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de la vida diaria" |
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección
"Abarejá et Hashem Bejol Et
Tamid Tehilató Befí" (Tehilim 34). "Bendeciré a Hashem en todo
momento, siempre Su alabanza se encontrará en mi boca", por haberme
otorgado de Su Bienestar todos los días de mi vida y por haber tenido el Zejut
de poder estudiar y transmitir Su Sagrada Torá en nuestro querido Bet
Hakeneset-Ieshibá Or Toráh acercando los corazones de nuestros hermanos al
cumplimiento de los preceptos.
Después de haber tenido la dicha
que mis libros anteriores "La Torá y la Actualidad" y "La Luz de
la Vida" fueran recibidos por la Comunidad argentina e hispanoparlante con
tanta aceptación, tengo la inmensa alegría de presentar un nuevo libro sobre
uno de los temas más necesarios para asegurar la continuidad de nuestro pueblo:
el matrimonio según la óptica de la Torá.
Tengo la esperanza de que este
humilde libro pueda servir como guía o como un elemento de autoayuda en las
situaciones normales que se presentan en todo matrimonio. En muchos casos,
parejas han cambiado su manera equivocada de actuar luego de haber escuchado
alguna disertación de un Rabino sobre el hogar judío o de haber leído alguna
bibliografía al respecto. El motivo de ese cambio es simple: todo lo que se
pueda escuchar o leer está basado en la fuente milenaria de nuestra Sagrada Torá
que condujo a nuestros Antepasados a lo largo de las generaciones en lo que
respecta a la relación con el prójimo y, por sobre todo, en el propio
matrimonio.
Esta pequeña obra no es la excepción.
Todo lo que está escrito en ella no es sino lo que nuestros Jajamim nos han
enseñado en distintos textos mencionados en la bibliografía detallada al final
del libro. De ninguna manera se trata de expresiones propias del autor.
En muchos casos y para hacer más
amena la lectura, hemos acompañado los comentarios con sucesos de la vida
diaria o con parábolas ilustrativas. Intentamos así que el lector sienta que
le están hablando en primera persona y que su problema no es algo fuera de lo
común o que sólo a él le sucede, sino que está contemplado claramente en la
sabiduría de la Torá. Ella le dará la respuesta y la solución justa a su
conflicto.
Qué profundo es el concepto de
nuestros Jajamim cuando nos enseñan: "Un hombre y una mujer que tienen
Zejut, la Shejiná se posa en ellos" (Sotá 17). Esto significa que está
en manos de la pareja transformar la unión matrimonial en un lugar sagrado en
donde se deposite la Divinidad. Ese Santuario es el hogar judío cuando se
construye con las bases de la Torá y no según los instintos de sus
integrantes. Se trata de un Santuario donde la tolerancia, el respeto y el
pensar en el otro dejando de lado el egoísmo personal, fundamentan su
existencia. De esta manera lo llenan de alegría más allá de las vicisitudes
que la vida pueda deparar. Nadie debe darse por vencido. Si hasta ahora se ha
elegido un camino equivocado, siempre existe la oportunidad de modificarlo y
quiera Boré Olam que alguno de los conceptos escritos en esta obra puedan
ayudar a conseguirlo.
Para facilitar la lectura, hemos
dividido el libro en comentarios sobre la Perashá semanal. Si bien en muchos
capítulos el tema tratado gira en torno a la sección semanal de la Torá, la
intención principal es que el libro pueda ser leído como un Dibré Torá en la
mesa de Shabat en forma conjunta por el matrimonio. Sólo le pido -estimado
lector- que analice y acepte con objetividad los puntos que considere que debe
mejorar y que no utilice lo escrito para criticar a la otra parte.
Quiero agradecer a todos aquellos
que hicieron posible la edición de esta obra. A mis queridos padres, por
haberme educado en el camino de nuestra Sagrada Torá, que el Todopoderoso les
otorgue una larga vida llena de dicha, salud y tranquilidad. A los patrocinantes
de este libro en un momento tan difícil desde el punto de vista económico que
nos toca vivir, mi reconocimiento por su generosa colaboración para que podamos
entre todos ver crecer cada vez más a nuestra Institución: Bet Hakeneset
"Or Toráh", Escuela Integral Rabino Elías Suli Z"L, Jardín de
Infantes Moré León Freue Z"L y Ieshibá "Or Toráh",
destinatarios de los beneficios económicos de la edición de este libro.
Al querido Kahal Kadosh de "Or
Toráh" y a la Comisión Directiva del mismo, por el aliento constante para
poder desarrollar mi humilde tarea más allá de las lógicas dificultades que
se presentan. Mi especial agradecimiento a mis secretarios, Srta. Keila Nevaj y
Sr. Fabio Leinado por su continua preocupación no sólo para que este libro
llegue a vuestras manos en las mejores condiciones, sino también por alivianar
mi tarea en todo lo que les es posible. Mi reconocimiento también a la
Profesora Beatriz Acrich de Cohen, quien nuevamente y como en mis libros
anteriores, ha brindado desinteresadamente su tiempo y dedicación para la
corrección de los textos. Una mención especial al Sr. Gabriel Hambra y a su
esposa Yudith por la colaboración para el diseño y dibujo de la tapa. Mis
palabras de aprecio y estima para el Sr. Jaime Cohen Kichik quien, como en las
anteriores oportunidades, fue el encargado de la confección de la tapa y la
diagramación del libro.
