Nuestras festividades
Por el RABINO IERAJMIEL BARYLKA
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No por antropológicamente colorida y exótica,
deja de ser la festividad de Purim, que celebramos este mes, una
de las más actuales. Tal vez la más política de todas ellas,
Purim nos habla de la posibilidad del individuo de dar la nota,
de producir el cambio. Purim y esta nota, además, encierran una
lección para muchas dirigencias judías en el mundo de hoy.
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"Así, estos días de Purim... no desaparecerán de entre los
judíos y su recuerdo no se perderá entre sus descendientes"...
(Ester)
Purim se celebra en los templos judíos cuando durante la lectura de
la meguilá (rollo) los niños y no pocos adultos toman cuanto objeto a
su alcance para alborotar durante la pronunciación del nombre de Hamán.
Tal es el grado de ruido y alboroto que se necesita interrumpir la
lectura repetidamente por muchos minutos hasta que reine un poco de
silencio… Purim se festeja también en los hogares, con festines, con
bebida copiosa "hasta que la confusión reine y no se pueda
distinguir entre bendecir a Mordejai y maldecir a Hamán". Los
humildes y los menesterosos celebran Purim recibiendo regalos y comidas
que puedan alegrarles en su carencia. Los amigos se preocupan en
preparar presentes para intercambiar con los cercanos y se distraen
luego en consumirlos, alejándose de dietas.
Pero, la reducción del festejo popular a las máscaras, fiestas de
disfraces, bailes con o sin elección de una reina (por lo general la
hija o la sobrina del presidente de la institución organizadora), como
se suele hacer en muchos países, o a una pugna entre "buenos y
malos", hacen perder la verdadera perspectiva de un hecho histórico
(que tantas veces se ha repetido en muchas geografías y tiempos con
otros nombres), hace magro favor a su verdadera esencia.
El rollo de Ester, canonizado como parte de las Escrituras, narra la
salvación de los judíos de los decretos de exterminio promulgados en
la época del imperio persa. Los acontecimientos se suceden como si
estuvieran guiados por la providencia y, si bien el rumbo general de los
hechos parece predestinado y en la historia actúan fuerzas más
poderosas que nosotros, al final de cuentas hay lugar para las
decisiones del individuo, quien en virtud de su resolución puede
cambiar el carácter y el desarrollo de los sucesos.
Del curso de esos acontecimientos aprendemos que siempre existe la
posibilidad humana de participar y en algunos casos hasta la obligación
de responder en tiempo y forma a las provocaciones y cambiar el
desenlace de las historias más traumáticas.
Ester, ubicada en el centro de la toma de decisiones, vacila, no cree
en su fuerza pese a su omnímodo poder. Quizá se sintió cómoda,
desentendida, dispensada de actuar, exonerada de compromisos y
desinformada: "Llamó Ester a Hatak... y le envió a Mordejai para
enterarse de lo que pasaba y a qué obedecía todo aquello" (4:5).
Nuestra heroína era pareja de un gobernante superficial que gustaba
exhibir a su esposa anterior sin ropas frente a su población... que
buscaba los favores del pueblo con comilonas, "para mostrarles la
riqueza y la gloria de su reino y el magnífico esplendor de su grandeza
durante muchos días"... que amaba la publicidad y que entregaba
las decisiones más importantes al subordinado que más le encandilaba,
y que no ahorraba en bebidas de alta graduación… "se bebía en
copas de oro de formas diversas y el vino ofrecido por el rey corría
con regia abundancia" (1: 5-7)... casi una síntesis de varios
gobernantes contemporáneos conocidos por todos nosotros, de cuyos poco
educativos modales nos acostumbramos con facilidad por la frecuencia de
sus apariciones en los periódicos y en la TV...
ESTER Y LOS "JUDIOS DE LA CORTE"
Ester tampoco actúa cuando ya está informada. Tiene temor o
simplemente su cabeza está en otro lado. Mordejai debe enviar su
mensaje perentorio: "No te imagines que por estar en el palacio
del rey, te vas a salvar tú sola entre todos los judíos. Porque, si
te empeñas en callar en esta ocasión, los judíos encontrarán ayuda
y salvación en otra parte, mientras que tú y la casa de tu padre
perecerán. ¡Quién sabe si precisamente para una ocasión semejante
has llegado a ser reina!" (4: 13-14).
Este mensaje le ayuda a redescubrir su identidad reprimida y puede
comenzar a actuar para desviar el curso de los acontecimientos.
Con el tiempo nos acostumbramos a tomar sólo algunos aspectos de
la personalidad de Ester y nos costó criticarla... pero, ya hemos
visto que judíos "de turno" colaboran muchas veces con regímenes
muy oscuros y simplemente antisemitas, gustosos de formar parte de la
corte y gozar de sus favores... y se olvidan que llegada la hora, serán
comprendidos en las generales de la ley. Dado que en nuestra generación
no abundan los Mordejai's, muchos siguen en lo suyo, sin
redescubrirse.
Todo había empezado aparentemente porque Mordejai no doblaba la
rodilla ni se postraba ante Hamán y éste se había llenado de ira
(3:5), y al enterarse la pertenencia de Mordejai al pueblo judío, de
pronto se percató que también en Persia "hay un pueblo
esparcido y disperso por entre los pueblos... cuyas leyes son diversas
de las de todo pueblo... (y que por lo tanto) no conviene al rey
dejarlos en paz" (3:8).
Muchas veces en la historia, judíos de la corte optaron por doblar
las rodillas y postrarse ante los dictadores y tiranos que pensaban
que pueblos distintos no merecen seguir existiendo. No salvaron al
pueblo. Tampoco ellos se protegieron de la absurda generalización que
provoca el odio.
La amenaza provoca aparentemente que Ester recupere su memoria histórica
y pueda actuar exclamando: "¿Cómo podré yo ver la desgracia
que amenaza a mi pueblo y la ruina de mis compatriotas?" (8:6).
También los judíos del reino "de las restantes provincias del
rey se reunieron para defender, contra sus enemigos, sus vidas y su
seguridad y obtuvieron descanso de sus enemigos... " (9:16).
Muchas veces se obtiene descanso de los enemigos reuniéndose para
defender los derechos avasallados. La seguridad de las minorías no se
regala, se obtiene con unión y disposición de lucha. También en
nuestros días, cuando en países europeos, asumen cargos políticos
quienes tienen como plataforma el odio al extranjero, habría que
proponer a los emigrantes la lectura de los versículos de Ester.
La lectura de la meguilá ayuda a convertir los días de Purim, en
"alegres festines y regocijo" para poder dar "regalos
de uno al otro y donaciones a los pobres" (9:22).
Porque no habrá fuerza que amenace a quienes seguros de su
identidad, no se arrodillan ante el poder de los hombres, si se
esconden en la efímera seguridad que dan los palacios y el servicio
servil a los gobernantes de turno.
El relato de Purim contiene un mensaje muy serio, que permite
lograr "esplendor, alegría, triunfo y gloria" (8:16), si
los pueblos comprendieran que la otra opción sólo los llevará a la
autodestrucción. No hay opción.
No en vano, Purim no perdió de su actualidad.
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