"Reforzar la fe"

 

Cuando aparecen problemas de distinto tipo dentro de un hogar, muchas veces provocan tristeza y depresión al no encontrar el porqué de esa situación. El matrimonio debe en ese caso tomar la iniciativa de insuflar entre ellos un espíritu de fe y esperanza. Deben alentarse mutuamente con palabras y actos que demuestren que todo lo que sucede está manejado por Di-s para el bien, aunque el ser humano no pueda entenderlo con su limitada capacidad.

 

Debemos aprender a tener en nuestra boca y corazón frases de nuestros Sabios tales como: "Todo lo que Di-s hace es para bien", o "Nadie mueve un dedo en la tierra, si no lo decretan desde el Cielo". De esta manera, fortaleceremos la Emuná en los momentos difíciles. Si lamentablemente sucedió una pérdida económica, se debe buscar lo positivo de la misma. Quizás fue una Kapará por nuestros pecados y gracias a Di-s, no se trató de algo más grave. Debemos recordar, por otra parte, que los sufrimientos borran los pecados de la persona como comenta el Talmud: "Toda persona que Hashem quiere, recibe sufrimientos" (Berajot 5). Debemos tener presente lo que menciona Ribí Ishmael en Arajin 15: "Toda persona que pasa cuarenta días sin sufrimientos recibe su pago en este mundo".

 

Con una óptica adecuada de la vida, las preguntas desaparecen y la paz y la tranquilidad retornan al hogar. Por eso, es importante que la pareja concurra a estudios de Torá o lea, en conjunto, libros de Musar que cambian la visión equivocada de los sucesos de la vida por una óptica llena de fe y esperanza como base del hogar. Así desaparecerán las quejas y lamentos que hoy lamentablemente se hicieron cotidianos. Renacerá el ¡Baruj Hashem! ¡Bendito eres Di-s! y el ¡Min Hashamaim! ¡Todo es del Cielo!, que nos darán la felicidad verdadera sin nervios ni sufrimientos.

 

Precisamente, el único modo para evitar una pelea es trabajar sobre uno mismo para reforzar la fe y aprender a vivir con alegría. El profeta Zejariá 8 nos dice que "la verdad y la paz serán amadas". Aparentemente, se trata de dos conceptos contradictorios, ya que si observamos al prójimo bajo la óptica de la verdad encontraremos errores y falencias que provocarán la discordia. El problema consiste en que buscamos la verdad en el otro y olvidamos analizarnos a nosotros mismos. Si lo hiciéramos, tomaríamos conciencia de nuestros defectos y la paz con el prójimo sería fácilmente encontrada. A eso se refirió el profeta Zejariá.

 

Es cierto que a veces se requiere de un control especial para no reaccionar, pero precisamente por eso es que el rey David nos enseña: "Busca el Shalom y persíguelo" (Tehilim 34). No se trata de esperar a que el Shalom nos encuentre en forma circunstancial, sino que debemos buscarlo y perseguirlo anulando nuestra propia honra o sentimiento para poder encontrarlo. Se cuenta sobre Napoleón que al pelear con Rusia llegó a una ciudad muy fortificada y no podía derrumbar sus murallas. La sitió aguardando a que sus habitantes se rindieran con el correr del tiempo. Sin embargo, como éstos disponían de gran cantidad de alimentos, fueron los soldados de Napoleón quienes se impacientaron sugiriendo regresar a sus hogares. Napoleón decidió disfrazarse en compañía de un general e ingresar como espía en la ciudad para ver la situación real del lugar: si aún disponían de alimentos regresarían, pero de lo contrario, el sitio continuaría hasta que se rindieran.

 

Pudieron ingresar a la ciudad en forma oculta y llegaron a un bar que estaba colmado de soldados que intentaban emborracharse para olvidar el hambre que padecían. Los comentarios eran que no había alternativa: caerían en las manos de Napoleón y su ejército. Cuando los dos espías -Napoleón y su general- escucharon y entendieron la situación, intentaron retirarse: la misión estaba cumplida. Pero de repente uno de los soldados rusos exclamó: "observen a ese campesino: ¡juraría que es Napoleón!". Los espías comenzaron a temblar, pero la suerte estuvo de su lado porque todos sus compañeros se burlaron del soldado. "¿Cómo es posible que el propio Napoleón llegue hasta acá y con ese aspecto tan despreciable?", le dijeron. El general que acompañaba a Napoleón decidió eliminar cualquier tipo de sospechas y le pidió a Napoleón que le sirviera un poco de vino. Napoleón, que comprendió la idea del general, comenzó a servirle pero lo hizo en una forma bastante brusca que provocó que el vaso cayera sobre el piso y se derramara el vino. El general, indignado, golpeó a Napoleón quien cayó al piso a la vista de todos. Cuando intentó levantarse, recibió un puntapié del general que lo insultó y ofendió por su necio comportamiento. Los soldados rusos se rieron de lo sucedido y confirmaron "el error" del soldado: nadie se atrevería a golpear de esa forma a Napoleón. El general pagó la botella de vino y se retiró junto a Napoleón sin que nadie sospechara sobre la verdadera identidad de ambos. Cuando llegaron a un lugar oculto, el general se posternó delante de Napoleón llorando y pidiéndole perdón por los golpes que le había dado. Napoleón lo abrazó, lo besó y le dijo: "mi agradecimiento te lo demostraré elevándote al cargo más importante de nuestro país y te llenaré de regalos".

 

Debemos aprender el mensaje. En algunas circunstancias la persona debe recibir por sus malas actitudes un castigo celestial. Pero la piedad de Di-s lo rescata del mismo enviándole una persona que lo insulte y lo ofenda. Si el ofendido tomase conciencia de que la vergüenza que recibe es por su bien y para conseguir la vida rescatándolo del sufrimiento, lo recibiría con la misma alegría que Napoleón, en el momento en que recibió los golpes. ¿Qué hubiese sucedido si Napoleón reaccionaba y le gritaba al general que debía mantenerle el respeto que merecía? Los soldados rusos hubieran reaccionado descubriendo la identidad de los espías. Sepamos soportar los malos momentos para poder vivir siempre con alegría.

 

 

"El estudio de Torá es la bendición del hogar"

 

El Rab Eliahu Lapian Z"L cuenta en su libro "Leb Eliahu" el siguiente Maasé: "Ribí Neta era un comerciante que vivía en Kelem. Casó a su hija única con un Talmid Jajam al que le dio una dote importante y se comprometió a mantenerlo durante muchos años para que pudiera seguir estudiando Torá. Cuando esos años pasaron, la mujer le reclamó a su esposo que dejara de estudiar para poder mantener su hogar. Su esposo -por el cariño que tenía a la Torá- se negó a hacerlo. Ella sugirió que con el dinero de la dote abrieran un negocio que ella atendería, y que el marido se ocupara del mismo sólo dos horas por día. El hombre aceptó y con el correr del tiempo las dos horas se transformaron en cuatro, hasta que abandonó completamente sus estudios para dedicarse al trabajo. Un sábado a la noche que nevaba, la mujer salió a tirar algo afuera de la casa y al regresar sintió que se ahogaba y no podía hablar. Su marido corrió a buscar un médico, pero éste no pudo diagnosticar la enfermedad que la aquejaba. Los doctores que la veían no podían entender por qué no podía hablar. Alguien le sugirió al marido que quizás se trataba de un caso de exorcismo y que fuera a lo de Ribí Mendel Z"L que se ocupaba de estos temas. El marido decidió llevar a su esposa a lo del Rab quien le habló al alma que se había introducido en ella. El alma le contestó desde el estómago de la mujer sin que ella moviera los labios: ‘Transgredí en mi vida todos los preceptos de la Torá y mi castigo fue que mi alma recorriera el mundo con ángeles que me castigan continuamente y sólo encuentro tranquilidad si me introduzco en el cuerpo de alguien’. ‘¿Por qué elegiste a esta joven?’, le preguntó el Rab. La respuesta fue: ‘Su propia madre -que ya había fallecido- me pidió en el Shamaim que lo hiciera para que su hija sufriera en este mundo y no recibiera castigo en el Olam Habá por haber sacado a su esposo del estudio de la Torá’. Ribí Mendel Z"L se dirigió al esposo de la mujer, quien le aseguró que volvería a estudiar Torá. Ribí Neta -el padre de la mujer- se comprometió a estudiar Mishnaiot y a encender Nerot en el Bet Hakeneset para rescatar a esa alma del castigo que tenía. Ribí Mendel Z"L reunió un grupo de diez personas para que leyeran Tehilim y dijo unos Pesukim con la mujer sentada en la mitad de la habitación. Luego de unos minutos de lectura de Tehilim, la mujer -en forma repentina- cayó al suelo y se escuchó una voz que salía de ella: ‘¡Shemá Israel!’. Una de sus uñas se partió y salió sangre de ella. La ventana se rompió -por ese lugar salió el alma- y la mujer recuperó su normalidad". El Rab Eliahu Lapian continúa en su libro: "En el último tiempo escuché que esa pareja está en Israel. Viven en Tel Aviv, pero no revelaré más detalles sobre ellos. Sólo que personalmente los visité y ellos mismos me contaron todo el suceso".

 

Toda mujer virtuosa que lea este Maasé, tomará la enseñanza necesaria para su vida, ayudando y fortaleciendo a su esposo en el camino y en el estudio de la Torá, para adquirir así la felicidad en este mundo y en el venidero.

 

Las estadísticas demuestran que una casa basada en los principios de la Torá está llena de alegría y felicidad. Seguramente que no son las condiciones económicas las que la hacen dichosa, ya que no siempre tienen esa bendición, sino que tienen la Berajá de tener fe en el Creador, que es la vitamina que origina esa felicidad al saber que quien da la vida, también da el sustento. Así se logra la tranquilidad y felicidad anhelada.

 

En una oportunidad, una persona se presentó delante de un Rab con la idea de viajar a otro país debido a sus problemas económicos. El Rab le contestó con el siguiente Maasé: En una ciudad vivía un Rab muy pobre al que se le presentaron dos personas muy ricas para que interviniera por un diferendo económico que tenían, con la condición de que el Rab se trasladara a la ciudad de ambos con los gastos pagos, además de un importante dinero por su trabajo.

 

El Rab les pidió que lo esperaran hasta que volviera de rezar Minjá en el Bet Hakeneset. Al regresar, les dio una respuesta negativa al pedido para que viajara. Cuando la señora del Rab le preguntó por qué no había aprovechado esa oportunidad de ganar mucho dinero, el Rab le respondió que una de las Berajot de la Tefilá que dijo era "Mebarej Hashanim", o sea que Di-s bendice los años desde Su lugar celestial. La Guemará comenta que la distancia desde la tierra al primer cielo es de 500 años y al segundo cielo es de otros 500 años, y así sucesivamente pasando los siete cielos hasta llegar al Trono Divino. Sin embargo, esa distancia inimaginable no es impedimento para que la Berajá llegue al ser humano. "Me dije a mí mismo: ¿Sólo a la ciudad de los ricos me mandará Di-s la Berajá? ¡Si Él quiere, podrá enviarla directo a mi casa!". Finalmente, los ricos decidieron hacer el juicio en la ciudad del Rab, quien pudo obtener el dinero sin tener necesidad de dejar su hogar. ¡Tengamos fe y tendremos alegría en nuestros hogares, a pesar de los problemas económicos que puedan existir!

 

El Talmud en Pesajim 49 comenta: "Que siempre la persona venda todo lo que posee para casarse con la hija de un Talmid Jajam y para casar a su hija con un Talmid Jajam. Este tipo de matrimonio se compara a la unión de la uva de la parra con la uva de la parra, es algo bello y agradable". ¿Por qué los Jajamim compararon esta unión del novio y la novia sólo con la uva y no con otra fruta? Una de las explicaciones es que el sabor del vino es más agradable cuando es más añejo. De la misma manera, cuando la pareja cuida la herencia que recibimos en el monte de Sinai y no se deja llevar por corrientes modernas ajenas a nuestra fe, llega así al máximo de belleza espiritual posible.

 

Cuando un hogar crece con esas bases, el progreso es constante. Es lo que sucede con la uva de la parra, antes de ser exprimida. Se la bendice con una Berajá común a todos los frutos del árbol: "Boré Perí Haez" (que crea el fruto del árbol). Al transformarse en vino recibe una Berajá excluyente para él: "Boré Perí Haguefen" (que crea el fruto de la parra). Es cierto que el trigo también transforma -al convertirse en pan- su bendición primitiva de "Boré Perí Haadamá" (que crea el fruto de la tierra) en "Hamosí Lejem Min Haarez" (que saca el pan de la tierra). Pero la parra permanece en la tierra en forma eterna a diferencia del trigo que debe ser sembrado nuevamente. De esta forma, le deseamos a la pareja que la unión que materializaron en la Jupá, sea eterna, llena de felicidad y alegría.

 

Otro de los mensajes que la parra otorga a la pareja es que el vino alegra a la persona, pero sólo cuando se lo consume con medida y en forma adecuada. De lo contrario, la emborracha con las consecuencias negativas que todos conocemos. De la misma forma hay una indicación para la pareja de fijar los límites que la Torá impone. Como dijeron los Jajamim: "Santifícate a ti mismo en lo que está permitido para ti" (Iebamot 20), y así tendrán éxito en la construcción del hogar. El amor entre ellos crecerá continuamente gracias a esos cercos que la Torá determina. Serán como el vino, cuyo sabor aumenta día tras día.

 

Otra de las comparaciones de la parra con la pareja es la siguiente: el pueblo de Israel fue comparado con la parra. ¿Por qué? La parra es pisada por aquellos que fabrican el vino. Pero finalmente, cuando se obtuvo el producto, es el vino quien hace caer a la persona que toma más de la cuenta. Igualmente, en este destierro tan largo y difícil, el pueblo judío debió soportar ser pisado por distintas naciones. Pero llegará el momento en que el Mashiaj elevará al pueblo de Israel para convertirlo en la luz de la naciones. Ese mensaje también se aplica al novio y a la novia. Si se comportan con honra y respeto mutuo, si cada uno valora al otro y le hace sentir que está por encima de sí, entonces vivirán con armonía y felicidad. Serán como la uva que en principio parece que es pisada, pero finalmente triunfa.

 

Que en todos los hogares de Israel se cumpla la frase de los Jajamim: "Inbe Haguefen Beinbe Haguefen Dabar Nae Umitkabel: la uva de la parra con la uva de la parra es bella y agradable".

 

"La Tefilá, la Sedaká y las Berajot de los Sadikim"

 

La Guemará en Sanhedrin 44 comenta que la persona debe adelantar la Tefilá antes de que surja el problema realmente. Podemos deducir con más razón que, cuando lamentablemente no hay paz en el hogar, se debe hacer Tefilá para que Di-s deposite su Shejiná en esa casa, además de todas las distintas iniciativas que se realicen para encontrar la solución.

 

Se cuenta sobre el Rab Iejezkel Abramsky Z"L que al ser llevado preso a Siberia, le sacaron los zapatos y lo obligaron a caminar descalzo sobre el hielo congelado varios kilómetros por día. El Rab dentro de su Tefilá le dijo a Hashem lo siguiente: "Di-s mío, escribiste en Tu Torá (Ketubot 30) que todo proviene del Shamaim menos los resfríos, que se originan en una negligencia propia de la persona que no se cuida como corresponde. Pero en este lugar con temperaturas bajo cero, me obligan a caminar descalzo y solo Tú, Señor del Universo, me puedes cuidar. Por favor, sálvame para que no me enferme". Pasaron muchos años y el Rab ni siquiera se resfrió, mientras que mucha gente moría de complicaciones por gripes y pulmonías.

 

Aprendemos de este suceso la fuerza de la Tefilá, que puede cambiar la naturaleza del mundo. Por más que exista un decreto por el que la persona debería soportar sufrimientos en su casa, hay tres cosas -Tefilá, Sedaká y Teshubá- que anulan cualquier mal decreto que hubiera.

En el libro Shibje Omer se relata el siguiente Maazé: Rabí Tzvi Izjak Horowitz era un hombre Sadik y fiel. Su nombre recorrió las fronteras, y todos los que lo conocían depositaban en él su total confianza.

 

Cuando se recolectaba dinero para los pobres, se le entregaba al Rab para que fuera su depositario hasta que se necesitara utilizarlo. Incluso particulares le daban dinero para que lo guardara, sabiendo que quizás estaba más seguro que en una cuenta bancaria.

 

El Rab tenía un alumno de apellido Rotschild, que no sólo estudiaba junto a él, sino también hacía las veces de su secretario y administrador. Cuando el Rab recibía dinero, se lo entregaba a su alumno quien lo guardaba en un cofre cuyo escondite conocían nadie más que él y su Rab.

 

En una ocasión, llegaron a la casa del Rab unos Gabaim (Dirigentes Comunitarios que se encargan de recolectar dinero para beneficencia), y pidieron la restitución del dinero que anteriormente habían dejado en depósito. El Rab comenzó a buscar el cofre y no lo encontró. Cuando se le ocurrió preguntarle a su alumno, se acordó que ese mismo día el joven le había dicho que abandonaba la ciudad y se iba a trabajar a otra ciudad. Los Gabaim se retiraron con las manos vacías, y dejaron al Rab con una profunda preocupación.

 

Pasó un tiempo, y la esposa del Rab le dijo a su marido: "No es que quiera ser mal pensada, pero precisamente en el día que tu alumno Rotschild se fue, desapareció el cofre del dinero..."; "¡No, no!, la interrumpió el Rab, es imposible que él haya hecho algo así. Rotschild es un verdadero Sadik y confío plenamente en él...". "Bueno pero nada pierdes si vas a la ciudad donde ahora vive, y le explicas que se perdió el dinero de los huérfanos y las viudas. Quizás te puede dar una pista", insistió la mujer.

 

El Rab se dirigió a la ciudad donde se había establecido su alumno, y comprobó sorprendido que en muy poco tiempo ya toda la gente conocía el apellido Rotschild con honor y respeto. Cuando llegó al lugar donde trabajaba, encontró un muy lujoso negocio de venta de antigüedades y joyas.

 

 

Rotschild recibió a su Rab con mucha amabilidad. "¿A qué se debe esta tan honrosa visita?", "Debo hablar contigo muy seriamente", fue la respuesta. El Rab le contó que habían ido los Gabaim a reclamar el dinero de las viudas y los huérfanos, y el cofre había desaparecido. Con sutiles palabras, le estaba dando a entender que existía la sospecha de que él fuera quien había tomado indebidamente ese dinero.

 

 

Rotschild no contestó. Se quedó en silencio unos instantes y se levantó. Se dirigió a uno de sus cuartos, y regresó con una pequeña bolsa en sus manos. Le dijo al Rab: "Ésta es la mitad del dinero. Por el resto, le pediré que me espere un mes y, con la ayuda de Hashem, se lo entregaré". Mientras el Rab regresaba a su casa estaba contento, por un lado, por haber recuperado el dinero robado. Por el otro, estaba triste porque nunca hubiera pensado que su fiel alumno era capaz de aprovecharse de su confianza para apoderarse de lo ajeno.

Una semana después, unos policías se hicieron presentes en la casa del Rab con una noticia: "¡Encontramos su cofre robado! Aquí lo tiene. ¡Y el ladrón está preso!". El Rab se estremeció. Pensó que habían apresado a Rotschild y que lo iban a castigar duramente. Los policías siguieron hablando. "¿Usted tenía un sirviente no judío?". "En efecto, hace poco más de un mes", respondió el Rab. "Fue él quien se apoderó del cofre. Lo hizo en un descuido suyo y se lo llevó. Lo recuperamos casi con todo el dinero que allí había. "¿Y cómo se dieron cuenta ustedes de qué él había sido el ladrón?". "Porque inmediatamente después de que dejó su trabajo, se lo vio extrañamente en cada cantina que había en la ciudad. Un día, en medio de su borrachera, confesó que el dinero que estaba derrochando lo estaba sacando del cofre que había robado de la casa del Rab Horowitz. Bueno, lo principal es que el cofre regresó a sus legítimos dueños". Los policías se retiraron.

 

Nuevamente, el Rab sintió una mezcla de alegría y tristeza. Alegría porque descubrió que su alumno Rotschild estaba limpio de toda culpa. El concepto que de él tenía era el mismo, o mejor aún. Por otro lado, estaba triste por haber sospechado de él injustamente. Además, ¿por qué si era inocente, Rotschild le había dado el dinero, aunque fuera una parte? El Rab no esperó, y ese mismo día se dirigió otra vez a la ciudad donde Rotschild vivía. Cuando llegó allí, no lo encontró en donde tenía su negocio. Ni siquiera el negocio existía. Preguntó a la gente y le dijeron que Rotschild había vendido todo lo que tenía y se había ido a vivir a una choza en una aldea cercana.