Ajaron Jabib: mi querida familia.
Todas las bendiciones de Hashem para mi querida esposa y mis hijos por alentarme
en todos mis emprendimientos y apoyarme con tanta comprensión y entendimiento.
Que Hashem alargue nuestros días con felicidad y nuestros años con gracia y
salud hasta la llegada del Mashiaj en nuestros días. Amén.
Elevo mis ojos al Cielo y agradezco
a Di-s con todo mi corazón, por haber tenido el mérito de poder dedicar mi
vida a estudiar y transmitir la Torá Sagrada. Que seamos nosotros y nuestros
descendientes, y los descendientes de nuestros descendientes, todo conocedores
de Tu Nombre y estudiosos de Tu Torá en Nombre Divino. Bendito seas que enseñas
Torá a Tu pueblo Israel.
Rafael Freue
"La
valoración en el matrimonio"
Uno de los conceptos básicos para
alcanzar el éxito en cualquier grupo de personas que trabajan en algo en común
consiste en saber valorar y respetar a todos los integrantes del mismo, puesto
que mientras mejor se conviva, todo se podrá planificar y desarrollar de la
mejor manera posible. Este punto fundamental en cualquier empresa, adquiere
realce y es prioritario en el matrimonio, en donde el respeto y la valoración
mutua es la raíz primordial que permitirá alcanzar la alegría y la felicidad
que cualquier pareja desea y anhela.
El
éxito de cualquier empresa depende del valor que le demos. Gran parte de los
problemas que hoy viven muchos matrimonios comenzaron por no saber valorar la
empresa que ambos -marido y mujer- constituyen.
¿Cuáles son las causas de esa falta de valoración? Quizás una de ellas sea
la influencia de ideas extrañas a nuestra fe, que consideran al matrimonio como
si fuera una situación de la que -en lo posible- es mejor alejarse. Según esta
teoría, quien no se casa no peca y, por lo tanto, se lo considera como si fuera
una persona "sagrada". Este concepto contribuyó a que muchas personas
observaran al casamiento como algo negativo. Los medios de comunicación que en
muchos casos exageran noticias sobre matrimonios en conflicto, contribuyen también
a crear una visión errada sobre una de las bases del pueblo judío: el
matrimonio.
La óptica de la Torá es
completamente distinta. La ceremonia propia del casamiento recibe el nombre de
"Kidushin" que en hebreo significa "santificación". No se
trata simplemente de unir física y sentimentalmente a dos personas, sino que el
tema es mucho más elevado aún. Dos facetas incluye el concepto de Kedushá
(santidad). Por un lado, implica que no sólo que no se peca al contraer
matrimonio, sino que por el contrario, el pecado se encuentra cercano a
quienes no lo hacen. El hombre que forma su hogar con la santidad que el
mismo requiere, estará protegido de caer en el pecado además de cumplir con el
primer precepto que la Torá menciona: "Multiplicaos, aumentaos y llenad la
tierra" (Bereshit 1). La mujer con su comportamiento recatado logra que las
faltas que se cometan en su hogar sean perdonadas. El Midrash Tanjumá comenta
que así como el altar expía los pecados de Israel, la mujer recatada
purifica con su conducta a su hogar de cualquier pecado que se haya cometido en
él. El valor de la Torá que el hombre estudia luego de haberse casado es
mucho mayor que el de quien lo hace soltero, porque su estudio se realiza con
pureza y sin pensamientos incorrectos. Sobre esa persona se cumple el versículo
del rey David en el Tehilim 19: "El temor a Hashem puro se mantiene
eternamente" (Iomá 22).
Por
otra parte, la segunda faceta de la Kedushá se refiere a que por intermedio del
matrimonio, Hashem deposita Su Divinidad en cada hogar judío.
Así dijeron nuestros Sabios: "Un hombre y una mujer que tuvieron Zejut, la
Shejiná se encuentra entre ellos" (Sotá 17). No es circunstancial que las
palabras "Ish" (hombre) e "Ishá" (mujer) posean las mismas
letras en común y que sólo tengan a las letras "Iod" y
"He" como no comunes y que forman a su vez el nombre de Hashem. Se
refleja de esta forma la presencia Divina. Si lamentablemente el comportamiento
de la pareja no permite que Hashem pose Su Divinidad en el hogar, las letras
comunes de ambas palabras, la "Alef" y la "Shin" forman el término
"Esh" que significa fuego y que destruye el hogar. Los desastres que
hoy observamos en muchos hogares, son consecuencia directa de haber olvidado que
Hashem quiere permanecer en el hogar. Sólo que la pareja no le permite hacerlo
al dejar de lado el respeto mutuo al que nos referimos anteriormente. No
observar preceptos fundamentales tales como el Kasher, Taharat Hamishpajá, el
Shabat, la educación de los hijos en el camino de la Torá y tantos otros
preceptos básicos mencionados en la Torá, no permiten a Hashem posar su
Divinidad en ese hogar.
