"La sonrisa en el matrimonio"

En Abot de Ribí Natan cap. 13 está escrito: "Se debe tratar a toda persona con buena cara. Se puede dar al compañero todos los regalos del mundo, pero si fue de mala forma, se le considerará como si no hubiera dado nada. Por el contrario, aquel que trata bien al otro, incluso que no le haya dado nada, es como si le hubiese obsequiado todos los regalos del mundo".

 

Imaginemos lo que puede suceder con dos personas con el mismo nombre que se encuentran en el Shamaim en el momento previo al Juicio Divino. Al dialogar, se sorprenden de tener el mismo nombre: uno de ellos se encuentra tranquilo y sonriente, ya que fue una persona muy rica y continuamente repartió dinero a su señora, hijos y comunidad, por lo que recibirá seguramente el paraíso. Su figura contrasta con la tristeza y preocupación del otro, que fue una persona muy pobre y que casi nunca pudo colaborar con nadie, por lo que, seguramente, deberá ir al infierno.

 

La conversación se interrumpe porque llegó el turno de juzgar al primero de ellos que entra confiado al lugar del juicio. Para su sorpresa, el fiscal dictamina que debe ir al infierno y el abogado defensor reconoce que nada puede hacer en este caso. Indignado pregunta: "¿Y todo lo que di al prójimo en mi vida para que sirvió?". "Nunca diste nada", le responden. En ese momento se tranquilizó: "Ahora entiendo, me han confundido con el que está esperando el turno afuera, tiene mi mismo nombre y por eso la confusión". "No hay confusión posible", le responden. "Tú has dado muchas cosas en tu vida, pero al darlas de mala forma, y sin entregar tu corazón, es como si no hubieras dado nada. En cambio, tu compañero que cree que por ser pobre irá al infierno, le aguarda el paraíso, ya que lo poco que pudo brindar al prójimo, lo hizo con una sonrisa y con todo su sentimiento".

 

En el matrimonio, este tema es fundamental. Debemos cuidarnos en la forma que damos a nuestra pareja lo que necesita, ya que corremos el riesgo de perder todo el pago del esfuerzo que hicimos. Para eso, sólo basta con poner cara de desgano, o simplemente con decir: "Ufa, ...tomá". Por el contrario, aquél que entrega con una sonrisa, aunque sea lo mínimo y precario por su situación especial, recibirá en el mundo venidero un pago especial, sumado a la gratificación de vivir felizmente en este mundo y ser ejemplo para el comportamiento de sus hijos.

 

Se comenta sobre el Jafez Jaim Z"L, que en una oportunidad su señora se quejó por la situación económica del hogar, diciendo: "En la casa de los vecinos tienen riqueza a pesar de tratarse de gente que no estudia Torá; sin embargo, nosotros con tanto estudio pasamos momentos de pobreza!". El Rab le contestó: "¿Acaso crees que nuestros vecinos a los que no les dio Hashem tanta sabiduría, ni tampoco tienen hijos que puedan elevarse en el camino de la Torá, también deben ser castigados con pobreza? Por otra parte, tú tienes un marido con Torá, has encontrado el camino de la verdad y tienes la esperanza de que tus hijos sean estudiosos y grandes Sabios, ¡¿Quieres recibir también riqueza?! ¿Dónde estaría la justicia Divina si nuestra casa tuviera todo y la casa de nuestros vecinos se encontrara vacía en materialismo y en espiritualidad? ¡Por eso debemos estar felices con lo que tenemos, que es lo mejor!".

 

El Jafez Jaim nos enseña con su sabiduría, que sólo con un lenguaje suave e inteligente puede tranquilizar a su señora. No lo hará con discusiones y peleas. De la misma forma, cuando el marido vuelve a su hogar después de un día de problemas y tensiones, debe su señora sonreírle y alentarlo para despejar las nubes tormentosas que apagan su espíritu, y traer la luz que lo alumbre en el camino de la vida. Cada integrante de la pareja tiene la obligación de repetirse continuamente: "La sonrisa acerca los corazones. La tensión y el enojo destruyen el hogar".

 

La Mishná en Pirké Abot 1 comenta: "Shamai dice... Recibe a toda persona con buena cara". No creamos que Shamai se refería sólo a los casos en donde se recibe a un huésped en el hogar. Su enseñanza fue para todos los momentos de la vida en donde alguien se encuentre frente a nosotros. En forma sorprendente, no es Hilel -Sabio talmúdico contemporáneo a Shamai que se destacaba por pregonar el favor en toda circunstancia- el que nos transmite la importancia de la sonrisa. Es nada menos que Shamai quien lo recuerda, no como un buen consejo sino como una obligación.

 

El Maharal de Praga en su comentario sobre Pirké Abot comenta que por naturaleza la persona desea saber si quienes se encuentran a su alrededor lo valoran o lo desprecian. ¿Cómo se da cuenta? Por la expresión de las caras. Una cara sonriente demuestra valoración a su personalidad. Una cara furiosa o apesadumbrada refleja la falta de consideración de quien se encuentra a su lado y provoca una sensación de desprecio prohibida por la Torá. Por lo tanto, explica el Maharal, recibir al otro con una sonrisa no es un acto de favor sino una obligación para que no se sienta despreciado. Por eso, es el propio Shamai quien menciona el tema como un deber más que no puede quedar de lado. En el matrimonio, este concepto adquiere una relevancia fundamental, ya que al sonreir uno al otro le está diciendo en forma clara: "yo te valoro, tú eres considerado para mí".

 

Este tema tan elemental lo podemos observar en la manera como un niño diferencia entre una cara que lo mira en forma agradable o de manera agresiva. Su respuesta es instantánea: llora o juega de acuerdo con el modo como se hayan dirigido hacia él. El Rab Shelomo Volve Shelita en su libro "Ale Shur" compara a un niño que crece sin la sonrisa de quienes lo rodean con una planta que no recibe la luz del sol. Nunca se llenará de vigor. Esa simple sonrisa que recibe y que le permite desarrollarse con todo ánimo y fervor, no es nada más que la expresión del alma que brota del interior del cuerpo de quienes lo rodean y lo alimentan espiritualmente de esa manera tan sencilla.

