La
base del Shalom es el respeto mutuo. En Pirke Abot está escrito: "Ben Zomá
preguntó: ¿quién es el respetado?". Su respuesta fue: "el que
respeta al prójimo". Dos grandes escuelas Talmúdicas discutían sobre
muchos puntos de la jurisprudencia: Bet Shamai y Bet Hilel. En Masejet Erubin
13, el Talmud concluye: "Dijo Ribí Abá en nombre de Shemuel, tres años
discutieron Bet Shamai y Bet Hilel para determinar la jurisprudencia, hasta que
un eco celestial proclamó: "Las palabras de ambos son las de Hashem, pero
la jurisprudencia es como la opinión de Bet Hilel". Si ambos opinaban
correctamente, ¿por qué Bet Hilel tuvo el mérito de que la jurisprudencia
coincidiera con su teoría? Una de las respuestas del Talmud es que: "Eran
tranquilos y pacientes, adelantaban en explicar la teoría de Bet Shamai antes
que la de ellos propiamente". Deducimos por lo tanto que el que respeta
al prójimo, no sólo que será respetado, sino que tendrá el mérito de fijar
y determinar la jurisprudencia.
La prueba de mantener el Shalom no
es con aquellos con los que no mantenemos ningún tipo de relación. ¿Por qué
pelearíamos con ellos? La prueba verdadera es con nuestra familia y con la
sociedad con la que convivimos. Ahí surgen las distintas ideas y opiniones
sobre temas comunes que pueden provocar la separación. En muchos casos, luego
de la pelea no se recuerda ni siquiera cómo comenzó la discordia. Se
demuestra así la falta de importancia del tema en cuestión. Todas las peleas
tienen un común denominador: la falta de humildad de sus protagonistas, que se
consideran superiores e intentan justificar con cualquier excusa el motivo del
conflicto. En muchos casos, la inclinación a pelear del ser humano es la que
encuentra los motivos para hacerlo.
En cualquier matrimonio existen
distintas formas de pensar. Si esto sucede entre hermanos que fueron educados en
un mismo hogar y se acostumbraron al mismo tipo de vida, es lógico que suceda
en un matrimonio. El motivo fundamental por lo que esto ocurre es que Hashem creó
a cada ser humano distinto del otro no sólo físicamente sino con un alma
individual que lo convierte en un ser único en la tierra. Normalmente se cree
que debería existir una vida de tranquilidad y sin peleas en el hogar. Según
este criterio, lo anormal es la discusión y la intolerancia. Si analizamos con
más profundidad nos daremos cuenta de que el razonamiento lógico es el
contrario. Sólo con el esfuerzo y la superación continua se encontrará el
Shalom. No se adquirirá en forma natural y espontánea, sino con la
predisposición constante a mejorar y perfeccionarse al máximo de las
posibilidades.
Lo que sucede es que son pocos
quienes están dispuestos a recibir consejos para mejorar la calidad de vida del
matrimonio. A diferencia de un dolor físico que es calmado tras recurrir a un médico
quien receta el remedio adecuado, cuando las malas cualidades de la pareja
destruyen el matrimonio hay una reticencia a asesorarse para superar el
inconveniente. ¿Por qué? ¡Las complicaciones son más trascendentes que
cualquier dolor físico! Quizás el motivo sea que la enfermedad del cuerpo no
implica culpabilidad del paciente. En cambio, las malas actitudes reflejan un
tropiezo personal. Quizás sacan a la luz errores de toda la vida e incluso
ponen en duda la educación que se recibió de los padres. Por eso, a veces
se prefiere soportar el dolor y atribuir amargura, nervios y furia al otro.
Pero el daño que este proceder
ocasiona no se limita al interior de quien así lo decide, sino que se extiende
a todos los integrantes del hogar y por sobremanera a los hijos. No olvidemos
que las estadísticas revelan que en la mayoría de los casos, los hijos repiten
en sus hogares las desavenencias de sus progenitores.
Aquellos que toman con
responsabilidad la vida matrimonial, saben que todo el esfuerzo que realicen es
ínfimo frente al pago que recibirán: la presencia de la Shejiná en el hogar.
El
único modo para evitar una pelea es trabajar sobre uno mismo para reforzar la
fe y aprender a vivir con alegría. El profeta Zejariá 8 nos dice que
"la verdad y la paz serán amadas". Aparentemente, se trata de dos
conceptos contradictorios porque, si observamos al prójimo bajo la óptica de
la verdad, encontraremos errores y falencias que provocarán la discordia. Lo
que sucede es que buscamos la verdad en el otro y olvidamos analizar nuestro
propio comportamiento. Si lo hiciéramos, tomaríamos conciencia de nuestros
defectos y sería fácil encontrar la paz con el prójimo. A eso se refirió el
profeta Zejariá.
Para concluir el tema, mencionemos
el siguiente ejemplo: dos personas que trabajaban en un mismo lugar durante
veinte años, recibían un sueldo que apenas les alcanzaba para sobrevivir. Uno
de ellos le dijo a su compañero: "¡Qué felicidad que tendría si este
mes cobrara un sueldo que fuera el doble de lo normal!". El otro, que
guardaba odio a su compañero por tantas cosas que habían sucedido a lo largo
de los veinte años, le propuso: "Si me permites que te golpee treinta y
nueve latigazos en tu espalda, estoy dispuesto a entregarte mi sueldo".
Llegaron rápidamente a un acuerdo y así uno pudo descargar el odio acumulado y
el otro obtener un sueldo doble a pesar de las heridas que había recibido.
Cuando el que había golpeado a su compañero de trabajo llegó a su casa sin el
sueldo y le contó a su señora lo que había sucedido, ésta lo increpó por su
necedad y le advirtió que debía recuperar el sueldo. De lo contrario no le
permitiría el acceso a su hogar. Sin más remedio, se presentó de su compañero
y le preguntó: "¿Qué me pides para devolverme mi sueldo?". El compañero
-que estaba aún sufriendo por las heridas que había recibido- le replicó:
"Si me permites en este caso golpearte treinta y nueve latigazos, te lo
devolveré". Así hicieron y concluyeron el episodio cada uno con el mismo
sueldo en sus manos, sólo que con las espaldas destrozadas. En algún momento
creyeron que prevalecía uno sobre el otro, pero al final los dos resultaron
perjudicados. La verdadera ganancia habría sido no participar de la discusión.