Hoy más que nunca debemos
recomponer la verdadera familia judía -base de nuestro pueblo- sustentada en
los principios que Hashem nos otorgó. Sólo con ellos encontraremos la
felicidad con la presencia Divina en nuestro hogar. El matrimonio basado en
los lineamientos de la Torá, es el que las estadísticas certifican como el más
exitoso y el que registra un número ínfimo de divorcios. ¿Cuál es la
clave? La valoración y el respeto mutuo. Cuando llega la noche de Shabat, el
marido canta el "Eshet Jail" a su esposa, en donde a lo largo de
veintidós versículos el rey Shelomo pondera y alaba a la mujer judía. Gracias
a esta valoración del hombre hacia su mujer, la familia se mantiene y se
consolida. Para el judaísmo, el matrimonio no sólo que es un hecho positivo,
sino que es considerado como la base de quien se considere digno de ser llamado
persona. "Toda persona que no se casa, vive sin bienestar, sin bendición,
sin alegría, sin paz, sin Torá y no se llama persona", concluye en forma
clara y terminante el Talmud en Iebamot 63.
En el día de Iom Kipur, la fecha más
sagrada del calendario judío, el Cohen Gadol cumplía una misión fundamental
en el servicio que se realizaba en el Bet Hamikdash. La primera condición que
se le requería para poder hacerlo, era que debía ser casado. Hasta hoy, y como
un recuerdo de este principio, el Jazan que oficia en los días de Rosh Hashana
y Iom Kipur debe ser casado, como lo determina el Shulján Aruj en el Simán 581
- 1.
Todos sabemos la importancia del
Shabat para el pueblo de Israel. ¿Cuál es el simbolismo con el que reflejamos
la unión entre el Shabat e Israel? Precisamente con un novio y una novia. De
esta forma, valoramos aún más el matrimonio. "Leja Dodi Likrat Kalá,
Pene Shabat Nekabelá"; así comienza el canto con el que recibimos el
Shabat y que significa: "Ve mi amado (Israel) al encuentro de la novia, la
faz del Shabat recibimos".
Los ejemplos de la importancia del
matrimonio para la Torá podrían seguir, pero con lo expresado es suficiente
para que valoremos el hogar que constituimos y tomemos de la Torá la guía
para saber cómo conducirnos en él. Así alcanzaremos la felicidad y la alegría
que tanto anhelamos.
Uno de los temas más importantes
para la vida del Iehudi es la conducta con la que debe comportarse en su
matrimonio. La Torá reglamenta y determina cuáles son las actitudes a tomar
en todas las situaciones que puedan presentarse. Paradójicamente, muchas
personas se consideran expertas y creen innecesario recibir orientaciones o
consejos para obtener así una vida de felicidad. Quizás la influencia de
novelas románticas o de películas cinematográficas les han hecho creer que
saben absolutamente todo lo que su pareja siente en su corazón. Las discusiones
y los problemas que la vida depara, les hace comprender -a veces en forma tardía-
el error en que incurrieron.
No sucede lo mismo con aquellos que
valoran la sabiduría de la Torá. Ellos dedican parte de su tiempo tan precioso
a estudiar y analizar profundamente las enseñanzas de la Torá para aplicarlas
a la vida matrimonial. Comprenden que el tiempo que la pareja comparte en la
vida es extenso. Si por ejemplo una persona comparte sólo una hora por día con
su esposa, a lo largo de 50 años se habrán transformado en más de 18.000
horas. Por lo tanto, se debe saber cómo comportarse para poder disfrutar
realmente todo ese tiempo.
Por
supuesto que no se trata de una tarea sencilla. Cuando alguien se encuentra
circunstancialmente con otra persona, es relativamente fácil llevarse bien con
ella y no tener discusiones. Si hay alguna diferencia podrá dejarse de lado, ya
que luego del encuentro cada uno seguirá su camino. No sucede lo mismo en un
hogar. Allí se comparte toda una vida con un ser que por naturaleza es
distinto. Las vicisitudes de la vida transforman al matrimonio en una especie de
olla de presión, en donde las malas cualidades salen a relucir en forma
lamentable. Evidentemente, la mejor solución para evitar futuros problemas es
estudiar estos temas y superarse continuamente para poder beneficiarse así con
años llenos de éxito y felicidad.
No debemos olvidar que gran parte de
los preceptos que la Torá determina están basados en la relación con el compañero.
La pareja de la persona no sólo que está incluida en este grupo, sino que
es el primer ser al que debemos aprender a tratar.
El Talmud en el tratado de Abodá
Zará 17 comenta cuando los romanos encarcelaron a Ribí Jananiá ben Teradion y
a Ribí Elazar ben Parta. Éste último le dijo a Ribí Jananiá:
"Bienaventurado que fuiste atrapado por haber transgredido sólo una falta,
pobre de mí que recibí cinco acusaciones". Ribí Jananiá le contestó:
"Bienaventurado eres tú que a pesar de las cinco acusaciones salvarás tu
vida. En cambio, yo fui acusado por una sola falta y no me podré salvar. El mérito
que te ha protegido es que te has dedicado a estudiar Torá y a hacer Guemilut
Jasadim. En cambio, yo sólo me he dedicado a estudiar Torá". El Talmud se
sorprende de la respuesta de Ribí Jananiá y pregunta: "¿Acaso Ribí
Jananiá no se ocupó de hacer favores? Hemos aprendido que era tesorero del
dinero de la Sedaká y era tan confiable en su trabajo, que Ribí Eliezer Ben
Iaacob dijo que nadie entregue dinero a una caja de Sedaká si el tesorero que
la maneja no es Talmid Jajam como lo era Ribí Jananiá Ben Teradion". Para
corroborar esta idea, el Talmud relata que en una oportunidad se le mezcló a
Ribí Jananiá dinero propio con dinero de Sedaká y para evitar cualquier duda,
dejó todo el dinero para Sedaká. Tenemos así una prueba fehaciente de cómo
Ribí Jananiá se había dedicado a hacer Sedaká y Guemilut Jasadim. La
respuesta del Talmud es que si bien había hecho Guemilut Jasadim, no lo había
hecho de acuerdo con lo que correspondía a una persona de su nivel. A pesar de
toda la Torá que había estudiado y enseñado, hubo una acusación celestial en
contra de Ribí Jananiá ben Teradion por no haberse dedicado a hacer Guemilut
Jasadim en el nivel que le correspondía.
