Shelomo Hamelej escribió en Mishlé
19: "Bait Vahon Najalat Abot UmeHashem Isha Maskalet". "Casa y
riqueza pueden ser heredadas de los padres, pero tener una mujer inteligente
depende de Di-s".
El Midrash cuenta sobre aquella
mujer que preguntó a Ribí Iosé Bar Jalafta: "¿En cuántos días hizo
Di-s el mundo?". La respuesta fue: "En seis días, como está escrito
en Shemot 31: "En seis días hizo Hashem el cielo y la tierra",
contestó el Rab. La mujer consultó: "Y desde aquel momento hasta ahora,
¿qué hace?". El Rab le respondió: "Forma parejas, la hija de Fulano
para Fulano". La mujer dijo: "Yo también lo puedo hacer con mis
sirvientes y sirvientas". El Rab le contestó: "Si para ti es fácil,
para Di-s es tan difícil como cortar el Mar Rojo", luego de lo cual el Rab
se retiró.
La mujer trajo mil sirvientes y mil
sirvientas, los colocó en dos filas y determinó quién se casaba con quién.
Al otro día los sirvientes se presentaron delante de ella, algunos con la
cabeza herida, otros con los ojos hinchados o con las piernas golpeadas. "¿Qué
les pasó?", preguntó ella. Le contestaron que no se soportaban
mutuamente. Fue a buscar rápidamente a Ribí Iose Bar Jalafta y le dijo:
"Ribí, vuestra Torá es verdadera y hermosa, todo lo que usted dijo tenía
razón".
Aprendemos de este Midrash que la formación
de una pareja es realmente un regalo de Di-s. En muchos casos, se trata de
una pareja con distintas ideas y educaciones diferentes. A pesar de todo, se
unen con amor, cariño y compañerismo, formando generaciones que son orgullo
para el pueblo de Israel. Se trata de un milagro que sólo Hashem puede
hacer. Por eso, aquellos que argumentan "falta de coincidencias"
como motivo de un divorcio o separación, no dan un argumento valedero. Ninguna
pareja es coincidente a primera vista, sino que es formada por la Mano
Divina de manera milagrosa como vimos en el Midrash anterior. Si se llegó al
matrimonio, es porque están dadas las condiciones para el buen funcionamiento
de la pareja. Se debe trabajar sobre uno mismo, puliendo las cualidades y
perdonando los errores del otro para encontrar los puntos de coincidencia que
realmente existen.
En una oportunidad el Sultán de
Estambul le dijo al Rabino de la ciudad: "Ustedes argumentan que Hashem
forma las parejas y que ningún ser humano puede hacerlo. Sin embargo, yo creo
que tengo la facultad y la capacidad para tener éxito en este tema tan
complejo". El Rab le respondió: "Si usted así lo piensa puede
intentarlo, pero le aseguro que los resultados no serán positivos". Al
poco tiempo, el Sultán encontró a una joven y le encomendó que le entregara
una carta para uno de sus ministros que se encontraba en otra ciudad. Como pago
por su acción, el ministro le daría a ella cien monedas. Precisamente, el Sultán
le ordenaba al ministro en esa carta que se casara con la mujer que le entregaba
la carta y que le diera cien monedas.
Cuando la joven se dirigía a la
casa del ministro, se encontró con una anciana menesterosa que le pidió una
ayuda material para poder comprar algo de comida. La joven se apiadó de la
anciana y le encomendó que llevara la carta a la casa del ministro y que éste
le daría cien monedas al recibirla. La anciana se alegró por la noticia, pero
mayor fue su sorpresa cuando el ministro luego de leer la carta y de entregarle
las cien monedas, le ofreció casarse con ella como así le ordenaba el Sultán.
Luego de un tiempo, hubo una reunión muy importante en la casa del Sultán a la
que fueron invitados todos sus ministros. En la mesa principal, había toda
clase de comidas y dulces. El Sultán observó sorprendido cómo ese ministro
envolvía algunos dulces y los guardaba en su bolsillo. "¿Para qué llevas
esos dulces?", le preguntó el Sultán al ministro, quien le respondió:
"Mi señora es muy anciana y no tiene dientes, por eso llevo estos dulces
muy suaves para ella". La sorpresa del Sultán fue enorme cuando el
ministro le explicó que había cumplido al pie de la letra lo que le había
ordenado en la carta. En ese momento, el Sultán comprendió lo que el Rab le
había dicho y reconoció: "Moshé es verdadero, su Torá es verdadera y sólo
Hashem es el que forma las parejas".