 

El Rab se dirigió a ese lugar y encontró a su alumno viviendo en una choza pobre y destruida. Rotschild recibió a su Rab con la amabilidad de siempre. "Sea usted bienvenido, Rab. Sólo que todavía no he podido reunir la suma que le debo. Por favor si me espera unos días más...", "¡Querido alumno! Sé que tú no fuiste quien robó el cofre. La policía encontró al ladrón y el cofre ya está en mis manos". "¿Ah, sí? ¡Baruj Hashem! ¿Y se puede saber quién fue?". "¿Te acuerdas del sirviente que teníamos y de repente nos abandonó? Bueno, pues de algún modo se las ingenió para robarnos sin que nos diéramos cuenta. Pero, ¿por qué me mentiste y me hiciste creer con tu actitud que habías sido tú el ladrón? ¡Si hasta te quedaste pobre por darme el dinero, cuando en realidad no te correspondía hacerlo!". "Yo lo vi a usted muy preocupado, porque tenía la responsabilidad de devolver el dinero que le habían dado para guardar. Y la verdad es que preferí pasar un poco de incomodidad, con tal de que a las viudas y a los huérfanos no les falte nada de lo que les corresponde... Usted me enseñó que en la Torá está escrito: "A Hashem, Tu Di-s, temerás". Y es sabido que estas palabras no sólo se refieren al Creador del Mundo, sino también a los que los representan: A los Jajamim. Yo debo temer, respetar y honrar a los Jajamim, y mucho más a usted, que es mi Jajam principal y de quien aprendí toda la Torá que tengo". "Bueno. Pero, ¿Por qué llegaste hasta esta situación?". "Yo me comprometí con usted a entregarle la otra mitad del dinero, y como ya no me quedaba nada en efectivo, me vi obligado a vender mis propiedades, pero igualmente no alcanzó. Pensé que de algún modo u otro, Hashem me iba a ayudar a reunir toda la cantidad antes de que transcurriera el mes de plazo...".

 

Al escuchar esto, el Rab estrechó a su alumno en un abrazo y lo besó en medio de lágrimas de emoción. Le dio una Berajá, y le dijo que sería tan rico, que su riqueza no se apartaría de él ni de su descendencia jamás, hasta la llegada del Mashiaj.

 

En efecto, la riqueza de la familia Rotschild es proverbial. Y como vemos, hasta hoy se mantiene. Todo, gracias a la entrega de quien inició la dinastía, que prefirió vivir como un pobre y pasar por sospechoso de robo, con tal de que a los huérfanos y a las viudas no les faltara el sustento. Y también gracias al respeto y el honor que les confería a los Jajamim, a quienes consideraba como verdaderos representantes del Mandato Divino.

 

El Sefer Pele Ioez escribe que quien tiene una mala mujer que lo hace sufrir, que le pida a Di-s que transforme su corazón. Que lo quiera y caiga en gracia a sus ojos, para que él también la pueda amar. Nuestros Sabios nos enseñan que las puertas del llanto nunca se cierran. Por lo tanto, no debe desesperarse sino pedir con todo el corazón al Padre Piadoso que cambie la pelea del hogar por la felicidad eterna.

 

Otra de las soluciones para encontrar el Shalom en la casa es pedir la Berajá de los Sadikim de la generación. Si ya existe el Shalom, es correcto pedir al Sadik su Berajá para que continúe por siempre.

 

En una oportunidad sucedió en los Estados Unidos de América un accidente por un choque de autos. Los médicos determinaron que el Iehudi accidentado no iba a poder sobrevivir y mandaron a traer de un asilo al padre del accidentado. Cuando éste llegó al lado de su hijo inconsciente, no demostró preocupación por lo sucedido, y se retiró diciendo con mucha calma: "Se curará".

 

Todos pensaron que el anciano padre no había tomado conciencia de lo que sucedía, pero él les contestó lo siguiente: "Yo soy de Radin, la ciudad del Jafez Jaim. Cuando el Rab escribió su libro ‘Mishná Berurá’, reunía gente en su casa para que lo leyeran y así poder observar cómo se entendía lo que el Rab había escrito. Varias veces mi estudio cayó en gracia en sus ojos, y me dio dos Berajot: que tuviera larga vida (hoy tengo 76 años), y que mis hijos no murieran durante mi vida. Todavía no llegué a tener lo que se llama realmente larga vida, ¿cómo se van a cumplir las dos Berajot simultáneamente?; la única forma es que mi hijo se recupere y que yo viva muchos años más. Por eso es que estoy tranquilo". Al otro día sucedió el milagro. El hijo abrió los ojos, y poco a poco se fue recuperando para sorpresa de los médicos que no podían entender lo que sucedía.

 

Aprendemos de este suceso la importancia de la Berajá del Sadik, ya que sus Tefilot llegan delante de Di-s y pueden hacer cambiar cualquier mal decreto que haya sobre la persona, y dar una larga vida llena de paz y prosperidad.

 

Para concluir, relatemos uno de los tantos milagros cuyo protagonista fue uno de los Sabios más grandes de las últimas décadas: el Baba Sali Ribí Israel Abujazira Z"L. Un matrimonio que luego de muchos años de casados no habían podido tener hijos, recurrió a recibir la Berajá del Rab. Para ello se dirigieron a su casa en Netibot. Todos conocían la Kedusha del Rab, sabían que sus oraciones llegaban al Cielo y que sus bendiciones se cumplían. Le contaron al Rab lo que les aquejaba y le pidieron una bendición para que Hashem les otorgara el hijo tan ansiado. El Rab les pidió sus nombres e hizo Tefilá por ellos. Luego tomó una botella de anís, escribió algo en un papel con el que envolvió la botella y les dijo: "Deseo que el día del Berit Milá bendigan sobre este anís al poner el nombre del bebé". Recogieron la botella. El corazón de ellos desbordaba de alegría.

 

Los años pasaron y ninguna novedad importante ocurría. Hasta que escucharon una noticia que los dejó perplejos: El Baba Sali Z"L había dejado este mundo y aparentemente su Berajá no se había cumplido. Luego de transcurridos dieciséis años del encuentro con el Baba Sali, lo que parecía imposible llegó: el hijo por el que tantas Tefilot se habían hecho, vino a este mundo. Imaginemos la alegría de la familia. Decidieron que el Sandak fuera el Rab Izjak Kaduri Shelita. El padre trajo la botella de anís y se hicieron los preparativos para el gran día. El Berit Milá se realizó e invitaron al Rab Kaduri para hacer el Kidush. Al sacar el papel que envolvía la botella de anís todos quedaron sorprendidos: el Baba Sali había escrito en el papel la fecha del Berit Milá dieciséis años antes de que se realizara.

 

¿Dónde radica la fuerza, la sabiduría y la profecía de estos grandes Jajamim? ¿Cómo es posible que sus palabras sean escuchadas en el Cielo y se cumplan en la tierra? La respuesta es la siguiente: "Si en mis leyes se encaminarán y mis preceptos cumplirán"(Vaikrá 26). Rashi nos aclara que el versículo se refiere a estudiar la Torá con esfuerzo y cumplirla con todos sus detalles. Es la fuerza de la Torá, la sabiduría de Hashem, la que da la profecía a los Sadikim de cada generación.

