POEMAS - AUTOR: ING. TEODORO R. FREJTMAN - DESDE MONTEVIDEO, URUGUAY
PREMIO CERTAMEN LITERARIO "POESIA PARA EL AMOR"
IMONTEVIDEO – URUGUAY
El paisaje de tu valle me confiesa
que la luna descendida hasta el pantano
se refleja en tu mirada y por tus manos
como bíblica virtud de la simpleza.
Si los brillos que inauguran la tibieza
te descubren silenciosa por el llano
se derriten en los salmos por un piano
que festeja tus desnudos piel cereza.
Como el hada que se esconde en la maleza
baja un cántico del cielo hasta tus planos
fecundándote de magia y de belleza.
Porque inundas los espacios del verano
con tu danza -lo sagrado que profesas-
en el cósmico jerosolimitano.
Cuando broten praderas
con las lunas doradas
sin dolor, y sin sangre
sin terror, ni venganzas
cantaremos los himnos
de Sión en el alma.
Cuando vuelva la tarde
con los cielos abiertos
y los odios se acallen
y se apaguen los fuegos
subiremos al monte
con antorchas al vuelo.
Cuando crezcan las horas
impregnadas de soles
y metrallas se entierren
y se escriban canciones
andaremos el alba
de Sión en acordes.
Cuando viva la tierra
extendida en abrazos
y las balas se mueran
y se acaben los llantos
beberemos un Pésaj
con sabores de sábado.
Cuando pinten las flores
horizontes sin pausas
y detengan misiles
y se extiendan las alas
bailaremos veredas
de crisoles de danzas.
Cuando sienta mi pueblo
el rumor de más nunca
y se envuelva de historia
y no palpe la angustia
alzaremos el brindis
de Sión sin penumbras.
Viento de barro, muros desalmados
grafittis en la carne de los pájaros muertos
sin color, sin edad, y sin espacio.
La tos del miedo, el músculo inerte
y el horror de exterminio
en almácigos.
No te olvides, terráqueo,
no te olvides, hermano,
no te olvides, humano.
Sé que soy de tus hijos más rebeldes
y sin causa, me apresuro en confesarlo,
cuando tengo de dolor las manos llenas
siempre vuelvo a tu vientre milenario.
Por tratar de estar ajeno, sin motivos,
y olvidarte, cierta vez,
por ocultarlo,
el castigo se me impone,
permanente,
de abrazarte entre mis sueños, cabalgando.
Fuiste tú quien provocó las mil señales
por mi error que recorrió todo el espanto,
que una noche de tinieblas borrascosas
me inundara de cegueras y rechazo.
Por la sangre que se acuña en mis rincones
y en el vértigo de un músculo de antaño
te renuevas en mi cuerpo,
trepidante,
con la fuerza de Moisés, como respaldo.
Pues provengo de la siembra de ese pueblo
que se hizo cual la luz del candelabro,
entre espigas de inmigrantes sinagogas
y las mieses del Talmud tan centenario.
Si atesoran mis alforjas el paisaje
de un Talit y Bar Mitzvá de trece años
desde donde se erigió mi mayoría
con color de judeidad, de amor y sábado.
Cómo pudo la penumbra separarme
de los hijos de Israel, de mis hermanos,
de Sión, del Rey David, y del Hatikvah,
la Toráh, el Iom Kippur y hasta los Salmos ?.
Pero un día retornaron a mi puerto
las presencias que mi olvido repararon
eran Golda, Ben Gurión, el propio Einstein,
Gerchunoff, el Barón Hirsch y Noé Yarcho.
Desde Herzl, Bialik, Buber, los profetas
a Dayán, a Ben Yehuda, entre otros tantos...
Más no pude resistir la voz del alma,
escuchar "ese" latido...
amalgamarnos...
Sé que he sido de tus hijos más rebeldes
y sin causa, me apresuro en confesarlo.