Debemos
tener presente que el Guemilut Jasadim empieza por casa y por sobre todo en la
relación con la pareja. Es cierto, se puede ayudar a necesitados,
visitar enfermos, consolar deudos y alegrar a novias entre tantos otros ejemplos
de Guemilut Jasadim. Pero en el Shamaim analizan de manera especial cuál es
el comportamiento de cada persona en su hogar, con quienes se encuentran a su
alrededor. En base a esas actitudes, se juzga y califica en el Shamaim a cada
persona.
Para aclarar los conceptos aún más,
podemos recordar aquellas palabras vertidas por el Rab Jaim Fridlender Z"L:
"la obligación de hacer favores con el compañero es una Mizvá muy
importante. En caso de que alguien no la realice como corresponde, si bien será
acusado en el Shamaim por su error, no dañará en forma directa a su compañero,
ya que seguramente otra persona llenará el vacío que él dejó. Pero con
respecto al favor que debe existir entre marido y mujer, la situación es
distinta. Lo que ellos no hagan nadie lo hará. Por eso, la misión de
hacer favores en el hogar es mucho más importante que la de hacerlos con
cualquier otra persona".
Quizás el error consista -como
comenta el Rab Iehuda Grinvald Shelita en su libro "Ladaat Baarez
Darkeja"- en considerar al hogar como el lugar de la tranquilidad y el
sosiego. El hombre piensa que luego de un agotador día de trabajo llegó el
momento de descansar. Al ingresar a su casa se encuentra con que su mujer le
comenta las dificultades del día, los niños reclaman su atención y el pobre
marido se encuentra destruido. "¡Para esto llegué a casa! ¡No puedo
descansar ni siquiera un minuto!". Es la reacción lógica de aquel que
piensa sólo en sí mismo. Por supuesto que la mujer debe tener la
suficiente inteligencia para dejarlo descansar cuando ingresa al hogar y no
incomodarlo inmediatamente narrándole las dificultades diarias que debió
afrontar. Pero el hombre por su parte debe saber que su preocupación debe estar
en brindar siempre bienestar a quienes lo rodean y no en reclamar beneficios
propios.
Sobre el versículo de Bereshit 2:
"No es bueno que el hombre se encuentre sólo. Le haré una ayuda frente a
él", el Ramban formula la siguiente pregunta: "según la versión del
Talmud en Erubim 18 que comenta que el hombre fue creado en un solo cuerpo junto
a la mujer y luego Hashem los separó, ¿por qué no continuó siendo la mujer
parte de su propio cuerpo?". El mismo Ramban responde: "vio Hashem que
era conveniente para el hombre que la mujer se encontrara frente suyo y que se
uniera a él de acuerdo con su voluntad". Como bien explica el Rab
Fridlender Z"L, la elección del hombre consistirá en acercarla o en
alejarla con sus actitudes. Lo que en principio era natural ya que se
encontraban unidos, deberá realizarse ahora por cuenta del hombre para que así
se cumpla el versículo: "Y serán un solo cuerpo" (Bereshit 2).
Cuando
se invierte tiempo y esfuerzo para aprender a conducirse en el hogar, se recibe
una ayuda celestial especial para construir un hogar judío con todo lo que este
concepto incluye. En él se superarán todas las dificultades que puedan
presentarse y por sobre todo se encontrará una elevación espiritual que será
ejemplo para todos los matrimonios de Israel.
"La
bendición de Eliahu Hanabi"
El Shalom es la base esencial para
la convivencia humana. Así lo expresa Raban Shimhon ben Gamliel en el Pirke
Abot 1: "Por tres cosas el mundo se mantiene: por la justicia, por la
verdad y por la paz". Por otra parte, es la bendición por excelencia que
Hashem otorgó al pueblo de Israel: "Hashem dará poder a su pueblo, Hashem
bendecirá a su pueblo con paz" (Tehilim 29). No existe tesoro más
precioso para Israel que el Shalom. El término que se utiliza para saludar
a una persona al encontrarla es decirle precisamente Shalom, ya que es la mayor
bendición que un ser humano puede alcanzar.
La oración principal que decimos
tres veces al día, concluye recordando que Hashem bendice a Israel con el
Shalom. Cuando los Cohanim bendicen al pueblo, lo hacen como intermediarios
entre el Creador y el pueblo de Israel. ¿En qué consiste esa bendición? La
Torá en Bamidbar 6 lo detalla: "Que te bendiga el Eterno y te cuide. Que
ilumine el Eterno Su Rostro hacia ti y te agracie. Que eleve el Eterno Su Rostro
hacia ti y que deposite sobre ti el Shalom". Nuevamente, el Shalom es el
broche final de la bendición de los Cohanim.
