DARJEI NOAM

Autor y revisor: Simjá Raz

TRADUCCION: ORNA STOLIAR

 

 

PARASHAT NÓAJ

 

 

"Dijo, pues, D´s a Nóaj: He decidido el fin de todo ser, porque la

tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que Yo los

destruiré con la tierra" (Génesis 6:13).

Entre el hombre y su prójimo

Parashat Nóaj lleva el nombre de la persona elegida por el Creador para proseguir con la existencia del género humano una vez decretado el exterminio del mundo y todo lo que contiene. De acuerdo con lo que se menciona en Maséjet Avot 5, las diez generaciones desde Adam hasta Nóaj fueron pecadoras y criminales, y sólo al concluir este largo período de diez generaciones, impregnadas de pecados entre el hombre y su prójimo, se decretó el advenimiento del Diluvio sobre el mundo.

Nuestros sabios z´l señalaron en diversas circunstancias que, a pesar del hecho de que los integrantes de la generación del Diluvio habían sido pecadores y criminales con respecto a D´s, su castigo sólo fue estipulado a raíz de su vulneración del patrimonio ajeno. En el Talmud (Maséjet Sanedrín 108, 1) dice lo siguiente:

"Dijo Rabí Iojanán:

Veamos cuán intenso es el poder de la iniquidad (cuán grave es la transgresión del robo), pues la generación del Diluvio cometió todas las transgresiones existentes pero no se le decretó un castigo severo hasta que tendieron las manos al robo; tal como dice en Génesis 6:13: "porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que Yo los destruiré junto con la tierra".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"En ese mismo día entró Nóaj... con él en el arca; ellos y todos los

animales silvestres según sus especies, y todos los animales

domesticados... y toda ave según su especie" (Génesis 7:13-14).

No a raíz del temor

En el arca de Nóaj se congregaron hombres y fieras, animales y aves, serpientes y escorpiones y toda clase de reptiles que pululaban sobre la tierra; todos convivieron juntos y en paz, sin hacerse daño ni destruirse los unos a los otros, sin devorarse ni perjudicarse mutuamente. Por consiguiente, cabe entonces preguntarnos qué grandeza hay en la visión profética de los Tiempos Postreros "morará el lobo con el cordero", si esto ya había sucedido en los tiempos de Nóaj.

Pero en realidad, en los Tiempos Postreros se producirá una gran novedad, porque durante el Diluvio todos habían convivido pacíficamente en momentos en que el peligro de muerte acechaba a todos por igual. En momentos como aquéllos era natural que las fieras y los animales se unieran y se reconciliaran, ante el terrible peligro que se cernía sobre ellos.

Más aún, entre los seres humanos sucede también que los partidos se reúnan y reconcilien para crear un frente común con fines de defensa y seguridad. Pero la visión del profeta "morará el lobo con el cordero" sólo fue pronunciada con respecto a los Tiempos Postreros, en días de paz y sosiego. Y es un importante pregón anunciar que el acercamiento de los corazones entre las criaturas no habrá de surgir a raíz del temor inspirado por un grave peligro que las amenace, sino por la amplitud de miras, la profundización del entendimiento y la pureza de las cualidades del alma.

 

 

 

"Porque el instinto del corazón del hombre es malo desde su juventud" (Génesis 8:21).

El aspecto positivo del instinto del mal

Así como todas las cualidades y aptitudes pueden ser aprovechadas de manera positiva o negativa, sucede lo mismo con los instintos del ser humano. Nuestros sabios percibieron un aspecto positivo aun en el instinto del mal creado en el hombre, tal como dice en Midrash Bereshit Rabá 9:

"Dijo Rabí Shmuel Bar Najmán:

´Y he aquí que era bueno´ es el instinto del bien; ´y he aquí que era bueno en gran manera´ (Génesis 1:30) es el instinto del mal. ¿Cómo puede ser bueno el instinto del mal? Si no fuera por él, el hombre no construiría una casa y no desposaría a una mujer, no engendraría hijos y no se dedicaría a los oficios y el comercio".