 

En cuántos casos hay parejas que comparten toda una vida sin encontrar un idioma en común, con nerviosismo, amargura y sin el mínimo entendimiento. ¿Cuál es la raíz de este desastre? Quizás que cada uno de ellos esperaba que el otro se acercara con una sonrisa para empezar una mejor relación. Nadie dio el primer paso y así transcurrió la vida. Sólo que la brecha cada vez se hizo más profunda. Cada uno pensó que tenía los motivos suficientes como para no dar el brazo a torcer. Olvidaron que la obligación de "recibir al otro con buena cara" es incluso en los casos en donde las actitudes no se compartan o las ideas sean distintas. Mas aún en el matrimonio, donde ninguna persona podrá brindar lo que cada integrante de la pareja deje de realizar.

 

Que Hashem ayude al pueblo de Israel para que la sonrisa y el aliento mutuo sean la base de todos nuestros hogares. Amén.

 

"Reforzar la fe"

 

Cuando aparecen problemas de distinto tipo dentro de un hogar, muchas veces provocan tristeza y depresión al no encontrar el porqué de esa situación. El matrimonio debe en ese caso tomar la iniciativa de insuflar entre ellos un espíritu de fe y esperanza. Deben alentarse mutuamente con palabras y actos que demuestren que todo lo que sucede está manejado por Di-s para el bien, aunque el ser humano no pueda entenderlo con su limitada capacidad.

 

Debemos aprender a tener en nuestra boca y corazón frases de nuestros Sabios tales como: "Todo lo que Di-s hace es para bien", o "Nadie mueve un dedo en la tierra, si no lo decretan desde el Cielo". De esta manera, fortaleceremos la Emuná en los momentos difíciles. Si lamentablemente sucedió una pérdida económica, se debe buscar lo positivo de la misma. Quizás fue una Kapará por nuestros pecados y gracias a Di-s, no se trató de algo más grave. Debemos recordar, por otra parte, que los sufrimientos borran los pecados de la persona como comenta el Talmud: "Toda persona que Hashem quiere, recibe sufrimientos" (Berajot 5). Debemos tener presente lo que menciona Ribí Ishmael en Arajin 15: "Toda persona que pasa cuarenta días sin sufrimientos recibe su pago en este mundo".

 

Con una óptica adecuada de la vida, las preguntas desaparecen y la paz y la tranquilidad retornan al hogar. Por eso, es importante que la pareja concurra a estudios de Torá o lea, en conjunto, libros de Musar que cambian la visión equivocada de los sucesos de la vida por una óptica llena de fe y esperanza como base del hogar. Así desaparecerán las quejas y lamentos que hoy lamentablemente se hicieron cotidianos. Renacerá el ¡Baruj Hashem! ¡Bendito eres Di-s! y el ¡Min Hashamaim! ¡Todo es del Cielo!, que nos darán la felicidad verdadera sin nervios ni sufrimientos.

 

Precisamente, el único modo para evitar una pelea es trabajar sobre uno mismo para reforzar la fe y aprender a vivir con alegría. El profeta Zejariá 8 nos dice que "la verdad y la paz serán amadas". Aparentemente, se trata de dos conceptos contradictorios, ya que si observamos al prójimo bajo la óptica de la verdad encontraremos errores y falencias que provocarán la discordia. El problema consiste en que buscamos la verdad en el otro y olvidamos analizarnos a nosotros mismos. Si lo hiciéramos, tomaríamos conciencia de nuestros defectos y la paz con el prójimo sería fácilmente encontrada. A eso se refirió el profeta Zejariá.

 

Es cierto que a veces se requiere de un control especial para no reaccionar, pero precisamente por eso es que el rey David nos enseña: "Busca el Shalom y persíguelo" (Tehilim 34). No se trata de esperar a que el Shalom nos encuentre en forma circunstancial, sino que debemos buscarlo y perseguirlo anulando nuestra propia honra o sentimiento para poder encontrarlo. Se cuenta sobre Napoleón que al pelear con Rusia llegó a una ciudad muy fortificada y no podía derrumbar sus murallas. La sitió aguardando a que sus habitantes se rindieran con el correr del tiempo. Sin embargo, como éstos disponían de gran cantidad de alimentos, fueron los soldados de Napoleón quienes se impacientaron sugiriendo regresar a sus hogares. Napoleón decidió disfrazarse en compañía de un general e ingresar como espía en la ciudad para ver la situación real del lugar: si aún disponían de alimentos regresarían, pero de lo contrario, el sitio continuaría hasta que se rindieran.

 

Pudieron ingresar a la ciudad en forma oculta y llegaron a un bar que estaba colmado de soldados que intentaban emborracharse para olvidar el hambre que padecían. Los comentarios eran que no había alternativa: caerían en las manos de Napoleón y su ejército. Cuando los dos espías -Napoleón y su general- escucharon y entendieron la situación, intentaron retirarse: la misión estaba cumplida. Pero de repente uno de los soldados rusos exclamó: "observen a ese campesino: ¡juraría que es Napoleón!". Los espías comenzaron a temblar, pero la suerte estuvo de su lado porque todos sus compañeros se burlaron del soldado. "¿Cómo es posible que el propio Napoleón llegue hasta acá y con ese aspecto tan despreciable?", le dijeron. El general que acompañaba a Napoleón decidió eliminar cualquier tipo de sospechas y le pidió a Napoleón que le sirviera un poco de vino. Napoleón, que comprendió la idea del general, comenzó a servirle pero lo hizo en una forma bastante brusca que provocó que el vaso cayera sobre el piso y se derramara el vino. El general, indignado, golpeó a Napoleón quien cayó al piso a la vista de todos. Cuando intentó levantarse, recibió un puntapié del general que lo insultó y ofendió por su necio comportamiento. Los soldados rusos se rieron de lo sucedido y confirmaron "el error" del soldado: nadie se atrevería a golpear de esa forma a Napoleón. El general pagó la botella de vino y se retiró junto a Napoleón sin que nadie sospechara sobre la verdadera identidad de ambos. Cuando llegaron a un lugar oculto, el general se posternó delante de Napoleón llorando y pidiéndole perdón por los golpes que le había dado. Napoleón lo abrazó, lo besó y le dijo: "mi agradecimiento te lo demostraré elevándote al cargo más importante de nuestro país y te llenaré de regalos".

 

Debemos aprender el mensaje. En algunas circunstancias la persona debe recibir por sus malas actitudes un castigo celestial. Pero la piedad de Di-s lo rescata del mismo enviándole una persona que lo insulte y lo ofenda. Si el ofendido tomase conciencia de que la vergüenza que recibe es por su bien y para conseguir la vida rescatándolo del sufrimiento, lo recibiría con la misma alegría que Napoleón, en el momento en que recibió los golpes. ¿Qué hubiese sucedido si Napoleón reaccionaba y le gritaba al general que debía mantenerle el respeto que merecía? Los soldados rusos hubieran reaccionado descubriendo la identidad de los espías. Sepamos soportar los malos momentos para poder vivir siempre con alegría.