Cuando el rey Shelomo destaca el
valor y la importancia de la Torá, la compara con el Shalom. Así lo expresa en
Mishlé 3: "Todos sus caminos (de la Torá) son caminos de gracia y todos
sus senderos son de Shalom". Nuestros Sabios determinaron que en cada hogar
de Israel se deben encender las velas en la víspera de Shabat. Uno de los
motivos de esta Mizvá es que gracias a que la casa está iluminada, reina el
Shalom en el hogar. Hasta tal punto el Shalom es importante, que la
jurisprudencia determina para quien por su situación económica apremiante no
dispone de dinero para comprar velas de Shabat y de Janucá y debe elegir entre
unas y otras, deberá comprar el Ner de Shabat. Quien debe elegir entre comprar
el Ner de Shabat o el vino para el Kidush, también debe comprar el Ner de
Shabat. ¿Cuál es el motivo? La respuesta de nuestros Sabios es: "No
existe nada más importante que el Shalom del hogar, representado en este caso
por el Ner de Shabat".
Cuando el marido regresa del Bet
Hakeneset en la noche de Shabat e ingresa a su hogar, su primera expresión es:
"¡Shabat Shalom!". En ese momento tan especial, se dirige a los ángeles
que lo acompañan desde el Bet Hakeneset hasta su hogar y les dice: "Shalom
Alejem Malhaje Hasharet...", "Shalom para ustedes, ángeles
Celestiales". Luego de recitar el Kidush, los padres bendicen a sus
hijos colocando sus manos sobre la cabeza de cada uno de ellos diciendo Bircat
Cohanim que también expresa el Shalom. Quizás hubo un enojo en la semana, quizás
la madre o el padre se molestaron con sus hijos por algún error que cometieron,
pero en ese instante se olvida lo sucedido. Los corazones se unen frente a la
luz del Shabat y el Shalom reina en el hogar.
Cuando el Midrash se refiere a la
importancia del Shalom, menciona el siguiente ejemplo: Un rey quiso probar a sus
sirvientes para ver si eran dignos o no de su bendición. ¿Cómo lo hizo? Les
dijo lo siguiente: "Si alguno de ustedes me pide algo se lo daré, sólo
que a su compañero de tareas le daré el doble". Como había compañerismo
entre ellos, cada uno se preocupaba por pedir primero, para que así su compañero
recibiera el doble. Cuando el rey vio esta actitud les dijo que no diferenciaría
entre ellos, sino que a todos les daría por igual lo mejor. He aquí que el
Shalom es la fuente de la Berajá. Pero había dos sirvientes que se odiaban y
envidiaban mutuamente. Ninguno de ellos le pedía nada al rey, para evitar así
que al otro le dieran el doble de lo que él solicitara. El rey observaba el
silencio de ambos, hasta que uno de ellos tomó la palabra: "Mi pedido
es..... que me saquen un ojo, ya que de este modo a mi compañero le sacarán
los dos". El rey, al analizar el odio que existía entre ambos les dijo:
"Les sacarán los ojos a ambos, ya que no son dignos de recibir mi
bien".
El
valor del Shalom es en los momentos en que las ideas son distintas y no se
comparten los mismos criterios. Los que valoran su importancia prefieren conceder y
no transgredir la bendición del Shalom. "Busca el Shalom y persíguelo",
nos enseña el rey David en el Tehilim 34, puesto que realmente es sencillo no
discutir ni pelear cuando las ideas se comparten. "Osé Shalom
Bimromav" (Iob 25), o sea, "quien hace el Shalom en los Cielos",
porque nuestros Sabios nos enseñan que en los Cielos un ángel de fuego se
encuentra frente a un ángel de agua y sin embargo no se dañan, ya que ambos
fueron creados por el Todopoderoso con un solo deseo: servir a Quien creó el
agua y el fuego.
En una oportunidad, tres jóvenes se
encontraron en un camino que conducía a una ciudad. Cada uno de ellos se dirigía
a la ciudad por un motivo distinto. El primero tenía como objetivo encontrar
una mujer virtuosa con quien casarse, debido a que consideraba que ésa era la
base fundamental del hogar que deseaba construir. El segundo joven expuso que
todo su interés estaba concentrado en obtener dinero ya que, según su
criterio, era lo principal de su vida. El tercer joven buscaba un lugar donde
poder estudiar Torá con concentración y profundidad.
Eliahu Hanabi se presentó delante
de ellos con la apariencia de un anciano y le preguntó al que ambicionaba
dinero qué haría si realmente lo consiguiera. La respuesta del joven fue que
se dedicaría a hacer favores al prójimo y a dar caridad. Eliahu Hanabi le dijo
que no se olvidara nunca de lo que había dicho y le entregó una moneda
sin explicarle por qué lo hacía.
Cuando Eliahu Hanabi se dirigió al
joven que deseaba estudiar Torá, escuchó que éste prometía que en caso de
desarrollar sus conocimientos, se dedicaría a enseñar Torá a toda persona que
quisiera aprender sin importarle si se trataba de un niño o de un anciano.
