PERASHA PINJAS:

Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

"Todo tiempo pasado fue mejor"

 

¿Cuál fue la grandeza de Pinjas? La Torá lo enaltece por su actitud: "contuvo mi cólera de los hijos de Israel al celar mi celo entre ellos y no consumí a los hijos de Israel con mi celo" (Bamidbar 25). Pinjas no pudo soportar que se profanara el nombre de Hashem en forma pública cuando Zimrí ben Salu -príncipe de la tribu de Shimhon- tomó a la midianita Cozbi bat Sur. Su reacción fue instantánea: "Tomó una lanza en su mano... y los atravesó a ambos, al varón y a la mujer por el vientre y cesó la plaga sobre los hijos de Israel. Y fueron los muertos en la plaga, veinticuatro mil". El Midrash Rabá enumera doce milagros que sucedieron en ese momento para que Pinjas pudiera detener la epidemia con su actitud, pero la base que lo hizo posible fue que en su corazón existía un dolor puro y sincero frente a esa transgresión pública. Su celo por Di-s trajo el perdón a los hijos de Israel. La jurisprudencia así determina: "el que toma a una kenaanita, los celosos de Di-s pueden matarlo", pero esta regla no se podía enseñar en forma pública ya que dependía del sentimiento de cada uno. Hashem atestiguó con los milagros que sucedieron, que en el corazón de Pinjas no existía ningún interés personal, sólo el celo por Di-s. Por eso obtuvo el perdón para Israel.

 

El odio hacia el mal que existía en el corazón de Pinjas no le permitió ni siquiera observar cómo uno de sus hermanos pecaba. Por eso recibió como recompensa el sacerdocio eterno. Los mohabitas -por el contrario- habían hecho pecar al pueblo de Israel entregándoles a sus mujeres. Por eso, Hashem le ordenó a Moshe que antes de fallecer debía vengarse de los midianitas que habían tenido esa idea. Nuestros Sabios nos enseñan: "es más grave quien hace pecar a su compañero que quien lo mata". Este concepto tiene su fundamento en que el pecado provoca que la persona pierda este mundo y el venidero, mientras que asesinar a una persona es sólo interrumpir su vida terrenal, sin restarle nada de la eternidad que le aguarda.

 

Cuando la Torá se refiere al comportamiento que el pueblo de Israel debe tener para con los pueblos de Misraim y Edom nos enseña: "no desprecies al egipcio porque peregrino fuiste en su tierra" (Debarim 23). A pesar de la esclavitud a la que fueron sometidos por los egipcios; a pesar de los crímenes que se cometieron con niños indefensos, la Torá permite el ingreso de ese pueblo a la congregación de Hashem luego de tres generaciones posteriores a la conversión. Sin embargo, la Torá prohíbe el ingreso de los pueblos de Amon y Mohab a nuestra comunidad, por haber planeado junto a los midianitas hacer pecar al pueblo judío. Rabenu Iosef Jaim lo ejemplifica con una pregunta que le hizo la serpiente a la sanguijuela: "tenemos en común la misma profesión, ya que ambos mordemos al ser humano. ¿Por qué a ti te llevan con amor hacia sus casas y en mi caso buscan destruir mi cabeza?". La respuesta de la sanguijuela fue: "sucede que hay una diferencia fundamental entre nosotros. Mientras que tú muerdes e inyectas tu veneno en el cuerpo humano, yo muerdo y absorbo el veneno que existe en la persona hacia mi cuerpo". El Rab concluye diciendo que los egipcios por medio de los sufrimientos con los que esclavizaron al pueblo judío, los purificaron de todos sus pecados dejándolos aptos para poder escuchar la palabra Divina en el monte de Sinai. Los midianitas -por el contrario- impurificaron el alma del pueblo judío haciéndolos caer en la idolatría y en pecados con mujeres de ese pueblo.

 

Retomando el tema del corazón puro de Pinjas, nuestros Sabios nos marcan una diferencia de concepto entre la visión del mundo sobre el paso de las generaciones y la óptica de la Torá al respecto. El Talmud en Shabat 112 nos enseña: "si los primeros (los Sabios de las primeras generaciones) eran como ángeles, nosotros somos como seres humanos; pero si ellos eran como seres humanos, nosotros somos como burros y ni siquiera como el burro de Ribi Pinjas ben Iair ni como el de Ribi Janina ben Dosa, sino como un burro cualquiera". El Talmud se refiere a que el nivel de las generaciones se encuentra en un descenso continuo y ésa es la base del respeto que debemos tener hacia los Sabios que nos precedieron. Nadie puede en la actualidad interpretar la Torá como lo hizo Rashi, el Rambam, Rabenu Iosef Caro o el Gaon de Vilna, por sólo citar algunos de los grandes Sabios de Israel.