¿Qué aspecto tendría el mundo sin el instinto del mal? El Talmud nos ofrece la respuesta a este interrogante en Maséjet Iomá 69, 2:

"Cuando acabaron con el instinto del mal de la idolatría dijeron: Como éste es un momento de gracia, pidamos misericordia para el instinto del mal de la transgresión. Pidieron misericordia y les fue concedida. Les dijo el profeta: Ved, si acabáis con éste (el instinto del mal), se destruirá el mundo. Lo mantuvieron encerrado durante tres días, y en toda Eretz Israel no se podía encontrar un huevo fresco, porque sin el instinto del mal, las gallinas no se acoplaban con los gallos y no ponían huevos. Se preguntaron. ¿Qué haremos ahora? Si acabamos con él (con el instinto del mal), el mundo será destruido.

Así podemos ver que no hay mal que por bien no venga, y que aun los instintos del hombre pueden ser aprovechados positivamente para el bien del mundo. Para eso fue concedido el entendimiento al ser humano: para que sepa distinguir entre el bien y el mal, entre lo positivo y lo negativo. Todo esto ha sido otorgado y conferido al corazón humano.

 

 

 

¿A qué se parece el instinto del mal?

Rabí Najmán de Breslau solía decir:

El instinto del mal se parece a una persona que camina y corre entre otras con la mano cerrada, sin que nadie sepa qué hay en ella. El individuoengaña a todos preguntando: ¿Qué llevo en la mano?

En esos momentos, cada uno supone que él oculta en la mano precisamente lo que cada uno desea para sí; por eso todos corren tras él. Cuando el individuo detiene un instante su carrera y abre la mano, pueden comprobar que está vacía y que no lleva nada.

De la misma manera, el instinto del mal engaña a todo el mundo y todos corren tras él. En su error, cada uno imagina que lleva en la mano lo que desean y anhelan. Finalmente, el instinto del mal abre la mano y todos ven que no hay nada en ella, y que esa persona que solía decir a todos "Llenaré tu alforja", está vacía y hueca de todo contenido.

 

Rabí Najmán de Breslau decía también:

Todos los deseos de este mundo se parecen a un rayo de luz del sol que penetra en la casa. Una persona casi puede tocarlo y quiere atraparlo con la mano, pero no lo logra porque sólo existe gracias al movimiento del sol. Por más que intente atrapar y capturar el rayo del sol, la mano sigue vacía. El rayo del deseo es igual: los deseos de este mundo no pueden ser capturados con las manos.

 

 

 

 

 

El nivel del ser humano es superior al del ángel

Rabí Schneur Zalman de Lady leía cierta vez la Torá en el crepúsculo del sábado, y hablaba de la santidad de los ángeles y de su perenne adhesión a la Divinidad. El rabino hablaba como era habitual en él, con gran profundidad. Paulatinamente, mientras hacía referencia al mundo de los ángeles, su rostro fue empalideciendo, y a medida que hablaba se tornaba cada vez más pálido.

Los jasidim se asustaron, pero el hijo mayor de Rabí Schneur Zalman de Lady tomó la manga de su padre y le susurró: Nuestro maestro Rabí Israel Báal Shem Tov solía decir que cuando un simple carretero besa los flecos de su talit, en las alturas eso es considerado más importante que las alabanzas  del ángel Mijael. Y el rabino volvió en sí.

Ese carretero que besa los flecos de su talit lo hace a partir de su propia decisión, mientras que los ángeles han sido credos para loar y alabar. El ángel disfruta permanentemente del brillo de la Shejiná, no es de carne y hueso, sus sentidos no pujan dentro de él y sus instintos no combaten entre sí; mientras que la función del hombre en el mundo es doblegar a su instinto en el meollo de deseos contrapuestos que bullen dentro de él, que se ponen de manifiesto a partir de la libre decisión del ser humano. A partir de esa decisión se está construyendo permanentemente, y de esa manera se convierte en copartícipe de D´s en el acto de la Creación.

 

 

Shabat Shalom