Pinejas
Cuando crecer no es sólo para niños
"Entonces Moshé habló a D-s diciendo: 'Nombre HaShem, el D-s de
los
Espíritus de toda carne, un hombre que esté sobre la congregación, que
salga delante de ellos y que entre delante de ellos; y que los haga a ellos
salir y entrar, para que no sea la congregación del Señor como ovejas que
no tienen pastor...' " (Cap.27: 15-17).
Moshé Rabenu -nuestro maestro-
definido bíblicamente como "anav micol
adám", el más humilde entre los hombres que habitaron la Tierra, da prueba
en esta ocasión no sólo de esa peculiar cualidad, sino de algo más. Nuestra
perashá nos presenta la
grandeza espiritual de ese "fiel pastor", quien aun
en los momentos más críticos, no olvida a su rebaño.
Nuestros Sabios rescatan esa maravillosa condición de su
personalidad,
acuñando la frase que dice: "...Para enseñarnos la alabanza
de los Tsadikím
-hombres decididamente justos- que aun en los instantes previos a su
muerte, postergan sus propias necesidades en aras de los requerimientos de
su comunidad" (Ialkut, en nombre de Sifré).
Mientras que un capítulo atrás asistíamos -con cierto asombro y
dolor- a la
sentencia Divina de: "Ve-neesaftá el améja" o sea, "...te habrás de reunir
con el resto de los mortales de tu pueblo", expresión que por otro lado,
nos viene a indicar el momento de la muerte física del ser humano;
es allí
cuando decíamos que precisamente Moshé se dirige al Todopoderoso rogándole
designe: "...un hombre que esté sobre la congregación".
Un nuevo líder. Alguien que venga a ocupar su lugar (el de Moshé, ni más ni
menos...) y cumplir con su rol de conductor. Ni más ni menos...
"Anojí" es en hebreo indicativo del "Yo", del ego. Prestemos atención por
un instante, que si leemos en cambio "Enojí",
estaremos presenciando al ser
que es "Egoísta"... Aparece sólo como cuestión de "vocales" y
lectura. Pero
no lo es. Allí donde se impone
el individuo y sus condiciones, es cuando no
debemos confundirnos con nuestros exclusivos intereses. Hay que tener mucho
cuidado. Un cambio de "vocal" puede acarrear tras de sí, una gran
confusión...
Moshé, nos
demuestra nuestra Torá, alcanzó la dimensión de la Grandeza
("Guedulá" en hebreo)
porque supo "tomar medidas", las propias y las de los
demás; porque supo reflejarse en el espejo de su prójimo, un rostro
diferente con sensaciones bien distintas, aunque empeñado tanto como él, en
una búsqueda...
En la búsqueda de la autenticidad de los seres humanos, esto es, la
cualidad que nos permite conocernos tal cual somos, con nuestras flaquezas
y limitaciones, por sobre todo. Sin olvidar, por cierto, la
pluripotencialidad escondida en cada uno y uno.
Por eso, creo entender que Moshé Rabenu fue grande. No sólo por el previsor
que hubo en él, sino y especialmente, por haber sido el precursor en
hacernos comprender que nuestro hacer, por nosotros y por los otros, debe
continuar más allá de que
estemos convencidos de que ya "no será igual".
La grandeza y el egoísmo no transitan el mismo sendero. Uno no
puede
"crecer para sí mismo".
Crecer es extender nuestra raíz, para que algo
nuevo pueda brotar... En el caso de Moshé, nuestro maestro, la flor de su
tronco es un alumno, un sucesor. Ése es simplemente su anhelo...
Pero volvamos al texto. El ruego de Moshé expresa: "Eloké haRujot lejol
basar..." - "D-s de los espíritus de toda carne", y el comentarista Rashí
se pregunta: "¿Por qué se expresó Moshé de esta manera?"
Y responde Rashí: "Dijo ante Él: ¡Soberano del Universo! Es sabido y
revelado ante Tu Presencia, que Tus hijos, el pueblo de Israel, piensan
todos de forma diferente. Prácticamente en nada se asemejan unos a otros.
Designa -te lo ruego- por sobre ellos un líder que pueda tolerar a
cada uno
con su respectiva idea".
