"El agradecimiento"

 

Una de las cualidades fundamentales de quien se precie de ser persona es ser agradecido con quienes lo rodean y con el Creador. El tema no es sencillo. Muchas veces, la persona considera que si le agradece a quien lo benefició, queda con una deuda pendiente que en algún momento deberá saldar y prefiere no adquirir ese compromiso. La solución ante tal problema es simple: se puede buscar cualquier excusa o empequeñecer el bien recibido. Si fuera necesario, se llegará a devolver mal por bien para demostrar abiertamente que no recibió ningún beneficio.

 

Por el contrario, quien trabaja sobre sus cualidades para superarse continuamente, nunca olvidará un bienestar que recibió. En cada oportunidad que se le presente, expresará su agradecimiento sin importar el tiempo que haya transcurrido. No creamos que estos conceptos son necesarios solo para convivir con la sociedad en forma normal. En realidad, comienzan por casa, por el hogar de cada uno de nosotros.

 

¿Qué haría Ud. si tuviera el Zejut de encontrarse con Eliahu Hanabi? Seguramente le pediría que le explicara alguno de los secretos de la Torá. Quizás optaría por preguntar cuáles son los criterios con los que Hashem se conduce en la dirección del universo. Sin embargo, el Talmud en Iebamot 63 comenta que Ribí Iose se encontró con Eliahu Hanabi y le preguntó: "Está escrito en la Torá que la mujer es la ayuda del hombre. ¿En qué lo ayuda?". Eliahu Hanabi le respondió: "El hombre trae trigo a su hogar, ¿acaso come el trigo en crudo? El lino que trae, ¿lo viste en bruto? Es la mujer quien ilumina sus ojos y lo sostiene sobre sus piernas".

 

Ribí Iose optó por formularle una pregunta a Eliahu Hanabi cuya respuesta aparentemente cualquier niño conoce: la mujer es la encargada del hogar, se ocupa de preparar la comida y de coser las ropas. El Rab Jaim Fridlender Z"L explica esta Guemará con un concepto profundo: "Cuando la Torá menciona que la mujer es la ayuda del hombre, se refiere al apoyo que le otorga para alcanzar un nivel espiritual superior en el servicio a Di-s. Cuando la mujer se ocupa de las necesidades de su hogar, le permite al hombre dedicarse de lleno a lo espiritual y cumplir así su misión con éxito". Ahora podemos entender lo que el propio Ribí Iose comentó en Shabat 118: "Nunca llamé a mi esposa: ‘mi esposa’, sino ‘mi casa". Ribí Iose aprendió a valorar a su mujer en su medida exacta. Eliahu Hanabi le enseñó a Ribí Iose el valor de su esposa no sólo para que lo supiera en su corazón, sino para que lo expresara en toda circunstancia propicia y para que así pudiera elevarse espiritualmente aún más. ¿Por qué? Porque quien comprende que el otro le agradece por lo que le brindó, buscará una nueva oportunidad para beneficiarlo. Si alguien no lo cree así, que observe cualquier factura de venta de un comercio. En casi todas está escrito: "Gracias por su compra". ¿Para qué? Es el sistema que se utiliza para que el comprador vuelva a ese comercio para efectuar una nueva adquisición: saber ser agradecido.

 

El enemigo fundamental que provoca que la persona no sea agradecida es el acostumbramiento. En nuestro ejemplo, se podría escuchar: "Todas la mujeres preparan la comida y la ropa para sus esposos". Es cierto, pero no por eso se debe ser desagradecido. La persona debe estar atenta continuamente para poder reconocer y expresar el agradecimiento por todo lo que recibe. No debe tener en cuenta si el que otorgó el bien lo hizo por algún interés personal o en forma desinteresada. El agradecimiento a Di-s y a los que nos rodean debe ser la base de nuestra vida.

 

La Guemará comenta en Berajot 58: "Un buen invitado, ¿que dice?". La respuesta es: "Cuántas molestias se esforzó el dueño de casa por mí, cuánta carne me sirvió, cuánto vino sirvió delante de mí, cuántas tortas preparó. Todo su esfuerzo fue sólo para mí". La Guemará continúa: "Un mal invitado ¿qué dice?". La respuesta del Talmud es: "¿Cuál fue el esfuerzo del dueño de casa? Sólo comí un pan, un trozo de carne y un vaso de vino. Todo el esfuerzo del dueño de casa fue por su esposa y por sus hijos". Analicemos lo que sucede: el dueño de casa prepara una Seudá para toda su familia e invita a alguien en particular a compartir esa comida. ¿Por qué lo hace? Desea que el invitado se sienta a gusto y por supuesto, que su familia disfrute también lo que se le ofrece. El buen invitado agradece por todo lo que recibió y por la honra que le brindaron. Al mal invitado, en cambio, su óptica negativa lo lleva a la conclusión de que el dueño de casa pensó sólo en su familia y que simplemente agregó una porción más para él.

 

Este ejemplo del Talmud se puede aplicar para todas las circunstancias de la vida. Se puede observar todo lo que sucede desde dos ópticas: la persona correcta le agradece a Hashem por todo lo que existe en el mundo y que lo beneficia. Para él, todo lo que Hashem creó fue exclusivamente para su provecho personal y le agradece por todo. En cambio, quien observa todo en forma negativa, no disfruta de la Creación, ya que él se considera como un integrante más y no valora todo lo que recibe.

 

Estos conceptos son más válidos aún en la vida matrimonial. Cada integrante de la pareja debe valorar todo lo que Hashem le dio: el hogar, la salud, la fuerza física y espiritual, los hijos, etc. Por otra parte, debe valorar lo que recibe de quienes están a su alrededor y especialmente, de su pareja y de sus hijos. De esa forma, el ambiente del hogar será cálido y feliz. Sucede en muchos casos que la persona se acostumbró Baruj Hashem a muchas cosas placenteras en su vida. Piensa que es normal que así suceda. Como nunca le faltaron, no valora lo que recibe. Sólo piensa en lo que le falta y por eso no encuentra la alegría.

 

Debemos valorar todo lo bueno que poseemos y no exagerar las situaciones problemáticas que se puedan presentar. Debemos saber aceptarlas porque son para nuestro bien, aunque a veces resulte difícil comprenderlo. Con seguridad que nuestra vida será distinta si recordamos que: "Es una gran Mizvá estar siempre con alegría".

 

Seamos sinceros: ¿quién de nosotros sabe agradecer de verdad a quienes nos beneficiaron en alguna oportunidad? ¿Quién tiene presente a su maestro que lo inició en el camino de la Torá testimoniándole su afecto y reconocimiento? ¿Quién agradece a Hashem por todo lo que nos brinda continuamente? La sociedad moderna no ayuda a vivir con esta base fundamental de la existencia del ser humano. Por el contrario, somos educados con conceptos tales como: "¡te corresponde!" o "¡recuerda tus derechos!", olvidando las obligaciones que nos competen por el bienestar que recibimos de los que nos rodean.

 

Ser agradecido no es una buena cualidad, sino la obligación elemental de quien se precie de ser persona. En una oportunidad una persona se presentó ante el Jatan Sofer Z"L y le faltó el respeto con frases ofensivas delante de sus alumnos. El Rab se calló y luego que esa "persona" se retiró, el Rab les dijo a sus discípulos: "no sé qué es lo que quería. Nunca le hice ningún bien". Sus alumnos lo corrigieron: "habrá querido decir ningún mal". El Rab les respondió: "no me equivoqué, deben saber que es difícil ser agradecido. Cuando alguien recibió alguna vez un bien, cree que realmente lo merece y si en otra oportunidad no lo recibe, se ofende porque no le dieron lo que le correspondía. Por eso mi expresión: nunca le hice ningún bien". Así es la naturaleza del ser humano y hay que trabajar sobre uno mismo para poder corregirla.