 

Tefila, Sedaká, Teshubá, Berajot de los Sadikim de la generación. Todos estos medios son valederos y necesarios para bendecir los hogares de Israel.

 

 

"La voz del dinero"

 

La gente corre detrás del dinero, pero no todos se convierten en millonarios. Incluso los que sí lo son, no tienen todo el provecho de lo que alcanzaron, ya que siguen corriendo para obtener más riqueza. Como nos enseña Shelomo Hamelej: "El que ama al dinero no se hartará de él" (Kohelet 5). Por eso le podemos preguntar dónde está su riqueza y cuál fue su provecho. Corre toda su vida detrás de algo que nunca alcanzará y no prueba el sabor de la alegría. No sólo esto, sino que codicia lo de los demás y llega a mentir y engañar, siendo odiado por la gente, perdiendo así su mundo terrenal y el venidero.

 

No hubo generación que haya tenido las comodidades que hoy existen. Al tocar un botón se enciende la luz, se mueve una perilla y el fuego está preparado para cocinar, el lavarropas automático deja la ropa limpia sin ningún esfuerzo del ama de casa, se pueden adquirir comidas preparadas para ser servidas, etc., etc.

 

¡Cuánto esfuerzo debían realizar las generaciones anteriores para obtener las mismas cosas! Se debía buscar combustible para tener un poco de luz, preparar el fuego con madera o carbón, llevar la ropa hasta el río para poder lavarla, etc. Sin embargo, ellos eran más felices que lo que somos nosotros hoy, porque tenían la clave que nuestros Sabios profetizaron hace mucho tiempo atrás: "¿Quién es el rico? El que se alegra con lo que tiene" (Pirke Abot 4), ya que sólo sabiendo conformarse con lo que Di-s le destinó, se encuentra la felicidad. Ésa es la verdadera riqueza.

 

El Midrash Tanjuma comenta con respecto a la Perasha Tazria, sobre un Cohen que tenía problemas económicos y que no podía mantener su hogar y decidió ir a trabajar fuera de Israel. Antes de irse, le explicó a su señora las leyes de los Negaim, o sea sobre las manchas de la piel que él determinaba como Cohen a los que lo consultaban. Le explicó que en cada pelo del cuerpo de la persona, creó Di-s una cavidad de la cual se alimenta ese pelo. Si éste se seca y no tiene calor, es una señal que se secó la fuente que lo alimentaba. Le respondió la mujer: "Que tus oídos escuchen lo que haz dicho. Si Di-s creó para cada pelo un lugar que lo alimenta, tú que eres un ser humano que debes mantener a tu familia, ¡¿acaso no creó Di-s la fuente de donde consigas tu sustento?!". El Cohen de esta forma desistió de su viaje, enseñándonos que la fe es la base del hogar y que no hay que perder la tranquilidad cuando faltan cosas en la casa, ya que todo depende de la Berajá que Di-s manda.

 

Por supuesto que la mujer no debe reclamar a su marido cosas que él no puede solucionar. Ella debe administrar sus gastos con fe y esperanza para no destruir el Shalom de su hogar. El marido, por su parte, al ver que por más que se esfuerza no puede satisfacer las necesidades de su familia, debe alentarlos a superar el momento difícil, puesto que es una prueba de Di-s para el bien y la felicidad de todos.

 

Cuando Ribí Akiba se casó con Rajel, la hija de Kalba Sabua, la pareja era tan pobre que debía dormir sobre un lecho de paja. En una oportunidad, se presentó Eliahu Hanabi como un pobre pidiendo un poco de paja para su señora que había tenido un hijo y no tenía donde acostarse. Le dijo Ribí Akiba a su mujer: "Observa, hay gente más pobre que nosotros y ni siquiera tienen paja".

 

Sepamos mirar en las cosas materiales a aquellos que tienen más dificultades que nosotros y en los temas espirituales tomemos ejemplo de los que nos superan.

 

El Midrash en la Perasha Pekude cuenta el siguiente Maasé: Ribí Jiá y Ribí Shimhon Ben Jalafta estaban estudiando Torá en el Bet Hamidrash de Tebaria en la víspera de Pesaj. Escucharon mucho movimiento de gente, y preguntó Ribí Shimhon a Ribí Jiá: "¿Qué es lo que sucede?". Éste le contestó: "Todos compran lo que necesitan para Iom Tob, y si alguien no tiene dinero se presenta a su patrón y le pide". Dijo Ribí Shimhon ben Jalafta: "Yo también iré a lo de mi patrón y Él me dará". Salió fuera de la ciudad a hacer Tefilá en una cueva de Tebaria y vio una mano que desde el cielo le entregaba una piedra preciosa. La tomó y la llevó delante de Ribí Iehuda Hanasí quien al verla le dijo que esperara hasta después de Iom Tob para poder venderla a su precio real. Mientras tanto, le entregó algo de dinero para las necesidades de la fiesta.

 

Cuando Ribí Shimhon llegó a su casa con dinero y comida, la señora sorprendida le preguntó: "¿De dónde lo conseguiste?". El marido le respondió: "Di-s me lo dio". Pero ella no se quedó conforme: "Si no me dices de dónde es, no probaré nada". El Rab le contó lo ocurrido al no tener otra alternativa: "Hice Tefilá delante de Hashem, y me dio esta piedra preciosa". Ella respondió: "¿Acaso quieres que tu pago en el Olam Habá sea menor que el de tu compañero por haber recibido esa joya?, ¡ve y devuelve la comida que compraste, el dinero a su dueño y la joya a Di-s!".

 

Esa mujer virtuosa convenció incluso a Ribí Iehuda Hanasí que no era conveniente que su marido aprovechara ese regalo del Cielo. Cuando Ribí Shimhon Ben Jalaftá fue a devolver la joya, extendió su mano, e inmediatamente vino un Malhaj (ángel) y la tomó. Fue dicho: "El milagro último fue mayor que el primero, ya que del Cielo lo normal es que dan, y no es normal que quiten".

 

Tenemos en este Maasé el ejemplo de una mujer Sadeket que estuvo dispuesta a soportar la pobreza y no aceptar los placeres de este mundo, debido a que sabía que le sería descontado de su pago en el mundo venidero. Tomemos todos el ejemplo de ella para no sufrir cuando vemos que en la casa apenas si alcanza el dinero para las cosas elementales, ya que está guardado el verdadero pago de la persona para el Olam Habá.

 

Tengamos Emuná que nuestro sustento depende sólo del Creador, como dijeron nuestros Sabios en el Talmud (Besá 16): "Todo el sustento de la persona está fijado desde Rosh Hashaná, con excepción de los gastos necesarios para Shabat, Iom Tob y para educar a los hijos en el camino de la Torá, que en caso de disminuirlos, se le disminuyen a él. Si los aumenta, recibirá más de lo que gastó".