¿Por qué nuestros Sabios comparan
a la formación de una pareja con el milagro del corte de las aguas del Mar
Rojo? ¿Cuál es la relación entre ambos sucesos? Una de las explicaciones es
la siguiente: en cualquier elemento que se fracciona en dos, ambas partes siguen
manteniéndose independientemente una de la otra. En cambio, con las aguas o con
cualquier otro líquido que se intente separar, será inútil hacerlo ya que al
instante se unirán nuevamente. En el momento del milagro del Mar Rojo, Hashem
anuló la naturaleza de las aguas y cada parte permaneció en su lugar luego del
corte. El versículo lo atestigua diciendo: "se amontonaron las aguas y se
detuvieron como un muro las corrientes" (Shemot 15).
Es lo que sucede en la formación de
una pareja. Cada integrante debe romper su propia naturaleza para tener éxito
en la misión de construir un hogar de Israel. Sólo se logrará actuando con
tolerancia y dejando pasar los errores normales que cada uno comete.
Los Sabios preguntan cómo es
posible comparar el corte de las aguas en el Mar Rojo con el matrimonio en
donde, por el contrario, debe existir unión en lugar de separación. La
respuesta a este interrogante está relacionada con la vida que marido y mujer
desarrollaron antes de llegar a la Jupá. Cada uno de ellos compartió todas sus
experiencias con sus padres quienes los conocen perfectamente con sus virtudes y
defectos. La madre conoce exactamente cuáles son los gustos de su hijo y trata
de prepararle la comida de acuerdo con sus preferencias. El padre trata de
satisfacer todas las necesidades de su hijo por el cariño implícito que tiene
hacia él. Pero llega el momento de la separación del hijo de sus padres y a
eso alude el corte del Mar Rojo. Se trata de un momento difícil de ser
superado por los padres y por los hijos. Sólo cuando los padres ven a sus hijos
felices en el hogar que construyeron, se sienten realizados y superan el primer
momento de la separación. Cuando los hijos se ven acompañados en cualquier
circunstancia por la pareja que para toda la vida estará a su lado, adquieren
la fuerza necesaria como para ir construyendo un nuevo hogar valorando el
esfuerzo que sus progenitores volcaron hacia ellos.
Hay situaciones especiales entre la
pareja en donde las diferencias se hicieron tan grandes que no se ve una solución
posible a simple vista. Se debe recurrir en ese caso a Rabanim especializados en
este tipo de temas para que enseñen el camino adecuado. Pero en forma general,
Hashem dio a la misma pareja los instrumentos necesarios y las cualidades
indispensables para llegar a la felicidad y tranquilidad para construir casas
que sean ejemplo y orgullo de nuestro pueblo. Para ello, cada uno debe
trabajar y sobreponerse a sí mismo, corrigiendo sus propios defectos sin mirar
los errores del otro.
El Talmud, en Guitin 52, cuenta el
siguiente Maasé: "Sucedió con dos personas a las que el Satán las
provocaba y conseguía que se pelearan todos los viernes. Se presentó en una
oportunidad Ribí Meir al lado de ellos e impidió durante tres semanas que
pelearan hasta que finalmente consiguió el Shalom definitivo. Escuchó Ribí
Meir la voz del Satán que decía: "Ay, ay, Ribí Meir me expulsó de esta
casa". Se trata de un ejemplo claro que nos enseña que a quien se preocupa
siempre por sobreponerse a los conflictos que puedan existir, Hashem lo ayudará
para que se pueda mantener en las próximas pruebas que se presentarán. Ribí
Meir sólo se limitó a expulsar al Satán de esa casa en esas tres
oportunidades. Luego, el Satán se retiró definitivamente y el ángel del
Shalom posó en el hogar.
¡Cuántas
vallas y prevenciones debe crear la persona para no caer en la pelea y la
discusión!
Cada uno -conociéndose a sí mismo- sabe cuáles son los medios para no caer en
la trampa del Satán. Nuestros Jajamim nos comentan sobre un Sabio que tenía
una ropa especial para los momentos en que enfurecía. Ésa era su valla: no se
enfurecía hasta vestirse la ropa. Para él era imposible no enfurecerse, pero
por lo menos podía controlarse hasta colocarse esa vestimenta. Mientras tanto,
la furia pasaba.
Quién se domina de esta forma,
tiene el mérito de ver su hogar en paz. Quien así se comporta es un verdadero
rey en su casa, la corona del reinado está sobre su cabeza, sus palabras son
escuchadas y no teme que nada malo suceda.
Un
hogar que así se construye con las bases de la paz y la verdad, es digno de
formar en su seno reyes que enaltezcan a Israel.
Cuando se celebra un Berit Milá se
acostumbra decir la siguiente Tefilá sobre el niño: "Así como ingresó
al pacto de Abraham Abinu, que tenga el Zejut de ingresar a la Jupá
(matrimonio), a la Torá y a los buenos actos". Los Sabios preguntaron: ¿Por
qué los actos buenos quedan para el final? ¿Acaso no se deben realizar antes
de alcanzar la Jupá? La respuesta de nuestros Jajamim es que realizar
buenos actos antes de la Jupá es relativamente fácil. La prueba verdadera
de la persona es luego del casamiento. Por eso, la Tefilá menciona a los
buenos actos sólo después de la Jupá.
Realmente hay situaciones que se
presentarán en la vida que podrán preverse o no en el noviazgo, pero hasta que
no llegue el momento de la práctica no se conocerá la reacción. ¿Cómo se
reaccionará si la situación económica no permite los lujos que en la casa de
sus padres recibía? ¿Mantendrá la calma a pesar de los errores de su pareja?
¿Qué sucederá cuando el bebé llore toda una noche y los padres no puedan
dormir? Y si algún pariente de su señora hace una "sugerencia", ¿cuál
será su reacción? ¿Cómo responderá la pareja a situaciones en las que las
ideas sean opuestas totalmente? ¿La única salida será dar un golpe a la
puerta y salir, o habrá otra alternativa? En todas estas preguntas y en muchas
más que se podrían formular, hay una sola respuesta posible: trabajar sobre
sus propias cualidades sobreponiéndose a cualquier situación que se presente.
Ésta es la única forma de poder construir un hogar.
"Así como los rostros son
distintos, las ideas también lo son" (Ierushalmi Berajot 5). Nos enseñan
nuestros Sabios con esta frase que así como nadie pregunta "¿Por qué su
cara es distinta a la mía?", ya que por el contrario sería una sorpresa
encontrar a alguien que tuviera la misma fisonomía que la nuestra, ésa misma
es la posición correcta con respecto a las ideas. Cada uno tiene derecho
como ser humano a tener sus propias ideas que merecen respeto y consideración.
Pero, debemos saber que no todo lo que pensamos es una verdad absoluta, sino que
también nosotros nos equivocamos aunque a veces no sepamos reconocerlo. Por
otra parte, no olvidemos que nuestros pensamientos se apoyan en nuestro egoísmo
y estamos sobornados por nuestro propio interés.
Uno de los Sabios más destacados de
nuestra generación para aconsejar en el tema de Shalom Bait es el Rab Diamant
Shelita. Entre sus sabias palabras, escuchamos que todo matrimonio tiene la
garantía del éxito si se cumplen estas tres condiciones:
1)
Predisposición a cambiar. Una pareja que se casa, debe comprender interiormente
y no sólo de manera superficial que inicia un modelo de hogar que no tiene
por qué ser idéntico al que tuvo en la casa de sus padres. Por supuesto
que debe tomarse lo positivo de cada hogar, pero no hay nada que no deba ser
tratado por la pareja para formar así un hogar con sus propias características.
Está escrito en la Torá: "Al Ken Iaazob Ish Et Abiv Veet Imó Vedabak
Beishto Vehaiu Lebazar Ejad" (Bereshit 2). Significa: "Por eso el
hombre abandona a su padre y a su madre y se une a su mujer para formar un sólo
cuerpo". Deducimos de este versículo que para llegar a la verdadera unión
que se refleja en una misma visión de las situaciones de la vida, se deben
"abandonar" todas las formas y sistemas de vida anteriores al
matrimonio. Organizará así con su pareja un sistema nuevo de vida con el
consentimiento mutuo, para dar las bases sólidas de un hogar feliz.
¿Qué pasaría, por ejemplo, si en
la casa del novio se acostumbrara a decir "gracias" por cada plato que
la madre sirve en la mesa? En la casa de la novia, en cambio, piensan que este
proceder es adecuado en un restaurante y no para la familia. ¿Quién tiene razón?
El novio observa el comportamiento en la casa de la novia como una falta de
educación. La novia piensa que la actitud de agradecer continuamente es
demasiado repetitiva. Seguramente que cada uno tiene algo de razón. La
solución será formar un hogar nuevo, ni como el de ella ni como el de él,
sino con decisiones propias tomadas únicamente por la propia pareja basadas en
lo que la Torá opina al respecto y bajo el asesoramiento de los Rabanim. Es
sabido que el primer Bet Hamikdash se destruyó, el segundo también, y estamos
esperando que se construya el tercero que será el último y definitivo para
siempre. En forma similar, cada integrante de la pareja debe olvidarse del
sistema de vida anterior recibido en esos dos hogares, para construir una casa
nueva, que como el Bet Hamikdash que esperamos, será eterna y llena de
felicidad.
2)
Brindar al otro sin reclamar para uno nada. Si nos acostumbramos a crear un estado de
obligaciones para nosotros mismos, los derechos los adquiriremos automáticamente.
¿Cómo es posible? Ninguna persona que se precie por ser normal, está contenta
con recibir del otro continuamente sin tener oportunidad de retribuir el bien
que recibe. Pero, si en lugar de actuar de esta forma, nos dedicamos a exigir lo
que creemos que nos corresponde, los reclamos serán continuos y la tensión en
el hogar será insostenible.
3)
La motivación para el Shalom. Sin lugar a dudas, la motivación -en todos los
aspectos de la vida- es fundamental para el ser humano. Debemos recordar las
consecuencias frustantes de un divorcio para la misma pareja y para los hijos.
Debemos leer los términos contundentes de nuestros Jajamim sobre este tema:
"el altar derrama lágrimas cuando se produce una separación"
(Sanhedrin 22). Encontraremos así la motivación necesaria para superar las
pequeñas cosas que arruinan la vida matrimonial. La motivación es una base
fundamental para todos los aspectos de la vida. Una persona temerosa que ni
siquiera sale sola de noche a la calle, estará dispuesta a caminar por algún
terreno baldío a altas horas de la madrugada si le aseguran que encontrará un
cofre con un tesoro. ¿Qué sucedió con su miedo? Desapareció por la motivación
de poder convertirse en un millonario. En forma similar, quien valora la paz del
hogar y el poder vivir con felicidad junto a sus hijos y seres queridos, estará
dispuesto a olvidarse de cualquier aspecto negativo que se presente en la vida.
Tres
consejos: predisposición a cambiar, brindar sin reclamar y valorar el Shalom
son la garantía del éxito para cualquier hogar.
Cuando algún integrante de la
pareja ofende al otro, éste no sólo que debe callarse y no contestar, sino que
debe preocuparse por evitar cualquier rencor que pueda quedarle por la ofensa
recibida. Muchas veces no se reacciona en el momento, pero se guarda el odio
dentro del corazón. En la primera oportunidad que exista, la persona reacciona
sacando a relucir el problema anterior. No es éste el camino de la Torá, sino
que debe eliminarse de raíz cualquier odio, buscando siempre la parte buena del
otro o cualquier justificativo que exista tales como los problemas económicos,
tensión del trabajo, etc. Debemos saber que el que guarda rencor en el corazón
transgrede un precepto de la Torá. En situaciones especiales, cuando uno se
conoce a sí mismo, y sabe que si no responde en el momento después reaccionará
de peor forma, es preferible que con tranquilidad conteste a la ofensa
para no guardar odio en su corazón. Pero siempre debe hacerlo en forma
respetuosa haciendo entender su posición hasta que sus palabras sean aceptadas.
Ribí Moshe Lib de Sasub preguntó a
su maestro: "¿Cómo se cumple el precepto de: ‘Querer al prójimo como a
ti mismo’ con una persona que le hizo mal a uno?". Su maestro le respondió:
"Todo Israel es una sola alma. Razonemos un poco: Si alguien
accidentalmente se hizo una herida con su propia mano, ¿acaso se golpeará o
cortará la mano que lo dañó? ¡Sería un necio al agregar un dolor al ya
existente! Así es con respecto al prójimo. Nadie puede entonces odiarse a sí
mismo".
Estos conceptos toman más
importancia aún con respecto a marido y mujer. El Zohar escribe sobre ellos,
que el hombre sin mujer es medio cuerpo, por lo que debe perdonar a su esposa y
no buscar nunca la venganza por cualquier actitud, ya que sería como dañarse a
sí mismo.
