PERASHA NOAJ:
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización
de publicar esta sección
"¿Querer
o dar?"
El principal tema que la Torá trata en esta Perasha es el del
Diluvio Universal ocurrido en el año 1656 de la Creación. El
Talmud en Sanhedrin 108 comenta en nombre de Rab Jana bar Bizna, que Eliezer -el
sirviente de Abraham Abinu- le preguntó a Shem -el hijo de Noaj- cómo
habían podido ocuparse de alimentar a cada animal dentro del arca. La
respuesta de Shem fue que realmente habían sufrido mucho para poder
hacerlo, ya que cada animal poseía sus propias características y
se alimentaba en un horario distinto. Continuó Shem diciendo:
"tuvimos inconvenientes con algunos de esos animales: con el camaleón,
por ejemplo, no sabíamos cuál era su comida, hasta que en un
momento en que Noaj, el padre de Shem, estaba pelando una granada, salió
un gusano de ella y el camaleón lo comió; así supimos cuál
era su alimento. El león tuvo un tipo de fiebre que le permitía
permanecer un mínimo de seis días y hasta un máximo de doce
sin alimentarse. El ave fénix, por su parte, se apartó en un rincón
de la Tebá y cuando le preguntamos el motivo, contestó que lo había
visto tan ocupado a Noaj que no quería molestarlo. La bendición de
Noaj consistió en que viviera eternamente por haber tenido ese buen
comportamiento".
El Rab Eliahu Lapian Z"L en su libro Leb Eliahu formula el siguiente
comentario: "Todo lo sucedido en la Tebá fue milagroso. La enorme
cantidad de animales, aves e insectos que existen en el mundo es innumerable.
Alguno de ellos posee un tamaño gigante como por ejemplo sucede con el
elefante. Ni siquiera alcanzaban diez arcas del tamaño de la que existió
para introducir a todas las especies que -por otra parte- se introducían
por su propia cuenta en la Tebá demostrando el milagro que sucedía.
¿Por qué Noaj y sus hijos se preocupaban personalmente en dar de comer a
todos los animales y no se apoyaban en algún milagro que seguramente
ocurriría? Ciertamente, Hashem le había ordenado llevar comida
para todos ellos. Pero, ¿acaso no podía dejarla toda junta en un solo
lugar sin ocuparse de atender a cada uno de los animales en forma
particular?". La respuesta del Rab Lapian Z"L es que Noaj debía
cumplir con la Mizva de imitar el favor Divino. Así como Hashem mantiene
a todos los seres del mundo, también Noaj debía alimentarlos por
un año y se preocupó de hacerlo de la mejor manera posible. Prácticamente
no durmió durante todo ese tiempo, como bien comenta el Midrash Tanjumá.
Precisamente ése fue el mérito para que Noaj pudiera salvar
su vida junto a su familia. Sobre el versículo de Mishle 23: "no
envidie tu corazón a los pecadores, sino a los que temen a Di-s todo el día",
nuestros Jajamim comentan que Shem -el hijo de Noaj- le dijo a Abraham Abinu
que, por la Sedaká que habían hecho con los animales y las aves,
tuvieron el mérito de salir con vida de la Tebá. Abraham Abinu
dedujo que si él se ocupara de hacer favores no solamente a los animales,
sino también a los seres humanos, se salvaría de cualquier mala
situación y caería en gracia a los ojos de Hashem. Instantáneamente,
se ocupó de que su casa estuviera abierta para dar alojamiento y
alimentos para todos los que quisieran visitarlo.
En síntesis, gracias a la dedicación de Noaj y sus hijos
por mantener a los animales, todos pudieron salir de la Tebá. De lo
contrario, hubiesen quedado en ella por el resto de sus vidas. Sin embargo y a
pesar de todo el esfuerzo que habían hecho, cuando Noaj se atrasó
en dar la comida al león, éste lo mordió en su pierna y lo
dejó rengo. En el caso de un Sadik como Noaj, debió haber
calculado el momento exacto en el que el león necesitaba su alimento
después de esos doce días a los que nos referimos anteriormente.
Al no hacerlo, recibió su castigo y sobre él está escrito:
"el Sadik en la tierra recibe su castigo" (Mishle 11), para así
poder recibir todo el pago de sus buenas obras en el mundo venidero.
Si meditamos sobre lo expuesto, deduciremos que, si Noaj y sus hijos se
preocuparon hasta tal extremo por alimentar a animales, aves e insectos, tanto más
debemos nosotros esforzarnos en ayudar al prójimo en todo lo que se
encuentre al alcance de nuestras manos. Por otra parte, podremos analizar qué
grave y profundo es el Juicio Divino y cómo Hashem juzga a los Sadikim
con una vara especial.
El Talmud en Taanit 21 comenta al respecto sobre Najum Ish Gam Zo, un
Sadik que solía decir que todo lo que Hashem hace es para bien. De ahí
proviene su nombre que significa: "Najum, el hombre que dice: todo es para
bien". Era ciego, le faltaban sus manos y piernas y su cuerpo padecía
lepra. Las patas de su cama estaban colocadas sobre recipientes llenos de agua
para que las hormigas no subieran por ellas, ya que no tenía manos para
poder sacarlas. Su casa estaba a punto de derrumbarse. Sus alumnos quisieron
sacar, en principio, su cama y luego los objetos que estaban dentro de ella.