 

Quizás más que nunca, en esta época hay hogares en que la voz de la alegría y de la felicidad no se escucha porque es cubierta por la "voz del dinero" que con un fuerte tono reclama su lugar. La falta de dinero para tener una vida digna es la que en muchos casos provoca la destrucción del Shalom del hogar.

 

Ya el Talmud en Babá Meziá 59 comenta: "Dijo Rab Iehuda: ‘Siempre debe preocuparse la persona que haya sustento en su hogar, ya que las peleas tienen lugar en el matrimonio debido a temas de sustento". La falta de dinero es el medio que utiliza el Satán para entrar al hogar y provocar la pelea. De esta forma, la presencia de Hashem se retira de esa casa. A pesar de cualquier circunstancia que se presente, la mujer debe estar al lado de su marido apoyándolo y fortaleciendo el Shalom de su hogar. La mujer inteligente que busca su propio bien y el de su familia, debe saber que está en sus manos conseguir que en su hogar las voces de la alegría y la felicidad se escuchen y no sean cubiertas por la voz del dinero. Debe dirigir su casa de acuerdo con sus posibilidades económicas sin excederse de su presupuesto, demostrándole a su esposo que es solidaria al máximo con su sufrimiento para conseguir el sustento mínimo necesario para la vida. En este tipo de situaciones, no debe pedir a su esposo lo que sabe que su marido no le puede dar, porque lo único que provoca es que su esposo piense que ella es cruel al no comprender que para él es imposible complacerla. Por el contrario, debe mostrarle una sonrisa y alentarlo a seguir adelante esperando épocas mejores.

 

Muchas mujeres endeudan a sus maridos con lujos que realmente no estaban a su alcance, sólo por envidia a la vecina o a la amiga que sí podía darse ese lujo. En lugar de poner el acento en la educación de sus hijos y en la atención a sus esposos, sólo piensan en no ser menos que sus amigas.

 

La mujer inteligente debe saber, por otra parte, que toda casa en la que sus habitantes se conforman con lo que tienen y no persiguen lujos o placeres fuera de su alcance, es la que construye un futuro digno para sus hijos que aprenderán a vivir sabiendo que en la vida no puede conseguirse todo lo que uno desea. De esta forma y por el hecho de vivir con limitaciones, obtendrán una felicidad continua debido a que nunca sentirán que les falta algo, porque aprendieron a vivir sabiendo que Hashem es el que da a cada uno lo que le corresponde y no correrán detrás de lujos y placeres inalcanzables.

 

"El valor de un minuto"

 

La mujer que tuvo la suerte y el mérito de casarse con un hombre que fija en su vida un tiempo para el estudio de la Torá, es la mujer más feliz que existe en la tierra. A pesar de que existan problemas económicos, no debe influenciar sobre su marido para que abandone ese tiempo de estudio para dedicarlo al trabajo. Por el contrario, debe alentarlo y fortalecerlo, porque todo el dinero que existe en el mundo no se iguala al valor de una letra de Torá que su marido estudia. Todo ese mérito es gracias a la mujer que lo alienta y le permite seguir adelante.

 

En una ciudad de Europa, se habían reunido los Iehudim para hacer un hospital. Muchos donantes contribuían para ello; algunos ofrecían sólo una cama mientras que personas adineradas donaban varias camas para los futuros pacientes. El Jafez Jaim, que dirigía espiritualmente el lugar, agradeció a cada uno de ellos por el Jesed importante de la donación. Cuando concurrieron al lugar algunos alumnos de distintas Ieshibot, el Jafez Jaim los recibió con mucha honra, lo que provocó malestar a los donantes que preguntaron: "¿Acaso ellos donaron camas como nosotros para la construcción del hospital?". Les contestó el Rab: "¡¿Qué dicen?!, ¿acaso ustedes donaron cincuenta camas?". Nadie podía creer que esos jóvenes hubieran donado algo que ni los millonarios podían hacer. El Jafez Jaim les aclaró: "¡Sí!,¡Sí!, cada uno de ellos donó cincuenta camas que no fueran necesarias. Ellos donaron que no haya necesidad de camas para enfermos en el hospital, ya que la Torá que ellos estudian protege y salva de enfermedades y sufrimientos a nuestra ciudad".

 

Aprendemos de este suceso, que aquella mujer que desea que en su hogar haya salud y tranquilidad, debe alentar y apoyar a su marido en el estudio y cumplimiento de la Torá. Es la mejor protección frente a los problemas de la vida y lo que garantizará su felicidad eterna.

 

Sucedió con el Taz (abreviatura del Rab David ben Shemuel Halevi Z"L que escribió el libro "Ture Zahab") y el Baj (abreviatura del Rab Ioel Sirkish Z"L que escribió el libro "Bait Jadash") el siguiente Maasé: El Baj era el suegro del Taz, y le había asegurado que se ocuparía de mantenerlo y le daría una comida de carne todos los días. En una oportunidad, en lugar de darle carne común, le entregó una porción de pulmón. Por ese motivo, el Taz llevó a su suegro a un "Din Torá", en donde se le dio la razón al Baj, porque se consideró también al pulmón como carne. El Jazon Ish Z"L explicó sobre este Maasé que lo que había sucedido fue que el Taz estudiaba Torá hasta agotar sus fuerzas todos los días. Ese día que le dieron pulmón en vez de carne común, estudió unos minutos menos, puesto que su fuerza disminuyó. Se originó así una acusación en el Cielo hacia su suegro por haber sido responsable de esta falta de minutos de Torá en el mundo. El Taz, que sabía esto, para sacar esa acusación que pesaba sobre su suegro lo llevó a un Din Torá, sabiendo que determinarían que el pulmón también es carne, y así se levantaría la acusación del Cielo. ¡Aprendamos el valor de cada instante de Torá que estudiamos, y no lo dejemos por nada del mundo!

 

Una de las causas que originan discusiones en el hogar es que muchas veces el marido está en su casa sin hacer nada. Esto disminuye su valor delante de su señora que lo observa perder el tiempo sin hacer nada productivo, mientras que ella está ocupada en el mantenimiento de su hogar .

 

Por lo tanto, la mejor solución para encontrar el Shalom Bait, es la constancia en el estudio de la Torá en cada momento libre. Así, el marido será valorado por su señora como alguien que no pierde su tiempo, sino que lo sabe aprovechar en cosas positivas que van a traer la Berajá tan anhelada.

 

Esa misma falta de ocupación provoca a veces contar a la otra parte alguna discusión que hubo en el trabajo o con algún vecino, y así comienza una nueva pelea, al recibir una crítica por la actitud asumida. El Jafez Jaim Z"L, en su libro "Shemirat Halashon", aclara que no hay ninguna diferencia en la prohibición de hablar Lashon Hará tanto con un amigo o con la propia mujer, salvo en caso que la conversación pueda traer beneficios como la jurisprudencia estipula.