 

Este punto adquiere una relevancia fundamental en el Shalom del hogar judío. Cuántos matrimonios se destruyen porque sólo se observan los defectos del otro sin analizar sus virtudes y por olvidar el concepto del agradecimiento. El Talmud, en Iebamot 63, relata el siguiente suceso: "Ribí Jiá tenía una mala mujer que lo hacía sufrir. De todas formas, cada vez que Ribí Jiá encontraba algún presente para ella, se lo llevaba". Le dijo Rab a Ribí Jiá: "¿por qué le regala cosas?, ¡ella lo hace sufrir!". La respuesta de Ribí Jiá fue: "suficiente con que crían a nuestros hijos y nos salvan de tener malos pensamientos".

Hay una frase de nuestros Sabios que resume este concepto: "al pozo del que tomaste agua, no debes tirarle una piedra". Podríamos preguntarnos: ¿acaso el pozo sufre un dolor cuando alguien le arroja una piedra? La respuesta es que el problema no es el pozo sino la propia persona. Quien es desagradecido con el pozo, termina siendo desagradecido con el prójimo y luego lo es aún con Di-s. La propia Torá nos enseña este concepto: las diez plagas con las que Hashem castigó a los egipcios fueron por intermedio de Moshe, con excepción de la plaga de las sangre, de los sapos y de los piojos que fueron llevadas a la práctica por Aharon Hacohen. ¿Por qué? Rashi nos aclara el tema en Shemot 7 sobre el versículo 19: "debido a que el Nilo había protegido a Moshe cuando había sido arrojado en él, por eso no correspondía que fuera castigado por su mano en la plaga de la sangre ni en la de los sapos. También en el caso del polvo del que salieron los piojos, no correspondía que fuera castigado por Moshe, porque lo había protegido cuando Moshe mató a un egipcio que castigaba a un judío y lo enterró en la arena".

 

Concluyamos este comentario con la explicación del Sefer Hajinuj sobre la Mizvá de respetar al padre y a la madre: "la raíz de este concepto es que es digno que el ser humano sepa reconocer y comportarse con favor a quienes le dieron el bien. No debe ser necio y desagradecido ya que ésa es una mala cualidad despreciada a los ojos de Di-s y de la gente. Debe recordar que el padre y la madre fueron los que posibilitaron su existencia, por lo que se merecen todo el respeto y ayuda posible, ya que ellos lo trajeron al mundo y se esforzaron por él cuando era pequeño. Cuando fije esta cualidad en su alma, reconocerá el bien que Hashem le da, porque Él es quien le dio la vida a sus padres y abuelos hasta Adam Harishon, lo sacó a la luz del mundo, le otorgó sus necesidades durante su vida, lo mantuvo sobre sus miembros y le entregó un alma inteligente sin la cual sería como un animal que no entiende. De esta manera, meditará la persona cómo debe cuidarse en servir a Su Creador".

 

El Gaón de Vilna Z"L solía decir que la persona vino al mundo para arreglar sus cualidades. No es suficiente con cumplir preceptos, debemos pulir y corregir las inclinaciones negativas que existan. Si alguien dejó en un guardarropas un saco al que le faltaba un botón, no puede reclamar al retirarlo que le devuelvan otro saco que se encuentre en perfectas condiciones. Cuando la persona devuelva el alma al Todopoderoso después de su vida terrenal, en esas mismas condiciones quedará hasta el momento de la resurrección de los muertos y en ese instante la recibirá nuevamente para siempre. El trabajo de la vida es arreglar las cualidades. Sin esto, la existencia no tiene sentido. Que el agradecimiento a Di-s y a los que nos rodean sea la base de nuestra vida.

 

"Buscar lo bueno del otro"

 

El Talmud en Ketubot 16 pregunta: "¿Cómo se baila delante de la novia?". La respuesta de Bet Shamai es: "A la novia se la alaba según lo que es". En cambio, Bet Hilel opina: "La novia es hermosa y graciosa". Cuando se le pregunta a Bet Hilel acerca de que en la Torá (Shemot 23) está escrito: "de la mentira debes alejarte" y por lo tanto no puede alabarse a la novia con algo que no posea. ¡No todas las novias son hermosas y graciosas! La respuesta de Bet Hilel es que cuando alguien adquiere algo lindo y nos pregunta nuestra opinión sobre la adquisición, debemos responderle que realmente es hermosa aunque no lo creamos así. Es lo mismo que sucede con el caso de la novia. La Guemará concluye el tema en este lugar.

 

En principio, no comprendemos la respuesta de Bet Hilel ya que aparentemente la pregunta no se aclaró. Lo que sucede es que Bet Hilel nos está dando una base fundamental para la vida, y por sobre todo para encontrar el Shalom en el hogar. Bet Hilel le dice al novio que debe saber que su novia como cualquier otro ser humano tiene fallas y errores que existen realmente, pero que si él vivirá pendiente de esas fallas arruinará su vida y nunca será feliz. Bet Hilel le aconseja que sólo observe lo positivo, que sea inteligente, que conviva con esas fallas y así todo estará bien. Que no sea negativo al observar lo oscuro, sino que busque lo bueno y se conforme con lo que Hashem le otorgó.

 

No se puede soñar con cosas que no se poseen, sino que se debe vivir y construir el hogar con todo lo positivo que en él existe, olvidando todo aspecto negativo. El inconveniente mayor del ser humano es que en muchas ocasiones no se conforma con lo que tiene. No creamos que saber conformarse es solo una gran cualidad, sino que es algo básico para la vida. Quizás la raíz del problema radique en la sociedad en la que vivimos. La competencia, observar las casas vecinas y querer igualarlas a pesar de no estar en las mismas condiciones, destruyen muchos hogares. Si viviéramos con la base escrita en el Pirke Abot: "¿Quién es el rico? El que se conforma con lo que tiene", nuestra vida cambiaría. No existirían problemas de pareja y seríamos felices arreglándonos con lo que Hashem nos otorgó, aunque fueran muchas las cosas que nos faltaran.

 

Se cuenta sobre una mujer inteligente y con buenas cualidades, que tenía un marido necio, al que ella siempre defendía. En una oportunidad, decidieron que comprara una vaca para poder tener siempre leche de ella, pero el vendedor se dio cuenta de la necedad del hombre y le vendió un toro en lugar de la vaca. Cuando en la mitad del camino el hombre se dio cuenta de su error, se encontró con un vendedor de caballos y aceptó cambiar el toro por un caballo, para poder llevar a pasear a su familia. Después se arrepintió y lo cambió por un burro, pero al pensar que necesitaba un establo para guardarlo, decidió cambiarlo por una oveja de la que podría sacar su lana. Al encontrarse con un vendedor de gallinas, optó por cambiar la oveja por una gallina. Cuando pasó por un hospedaje donde pidió comida, como no tenía con qué pagar, lo hizo con la propia gallina. Cuando llegó a su casa sin nada en sus manos, sintió vergüenza de entrar. Fue a lo de un vecino al que le contó lo que le había sucedido y éste le dijo: "¡Lo que te espera con tu señora!". En ese momento reaccionó y le contestó: "Mi señora es muy inteligente y no me gritará". Decidieron apostar cien monedas a ver cuál sería la reacción de ella.