La experiencia demuestra que en las
casas donde los insultos empezaron en la vida de casados, es muy difícil cortar
esa horrible costumbre. Lo que es peor aún es que transmiten a sus hijos
esas malas enseñanzas. Sobre esto escribe el Sefer Pele Ioez: "Las
maldiciones dañan al que las dice y al que las recibe; las que son gratuitas,
sin culpa alguna, regresan y retroceden sobre quien las dijo". Hasta tal
punto llega este desarreglo que en algunos casos se llega a insultar a los
propios hijos en el momento de nervios por la falta de control y dominio.
Se cuenta sobre Ribí Abraham
Borneshtein Z"L que escuchó a un Iehudi que al nombrar a un perverso decía:
"Que se borre su nombre y recuerdo". Se dirigió a él y le dijo:
"¿No sabes acaso que el Shuljan Aruj decreta que un renegado que murió
sin dejar hijos, igualmente su esposa debe hacer Jalisá y ésta reemplaza al
Ibum que escribe la Torá: ‘Para que no se borre su nombre de Israel?’. ¿Tú
eres tan inteligente de decir: ‘Que se borre su nombre y recuerdo’?".
¡Cuánto debemos cuidarnos de no
sacar ofensas de nuestras bocas! Debemos controlarnos para que se cumpla en
nosotros el dicho del Talmud (Shabat 88): "Los que son ofendidos y no
ofenden, escuchan cómo son avergonzados y no responden, cumplen con amor y se
alegran con los sufrimientos, sobre ellos está escrito: ‘Los que te aman, serán
como el sol con todo su esplendor".
Cada integrante de la pareja debe
aportar lo suyo para construir un hogar eterno. Para esto, el saber callarse
en los momentos donde se recibe una ofensa y actuar como si no la hubiese
escuchado, es la clave para al final ser valorado y respetado.
Una pelea continúa sólo cuando
ambas partes participan de ella, pero si alguien calla y no contesta con otra
ofensa, la pelea se termina. Proceder de esa forma es como tirar agua al fuego:
así se apagará. De lo contrario, será como arrojar nafta: el fuego será cada
vez mayor.
En casos normales, al reconocer la
paciencia y el saber callarse de la otra parte, se la valora más que a sí
mismo, ya que no posee ese autocontrol. Se da cuenta de su camino equivocado y
aunque quizás no tenga la fuerza necesaria para reconocer la verdad en forma
abierta -ya que lamentablemente vivimos en un mundo de mentiras y falsedades-
dentro de su corazón con un silencio que es más claro que el mejor
discurso, pregona su deseo de encontrar el Shalom y de no volver a
equivocarse.
Juzgar
para el lado bueno cualquier situación que se presente es una de las claves
para encontrar el Shalom Bait. Pero para llegar a esto es necesario
trabajar sobre sí mismo para no reaccionar incluso en el caso de pérdidas económicas
o de cualquier otro tipo. La grandeza de la persona depende de si busca el
Shalom a pesar de tener ideas opuestas con su pareja. Es fácil vivir en paz
con quien tiene las mismas opiniones que uno; la prueba verdadera es en los
casos donde se opina en forma opuesta y a pesar de todo, se busca el Shalom.
Como Hashem hace la paz entre el fuego y el agua para que entre ellos formen el
Cielo, también la pareja debe buscar el Shalom a pesar de que tengan distintas
ideas.
El Talmud dice en Kidushin 34 que el
marido es el que debe alegrar a su esposa. De él depende en gran parte tener
influencia para traer la paz y la Simjá a su hogar. En una oportunidad, el dueño
de una librería fue a lo del Jafez Jaim para llevarle el dinero de unos libros
que había vendido. Al hacer la cuenta y ver que faltaba dinero, el vendedor le
confesó al Rab: "Lo tuve que utilizar para los pedidos que continuamente
mi señora me reclama: ‘Más dinero, más dinero!’. No tuve otra solución
que dárselo". El Rab entendió lo que pasaba, le perdonó la deuda y lo
despidió con Shalom. En el momento en que el vendedor subía a su carreta,
observó que el Jafez Jaim venía corriendo a su encuentro con un paquete en sus
manos. Esperó a que llegara y escuchó cómo el Rab le decía: "Llévate
este paquete. Hay adornos y presentes para tu señora de la que te quejaste que
amarga tu vida. Obséquiale estos regalos y quizás tranquilizarás sus
actitudes".
Aprendamos de este Maasé qué
importante es el Shalom de la casa, ya que el Jafez Jaim no sólo que le perdonó
la deuda, sino que le compró obsequios a esa mujer para tratar de encontrar el
Shalom de un hogar.