Rav Shlomo Aviner

¿Cómo nos unimos a D’s?

 

Pregunta: Quisiera realmente cumplir la Torá y las Mitzvot, pero el principal obstáculo que encuentro ante mi es que casi nunca logro sentirme conectado, unirme a la Tfilá, al estudio de la Torá, al cumplimiento de las Mitzvot. No siento elevación alguna, ningún vínculo espiritual. En cambio, cuando escucho los cantos jasídicos, por ejemplo, me “uno” a ellos en lo profundo de mi alma, me atraen y me dejo llevar. ¿Cómo podré lograr sentir la misma intensidad en el estudio, en la plegaria y en el cumplimiento de los preceptos?

Respuesta: ¡La Torá no son cánticos! El rey David fue castigado en Peretz Uza porque llamó a la Torá cánticos. No estamos contra la música, los cánticos y las melodías jasídicas, por el contrario, nos agradan mucho; pero la Torá es de otro orden, muy superior. Porque hay que adquirirla con mucho esfuerzo; y para llegar a ese sentimiento profundo de unión con la Torá, es necesario recorrer un largo camino. Los primeros capítulos de “El sendero de los rectos” (Mesilat Iesharim) de Rabí Moshé Jaim Lutzato, el Ramja”l, nos preparan el camino para llegar a los últimos capítulos - es necesario avanzar a través de distintas etapas.

Así es el orden del mundo: no se llega a lo sublime sino con gran esfuerzo. No leemos historias acerca de una persona que caminaba casualmente por la calle y encontró un gran tesoro; sino que debió buscarlo, escalar montañas, descender a abismos, atravesar distancias y luchar contra enemigos para encontrarlo. Entonces, los lectores estarán completamente de acuerdo que con justicia mereció descubrir ese tesoro.

Debemos comprender que la Torá es el tesoro más grande del mundo y por lo tanto, no se obtiene sin esfuerzo. La emoción ante la melodía de los cánticos sagrados es también algo hermoso, pero es simple, por lo tanto se puede alcanzar fácilmente. Sin embargo, la Torá, es la luz del mundo, y para merecerla es necesario realizar un gran esfuerzo.

El yerno del Rav Kook le escribió con pesar que no sentía elevación en el estudio de la Torá. El Rav le respondió: “¡Yo tampoco! No en toda página de estudio siento que abrazo mundos superiores. Debo esforzarme y dedicarme con empeño. Después de transcurrido mucho tiempo, siento a veces cierta iluminación que proviene de las alturas. Esto es similar a un niño que come para crecer, pero no puede sentir que crece mientras come, sólo a veces” (Guinzei Hareaia, Shavuot).

Aquel que quiera sentir una elevación, unión, inmediata y permanente, sentirá desilusión y frustración. Sin embargo, con humildad y paciencia podrá llegar hasta las alturas.

Este aspecto del trabajo dedicado del estudio no es secundario, sino que representa la espina dorsal de la esencia del hombre en el mundo, tal como lo explicó Rabí Moshé Jaim Lutzato extensamente en su libro “El sendero de D’s” (Derej Hashem). La gran benevolencia de D’s, incluye la posibilidad que el hombre pueda alcanzar con esfuerzo todo lo que D’s le ofrece, y no sólo como un obsequio divino. Rabí Yosef Caro, en su libro “Maguid Iesharim”, describió las revelaciones proféticas que había tenido, llamando al don gratuito divino que no exige esfuerzo “nehama dakisufa”, el “pan de la  vergüenza”: quien recibe pan espiritual o material gratuitamente se avergüenza.

Pero, por otra parte, se podría objetar: “Si sólo al final del camino logramos percibir que nos “unimos” al culto de D’s, ¿cómo lograremos resistir hasta entonces?”

La respuesta es que hay que ser plenamente consciente que nos dedicamos a una causa enorme, la más grande del mundo, la realización de la voluntad divina. Ese mismo conocimiento, de por sí, nos colmará de una dulzura interna, una felicidad suave, que por supuesto no constituye la esencia de la adhesión superior, pero es un pasaje en el cual se

degusta un poco del sabor del futuro.