Eliahu Hanabi le entregó un papel en el que estaban escritas las letras
del abecedario hebreo y le recordó que no olvidara su promesa.
El joven que deseaba casarse con una
mujer virtuosa le expresó al anciano que cuidaría como base fundamental de su
hogar el Shalom que reinaría en él. Eliahu Hanabi le indicó una puerta de la
ciudad en donde encontraría a su pareja y así el anciano desapareció de la
vista de los jóvenes.
El tiempo transcurrió y los tres jóvenes
consiguieron lo que tanto anhelaban. Después de unos años, Eliahu Hanabi
decidió probarlos para ver si cumplían con lo prometido. Se les presentó como
un anciano muy pobre con dos pequeños huérfanos de su mano. En principio se
presentó delante del joven que se había convertido en millonario y le solicitó
una ayuda para los pequeños huérfanos. El joven le respondió que no disponía
de tiempo para poder atenderlo. Eliahu Hanabi le recordó que tiempo atrás le
había dado una moneda. En ese momento, el joven se descontroló, buscó la
moneda, se la entregó al anciano y lo expulsó de su hogar. Al poco tiempo,
el joven perdió toda su fortuna en un mal negocio.
El anciano se dirigió con los dos
huérfanos del joven que había estudiado Torá para solicitarle que le enseñara
a los niños, porque éstos no tenían con quien hacerlo. La respuesta del joven
fue que no tenía tiempo para perder con los niños, debido a que estaba
estudiando temas muy profundos que requerían toda su concentración. Al
recordarle el anciano que tiempo atrás le había dado un papel con las letras
del abecedario, el joven se lo devolvió y se retiró del lugar. Al poco tiempo,
una enfermedad imprevista hizo que el sabio joven olvidara todo el estudio
que había adquirido.
El anciano se dirigió entonces con
los dos niños a la casa del joven que deseaba casarse con una mujer virtuosa.
Se encontró precisamente con la esposa que los atendió amablemente, les sirvió
de comer y les comentó que su esposo era pastor de ovejas y un excelente
marido. Cuando el joven regresó a su hogar y se encontró con los invitados,
bendijo a su esposa por haberlos atendido y por tener la cualidad de Abraham
Abinu de recibir huéspedes. A pesar de que no había quedado comida para él,
el joven no se enojó ni perdió la calma. Por el contrario, le ofreció dormir
en ese lugar al anciano y a los niños, pero Eliahu Hanabi le respondió: "Hace
un año te encontré en el camino con los otros jóvenes. Ellos no
cumplieron lo que prometieron; en cambio, tú mantuviste tu promesa de respetar
el Shalom de tu hogar y la Divinidad posa en él. Te hago entrega de la moneda y
del papel que les había entregado a ellos. Desde hoy en adelante dejarás de
ser pastor de ovejas para convertirte en el Rab de tu comunidad y además serás
millonario y honrado por todos. El Shalom Bait es la base de la riqueza y de la
felicidad".
Que se cumpla en nosotros la frase
con la que finalizamos la oración de todos los días: "Quien hace el
Shalom en los Cielos, Él hará paz sobre nosotros y sobre todo Su pueblo Israel
y dirán Amén".
¿Cuántos comentarios leímos en
nuestra vida sobre la importancia del Shalom Bait? Seguramente que muchos. Pero
debemos preguntarnos: ¿todos esos consejos de la Torá han servido para mejorar
nuestro comportamiento y corregir errores? O por el contrario, ¿somos los
mismos que antes, con la diferencia de que adquirimos conceptos que no llevamos
a la práctica? ¡Qué pregunta difícil! Pero real, ¿o no?
Imaginemos nosotros a un burro
cargado con los libros más filosóficos e importantes que existan en el mundo.
¿Por eso dejó de ser un burro? ¿De qué sirve saber si no se pone en práctica
lo que la Torá nos aconseja para nuestro bien?
El rey Shelomo en Mishlé 15 nos
enseña: "Un oído que escucha reproches en la vida, sólo en los
a, como si se tratara de un tema en
el que él no estaba involucrado. Mientras tanto, el Rab del lugar al escuchar
la disertación lloraba desconsoladamente. Cuando finalizó la conferencia, el
marido en cuestión se acercó al Rab para felicitarlo por sus palabras y le
dijo que compartía plenamente lo que había expresado. ¡Ni se dio por enterado
de que el mensaje era para él! El Rab del lugar que se había puesto a llorar
le agradeció al Rab porque las palabras vertidas lo habían hecho reflexionar.
Recordó que le había pedido a su señora que le corrigiera unos apuntes que
había escrito. "¿Acaso no le alcanza con todo el trabajo del
hogar?", reflexionó arrepentido el Rab. "¡Gracias por abrir mis
ojos!", le dijo al disertante. ¡Pensó que el mensaje era para él!
El Talmud dice, en Shabat 127, que
hay seis cosas por las que se recibe parte de pago en este mundo, quedando el
capital íntegro para el mundo venidero: recibir huéspedes, visitar
enfermos, concentrarse en la Tefilá, madrugar para ir al Bet Hamidrash, educar
a los hijos con Torá y juzgar al prójimo para el lado bueno.