 

El Jafez Jaim concluye: "Muchos se equivocan al comentar a sus esposas todo lo sucedido durante el día en sus trabajos. A veces, además de caer en la prohibición de hablar Lashon Hará, provocan que las discusiones del trabajo se agraven, al ser en muchos casos incitados por la propia mujer a defender sus derechos. Finalmente, ella misma terminará despreciándolo. Por eso, quien cuida su alma, que no comente con su mujer todas esas situaciones" (Kelal 8 punto 10).

Sucedió con una persona que fue a lo del Rab Naftali Sebi Iehuda Barlin y le dijo: "Ribí, mis negocios son exitosos y también lo son mi relación comercial con proveedores y clientes. Mi familia no tiene problemas de salud, pero mi sufrimiento es dentro de mi casa, ya que mi señora me desprecia, me domina y me subestima hasta tal punto que ni mis hijos me escuchan y sólo a ella respetan. Por favor, le pido un consejo para recuperar mi valor como padre y marido y encontrar la felicidad". El Rab le dijo: "¿Fijas un tiempo de estudio de Torá?". El hombre le contestó que no tenía tiempo siquiera para comer con tranquilidad, puesto que su trabajo era agobiante y no se lo permitía. El Rab le dijo: "Si con tu propia boca reconoces que eres esclavo de tu trabajo, ¿cómo pretendes que tu señora te valore? Mi consejo es que fijes un tiempo de estudio todos los días y no lo anules ni siquiera por el mejor de los negocios. Así vas a ser querido por Di-s y, simultáneamente, te va a devolver el cariño de tu señora, como dijo el rey Shelomo en Mishlé 16: "Cuando Di-s está conforme con el camino del hombre, incluso sus enemigos hacen la paz con él". Explican nuestros Jajamim que en este caso el término: "los enemigos" se refiere a la propia familia, como dice el profeta Mijá 7: "Los enemigos de la persona son los que habitan en su casa". La Torá es el remedio para todos los sufrimientos, incluso el de tener un hogar infeliz. Si te comportas de esta forma, seguro que tendrás el mérito de tener una mujer correcta que acepte la voluntad del marido".

 

Aprendemos de este suceso que, además de la importancia del estudio de Torá, en donde con cada palabra que se lee o escucha se cumple una Mizvá de Limud Torá, la persona se beneficia con paz y tranquilidad y la Shejiná posa dentro de su hogar.

 

"Nuestro secreto"

 

La luz de la felicidad no se apagó nunca en muchos hogares judíos. A pesar de épocas de persecuciones y sufrimientos, se pudo observar para asombro de las naciones que el Shalom Bait verdadero no depende de la riqueza ni de los placeres momentáneos. La felicidad es un estado continuo de satisfacción espiritual y de tranquilidad que se encuentra en el interior de la persona por su conducta de vida. ¿Cuál es la raíz de esta felicidad? ¿Cuál es el nombre de la fuente maravillosa de la que bebieron nuestros padres? ¿Cuál es la diferencia del hogar judío que despierta la admiración de las naciones? La respuesta a estas preguntas es muy corta y sencilla: Taharat Hamishpajá (la pureza familiar), es la base para que Hashem deposite su presencia en nuestros hogares, para traer así la felicidad tan anhelada.

 

Está escrito en el Talmud Nidá 31, "Ribí Meir dijo: ‘¿Por qué ordenó la Torá que la mujer Nidá deba esperar siete días? Porque el hombre, al estar continuamente con ella llegaría a despreciarla. Por eso, la Torá la decretó impura por siete días para que sea querida por su esposo (después de la purificación) como en el mismo momento en el que contrajo enlace’".

 

Hoy más que nunca tienen validez estos conceptos. El cuidado estricto de las reglas de la pureza del hogar resguarda la felicidad del matrimonio y renueva el amor en la pareja todos los meses sin que la luna de miel se termine. La prohibición del contacto físico durante los días de la menstruación más los siete días "limpios" de preparación previos al baño ritual -luego del cual la mujer se encuentra pura y con el mismo sentimiento que en su noche de bodas- protegen la unión del matrimonio y construyen un hogar eterno en el que reinará la alegría, el amor y el compañerismo. En ese período de separación, la pareja revitaliza el vínculo emocional entre ellos, acrecienta el cariño y la comprensión mutua y la relación se incrementa sin que se canalice por medio del contacto físico.

 

Desde el punto de vista medicinal, son numerosos los beneficios y prevención de enfermedades que el cuidado de las reglas de la pureza del hogar otorga a quienes los cumplimentan. El cáncer de cuello uterino es una enfermedad que se investigó profundamente desde el punto de vista epidemiológico. El resultado de todos esos estudios es que existe una relación estrecha entre las relaciones sexuales y la enfermedad. Asimismo se descubrió, hace ya decenas de años, que la incidencia de esta enfermedad en mujeres judías que cuidan las reglas de la pureza es prácticamente nula. Por otra parte, la mujer debe revisarse en los siete días "limpios" para que ningún tipo de manchas o flujos prohibidos por la jurisprudencia interrumpan su proceso de preparación. Cuando esto sucede en forma continua, la mujer concurre a su ginecóloga y en muchas oportunidades previene así distintas enfermedades. Podríamos enumerar distintas afirmaciones médicas que corroboran el valor de las leyes de la pureza familiar, ya que incluso existen libros específicos sobre el tema, pero sería minimizar el aspecto Divino de estas leyes que se encuentran por encima del alcance intelectual humano.

 

Podríamos preguntarnos ¿por qué la purificación depende del agua? ¿Por qué únicamente el agua de un Mikve es la que purifica y no la de un baño, ducha o pileta de cualquier hogar? Debemos aclarar que un Mikve contiene agua común de la canilla, pero hay una cisterna en la que cayó agua de lluvia que está conectada a la propia Mikve. De esta forma, el agua en la que se sumerge la mujer está conectada a una fuente natural. Muchas de las leyes relativas a la impureza tienen relación con la ausencia de la vida. Es lo que sucede -por ejemplo- con el muerto al que la Torá califica como: "el padre de los padres de la impureza". ¿Por qué la mujer que tuvo un hijo está impura y el bebé que nace es puro? La respuesta está en concordancia con lo que intentamos transmitir, ella tenía dentro de sí un cuerpo y un alma al margen del suyo propio. Luego del nacimiento perdió una parte de esa vida que poseía y por lo tanto deberá purificarse. El bebé, en cambio, es puro porque la pureza es la vida y él comienza su vida en ese instante. Por otra parte, cuando la mujer comienza a menstruar experimenta -en su medida- una pérdida de vida, porque la posibilidad de procrear se le ha retirado. El agua -por el contrario- representa a la vida misma porque el mundo se mantiene por ella. En los lugares desérticos donde no hay agua la vida no es factible. Lo primero que se busca en las estrellas o planetas que se investigan es la existencia o no de agua para analizar las posibilidades de vida. Podemos deducir entonces que la inmersión en las aguas del Mikve significa la renovación de la vida luego de haber transitado por la oscuridad de la muerte. ¿Por qué el agua del Mikve debe estar conectada a una fuente natural? Hoy existen numerosos ejemplos entre las maravillas naturales, sobre la influencia del agua unida a la tierra -como sucede con el Mikve- y la pérdida de esa capacidad al ser extraída de la misma. Recordemos -por ejemplo- el poder de las aguas termales para curar casos de reumatismo, pero sólo en los lugares originales y no con el agua extraída de los mismos.