 

 

"Cómo responder a la crítica"

 

Cuando le preguntó Laban a Iaacob Abinu: "Dime cuál será tu pago" (Bereshit 29), la respuesta de Iaacob fue: "Trabajaré siete años por Rajel, tu hija pequeña". Podríamos preguntarnos: ¿Por qué Iaacob no le ofreció a su futuro suegro un tiempo menor de trabajo? ¡En caso de que no hubiese aceptado, podría haber aumentado hasta finalmente llegar a un mejor "acuerdo"!

 

La respuesta a esta pregunta es similar a lo que comenta Ribí Moshe Jaim Lusato Z"L, en su libro "Derej Hashem": "Hay una diferencia enorme entre quien recibe algo por derecho propio a quien lo recibe como un regalo sin que le corresponda realmente". El objetivo del ser humano en esta vida es heredar el Olam Habá, al que podrá acceder por sus propios medios luego de haber vivido respetando los preceptos que Hashem le encomendó. No lo recibe en forma gratuita sino por derecho propio. Es lo que sucedió con Iaacob Abinu: él quería que Rajel le perteneciera como esposa y para ello estaba dispuesto a entregar todo lo que fuera necesario. No quería ningún tipo de sociedad con Laban el perverso en algo tan precioso, como lo era Rajel. Por eso, le ofreció "comprar" a Rajel por el valor exacto y calculó que siete años de trabajo eran más que suficientes por todo lo que Laban había criado a su hija hasta ese momento. La persona tiene más provecho de aquello en lo que invierte y se esfuerza que de lo que recibe en forma gratuita.

 

Esta base de la vida es más importante aún cuando nos referimos al matrimonio. Cada integrante de esta unión debe saber que su pareja no es íntegra, sino que existen falencias lógicas, como sucede con todo ser humano. Cada uno debe entender que si ayuda al otro a superar esos errores, tendrá más provecho que quien fue corregido. Le sucederá lo mismo que acontece con un maestro cuando logra enderezar a un alumno rebelde. El alumno está contento porque superó sus fallas, pero el maestro se siente aún más satisfecho porque pudo ver el fruto de su esfuerzo. Pero para que esto suceda en una pareja, es fundamental valorar a la otra parte y saber encontrar el éxito en la manera de comunicarse. Es cierto, la vida es una constante superación. Es difícil arreglar las cualidades de cada uno de los integrantes de una pareja, pero mucho más difícil aún es vivir en un estado de tensión y pelea. Debemos saber cuándo y cómo corregir. De esa forma, conseguiremos el objetivo buscado y encontraremos el camino de la felicidad.

 

Cuando se corrige al otro integrante de la pareja, no se debe echar la culpa únicamente a él diciéndole: "Tú tienes la culpa" o "Tú estás equivocado/a". Se debe hablar incluyéndose a sí mismo: "Nos equivocamos" o "Fue por nuestra culpa lo que sucedió", a pesar de que en realidad no haya sido así.

 

El ser humano se valora a sí mismo y su respeto es muy considerado para él. No tolera que lo desprecien o que descubran sus faltas. Por eso es necesario que no sea atacado en forma directa, sino incluir a otros en el error cometido para que así pueda recibir la corrección.

 

Para comprender esto, analicemos el Maasé de la Guemará Sanhedrin 11: Raban Gamliel reunió a su Bet Din para determinar si ese año tendría 13 meses o no. Se sorprendió al ver a ocho jueces en lugar de los siete que habían sido invitados. Preguntó el Rab: "¿Quién vino sin haber sido citado? ¡Que se retire!". Shemuel Hakatan respondió: "Yo vine sin permiso, pero no para ser uno de los jueces, sino para aprender cómo se determina el tema". Raban Gamliel le respondió: "Puedes quedarte, hijo mío, eres digno de ser uno de los jueces, pero nuestros Jajamim dijeron que sólo los que fueron citados determinan si el año tiene trece meses o no". En realidad, Shemuel Hakatan había sido citado, y era otro Sabio quien había concurrido sin permiso, pero para que no lo reconocieran y se avergonzara, Shemuel Hakatan prefirió cargar sobre sí mismo la culpa.

 

Este Maasé nos enseña un nuevo camino en nuestra vida. ¡Cuánto debemos cuidarnos de no provocar vergüenza y sufrimiento al prójimo, aunque haya cometido un acto incorrecto! Incluso deberemos cargar con culpas ajenas con tal que el otro no se avergüence. Con más razón, por Shalom Bait deben asumirse los errores cometidos o "asociarse" al error de la pareja, para no provocar sufrimientos o vergüenza al otro.

 

Intentemos ahora analizar cuál debe ser el comportamiento correcto del que recibe una crítica. Estos consejos tienen utilidad en todos los órdenes de la vida, pero adquieren un relieve fundamental en el matrimonio.

 

 

1º) Dejar que el que critica diga todo lo que tiene en su corazón sin interrumpirlo, a pesar de que no sean reales todos sus argumentos. Es mejor no contestar en forma inmediata. Es posible que así reflexione quien criticó y después se arrepienta y diga: "Me parece que tengo razón... espero no haberte ofendido". Al permitirle desahogarse, se tranquiliza y puede analizar mejor el tema.

 

 

2º) Antes de dar una respuesta concreta a la crítica, empezar con frases tales como: "Tienes razón, pero...",o "Es cierto, pero déjame aclarar que...". Por supuesto que el que critica debe dejar al criticado exponer sus argumentos. Es común que ninguno preste atención a lo que el otro dice y se limite a expresar sus pensamientos, produciéndose así un diálogo de sordos que no traerá ningún beneficio.

 

 

3º) Aprender a reconocer nuestros errores. ¡Cuántas veces sabemos que nos equivocamos en alguna actitud o expresión y nos cuesta reconocerlo, manteniendo una posición que es indefendible! Sucede a veces, que la culpa de este proceder, la tiene el que critica, que aprovechó la oportunidad de un reconocimiento anterior para decir por ejemplo: "¡Así como en esta ocasión me diste la razón, en todos los casos es así!". Contrariamente, se lo debe alabar por esa actitud positiva de saber aceptar y decir: "Me equivoqué". Si bien al principio es difícil reconocer nuestros errores, es lo más sencillo que existe cuando se aprende a vivir de esa forma.