Cada hogar judío debe estar basado
en el ejemplo de Abraham Abinu que abría las puertas de su hogar no sólo para
atender y dar de comer a los necesitados, sino por sobre todo para infundir la
fe en el Todopoderoso y acercar al huésped al cumplimiento de la Torá y
Mizvot. De esta manera, la casa judía se transforma en un pequeño santuario
que irradia Emuná, recibiendo con alegría y satisfacción a quienes la visitan
y alentando a quienes viven situaciones difíciles.
Se cuenta sobre un comerciante, que
visitó en una oportunidad una ciudad en busca de una mercadería determinada.
Al entrar a la dirección que le habían recomendado, se sorprendió al ver a un
vendedor bastante mayor que le contestó: "Lo siento, no tengo más esa
mercadería, pero la puedes conseguir en la casa de mi padre... que vive cerca
de acá". Sorprendido el comerciante por el hecho de que esa persona mayor
tuviera padre y que trabajara, fue a esa nueva dirección y se sorprendió al
ver a un anciano sentado en su silla trabajando, que le contestó: "Lo
lamento, yo tampoco tengo esa mercadería, pero la puedes conseguir... en lo de
mi padre, que vive cerca de acá". No podía creer el comerciante que este
anciano tuviera padre. Al llegar a la nueva dirección, se encontró con un
anciano que lo recibió y le vendió lo que necesitaba. El comerciante se animó
a preguntarle: "¿Qué mérito ha tenido usted para tener larga
vida?". Contestó el anciano: "El mérito es de mi señora y ahora
entenderás por qué".
En ese instante, apareció la señora
del anciano y éste le pidió que sirviera una porción de sandía para el
invitado. La señora regresó con una sandía enorme y el anciano le dijo:
"Nuestro invitado merece una sandía de mejor calidad; por favor, cámbiala
por otra". La señora regresó al instante con otra sandía y se repitió
la situación anterior, hasta que en la tercera oportunidad trajo una de la
calidad que la honra del huésped merecía. Después de comer, le preguntó el
anciano al comerciante: "¿Cuántas sandías crees que hay en nuestra
cocina?". El comerciante contestó: "Por lo menos tres". "Te
equivocas", le dijo el anciano, "sólo tenemos una, pero quise
mostrarte nuestra alegría por recibirte en nuestro hogar. Mi señora siempre
trajo la misma sandía. Ahora entiendes el mérito de mi mujer, ya que otra
hubiese dicho: ‘No tengo otra sandía’, avergonzándome a mí y a ti, pero
mi señora inteligente supo cómo comportarse correctamente por tu honor y por
el mío".
Aprendemos de este Maasé, cómo la
mujer trae la bendición y la alegría a su hogar atendiendo de buena forma a
sus invitados y poniendo en práctica las enseñanzas de Abraham Abinu.
Los motivos que llevan a formar un
matrimonio son distintos según se trate de una pareja observante de los
preceptos o de quienes se encuentran alejados de los mismos. En este último
caso, luego de un encuentro circunstancial se inicia una relación basada en una
atracción física y en un sentimiento de amor mutuo. Se llega a la conclusión
de que son tal para cual. Cualquier diferencia que pudiera existir, será
cubierta por el cariño mutuo que se dispensan.
Por varios motivos deciden casarse.
En primer lugar, para ayudarse uno al otro, serán felices, formarán una
familia, estarán acompañados en la vida y por sobre todo, se quieren tanto que
no hay motivo para no contraer enlace. Si analizamos más profundamente, nos
daremos cuenta que todos estos puntos giran sobre una misma base: el camino
al matrimonio es la mejor garantía para obtener los mayores beneficios desde
varios puntos de vista.
Cuando surgen desentendimientos
entre la pareja, esta base se desmorona y la puerta de la separación se abre de
par en par. La creencia de que el amor que sustentaba la relación cubriría
todos los inconvenientes no se cumplió en la práctica. ¿Por qué fue así? Porque
era un amor ficticio, basado en la belleza o en sueños imaginarios y no en el
análisis de las características verdaderas de la pareja.
Distinto por completo es el
matrimonio basado en los valores de la Torá. Sus integrantes saben la
importancia que cada familia tiene para el pueblo de Israel en general. Formar
un matrimonio es uno de los preceptos que la Torá establece, exactamente igual
como lo es ayunar en el día de Kipur. Por eso, el concepto de amor para
este tipo de parejas tiene otro significado. Para ellos, el amor es el medio
que otorgó Hashem al ser humano para alcanzar el objetivo: formar una familia.
Conceptos radicalmente opuestos a aquellos que se encuentran alejados de la Torá
y piensan que la formación de la familia es el medio para encontrar y
consolidar el amor preexistente.
Cuando la Torá relata que Izjak
Abinu contrae matrimonio con Ribka Imenu, el versículo de Bereshit 24 dice:
"Y la trajo Izjak (a Ribka) a la carpa de Sara, su madre, fue para él su
mujer y la amó". O sea que el verdadero amor que une a la pareja es
posterior al matrimonio. Cuando cada uno de sus integrantes observa la
preocupación y el esfuerzo del otro para complacerlo, los lazos del cariño
basados en los principios que la misma Torá establece, unen a la pareja por
toda la vida. Ese amor se multiplica con el correr de los días, a
diferencia de lo que sucede en otros hogares en donde cada vez se debilita más
luego del fervor existente en el noviazgo.