Que el Todopoderoso bendiga a todos
nuestros hogares y comunidades con la bendición más importante que podemos
recibir: "El Shalom".
"Un
poco de legumbre, pero con amor"
El rey Shelomo escribe en los capítulos
15 y 17 de Mishlé respectivamente: "Es mejor comer una comida de legumbres
con amor que la mejor carne con tristeza" y agrega: "Más vale un
bocado de pan seco pero con tranquilidad, que una casa llena de festines con
peleas". De esta manera nos enseña que la felicidad no se encuentra en los
manjares y ricas comidas, sino en la paz y en la tranquilidad del hogar. Al
respecto, el Midrash comenta que dos personas encontraron al rey Shelomo cuando
había sido expulsado de su reinado y debió comportarse como un mendigo para
poder conseguir su sustento. Una de ellas lo llevó a su casa y le preparó la
mejor comida, pero le recordó la época en donde había sido rey, toda la honra
que había tenido y que ahora, lamentablemente, había perdido. El rey Shelomo
se llenó de tristeza y lloró durante toda la comida. Al otro día, una persona
humilde lo llevó a su casa ofreciéndole sólo un poco de legumbre, pero lo
consoló por el difícil momento que vivía diciéndole: "Di-s es como un
padre que a veces debe castigar a su hijo, pero finalmente te regresará a tu
reinado como le prometió a tu padre David". El rey Shelomo se reconfortó
al escuchar esas palabras y dijo: "Fue mejor ese poco de legumbre en la
casa del pobre, que la carne que me había dado el rico".
Aplicando estos conceptos a nuestra
vida diaria, podemos llenarnos de enseñanzas. Por ejemplo, aprendemos que el
hombre no debe ser detallista y pretender que todas las cosas sucedan como él
estrictamente desea, sino que debe ser tolerante y no ser exagerado en el
control de los gastos del hogar (no como aquellos que piden una cuenta
detallada número por número de los gastos diarios). Tampoco se debe pelear o
protestar si la comida no está tan a gusto como se pretendía.
En una oportunidad, el Jafez Jaim
fue a visitar a una cuidad y se hospedó en la casa del Rab del lugar. La señora
del Rab preparó una sopa para el ilustre visitante, pero se olvidó de
avisarle a la mujer que la ayudaba en la cocina que ya le había puesto sal. La
ayudante volvió a colocar sal en la sopa. Cuando le sirvieron la sopa al Jafez
Jaim, la tomó en forma absolutamente normal. El Rab, dueño de casa, al tomar
la primera cuchara se dio cuenta de que era imposible tomar la sopa y lo miró
sorprendido al Jafez Jaim que había terminado su plato. El Jafez Jaim le dijo:
"Debes callarte, seguramente que la ayudante se equivocó. No debes hacerla
sufrir criticándola. Quizás tu señora se peleará con ella, lo que sería más
grave aún. Por eso -continuó el Jafez Jaim- debes decir que la sopa estaba muy
rica, para así traer alegría y paz en el hogar".
Por otra parte, debemos tener
presente que la comida es necesaria para estar sanos y fuertes para poder servir
a Hashem. Si así procede la persona en cada instante en que se alimenta, cumple
con una Mizvá porque come Leshem Shamaim y no por un interés o provecho
propio. Así se comenta sobre Ribí Israel Abujazira Z"L (el Baba Sali) a
quien al terminar un ayuno, su esposa le acercó un plato de comida para que
pudiera recuperarse. El Rab probó un bocado y no comió más. La señora le
preguntó: "¿Acaso le falta algún condimento?". El Rab le contestó:
"Por el contrario, está demasiado rica. Es por eso que no como, ya que
sentiría un provecho y placer especial al comerla. Sólo debo comer para poder
mantenerme físicamente. De lo contrario, no actuaría Leshem Shamaim".
Los comentarios que podemos agregar
están de más ante la claridad de los conceptos: cuidar el Shalom Bait es lo
más valioso que existe en un hogar. Que nunca la comida sea el motivo de una
pelea o discusión.
El Gaón Ribí Israel Meir Hacohen
Z"L, conocido como el Jafez Jaim, se casó por el Shalom. Así fue el Maasé:
el Jafez Jaim quedó huérfano de padre desde pequeño. Su madre viuda, después
de tres años volvió a casarse con uno de los alumnos de la Ieshibá de
Volozhin llamado Ribí Shimhon, quien había tenido en un casamiento anterior
una hija, a la que quería casar con el "joven brillante", su
hijastro, quien en poco tiempo sería conocido como el Jafez Jaim.
La familia del Jafez Jaim se oponía
a este casamiento por varios motivos. La joven era bastante mayor que él. Además,
el Jafez Jaim era conocido por varios millonarios del lugar que pretendían
casarlo con sus hijas, por la capacidad que tenía. Pero frente a todas estas
cuentas, había otro razonamiento que el propio Jafez Jaim explicó: el Shalom
entre su madre y su padrastro, puesto que seguramente negarse iba a traer
discusiones entre ellos. El Jafez Jaim aceptó y fue a convencer a todos sus
familiares, para que ellos también estuvieran de acuerdo.
Aprendemos
de este Maasé hasta qué punto los Jajamim de Israel se preocupan por el Shalom
Bait, olvidándose de riqueza, honra o cualquier otro detalle, con tal de no
provocar una pelea entre una pareja.
Así como es importante cuidar el
Shalom entre el marido y la mujer, se debe estar atento a no provocar
discusiones entre ellos. Por ejemplo, si alguien comenta que su esposa lo hace
sufrir con su comportamiento, quien escucha no debe decirle: "te compadezco
por la vida que llevas" o frases similares, sino que debe buscar la manera
de consolarlo justificando la actitud de su esposa: "Quizás fue sin
querer, estaría nerviosa, no fue con intención, etc.". Para tratar de
apagar el fuego de la pelea y recibir así la Berajá de alcanzar larga vida con
prosperidad (Midrash Tanjumá Itró17).