 

 

4º) Es conveniente evitar que con nuestra reacción ante la crítica que nos hacen, provoquemos que no nos critiquen más. Se podría pensar que esto es lo más hermoso: "¡Qué no me diga nada de todo lo que hago!", pero no es así, porque se produce una separación entre la pareja, ya que el otro termina pensando que: "No hay con quien hablar, porque no entiende mi pensamiento".

 

Recordemos que al contraer matrimonio, Di-s perdona a los novios sus pecados cometidos hasta ese momento. ¿Cuál es el motivo? Explicaron nuestros Jajamim, que el hecho de casarse implica estar dispuesto a vivir tolerando y perdonando lo que nuestra pareja hará. Es por eso que Hashem nos dice: "Como tú estás dispuesto a perdonar, yo también te perdono".

 

Aprendamos a convivir con los defectos del otro. Es cierto que parece difícil, pero es mucho más sencillo que ser un crítico constante de todo lo que observamos, con excepción de criticarnos a nosotros mismos.

 

"La bendición del Shabat"

 

Está escrito en el Tana Debe Eliahu sobre el versículo de Tehilim 139: "Iamim iusaru velo ejad bahem", que hay un día especial para Hashem que es el día de Shabat. Después de trabajar durante toda la semana, el hombre se une a su familia con la Berajá del Shabat que trae la paz a su hogar. Así se renueva el amor entre la pareja, que no se pudo expresar durante los otros días por las preocupaciones y tensiones de la vida diaria. Sólo en Shabat, al sentarse con su señora e hijos a la mesa, y probar el sabor de un judaísmo verdadero, de elevación espiritual, rodeados por las velas de Shabat y por los cantos alusivos, se crea una atmósfera cálida que hace renacer el respeto mutuo, la comunicación, el buen comportamiento, y el entendimiento que traen la alegría deseada.

 

Pero si lamentablemente no se aprovecha este objetivo espiritual y se descansa sólo físicamente: "¡Llegó el fin de semana!", se encuentra un resultado opuesto: es el día de las peleas y discusiones, en donde cada uno busca sólo su propio interés de cómo pasar mejor el día y aparecen los enfrentamientos que destruyen el hogar.

 

¡Sepamos disfrutar del Shabat como lo ordenó la Torá!, y además del pago infinito por cuidarlo, tendremos el mérito de tener una casa basada en unión, cariño, amor y respeto.

 

Nuestros Sabios nos dicen que más que lo que Israel cuidó el Shabat, el Shabat cuidó a Israel. Para entenderlo, es suficiente con observar una mesa de Shabat en la que padres e hijos se encuentran en plena armonía, comentando la Perasha semanal, cantando canciones alusivas a ese día tan sagrado, adquiriendo valores eternos que los mantendrán unidos más allá de las situaciones económicas que puedan presentarse.

 

El Midrash comenta que en el momento de la creación, el Shabat se quejó delante de Di-s diciendo que todos tenían pareja en el mundo menos él. Hashem le respondió que Israel es su pareja. Realmente estamos tan unidos con el Shabat que es imposible imaginarse al pueblo de Israel sin la figura de ese día tan sagrado como centro de nuestra existencia. Pero también el concepto de "pareja" de Israel se refiere a que es el momento especial para pensar, profundizar, analizar y estudiar con la familia todo lo inherente a la Torá y Mizvot, acercándonos a Hashem con todo lo que ello implica.

 

Mucha gente se pregunta cómo hacer para no trabajar en Shabat, puesto que creen que ese día es clave para sus negocios, porque en la práctica es cuando más venden. La opinión de la Torá es que -por el contrario- respetar el Shabat es la fuente de la bendición: "Y bendijo Di-s al día séptimo y lo santificó" (Bereshit 2). Los Jajamim explican que todo el mundo fue creado en forma estática. Existían los animales, aves, peces, árboles con frutas y la persona, pero no tenían la posibilidad de reproducirse hasta que llegó el Shabat con su bendición y permitió que el mundo continuara. Todos reconocemos que más importante que el propio dinero, es la Berajá que exista en él. Se puede creer equivocadamente que los ingresos aumentan al trabajar en Shabat, pero indefectiblemente ese dinero no tendrá Berajá y se gastará en situaciones que no habrían ocurrido si se hubiese cumplido el Shabat. El sustento de cada persona está determinado por Hashem y es absurdo creer que profanando su palabra -en este caso el Shabat- aumentarán sus ganancias. Sólo un necio cree que agregando un segundo grifo en su cocina conseguirá que la cantidad de agua que hay en el tanque sea mayor. Por el contrario, provocará que el contenido del depósito se vacíe más rápido.

 

En muchas comunidades hay una costumbre de comer pescado en Shabat. Es sabido que el pez grande devora al pequeño después de perseguirlo. Sin embargo, lo traga por la cabeza como se comprueba al abrir el estómago del pez grande y ver a los pequeños peces en forma inversa a la que hubiésemos creído. Sucede que en el último instante de la persecución, el pez pequeño se da vuelta y cae en la boca del grande, que sólo hizo lo suyo: perseguirlo. Es Di-s el que se lo entregó en su boca. Es la respuesta a las dudas de aquellos que todavía trabajan en Shabat: recordar que el sustento viene de Hashem y no del trabajo humano.

 

Concluyamos este comentario con lo que dice la Guemará en Shabat 119: "le preguntó el Cesar a Ribí Iehoshua ben Jananiá: ¿por qué la comida de Shabat posee un aroma tan especial?", el Rab le respondió: "es que tiene un condimento llamado Shabat que le da ese aroma". Ante el pedido del César para que le dieran ese condimento, Ribí Iehoshua contestó: "Sólo el que cuida el Shabat puede sentir ese aroma". Quizás todas las referencias que dimos sobre la importancia del Shabat y la gravedad de profanarlo influyan para que cada vez seamos más los que lo respetemos. Para el que todavía no entendió el sentido del Shabat, hay una respuesta contundente y es la que dio Ribí Iehoshua al César: sólo probando el gusto del Shabat se puede entender su significado real.

 

Que la bendición del Shabat pose sobre nosotros y se cumpla el pedido que hacemos en la Tefilá: "El pueblo que santifica el día séptimo, todos nos deleitamos de Tu bienestar".

