Existe un concepto equivocado entre
quienes están alejados de conocer el pensamiento de la Torá que consiste en
creer que la mujer es discriminada por ella. En efecto, no comprenden que Hashem
repartió las funciones del hombre y de la mujer para que de esta forma uno
complemente al otro. Aquellos que hoy tanto pregonan por los derechos de la
mujer, sólo la han convertido en un objeto de placer, provocando que ella no
pueda salir con tranquilidad a la calle.
Esa falta de conocimiento lleva a
afirmar -por ejemplo- que la Torá desvaloriza a la mujer, porque una de las
bendiciones matutinas que los hombres dicen es: "Bendito tú Hashem, Rey
del mundo que no me has hecho mujer". La falta de estudio o de conocimiento
lleva a creer que el sentido de esa Berajá es despreciativo hacia la mujer. No
hay nada más equivocado. Esta frase no significa que el hombre sea más
inteligente que la mujer ya que, por el contrario, el Talmud en Nida 45 comenta
que la mujer posee más entendimiento que el hombre. Lo que sucede es que la
mujer está exceptuada de aquellos preceptos positivos que dependen de un tiempo
fijo -como el Sisit, Tefilin, Shofar, Lulab, etc. Al decir esa Berajá,
recordamos y valoramos nuestras obligaciones como hombres. De ninguna manera se
trata de despreciar a la mujer.
Cuando leemos el Talmud, encontramos
que la mujer no es apta para ser testigo en casos económicos o en donde se
pudiera aplicar al acusado la pena de muerte. ¿Discriminación? De ninguna
manera. Para eso, basta recordar que la mujer es confiable y se le cree en casos
de prohibiciones. Por ejemplo, si ella dice que la carne que compró es Kasher o
que concurrió al Mikve no se duda de su palabra. Pero en los casos anteriores
relacionados con temas económicos o de vida y muerte, la mujer no puede ser
testigo. Quizás porque su sentimiento interno, a pesar de ser muy positivo en
la vida, juega en su contra en situaciones donde es necesario actuar con
frialdad dejando de lado cualquier otra característica.
En una oportunidad se hizo en Nueva
York una encuesta que consistía en mostrar una foto por un instante y luego
cada uno de los encuestados debía decir lo que había visto. En la foto, se
observaba cómo un hombre negro leía un diario en un subte y era amenazado por
un hombre blanco con un cuchillo en su mano. En el caso de los hombres
encuestados, el 90% testimonió exactamente lo que la foto representaba; el 10%
restante acusó al negro de ser el que atacaba con un cuchillo al blanco que leía
el diario. Por el contrario, la mayoría de las mujeres encuestadas se
equivocaron acusando al negro de ser el agresor. Quizás este ejemplo nos ayude
a comprender que no se trata de discriminación, sino que en un juicio debemos
encontrar un veredicto claro y, a la mujer, su sentimiento le juega en contra.
Para
la Torá, la mujer es el eje de la casa. No se puede igualar a la mujer con el
hombre, ya que cada uno posee una función distinta. ¿Qué sucedería si una
silla reclamara igualdad de derechos con la mesa que se encuentra a su lado? Si
aceptáramos el reclamo nos encontraríamos con dos mesas, pero no tendríamos dónde
sentarnos. La integridad se alcanza con una mesa y una silla que la acompañe.
De la misma forma, la pareja que desee llegar al éxito verdadero, deberá
complementarse mutuamente fijando los límites de cada uno. A eso se refirió
la Torá cuando determinó las funciones de marido y mujer para así poder
recibir el título de Adam: "Toda persona que no se casa no se llama
persona", como está escrito en Bereshit 5: "Varón y mujer fueron
creados y llamó a su nombre Adam" (Iebamot 63). La obligación del hombre
es respetar a su mujer. Quien se comporta de esta forma, recibirá en su hogar
la bendición de Di-s, como Rabá les enseñaba a sus alumnos: "Respeten a
vuestras mujeres que así se enriquecerán" (Babá Mesiá 59). No se trata
de una simple frase, sino que se debe comprender que todo el destino del hombre
depende de su mujer.
Es muy común escuchar a movimientos
feministas que buscan igualar el derecho de la mujer con el del hombre. También
la Torá reconoce los derechos de la mujer, pero se diferencia en algo básico: la
naturaleza de la mujer nunca podrá ser cambiada como pretende el feminismo.
Esta sociedad del matrimonio que Hashem programó consta de un ministro externo
-el hombre- que dirige y programa lo relativo a la pareja y de un ministro
interno -la mujer- por cuya condición natural de sentimiento, delicadeza,
recato y cariño debe ocuparse de temas que son fundamentales, como la educación
de los hijos y el apoyo moral a su esposo pese a la situación que deba vivir. No
se pueden invertir los roles. No significa que la mujer no pueda trabajar o que
el esposo no pueda colaborar en la cocina, sino que nos referimos al lugar donde
están arraigados los sentimientos de cada uno.
Cuando el rey Shelomo nos enseña:
"Toda la honra de la hija del rey (la mujer) es interna" (Tehilim 45),
no se refiere a que debe permanecer encerrada en su hogar continuamente, sino a
que su belleza precisamente es su sentimiento interior y ésa es toda su honra.
Los ángeles que, en forma de personas, fueron a visitar la casa de Abraham
Abinu, luego de ser atendidos le preguntaron a Abraham: "¿Dónde está
Sara, tu esposa?" (Bereshit 18). La respuesta que recibieron fue: "He
aquí que se encuentra en la carpa". En ese momento le aseguraron a
Abraham: "En el año próximo para esta fecha tendrás un hijo". ¿Por
qué preguntaron por Sara? ¿Qué importaba si estaba o no en la carpa para que
le aseguraran que pronto tendría un hijo? Debemos comprender que los ángeles
no preguntaron por el lugar geográfico en donde Sara se encontraba, sino que se
referían a dónde ella depositaba su fuerza. La respuesta de Abraham fue:
"En la carpa", en su interior puro, obteniendo con su proceder
la armonía del hogar. El resultado no podía ser otro: rápidamente tendrían
un hijo.
El Talmud en Ioma 47 comenta sobre
una mujer llamada Kimjit que tuvo el mérito de que sus siete hijos fueran Sumo
Sacerdotes. Los Sabios le preguntaron: "¿Cuál fue tu Zejut?". La
respuesta de ella fue: "Las paredes de mi casa no me vieron nunca sin
recato y quizás ése haya sido el mérito". ¿Por qué los Sabios no le
preguntaron a su esposo cuál había sido su mérito? Podemos explicar que la
educación comienza desde adentro y es la mujer la que permanece en el hogar
dando el ejemplo a sus hijos.