Si queremos saber hasta qué punto
es valorado el Shalom Bait a los ojos de Hashem, analicemos las palabras del Rab
Abudarham Z"L cuando explica el motivo por el que las mujeres están
exceptuadas de los preceptos positivos que dependen de un tiempo fijo (Sisit,
Tefilin, etc.): "Si estuviera obligada a cumplir este tipo de preceptos, es
probable que simultáneamente su marido le solicitara algo que necesita y ella
no podría hacerlo por encontrarse ocupada con esa Mizvá de tiempo fijo. Por
eso, el Creador la exceptuó para que habite con Shalom con su esposo". O
sea, estrictamente la mujer debería estar obligada como el hombre a cumplir
con estos preceptos, pero Hashem la exceptuó para que la paz reine en el hogar.
Imitemos a Hashem en este punto de saber
perdonar y exceptuar en aras del Shalom. Aprendamos a cerrar los
ojos ante muchas situaciones que se presentan diariamente y la dicha y la
felicidad reinarán en nuestros hogares.
Shamai dice.... "Debes recibir
a toda persona con buena cara" (Abot 1-15). El Rab Dessler Z"L solía
decir al comentar esta Mishná: "Hubiésemos esperado que este dicho fuera
escuchado de la boca de Hilel que se caracterizaba por expresiones tales como:
"Ama el Shalom y persigue el Shalom". Sin embargo, es el propio Shamai
que se caracterizaba por actuar con Midat Hadin, o sea en forma estricta, quién
nos enseñó esa frase tan importante. ¿Cuál es la explicación? Precisamente
que por Midat Hadin estamos obligados a darle al otro lo que le corresponde. Quien
demuestra una cara triste o nerviosa hace sufrir a quien se encuentra a su lado
sin que éste lo merezca.
Este concepto no se refiere sólo a
tratar bien a quienes visitan nuestro hogar, sino que incluso en la calle y en
el lugar en el que nos encontremos, nuestra expresión debe ser sonriente para
no hacer sufrir a quienes están a nuestro alrededor. Está sobrentendido que en
la relación matrimonial este concepto es de fundamental importancia. En Abot de
Ribí Natan 13 está escrito que quien otorga al prójimo los mejores regalos
del mundo pero de mala forma, es considerado como si no le hubiese dado nada.
Pero quien otorga una sonrisa, aunque en la práctica sólo eso entrega, es
considerado como si le hubiese dado los mejores regalos posibles. ¿Por qué?
Porque es como si le entregara su corazón, que es precisamente lo que su pareja
o compañero necesita. Demostrarle que es considerado y apreciado a sus ojos
es lo más valioso que existe y está en sus manos otorgarlo. Así explican
los Jajamim sobre el versículo de Bereshit 49: "El blanco de los dientes
es más que la leche". El concepto al que se refiere al versículo es que
sonreír al compañero tiene más valor que darle el mejor alimento, ya que la
sonrisa y el aliento tienen más valor que cualquier ayuda material.
De cada persona se reclama que
siempre tenga un buen trato, una palabra amable y una sonrisa en su boca. Se
comenta sobre Ribí Israel Salanter Z"L que en la víspera de Kipur le
preguntó algo a una persona que iba al Bet Hakeneset a decir Tefilá, pero por
el temor que tenía por la Kedushá de ese día, esa persona no le respondió.
Ribí Israel dijo: "¿Por qué yo debo soportar del temor del Din de esa
persona?". Nos enseñó así que la persona debe cumplir, junto a sus
obligaciones con el Creador, las obligaciones con su compañero. También en la
víspera de Kipur existe la Mizvá de: "Recibir a toda persona con buena
cara" y esto no se contradice con el temor del día de Kipur, ya que ambos
forman parte del servicio a Hashem.
El
tema no es sencillo. Las dificultades de la vida nos hacen olvidar de esta
premisa básica, pero recordemos que los actos externos influyen sobre el
sentimiento interno.
Si actuamos con una buena predisposición aunque en principio sea sólo externa,
seguramente que nuestro corazón se llenará de luz y sentimiento. Tendremos
otra óptica de la vida y del matrimonio llenando de felicidad a nuestra pareja
y a nosotros mismos.
Debemos aprender a sonreír en toda
circunstancia, a recibir -por ejemplo- al marido con una sonrisa cuando llega a
su hogar después de un día agotador, a interrumpir con lo que se está
haciendo y saludarlo con afecto. La mujer muchas veces no lo hace. "¡No
puedo, estoy ocupada!", es lo que puede decir en alguna ocasión. ¿Y si
tocaba el timbre la amiga, o una vecina? ¿Para ella sí tenía tiempo?....
Sonreir, estar alegre. ¡Cómo
lastima observar que el hombre ingresa a su hogar un viernes a la noche y debido
a que el ambiente está tenso dice de mala manera y mirando al piso: "¡Shabat
Shalom!". ¿Eso es Shalom? Es lo peor que puede pasar, se debe aprender a
superar los inconvenientes que existan por la importancia del Shabat y del
Shalom. Es cierto que hay momentos difíciles, de peleas y discusiones, cuando
no nos gusta algo que nos hicieron. ¿Cómo reaccionamos? Después de tanto leer
y escuchar sobre el tema aprendimos que no debemos gritar, debemos sobreponernos
y reclamamos con el silencio. ¡Correcto! Pero atención que hay dos clases de
silencio. Uno es positivo, se trata de aceptar, perdonar y salir adelante. Pero
hay otro silencio que es terrible, no hablamos, pero los ojos van de un lado
hacia el otro. La boca está apretada, no hablamos, pero estamos diciendo:
"¡Si tuviera que hablar no me detendría en toda la noche!". Ese
silencio es negativo, perjudicial, y sería mejor hablar que callar de esa
manera.