"Consejos para el hombre"

 

Uno de los preceptos de la Torá es ayudar al prójimo en su momento de apremio. No nos confundamos. El término "prójimo" no se refiere solamente a quienes se encuentran en nuestro vecindario o a quienes en cierta forma están alejados de nosotros. El prójimo al que la Torá se refiere empieza por casa: la esposa y los hijos de cada uno. Más aún, para la Torá la esposa es como el propio cuerpo del hombre y debe ayudarla porque así se ayuda a sí mismo. Especialmente cuando observa que ella está agotada entre las ocupaciones de la casa y el cuidado de los hijos. El marido debe ayudarla en todo lo que pueda, ya que la Mizvá de hacer favores comienza por el propio hogar, en todas las situaciones que se presenten y con el corazón alegre de poder hacer esta Mizvá tan importante.

 

Hay momentos en que la mujer está ocupada cocinando o limpiando la casa, como sucede por ejemplo los días viernes con todos los preparativos para el Shabat. En esas situaciones, ella le pide a su marido que la ayude o que por lo menos cuide a los niños para que no la molesten. Equivocadamente, el hombre reacciona diciendo que tiene cosas más importantes para hacer y no puede perder el tiempo. Pierde así la oportunidad de cumplir una Mizvá de la Torá de ayudar al otro: "Azob Taazob Imó" (Shemot 23).

 

Sucede frecuentemente que la mujer después de un parto se encuentra débil física y anímicamente. Por eso, si el marido la observa nerviosa no debe criticarla, sino que por el contrario, debe alentarla y ayudarla hasta que recupere sus fuerzas. Analicemos algunos consejos para el hombre escritos en el libro "Una vida de felicidad", del Rab Shemuel Dob Hacohen Shelita.

 

1º) El marido debe crear un ambiente cálido y de alegría, eliminando en todo lo posible cualquier tipo de preocupación o tristeza. A pesar de que existan dificultades, debe recibir todo con cariño a Di-s mostrando siempre una sonrisa en su boca y por sobre todo en Shabat debe cantar y decir palabras de Torá en la mesa junto a su familia.

 

2º) Ayudar en los momentos de presión del hogar, tales como víspera de fiestas o de Shabat. Respetar y alabar a su señora delante de los hijos. Es bueno que periódicamente les diga: "Tienen el mérito de tener una madre buena y respetuosa". Lo mismo debe hacer la mujer con su marido.

 

3º) No decir que en otras casas la comida o el orden es mejor que en la suya. No criticar continuamente ni querer hacer cosas que corresponden al lugar de la mujer como base del hogar.

 

4º) Si llegará tarde a su hogar, debe avisarle a su señora para que no se preocupe. Sorprenderla periódicamente con regalos, aunque sean de poco valor, ya que ella los espera. Comentarle las buenas noticias que le sucedieron en el día.

 

5º) No olvidar las fechas emotivas, tales como su cumpleaños o el aniversario del casamiento, demostrándole su felicidad. No ser detallista con los gastos del hogar, alentarla y alabarla en lo que ella se ocupa, para que se sienta feliz con lo que hace.

 

6º) Si no tiene posibilidad de complacerla en algo que le pidió, no debe enojarse con ella. Por el contrario, debe explicarle de buena forma que si bien en este momento no puede complacerla, en cuanto pueda lo hará.

 

7º) Si hay una discusión, ninguno de los dos debe inmiscuir a los parientes del otro, sino limitar la discusión a ellos mismos. Se deben alabar mutuamente delante de los padres de ambos, para fortalecer así el Shalom entre la pareja y la familia.

 

8º) Debe escuchar el hombre a su mujer, a pesar de que llegue cansado del trabajo, alentándola en todo lo posible. No debe prometer cosas que después no podrá cumplir, ya que le provocará desilusión y sufrimiento.

 

9º) El hombre debe confiar en su mujer. No debe ocultarle cosas, especialmente en temas económicos, ya que así despierta su curiosidad y disminuye su honra.

 

10º) Si su señora le habla mal de alguna vecina o de algún pariente por algo que sucedió, el hombre no debe reaccionar disgustándose rápidamente con ellos, sino que debe escuchar las dos versiones de lo sucedido y actuar de acuerdo a lo que la Torá ordene en cada caso.

 

11º) Alabar a su esposa, valorar su trabajo, ponderar su esfuerzo y dedicación por los niños. El reiterar este tipo de conceptos ayudará a cambiar la visión negativa que pueda existir.

 

Es de vital importancia que la pareja lea y comente bibliografía sobre el sentido de la vida matrimonial para la Torá. Debe asistir a disertaciones sobre el tema o escuchar casetes sobre el hogar judío. De esta forma, tomarán conciencia de que lo que imaginaban como un problema particular, no es tan grave y sucede también en otras familias. Se darán cuenta que muchos conflictos se basan simplemente en que se trata de dos personas de distinto sexo con una naturaleza distinta por completo. Descubrirán que en muchos casos no existió una mala intención, sino que las características normales por pertenecer a otro sexo llevaron a la otra parte a reaccionar de esa forma.

 

Entenderán que el matrimonio no es un estado de derechos sino de obligaciones y que la mejor técnica para conseguir lo que uno desea, es pedirlo en forma correcta. Son innumerables los casos en donde luego de una conferencia o de haber leído un libro, el matrimonio cambia radicalmente su forma de vida. Una nueva visión se descubre y lo que tantas veces había sido sólo un pensamiento fugaz, se transforma desde ese momento en un camino nuevo que otorgará la mayor felicidad.

"El sentimiento y el raciocinio"

 

Escuchamos en el momento de la Jupá que el novio dice a la novia: "Eres consagrada para mí ser mi esposa con este anillo de acuerdo con la ley de Moshe e Israel". ¿Cuál es el significado de esta frase? Al margen de lo que literalmente se entiende: que el casamiento se realiza con las bases que la Torá determina, hay un concepto más profundo implícito en esas palabras. Moshe Rabenu y el pueblo de Israel atravesaron el desierto durante cuarenta años y soportaron momentos difíciles, problemas y disgustos. Sin embargo, los superaron y ambos cumplieron con lo que Hashem pretendía de ellos. El matrimonio -le recuerda el novio a su novia- es una prueba difícil, pero se debe cumplir el objetivo del mismo hasta el final de la vida. Se debe formar un hogar con las bases de la Torá y Mizvot, educar a las futuras generaciones en esa senda, vivir con amor, alegría y felicidad superando los momentos difíciles que se puedan presentar.