De ninguna manera se trata de
observar en forma negativa el sentimiento de amor que debe existir entre la
pareja. Entre las bendiciones que se formulan en el momento de la Jupá, la última
de ellas menciona: "Bendito Tú Di-s... que creó felicidad y alegría, al
novio y a la novia,... amor, hermandad, paz y compañerismo". El propio
Rambam en las Halajot que corresponden al matrimonio determina: "ordenaron
nuestros Jajamim que el hombre respete a su esposa más que a su propio cuerpo y
que la ame como a su cuerpo" (Halajot Ishut 15). Sólo que éste amor
está fundamentado en la valoración mutua que existe entre la pareja. No es
un amor condicionado por un motivo, ya que en ese caso cuando el mismo
desaparezca, el cariño se esfumará como si nunca hubiera existido. No depende
de instintos, deseos o placer, sino que se fundamenta en una visión no egoísta
que permitirá una elevación espiritual constante para alcanzar la verdadera
felicidad. El verdadero amor está basado en saber tolerar y brindarse por el
otro. Ese amor no está sustentado en la búsqueda de derechos o beneficios
personales.
Una de las diferencias básicas
entre el ser humano y el animal consiste en que éstos se preocupan sólo por sí
mismos. Nunca veremos a un perro o a un caballo que se moleste en llevar comida
a otros animales de su misma especie. Por el contrario, cada uno peleará con el
otro por la misma porción. El ser humano, creado a imagen y semejanza
Divina, debe entender y sentir la necesidad del prójimo y esforzarse por
ayudarlo.
En una oportunidad, un Iehudi se
presentó delante de su Rab para quejarse de un compañero que había abierto un
negocio similar al suyo en la misma calle. El Rab le contestó: "¿Sabes
por qué un caballo patea el agua de un arroyo cuando toma de ella? Sucede que
al inclinarse para beber y observar a ‘otro caballo’ con sus mismas
intenciones, se llena de furia y patea. Su falta de inteligencia no le permite
entender que el ‘otro caballo’ es él mismo y que el arroyo tiene agua
suficiente para ambos". El Rab terminó diciendo a su alumno que no debía
comportarse pensando que un hermano suyo le sacaría lo que a él le
corresponde. Debía alegrarse que existiera otro Iehudi que encontrase el
sustento para su familia. Por otra parte, no debía preocuparse, ya que Hashem
le daría a él lo necesario para la vida.
Este tema adquiere una relevancia
fundamental en el matrimonio, donde tanto el marido como la mujer se comportarán
como seres humanos sólo si realmente se preocupan por el otro y por sus
necesidades. Pero si se limitan solamente a buscar un provecho propio y a
recibir lo que necesitan, sin preocuparse por brindar al otro lo que éste
espera y le corresponde, no tendrán diferencia en sus actos con el
comportamiento de los animales.
Debemos trabajar sobre nosotros
mismos para sacar el egoísmo de nuestros corazones y llegar a sentir que somos
un sólo cuerpo junto a nuestra pareja.
El cariño es la base de la vida
matrimonial, ya que representa la unión que reclama la Torá: "Vehaiu
Lebazar Ejad" ("Serán un solo cuerpo"). Existen dos formas de
afecto: 1- Cariño para recibir, o sea querer a la otra parte por
provecho propio, para sentirse mejor. Esto es en verdad quererse a sí mismo,
porque significa estar preocupado por satisfacer sus propios deseos sin tener en
cuenta la voluntad del otro; y 2- Cariño para dar, se refiere a estar
dispuesto a sacrificar los intereses personales para conformar a la otra parte. Anularse
a sí mismo con tal de que el otro sea feliz.
Contrariamente a lo que piensa la
persona, está escrito en Masejet Derej Erez capítulo 2: "Si deseas amar
al prójimo, preocúpate por darle el bien". Nuestros Sabios nos enseñan: "No
se da porque se quiere, sino que se quiere porque se da". La raíz de
este sentimiento es que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Di-s. Él
nos da absolutamente todo sin recibir nada a cambio. Por eso, también el hombre
podrá amar al prójimo sólo después de haberse brindado íntegramente por él.
En una oportunidad, una persona fue
a comer a un lugar de primera categoría y ante la pregunta del mozo sobre qué
era lo que deseaba comer, le respondió: "yo quiero mucho a los
peces". El mozo se dirigió a la cocina y al poco tiempo trajo una bandeja
con distintas clases de pescados. Alguien que presenciaba lo que sucedía, con
mucha inocencia le dijo: "Tú no quieres a los peces, ya que si así fuera,
hubieras solicitado que te trajeran una pecera con peces de todo tipo. Lo que
sucede es que te quieres a ti mismo y como consecuencia de ello, te honras
comiendo pescado". El amor verdadero a alguien se demuestra por la
necesidad de brindarle todo lo que se encuentra al alcance de uno. Por eso, el término
"amor" en hebreo es "Ahabá", cuya raíz proviene de la
palabra "Hab" que significa dar.
Si cada uno de los integrantes de la
pareja tuviera ese sentimiento de unión hacia el otro y no hacia sí mismo, sería
fácil de hallar la felicidad que la Torá reclama para el hogar judío. Si
brindamos todo nuestro corazón a nuestra pareja, seremos correspondidos por el
mismo sentimiento, compartiendo un hogar lleno de alegría y felicidad.