 

El hombre entró a su casa y el vecino escuchó desde la ventana cómo la mujer, paso a paso, reconocía que su marido había actuado bien en todo momento: "El toro es mejor... el caballo es mejor... el burro es mejor... la oveja es mejor... la gallina es mejor... pero, ¿dónde está la gallina?". A lo que su marido contestó: "Me sentí hambriento, y... ¿qué es preferible, la gallina o tu marido?". La mujer con alegría respondió: "Ni el rey Shelomo fue tan inteligente como tú. Bendito seas Di-s mío, que me diste un marido en lugar de una gallina"; con lo que el hombre ganó las cien monedas del vecino.

 

De este Maasé aprendemos la importancia de encontrar siempre lo positivo. Si bien sucesos como éste no se dan en nuestros días, existen muchas situaciones parecidas en las que alguien se equivoca por negligencia y la otra parte reacciona con furia y enojo. Debemos aprender a recibir al otro tal cual es, a valorar su parte positiva para que el Shalom siempre se encuentre en nuestros hogares.

 

Todo ser humano atraviesa en la vida momentos positivos de los que puede disfrutar plenamente. También le suceden acontecimientos negativos que lo pueden entristecer o quitarle la tranquilidad. Todo depende de la óptica con que se reciban esos sucesos. El libro "Jobat Halebabot" comenta sobre un Jasid que al caminar pasó al lado de un perro muerto que despedía un olor insoportable. Sus alumnos le dijeron: "¡Qué repugnante!". El Jasid les contestó: "¡Qué blancos que son sus dientes!". Sus alumnos comprendieron que el Jasid les enseñaba que siempre debían observar lo positivo de todo y no lo negativo. Incluso en el caso extremo de ver a un perro muerto. Más aún, en los temas diarios de la vida y por sobre todo en el matrimonio, la persona no debe comportarse en forma negativa señalando las faltas que su pareja posee por el solo hecho de ser humano. Debe rescatar lo valorable y positivo que con seguridad también existirá.

 

¡Qué importante es estar siempre alegre! Sobre quien así se comporta, está escrito: "Ve y come con alegría tu pan y bebe tu vino con buen corazón, ya que Hashem acepta tus actos" (Kohelet 9). Sobre este versículo escrito por el rey Shelomo, el Shela Hakadosh comenta que la persona debe estar alegre con lo que Hashem le otorgó. Así encontrará el bienestar para su cuerpo y para su alma, ya que es sabido que cuando la persona come con alegría puede digerir correctamente sus alimentos. Lo contrario sucede si se encuentra en tensión. El Rab concluye diciendo que incluso para quien dispone sólo de lo mínimo para comer...... ¡que lo coma con alegría!, como si tuviera delante de sí los mejores manjares del mundo.

 

Aprendamos a vivir con lo que Hashem nos otorgó. Seamos positivos en la vida. Los primeros beneficiados seremos nosotros mismos.

 

"El mérito de la Sedaká"

 

A pesar de que la situación económica del hogar pase por un momento difícil, el matrimonio no debe privarse de dar Sedaká en la medida de sus posibilidades ya que seguramente que por el mérito de ella, aumentará la bendición tan esperada.

 

Ribí Iudal Hulseman Z"L era un Sadik que vivía en Ierushalaim hace pocos años, sobre el que se cuenta el siguiente Maasé: Había un Iehudi enfermo que necesitaba realizar una operación que costaba 60 liras, una cifra muy grande para aquellos tiempos. Los encargados de juntar Sedaká llegaron también a la casa de Ribí Iudal, y al explicarle el motivo de su visita, suspiró diciendo: "Ya repartí todo mi diezmo, ¿cómo hago? No tengo un centavo de donde poder dar, incluso pedí prestado a cuenta del Maaser que voy a sacar durante el próximo año".

 

Al escuchar esto, los encargados de la Sedaká se retiraban, pero percibieron que Ribí Iudal los llamaba corriendo detrás de ellos diciendo: "Ya está, ¡Gracias a Di-s que se me ocurrió esta idea para ayudar a un Iehudi necesitado". Le preguntaron: "¿Qué idea tienes?". Y contestó con sencillez: "Pediré prestado 20 liras, que devolveré con lo que gasto todas las semanas comprando vino para el Kidush de Shabat. A partir de ahora, haré el Kidush con pan y así ahorraré el dinero".

 

Durante dieciséis años estuvo este Sadik haciendo Kidush con pan para poder saldar la deuda que había contraído para ayudar a ese enfermo, enseñándonos así cuánto debemos preocuparnos por los demás. En nuestro caso particular, si quizás no tenemos la fuerza de Ribí Iudal para privarnos de elementos para nosotros indispensables, por lo menos debemos dejar de lado ciertos lujos innecesarios para poder ayudar a gente que no tiene ni lo elemental para poder subsistir.

 

La Guemará, en Iebamot 63, dice que el que ayuda a un pobre en un momento de apremio, sobre él está escrito: "Entonces clamarás y Di-s te contestará" (Ieshaiá 58). Surge la pregunta: ¿Acaso hay algún pobre que no pase por un momento de apremio que el versículo detalla esa situación? La respuesta va en concordancia con lo que intentamos transmitir: "Momento de apremio" no se refiere al pobre, sino al que lo ayuda; a pesar de estar él mismo en un momento de apremio, sobre él está escrito: "Entonces clamarás y Di-s te contestará".

 

En la construcción del Mishkan, la Torá destaca en varias oportunidades la participación de la mujer: "Y vinieron los hombres con las mujeres .... y toda mujer con inteligencia en su corazón con sus manos hiló .... y las mujeres que elevaron su corazón con inteligencia hilaron sobre los chivos" (Shemot 35). Nuestros Sabios nos enseñan que, en el suceso del becerro de oro, las mujeres se negaron a entregar sus adornos de oro; en cambio, para la construcción del Mishkan lo hicieron e incluso donaron los espejos que utilizaban para embellecerse. Esto nos enseña el valor de la mujer en temas tan fundamentales como la Sedaká y el favor al prójimo, como la propia Guemará en Meguilá 14 comenta: "las mujeres son piadosas, hacen favores y son vergonzosas". Por lo tanto, hay que prestar una atención especial a la educación de las hijas de Israel, aprovechando ese sentimiento especial que ellas poseen.

 

Los Jajamim nos relatan varios sucesos donde la mujer se destaca por su bondad, para mostrarnos así el poder que tienen para influir sobre sus maridos y sus hijos beneficiándolos con la bendición que este proceder ocasiona. En el Ialkut Shimhoni Rut 4, se relata un suceso sobre un Jasid que empobreció. Mientras araba un campo, se le presentó Eliahu Hanabi con aspecto de un árabe y le dijo que le regalaba seis años de riqueza y que debía elegir si los quería en ese instante o al final de su vida. El Jasid no creyó lo que le decía y lo expulsó de su lado, pero al repetirse esta situación por tercera vez, decidió consultar con su esposa. La mujer le respondió: "dile que los quieres ahora". Cuando el Jasid le respondió a Eliahu Hanabi, éste le dijo que antes de regresar a su hogar sería rico. Realmente fue así, puesto que en ese momento sus hijos habían encontrado un tesoro con el que podrían alimentarse durante seis años. ¿Cuál fue la actitud de esa mujer tan correcta? Le dijo a su esposo: "Debemos agradecer a Hashem por este milagro, pero también debemos ocuparnos de ayudar al prójimo con este dinero". Así lo hizo y todos los días le decía a su pequeño hijo que anotara en una libreta la Sedaká que daban. Al finalizar los seis años, se presentó Eliahu Hanabi delante del esposo y le dijo: "Llegó el momento en que debo quitarte lo que te di". La respuesta del Jasid fue que ahora debía nuevamente consultar con su esposa. Ella le propuso: "Ve y dile que si encuentra a otra persona más fiel que nosotros, le entregaremos lo que nos dio". Cuando Hashem vio el comportamiento que la pareja había tenido, les brindó aún más bienestar para que se cumpliera en ellos el versículo: "Y será el acto de la Sedaká paz" (Ieshaia 32).