 

En muchos casos, cuando analizamos en forma individual a los integrantes de una pareja, nos encontramos con que ambos son personas correctas y de conductas aparentemente intachables. Sin embargo, y para nuestra sorpresa, nos enteramos de que el matrimonio no funciona. En algunos casos se llega incluso al divorcio y nos preguntamos: "¿cómo puede ser? ¡Son tan buenos!". Quizás el error consista en que esa pareja no recordó las diferencias que por naturaleza existen entre el hombre y la mujer. Por ese motivo no se pudieron entender, ya que no conocieron las características del otro. La base de la mujer es el sentimiento, mientras que el hombre es más racional. Es probable que la mujer sea más inteligente que el hombre, pero lo que la mueve es su sentimiento. Por eso, normalmente le importarán temas tales como la belleza, la limpieza o la decoración de su casa. Le será más fácil que al hombre derramar una lágrima por algo que le suceda. En los momentos más difíciles su fe será superior a la de su esposo; le gustará hablar mucho más que al hombre; si sale de compras tendrá más provecho de todo el paseo que de lo que propiamente compró. Si el marido no comprende que esto es natural y forma parte de la mujer, nunca conocerá a su esposa y los problemas surgirán. La mujer debe comprender -por su parte- que su marido no es como ella y que también disfrutará de ese paseo de compras: sólo cuando se entere de que está por concluir y que hay que regresar a casa. Cuando cada uno comprenda el sentimiento del otro y respete lo que Hashem puso en su forma de ser, el Shalom reinará en el hogar porque se habrá aprendido a conocer al otro.

 

El Talmud comenta en Berajot 51, algo que sucedió con Ialtá, la señora de Rab Najman. Había recibido como huésped a Ulá, y lo invitaron para hacer Zimun con el Kos de Berajá (vaso de vino que se toma después de Bircat Hamazon). Cuando Ulá terminó de tomar, entregó el vaso a Rab Najman sin dárselo a Ialtá. Rab Najman le dijo: "Debe, mi señor, enviar el Kos de Berajá a Ialtá, mi mujer". Sin embargo, Ulá le demostró con versículos que no era necesario y que sólo debía entregárselo a Rab Najman. Cuando Ialtá se dio cuenta de que lo que ella deseaba no llegaría, se levantó enojada, se dirigió a la bodega que estaba en la casa, y rompió cuatrocientos barriles de vino. Luego se tranquilizó.

¿Cuál es la enseñanza de este Maasé? Quizás enseñarnos parte del sentimiento de la mujer. Ialtá deseaba el Kos de Berajá, y cuando no se lo dieron, fue para ella como si todo el mundo se desmoronara. Desde ese punto de vista, podemos comprender su reacción.

 

Debemos saber que por naturaleza, la mujer exagera las cosas por encima de la realidad. No es su culpa, sino que es así como Hashem la creó. Sus lágrimas caen rápidamente, y el hombre se sorprende: "¡Si no dije nada!".

 

Por eso el marido debe comprenderla, y no discutir con ella o hacerla sufrir por temas que a él le parecen intrascendentes, porque lo que él considera que no es nada, quizás para ella significa destruir todo su mundo. ¡Debemos comprender los sentimientos y pensamientos de nuestra pareja para convivir en Shalom!

 

Después del pecado de Adam, Hashem se dirigió a la mujer y le dijo: "Y él (el marido) te dominará" (Bereshit 3). Quizás al leer este versículo alguien se sorprenda y diga: "¡En mi casa sucede lo contrario!". En realidad, la Torá nos enseña cuál es la naturaleza de la mujer: ella necesita que su marido la dirija y le diga lo que debe hacer. Es lo que sucede con todas las mujeres, incluso con aquellas que poseen puestos importantes de trabajo y que tienen a su cargo un numeroso personal. De todas formas, en su interior necesitan que sus maridos las guíen y las aconsejen. ¿Por qué entonces nos sorprendemos y comprobamos que en determinados casos esto no sucede? Quizás la respuesta sea que la mujer al depender de esa forma natural que posee, quiere que la dirijan pero con honra y respeto. Que le den importancia, que no la subestimen. Nuestros Sabios le dicen al hombre: "Trata a tu señora como una reina y tendrás una sirvienta". Todas las frases de nuestros Sabios apuntan a esa base fundamental: "Que el hombre coma menos de lo que puede por sus posibilidades económicas, que se vista de acuerdo con sus posibilidades y que respete y atienda a su esposa e hijos más de lo que puede realmente, ya que ellos dependen de él y él depende de Hashem" (Julin 84).

 

Respeto mutuo. Saber cómo hablar y tratar al otro. No despreciar ni subestimar. El Talmud comenta que la señora de Rab Iosef demoraba en encender las Nerot de Shabat esperando hasta último momento. El Rab no le gritó, sino que le explicó que cuando salieron de Egipto una columna de nubes guiaba al pueblo de Israel en el día y una columna de fuego lo hacía en la noche. No se retiraba la columna de nubes antes de que llegara la de fuego y viceversa. El Rab le dijo a su esposa: "¡Mira qué bello! ¿No podemos hacer nosotros lo mismo y recibir con anticipación el Shabat?". Ahí se encuentra la clave del Shalom Bait: saber cómo hablar respetándose mutuamente. Sara Imenu, después de setenta y cuatro años de estar casada con Abraham Abinu pronunció esa frase famosa: "Y mi señor (Abraham) es anciano". Bienaventurada la señora que durante toda la vida trata a su esposo haciéndole sentir que es "mi señor". Bienaventurada, porque en lugar de señor tendrá un sirviente que estará siempre dispuesto a complacerla. Con este trato mutuo, todos los matrimonios de Israel tendrán la dicha de vivir con Shalom y alegría.

 

"Decisiones en conjunto"

 

Todo ser humano en su interior cree que es una persona importante de acuerdo con su nivel particular. Espera que se dirijan a él con respeto, valorándolo por lo que él considera que es. En el matrimonio, adquiere una vital importancia que el hombre no deje de lado a su esposa sino que intercambie con ella las decisiones que se toman. Por ejemplo, si el marido decide visitar a un enfermo, puede comunicárselo a su señora de dos formas: Le puede decir directamente su determinación, saludarla y retirarse. De esa forma, la deja con la idea que ella no tiene ningún valor y que no es digna de ser consultada sobre los planes de su esposo. La manera adecuada consiste en acercarse a su señora, explicarle la situación del enfermo, hasta que ella sola le sugiera: "¿Por qué no lo visitas?". El marido sabio supo hacerla socia y partícipe de su idea.