 

Frente a esta visión, nos encontramos con la óptica del mundo moderno que sostiene que el progreso continuo determina una superioridad de esta época sobre las anteriores. El desarrollo científico y tecnológico parece corroborar este criterio. El hombre primitivo que vivía en condiciones de difícil mantenimiento, disfruta hoy de lujos y confort que ni siquiera fueron imaginados por nuestros antepasados. La medicina se desarrolla a pasos gigantes y alcanza logros importantes, tales como transplantes de órganos y operaciones de alta complejidad que permiten alargar vidas humanas. En todos los órdenes, los adelantos que existen nos hacen creer que esta generación es superior a las que la precedieron. ¿Contradice esta visión a la óptica de nuestros Sabios? De ninguna forma, lo que sucede es que el parámetro para medir esa evolución difiere completamente entre esas visiones. Para la Torá, el criterio que determina el valor de la persona no es su sabiduría y desarrollo, sino que se resume en una frase clásica de nuestros Sabios: "Di-s quiere el corazón". Este "pequeño" detalle es el que establece la diferencia. Rabá -uno de los Sabios más importantes del Talmud- comenta en Sanhedrin 106 que su generación era más estudiosa que la de Rab Iehuda que los había precedido. Sin embargo -continúa Rabá- en los momentos de apremio y dificultad, clamamos al Todopoderoso y no recibimos respuesta alguna, mientras que en la generación de Rab Iehuda cuando los Sabios decretaban un ayuno para el Sibur por la sequía que soportaban, Rab Iehuda no alcanzaba ni siquiera a descalzarse -como símbolo de dolor- y las lluvias caían como respuesta del cielo frente al pedido del Sibur. Rabá se preguntaba el motivo de esa diferencia y se respondía a sí mismo diciendo que radicaba en el sentimiento y corazón de ambas generaciones.

 

Pero ¿de qué corazón hablamos? Evidentemente, que no nos referimos al simple buen deseo o sentimiento, ya que no debemos menospreciar el valor del los actos, fundamentales dentro del concepto de la Torá. El concepto al que nos referimos sobre que Hashem desea el corazón de la persona es mucho más profundo aún. Se trata de encontrar una conexión directa con Hashem, que no sólo dependa del raciocinio y entendimiento, sino de sentir y observar con el corazón la presencia Divina en todos nuestros actos. "Y amarás a Hashem tu Di-s con todo tu corazón" (Debarim 6); Rashi comenta este versículo diciendo que el corazón no debe estar dividido en el cariño a Hashem. De la misma manera que quien convive con alguien llega a conocerlo por su propio medio y sin intermediarios, así debe ser el corazón judío: sentir la "mano" de Di-s que lo acompaña en toda la vida.

 

¿Cómo alcanzar este objetivo? El estudio de la Torá es uno de los medios que disponemos: "Y serán estas palabras que yo te ordeno hoy sobre tu corazón" (Debarim 6), ya que por intermedio de ella la persona alcanza en parte a reconocer a su Creador. La Tefilá -conocida como el servicio del corazón- es otro de los caminos que nos llevan al objetivo de reconocer a Hashem. No se reclama del ser humano que simplemente exprese con su boca lo que está escrito en un libro de oración, sino que como comenta el Rambam en su libro Mishne Torá: "su corazón debe estar libre de todo pensamiento y debe considerarse a sí mismo que se encuentra frente a Hashem". Se trata de la conexión directa a la que nos habíamos referido y que en las generaciones anteriores era tan clara que la respuesta de Hashem era automática. Es lo que sucedió con Rab Iehuda quien recibió la respuesta de Hashem incluso antes de descalzarse, ya que Di-s reclama el corazón humano y precisamente ésa era la característica de Rab Iehuda. Otro de los puntos en donde se refleja la existencia del corazón es en la autocrítica y en la reflexión continua. En principio, se debe analizar si los actos que realizamos son negativos para poder corregirlos. En el caso de que fueran positivos, debemos investigar si no existe la posibilidad de mejorarlos aún más. Quien no se comporta así, puede llegar al peor de los abismos. Para encontrar la reflexión, es necesario poseer un corazón sincero que investigue la verdad y que no se conforme con respuestas parciales acomodadas al interés propio.

 

Por supuesto que el corazón puro es necesario no sólo en la relación con Hashem, sino también en la relación con el prójimo. La base de una sociedad digna se sustenta en la preocupación por atender necesidades ajenas. Para eso, es indispensable que el corazón sienta el dolor del otro. Sobre Moshe Rabenu la Torá nos enseña que al ver que sus hermanos eran esclavizados en Egipto, sufría con ellos a pesar de que él estaba libre. Rashi comenta sobre el versículo "Y vió sus aflicciones" (Shemot 2), que sus ojos y su corazón estaban dolidos por ellos. No se trataba de una simple preocupación por intentar mejorar la situación, sino que sentía el sufrimiento del pueblo como si fuera en su propia carne.