Analicemos finalmente qué es lo que
sucede en nuestros días. En muchos hogares, la mujer se ha dejado arrastrar por
el concepto de la calle y ocupa lugares que la llevan a abandonar la función
elemental que le correspondía. Se consuela a sí misma diciendo que la
mucama es excelente y se preocupa por todo, como si realmente pudiera suplantar
a la mujer como base del hogar. Los adelantos técnicos favorecen este
concepto equivocado y permiten que se desentiendan de temas elementales. El
microondas, el lavadero automático, el jardín de infantes que cada vez
comienza en edades más tempranas, "liberan" a la mujer de sus
obligaciones. Así el hogar se transforma en un hotel o lugar de encuentro
pasajero. Nos sorprendemos cuando escuchamos que los hijos se alejan del
hogar y deambulan por la calle. Si no hay un contenido en el hogar, la calle
seduce al pecado. O lo que es peor aún, se trae toda la suciedad de la calle al
hogar. No se puede compartir una mesa familiar hablando de las situaciones
que cada uno atraviesa, porque todos están atrapados observando el televisor o
leyendo el diario. Debemos retornar a las bases que nuestros Sabios nos enseñaron.
La vida bajo las reglas de la Torá está llena de un contenido espiritual en el
ámbito familiar: Mizvot, Tefilá, Berajot, comentarios de Torá en la mesa de
Shabat, etc. La mujer es quien debe supervisar que todo se realice como
corresponde y en caso de no ser así, hará las correcciones necesarias.
Para concluir, recordemos el Midrash
que nos enseña que durante la vida de Sara Imenu, sucedían en su carpa
milagros que se interrumpieron cuando ésta falleció, pero que se reanudaron
cuando Izjak, su hijo, trajo a su esposa Ribka Imenu al hogar. ¿Cuáles eran
esos milagros? Una nube se posaba sobre la carpa reflejando la presencia
Divina cuando el hogar posee un contenido espiritual y hay un complemento entre
marido y mujer. Sus puertas estaban abiertas con amplitud, como símbolo
de todo el favor que esa casa representaba: ayuda al prójimo, recibir
invitados, etc. La masa tenía Berajá, enseñando así la importancia de
un buen manejo económico indispensable para la tranquilidad del hogar. La última
señal era que la vela que se encendía en la víspera de Shabat no se
apagaba hasta el viernes siguiente, simbolizando la luz de la Torá que debe
guiar las actitudes del hogar. Todos estos puntos fundamentales están en
manos de la mujer. Dos ángeles acompañan al hombre en la noche de Shabat,
cuando él regresa del Bet Hakeneset a su hogar. Si los ángeles encuentran la
mesa preparada, la cama extendida y la vela encendida, el ángel bueno bendice
para que siempre sea así y el ángel malo debe contestar Amén, aunque no lo
desee. En caso de que la casa no se encuentre ordenada en esos lineamientos, es
el ángel malo el que maldice para que siempre sea así y el ángel bueno debe
contestar forzado Amén. Esos ángeles revisan si en cada hogar judío, las enseñanzas
de Sara y Ribka fueron recibidas o no. La mesa servida se refiere a los actos de
favor, comida Kasher, recibir invitados y muchas cosas más relacionadas con
temas materiales. El "Ner" encendido es el símbolo de la Torá, las
Mizvot, la espiritualidad y la presencia Divina. La cama extendida transmite el
mensaje de la pureza del hogar, la educación de los hijos y la continuidad del
hogar judío. Si nos dedicamos a mantener estas bases sólidas, con seguridad
que nuestro hogar estará lleno de felicidad, tranquilidad y prosperidad. La
mujer de Israel es la base para que podamos alcanzarlo.
Cuando Koraj y su gente intentaron
hacer una revolución en contra de Moshe Rabenu, uno de los cabecillas de la
misma era On Ben Pelet. Para él estaba preparado el mismo final que recibieron
Koraj, Datan, Abiram y todos los revolucionarios: la tierra se abriría y los
devoraría vivos. Sin embargo, On Ben Pelet se salvó. ¿Quién lo salvó de esa
terrible muerte? ¡Su mujer! Ella le dijo con suma inteligencia: "¿Por qué
participas de esta discusión? Si Aharon sigue siendo Cohen Gadol, tú serás el
alumno. Si Koraj triunfa en su revolución, también tú serás su alumno".
(Sanhedrim 109). Le hizo comprender que no obtendría ningún beneficio personal
de esa discusión, por lo que no debía participar de la misma. Su marido le
contestó: "¿Qué puedo hacer? ¡Ya estoy con ellos, e incluso juré que
si me llaman iré con ellos! ¡No tengo otra alternativa que continuar!".
Su mujer actuó con inteligencia y
lo salvó. Le dijo a su esposo que permaneciera dentro de la carpa y que ella se
encargaría de solucionar el problema. ¿Qué hizo? Le ofreció vino a su marido
hasta que éste se emborrachó y se quedó dormido. Ella, mientras tanto, se
sentó en la puerta de la carpa, dejando su cabello a la vista. Sabía que los
hombres que estaban con Koraj -por más que estaban en contra de Moshe- no
intentarían entrar a su carpa, y se alejarían inmediatamente al ver a una
mujer con falta de recato frente a ellos. Así sucedió y On Ben Pelet salvó su
vida.
Sobre una mujer como ésta -dice la
Guemará- es digna de recibir la alabanza del Pasuk del rey Shelomo (Mishlé
14): "La inteligencia de la mujer construye su hogar". Podemos
recordar el caso de Rajel -la señora de Ribí Akiba- que permitió que su
esposo faltara del hogar durante veinticuatro años, para que así pudiera
estudiar Torá con grandes maestros en forma ininterrumpida y transformarse en
una luminaria para todas las generaciones. No fue la única. El Talmud en
Ketubot 62 comenta que Ribí Jananiá ben Jajinai fue a estudiar a la Ieshiba de
Rab durante doce años. Al regresar, habían cambiado los caminos de la ciudad y
no sabía cómo encontrar su hogar. Se paró a un costado del río y escuchó cómo
le gritaban a una joven: "Hija de Jajinai, llena tu cantimplora y
ven"; se dio cuenta de que la joven era su propia hija a la que no había
visto durante tantos años. Fue detrás de ella para así poder encontrar su
hogar. Su esposa estaba sentada en la puerta de la casa tamizando harina y al
ver repentinamente a su esposo falleció de la emoción. Ribí Jananiá hizo
Tefilá por ella y dijo: "¡Señor del mundo! ¿Éste es el pago de esta
pobre mujer?". Enseguida revivió milagrosamente. No es el único caso del
Talmud en donde un muerto resucitó. Leemos, por ejemplo, en Melajim 2-4, cómo
el profeta Elisha revivió al hijo de una mujer llamada Shunamit luego de todo
un proceso que llevó un tiempo determinado. Sin embargo, en nuestro
caso la mujer rápidamente revivió. ¿Por qué? El mérito para que así
sucediera fue de ambos: marido y mujer. Cuando Ribí Jananiá se dirigía para
estudiar Torá durante doce años, Ribí Shimhon bar Iojai estaba concluyendo
los siete días de fiesta por su casamiento y le pidió que lo esperara para ir
juntos a estudiar. Ribí Jananiá no lo esperó, porque sabía que no podía
perder un instante de su estudio, por más que luego podría estudiar con un
sabio de la talla de Ribí Shimhon. Así como él no esperó, del Shamaim le
retribuyeron de la misma forma, reviviendo a su esposa inmediatamente. El mérito
de la mujer fue que no sólo envió a su marido a estudiar, sino que lo esperaba
cada instante de esos doce años. No toda mujer que permite que su marido
estudie Torá, lo espera y extraña. En algún caso, puede suceder que ella
prefiera que su esposo se encuentre lejos. La categoría de la señora de Ribí
Jananiá fue que sufría y ansiaba que su marido regresara; pero por otro lado, estaba
dispuesta a dejar de lado su deseo para que su esposo fuera un gran sabio.