¿Qué nos insinúa Rashí? Tal vez, que las cualidades y aptitudes
para la
conducción militar y política de un pueblo, requieren de un principio
básico, fundamental: "sablanut", de mucha paciencia, de extrema tolerancia.
Paciencia y tolerancia que emanan de un mismo lugar: el buen trato
hacia
los demás bajo los auspicios de "Ahabat Israel", o sea, el amor irrestricto
por el pueblo de Israel. Actitud que debe incluir el tomar la debida
conciencia de su destino, de su rol en la historia y sólo a partir de ello,
servir a la comunidad y aprender a sobrellevar sus pesares... Éste es, sin
duda, el objetivo más difícil. Y Moshé lo sabía por propia experiencia.
El Todopoderoso no hace esperar Su respuesta: "...Toma para ti
a
Ieoshúa...". Y explica Rashí:
"...tómalo con palabras seductoras: ¡Feliz de ti que has sido merecedor
para guiar a los hijos del Señor!"
Quiere decir que debe Moshé darle ánimo frente a
"ese pesado yugo" que
presupone tal conducción. Para Rashí, un líder es un "Eved ha-tsibur
u-meshartó". Simplemente:
"un esclavo y servidor de la congregación". Pero,
¿esto es todo? No, por cierto.
El Todopoderoso continúa hablándole a Moshé, respondiendo a su pedido:
"...Toma para ti a Ieoshúa, ish asher ruaj bo" - "Un
hombre en quien está
el espíritu", se nos agrega.
¿Qué significa
esta expresión? Para el autor de Or haJaím la expresión
"ruaj bo" estaría hablándonos de las aptitudes espirituales del líder,
aseverando: "Sherujó colelet et rujó shel
hakelál": cuyo espíritu pueda
abarcar e incluir el sentir de toda la comunidad.
Por otro lado, el autor de Kelí Iakar,
considera que "ruaj bo" se refiere a
la "capacidad interna de ser 'Erej Rúaj': ser paciente, longánimo.
Entonces... ¿sólo se debe ser bueno, paciente, tolerante; debemos tan sólo
servir y atender a la comunidad?
Rashí comenta la respuesta de
D-s diciendo: "...Tal como lo pediste
(hablando a Moshé) ...que pueda
enfrentarse con cada integrante del pueblo
de Israel". Comentario que, por cierto, despierta una aparente
contradicción entre lo "pedido" y lo "propuesto": Moshé que por su parte
solicita "un hombre que pueda comprender y tolerar a cada integrante del
pueblo", y El Santo Bendito Sea que responde: "...que pueda confrontar -en
sentido de oponerse- a cada uno y uno de ellos" (?!).
Veamos cómo lo resuelve Rabi Moshé Ben Najmán -Najmánides- z"l: Según este
autor, el buen líder debe reunir (interiormente) ambas cualidades. Siempre
su opinión deberá estar
presente junto a la de los demás; deberá por cierto
tener calma y ser tolerante hasta el último instante, tal cual lo dicho:
"...y que tolere a cada cual y sus pensamientos". Ser displicente y saber
perdonar las transgresiones, sean por omisión o por alevosía. Pero todo
esto, ¿en qué circunstancias? ¿Acaso siempre deberá obrar así? Y se nos
responde: en todos los asuntos que conciernan a las situaciones
personales, privadas o particulares del Líder. En todos aquellos aspectos
que no involucren el andar e interés comunitario.
Porque, observa el Rambán y nos advierte, el texto de la Torá agrega:
"...vetsivitá le-eneíém" - "habrás de ordenar ante sus ojos" de lo que
debemos inferir que: cuando se trate de temas relacionados con la
comunidad; cuando lo que esté en
juego sea el Tsibur (los fieles), allí el
dirigente deberá ser
implacable, no deberá para nada
temer imponer su
autoridad; allí es donde
deberá mantener sus principios
férreamente y
sostener sus convicciones cual "roca": "...Que sepa enfrentarse con cada
uno, y no ser arrastrado por otros 'Rujót' (Plural de Ruaj=Espíritu. En
sentido literal: Vientos); esos "vientos ocasionales que soplan en contadas
ocasiones desatando tempestades y sembrándolas".
He aquí una
semblanza de un líder. De cómo elegir a un Gran Líder. Y de
cómo él deberá ser.
Grande por lo que sostiene y no por quienes lo sostienen.