 

El mérito de la mujer con relación a la Sedaká es mayor que el del hombre porque, en la mayoría de los casos, ella entrega al pobre comida preparada, a diferencia del hombre que normalmente sólo da al necesitado dinero con el que pueda adquirir su alimento. El Talmud, en Ketubot 67, comenta sobre un Sabio llamado Mor Ukba que todos los días dejaba unas monedas en el orificio de la puerta de la casa de un pobre, para que éste las encontrara al salir de su hogar sin saber quién era su benefactor y de esta manera no se avergonzara. En una oportunidad, el pobre decidió averiguar quién era el que lo ayudaba y se escondió detrás de la puerta. Ese día Mor Ukba iba con su señora. Luego de dejar las monedas, se escaparon rápidamente cuando vieron que el pobre intentaba reconocerlos. Se escondieron en un horno al que le habían retirado las brasas pero que aún estaba caliente. Como a Mor Ukba se le quemaban los pies, su esposa le dijo: "Apoya tus pies sobre los míos". El Rab sorprendido, le preguntó cómo era posible que no se le quemaran los pies. Ella le respondió con el concepto que comentamos: "Por estar dentro del hogar, mi ayuda a los pobres es superior a la tuya, ya que yo les doy alimentos y tú das sólo dinero. Por ese mérito, Hashem me protege".

 

Que por el mérito de la Sedaká de la mujer, Hashem otorgue Su Bendición a todos nuestros hogares.

 

"Control y dominio"

 

Está escrito en el Talmud: "Toda persona que se enfurece, si es sabio pierde su sabiduría y si es profeta, pierde su profecía", (Pesajim 66). La ira es una cualidad negativa de la que debemos alejarnos como lo hacemos del fuego. Más aún en nuestras casas -a pesar de las situaciones que se puedan presentar- debemos tranquilizarnos, dejar pasar ese mal momento, para luego sí aclarar las cosas. En estado de ira, se pierde el control de los actos y se puede llegar a hacer algo de lo que la persona se arrepentirá por toda la vida.

 

Está escrito en el "Sefer Jasidim" lo que aconteció con una persona que respetaba mucho a su padre, quien le pidió: "Tú me respetas en vida, quiero que después de mi muerte sea igual. Te ordeno contener tu furia por una noche y no hablar hasta el otro día". El hijo no entendió bien a qué se refería el mandato, pero pasaron los años y el padre falleció. Después de un tiempo el hijo se casó y su señora quedó embarazada, pero antes de que su esposo se enterara de la novedad, debió realizar un viaje de trabajo a otro país en donde por un inconveniente debió quedarse durante años. Al regresar a su ciudad, luego de tanto tiempo, entró a su casa de noche, escuchó la voz de un joven y sacó su espada dispuesto a matarlo a él y a su esposa, pero recordó las palabras de su padre y se contuvo. Luego escuchó que su esposa le decía a ese joven: "Hace muchos años que tu padre se fue, si supiera que tuvo un hijo, habría venido a ocuparse de casarlo". Cuando el marido escuchó esto, se presentó y agradeció a Di-s por haber contenido su furia y a su padre que lo había prevenido de esta situación e hicieron una fiesta con una alegría muy especial. Se trata de un claro ejemplo del beneficio de la persona que domina su enojo y se tranquiliza, ya que si se hubiese dejado llevar por su instinto, habría destruido dos almas de Israel: ¡a su esposa y a su propio hijo!

 

Los Jajamim nos advierten sobre la gravedad de romper objetos o rasgar ropas en un momento de ira, ya que así procede el Ieser Hará. Hoy incita a actuar de esa forma, mañana de otra distinta, hasta que finalmente hace caer a la persona en idolatría. (Shabat 105).

 

Por eso, debemos recordar el consejo de nuestros Jajamim, de tener control y dominio en todos los lugares y situaciones de la vida, pero mucho más en nuestros hogares. Por ese mérito, tendremos hijos Sadikim que alumbrarán al mundo con Torá, como vemos en el siguiente Maasé: una familia vivía en Ierushalaim hace aproximadamente 70 años, donde lavar la ropa era una de las tareas más difíciles del hogar, sin las comodidades que hoy en día existen. Una mujer había terminado de colgar la ropa en las sogas del patio después de seis horas agotadoras de trabajo para lavarlas. Una vecina, al ver que las sogas ocupaban el lugar por donde ella quería pasar, perdió el control. En lugar de agachar su cabeza para caminar, en un rapto de furia y venganza, entró a su casa a buscar una tijera, cortó las sogas, y así la ropa recién lavada con tanto sacrificio cayó sobre el piso de tierra y barro. La mujer que había colgado la ropa, se encontró ante una prueba de fuego. Todo su instinto le reclamaba reaccionar e insultar a la vecina perversa. Sin embargo, pudo superarse y con una fuerza especial se controló frente a tamaña prueba, cerró sus labios y aceptó el Din del Shamaim: "¡Seguramente que merecía este sufrimiento y que sea mi Kapará!". Recogió la ropa, la enjuagó, le sacó la suciedad y la extendió en un lugar más amplio donde no molestara a su vecina. No le comentó a su marido lo que había sucedido para no crear más odio y separación en Israel. Sólo ella y su vecina sabían lo sucedido, hasta que esa misma noche se presentó la vecina pidiendo perdón por su actitud. Le comentó que su hijo se encontraba en ese momento con una alta fiebre repentina, y que ella creía que era un castigo del Shamaim por lo que había ocurrido a la tarde.

 

Esa Sadeket que contuvo su furia, tuvo el mérito de tener al otro año un hijo que hoy es uno de los Jajamim más grandes de Ierushalaim. ¡Todo gracias a su control y dominio! Quien así actúa, nunca se arrepentirá.

 

Saber soportar los malos momentos es la base del Shalom en una casa. Controlarse y no enfurecerse es la llave de la felicidad. Nuestros Sabios nos cuentan que en las generaciones anteriores, para saber si la novia tenía la cualidad de Sablanut (paciencia), le daban un ovillo con hilos enredados y debía separarlos. Se la observaba para ver cuál era su comportamiento, para conocer así su carácter verdadero, ya que la vida muchas veces es como un hilo entrelazado en donde el perder la calma no hace más que generar nuevos nudos y complicaciones. Por el contrario, se debe tener serenidad y fe y todos los tropiezos se resolverán fácilmente.

 

Se comenta sobre el Jafez Jaim Z"L, que cuando se casó con su segunda mujer y llegó la fiesta de Sucot, preparó la Sucá en el lugar donde siempre lo hacía. Cuando terminó de hacerlo, su mujer le dijo: "Me parece que no es el lugar adecuado, pienso que será mejor en el otro patio", señalando la otra punta de la casa. El Rab, sin pensar en el tiempo perdido ni enfurecerse, desarmó la Sucá y la armó en el otro lugar. Cuando finalizó, su señora le dijo nuevamente: "Israel Meir, me arrepiento de mi consejo, el lugar del principio era el más adecuado".

 

El Jafez Jaim no dijo ni una palabra. La desarmó nuevamente y la armó en el primer lugar. Aprendemos nosotros que a pesar de que el Rab hubiese aprovechado el tiempo perdido para estudiar Torá en su gran nivel, pese a todo, por el Shalom Bait, no dijo nada. Nos enseña a controlarnos y a cuidar nuestra ira para que el Shalom reine por siempre en nuestros hogares, para el bienestar nuestro y el de nuestros hijos.