 

Podemos recordar lo que el Talmud en Berajot 27, nos comenta sobre Ribí Elazar Ben Azaria, al que todos los Sabios de la generación decidieron nombrarlo como rabino principal en lugar de Raban Gamliel. ¿Cuál fue su respuesta? "Debo consultar con mi esposa; si ella está de acuerdo, aceptaré". Este Sabio nos enseña a valorar el lugar de la mujer, porque él la tuvo en cuenta a pesar de que todos los Jajamim de la generación ya estaban de acuerdo con que él fuera nombrado.

 

La Guemará, en Babá Mesiá 59, dice: "Si tu señora es baja de estatura, debes agacharte y escuchar su consejo". La enseñanza es que no hay que despreciar la existencia de la mujer tomando decisiones por cuenta propia, sino que todo debe realizarse de común acuerdo. El resultado será que se cumplirá la palabra de Ribí Jalbó: "Siempre el hombre debe cuidar el respeto de su mujer, ya que la Berajá dentro de la casa es gracias a ella", como dice el versículo (Bereshit 12): "Y Abraham recibió el bien gracias a ella (Sara, su esposa)". Es por eso que Rabá decía a la gente de su ciudad: "Respeten a sus mujeres para tener riqueza y felicidad".

 

La explicación es clara. Hashem conduce al mundo Midá Kenegued Midá, es decir: como uno se comporta, así recibe. Cuando el marido decidió darle importancia a su mujer haciéndola partícipe de sus decisiones, también Hashem le dará importancia a él llenándolo de riqueza y felicidad.

 

¿No será esta la causa de tantos problemas económicos que hay en muchos hogares? El Rab Ben Sión Aba Shaul Zejer Sadik Librajá comenta, en su libro "Or Lesión", la porción del Talmud en Iebamot 62: "Quien ama a su esposa como a su propio cuerpo, la honra más que a su propio cuerpo, educa a sus hijos e hijas en el camino correcto y los casa en el momento adecuado, sobre él está escrito: "Y sabrás que Shalom hay en tu hogar". El Rab nos enseña que no se trata simplemente de un buen consejo del Talmud, sino que es una Halajá para llevar a la práctica en la vida como bien lo determina el Rambam en su libro Mishné Torá. Ese respeto se expresa, según Rashi, comprándole adornos y ropas. El marido se debe preocupar, en la medida de sus posibilidades, por adquirir ropas lindas para sus hijos y también de esa forma expresa un respeto hacia su mujer que así se alegra al ver a sus hijos bien vestidos. La honra a su esposa se demuestra con palabras de aliento por lo que ella hace. No debe burlarse de ella ni sentirse con orgullo en caso de que el sustento del hogar provenga del trabajo del hombre. Debe recordar lo que el Talmud en Babá Mesiá 59 comenta: "Que se cuide el hombre de respetar a su mujer, ya que la Berajá del hogar depende de su esposa".

 

Al comienzo del libro de Bereshit, la Torá nos enseña cómo actuó Hashem al crear a Adam Harishon. "Y dijo Hashem: haremos al hombre a nuestra imagen y semejanza"(Bereshit 1). El término "haremos" en plural despierta la pregunta: ¿Acaso Hashem necesitó socios para la creación del hombre? Rashi nos aclara el tema: "Hashem consultó con los ángeles si era conveniente o no crear al ser humano, para enseñar así educación y humildad: que la persona mayor consulte y pida permiso al menor". En otras palabras, Hashem no necesita ningún tipo de ayuda o consejo de nadie. Sólo quería enseñarnos para nuestra vida diaria, que a pesar de tener la facultad de tomar determinado tipo de decisiones, debemos consultarlas con quienes serán partícipes de cada una de ellas.

 

El Midrash Rabá Bereshit 8 comenta al respecto: "Cuando Moshé llegó a este versículo le dijo a Hashem: Señor del Mundo ¿por qué le das la oportunidad a los renegados de rebelarse?"(ya que podrían pensar que hay más de un Creador o que éste no tiene la fuerza suficiente para todo). Hashem le contestó: "Escribe, quien desee equivocarse que se equivoque". O sea, que a pesar de que alguien podría utilizar en forma indebida el versículo para negar la existencia de un Di-s único y omnipotente, prefirió Hashem escribir el versículo de esa forma para enseñarnos la importancia de consultar con el otro.

 

Cuando cada integrante de la pareja consulta a la otra parte antes de tomar una decisión, se evitan momentos de tensión y discusiones. Todos tenemos presente que, cuando la mujer adquiere algo determinado sin haber consultado con su esposo, puede provocar su reacción negativa con argumentos de todo tipo para demostrar lo inoportuno o innecesario de la compra. Si la mujer le hubiera preguntado a su esposo previamente –demostrando su deseo- si era conveniente o no la adquisición, seguramente que al haberlo hecho partícipe de la decisión, la respuesta habría sido otra.

 

Luego de haber tomado una decisión en conjunto y de haberla llevado a la práctica, si los resultados no fueron positivos, no es correcto que una de las partes acote: "Te dije que no era conveniente hacerlo" o "es cierto que yo dije que sí, pero fue debido a tu presión". Luego de haber sido partícipe de una decisión a pesar de no haber estado convencido totalmente de la misma, se debe asumir la responsabilidad por los resultados que deriven de ella. No se debe dejar a la parte que fue la propulsora de la idea que encuentre ella sola la solución del problema que se presentó, sino que debe asumirse la sociedad del matrimonio en toda su dimensión.

 

En algunos casos y para citar un ejemplo, se presentan distintas ideas sobre si realizar o no un paseo determinado, visitar algún pariente o amigo, tomar unas vacaciones en determinado lugar. Una vez que la decisión fue tomada, no es correcto que quienes en principio se oponían demuestren su malestar. Luego de haber llegado a un acuerdo, ambos deben estar interesados en que la decisión tomada derive en el mejor resultado para beneficio de todos. Incluso de quien en principio no compartía la idea.

 

En caso de que en la práctica el resultado no fuere positivo, no deben plantearse quejas o acusaciones ya que no benefician la unión del matrimonio. Es poco inteligente demostrar con actitudes estar arrepentido de haber aceptado una idea que no fue lo ideal que parecía o de criticar a quien tuvo la iniciativa. Lo correcto es callarse o más aún, alentar al otro recordando que cualquiera puede equivocarse y que lo importante es haber recibido la enseñanza para no tropezar nuevamente en el futuro. Se debe recordar que es más probable que la persona se arrepienta por haber dicho algo inoportuno que por haberse callado cuando debía hablar. Por eso, siempre es preferible permanecer en silencio y no criticar el error del otro.

 

Que las decisiones en conjunto que se tomen en los hogares de Israel sean siempre las adecuadas y correctas para que el amor, el compañerismo y la unión traigan la dicha, paz y felicidad para todos. Amén.

 

"La belleza de la mujer"

 

Cuando el rey David escuchó que el rey Shaul y su hijo Iehonatan habían muerto en la guerra, pronunció una lamentación muy emotiva que está escrita en diez versículos de Melajim 2/1. En uno de ellos dijo: "Hijas de Israel, lloren por Shaul que les daba ropa y tinta carmesí con adornos sobre las ropas".

 

Lo que sucedía era que el rey Shaul elegía del botín de las guerras las mejores ropas y adornos de oro para que las mujeres de Israel se encontraran bellas para sus esposos. ¿Quién se ocupará de ellas ahora? Por eso fue la lamentación.

 

Si meditamos sobre el tema, nos estremecemos. En ese momento de dolor y angustia por la muerte de tantos Iehudim en la guerra, ¿no había algo más importante por lo que llorar que por la ropa y adornos de las mujeres? Seguramente que sí, pero este tema también era fundamental. El rey Shaul sabía la importancia del Shalom familiar y conocía el secreto que ayuda a encontrarlo: la presencia elegante y fina de la mujer.

 

La Guemará comenta en Nedarim 66 sobre un hombre al que toda su familia le insistía para que se casara con su sobrina y él se negaba terminantemente. Para dar por concluido el tema, prometió delante de todos que nunca se casaría con ella. Cuando Ribí Ishmael se enteró, llamó a la joven para conocerla y se dio cuenta, por la pobreza con que vivía, de que no podía embellecerse y vestir adecuadamente y por eso tenía tan mal aspecto. Ribí Ishmael la llevó a su hogar, le dio los mejores alimentos, ropas, adornos y perfumes. La joven se hizo irreconocible. El Talmud comenta que incluso le colocó un diente postizo de oro para que pareciera más bella aún. Luego llamó al tío de la joven, se la "presentó" y le dijo: "¿Con ella has prometido no casarte?". El hombre respondió: "¡No!". Ribí Ishmael le dijo: "Te puedes casar con ella, tu promesa no ha tenido lugar, ya que ella es como si fuera otra mujer". En ese momento, lloró Ribí Ishmael y dijo: "Las hijas de Israel son bellas, sólo que la pobreza las afea".

 

Cuando falleció Ribí Ishmael, las hijas de Israel lloraron por su muerte porque él sabía el mismo secreto que el rey Shaul: Siempre la mujer debe estar presentable para el esposo.

 

Abá Jilkiá -nieto de Joni Hameaguel- era uno de los Sadikim de su generación. Cuando había necesidad de lluvia, le enviaban una delegación de Sabios para que él rogara a Hashem. Su Tefilá siempre era escuchada. Un día trabajaba un día en su campo, cuando fue visitado por varios Sabios para que hiciera Tefilá a Hashem. Los Sabios lo esperaron hasta que terminó su trabajo y juntos regresaron al hogar de Abá Jilkiá. Antes de ingresar a la casa, salió a su encuentro su señora llena de adornos. Los Sabios se sorprendieron y le preguntaron: "¿Cuál es el sentido de que su señora lo reciba adornada como si fuese un día de fiesta?". El Rab les contestó: "Para que mis ojos no observen a otra mujer" (Taanit 23).

 

La sabia esposa de Abá Jilkiá sabía el secreto del alma de su esposo. A pesar de tratarse de un Sadik cuya Tefilá era recibida por Hashem, también era un ser humano. Por eso, ella no olvidó ni por un instante que debía cumplir su misión: No permitir que su marido pecara ni siquiera con el pensamiento.

 

De la misma forma que la mujer se preocupa por las necesidades materiales de su esposo, como por ejemplo prepararle la comida y lavar su ropa, también debe preocuparse de salvarlo de cualquier pecado con el que pueda tropezar.

 

Nunca más que en esta generación, en donde la moral y los principios más elementales que los que cualquier ser humano debería tener son -lamentablemente- olvidados por la corrupción y falta de recato que reina en la calle, la mujer debe fortalecer el corazón de su marido, estando siempre presentable para él. Hay una pregunta que no tiene una respuesta lógica: ¿Por qué la mujer se embellece para salir a la calle y -en cambio- no se preocupa por estar presentable en su hogar para su esposo?...

 

Escribe el libro Shebet Musar -capítulo 24- que la mujer siempre debe estar atractiva para su marido y nos enseña algunos detalles: "Su ropa debe estar limpia permanentemente, sin ninguna mancha, para no ser despreciada por su esposo. Incluso que se trate de una mujer pobre o con escasa variedad de ropa, éstas deben estar lavadas y limpias siempre".

 

La mujer no debe restar importancia a estos temas, ya que ayudan a unir los corazones y afianzar el Shalom Bait. Ezra Hasofer en su época decretó que vendedores de perfumes recorrieran la ciudad para que las mujeres pudieran comprar y estar atractivas para sus esposos. Las Tefilot que hacemos hoy en día fueron estipuladas por Ezra Hasofer, pero él se preocupó también de estos "pequeños detalles", porque sabía la importancia que tienen para la casa judía.

 

Sabía Ezra Hasofer que tanto el respeto de la mujer como ser querida por su esposo, se basan en pequeñas cosas que no son tan pequeñas como parecen a simple vista. Sabía Ezra Hasofer que la casa de Israel se basa en el Shalom entre el marido y su mujer, y ese Shalom depende a su vez de los vendedores de perfumes y de los adornos que ella posea.

 

No nos sorprendamos tanto. El Talmud en Iomá 75 comenta que Hashem hizo caer del cielo al pueblo de Israel en el desierto junto con el Man, distintos "adornos para las mujeres". Rashi explica que se trataba de hierbas que eran molidas en el mortero y tenían un aroma agradable para estar presentables para sus esposos.

 

¡La mujer con estos detalles debe proteger y resguardar el Shalom de su hogar!