Rav Shlomo Aviner

¿Cómo conectarnos a D’s?

 Muchas veces, personas sedientas de espiritualidad se preguntan cómo es posible unirse a D’s, sentirse conectados. ¿Cómo es posible lograr un placer espiritual en el estudio de la Torá, en el culto a D’s, como se disfruta de una hermosa melodía? Se preguntan, ¿por qué no podemos lograr también nosotros disfrutar como lo hace un “jiloni” (un judío secular, no religioso) en una fiesta?

Indudablemente es imposible “conectarse a D’s” en el sentido simple de la expresión. Además, la voluntad misma de lograr placer en el culto divino es un error y constituye una falta de comprensión del significado del concepto de adhesión a D’s.

El yerno del Rav Kook le escribió con pesar que no sentía placer en el estudio de la Torá. El Rav Kook le respondió que tampoco él sentía placer, pero sentía un placer extraordinario del hecho que a través del estudio de la Torá ascendía con el tiempo en su nivel de sabiduría, comprensión y pureza. Es cierto que la ascensión es lenta y debido a dicha lentitud es difícil sentir lo que ocurre y emocionarse ante dicho evento especial. Por lo tanto, el placer no se siente en forma inmediata. Pero, sin duda, es algo que llena a la persona de felicidad, como la alegría de caminar a lo largo de un sendero, a pesar que sea largo y penoso, sabiendo que es derecho y seguro.

La pregunta de por qué no sentimos el placer de servir a D’s es como la historia de la madre que le dice a su hijo: “Come, hijo mío. Al comer crecerás y serás fuerte”. El niño come y al terminar el plato corre a mirarse en el espejo para ver cuánto ha crecido. Al no ver los resultados vuelve a su madre y le dice: “Madre, no he crecido nada”.

En las cuestiones materiales, se accede en forma inmediata al placer - el placer del paladar al comer, el placer del tacto, el placer de la vista y el oído. No sucede así en el mundo espiritual. En lo espiritual se trata de cuestiones profundas y elevadas, una enorme empresa de construcción y crecimiento de un nivel espiritual a otro, de adhesión y acercamiento a D’s.

En el mundo material es posible también diferenciar entre las cosas que brindan una satisfacción inmediata y las que exigen una inversión prolongada. Por ejemplo, un arqueólogo no logra resultados de sus trabajos en las primeras etapas.  Al comienzo, recoge toda serie de objetos y restos - cerámicas, piedras, etc. Sólo después de una prolongada recolección y de un análisis aún más extenso de lo encontrado, comienza a aclararse la imagen y viene el placer concreto. Sin embargo, también en el medio del trabajo, siente la felicidad de la creación, al descubrir los secretos del pasado.

Es sin duda un error renunciar al estudio de la Torá diciendo que no se siente nada. Las mitzvot y el trabajo espiritual - el culto - traen felicidad al espíritu. Pero la felicidad no es algo que se logra en cada degustación de la Torá, como con la comida, sino en el camino, tras un prolongado crecimiento.

El hecho que se siente la felicidad sólo después de un tiempo no significa que no existe. La felicidad mental es parte necesaria del culto divino, como está escrito: “Por cuanto no serviste al Eterno, tu D’s, con alegría y con regocijo de corazón cuando abundaba todo…” (Dvarim, 28:47).

Servimos a D’s con felicidad porque de ese modo purificamos el espíritu, el mundo. Pero para disfrutar espiritualmente del estudio es necesario haber estudiado mucho.

El estudio y la plegaria no son para nosotros sino para el Creador del mundo. Dado que el trabajo es para él, tenemos la felicidad de lo que hacemos, la felicidad de la mitzvá.