 

El Zohar Hakadosh Perasha Tesave 182 enseña que la persona al enfurecerse arranca de sí mismo su alma pura y deposita en su lugar una idolatría ajena, por lo que está prohibido acercarse a él y mirar su rostro, como está escrito: "no se dirijan a ídolos" (Vaikrá 19) y si bien todos los seres impuros se pueden purificar, aquel que tiene ira no podrá hacerlo, ya que está impuro su cuerpo y su alma. Creemos equivocadamente que no enfurecerse es una buena cualidad o un buen consejo para la persona. El Zohar nos aclara el tema diciendo que es mucho más que eso ya que se transgrede un precepto de la Torá: no hacer idolatría. Efectivamente, cuando el ser humano pierde la cordura, abandona su ritmo normal de vida y se deja llevar por una fuerza extraña que dirige su comportamiento y la obedece en forma ciega sin preguntar ni investigar qué es lo que le pide. ¡No hay idolatría mayor que ésta!

 

Basta recordar para comprobarlo las respuestas que surgen cuando el furioso se tranquilizó, ni él mismo puede creer que hayan salido esas palabras de su boca o que haya cometido tales actitudes. Quizás sea esa la explicación de la increíble fuerza que surgió en su interior. Muchas veces entre varias personas no pueden detener a alguien nervioso que se transforma así en algo incontrolable. ¿ Para qué sirve esa fuerza? Ninguno de nosotros estaría dispuesto a cambiar su automóvil por otro con un motor mucho más potente pero que lo llevara sin dirección alguna. Sólo un necio lo haría. Es lo que dice el Rey Shelomo: "La furia se posa en el pecho de los necios" (Kohelet 7).

 

Nos preocupamos muchas veces por cumplir preceptos hasta en sus mínimos detalles. Realmente corresponde que así actuemos. Pero, ¿cómo podemos explicar la enorme contradicción de cometer simultáneamente uno de los peores pecados de la Torá: idolatría, o dicho en otros términos: enfurecerse y perder el control? Más aún, no se trata de algo que suceda una vez o en forma esporádica en la vida, sino que se repite en la relación con la pareja, con los hijos, en el trabajo, al manejar nuestros automóviles, en la fila del banco o del almacén o en cualquier situación opuesta a nuestro deseo. A veces, se comete la irracionalidad de enfurecerse en el Bet Hakeneset -la casa de Di-s- olvidándose así la Kedushá que reina en un lugar tan sagrado. El profeta Ieshaia 1 dijo en nombre de Di-s: "¿Quién les pidió a ustedes que pisen mi patio?", ya que es realmente preferible que alguien que tiene ese comportamiento permanezca en su hogar y no falte el respeto a Hashem en su propio palacio.

 

El Talmud en Pesajim 66 comenta que incluso si estaba decretado por Hashem que alguien recibiera un puesto de grandeza, si tropezara con el Kaas no lo conseguiría. Cuando el profeta Shemuel fue enviado por Di-s para ungir como rey a uno de los hijos de Ishai, todos ellos pasaron delante suyo. Shemuel dijo sobre cada uno de ellos: "éste no fue elegido por Hashem". Sólo con Eliab, pensó Shemuel que sería el futuro rey de Israel, pero Hashem le dijo: "No mires su aspecto ni su altura porque lo he despreciado" (Shemuel 1-16). Realmente el reinado le correspondía a él y no a David como finalmente sucedió, pero lo perdió por la furia que en ese momento nacía en su corazón. Sólo Hashem podía observar esa negativa cualidad que surgía dentro suyo y que saldría a la luz cuando su hermano David -por orden de su padre Ishai- llevó comida para sus hermanos que se preparaban para pelear con los Pelishtim. Eliab reaccionó al verlo, como atestigua el versículo: "Y se enfureció Eliab con David diciéndole: ¿por qué has venido y con quién has abandonado el ganado en el desierto?....conozco tu culpa y tu mal corazón de querer deleitarte observando la guerra" (Shemuel 1-17). El Rab Eliahu Lapian Z"L comenta que la furia, a pesar de ser algo interno que todavía no había sido exteriorizado por Eliab, fue suficiente para desplazarlo del trono de rey de Israel que tenía asignado.

 

El Talmud en Pesajim 113 afirma que la vida del nervioso no es vida. Realmente los sufrimientos que se provoca a sí mismo, a su familia y a su alrededor son innumerables. Acorta su vida, como podemos deducirlo de la pregunta que le hicieron a Ribí Zerá: "¿cómo has hecho para vivir tanto tiempo? Nunca me enojé dentro de mi hogar", respondió el Rab (Meguilá 28). Pierde su sustento, ya que la Berajá de la casa depende de la mujer y si ella está triste por haber recibido una ofensa de su nervioso marido, los problemas económicos aparecerán. La furia provoca que la persona se comporte en forma cruel, no reconozca la verdad y que tropiece con todo tipo de pecados.

 

No solamente su alma se perjudica al enfurecerse, sino también su cuerpo. La sangre coagula con una rapidez mayor a la normal, produciendo daños en el sistema biológico humano. Los músculos del estómago se contraen y no se puede digerir la comida produciendo dolor y molestias en el aparato digestivo. Los latidos del corazón aumentan en el momento de furia hasta llegar a entre 180 y 220 por minuto. La presión sanguínea se eleva hasta llegar a niveles que pueden producir daños de todo tipo. Es frecuente escuchar casos lamentables de infartos con consecuencias fatales que se produjeron en momentos de ira. La mujer embarazada que se enfurece, debilita y perjudica a su bebé e incluso puede llegar a abortar. Todo el que pierde su control, debilita sus ojos como está escrito en las advertencias que Di-s nos da para no apartarnos de su camino: "Y te dará el Eterno allí un corazón furioso, debilidad de tus ojos y profunda pena" (Debarim 28). Demuestra su necedad en forma abierta y recibe el desprecio del prójimo. Los Sabios lo ejemplifican con una olla que está puesta sobre las brasas, mientras no hirvió nadie sabe qué hay en ella, pero cuando lo hizo derrama su contenido a la vista de todos. Es lo que el Talmud en Erubin 65 comenta: "de tres formas se conoce a una persona: Bekosó (al tomar alcohol más de la cuenta), Bekisó (cuando se le pide ayuda económica) y Bekasó (en su momento de furia).

 

El trabajo de la vida consiste en luchar contra nuestros instintos y no dejarnos dominar por ellos. No es respuesta valedera decir que nacimos nerviosos y no tenemos solución, debemos reflexionar y aprender a dominarnos. En el momento de la prueba quizás sea conveniente pensar que si la persona con quien nos enfurecemos es más sabia que nosotros, no es justificable que reaccionemos ya que seguramente su óptica será mejor que la nuestra. Si se trata de un necio, podremos pensar que su ignorancia lo llevó a actuar de esa forma. Si el tema es económico: ¿acaso la plata vale más que nuestra salud y alma? Si la comida no está tan a punto como deseamos, o la casa tan limpia y ordenada como pretendemos, o la ropa tan bien planchada como nuestra meticulosidad impone, ¿ya es suficiente como para hacer idolatría? ¿No será el orgullo de creernos omnipotentes y que todos deben actuar como a nosotros nos parece la raíz de nuestra furia?

 

El Sefer Orjot Sadikim comenta que en algunas situaciones debe utilizarse la cualidad de la furia, por ejemplo, si se debe infundir temor en el hogar para corregir malas actitudes o un maestro para poder enseñar a sus alumnos o un Rab para corregir a los que quieren alejarse del camino de la Torá. Pero todo esto debe ser hecho con medida y control, mostrando por fuera el enojo pero manteniendo la tranquilidad interna. A esto se refiere la Guemará en Taanit 4: "un Talmid Jajam que se enfurece, es la Torá que posee la que lo hace enfurecer". Rashi comenta que se lo debe juzgar para el lado bueno, ya que su entendimiento de la gravedad de lo sucedido lo hace reaccionar, pero sólo en forma externa para poder revertir la situación creada.