Lo mismo sucedió con Ribí Shimhon
bar Iojai, a quien su esposa le permitió -después de la primera semana del
casamiento- permanecer durante doce años fuera de su hogar estudiando Torá.
Quizás ahora no nos sorprendamos tanto al escuchar cómo Ribí Shimhon pudo
estar escondido de los romanos durante trece años en una cueva sólo con agua y
algarrobo como alimento.
Estas Sadikot nos enseñan la función
de la mujer judía. Es muy común escuchar a movimientos feministas que buscan
igualar el derecho de la mujer con el del hombre. También la Torá reconoce los
derechos de la mujer, pero se diferencia en algo básico: la naturaleza de la
mujer nunca podrá ser cambiada como pretende el feminismo. Esta sociedad
del matrimonio que Hashem programó, consta de un ministro externo -el hombre-
que dirige y programa lo relativo a la pareja y de un ministro interno -la
mujer- que por su condición natural de sentimiento, delicadeza, recato y cariño
debe ocuparse de temas que son fundamentales, como la educación de los hijos y
el apoyo moral a su esposo pese a la situación que deba vivir. No se pueden
invertir los roles. No significa que la mujer no pueda trabajar o que el esposo
no pueda colaborar en la cocina, sino que nos referimos a los sentimientos de
cada uno en donde están arraigados.
Cuando el rey Shelomo nos enseña:
"Toda la honra de la hija del rey (la mujer) es interna" (Tehilim 45),
no se refiere a que debe permanecer encerrada en su hogar continuamente, sino a
que su belleza precisamente es su sentimiento interior y ésa es toda su honra.
Los ángeles que en forma de personas fueron a visitar la casa de Abraham Abinu,
luego de ser atendidos le preguntaron a Abraham: "¿dónde está Sará tu
esposa?" (Bereshit 18). La respuesta que recibieron fue: "he aquí que
se encuentra en la carpa". En ese momento le aseguraron a Abraham: "en
el año próximo para esta fecha tendrás un hijo". ¿Por qué preguntaron
por Sará? ¿Qué importaba si estaba o no en la carpa para que le aseguraran
que pronto tendría un hijo? Debemos comprender que los ángeles no preguntaron
por el lugar geográfico en donde Sará se encontraba, sino que se referían a dónde
ella depositaba su fuerza. La respuesta de Abraham fue: "en la
carpa", en su interior puro, obteniendo con su proceder la armonía
del hogar. El resultado no podía ser otro: rápidamente tendrían un hijo.
El mensaje es claro. La mujer es el
sostén de su esposo. No debe permanecer de brazos cruzados en el momento en que
su marido -Di-s no lo permita- tropieza con cualquier tipo de tema. Por sobre
todo, en lo referente al cumplimiento de la Torá y las Mizvot. Por el
contrario: debe salvarlo y a su vez salvarse a sí misma, ya que ésa es
precisamente su función, como escribió Hashem en la Torá cuando la mujer fue
creada: "No es bueno que el hombre esté solo, haré una ayuda para él"
(Bereshit 2).
La mujer debe ser el sostén de su
esposo en los momentos difíciles, debe cuidarlo y ayudarlo para que él no
tropiece, consolarlo con palabras dulces y, alentarlo en las dificultades y
momentos de sufrimiento.
Sucedió con un Rab que fue nombrado
como tal en una ciudad vecina. Cuando se dirigía hacia ella, todos sus
habitantes salieron a recibirlo en el camino para expresarle su alegría por el
nombramiento. Cuando la carreta que llevaba al Rab y a su esposa se acercaba,
una de las personas importantes de la ciudad desató a los caballos que la
guiaban. Entre varios hombres levantaron la carreta y la llevaron a la ciudad,
demostrando así un gran cariño a la Torá. Esa noche, hicieron en la ciudad
una recepción al Rab. Una persona que era conocida como un burlón, se levantó
y formuló una pregunta: "yo puedo entender la actitud de levantar la
carreta en la que estaba sentado el Rab, ya que el Kabod de la Torá que él
tiene, lo merece. Pero la Rabanit ¿cuál es su mérito para que gente tan
importante la levante a ella también?". La Rabanit -que era muy
inteligente- pidió permiso para contestar: "yo también tengo una
pregunta: la gente de esta ciudad es muy sabia en Torá y Mizvot, ¿para qué
necesitan un Rab? Debe ser -continuó la mujer- que es probable que cometan algún
error y no lo perciban, por lo que es necesario que mi marido los corrija y
reproche. Pero aún me queda otra pregunta -continuó la Rabanit-, también mi
marido es un ser humano y como tal puede equivocarse u olvidarse de algo, y a
veces él también necesita que lo adviertan... ¿Quién será responsable que
el Rab cumpla su función como corresponde sin desfallecer en ningún momento?
Ésa es mi función y quizás fue el motivo por el que me levantaron a mí también,
ya que toda la ciudad depende del Rab y el Rab depende de la Rabanit".
Este Maasé nos enseña la verdadera
función de la mujer judía. Ella debe recordar lo que dice el Talmud en
Sanehdrim 100 al comentar el versículo de Mishle 15: "Todos los días del
pobre son malos". El Talmud explica que se refiere a quien tiene una mala
mujer. El final del versículo: "El que tiene un buen corazón está de
fiesta siempre" hace alusión a quien, por el contrario, posee una buena
mujer.
Cada
mujer debe esforzarse para pertenecer a este último grupo, alentando y
sosteniendo a sus maridos en todos los aspectos y por sobre todo, en el
cumplimiento de la Torá y las Mizvot.
"Cómo
atravesar las situaciones difíciles"
Cuando uno de los integrantes de la
pareja posee malas cualidades o es una persona de mal carácter, la otra parte
se encuentra frente a una gran prueba. Con inteligencia, debe esforzarse para
mantener el Shalom y el compañerismo, por respeto a la Shejiná que está en el
hogar. No es necesario decir que no debe imitar esas malas actitudes necias
y despreciables, sino que con paciencia y serenidad, debe tratar de corregir al
otro y aceptar con alegría lo que Hashem le destine.
La Guemará en Berajot 8 cuenta que
Ribí Elhazar enfermó y cuando fue Ribí Iojanán a visitarlo le dijo: "¿Son
queridos para ti los sufrimientos?". La respuesta fue: "Ni ellos ni su
pago". Ribí Iojanán le pidió la mano a Ribí Elhazar y lo levantó de su
enfermedad.
De acuerdo con esto, cada persona
que tiene dificultades en la vida podría argumentar: "Señor del mundo, no
quiero los problemas ni su pago" y de esta forma, Hashem debería liberarla
de ellos.