Trabajemos de verdad para corregir
nuestras malas cualidades. Recordemos que nuestros hijos nos observan, analizan,
comprenden absolutamente todo, y que quedarán grabados en sus mentes los
errores de los padres. En muchos casos -lamentablemente- los incorporarán a
su personalidad y seremos nosotros los responsables de que ellos cometan
nuestros mismos errores. En otros casos -muy pocos en proporción- los hijos
aprenderán a diferenciarse en su comportamiento de los errores de sus
progenitores y siempre los tendrán presentes para no caer en ellos. Recordemos
que la sonrisa y el buen carácter harán que el hogar encuentre la Berajá del
Shalom que Hashem nos quiere dar.
"El
favor, la verdad y el Shalom"
Los Sabios nos enseñan que en el
momento de la Creación del ser humano, Hashem consultó con los ángeles para
determinar si era conveniente o no que la persona fuera creada. Los ángeles que
representan al Emet (verdad) se oponían argumentando que el ser humano sería
mentiroso y por lo tanto no merecía ser creado. Los ángeles del Shalom, por su
parte, confirmaban que no era conveniente la creación de la persona, ya que
continuamente pelearía y discutiría. Sólo los ángeles que representaban el
favor defendieron al ser humano y argumentaron que merecía ser creado porque se
dedicaría a hacer el Jesed (favor). Hashem escuchó a estos ángeles y así fue
creado Adam Harishon, como dice el versículo: "El mundo fue creado por
el favor" (Tehilim 89).
¿Cuál fue la respuesta de Hashem a
los ángeles del Shalom y del Emet? ¿Acaso porque la persona hace favores,
Hashem se "olvidó" de los otros argumentos? De ninguna manera. Lo que
sucede es que, si bien el mérito por el que la persona fue creada es el Jesed, la
prueba de la vida humana es en el Emet y en el Shalom. Todos sabemos lo difícil
que es comportarse con la verdad en toda circunstancia. Es más sencillo cargar
las culpas sobre el otro, aunque interiormente se reconozca la propia
responsabilidad. En muchos casos, cuando se escuchan los argumentos de marido y
mujer por separado, nos damos cuenta que ambos tienen razón en sus
apreciaciones y reclamos. ¿Cómo es posible? Lo que sucede es que cada uno
analiza sólo lo que le conviene. ¿Y la verdad? Nos olvidamos de ella porque no
nos favorece. La prueba del Shalom -por su parte- es fundamental. Si supiéramos
valorarlo como realmente corresponde, muchas peleas se evitarían. Los mismos
temas que destruyen a una pareja, son superados por otro matrimonio sólo porque
se valora la importancia del Shalom.
El
Jazon Ish dijo al respecto que la unión de la pareja debe ser como la misma
relación que existe entre la mano derecha e izquierda de una misma persona.
No existe celo ni competencia ni enojo, sólo la complementación entre una y
otra, puesto que ambas forman parte de un mismo cuerpo. Nos sorprendemos cuando
escuchamos aquel suceso del Rab Arie Levin Z"L que acompañó a su esposa
enferma al doctor y le dijo: "Doctor, nos duele la pierna". El
doctor no entendió qué sucedía y preguntó: "¿A quién le duele la
pierna?". A lo que el Rab respondió: "Si le duele la pierna a mi señora,
también a mí me duele y por eso mi expresión: ‘Nos duele la
pierna". Nosotros nos preguntamos: ¿Cómo se puede alcanzar ese nivel? La
realidad es que es lamentable que el marido no sienta que es así realmente,
porque no encontró en el matrimonio lo que Hashem pretendía de él.
Cuando Moshe Rabenu vio que sus
hermanos eran esclavizados en Egipto, sufría con ellos a pesar de que él no
era esclavo. ¿Qué ganaba con sufrir? ¡De todas formas no podía ayudarlos! Sólo
que cuando alguien siente que comparten su sufrimiento se siente aliviado. Sabe
que no está solo y juntos es más fácil superar el problema.
No olvidemos el tema del Jesed. El
favor mutuo fue el mérito por el que la persona fue creada. Muchos se equivocan
y hacen favores con cualquier persona ajena a su entorno y se olvidan de
aquellos que más lo necesitan: su propia familia, esposa, marido e hijos. El
favor empieza por casa, por quienes se encuentran más cerca. Sólo que la
persona se escapa de él, quizás porque se trata de una obligación y no le
agrada sentir esa presión sobre sí mismo. A veces una madre puede escuchar
a todas sus vecinas y amigas, pero en forma incomprensible no dispone del tiempo
necesario para sus hijos que tanto la necesitan. Al encontrarse obligada a
ellos, elude su responsabilidad.
Cuando el marido y la mujer realizan
actos de Jesed uno para el otro o con los niños, cumplen con la Mizvá de:
"has de querer al prójimo como a ti mismo" (Vaikrá 19). Esas
acciones se consideran preceptos, a pesar de que fueron hechas para beneficio de
un familiar tan cercano y de ser consideradas como algo lógico o natural.
Así lo enseña la Torá. Cuando Miriam quedó leprosa por haber hablado sobre
Moshe Rabenu algo que no correspondía, todo el pueblo de Israel aguardó siete
días hasta que ella se curara. Ella recibió esa recompensa de que todos la
esperaran, porque ella también había esperado para ver qué sucedía con su
pequeño hermano Moshe cuando su mamá lo había puesto en la canasta de mimbre
en el Nilo. El versículo nos enseña: "Y se detuvo su hermana desde lejos
para ver lo que sucedía con él" (Shemot 2). Moshe Rabenu era el hermano
de Miriam y lo más normal era que ella se interesara por lo que le ocurriría. De
todas formas, fue un acto de Jesed y Hashem la recompensó con que todo el
pueblo la aguardara en el momento de su enfermedad.
Más
aún, la obligación de hacer Jesed con un familiar cercano es prioritaria a la
de hacerlo con otra persona. Así escribe el Rab Jaim Fridlender
Z"L en su libro "Y sabrás que hay Shalom en tu hogar": "De
acuerdo con las reglas de la Torá con respecto a la Sedaká y al Jesed, el
pariente más cercano tiene prioridad. Cuando deba decidirse entre ayudar a los
pobres de su ciudad o a los pobres de otra ciudad, la prioridad corresponde a
los de su ciudad. No existe más "cercano" para la persona que su
propia pareja, ya que la esposa del hombre es como su propio cuerpo. En
contradicción con lo que la gente piensa, la categoría superior del Jesed es
con el marido o con la mujer".