 

Se cuenta sobre Ribí Menajem Mendel Horbiz Z"L que en una oportunidad concurrieron dos personas a su casa para que determinara sobre un diferendo económico que tenían y ellos aceptarían su palabra sin discutir. Cuando el Rab determinó que uno de ellos debía pagar a su compañero una suma de dinero bastante importante, el deudor comenzó a protestar por el fallo e insinuó que no estaba dispuesto a aceptarlo. El Rab se dirigió al rebelde y le dijo: "Desde que fui nombrado Rab en nuestra ciudad, llevo conmigo una pequeña caja de la que nunca me separo. En ella está oculto mi Kaas (furia), que como Rab del lugar, cuando considero que debe ser utilizada Leshem Shamaim, tomo de ella lo que creo necesario. Debes saber que si tengo que abrirla por tu comportamiento, ¡te hundirás en el abismo y no habrá quien te pueda levantar!". Sus palabras hicieron el efecto adecuado y el deudor aceptó pagar lo que correspondía.

 

Recordemos, para finalizar, que el mundo se mantiene por aquel que sabe controlarse frente a una probable discusión, que el silencio y la voz suave anulan la furia del que ofende y ayudan a tranquilizar al ofendido. De esta forma seremos queridos por Di-s, por nuestra familia y nuestra comunidad, cuidaremos el alma y el cuerpo, adquiriremos así el mundo venidero y tendremos provecho del mundo terrenal.

 

"No hacer sufrir al otro"

 

El Talmud comenta en Julin 84: "Que la persona coma y beba por un valor inferior al que dispone, se vista de acuerdo con lo que tiene y que respete y mantenga a su esposa e hijos con más de lo que tiene, porque ellos dependen de él y él depende del Creador". El marido debe esforzarse para mantener su hogar con mano amplia, sin hacer cuentas detalladas acerca de si se gastó en forma indebida o no cada moneda. Di-s, por ese mérito, le dará su sustento con mucha bendición.

 

Si bien en algunos hogares es la mujer la que lleva el manejo económico porque su marido sabe de sus condiciones de buena administradora, en la mayoría de los casos es el hombre el que administra el dinero. No debe comportarse con altanería u ocultar sus ingresos, porque de esta forma genera problemas y odio en su hogar. Muchas veces sucede que la responsable de crear esta situación es la propia mujer, al hacer reclamos continuos que están lejos de las posibilidades de su esposo o por gastar el dinero en lujos que están fuera de su nivel.

 

El equilibrio adecuado se encuentra cuando el hombre hace un esfuerzo para dar más de lo que puede realmente. Por su parte, al ver y entender su mujer inteligente esta situación, se limitará a vivir con menos de lo que su marido le quiere dar y así reinará el Shalom en el hogar.

 

Se cuenta sobre el Rab Eliahu Lapian Z"L que, en una oportunidad, tuvo necesidad de mudarse a una casa más amplia porque su familia era muy numerosa. En esa época, era muy difícil conseguir una casa en alquiler. Después de mucho esfuerzo encontró finalmente lo que necesitaba y arregló el precio con el dueño. Contrató un carretero para hacer la mudanza y prepararon con sacrificio todas sus pertenencias en las carretas junto a su familia. Al llegar a la casa nueva, se encontró con una persona que le dijo: "Debes saber, Ribí Eliahu, que se casa mi hija y busqué por toda la ciudad una casa en alquiler para ella y la única que encontré es ésta, pero tú te adelantaste. Debes saber que si no la alquilo, deberé postergar el casamiento". Los que escucharon la conversación, le recriminaron al hombre por su inapropiada actitud al reclamar a toda una familia que ya tenía la mudanza preparada, el precio del alquiler arreglado con anterioridad y que, por otra parte, no tenía ninguna culpa de lo que sucedía. Sin embargo, el Rab no contestó, se dirigió al carretero y le ordenó: "Por favor, no bajen las pertenencias, debemos volver a nuestra casa anterior"...

 

Aprendemos de este suceso cómo el Rab no hizo sufrir al prójimo y aceptó perder lo que le correspondía, con tal de que alguien no pasara por un mal momento. De la misma manera en cada hogar, el marido debe brindarse por su esposa dándole más de lo que puede. La mujer, por su parte, no debe pedir lo que sabe que su marido no puede darle. Teniendo presente así cada uno el no hacer sufrir al otro, la felicidad y el Shalom reinarán en el hogar.

 

El marido debe cuidar que su comportamiento no provoque el sufrimiento de su mujer, y si ésta derrama lágrimas al sentirse dolida, hay una acusación en el Shamaim muy fuerte contra él.

 

Se comenta sobre Rabí Jaim Mizanz Z"L, que una vez llegó a una ciudad y al pasar por una casa exclamó: "Siento el aroma del Gan Eden". Para averiguar de qué se trataba, golpeó esa puerta esperando encontrar la respuesta. Ribí Pesaj, el dueño de casa, era el encargado de juntar Sedaká para repartir entre los necesitados. Ribí Pesaj lo hizo pasar. El invitado le pidió que abriera un estante de donde provenía ese aroma tan maravilloso. Al hacerlo se encontró con una ropa de un sacerdote y Ribí Jaim dijo: "De esa ropa proviene el aroma, dime cómo llegó a tus manos".

 

Ribí Pesaj contó como en una oportunidad había ido a juntar Sedaká de gente que colaboraba con él para ayudar a los pobres. Al regresar a su casa se encontró con alguien que lo esperaba con desesperación y que le dijo: "Por favor, mi situación es insostenible por las deudas que tengo. O consigo algo de dinero o estoy destruido!"... Intenté explicarle, continuó Ribí Pesaj, que ya había repartido todo lo juntado, y que no podía volver en el mismo día a pedir que me ayudaran nuevamente. Ante el llanto de este pobre hombre, regresé a las casas de los donantes explicando lo que sucedía y finalmente conseguí una suma de dinero que solucionó su problema.

 

Pero, no pasaron diez minutos y golpearon nuevamente la puerta de mi casa. Se trataba de otro Iehudi con problemas económicos gravísimos. Cuando le expliqué que no podía ir tres veces en un día a lo de una misma persona a pedir Sedaká, el hombre desesperado respondió: "¡Estoy perdido!".

De repente, recordé que cerca de mi casa había un bar donde se reunían jóvenes para emborracharse y perder el tiempo. Decidí ir a pedirles ayuda, aunque lo más probable era que se burlaran de mí. Así sucedió realmente; pero mientras todos se reían, uno de ellos los hizo callar. Me propuso darme el dinero necesario, pero con la condición de que me vistiera una ropa de sacerdote que él me daría y que paseara así vestido por toda la ciudad con todos ellos riéndose detrás de mí. Luego de una lucha interna que no me permitía avergonzarme a la vista de toda la ciudad, decidí hacerlo para poder conseguir el dinero que necesitaba. Al verme, todos creyeron que había enloquecido por mi actitud. Ese joven me entregó el dinero que luego entregué a la persona necesitada. La ropa del sacerdote pensé dejarla conmigo, ya que gracias a ella hice revivir a un Iehudi". Cuando escuchó esto Ribí Jaim Mizanz, le dijo emocionado: "Debes guardar para siempre esa ropa, y al final de tu larga vida debes pedir que te entierren con ella, y ningún daño te sucederá". Muchos años después de su muerte, el gobierno de Polonia decidió construir una ruta que atravesaba el lugar donde estaba enterrado Ribí Pesaj. Su cuerpo milagrosamente estaba íntegro al estar protegido con la ropa de sacerdote.