El Jafez Jaim nos explica el
siguiente ejemplo para poder comprender la realidad: en una ciudad se construyó
una cárcel muy grande y fueron designados su director y cuidadores, pero
pasaron varias semanas y como ninguna persona fue encarcelada, la cárcel quedó
vacía. Al ver lo que sucedía, el director temía perder su trabajo. Encontró
circunstancialmente en la calle a un pobre y le ofreció encarcelarlo. Tendría
de esta forma el beneficio de tener donde dormir y comer, a cambio que aceptara
haber cometido algún delito por el que mereciera estar encarcelado. El hombre
aceptó y al pasar las semanas, la cárcel se llenó de delincuentes verdaderos
y el pobre fue liberado. Después de un tiempo, este hombre cometió un delito y
al ser detenido por la policía gritó: "¡No voy con ustedes salvo que me
aseguren mucha comida como antes!". El policía se enfureció y le gritó:
"Al principio no habías cometido ninguna falta y como nosotros te necesitábamos,
te dimos la comida; pero ahora te corresponde la cárcel sin ninguna exigencia
de tu parte".
La moraleja es clara: seguramente
que el sufrimiento que tuvo Ribí Elhazar no le correspondía. Lo recibió con
cariño porque sabía que Hashem se lo enviaba para aumentarle el pago que
recibiría en el Olam Habá. Pero nosotros, llenos de pecados no podemos decir
que no merecemos los sufrimientos que tenemos.
Está escrito en Bamidbar 30:
"Lloró a Aharon treinta días toda la casa de Israel". Nuestros
Sabios explican que tanto los hombres como las mujeres del pueblo lloraron, ya
que Aharon buscaba la paz y solucionaba los problemas entre marido y mujer.
Es sabido que en cada generación hay Sadikim, alumnos de Aharon Hacohen, que
actúan con inteligencia para estrechar los corazones de Israel. Así se cuenta
sobre el Gaón Ribí Israel Gutman Z"L, a cuya casa, ubicada en una ciudad
de Rumania, llegó desesperada una mujer y le dijo: "Ribí, no puedo
soportar más los sufrimientos que me provoca mi esposo, ¡no me voy de acá
hasta que no me asegure que me va a conseguir el divorcio de él!".
El Rab le contestó que estaba de
acuerdo con el divorcio, siempre y cuando ella fuera durante un mes, todos los
viernes a repartir comida en un barrio muy pobre. Pasado ese tiempo, le otorgaría
el divorcio. La mujer aceptó y se retiró. Transcurrió el mes, pero la mujer
no regresó a lo del Rab a solicitar el divorcio. Cuando, después de un tiempo,
se encontró con ella le preguntó: "¿Por qué no regresaste?", a lo
que la mujer le contestó: "Todos los viernes, al pasar entre los pobres,
vi lo que es sufrir de verdad. Me di cuenta de que los problemas míos al
lado de los de ellos no eran nada, y decidí no divorciarme. Gracias a su
inteligencia llegué a esta conclusión".
Sobre el Gaón Ribí Iosef Kaneman
Z"L, se comenta que un día se presentó delante suyo un hombre pidiéndole
que le preparara el divorcio para su señora. El Rab le preguntó las causas de
tal decisión, ya que incluso el altar derrama lágrimas cuando hay una separación.
El hombre respondió: "¡Mi señora es una haragana!. En casa está todo
desordenado y no puedo soportar más!". El Rab lo convenció para que
tuviera paciencia, pero el hombre regresó al poco tiempo con el mismo problema.
Al ver que no había solución, el Rab aceptó otorgarle el divorcio en su casa
en pocas horas. Mientras tanto, el Rab avisó a su señora que diera vuelta toda
la casa y que no dejara nada en su lugar. Cuando el hombre llegó a la casa del
Rab para concretar el divorcio, observó el desorden que reinaba: los zapatos
arriba del mármol de la cocina, las ollas en el mueble de la pieza, etc. El Rab
se dirigió al hombre y le dijo: "¡¿Según tu criterio, yo también debo
separarme de mi mujer?!". Cuando el hombre vio el "sufrimiento del
Rab" se arrepintió del divorcio y se retiró.
Es cierto que sólo la mujer conoce
realmente a su marido y su verdadera identidad. Un Jajam solía decir:
"Solamente dos conocen a la persona tal como ésta es: Hashem y su
esposa". O sea que se pueden ocultar los malos actos a los ojos de la gente
y mostrarse como una persona correcta, pero en la casa es en donde se revela la
verdad. Es por eso que sólo la mujer es la que puede decir quién es su
marido sin ningún tipo de disfraz. Pero simultáneamente también, ella es la
única que puede honrarlo y considerarlo en su corazón y en sus actitudes, para
ayudarlo a revertir su comportamiento equivocado.
Sucedió con una persona muy
respetable a quien sus amigos observaron muy triste. Cuando le preguntaron el
motivo de su comportamiento, respondió que su mujer le faltaba el respeto
delante de todos sus hijos, lo criticaba y lo contradecía continuamente. Uno de
sus amigos le preguntó: "¿En tu hogar te comportas de la misma forma que
lo haces en los otros lugares y que te hicieron ser una persona tan respetable?
¿O quizás en tu casa eres otra persona y ésa es la causa de las actitudes de
tu mujer?". El hombre reconoció su error que provocaba esa tristeza en su
hogar.
Nuestros Jajamim nos enseñan:
"No hay sufrimientos sin pecados", y es lo que se debe tener en cuenta
cuando algún integrante de la pareja se queja por las discusiones o peleas que
no dan descanso.
David Hamelej dijo en el Tehilim 38:
"no tengo paz en mis huesos por mi pecado". Ribí Jaim David Azulai
Z"L explica lo que el rey David nos indica: "Si alguien comenta que no
tiene tranquilidad en su hogar con su esposa (la mujer fue creada del propio
hueso y carne de Adam Harishon), debe saber con seguridad que es "por mi
pecado". No hay nada malo que venga del Shamaim y corresponde realizar
un autoanálisis sobre nuestros actos para poder corregir nuestros errores y
encontrar la paz deseada.
Aprendamos a no quejarnos de las
dificultades que se presentan en la vida, ya que no sabemos cuáles son las
cuentas de nuestro Creador. Recibamos todo con amor y alegría. "Seamos de
los discípulos de Aharon Hacohen: "Querer el Shalom, perseguirlo, amar a
la gente y acercarla a la Torá" (Pirke Abot 1).
Existe una obligación para el
matrimonio que consiste en respetar a sus suegros respectivamente. Si se busca
que el Shalom se consolide en el hogar, se debe cuidar de no despreciarlos ni
ofenderlos. Tampoco se debe inmiscuirlos en el momento de una discusión.
Es normal que el hombre, por ejemplo, al ver algún punto negativo en su mujer,
le diga equivocadamente: "Eres igual a tu madre". Este mal proceder daña
en demasía y ocasiona disgustos aún mayores. En el hipotético caso de que
fuera verdad el comentario del hombre, debe recordar que se trata de la madre de
su esposa y él no tiene derecho a disminuirla frente a sus ojos. Por el
contrario, el buen trato a los suegros en presencia de la pareja, fortalece la
unión y ayuda para alcanzar la tranquilidad. Está comprobado que cada vez que
el marido intenta alejar a su esposa de sus padres, ella se aferra aún más a
ellos y se aleja del marido. En cambio, cuando el hombre los alaba y respeta, su
esposa se une a él con todo su corazón.
No
es aconsejable para la pareja vivir en el mismo hogar en el que habitan los
padres o suegros.
Por supuesto que hay situaciones especiales, tales como enfermedades o problemas
económicos en los que la pareja se ve forzada a vivir en la casa de los padres
de uno de ellos, pero se debe tratar de reducir este tiempo al mínimo posible.
Sucedió con una Rabanit, que al
quedar viuda, todos sus hijos se preocupaban por llevarla a la casa de cada uno.
¿Cuál fue su mérito? El hijo mayor lo explicó: "Mi mamá nunca vino a
visitar nuestro hogar con las manos vacías, sino que siempre traía algo para
todos. Siempre se fijó qué era lo que cada uno necesitaba; tanto se tratara de
hijos, nueras, yernos o nietos. Por eso todos la quieren. Ella siempre se
preocupó por brindarnos todo lo que estaba a su alcance, sin pensar en recibir
algo a cambio. Cuando la visitábamos en su casa, siempre nos regalaba algo o
nos atendía con todo esmero. Por ese motivo, siempre esperábamos el momento de
ir a visitarla".
Del comportamiento de esta virtuosa
mujer, debemos aprender cuánto deben los padres expresar amor y cariño a sus
hijos, yernos y nueras. Nunca deberán hablar Lashon Hará de ellos y ocasionar
dificultades al hogar de sus hijos. Por el contrario, deberán hacer todo lo
posible para que el amor y el compañerismo aumente para así recibir todas las
Berajot de la Torá.
No alcanzan las buenas intenciones
de los padres, sino que se deberá analizar que lo que se dirá o hará no
ocasionará consecuencias negativas, puesto que en ese caso, no hay nada que
justifique la intromisión de los padres.
Analicemos algunos de los consejos
que nuestros Jajamim dan al matrimonio para mantener una buena relación con sus
suegros.
1º)
Tener igual trato con los suegros que con los padres. ¿Por qué la misma crítica
es aceptada cuando proviene de los padres y en caso de provenir de los
suegros da lugar a enojos y ofensas?
2º)
El
concepto común que la nuera siempre se lleva mal con la suegra es erróneo. Existen
casos en donde las hijas se llevan mejor con sus suegras que con sus propias
madres.
3º)
Recordar que los suegros criaron y se esforzaron por quien es hoy nuestro marido
o esposa. Ser agradecido no es sólo una buena virtud, sino una obligación
elemental de la persona.
4º)
Recordar que en el futuro también seremos suegros. Nuestras malas
actitudes de hoy como nueras o yernos, quizás se repitan en contra nuestra en
el futuro.
5º)
Recordar que al contraer enlace se recibe la herencia de aceptar a los
familiares de la pareja, aunque no nos parezcan agradables. Debemos trabajar
sobre nuestras cualidades para aceptar al otro tal como es.
6º)
No
discutir delante de los padres o suegros. Por el contrario, se debe tener un
buen trato, alabándose mutuamente. En caso de peleas, no se debe hacer
intervenir a los padres, salvo situaciones especiales.
7º)
Si
los suegros intervienen continuamente en la vida de la pareja, se puede decir
elegantemente: "Gracias por el consejo", o "Lo analizaremos entre
nosotros" y luego resolver, sin necesidad de enfrentarlos violentamente. Se
debe formar un hogar nuevo de acuerdo con la idea del matrimonio, y no se
debe copiar el modelo estricto que alguno de ellos observó en sus padres.
8º)
Está
permitido mentir por el Shalom del hogar. El marido no deberá contar a
su señora algo despectivo que hayan dicho sus padres sobre ella. La mujer
procederá de la misma forma y así no se generarán discusiones vanas.
9º)
La relación con los suegros es problemática sólo para el que no sabe
aceptar al otro. La prueba verdadera de tener buena relación con los
suegros es después del casamiento.
Que la convivencia con todos los
integrantes de la familia sea la base de nuestro hogar.
"La
intromisión de los padres"
Está escrito en Bereshit 2:
"Por eso, abandona el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y
serán un solo cuerpo". La experiencia demuestra que muchos de los
problemas de las parejas fueron provocados por la intromisión de los padres en
la vida de sus hijos, destruyendo así el hogar que ellos habían formado con
tanto esfuerzo y sacrificio.
Muchas veces los padres no pueden
soportar la nueva situación. No pueden tolerar que sus hijos o hijas ya no se
encuentren bajo su control y supervisión. Creen equivocadamente que tienen
derecho a seguir manejando la vida de sus hijos y olvidan que ellos ya formaron
su propio hogar. Este tipo de padres no observan los errores de sus hijos o
hijas. Siempre culpan a la otra parte, lo que ocasiona en la pareja peleas y
complicaciones de consecuencias imprevisibles.
Nuestros Sabios nos cuentan sobre
unos padres que habían casado a su hija. Cuando alguien les preguntó cómo la
trataba a ella la vida de casada, le contestaron: "Es muy feliz, encontró
un marido que es una joya. La cuida mucho, ni siquiera le permite levantarse
temprano y le sirve el desayuno en la cama". Cuando al poco tiempo esos
padres casaron a un hijo, ante la misma pregunta respondieron: "Pobre
nuestro hijo, no tuvo suerte, su mujer es haragana, se levanta muy tarde, él
debe servirle el desayuno en la cama...!".
Los padres que quieren la felicidad
de sus hijos deben aprender a no inmiscuirse en la vida de ellos. Tampoco los
deben visitar en forma excesiva. Es aconsejable que siempre anuncien la
visita que realizarán. Cuando un hijo o hija les comenta a sus padres algún
mal comportamiento de su pareja, los padres deben tener cuidado de no cargar la
responsabilidad sólo sobre la otra parte. Se debe adoptar una actitud imparcial
y pedir a su propio hijo que cambie y mejore su comportamiento para que no se
repitan esas situaciones.
La Guemará dice en Iebamot 65:
"Así como es Mizvá decir algo que va a ser escuchado, también es Mizvá
no decir lo que no será escuchado". Por eso, el padre que reprende a su
hijo casado, debe pensar bien cómo y cuándo reprochar, ya que a veces los
hijos no contestan con respeto al consejo de sus padres. Mucho más cuidado hay
que tener para corregir a los yernos o nueras. Si el reproche es continuo,
provoca separación y peleas. Debe ser hecho con delicadeza e inteligencia.
Se debe estimular por las buenas actitudes, y no sólo citar lo negativo. De
esta forma se obtendrá el resultado deseado y los padres no serán los
responsables de la destrucción del hogar de sus hijos.
Cuando lamentablemente se produce
alguna discusión en la pareja, se debe hacer todo lo posible para solucionar
el inconveniente entre ellos mismos, sin hacer intervenir a los padres o
parientes, porque esto puede provocar agrandar la discusión. La experiencia
demuestra que los padres defienden a sus hijos y culpan a los yernos o nueras,
lo que hace que la pelea continúe o empeore.
El rey Shelomo dijo en Mishlé 10:
"Todos los errores son cubiertos por amor". O sea que la pareja, por
existir entre ellos el amor, puede olvidar las faltas que se cometieron. Los
padres o parientes al no tener este secreto, siempre dan la razón a la parte
cercana, por lo que se debe tratar de resolver el problema sin la participación
de ellos.
En los casos en donde la pareja no
puede resolver sola las situaciones que se presentan, se debe recurrir a Rabanim
especializados en estos temas, que encontrarán la manera de solucionar el
problema. No se debe cometer el error de comentar con vecinos o compañeros
los problemas de pareja que puedan existir, por las consecuencias negativas que
este proceder ocasiona. Es normal que el marido no pueda comprender por qué
su esposa divulgó sus intimidades con sus vecinos.
Los padres inteligentes, aunque
hayan escuchado los problemas de su hija, deberán comportarse como si no
supieran del tema. Deberán recibir en forma normal a su yerno por el bienestar
de su hija. En el caso de que se opte por reprocharlo por sus actitudes, en la
mayoría de los casos, se podrá argumentar que se enteraron de otra forma y no
por el comentario de la hija. Quizás así se pueda encontrar el Shalom.
Sin lugar a dudas, una de las
mejores salidas es que la mujer en el momento en que la relación pasa por una
buena instancia, hable de buena forma con su marido para hacerle ver sus
errores. La Tefilá a Di-s día tras día, ayudará para que así se
solucionen las dificultades y retorne la felicidad al hogar.
Veamos en esta ocasión algunos
consejos para los suegros que a veces, por sus intromisiones, destruyen el hogar
de sus hijos:
1º)
Deben
aprender a no inmiscuirse -salvo en casos excepcionales- por el bien de sus
hijos. Ellos tienen el derecho a formar su hogar con ideas propias, incluso
con sus errores y tropiezos.
2º)
Recordar que no son los dueños de sus hijos y ellos no tienen por qué
hacer los caprichos que los padres quieren. No deben sentir lástima por los
hijos si éstos siguen a su pareja. Deberán tener presente el versículo de
Bereshit 2: "Por eso, abandona el hombre a su padre y a su madre y se une a
su mujer".
3º)
La suegra no debe sentir que su nuera le robó el cariño que su hijo sentía
por ella. Debe comprender que su hijo posee dos sentimientos distintos
completamente: el cariño a sus padres y el amor a su mujer.
4º)
Aprender
a observar los defectos que sus hijos tienen y no sólo sus virtudes, para poder
corregirlos en forma privada. No ver sólo lo negativo que tienen sus nueras y
yernos, sino encontrar todo lo positivo que seguramente existe.
5º)
No
visitarlos en forma excesiva. En lo posible avisar previamente. Buscar un
equilibrio adecuado.
6º)
Alabar a las nueras y yernos delante de los hijos, para que el matrimonio se
una cada vez más.
7º)
El cariño exagerado de los padres hacia sus hijos puede hacer fracasar el
hogar que ellos formaron. Se debe actuar con prudencia e inteligencia.
8º)
Preocuparse por ayudarlos, de acuerdo con las posibilidades que tengan, pero no
con la intención de presionarlos después por lo que les dieron.
9º)
Si tienen dos o más hijos casados, no hacer comparaciones ni diferencias
entre ellos, porque cada hogar es un mundo distinto.
10º)
Si los hijos cumplen algún precepto en su nuevo hogar que en casa de los padres
no se respeta en el mismo nivel, deben estar esos padres orgullosos de ellos
y alentarlos para que continúen en ese camino que les dará la felicidad
verdadera.
Que
Di-s ilumine a los padres del pueblo de Israel a tener un comportamiento
adecuado con sus hijos.
La Torá nos enseña que cuando
Iaacob Abinu se dirigía a Jaran, el sol se puso repentinamente y debió
pernoctar en ese lugar tan sagrado (Har Hamoriá). El versículo comenta:
"Y tomó de las piedras del lugar, las colocó a su cabecera y se acostó
en ese lugar" (Bereshit 28). Rashi comenta que las piedras se peleaban para
que Iaacob apoyara su cabeza sobre una de ellas, hasta que Hashem las unió y se
formó una sola piedra. ¿Cuántas piedras tomó Iaacob? Nuestros Sabios dan
varias opiniones al respecto, pero tomemos en consideración a quienes sostienen
que fueron sólo dos. Lo deducen del versículo mencionado "de las piedras
del lugar", ya que el mínimo de plural es dos. ¿Por qué entonces tomó
Iaacob dos piedras?
Iaacob no sabía lo que sucedería
con él en el futuro y quiso comprobarlo. Si el milagro se concretaba; si las
piedras se unían, era la señal de que sus hijos serían Sadikim. Iaacob sabía
que su abuelo Abraham había tenido dos hijos, de los cuales uno no había sido
correcto. Con su padre Izjak se reiteró la situación, ya que su hermano Esav
fue un perverso. ¿Cuál era entonces el secreto de las piedras? Cuando se funde
un metal, salen impurezas en la primera operación y el metal así se purifica.
Cuando nuevamente es fundido, vuelven a salir impurezas hasta que llega un
momento en que nos encontramos con el metal puro completamente. Iaacob Abinu se
dijo a sí mismo: "si las piedras se unen significará que de mi
descendencia no saldrá ninguna impureza". Efectivamente, sus doce hijos
que representan a las doce tribus de Israel fueron todos Sadikim. Iaacob sabía
que no se podía apoyar en que ya había llegado el momento en que el metal
estaba puro y que sus hijos con seguridad serían Sadikim. Sabía que dependía
de su propia actitud reflejada en el simbolismo de las piedras: si las
piedras -marido y mujer- están unidas, los hijos serán correctos.
La
base de la educación de los hijos es la unión del matrimonio, ya que si esa
armonía no existe es imposible educar con éxito.
Iaacob Abinu nos enseña cómo educar. No se trata sólo de dar órdenes a los
hijos, sino de demostrar en la vida diaria cómo los padres se educan a sí
mismos con el ejemplo de la tolerancia y el respeto mutuo. Si los hijos van a
ver que sus padres son educados, también ellos lo serán. ¿Qué significa
ser educado? Si las piedras están juntas, si se formó una sola persona como la
Torá reclama: "Y serán un sólo cuerpo" (Bereshit 2), habrá
posibilidad de educar a los hijos en el camino correcto. De lo contrario, la
educación fracasará.
Un niño que crece en un hogar en
donde sus padres se critican mutuamente y tienen una visión negativa de todo lo
que sucede alrededor de ellos, será un "hijo fiel" a esa educación
equivocada en la que se desarrolló. Todo estará mal para él en el futuro:
no podrá confiar en sus vecinos, la escuela a la que enviará a sus hijos no
tendrá el nivel adecuado que él pretenderá; el Bet Hakeneset al que concurrirá
no será nada parecido al lugar ideal que él imaginaba; el rabino del mismo no
le resultará satisfactorio para su exigencia, etc, etc. ¿Quiénes fueron los
responsables para que él adquiriera esa visión? En gran medida fueron sus
propios padres quienes influyeron para ese resultado con sus continuas críticas
y comentarios despectivos.
Por el contrario, un niño que se cría
en un hogar donde todo es positivo: su padre enaltece y alaba a su madre por las
virtudes que posee. Su madre no se cansa de elogiar a su padre por sus
cualidades. Todo el mundo que los rodea es visto con buenos ojos, más allá de
los problemas normales que se presenten. Cuando ese hijo forme su propio
hogar en el futuro, su visión de la vida será absolutamente positiva. Se
dirigirá con cariño y comprensión a los que se encuentren cerca de sí y
recibirá el mismo trato como recompensa. Irradiará ese mensaje a sus propios
hijos, que a su vez lo transmitirán a sus descendientes.
En
este tema de la educación de los hijos, poseer una línea de conducta sin
importar la circunstancia que se atraviese es fundamental para encontrar el éxito
tan anhelado. Padres que de verdad se preocupan por la educación de
sus hijos, se preguntan en momentos determinados: "¿En qué fallé? ¿Qué
es lo que hice mal?". Quizás la respuesta sea que los mensajes deben
ser claros sin dar lugar a que los niños se confundan con indicaciones
contradictorias. Un día les decimos algo y al otro variamos la posición.
O, lo que es peor aún, con nuestra conducta les demostramos que lo que habíamos
dicho el día anterior era sólo teoría y no lo efectuamos en la práctica. Les
reclamamos -por ejemplo- respeto y buenos modales, pero ellos observan que los
padres discuten, se ofenden y los principios básicos de convivencia no existen.
Les decimos que lo más sagrado que existe es el estudio de la Torá y ellos ven
cómo ese mismo padre pierde horas y horas de su vida con un diario en su mano o
bajo los efectos mágicos de un aparato de televisión.
Nos olvidamos que lo que hacemos a
los ojos de nuestros hijos -por más pequeños que sean- pasa a ser la manera más
directa en que se educa y lamentablemente, a veces deja mucho que desear. Estamos
permanentemente en una especie de "vidriera" que ellos observan,
analizan y perciben. Los Sabios nos enseñan que lo que la persona aprende
de niño es como la tinta con que se escribe sobre un pergamino liso, en donde
por más que se borre lo escrito, la tinta quedará impregnada por dentro. También
el niño adquiere dentro de sí todo el comportamiento que observó de sus
padres y en el futuro repetirá en forma natural lo que vio durante tanto
tiempo. Por eso, las bases y la línea de conducta de los padres deben ser
firmes e inamovibles, para no confundirlos con cambios de posiciones e ideas.
Nuestros hijos observan con atención.
Debemos ser el ejemplo que ellos esperan y necesitan para ser personas de bien.
Ellos captan con claridad que a la madre le molestó más que haya derramado el
café sobre la alfombra que la mala palabra que pronunció. Ellos se dan cuenta
de que, cuando su padre lee en la mesa de Shabat unas palabras de Torá, lo hace
por rutina y sin el sentimiento adecuado. Su madre –por su parte- no se
preocupa por entender lo que su padre explica y continúa sirviendo la comida
que para ella es lo más importante. Esos valores tergiversados penetran en
el corazón del niño e influyen en su desarrollo. ¿Qué sucedería –por
ejemplo- si la madre se sentara con atención en la mesa y dijera: "¡Niños!
¡Presten atención! Papá leerá un comentario sobre la Perasha
semanal?!". Este tipo de frases reiteradas un Shabat tras otro, le
demostrarán al niño que su madre y su padre valoran cada palabra de Torá. De
esta forma, ellos mismos heredarán el amor a nuestra sagrada Torá.
La
buena relación entre los padres es fundamental para que ellos adquieran el
respeto de sus hijos. Hay quienes creen equivocadamente que, si se dirigen
al otro en forma dulce y apropiada, no serán respetados ni tenidos en cuenta. Sólo
cuando infundan respeto con una autoridad exagerada alcanzarán la honra que
merecen. Se equivocan. Por el contrario, quien se dirige al otro con
consideración y respeto recibirá la honra de quienes lo rodean. Así lo
enseña la Torá cuando menciona los preceptos de respetar y temer a los padres.
Cuando la Torá ordena la Mizvá del temor a los padres dice: "La persona a
su madre y a su padre temerá"(Vaikrá 19). En cambio, cuando se trata de
la Mizvá del respeto a los padres, la Torá menciona en primer lugar al padre y
luego a la madre: "Respeta a tu padre y a tu madre"(Shemot 20). El
Midrash explica el motivo del cambio: "Hashem sabe que el hijo respeta a su
madre más que a su padre, ya que ella lo convence con palabras. Por eso,
adelantó Hashem el respeto hacia el padre que el respeto hacia la madre".
O sea, el trato dulce y preferencial de la madre hacia sus hijos, hace que éstos
la respeten más que al padre que normalmente se dirige a ellos en una forma más
autoritaria.
Los
padres deben recordar que los hijos fueron depositados en sus manos por Hashem
para ser educados con Torá, Mizvot y buenas cualidades,
para que a su vez ellos formen sus propios hogares sobre las mismas bases. Con sólo
recordar que los hijos están atentos y alertas a las actitudes de los padres,
el comportamiento de los progenitores mejorará. Los hijos serán felices y por
sobre todo, los padres habrán cumplido con la misión que Hashem les encomendó
al darles lo más precioso que para El existe: el alma de un niño.
"La
Tefila de Ribí Shimhon bar Iojai"
Está escrito en el Talmud (Sotá
17): "Ish Veishá Shezajú Shejiná Benehem", o sea, que la unión de
la pareja hace que Di-s deposite su Divinidad en ese lugar. El hogar se
convierte así en una fuente de Kedusha gracias a esa base de amor, respeto
mutuo y, por sobre todo, a la tolerancia necesaria para poder convivir.
El Midrash (Shir Hashirim Raba 1)
comenta sobre un matrimonio que luego de vivir diez años sin poder tener hijos,
se presentó delante de Rabí Shimhon Bar Iojai para divorciarse. El Rab les
dijo: "De la misma manera que se casaron haciendo una fiesta, deben hacer
otra fiesta para divorciarse". Escucharon su consejo, y en la fiesta que
hicieron, el marido le dijo a su esposa: "Todo objeto lindo que encuentres
en la casa puedes llevarlo contigo". ¿Qué hizo la mujer? Después de que
su marido se emborrachó y se quedó dormido, les dijo a sus sirvientes que lo
llevaran con la cama misma a la casa de los padres de ella. Al despertarse, el
hombre preguntó qué estaba haciendo en ese lugar. Su señora le explicó:
"Hice lo que tú me dijiste, no existe nada más preciado para mí que
poder tenerte a mi lado". Fueron de Rabí Shimhon Bar Iojai nuevamente para
explicarle que era imposible para ellos separarse. El Rab hizo Tefilá por ellos
para que pudieran tener hijos y finalmente el milagro se produjo: tuvieron
muchos hijos que colmaron de felicidad ese hogar.
Nuestros Sabios preguntan: "¿Por
qué Rabí Shimhon Bar Iojai no hizo Tefilá para que pudieran tener hijos desde
un principio en lugar de decirles que se separaran haciendo la fiesta? La
respuesta a esta pregunta es la base de la enseñanza que queremos transmitir: la
solución de los problemas de un hogar se encuentra sólo cuando la pareja
demuestra previamente unión y cariño. Sólo en ese momento podía hacer
efecto la Tefilá de Rabí Shimhon Bar Iojai. El mensaje para nuestra vida es
claro: ante las dificultades que se presenten, debemos estrechar los vínculos
de amor y compañerismo en nuestros hogares para que así nuestras Tefilot sean
escuchadas.
La Guemará, en Iomá 9, comenta que
el primer Bet Hamikdash se destruyó porque se cometían tres tipos de pecados:
idolatría, adulterio y asesinatos. En cambio, en el segundo Bet Hamikdash, el
pueblo estudiaba Torá y cumplía preceptos, pero existía el odio injustificado
que motivó la destrucción. Los Jajamim apuntan al centro del problema. No
nos hablan de ejércitos poderosos, tampoco de estrategias de guerra ni de
armamentos especiales. Nos comentan pequeños sucesos como aquél en donde,
por un error una persona llamada Bar Kamsá, concurrió a una fiesta creyendo
que el anfitrión lo había invitado. Lejos de ser así -ya que ambos eran
enemigos- lo que había sucedido era que el emisario se había equivocado y debía
haber invitado a otra persona llamada Kamsá. En el transcurso de la fiesta, Bar
Kamsá fue echado por el dueño de la casa y no hubo argumentos valederos para
evitar que fuera avergonzado delante de todos. Bar Kamsá, enfurecido porque
nadie había salido en su defensa, se presentó delante del César con el
argumento de que los judíos se habían rebelado a su reinado y le sugirió que
-para comprobarlo- enviara un animal para ver si lo ofrecían como sacrificio en
el Bet Hamikdash o no lo hacían. En el camino, Bar Kamsá hizo un defecto en el
labio del animal y por eso no pudo ser ofrecido. En consecuencia, el César
decidió atacar y destruir Ierushalaim. Después de tres años de sitio consiguió
su propósito. En este suceso, que comienza con algo que parece
intrascendente, se encuentra la clave de la destrucción del pasado y el
destierro del presente. El Jesed (la ayuda al prójimo) y la unión son puntos
centrales del pueblo de Israel para que pueda construirse nuevamente el Bet
Hamikdash. El Satán lo sabe aún mejor que nosotros e intenta separarnos:
matrimonios en conflicto; discusiones entre padres e hijos, hermanos, barrios,
sefaradim y ashkenazim, etc. Creemos equivocadamente que somos los dueños de la
verdad absoluta por lo que podemos discutir y pelear contra todos, olvidándonos
que los demás quizás piensan lo mismo. No lloramos hoy por las piedras del
Bet Hamikdash que se destruyeron, sino por el veneno que provocó esa caída que
perdura hasta nuestros días: el egoísmo que no nos permite razonar.
Si recordamos por qué el rey David
eligió el lugar en donde levantó el Bet Hamikdash, corroboraremos estos
conceptos. Dos hermanos habían recibido un campo de herencia de su padre y en
él trabajaban. Uno de ellos se había casado y tenía hijos, mientras que el
otro permanecía soltero. Como todos los años, al finalizar la cosecha la
repartían en partes iguales y cada uno de ellos veía el momento apto para
comercializarla. Una noche, el hermano soltero no podía dormir. Un pensamiento
no le dejaba conciliar el sueño, daba vueltas en la cama y se preguntaba:
"¿Cómo es posible? Soy soltero, mis gastos son mínimos. En cambio, mi
hermano tiene esposa e hijos a los que alimentar, vestir y educar. ¿Es correcto
que dividamos la cosecha en partes iguales? ¡No! ¡De ninguna forma!". En
ese momento, una idea cruzó por su mente e iluminó su rostro: "Sacaré de
mi granero parte de mi cosecha y la pondré en el granero de mi hermano".
En la oscuridad de la noche, silenciosamente se levantó y llevó su idea a
cabo.
Al día siguiente cuando comenzaron
las tareas habituales del campo, se fijó en su granero y no se notaba ninguna
diferencia. Todo estaba igual. La cantidad de trigo era idéntica a la de
siempre. ¿Qué había sucedido? El hermano casado tampoco había podido dormir
preocupado por la situación de su hermano: "¿Cómo podrá casarse? Tendrá
muchos gastos y no podrá afrontarlos. Lo ayudaré sin que se entere y así no
pasará vergüenza. Durante la noche, le llevaré parte de mi cosecha". Dos
noches seguidas, lo que cada uno sacaba de lo suyo, era reintegrado al día
siguiente. La tercera noche cuando cada uno de ellos se dirigía al granero de
su hermano, se encontraron en el camino. Allí se dieron cuenta de que uno
pensaba en el otro. El lugar en donde se abrazaron fue elegido por el rey David
para construir el Bet Hamikdash. De esta forma, el cariño fraternal y el Jesed
serán las columnas sobre las que posará la Shejiná en la tierra.
La conclusión inmediata que surge
de todos estos conceptos y retomando nuestro tema, es que el odio entre marido y
mujer provoca que Di-s no pueda depositar su Shejiná en ese hogar. Se trata del
mismo motivo por el que Hashem debió alejar su Divinidad del Bet Hamikdash: el
odio que existía entre hermanos.
Se cuenta sobre el Sadik Ribí
Rafael Mibarshid Z"L, que en el día 9 de Ab, en donde recordamos la
destrucción del Bet Hamikdash, se dirigió a hacer Shalom a la casa de una
pareja. Cuando le preguntaron sus alumnos: "¿No lo puede dejar para mañana?".
El Rab les contestó: "El Bet Hamikdash se destruyó por el odio gratuito. Nada
más adecuado que en este mismo día nos ocupemos de solucionar el motivo de la
destrucción y traer paz y amor, para tener el Zejut de ver en nuestros días la
construcción del tercer Bet Hamikdash". ¿Qué es lo que falta
para verlo construido? La esencia del lugar del Bet Hamikdash. El cariño
profundo hacia cada uno de nuestros hermanos. Cuanto más cerca estamos del
final, más se generan divisiones inútiles. El Ieser Hará crea discusiones sin
sentido que provocan una brecha en el pueblo judío que trae más sufrimientos.
Desde este pequeño lugar del universo, deseamos y rogamos al Todopoderoso que
nos facilite el camino de la Teshubá, que todos reconozcamos a Di-s y cumplamos
con los preceptos de la Torá. Que las palabras del profeta Hoshea que hizo
grabar el Jajam Iaacob Mizrahi Z"L en el frente de nuestro querido Templo
Or Torá sean realidad en nuestros días: "Levántate pueblo de Israel,
porque ha llegado la Santidad de Di-s y el esplendor del Todopoderoso está
contigo". Pronto en nuestros días. Amén.