Si queremos darnos cuenta de hasta
cuándo Hashem valora un acto de Jesed a pesar de tratarse de algo elemental,
podemos recordar lo que sucedió con Lot, el sobrino de Abraham Abinu que salvó
su vida en el momento de la destrucción de Sodoma y Gomorra. ¿Cuál fue su mérito?
Muchos años antes, cuando en la época de hambre Abraham se había dirigido a
Egipto junto a Sara, Lot no reveló a los egipcios que Sara era la esposa de
Abraham y no su hermana como él les había dicho. "Y fue cuando Hashem
destruyó a las ciudades del valle (Sodoma y Gomorra) y recordó Hashem a
Abraham y salvó a Lot de la destrucción" (Bereshit 19). El Midrash Rabá
comenta: "¿Cuál fue el recuerdo favorable para Lot? El haberse callado
cuando Abraham dijo que Sara era su hermana. Lot sabía y se calló".
Todas las Mizvot son importantes.
Existe una idea de pensar que las Mizvot que son con Hashem -Tefilin, Mezuzá,
Kasher, etc.- son más importantes que aquellas como la Sedaká y el Jesed que
se realizan con el prójimo. No es así. Sólo Hashem sabe el pago por cada
Mizvá. Nosotros sólo sabemos que Hashem nos ordenó cumplir con todos los
preceptos. En realidad, la Mishná en Peá 1 comenta: "Estas son las
Mizvot que la persona recibe pago en este mundo y el capital queda para el Olam
Habá: respetar a los padres, Guemilut Jasadim, acercar el Shalom entre la
persona y su compañero y el estudio de Torá que equivale a todas las
Mizvot". Observamos que el pago por hacer Guemilut Jasadim se recibe en
este mundo y en el venidero. El Maharal de Praga explica: "Cuando
alguien se coloca el Tefilin cumple un precepto por medio del Tefilin; cuando
alguien hace un Jesed con el compañero, cumple con una Mizvá gracias a su
compañero". O sea, el Tefilin es como el compañero: ambos fueron el medio
para cumplir con una Mizvá. La diferencia radica en que el compañero se
benefició al haber actuado como medio para el cumplimiento de una Mizvá,
mientras que el Tefilin quedó en las mismas condiciones. Por eso, quien realiza
un Jesed recibe además del pago en Olam Habá, beneficio en este mundo"
(Netibot Olam).
Cuando
un acto de Jesed se realiza íntegramente, la recompensa que aguarda es
incalculable por más pequeño que parezca. En Bereshit 5 la Torá comenta: "Y se
encaminó Janoj con Hashem". Los Jajamim explican que Janoj se dedicaba a
coser zapatos y por cada costura enaltecía a Su Creador. El Rab Dessler
Z"L explica en nombre de Ribí Israel Misalant Z"L: "no significa
que en el momento de la costura, Janoj se unía en sus pensamientos al Creador,
ya que está prohibido pensar en otra cosa en el momento en que realiza un
trabajo para un compañero. La unión con el Creador a la que se refiere, es que
se preocupaba porque cada costura sea lo más perfecta posible, para que el
zapato fuese aprovechado por su dueño al máximo de las posibilidades. Así se
unía con el Creador, que se preocupa por dar todo Su bienestar al ser
humano".
Debemos recordar que todo Iehudi es
hijo de Hashem. Cualquier falta que encontremos en nuestra pareja, debemos
tomarla como una oportunidad especial que Hashem nos dio para agrandar nuestro mérito.
Perfeccionaremos así nuestra alma que vino al mundo por sobre todo para
realizar actos de Jesed con el prójimo. No se deben escuchar reclamos o quejas
por el comportamiento de los niños, por las dificultades del hogar, por la
preparación de la comida o por las corridas por el sustento. Mientras más
dificultades existan, la Mizvá de Guemilut Jasadim en el hogar será mayor.
Con la verdad íntegra y con el
favor que comienza por el hogar, Hashem otorgará el Shalom para todos los
hogares de Israel. Amén.
"¿Convivir
o habitar en un mismo hogar?"
Una pareja se casa con la idea de
convivir durante toda la vida. Pero se puede estar muchos años bajo un mismo
techo y no vivir juntos. ¿A qué nos referimos? El rey David nos enseña:
"Qué bello y qué dulce es que los hermanos habiten juntos" (Tehilim
133). El Midrash pregunta: ¿a qué hermanos se refirió David Hamelej? La
respuesta es que se refirió a Moshe y a Aharon. ¿Cómo era la relación entre
ellos que es tomada como ejemplo de lo que significa vivir juntos? Para poder
comprender el tema, es necesario recordar algo que sucedió en Egipto con
nuestro pueblo. Cuando Hashem se presentó a Moshe para que sacara al pueblo de
la esclavitud a la que eran sometidos, Moshe no aceptó en principio la misión
para la que había sido designado. Sólo después de siete días fue
"convencido" por Hashem. ¿Cómo es posible que un ser humano no
acepte la orden directa de Hashem?
Más aún, Moshe sabía con claridad
acerca de la terrible situación de sus hermanos esclavizados y sufría por
ellos, ¿cómo se pudo negar a liberarlos? La respuesta la da el propio Moshe a
Hashem: "Ruego, mi Señor, envía por favor por mano de quien has de
enviar" (Shemot 4). Rashi nos explica: "envía al que siempre envías,
o sea, a mi hermano Aharon". Moshe no quería recibir un puesto superior al
de su hermano mayor Aharon, que fue quien había dirigido al pueblo en la
esclavitud, ya que Moshe se había escapado a Midian. Moshe sufría por el dolor
de sus hermanos, pero de todas formas no quería recibir sobre sí mismo la
dirección del pueblo, porque esto quizás provocaría el sufrimiento de Aharon.
Moshe conocía la necesidad del momento y la importancia del cargo, pero entendía
que la salvación no llegaría si no tenía en cuenta el sentimiento de su
hermano.
El razonamiento de Moshe era
correcto, sólo que no tuvo en cuenta la grandeza de su hermano Aharon.
Precisamente, Hashem le respondió: "he aquí que Aharon tu hermano...
saldrá a tu encuentro, te verá y se alegrará en su corazón" (Shemot 4).
No sólo que Aharon estuvo de acuerdo, sino que su alegría fue tal que no había
manera de expresarla: "se alegrará en su corazón". Es el ejemplo
de lo que significa vivir juntos; respetarse mutuamente, pensar sólo por el
bien del otro y estar atento a lo que necesita. Vivir juntos no es sólo
compartir un mismo hogar, sino vivir uno para el otro y sentir en carne propia
las necesidades o sufrimientos del otro y actuar de acuerdo a esto. Hashem
quiere posar su Shejiná en toda casa judía, pero para que eso suceda es
necesario que el hogar exista, que la pareja conviva y no sólo que habite el
mismo techo.
La
prueba verdadera del Shalom es en el hogar.
No tener discusiones con el medio ambiente en donde se convive es relativamente
fácil. La persona puede refugiarse en su hogar y así encontrar la solución.
Pero si el fantasma de la pelea nos persigue en el hogar, ¿a dónde se puede
escapar? ¡Es difícil realmente! Sólo que si se valora de verdad la
importancia del Shalom, se encontrarán los medios para no tropezar con la
trampa que el Satán prepara.
Mordejai Hasadik fue alabado en la
Meguilá Esther: "Fue aceptado por la mayoría de sus hermanos, buscaba el
bien de su pueblo y se comportaba con Shalom con toda su descendencia"
(Meguilat Esther 10). En muchos hogares un hijo cumple la voluntad de su padre y
el otro, por el contrario, no respeta el criterio de sus progenitores.
Normalmente, ese padre habla con Shalom con el hijo que acepta sus ideas, pero
con el otro hay choques y diferencias. Mordejai Hasadik no era así: hablaba
con Shalom con toda su descendencia. Por eso recibió esa alabanza.
El camino para alcanzar el Shalom se
divide en tres partes: 1) con el pensamiento: cada uno debe pensar que el
otro piensa sólo cosas buenas sobre él. Aunque en la práctica parezca lo
contrario, debe saber que se trata sólo de una falsa apariencia. 2) con el
habla: debe dirigirse a su pareja con tranquilidad, sin tristeza ni enojo.
El marido debe alegrar a su esposa en los momentos en los que se encuentre en el
hogar. Donde hay nervios y desazón, no se encontrará el éxito. Se debe pensar
qué hablar y cómo decirlo. En cuántos casos hay discusiones y peleas que
llegan hasta el divorcio sólo porque fue dicha, en algún momento de nervios,
una palabra que no se puede olvidar. 3) con la práctica: todo acto
positivo une más a la pareja, ya que el otro siente que se preocupan por él.
Por ejemplo, si la esposa compra algo determinado para sí misma, es preferible
que el esposo se lo adquiera. Así ella se alegrará y se aumentará el Shalom
entre ambos. Seguramente que para quienes llevan a la práctica los consejos de
nuestros Sabios sobre cómo llevar el matrimonio, encontrarán la felicidad tan
anhelada y la bendición de Hashem posará sobre sus hogares.
Quien adelanta el Shalom de su hogar
como prioridad fundamental en su vida, consigue el paraíso terrenal,
tranquilidad y felicidad. Ningún mal acontecimiento podrá sucederle a esa
persona. En Abot de Ribí Natan está escrito: "Todo el que trae Shalom a
su casa, le considera el versículo como si trajera Shalom sobre cada uno del
pueblo de Israel, porque todos somos como reyes de nuestros hogares". Este
concepto se refiere a que todos los actos que el ser humano realiza fuera de su
hogar no dejan una marca especial, ya que sólo se trata de alguien más dentro
del mundo. Pero los actos que cada uno realiza en su hogar dejan un sello en su
entorno familiar, similar al de un rey con su pueblo, en donde todos están
pendientes del comportamiento del rey para imitarlo.
En Shemot 2 la Torá nos enseña:
"Y fue en aquellos días, creció Moshe y salió a observar a sus hermanos
y vio el sufrimiento que padecían". Cuando Rashi comenta este versículo
dice: "puso sus ojos y corazón para sufrir por ellos". O sea que
Moshe Rabenu, a pesar de vivir en el palacio del Faraón y de no estar
esclavizado, sufría a la par de sus hermanos. Con esta base podemos comprender
la obligación de entender la situación del otro, sentir sus dificultades,
preocupaciones y miedos como si a uno mismo le estuvieran sucediendo. Para ello
es necesario que se cumpla previamente lo que el versículo menciona:
"Creció Moshe", o sea dejar la visión infantil de solo preocuparse
por uno mismo y pensar en forma más madura: incluir al compañero dentro de
nuestro propio mundo.
El próximo paso será "Y vio
el sufrimiento", o sea analizar con detalle y profundidad el dolor del otro
para luego poder sentirlo en carne propia.
Esta visión es fundamental en la
pareja y por sobre todo es el hombre quien debe comprender las dificultades
normales de su esposa. Ella debe ocuparse de los quehaceres de su hogar,
preparar la comida para su familia, ocuparse de los niños y en muchos casos
también debe preocuparse por ayudar a conseguir el sustento para la casa. Para
poder comprender todo su esfuerzo, el hombre debe recordar lo que sucede cuando
por alguna circunstancia especial, es él quien debe ocuparse de los niños y
del hogar. En ese caso, el hombre aguarda con ansiedad que todo vuelva rápidamente
a su cauce normal, ya que se siente desbordado y agotado por toda esa carga que
la mujer lleva en forma natural por muchos años.
Por su parte, la mujer correcta
comprende que ésa es su misión y está orgullosa de la misma. Realiza sus
tareas con alegría y felicidad. Sólo tiene un deseo fundamental para ella:
aguarda con ansiedad la llegada de su esposo. Luego de un día arduo de trabajo,
de prestar atención a las necesidades de sus hijos, de tanta presión y nervios
contenidos, finalmente podrá hablar con quien se preocupa por ella y quien la
alentará a superar las dificultades normales de su hogar. Ella espera no sólo
la comprensión de su esposo, sino también la felicitación por su conducta y
tarea. Así podrá renovar sus fuerzas para empezar mañana un nuevo día
quizás muy parecido al de hoy.