 

Aprendamos a ser piadosos con el prójimo, y mucho más en nuestro matrimonio, cuidándonos de no hacer sufrir al otro, para recibir el pago en este mundo y en el venidero. Amén.

 

"Aprendamos a conocernos"

 

La pareja debe conocer las diferencias que existen entre uno y otro por el solo hecho de ser hombre y mujer. Si tenemos presente las distintas características, sentimientos y óptica de la vida que ambos tienen, se evitarán discusiones que perturban la felicidad del hogar. Veamos dos ejemplos:

 

 

1) Es normal que al prepararse para ir a una fiesta, el marido se encuentre listo en muy poco tiempo luego de bañarse, afeitarse y vestir su clásico traje. Al esperar a su esposa, y ante la demora que ella tiene, observa que se encuentra preocupada: "¿Qué te sucede?", Le pregunta; "No tengo qué ponerme", es la respuesta de la mujer. El hombre nervioso, abre el placard lleno de ropa y le dice: "¿Y todo esto qué es?"; la mujer le contesta: "Este vestido ya lo usé dos veces, este otro está fuera de moda, aquel es muy caluroso para hoy, etc., etc.". Nos imaginamos los nervios del hombre al ver el atraso para llegar a la fiesta y de ahí a la explosión final, el camino es muy corto. Si ese hombre hubiera sabido que la visión de la mujer con respecto a sus ropas es distinta totalmente a la suya, se habría evitado una pelea en el hogar. La mujer necesita renovar sus ropas de tiempo en tiempo, para encontrarse satisfecha consigo misma. El Rambam, en las Halajot de Iom Tob lo corrobora: "Está obligado el hombre a alegrar a su mujer en los días festivos con ropas y adornos de acuerdo con sus posibilidades. A los niños debe alegrarlos con dulces y nueces".

 

 

2) A veces los niños se pelean y uno golpea al otro que llora en forma desconsolada. La madre preocupada sale corriendo a ver qué pasó, mientras que el padre tranquilo, continúa con sus ocupaciones sin prestar mayor importancia a lo sucedido. La mujer no puede entender a su esposo y le pregunta: "¡¿No escuchas los gritos?!". Comienza así una nueva discusión cuyo final desconocemos. Si hubiera sabido que su reacción se origina en su sentimiento y delicadeza, mientras que en su marido es más la fuerza del razonamiento que la del sentimiento, se habría evitado el problema.

 

Si entendemos la forma de ser del otro, podremos llegar al verdadero objetivo del matrimonio: el favor mutuo. La mujer necesita ser dirigida por su marido, pero con respeto y dignidad. Temas tales como la belleza personal, la decoración del hogar, la limpieza, los paseos y las caminatas, facilidad para llorar y necesidad de hablar, son características de la mujer que se deben aceptar porque forman parte de su propia naturaleza. Ella espera más que el regalo en sí, el corazón que se puso para comprarlo. Necesita que la alaben por la comida que preparó con tanto esfuerzo o por el vestido nuevo que compró. ¡Debemos conocernos para encontrar la felicidad!

 

El ser humano inteligente no acepta todo lo que escucha y tampoco se queda callado, sino que expone su idea y criterio sobre el tema planteado. A veces, proceder de esta forma trae inconvenientes y se puede llegar a discusiones o peleas al no coincidir las posiciones. ¿Cómo proceder en el hogar? El consejo de nuestros Jajamim es no discutir nunca con la mujer. Se debe callar y como máximo decir: "Ésa es tu idea, yo pienso distinto". Después de un tiempo, se debe intentar explicar con dulzura nuevamente la posición.

 

Nuestros Sabios nos enseñan que de la misma forma que el mar no se ara y las estrellas no se cuentan, con la mujer no se discute. Para entender por qué se debe proceder así, recordemos lo que dijo una vez el Rab Dessler, autor del libro Mijtab Meeliahu: "Con la inteligencia que Hashem me dio, en muy poco tiempo -media hora aproximadamente- de hablar con un alumno me puedo dar cuenta de sus condiciones: si posee o no buenas cualidades. Pero frente a esto, en el caso de mi mujer con la que vivo hace cuarenta años, aún no conozco el camino y los pensamientos de su alma". Si entendemos esto, no hay lugar a ninguna discusión en el hogar. Para discutir con alguien, las bases del pensamiento deben ser las mismas y existir distintas opciones que generan la discusión. Pero si las bases son distintas, como en el caso del hombre y la mujer, no hay lugar para ninguna discusión.

 

La mujer depende de su sentimiento que condiciona a su razonamiento. Todas sus actitudes, inclinaciones, escala de valores y captación de su mundo están basadas en su sentimiento. Ribí Obadia Seforno explica por qué la serpiente no fue directamente a seducir al hombre en lugar de seducir a la mujer para que comiera del árbol de la sabiduría. El Rab explica que conocía el pensamiento de la mujer: ella sabía que Hashem había dicho que si comían del fruto morirían, pero imaginó que era sólo una amenaza y no la realidad. Así fue como actuó su sentimiento en su corazón antes que la inteligencia de escuchar la palabra clara de Hashem.

 

Es por eso que la mujer a veces quiere algo con toda su alma y otras tantas lo rechaza. Ella depende de su sentimiento que varía de un período a otro y así pasan a ser secundarios otro tipo de cálculos.

 

El hombre es más frío, más calculador, más realista. Su razonamiento precede a su sentimiento y por eso analiza e investiga de otra forma el tema que se plantea.

 

Si se trata de dos visiones opuestas como explicamos, no hay lugar a discusiones porque cada una está basada en una óptica distinta. Si tenemos esto presente, ¡no hay discusión posible!

 

A veces sucede que el hombre regresa a su hogar y su señora no está en la casa. Encuentra una nota en la mesa que dice: "Estoy en lo de mi mamá, puedes pasar a buscarme. La comida está en la heladera, buen provecho!". El marido se pregunta a sí mismo: "¿Otra vez fue a lo de la madre?". La cabeza empieza a trabajarle con pensamientos de furia y de enojo: "¿Dónde está su respeto hacia mí? Me dejó solo y se fue! ¡Lo único que le importa es su madre!". No hace falta que escribamos cómo continúa esta historia, porque ya todos sabemos el final: peleas, ofensas y destrucción del Shalom de la casa. Si la mujer supiera que su marido necesita saber que ella siempre está preocupada por él y se lo demostrara con actitudes, todo sería distinto; si a su vez el hombre supiera que su esposa estará siempre unida a su madre, y en ella encontrará el refugio o un lugar donde contar su vida, se habría evitado el problema.

Cuando Eliezer -el sirviente de Abraham- fue a buscar a Ribka para que se casara con Izjak, el versículo dice: "Y corrió la joven a contarle a la madre"(Bereshit 24), ya que se trata de una unión basada en temas comunes: la comida, recetas, ropa, limpieza, preparación de Shabat, aniversarios familiares, etc. El hombre normalmente no da trascendencia a estos temas y, por lo tanto, no es "el socio" adecuado en donde ella pueda presentar sus ideas y preocupaciones. Por eso, la mujer recurre al lugar donde encontrará las respuestas que necesita: la casa de la madre.

 

Los Jajamim nos enseñan que la Emuná de la mujer es en general mucho más fuerte que la del hombre. Cuando ella confía en Hashem con todo su corazón, soporta las vicisitudes de la vida mucho mejor que el hombre. Así es su naturaleza. Lo mismo sucede en la relación con su madre. Al formar su nuevo hogar, nunca podrá cortar esa relación y creará un puente entre los dos hogares: el suyo y el de su madre.