 

Evidentemente, que ahora podemos comprender por qué Ribi Elazar ben Araj respondió a su maestro Ribi Iojanan ben Zakai diciendo que el "buen corazón" es la cualidad por excelencia que la persona debe elegir en su vida. El maestro estuvo de acuerdo, ya que dentro de esa respuesta estaban incluidas todas las otras contestaciones que habían dado los Sabios. En este punto, se encuentra la diferencia entre las primeras y últimas generaciones. Dijo Ribi Iojanan: "el corazón de las primeras generaciones era como la puerta de un gran salón, el de las últimas generaciones sólo como la puerta del Hejal y el nuestro, sólo como el orificio de una aguja" (Erubim 53). La diferencia a la que Ribi Iojanan se refería, no radicaba sólo en elementos técnicos derivados de la inteligencia humana o del desarrollo de la ciencia, sino que se expresaba en el sentimiento del corazón frente al Todopoderoso. No se reflejaba tampoco en el progreso del estudio de la Torá, ya que es probable que en nuestra generación se estudie más que en la de nuestros abuelos. Baruj Hashem, hay más escuelas; Ieshibot; Bet Iaacob; Templos con distintos Minianim y cursos de Torá; Mizvot que se cumplen con esplendor; computadoras que revisan Mezuzot y Sifré Torá. Pero falta el sentimiento, la entrega y el cariño por las Mizvot que nuestros antepasados poseían dispuestos incluso a entregar sus vidas por la Torá. Nuestros hogares pueden ser más lujosos y confortables, pero no es sencillo encontrar el alma unida a Di-s de nuestros abuelos.

 

Comenzamos estas tres semanas aciagas del pueblo judío que concluyen en el nueve de Ab, fecha en la que se destruyeron el primer y segundo Bet Hamikdash. La Gueulá aún no llega. ¿Cuál es la causa? Quizás sea porque nuestro corazón no está unido a Hashem. Pensamos y reclamamos por nuestros problemas y sufrimientos, pero nos olvidamos de pedir por Di-s. También El sufre con nosotros: "En todos los sufrimientos de Israel, El sufre" (Ieshaia 63). ¿Quién se acuerda de pedir por El? Sólo buscamos nuestra tranquilidad y bienestar en este mundo y en el venidero. Nadie piensa en sacar a Hashem de su sufrimiento por no poder estar con sus hijos y así no vendrá el Mashiaj. ¿Quién piensa por la honra de Di-s? ¿A quién le duele realmente que el Bet Hamikdash no se encuentre construido? ¿Quién piensa y se concentra de verdad cuando dice en la Tefilá: "Y haz que nuestros ojos vean tu vuelta a Sión con piedad"?

 

Éste es el reclamo de hoy: que el corazón del pueblo judío se encuentre plenamente al servicio de Hashem. Niños judíos eran llevados por el régimen ruso a Siberia, para que olvidaran su estilo de vida y renegaran de su fe. Las condiciones de vida eran difíciles, los hacían dormir con animales y eran liberados a los cincuenta años sin nada para llevarse. Sin embargo pudieron mantenerse y seguir siendo judíos. Dos Sabios fueron a hacer Tefilá con ellos en el día de Kipur. Cuando llegó el momento de la Nehilá, se encontraron con el dilema de quien sería el Jazán: ¿uno de los Sabios visitantes o quien los dirigía y protegía durante todo el año para que no renegaran de su fe? Todos optaron por su propio dirigente, quien comenzó a llorar antes de decir el Kadish, alzó sus ojos al cielo y dijo: "Señor del mundo ¿qué piden los Iehudim en este momento clave en donde las puertas del Shamaim se cierran? Tres temas fundamentales son la base de los pedidos: vida, sustento e hijos. Nosotros -continuó diciendo- no pedimos vida, ya que quizás es preferible la muerte antes que vivir en estas condiciones; hijos tampoco solicitamos porque no pudimos casarnos al estar prisioneros; por el sustento debemos conformarnos con lo que nuestros opresores nos dan. ¿Qué es -entonces- lo que nosotros pedimos? Sólo pedimos por Ti: "Itgadal Veitkadash Shemé Rabá" (que se engrandezca y se santifique Su gran nombre)". Ese sentimiento es el que hoy se perdió, buscar la honra de Di-s y que su nombre sea alabado y reconocido por todos es lo que nos está faltando.

 

Pinjas no pudo soportar que la honra de Di-s fuera despreciada a la vista de todo el pueblo. Fue el único que reaccionó y salvó al pueblo de Israel del exterminio. Debemos recoger su mensaje, uniendo nuestro corazón al Todopoderoso, acercando a nuestros hermanos al camino de la Torá, para poder tener el mérito de recibir al Mashiaj Sidkenu. Amén.