Llegó el momento. Se escucha el
timbre o el ruido de la llave de su esposo que ingresa al hogar. Ella se preparó
para que todo estuviera en orden al punto máximo de sus posibilidades. Pero el
hombre llega cansado, hambriento y no tiene en cuenta todo su esfuerzo. "¿Qué
hay de comer?", pregunta rápidamente provocando la desilusión de su
esposa. En algunos casos, la situación se agrava cuando el hombre observa en su
hogar algo que no comprende y la critica sin considerar todo lo que ella hizo
durante el día.
Cuando el diálogo comienza y ella
formula un comentario sobre sus dificultades del día, el marido no quiere
escucharla. Reacciona con enojo porque no quiere que nadie le altere su ritmo
normal de vida. "¡De todo te quejas! ¡Es tu misión!", responde el
marido para tratar de cubrir su egoísmo que no le permite escucharla. Cuando su
esposa baja la cabeza o lagrimea, su respuesta es: "¡Otra vez te
ofendes!" ¿Acaso no puedo hablar?". Quizás se trata de una señal
que comienza a comprender su error.
La mujer cree en este caso que su
marido no la tiene en cuenta. Que sólo le importa su trabajo. Si tuviera cariño
por ella la alentaría participando de sus problemas o intentando ayudarla con
un buen consejo, en caso de no poder hacerlo en la práctica. Ella lo conoce
bien. Sabe que cuando sus suegros o los vecinos le plantean a su esposo alguna
dificultad que padecen, él se esmera para tratar de encontrar una solución.
Con ella no sucede lo mismo. La explicación para ella es clara y no le deja
dudas: su marido no la quiere y es lo peor que le podía haber sucedido.
Así nos enseña en su libro "Y
sabrás que hay paz en tu hogar" el Rab Jaim Fridlender Z"L: "La
esperanza fundamental de la vida de una mujer es que su marido la quiera. Cuando
ella ve que no se cumple ese deseo, su dolor y sufrimiento es enorme. Si el
hombre no le demuestra que la ama, el mundo se oscurece para ella. Nuestros
Jajamim nos enseñan que en esa situación su vida está cercana al peligro y no
hay exageración en estos términos, sino que se trata de una realidad
comprobada en muchos casos. La mujer decae en su espíritu, se deprime y puede
derivar en graves enfermedades". Este sentimiento que el Rab menciona,
existe en toda mujer. Es cierto que hay casos de mujeres que poseen cargos
ejecutivos o trabajos de enorme responsabilidad en donde dirigen a una gran
cantidad de personas. Pero también ellas en su corazón esperan y ansían que
sus maridos se preocupen por todo lo que a ellas les sucede. No hay excepción a
esta regla. Es la manera natural con la que Hashem creó a la mujer.
El hombre cree equivocadamente que
los temas del hogar o la educación de los hijos es algo que compete
exclusivamente a su esposa y que él no debe tomar parte en ellos. Se equivoca. Debe
compartir con su mujer absolutamente todo. Esto no significa que él debe
tomar las decisiones en temas que pertenecen a la mujer, tales como la decoración
de la casa o las compras del día. Su esposa resolverá finalmente qué es lo
mejor. Pero él debe escucharla atentamente, sentirse interesado de verdad en
todo lo que atañe al mundo de su mujer, dar buenos consejos, comprenderla y
alentarla en cualquier dificultad que se presente.
Es sabido que cuando el ánimo es
positivo, todo es más fácil de superar. Cuando la mujer sabe que su marido
la comprende y la quiere, enfrenta toda su tarea con optimismo, alegría y fe.
Ella puede dejar de lado cualquier cosa menos el deseo de su vida: que su marido
la tenga siempre presente y que se preocupe por ella. Es cierto. Para el hombre
es difícil después de un día también agotador para él, luego de superar sus
propias dificultades, debe llegar a su hogar y olvidarse de todo para prestar
atención a lo que en él sucede. Quizás preferiría entrar y que nadie lo
molestara y lo dejaran descansar tranquilo. Pero debe saber que lo peor que le
puede pasar es que su esposa no espere con ansiedad su llegada para poder
transmitirle todas sus inquietudes. Si así sucediera, es el principio de la
destrucción del hogar. El hombre debe sobreponerse, debe saber que en su
casa lo aguardan como al gran director de una empresa. Su esposa y sus hijos
lo valoran y necesitan por la gran importancia que tiene para ellos. El
cansancio y las preocupaciones del trabajo deben quedar de lado. Las fuerzas
deben renacer para sostener a quienes lo necesitan y dependen de él. Sólo debe
concientizarse de que es así realmente. Cuando así lo entienda, Hashem le dará
la fuerza necesaria para superarse y el hogar recibirá la bendición de la
alegría y la felicidad.
El rey Shelomo escribe en Mishlé
14: "La mujer inteligente construye su hogar y la necia con sus manos lo
destruye". Los ejemplos que traen los Jajamim al respecto son muchos. Podríamos
agregar los que nosotros mismos observamos en la vida, al ver la fuerza y
sabiduría de aquellas mujeres que guían a sus maridos en el camino de la Torá.
Esas mujeres virtuosas se conforman con lo necesario para vivir, los ayudan
en las situaciones difíciles con palabras suaves y dulces que los alientan
fortaleciendo el espíritu.
Gracias a ese amor, paz y compañerismo
que ella genera en toda la familia, evita la preocupación y tristeza de su
esposo. Transforma así su hogar en un paraíso lleno de luz, alegría y
esperanza, que permite superar las dificultades confiando en la ayuda de Di-s.
El Talmud Ierushalmi Sotá (Perek 9,
Halajá 15), comenta que Ribí Akiba le obsequió a su señora un adorno
llamado: "Ir Shel Zahab" ("ciudad de oro") ya que tenía la
imagen de Ierushalaim. La señora de Rabán Gamliel le preguntó a su esposo por
qué ella no tenía uno igual. La respuesta de Rabán Gamliel fue que Rajel, la
señora de Ribí Akiba, vendía las trenzas de su pelo para que su marido
pudiera estudiar Torá, y por eso recibió ese pago.