 

De todas formas, no nos empeñemos en descifrar los misterios de Hashem ya que -como explicamos- exceden a nuestro entendimiento. Recordemos solamente que es una base fundamental de la existencia de nuestro pueblo y que hubo mujeres que en determinado momento debieron sumergirse en aguas congeladas y debajo del hielo para poder encontrarse puras para su marido. Hoy es mucho más sencillo, los Mikvaot que existen en la actualidad son ejemplo de higiene, pureza, lujo y comodidad. Algunas están equipadas con baño sauna, hidromasaje, salas individuales de maquillaje que hacen aún más placentero el cumplimiento de la Mizvá. Recordemos también que para construir un Mikve, si fuera necesario se debe incluso vender un Sefer Torá y que la importancia de cumplir con este precepto se iguala a ayunar en el día de Kipur.

 

Que se cumpla en nosotros lo que explicó Ribí Akiba al final de Masejet Iomá: "Bienaventurado Israel, ¿delante de quién ustedes se purifican y quién los purifica a ustedes? Vuestro Padre Celestial", como escribe el profeta Iejezquel: "Verteré sobre ustedes aguas puras que los purificarán". El profeta Irmeiá reafirma el concepto: "El Mikve de Israel es Hashem", así como el Mikve purifica a los impuros, también Di-s purifica a Israel. Amén.

 

"La forma de corregir"

 

Está escrito en Vaikrá 19: "corregir, corregirás a tu compañero, y no cargarás sobre él un pecado". O sea que al reprender a quien se encuentra cerca de nosotros, se debe cuidar de no avergonzarlo, ni hablarle en forma ofensiva o agresiva, sino que se debe hacerlo con un lenguaje suave e inteligente.

 

El rey Shelomo, en Mishlé 9 nos dice: "No reproches al burlón porque te odiará, reprocha al Sabio y te amará". Sobre este versículo, explicaron los Jajamim: "No agredas a una persona diciéndole que es un burlón y un pecador, ya que no va a recibir la corrección que intentes darle, sino que: reprocha al sabio, es decir, dile que no es digno de una persona respetada e inteligente como él que se comporte de esa forma".

 

Si la Torá determina que así sea el trato con el compañero, con más razón que se deberá prestar una atención especial a la relación entre marido y mujer. Cuando se corrige al otro, deberá cuidarse de no ofenderlo ni avergonzarlo, sino que siempre se procederá con respeto y educación para poder ser escuchado. Hay situaciones en las que será preferible callar y no corregir. En otras, no se podrá callar porque si así lo hiciere, llegará luego el momento de la explosión, y la reacción será violenta y sin límite. Por lo tanto, hay que actuar con mucha sabiduría para saber cuándo y cómo reprochar.

 

Es frecuente que, después de una discusión, transcurran días sin que la pareja se dirija la palabra. Esto provoca separación y un ambiente de tensión que afecta a todo el hogar. Por eso se deben solucionar las peleas lo más rápido posible, perdonándose mutuamente los errores y corrigiéndolos para el futuro.

 

Se cuenta sobre el Jafez Jaim Z"L que una vez vio en un hospedaje a una persona muy grosera y tosca que pedía de mala forma comida y bebida al mozo del lugar. Cuando se disponía a corregirlo, fue advertido por el dueño del lugar: "No malgaste su tiempo con él, ya que desde los 7 años fue llevado por soldados rusos a Siberia hasta los 18. Desde entonces, sirve al Zar Nicolás hace ya 25 años. Por eso es tan salvaje, nunca aprendió nada sobre la Torá. Incluso puede llegar a faltarle el respeto".

 

El Jafez Jaim se acercó de todas maneras al soldado y luego de saludarlo, con dulzura le dijo: "¿Es cierto lo que escuché sobre tu infancia y los sufrimientos que tuviste?, ¡a pesar de todo te mantuviste como Iehudi y no te asimilaste! ¡Qué lugar de privilegio te espera en el Olam Habá por tu entrega para santificar el nombre de Di-s durante tantos años. Ojalá yo tuviera tus méritos!".

 

El soldado se estremeció al escuchar estas palabras y comenzó a llorar al enterarse de quién era la persona que le hablaba y besó las manos del Jafez Jaim. El Rab agregó lo siguiente: "Si una persona como tú, con tantos méritos, decide vivir el resto de su vida como un Iehudi correcto, no habría como él en la tierra...". El soldado no abandonó al Jafez Jaim hasta hacer Teshubá en forma total y ser un Sadik completo.

Aprendemos de este Maasé cuál es la forma de corregir, resaltando en primera instancia las virtudes del otro. Con más razón que dentro del hogar, éste debe ser el proceder adecuado para que nuestras palabras sean escuchadas.

 

A pesar de que el ser humano desea ser íntegro en todos los aspectos de su vida y poder corregir sus errores, son muy pocos quienes aceptan los reproches. Quizás el motivo sea porque no son dados en forma constructiva. Este es un tema fundamental en el matrimonio, por eso debemos analizarlo con detenimiento: cómo se debe criticar y corregir.

 

1º) No se debe corregir con expresiones de enojo y furia por algo que resultó molesto, sino que se debe actuar con tranquilidad y por cariño y beneficio del otro. Incluso Di-s, al reprochar a Aharon y a Miriam por haber hablado mal de Moshe, lo hizo diciendo: "Por favor escuchen", para que sus palabras fueran aceptadas. De lo contrario, el otro no escuchará lo que se dice, porque está concentrado sólo en la furia del que critica.

 

 

2º) La primera expresión debe ser un cumplido por algo positivo que se haya hecho. Sólo después vendrá el reproche, que será sólo sobre la acción negativa y nunca sobre la personalidad del otro.

 

 

3º) No se debe agredir diciendo: "¿Por qué hiciste ...?", ya que obliga a una respuesta instantánea e irreflexiva. ¡Qué distinto sería si se dijera por ejemplo: "Seguramente no fue intencional, pero..."!

 

 

4º) La crítica debe ser constructiva, para que no se repita en otra oportunidad. No tiene sentido reprochar por algo pasado sin implicancias en el futuro.

 

5º) Explicar en forma clara por qué no se comparte esa actitud. No creer que el otro entiende todo lo que pensamos.

 

 

6º) Al margen de la crítica, no desmerecer las cosas positivas que el otro hizo, ya que esto provoca la sensación de que todo lo que uno realice no sirve para nada.

 

 

7º) No crear competencia entre la pareja diciendo: "Yo lo habría hecho mejor". Menos aún traer ejemplos de alguien de afuera: "Observa a mi hermano", porque esto provoca odio y separación entre la pareja o con el que se comparó.

 

Que Di-s nos otorgue la inteligencia necesaria para llevar a la práctica las enseñanzas de nuestros Jajamim.