Najum les dijo que en primer lugar retiraran los objetos y luego la cama, porque
durante todo el tiempo que él se encontrara dentro de la casa, ésta
no se derrumbaría. Sus alumnos sorprendidos, le preguntaron: "si
usted es tan Sadik, ¿por qué sufre tanto?". Najum contestó
que él mismo era el responsable de lo que le sucedía, ya que en
una oportunidad en la que se dirigía a la casa de su suegro con tres
burros cargados de alimentos, bebidas y obsequios, se le presentó un
pobre pidiéndole una Sedaká. Mientras lo hizo esperar hasta poder
sacar la comida de la montura del animal, el hombre falleció. "Me
acerqué a su lado -continuó Najum- y le dije: mis ojos que no
tuvieron piedad, que queden ciegos; mis manos y piernas que no se apiadaron de
las tuyas, que se corten; que todo mi cuerpo se llene de lepra". Sus
alumnos impresionados le dijeron: "pobre de nosotros que lo vemos en estas
condiciones". La respuesta de Najum fue: "pobre de mí si no me
hubieran visto en estas condiciones", demostrando que había
preferido recibir ese terrible castigo en este mundo para que no le quedara
reservado para el venidero. Pero analizando bien, ¿qué fue lo que hizo?
¡No se demoró ni siquiera un instante! ¡No fue su culpa! El Saba
Mikelem Z"L explicó que Najum se reclamó a sí mismo no
haber pensado que se le podía presentar una situación de ese tipo.
Se culpó por no haber llevado en su bolsillo algún alimento para
darle a ese pobre en forma instantánea. Estadísticamente, las
posibilidades de que esto sucediera eran prácticamente nulas, sin embargo
Najum se reclamó a sí mismo por no haberlo previsto. El Rab
Iehoshua Mikalez Z"L, después del mediodía del día de
Kipur observaba a sus alumnos de una manera especial, sin que nadie supiera el
motivo. Un año, uno de ellos sufrió una enfermedad y necesitaba
comer algo en forma urgente. El Rab sacó de su bolsillo alimentos y salvó
así su vida. Ahí todos comprendieron el comportamiento del Rab
durante todos esos años, que seguramente había estado basado en lo
que le había sucedido a Najum Ish Gam Zo.
Retomando el tema de Noaj, ¿cómo hizo para brindarse de esa forma
por todos los animales? La clave radica en la orden que Hashem le había
dado: "debes tomar para ti de todo tipo de comida y será para ti y
para ellos (los animales) vuestro alimento" (Bereshit 6). Uno de los
comentaristas de la Torá, el Keli Iakar, explica que el término
"para ti" significa que Noaj debía tomar de su propia comida y
no podía conseguirla del resto de la gente, aunque sabía que
finalmente morirían en el diluvio. De esta forma, el milagro sería
mayor aún, ya que Noaj no disponía de todo el alimento necesario
para el tiempo que permanecerían en la Tebá. El Rab Jaim
Shmulevish Z"L en su libro Sijot Musar explica sobre el mismo tema, que el
motivo por el que Noaj debió alimentar a los animales de su propio
pecunio, fue para que adquiriese el cariño necesario hacia ellos para
poder brindarse como realmente lo hizo. Contrariamente a lo que piensa la
persona, está escrito en Masejet Derej Erez capítulo 2: "Si
deseas amar al prójimo, preocúpate por darle el bien".
Nuestros Sabios nos enseñan: "no se da porque se quiere, sino que se
quiere porque se da". La raíz de este sentimiento es que el hombre
está hecho a imagen y semejanza de Di-s y el Todopoderoso es el bien que
nos da absolutamente todo sin recibir nada a cambio. Por eso, también el
hombre podrá amar al prójimo sólo después de haberse
brindado íntegramente por él.
En una oportunidad, una persona fue a comer a un lugar refinado y ante la
pregunta del mozo sobre qué era lo que deseaba comer, le respondió:
"yo quiero mucho a los peces". El mozo se dirigió a la cocina y
al poco tiempo trajo una bandeja con distintas clases de pescados. Alguien que
presenciaba lo que sucedía, con mucha inocencia, pero con inteligencia le
dijo: "Tú no quieres a los peces, ya que si así fuera,
hubieras solicitado que te trajeran una pecera con peces de todo tipo. Lo que
sucede es que te quieres a ti mismo y en consecuencia de ello te honras comiendo
pescado". El amor verdadero a alguien se demuestra por la necesidad de
brindarle todo lo que se encuentre al alcance de uno. Por eso, el término
"amor" en hebreo es "Ahabá", cuya raíz
proviene de la palabra "Hab" que significa dar.
En resumen, uno de los puntos básicos de la Torá es la
relación con el prójimo. No debemos pensar que el término
"prójimo" se refiere al vecino o al amigo solamente, sino que
comienza por los que se encuentran en nuestro propio hogar: la esposa, el marido
y los hijos.
Noaj nos enseña que para llegar al verdadero cariño debemos
preocuparnos por brindar cada vez más. No debemos equivocarnos en
reclamar en forma continua -como sucede lamentablemente en muchos casos- por lo
que no recibimos de la otra parte. Lo normal es -no nos referimos a casos patológicos-
que nadie prefiere recibir sin tener oportunidad de dar. Brindemos todo lo que
podamos al prójimo, seguramente así lo vamos a querer aún más
y seremos correspondidos por el mismo sentimiento, compartiendo una sociedad
llena de alegría y felicidad.