Rajel era la hija de un millonario
llamado Kalba Sabua. Ella observó las condiciones del pastor del ganado de su
padre llamado Akiba y pensó casarse con él con la condición de que se
dedicara al estudio de la Torá. Su padre se enfureció, la desheredó y la
expulsó de la casa. Rajel no tembló ante el problema y soportó la pobreza,
con tal que su marido estudiara Torá. ¿Cómo vivirían? ¿Y, cómo costearía
Akiba sus estudios en la lejana Ieshibá a la que iría? Rajel no dudó. Las
joyas y adornos que poseía fueron vendidos para poder subsistir.
Pasaron los años, y ya había
vendido todo... su riqueza, su hermosa ropa, sus objetos preciosos... ya no
quedaba más por vender. ¿y ahora? Recordó Rajel que cuando era joven, sus
amigas alababan las trenzas de su pelo. En un instante encontró la solución;
con lágrimas en los ojos, con las manos temblando, pero sin dejar que la lógica
dominara a su sentimiento, sacó el pañuelo que cubría su cabeza y cortó sus
trenzas que luego llevó a vender para poder seguir adelante.
Quien ofrece un sacrificio de esta
naturaleza por el cariño a la Torá, tiene su pago garantizado. Durante
veinticuatro difíciles años, se transformó el pastor Akiba en Ribí Akiba, el
más grande de la generación, con veinticuatro mil alumnos que tomaron con sed
sus palabras sagradas.
Cuando
Ribí Akiba enriqueció, obsequió a su señora ese adorno con la figura de
Ierushalaim, enseñándonos así el sacrificio y la entrega que ella tuvo para
construir un hogar sagrado, ejemplo para todos nosotros del valor de la
inteligencia de la mujer.
La llave de la vida o de la muerte
tanto física como espiritual de un hombre está en manos de su mujer. Nuestros
Jajamim nos comentan al respecto sobre un padre que llamó a su hija en los
momentos previos a su casamiento y le dijo: "Debes saber que el éxito
material y espiritual de tu esposo depende de ti".
El Talmud en Abodá Zará 18
menciona cuando Ribí Jananiá Ben Teradion fue sentenciado por los romanos a
morir junto con su esposa. ¿Por qué recibió ese castigo? El Talmud relata que
sólo un pecado tenía ese gran Sabio: pronunciaba uno de los nombres de Hashem
-cuando enseñaba en público- que no está permitido hacerlo. El Talmud continúa:
"¿Cuál fue el pecado de su esposa?". La respuesta se encuentra a
continuación: "no reprochó a su marido como debía haberlo hecho".
Es sabido que quien puede corregir
al otro y no lo hace, es responsable también del pecado. Si la señora de Ribí
Jananiá Ben Teradion lo hubiese corregido, su esposo se habría salvado de esa
muerte, podría haber seguido alumbrando al mundo con su Torá y ella tampoco
habría muerto.
El
destino del hombre está en manos de su esposa. Ella puede abrir o cerrar la
puerta de la felicidad eterna de su esposo en este mundo y en el venidero.
Bienaventurada aquella mujer que salva a su esposo de tropezar con algún
pecado. Pobre de aquella que con su silencio aprueba las transgresiones de su
marido.
"Por eso -continuó el padre
diciéndole a su hija- tu misión es la de cuidar a tu esposo para que no
tropiece con ningún pecado". Cuando Hashem entregó la Torá a Israel, le
dijo a Moshe: "Ve y pregunta a las hijas de Israel si están dispuestas a
recibirla". ¿Por qué se debía dirigir Moshe Rabenu en primera instancia
a las mujeres? Porque el hombre -en muchas circunstancias- se deja llevar por su
esposa. La entrega de la Torá dependió de las mujeres, y cuando ellas
contestaron: "Haremos y escucharemos", tuvimos el mérito de poder
recibir la Torá. (Pirke Abot de Ribí Eliezer, cap. 41)
Gracias al mérito de las mujeres
virtuosas, el pueblo judío pudo salir de Egipto. Los hombres estaban
desesperados y ya no esperaban la salvación. Dijeron: "¿para qué tener
hijos que serán esclavos de los egipcios?". Sus mujeres, sin embargo, los
alentaban transmitiéndoles esperanza y se embellecían frente a ellos para así
traer hijos al mundo. Fueron comparadas con la manzana, ya que en todo árbol
normalmente nacen las hojas que cuidarán al fruto que nacerá posteriormente.
En cambio, en el manzano primero nace el fruto y hojas. Así hicieron
las mujeres de Israel en Egipto: "Que nazcan nuestros hijos a pesar de que
no tenemos quien los proteja, finalmente llegará el cuidador y salvador".
No sólo para la época de Egipto,
sino que en cada generación cuando el hombre se encuentra desesperanzado y
la oscuridad lo rodea, es la mujer correcta la que lo alienta y consuela hasta
que la luz aparezca. En el Sefer Menorat Hamaor está escrito: "Quien
tiene una buena mujer nunca le faltará nada por más que sea pobre, como está
escrito en Mishlé 31: "Una mujer virtuosa ¿Quién la encontrará?, confía
en ella el corazón de su esposo y pago no le faltará". Cuando la mujer es
virtuosa y habla con aliento y rectitud a su esposo, él confía en ella y la
quiere cada vez más y no siente todas las cosas que puedan faltar, ya que
Hashem le dio la mayor de las riquezas. Recibe el respeto y la admiración de
todos los que lo rodean: "La mujer virtuosa es la corona de su esposo"
(Mishlé 12).
Dicen los Jajamim: "Un Sadik
estaba casado con una mujer virtuosa; como no tenían hijos decidieron
separarse. El hombre se casó con una mala mujer que lo convirtió en un
perverso. La mujer se casó con un perverso y lo convirtió en un Sadik". Todo
depende de la mujer. Dichoso el marido que posee una mujer inteligente.
Bienaventurada la esposa que toma la enseñanza de Rajel, la esposa de Ribí
Akiba y llena su hogar con luz espiritual y alegría material.