Rav
Shlomo Aviner
Códigos
ocultos en la Torá
Pregunta:
Escuché que la Torá contiene códigos basados en la cuenta de cierto número
de letras para formar palabras, lo que prueba que la Torá es divina. A
continuación, un ejemplo: “Y el Señor
dijo a Moshé: ‘… a fin de que se multipliquen Mis maravillas en
la tierra de Egipto [lemaan rabot moftai beeretz Mitzraim]” (Shemot,
11:9). Las iniciales de las cuatro últimas palabras en hebreo son: Reish
Mem Bet Mem - ‘Rambam’ [Maimónides]. Si comenzamos con la Mem de Moshé y
contamos 50 letras hacia adelante tres veces, obtenemos las letras: Mem Shin Nun
Hei - que forman ‘Mishná’. Si contamos otras 613 letras [el total de los
preceptos: ‘Tariag Mitzvot’] y luego volvemos a contar de a 50 letras
obtenemos: Tav Vav Reish Hei - ‘Torá’. Obtenemos entonces: Rambam cuya obra
principal fue el ‘Mishné Torá’ que describe las ‘Tariag Mitzvot’. De
este modo, se encontró también la fecha de fallecimiento de los grandes
rabinos de Israel. ¿Cómo debemos considerar estos métodos?
Respuesta:
Debemos analizar el tema desde tres aspectos: a) como un comentario de la Torá;
b) como un asunto científico; c) como una prueba que la Torá es divina.
a)
como un comentario de la Torá - un comentario no exige la aprobación
de los científicos. Todos los comentarios son aceptables.
Incluso la Guematria [el valor numérico de las palabras] constituye un
comentario válido. Si bien no siempre es convincente, no busca convencer sino
comentar.
De
este modo, los códigos constituyen también un comentario. Los sabios
medievales no siguieron este camino, en sus escritos encontramos tan sólo
indicios de este sistema. Por ejemplo, Rashí deriva el nombre de D’s de 72
letras a través de la manipulación de ciertos versículos de Bereshit, cada
uno con 72 letras (Sucá 42a; Zohar).
El
Rambán escribe que antes de revelación en el Sinaí (Maamad Har Sinai), la Torá
no tenía pausas, las palabras no estaban divididas (ver
la Introducción a su Comentario de la Torá). Esta situación no permite el
análisis de códigos. Rabeinu Bejaiei escribe que el nombre divino de 42 letras
puede derivarse del primer versículo de la Torá a través del salto de letras
(Ibid). Rabí Moshé Cordovera, por su
parte, sostiene que es posible conocer los secretos de la Torá a través del
salto de letras, pero agrega que no sabe cómo hacerlo (Pardes Rimonim, Shaar Hatzaruf, Shaar 30, Introducción). De todos
modos, estos sabios, no ampliaron en el tema. Sólo en la última generación,
Rabí Jaim Mijael Dov Weismandel desarrolló un sistema.
No
obstante, como hemos dicho, es posible interpretar de una nueva forma, a condición
de que el comentario esté basado en la fe y en el temor a D’s. Evidentemente,
existen comentarios más y menos profundos. Además, es claro que esos códigos
no le permiten al hombre adquirir gran sabiduría, mas no se debe refutar ningún
método, mientras sea puro espiritualmente.
b)
como asunto científico - evidentemente debemos analizar si es una
ciencia válida. Desde hace ya dos años tiene lugar una discusión al respecto.
Hay quienes consideran que todo ha sido probado estadísticamente, mientras
que otros se niegan a reconocer ese argumento: ya sea eruditos que no
entienden de ciencia o científicos
que odian la religión.
Por
otra parte, hay quienes consideran que se puede encontrar lo que se desee en la
Torá si se ajustan los intervalos que se saltan entre las letras. Además,
dicen que al establecer parámetros en forma arbitraria, siempre es posible
encontrar combinaciones raras y sorprendentes en cualquier libro extenso.
Finalmente, concluyen, quienes desarrollaron este sistema no eran científicos.
Entre quienes se oponen al método de codificación se encuentran matemáticos
religiosos, como el Profesor Hasofer y el Profesor Barry Simon quien ha reunido
una lista de 45 matemáticos prominentes (entre los cuales, 10 judíos
religiosos), que sostienen que el método de códigos no tiene base científica
alguna y su concepción es errónea (ver en la Internet).
Humildemente
quisiera señalar que no soy matemático ni puedo expresar mi opinión al
respecto. Si bien en mi juventud estudié matemáticas, un poco de estadística
y probabilidades, pero no en un nivel que me permita determinar entre los
diversos argumentos. Puedo únicamente expresar una observación general acerca
del pensamiento científico. Los fundadores del método de códigos descubrieron
en la Torá diversos acontecimientos, tales como la fecha de la muerte de
Rabinos importantes, pero reconocen que son incapaces de predecir el futuro.
Esto destruye la base científica del método puesto que ¿qué es una ciencia?
- la ciencia es el examen de los hechos y el hallazgo de leyes generales que los
expliquen. Para que sea posible examinar la verdad de una teoría, debe ser
posible ponerla a prueba. Es decir, proponer un experimento cuyos resultados
aprueben o refuten la teoría. Mismo si traemos varias pruebas que la confirman,
no garantizan su veracidad. Si un hecho la refuta, es suficiente para poner en
duda la fuerza de su validez de presentar una explicación general. Por lo
tanto, si una teoría se refiere únicamente al pasado y propone explicaciones a
hechos que ya tuvieron lugar, destruye toda posibilidad de refutarla y, por lo
tanto, de discutir acerca de su veracidad.
Quisiera
además señalar que es sabido que existen diversas versiones de la Torá con
pequeñas diferencias. Rabí Akiva Eiguer presentó una lista de las diferencias
entre las versiones, que incluyen las diferencias en el Libro de Bereshit (Rabí
Akiva Eiguer acerca de Shabat 55b). Rabí Shalom Sternberg, profesor de matemáticas,
escribió que los códigos que funcionaban en una versión, no correspondieron
en otra (Ver en Internet sobre este tema).
c)
como prueba del origen divino de la Torá - Esto nos conduce a la
pregunta si el método de códigos sirve como prueba del origen divino de la Torá.
Al respecto, quisiera hacer tres observaciones:
1.
Evidentemente,
en primer lugar debemos demostrar en forma absoluta la veracidad del método
puesto que es controvertida. Aún más, para determinarla, hay que poder
comprender cálculos estadísticos complejos, lo que nos conduce a plantear otra
pregunta: ¿cómo es posible que para convencerse de la veracidad de la Torá
sea necesario ser un gran matemático? ¿acaso la Torá no fue entregada también
al pueblo simple?
2.
Por
lo tanto, el empleo de los códigos para convencer a la gente acerca de la
veracidad de la Torá constituye un error estratégico. Si alguien se volvió
religioso debido a una demostración con los códigos y descubre luego que el
sistema en sí es dudoso, es posible que por ese motivo todo su sistema de
creencia se desmorone. Rabí Saadia Gaón escribió que uno de los motivos de
herejía es la existencia de argumentos débiles en favor de la fe.
3.
Incluso
si se determina que existen en la Torá códigos de prueba lógica absoluta,
tenemos mucho más que eso. A fin de cuentas, la fe es mucho más elevada que la
razón y la ciencia. No nos oponemos a pruebas científicas, pero son bastones
necesarios para apoyar un asunto que renguea.
Un
Intelectual y religioso, un gran conocedor de la filosofía, tradujo ciertas
pruebas de la existencia de D’s de la filosofía gentil y pensó que había
aportado una gran contribución. Sin embargo, Rabí Abraham David Rabinovitch
Teomim [el Aderet], el rabino de Jerusalén, rechazó su camino. Dijo: ‘la
existencia de D’s no necesita pruebas. Si es necesario probar algo, señal que
es dudoso, como está escrito en el Talmud de Jerusalén: “Cuando
algo es ilógico, se presentan numerosas pruebas” (Yerushalmi,
Brajot, 3).
Si
alguien construye su edificio religioso en base a pruebas de la razón, su
conexión con la Torá y la fe en el Todopoderoso será también intelectual. En
cambio, la fe significa sentir que se es parte de algo que es vital y significa
estar dedicado. Para esa fe, el hombre debe estar dispuesto a sacrificarse. Esta es la diferencia entre el “D’s de Aristóteles”
que emerge de las pruebas intelectuales, un D’s que es frío y abstracto,
general y distante; y el “D’s de Abraham” que está “cerca
de todos quienes le llaman sinceramente” (Salmos,
145).
Asimismo, existe una diferencia enorme entre “el D’s de los números” y el D’s viviente, Rey del Universo, el redentor poderoso que vive entre nosotros: “Adon Olam, Señor del Universo. Quien reinó antes de toda creatura…Y es mi D’s… La fuente de mi vida, mi Redentor, es mi salvación en tiempo de dolor…En sus manos, coloco mi espíritu, Y con mi alma y mi cuerpo,….El Señor está conmigo y no temeré.”