Nuestra madre Rajel (falleció el 11 de Jeshván) y el Dr. Max Nordau

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El Dr. Max Nordau, uno de los primeros asistentes del Dr. Biniamín Zeev Herzl, relataba lo siguiente:

 

Cierto día en París, cuando atendía pacientes en mi consultorio particular, acudió a él con un niño de ocho o nueve años una mujer pobre que vivía en el barrio de los judíos.

 

Vi que el niño era avispado, pero noté que no dominaba corrientemente el francés. Le pregunté en qué escuela estudiaba y me respondió quedamente, como avergonzado, que asistía al Talmud Torá. La madre, como justificándose, añadió que su esposo, el padre del niño, pertenecía a la vieja generación y que no quería que el niño concurriera a la escuela pública antes de que terminara sus estudios en el Talmud Torá.

 

En aquel momento pensé casi con ira en ese hombre a la vieja usanza que impedía que su hijo tuviera acceso a la educación europea, y con un poco de sorna pregunté al niño qué aprendía en el Talmud Torá.

 

El niño se conmovió profundamente y de inmediato empezó a relatar en yídish lo que había aprendido un día antes de caer enfermo. Con gran entusiasmo me dijo lo siguiente:

 

Estudiábamos Parashat Vaiejí del Libro del Génesis, y habíamos llegado al capítulo 48:7, en el que dice: “Porque cuando yo venía de Padán Aram se me murió Rajel en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrat, y la sepulté allí, en el camino de Efrat, que es Beit Léjem”.

 

El maestro nos explicó el comentario de Rashí sobre ese versículo, en el que aclara que nuestro patriarca Iaacov dijo a su hijo Iosef:

 

Sé que te ocasiono molestias al pedirte que me sepultes en la Tierra de Canaán, aunque no hice lo mismo con tu madre: ella murió cerca de Beit Léjem y no la conduje ni siquiera allí para hacerla ingresar a la Tierra de Canaán. Yo sabía que me guardabas encono por ello, pero quiero que sepas que la sepulté en el camino por orden divina, a fin de que pueda brindar ayuda a sus hijos. Cuando marchen al exilio impuesto por Nevuzaradaj y pasen por allí, Rajel saldrá de su tumba, llorará y pedirá compasión para ellos, tal como dice en Jeremías 31:15: “Una voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Rajel que se lamenta por sus hijos y no quiere ser consolada”... Y D´s le responde: “Salario hay para tu trabajo... y los hijos volverán a su propia tierra”.

 

 

El Dr. Max Nordau prosiguió su relato: En ese momento me estremecí hondamente y todas las fibras de mi corazón empezaron a temblar con unción. Me puse de pie, abracé al niño, lo besé en la frente y me dije: Un pueblo como éste, que conserva recuerdos como éste durante miles de años y los arraiga en los corazones de sus niños, no habrá de morir, y tiene asegurada la vida eterna.

 

El Dr. Nordau concluyó: Esto sucedió en tiempos del affaire Dreyfus, cuando yo empezaba a poner en duda la “justicia” de las demás naciones hacia Israel, y puedo afirmar que aquel niño fue uno de los factores que contribuyeron a mi retorno al judaísmo y a la fe en la eternidad de Israel, y de mi acercamiento al sionismo.