 

¡Si conocemos los secretos del alma de nuestra pareja, el entendimiento y el perdón traerán el Shalom!

 

Recordemos que con un pequeño fósforo se puede quemar una casa por más grande que ella sea, pero si el fuego es apagado a tiempo todo se salvará. No dejemos que el fuego de la pelea destruya el hogar. Nadie se beneficiará, ni la pareja, ni los hijos, ni los parientes, ni los amigos, ni la comunidad. Que la Berajá del Shalom se encuentre en todos los hogares de Israel.

 

 

  "La sonrisa en el matrimonio"

En Abot de Ribí Natan cap. 13 está escrito: "Se debe tratar a toda persona con buena cara. Se puede dar al compañero todos los regalos del mundo, pero si fue de mala forma, se le considerará como si no hubiera dado nada. Por el contrario, aquel que trata bien al otro, incluso que no le haya dado nada, es como si le hubiese obsequiado todos los regalos del mundo".

 

Imaginemos lo que puede suceder con dos personas con el mismo nombre que se encuentran en el Shamaim en el momento previo al Juicio Divino. Al dialogar, se sorprenden de tener el mismo nombre: uno de ellos se encuentra tranquilo y sonriente, ya que fue una persona muy rica y continuamente repartió dinero a su señora, hijos y comunidad, por lo que recibirá seguramente el paraíso. Su figura contrasta con la tristeza y preocupación del otro, que fue una persona muy pobre y que casi nunca pudo colaborar con nadie, por lo que, seguramente, deberá ir al infierno.

 

La conversación se interrumpe porque llegó el turno de juzgar al primero de ellos que entra confiado al lugar del juicio. Para su sorpresa, el fiscal dictamina que debe ir al infierno y el abogado defensor reconoce que nada puede hacer en este caso. Indignado pregunta: "¿Y todo lo que di al prójimo en mi vida para que sirvió?". "Nunca diste nada", le responden. En ese momento se tranquilizó: "Ahora entiendo, me han confundido con el que está esperando el turno afuera, tiene mi mismo nombre y por eso la confusión". "No hay confusión posible", le responden. "Tú has dado muchas cosas en tu vida, pero al darlas de mala forma, y sin entregar tu corazón, es como si no hubieras dado nada. En cambio, tu compañero que cree que por ser pobre irá al infierno, le aguarda el paraíso, ya que lo poco que pudo brindar al prójimo, lo hizo con una sonrisa y con todo su sentimiento".

 

En el matrimonio, este tema es fundamental. Debemos cuidarnos en la forma que damos a nuestra pareja lo que necesita, ya que corremos el riesgo de perder todo el pago del esfuerzo que hicimos. Para eso, sólo basta con poner cara de desgano, o simplemente con decir: "Ufa, ...tomá". Por el contrario, aquél que entrega con una sonrisa, aunque sea lo mínimo y precario por su situación especial, recibirá en el mundo venidero un pago especial, sumado a la gratificación de vivir felizmente en este mundo y ser ejemplo para el comportamiento de sus hijos.

 

Se comenta sobre el Jafez Jaim Z"L, que en una oportunidad su señora se quejó por la situación económica del hogar, diciendo: "En la casa de los vecinos tienen riqueza a pesar de tratarse de gente que no estudia Torá; sin embargo, nosotros con tanto estudio pasamos momentos de pobreza!". El Rab le contestó: "¿Acaso crees que nuestros vecinos a los que no les dio Hashem tanta sabiduría, ni tampoco tienen hijos que puedan elevarse en el camino de la Torá, también deben ser castigados con pobreza? Por otra parte, tú tienes un marido con Torá, has encontrado el camino de la verdad y tienes la esperanza de que tus hijos sean estudiosos y grandes Sabios, ¡¿Quieres recibir también riqueza?! ¿Dónde estaría la justicia Divina si nuestra casa tuviera todo y la casa de nuestros vecinos se encontrara vacía en materialismo y en espiritualidad? ¡Por eso debemos estar felices con lo que tenemos, que es lo mejor!".

 

El Jafez Jaim nos enseña con su sabiduría, que sólo con un lenguaje suave e inteligente puede tranquilizar a su señora. No lo hará con discusiones y peleas. De la misma forma, cuando el marido vuelve a su hogar después de un día de problemas y tensiones, debe su señora sonreírle y alentarlo para despejar las nubes tormentosas que apagan su espíritu, y traer la luz que lo alumbre en el camino de la vida. Cada integrante de la pareja tiene la obligación de repetirse continuamente: "La sonrisa acerca los corazones. La tensión y el enojo destruyen el hogar".

 

La Mishná en Pirké Abot 1 comenta: "Shamai dice... Recibe a toda persona con buena cara". No creamos que Shamai se refería sólo a los casos en donde se recibe a un huésped en el hogar. Su enseñanza fue para todos los momentos de la vida en donde alguien se encuentre frente a nosotros. En forma sorprendente, no es Hilel -Sabio talmúdico contemporáneo a Shamai que se destacaba por pregonar el favor en toda circunstancia- el que nos transmite la importancia de la sonrisa. Es nada menos que Shamai quien lo recuerda, no como un buen consejo sino como una obligación.

 

El Maharal de Praga en su comentario sobre Pirké Abot comenta que por naturaleza la persona desea saber si quienes se encuentran a su alrededor lo valoran o lo desprecian. ¿Cómo se da cuenta? Por la expresión de las caras. Una cara sonriente demuestra valoración a su personalidad. Una cara furiosa o apesadumbrada refleja la falta de consideración de quien se encuentra a su lado y provoca una sensación de desprecio prohibida por la Torá. Por lo tanto, explica el Maharal, recibir al otro con una sonrisa no es un acto de favor sino una obligación para que no se sienta despreciado. Por eso, es el propio Shamai quien menciona el tema como un deber más que no puede quedar de lado. En el matrimonio, este concepto adquiere una relevancia fundamental, ya que al sonreir uno al otro le está diciendo en forma clara: "yo te valoro, tú eres considerado para mí".

 

Este tema tan elemental lo podemos observar en la manera como un niño diferencia entre una cara que lo mira en forma agradable o de manera agresiva. Su respuesta es instantánea: llora o juega de acuerdo con el modo como se hayan dirigido hacia él. El Rab Shelomo Volve Shelita en su libro "Ale Shur" compara a un niño que crece sin la sonrisa de quienes lo rodean con una planta que no recibe la luz del sol. Nunca se llenará de vigor. Esa simple sonrisa que recibe y que le permite desarrollarse con todo ánimo y fervor, no es nada más que la expresión del alma que brota del interior del cuerpo de quienes lo rodean y lo alimentan espiritualmente de esa manera tan sencilla.

 

En cuántos casos hay parejas que comparten toda una vida sin encontrar un idioma en común, con nerviosismo, amargura y sin el mínimo entendimiento. ¿Cuál es la raíz de este desastre? Quizás que cada uno de ellos esperaba que el otro se acercara con una sonrisa para empezar una mejor relación. Nadie dio el primer paso y así transcurrió la vida. Sólo que la brecha cada vez se hizo más profunda. Cada uno pensó que tenía los motivos suficientes como para no dar el brazo a torcer. Olvidaron que la obligación de "recibir al otro con buena cara" es incluso en los casos en donde las actitudes no se compartan o las ideas sean distintas. Mas aún en el matrimonio, donde ninguna persona podrá brindar lo que cada integrante de la pareja deje de realizar.

 

Que Hashem ayude al pueblo de Israel para que la sonrisa y el aliento mutuo sean la base de todos nuestros hogares. Amén.