PREPARANDOSE PARA LA ETERNIDAD
Rabino Arie Kaplan Z"L
¿Por qué el hombre se torna a Dios cuando se enfrenta a la muerte? ¿Por
qué el soldado que se encuentra en una trinchera individual, rodeado por
bombas explotando a su alrededor, reza a Dios aunque nunca antes lo haya
hecho?.
Ningún hombre jamás ha escapado a la muerte, pero a través de Dios, el
hombre puede conquistar la muerte. Solamente Dios ha prometido que la
muerte transforma a la vida, que es un redespertar, el principio de una
nueva vida, una vida eterna.
Esta visión de la muerte es inherente a la forma en que la religión
aprehende al ser humano, una perspectiva mucho más amplia y profunda que
aquellas del bioquímico y del neurólogo. La Torá explica la creación del
hombre con una inusual metáfora: "Dios creó al hombre del polvo de la
tierra y sopló en sus narices aliento de vida. El hombre entonces se
convirtió en una criatura viviente". (Génesis 2:7). Dios no tiene
cuerpo, imágen o forma. ¿Cuál es entonces la intención de esta metáfora
antropomórfica? ¿Por qué la Torá enseña que Dios sopló un aliento en el
hombre?.
Confiando en Dios ya no tememos, pues verdaderamente no hay nada de qué
temer. Y cuando una persona ya no teme a su muerte, entonces ya por nada
sentirá temor. Sólo entonces, cuando ya no tememos es cuando realmente
comenzamos a vivir. Entonces verdaderamente experimentamos cada placer y
cada dolor. Comenzamos a vivir y estamos agradecidos por cada momento de
esta vida.
Un hombre que teme a la muerte es, en cierta manera, también temeroso de
la vida, pero cuando la muerte pierde su rostro aterrador, cuando se
convierte en un hecho valioso, entonces la vida merece ser vivida. Y
cuando tienes algo por lo que vivir - un ideal, una meta, un sentimiento
de fe- cuando la muerte llega, lo hace como un amigo bienvenido enviado
para introducirnos en una nueva vida. Un nuevo nacimiento.
La vida conciente del hombre no termina con la muerte; simplemente asume
una nueva forma - liberada del yugo de la carne material. El cuerpo
podrá morir, pero el espíritu continúa viviendo.
Podemos preguntarle al doctor, al biólogo y al neurólogo: ¿Qué le sucede
a una persona que ha muerto? ¿Por qué permanece inmóvil? Ellos
contestarán que el corazón paró de latir, cesó el suministro de sangre a
la mente y cientos pequeños cambios químicos han ocurrido. Un organismo
viviente ha sido transformado en un trozo de materia muerta. Lo que una
vez fue un ser humano con aspiraciones, que pensaba, ahora no es nada
más que un pellejo muerto.
Mas contamos con la promesa de Dios de que esta representación es
incompleta, de que el aliento de vida que creó al hombre sustentará al
cuerpo y al alma, eternamente. Tal promesa le fue efectuada al profeta
Isaías: "Pero vivirán Tus muertos. Los cadáveres de mi pueblo se
levantarán. Despertad y cantad, vosotros que morais en el polvo" (Isaías
26:19) La misma promesa fue reconfirmada al profeta Daniel: "Y los
muchos que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, algunos para
la vida eterna y otros para el oprobio eterno. Y los justos
resplandecerán con la lucidez del firmamento y los que hallan vuelto a
la justicia a muchos será, como las estrellas por siempre". (Daniel
12:2).
¿Qué sucede entonces cuando una persona muere? Nuestra observación de la
muerte nos lleva a la visión del doctor, es decir, que el hombre se
convierte simplemente en un cadáver. De hecho verdaderamente ocurren
pequeños cambios químicos en el tejido de la corteza cerebral. Cuando
esto sucede, el alma pierde todo contacto con el cuerpo - el mecanismo
receptor está muerto. El alma, una entidad constituída de espíritu puro,
de puro pensamiento, está ahora libre. La Biblia describe este fenómeno
en el libro Eclesiastes: "El polvo retornará a la tierra como lo estaba,
y el espíritu volverá a Dios Quien lo dio". (12:7). El cuerpo se
deteriora y retorna a los elementos de la tierra.
No sabemos a qué se parece exactamente la vida después de la muerte. Lo
sabremos cuando lleguemos allí. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que
Dios ha prometido una vida de recompensa Divina, de éxtasis sublime.
Dios ha prometido que nada en la experiencia humana, ya sea a través de
los sentidos o de la mente, puede compararse con el regocijo, la
felicidad y el deleite que el alma de un hombre experimenta cuando está
próxima a Dios en el mundo espiritual.
Concientizarse acerca de la propia muerte, suceda ahora o dentro de
sesenta años, puede ser algo atemorizante y aterrador. Nos entristece y
deprime imaginar que abandonamos todo a lo cual hemos dedicado nuestras
vidas - nuestros hogares, nuestras fortunas y nuestros seres amados.
Pero hay una fórmula para evitarlo. Todo lo que debemos hacer es creer.
Todo lo que tenemos que hacer es recordar a Dios, recordar Su promesa, y
recordar la existencia de nuestras almas.