Nitsabim

Saber cómo pararse

y para qué permanecer de pie

La presente perashá -"Nitsabím"- que significa "estar firmemente parados",

se lee siempre en el Shabat que precede a un nuevo año. Así fue establecido

por los "Sofrím", maestros del judaísmo a quienes debemos en cierta medida,

la reactivación de la enseñanza y lectura pública de nuestra Torá en

tiempos del "Retorno a Tsión" desde el exilio babilónico. A su vez, fueron

ellos y sus sucesores los que "fijaron" -con el correr de los tiempos- la

lectura de la Ley de Moshé durante cada Shabat del año, teniendo en cuenta

principalmente los momentos festivos y las conmemoraciones que acaecían a

lo largo del período en que la lectura tenía lugar. Así es como nos

explicamos que la perashá de "Nitsabím" sea indefectiblemente leída en las

Sinagogas, el Sábado anterior a Rosh HaShaná. Y no olvidemos, por otro

lado, que la misma nos anuncia casi el fin del quinto y último libro de

nuestra Torá, a saber: Debarím.

Por lo tanto, sirva este prólogo, para poder captar cuán importante es la

lectura que nos ofrece el texto bíblico de este Shabat; lectura que se

inicia con los últimos mensajes con que Moshé se despide de su pueblo. Así

leeremos el siguiente párrafo:

"Que este mandamiento que Yo te ordeno hoy, no es él incomprensible para

ti, y él no está lejos. No está él en los cielos para decir: ¿Quién subirá

por nosotros a los cielos y lo tomará para nosotros y nos lo hará escuchar

para que lo cumplamos? Y no está él allende el mar para decir: ¿Quién

pasará por nosotros allende el mar, y lo tomará para nosotros, y nos lo

hará escuchar y lo cumplamos? Pues muy próximo a ti está, en tu boca y en

tu corazón, para cumplirlo". (Deuteronomio Cap. 30:11-14).

Así queda planteado, con palabras simples y fáciles, uno de los aspectos

centrales que hacen a nuestra vinculación con lo judaico. Y aunque las

palabras suenen fáciles, creemos que el sentido que ellas mismas generan,

provocan en nosotros la admiración, la duda, la pregunta: ¿a qué

mandamiento -Mitsvá- se refiere el texto? Y por otro lado: ¿por qué mi boca

y mi corazón son los "instrumentos" para alcanzar su cumplimiento? Y

también: ¿quién está lejos: la Mitsvá de la persona física, o tal vez

seamos nosotros quienes nos hemos alejado tanto, que nos parecen

inalcanzables?

Claro que, a todo esto, deberíamos hallar alguna respuesta que nos

relacione la perashá con el tiempo que se inicia: el mes de Tishré, signado

por un nuevo año, por el día de Kipur, por el tiempo del regocijo -que

representa Sucot- y en última instancia, por un período de evaluación

sincera, práctica, redimensionada de nuestro quehacer.

Entonces, tratemos de ir por orden, ya que el texto así nos lo propone...

Dice Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, sabio judeo-francés, 1040-1105), que el

párrafo en cuestión se refiere a la Torá en su totalidad: "...Aun si la

Torá estuviera en los cielos, sería aconsejable escalar hacia lo alto hasta

alcanzarla", aunque el texto nos previene: "No está en los cielos". "No es

incomprensible para ti", ni "...te es ocultada" al decir de Rashí; sino que

Te ha sido revelada, descubierta claramente delante de ti. "Pues muy

próxima a ti está", quiere decir, según Rashí: "La Torá que les fue

entregada en forma escrita y oral".

Asimismo, Ibn Ezrá (Rabí Abraham Ibn Ezra, sabio judeo-español, 1092-1169)

entiende, al referirse al final de la cita, "En tu boca y en tu corazón"

que: "...Todas las mitsvot radican principalmente en el corazón, y hay

entre ellas, que son recordadas por la boca, para fortalecer el corazón,

así como hay hechos que fuimos ordenados a cumplir para que los recordemos

a través del habla (la boca)".

Sin embargo, Rambán (Rabí Moshé ben Najmán, Gerona 1194-Israel 1270) así

como Seforno (Rabí Ovadiá Seforno, exégeta y médico judeo-italiano,

1475-1550), entienden que el mandamiento -Mitsvá- a la que se refiere el

texto es la Mitsvá de Teshuvá = Arrepentimiento sincero, mandamiento que

"No te es incomprensible", como para "que necesites de profetas"; "ni está

lejos", como para "que precises de los Sabios de aquella generación que

están muy lejos de ti para que te expliquen la forma de cómo poder hacerla,

aun si estuvieras en la diáspora".

"En tu boca y en tu corazón para hacerla": "Deberás reconocer tus

transgresiones en tu corazón, así como frente a Quién las has hecho;

arrepentirte, y pronunciarlo -a modo de confesión (Vidui)-, por medio de tu

boca, y enmendarlo".

¿Contradicción? ¿Opuestos? No. En absoluto.

Torá y Teshuvá conforman los dos aspectos esenciales de la "voluntad" de

D-s. Tanto la Torá como la Teshuvá, "precedieron a la Creación del mundo"

al decir de nuestros Sabios.

La Torá, nuestra Torá representa el mismísimo orden cósmico, su Neshamá, la

esencia vital del comienzo, así como su sentido existencial.

Frente a ella, la Teshuvá, representa la cualidad de Renovación permanente,

constante, algo así como "encontrarse todos sus días (el hombre) en franco

arrepentimiento, como para poder acercar al mundo a un estado ideal de

elevación y dignidad" (Así lo expresa el Rabino Shelomó Aviner, citando el

Maharal de Praga).

Así entonces, superada la "primera valla" interpretativa, nos será fácil

comprender que esta Mitsvá, trátese de la Torá (la totalidad del

conocimiento) o bien de la Teshuvá (la totalidad de la conducta del ser),

no es una estación que "quede lejos". No son ellas quienes se alejan de mí,

más bien soy yo quien no he intentado acercarme a comprender mi esencia

como judío y como ser humano. Sólo a través de "mi boca y mi corazón", vale

decir, a través de mi expresión y mi actitud, lograré acercarme, pues si no

me expreso como judío, seguramente, la "parada quedará lejos", ¡muy lejos!

Pero esa "boca" que genera la palabra que me lleve a la acción, debe estar

acompañada: "Tu corazón" dice la Torá: no el corazón que anida sólo

sentimientos de amor u odio circunstanciales. No. Es otro el corazón

bíblico. Es tu cabeza, nido de pensamiento, de la actitud, de la reflexión,

de tu "humanidad intelectual", la que también debe actuar. Y tu boca y tu

corazón, son sólo tuyos. Nadie los puede dominar, educar y actuar mejor que

tú.

Así, en la dimensión bíblica, no debemos dejarlo "solo a D-s". Y en ambos

sentidos: de soledad y de exclusividad. Él nos está esperando. Con un

"regalo" de nuestras bocas, con una "entrega" de nuestro corazón, que nos

ayude a "alcanzar" aquello que parece lejano, ¡y que está frente a nosotros

mismos!

Tal vez ya podamos comprender, el porqué de la coincidencia de tremendo

testimonio con la cercanía de un nuevo año: un tiempo nuevo, un hombre

nuevo. Redescubrir nuestras potencias, que anidan en nuestra boca y nuestro

corazón, para dar lugar, para crear el espacio donde la Torá y la Teshuvá

representen la originalidad de nuestro judaísmo y de nuestro accionar

humano.

Y durante Rosh HaShaná nuestros labios pronunciarán plegarias. Y será

también la boca quien nos conmocione con el sonido del Shofar. Tendremos

activa esa "fuerza". ¿Podremos abrir nuestro corazón y hacerlo permeable al

decir de nuestras bocas? Compromisos, promesas, palabras. Que el nuevo año

nos permita conjugar, adecuadamente, la célebre frase rabínica que, para

definir al hombre lógico, ecuánime, comprometido con su realidad y su ser,

dijeron:

"Siempre deberá ser el hombre: 'Ajat ba-pé veajat baLeb' ", es decir: "Una

sola cosa que salga de sus boca y una sola cosa que salga de su corazón".

Que nuestras bocas y nuestros corazones "piensen, hablen y hagan" lo mismo.

Sin contradicciones, sin negativas. Para eso, la perashá empieza diciendo:

"Atem Nitzavím" - "Vosotros estáis hoy firmemente parados". Estar parados

firmemente, y haber echado raíces profundas y crecer. ¿Qué posición

adoptaremos para el próximo año?

Nos encontramos transitando los últimos días del año. Estamos hojeando las

últimas páginas de nuestro calendario hebreo. Existe, por cierto, una

íntima sensación de que algo está concluyendo, un tiempo que arriba a su

fin. Lo mismo ocurre con nuestra lectura anual del Séfer Torá, como

asimismo los días de Moshé Rabenu se acercan a su final.

"Atém nitsabím ha-iom". De acuerdo con la tradición rabínica, estas

palabras, así como las últimas perashiot de la Torá -que se refieren al

pacto, al canto de Haazinu y a la bendición-, fueron pronunciadas durante

el último día de la vida de Moshé.

Final y conclusión. Antes de su partida física, Moshé Rabenu, nos dejará su

palabra -sentida y penetrante-, pero por sobre todo, una palabra que lleva

dentro de sí la conjunción de toda su vida y su obra por el pueblo judío:

serán estas palabras -las postreras-, el medio para establecer con el

pueblo de Israel un pacto de eternidad, una lección moral para el futuro,

para unirse a ellos a través de una canción, para prevenir, testimoniar y

bendecir... Y todo en un día. Pues así fue su vida. Una pasión por la

palabra, por el ruego, por su amor a D-s, por su entrega hacia Israel...

Estamos frente a un nuevo comienzo. Perashat "Nitsabím" nos confronta

siempre con el nuevo año. "Vosotros estáis firmemente parados hoy, delante

del Señor vuestro D-s..." son las primeras palabras de nuestra lectura

semanal. ¿Cómo poder entender las sabias palabras de nuestra Torá, hoy, a

horas tan sólo de un ciclo que concluye? Pues debemos reconocer sin duda,

que el año transcurrido ha albergado dentro de sí todos los aspectos, los

buenos y los otros; trabajo, ocupaciones y pre-ocupaciones; fracasos,

frustraciones y alegrías; toda la fuerza y toda la impotencia; el vigor y

la debilidad... Y todo ello nos encontraría con "cierto cansancio", hasta

diríamos un "tanto vencidos", por lo que nuestra posición no sería tan

fácil de mantener erguida...

Y aquí la Torá nos propone: ..."Vosotros" -Atém, en hebreo- "estáis

firmemente parados" - "Nitsabím", hoy, este día, como todos los días...

Estar firmemente parados, presupone estar en posición erguida, como

dijimos. Más allá de todo, por sobre todas las cosas, debo estar Nitsab....

de pie, frente a mi continuidad, frente a mi nuevo desafío que se abre con

el nuevo año...

¿Por qué, nos preguntamos? ¿Si hemos aprendido que frente al nuevo año,

frente a cada "Iom ha-Dín" - "día del juicio" (que es uno de los aspectos

dominantes de Rosh HaShaná), debemos presentarnos ante D-s, con el corazón

afligido, en "posición encorvada" (como símbolo de humildad y abatimiento),

y hasta con temor frente al tiempo que nos toca vivir, y que de acuerdo con

la tradición rabínica "los libros de la vida y de la muerte están abiertos

ante D-s", durante este crucial período?

Si bien todo lo dicho es profundamente cierto, no debemos olvidar ni por un

instante el mensaje de nuestra perashá. "vosotros estáis firmemente

parados... delante del Señor, vuestro D-s..." Estamos en el último día de

un año. Difícil, con más o menos inconvenientes, con cosas aún no

resueltas, con otras que ni siquiera pudieron ver la luz; con aspiraciones

que se siguen postergando con el correr de los meses; con sensaciones tan

contradictorias que no nos permiten -a veces- reconocernos a nosotros

mismos...Todo ello genera algo en nosotros. Sin duda. Pero no habrá que

"echar nada por la ventana". Todo lo habremos de traer a nuestra Tefilá por

el nuevo año. Pero antes, la Torá me pide, me aconseja, me sugiere, también

ella, en sus últimas aseveraciones y conociendo todo aquello que transcurre

muy dentro mío y que no siempre me permite "mantenerme parado", o en otras

palabras sentir la estabilidad necesaria para poder continuar, lo

siguiente: "Atém Nitsabím haiom kulejém..." Para comenzar hay que estar

firmemente parado, firmemente sostenido, con "zekifut komá", es decir, en

posición erguida, con la cabeza bien alta, como para poder captar algo de

la santidad que me propone el comienzo de un nuevo ciclo. ¡No podemos

ingresar al nuevo año con la "cabeza gacha" que generaron las situaciones

del pasado! ¡No debemos encorvar nuestra posición por los problemas que

acarreamos desde no sabemos cuándo! Por supuesto que Rosh HaShaná y su

juicio, para la vida esperemos, nos imponen un modelo para nuestra postura

física. Tanto como lo insinúa lo doblado del shofar, que simboliza al ser

humano que ingresa al nuevo año en esa posición, pero que el día anterior

fue invitado a sentirse "erguido", porque habría de presentarse ante D-s,

ni más ni menos...

Estar firmemente parados, para nuestra Torá, representa la condición de

estabilidad mínima -física y espiritual- que se requiere de nosotros en la

conclusión de un tiempo, y para el inicio de otro. "ATeM" -vosotros,

ustedes- "otiót EMeT", sostenían los sabios de Israel. La palabra

"vosotros" en hebreo, puede leerse también (cambiando letras de lugar) como

"Emet": y emet quiere decir "verdad". Como insinuándonos que la verdad es

patrimonio del grupo, de la sociedad, no tan sólo de individuos... Porque

lograremos estar parados -firmemente-, en la medida que "kulejém" - "todos

vosotros" todos ustedes lo estén, sostenidos y "sosteniendo"...

Así lo aseveraba el rabí Menajem Mendel de Kotsk: "Atém", las mismas letras

(en hebreo) que "Emet". La verdad es la que le proporciona al ser humano

estabilidad, el poder "estar parado" (es decir mantenerse de pie) y

asegurarle una existencia que lo dignifique, pues la mentira -decía el rabí

de Kotsk- "no tiene patas", o tal como nosotros lo decimos: "la mentira

tiene patas cortas".

Así confiamos en este comienzo: que sea "Atem", una verdadera unión de

todos los individuos que conforman un grupo, una comunidad para hacer de

esa unión "Emet", para que del pueblo judío todo emerja, cual luz, la

verdad; "Nitsabím", para que podamos estar firmemente sostenidos y

estabilizados para presentarnos ante Él durante el nuevo año que se inicia;

"Haiom", hoy y todos los días que nos presentemos ante Él, pues "el hombre

es juzgado a cada instante de su vida"; "Kulejém", todos vosotros, desde

los más grandes hasta los más pequeños... Allí comienza el Pacto. Allí

donde estamos todos; donde todos pueden afirmarse y afianzarse. Allí cuando

en medio de todos, puede aflorar la verdad... Allí comienza la Santidad, la

sensación de mi cercanía con Él. Donde los "años" se tocan casi uno con

otro, en un "abrir y cerrar de ojos", cuando mis fuerzas desfallecen, en

ese momento Él me pide que me yerga ante Su presencia. Con los míos, con

ustedes, con todo el pueblo judío. Para que el nuevo año lo empiece

conjugando en plural... atem, y con la verdad, emet... ¡LeShaná tobá

tikatebu ve-tejatemu! ¡Tizcú le-shanim rabot!

 

Vaielej

Vestirnos de personas simples

Rabí Levi Itzjak de Berdichev, uno de los más conocidos y queridos primeros

líderes del jasidismo, contaba la siguiente parábola para ilustrar la

relación entre el Toque del Shofar en Rosh HaShaná y el toque de Shofar en

el Monte Sinaí cuando recibimos la Torá: "Una vez, mientras estaba cazando,

un rey pasó por un bosque denso y grande. Cuando se encontraba en lo más

profundo del bosque se perdió y no pudo encontrar el camino de regreso a

casa. El monarca vio varios aldeanos y labriegos, pero cuando les pidió que

lo guiaran, éstos no lo reconocieron porque nunca habían viajado por el

camino del rey y no estaban familiarizados con él.

"Entonces, el rey se encontró con un hombre sabio y comprensivo y, tan

pronto como el monarca le preguntó acerca de la ruta, ese hombre se dio

cuenta de que se trataba del rey en persona. Con gran reverencia y respeto

el hombre obedeció a su rey inmediatamente. Por ser muy sabio, conocía cada

vuelta del camino principal; guió al rey de vuelta al palacio y se ocupó de

que éste tomara el lugar que le correspondía en el trono.

"El rey se sintió complacido con este hombre tan sabio; lo designó para

ocupar una posición muy importante, más alta que la de todos los otros

príncipes y nobles; lo hizo vestir con las mejores ropas y ordenó que sus

viejas ropas fueran guardadas como recuerdo entre los tesoros reales.

"Pasaron muchos años. El hombre sabio cometió un serio pecado en contra del

rey. Éste se enfureció y ordenó a los principales príncipes y nobles que

juzgaran a su antiguo amigo como rebelde en contra del rey. Ahora el hombre

sabio se encontraba en una situación desesperante, porque sabía que

aquellos que se rebelaban en contra del rey recibían la pena de muerte. El

acusado cayó de rodillas ante el rey y le pidió e imploró que, antes de que

se dictara la sentencia, se le concediera un último favor: que se le

permitiera vestirse con las viejas ropas que había usado muchos años atrás,

cuando había conocido al rey en el bosque y que el rey también se vistiera

con las ropas que había usado en aquella ocasión.

"El rey accedió a su pedido. Cuando el sabio se puso sus viejas ropas y el

rey, a su vez, se vistió con su antiguo traje de cacería, el rey recordó la

enorme bondad demostrada por el hombre sabio tantos años atrás. