacerlo, sino que tiene los dispositivos
apropiados para hacer frente a todas las posibles situaciones. Ha llevado a cabo
ejercicios de alto nivel para prepararse. Estas acusaciones constituyen tonterías,
reflejan una terrible ingratitud hacia un ejército que patrulla día y noche
para proteger a los asentamientos.
Obviamente,
el nivel político puede tomar las decisiones que desee, pero eso no tiene nada
que ver con el ejército. Sin embargo, hay cosas que el ejército no permitirá
que el nivel político decida en su nombre, y hay decisiones que el pueblo judío
no permitirá que se tomen más tarde. Nuestro Primer Ministro puede hacer
errores en la esfera diplomática, pero en asuntos de seguridad es bueno, fuerte
y valiente, y no teme a nadie.
Esto
fue demostrado en el incidente del cruce de Yehuda y Shomrón hace tres meses.
Tzahal respondió con determinación, talento y rapidez, demostrando que estaba
pronto ante cualquier ataque. Desde lo sucedido en Kever Yosef en Shjem, el ejército
aprendió la lección,
comprendiendo que las relaciones pacíficas pueden cambiar en un instante.
Si a veces Tzahal se comporta con un máximo de cuidado no se debe a la
debilidad o a la falta de capacidad. Más bien, se basa en evaluaciones
militares de costos y beneficios, en un esfuerzo para no iniciar una guerra
mundial cada vez. Tzahal reacciona en forma determinada y con fuerza, en base a
una política de valor. Además, el
temor ante posibles manifestaciones árabes sin armas por los asentamientos no
tiene base alguna. La violencia pasiva no es nueva y Tzahal tiene los métodos
para enfrentarla. Existen además reglas claras en cuanto al uso gradual de la
fuerza, incluso instrucciones para, en ciertos casos, disparar.
Algunos
preguntan: ¿qué sucederá en los primeros quince minutos hasta que llegue el
ejército? Es muy simple. Ciertos guiones no sucederán, por lo tanto no debemos
preguntarnos qué ocurrirá. Tzahal no actúa en un vacío, sino en base a
información de inteligencia tanto sobre las posibles amenazas de afuera como de
adentro. Obviamente, pueden haber sorpresas a nivel de un ataque aislado, pero
uno de amplias dimensiones no puede suceder sin el conocimiento previo de
Tzahal.
Es
simplemente ‘lashón hará’, malas lenguas, decir que Tzahal no hará nada
si sucede algo. Hará todo y no permitirá que nadie salga herido. En cualquier
situación, bajo cualquier gobierno o Primer Ministro, de izquierda o derecha,
no dudará en actuar.
Hasta
el día de hoy, ¡Tzahal jamás abandonó a un judío ni abandonará en el
futuro!
Un
ataque es siempre factible, por lo tanto, debemos llevar pistolas en todo
momento - inclusive en Shabat - y en
todo lugar, mismo en Jerusalén en la calle King George. Pero no tiene sentido
establecer milicias. En caso de guerra, todas las pistolas del mundo no servirán.
Para eso es necesario un ejército. Las pistolas son útiles para la
seguridad civil corriente, ¡a menos que los profetas y fanáticos estén
dispuestos a comprar un helicóptero de ataque que cuesta cincuenta millones de
shekels! Quien done el helicóptero lo dedicará al alma de su abuelo y un
tanque al de su tío. ¡Mas éstas no son más que tonterías! No es nuestra
función preparar armas de lucha, es responsabilidad del ejército. El ejército
hace su trabajo como corresponde y está preparado ante diversas situaciones, en
cuanto a los asentamientos, las rutas principales y áreas abiertas, así como
está preparado ante un ataque en las fronteras. Obviamente, un ataque sorpresa
siempre puede ocurrir, el ejército no está preparado en un 100%. Pero esto
puede suceder a todo nivel, también
en las fronteras. Sin embargo, Tzahal está pronto para hacer frente a cualquier
situación en base al dicho conocido: ‘Todo plan es la base para un cambio’.
Debemos
evitar hablar mal. ¿Cuándo Tzahal abandonó a los judíos? ¡Siempre nos ha
defendido! Quizás en una situación específica Tzahal no haya reaccionado con
tiros sino permaneció de lado ante los incidentes. Mas, ¿qué nos incumbe todo
esto? No debemos darle consejos al ejército ni enseñarle cómo debe actuar. No
debemos organizarle su vida. Tzahal tiene sus propios métodos: algunos, son
conocidos por todos, otros, secretos. No intentemos ser el Jefe del Estado
Mayor. Es un gran problema el hecho que cada uno cree comprender todo sobre
cualquier tema. No digo que debemos permanecer en silencio, por el contrario,
corresponde plantear preguntas profundas. Somos personas inteligentes que
deseamos escuchar y comprender. Pero propagar la histeria entre la población,
divulgando rumores vanos que el ejército no hará nada, es un mal acto. Esto
significa una violación de la prohibición de la Torá que dice: “…que
no haga flaquear el corazón de sus hermanos, como su corazón” (Dvarim,
20:8). Desde el establecimiento del estado, estamos en un estado de guerra
con breves treguas. La Guerra de Treinta Años
y la Guerra de los Cien Años tampoco fueron guerras continuas. Más
bien, cada una tuvo extensas treguas. En tiempos de guerra, está prohibido
desmoralizar al prójimo: “Quien comienza a pensar en la guerra y a transmitir
su pánico, viola las prohibiciones de la Torá: ‘no
se ablande vuestro corazón, no temáis, no os apresuréis y no tembléis ante
ellos’ (Dvarim, 20:3)” (Rambam,
Hiljjot Melajim, 7:15).
No
prometemos ni profetizamos que no habrá problemas. No existe un 100%
de seguridad en los asentamientos, pero tampoco en Jerusalén, Tel Aviv,
ni siquiera en todo el país, evidentemente tampoco en la diáspora. Por regla
general, en este mundo hay problemas. Este mundo no es un parque de diversiones.
En el norte también existen dificultades y en los poblados del Kineret en el
pasado han habido problemas que hemos superado. No debemos ocuparnos de profecías
negativas, tampoco tenemos profecías que no se presentarán inconvenientes,
pero tenemos profecías que, con la ayuda de D’s, logremos superar las
dificultades y perseveremos.
¡Seamos fuertes!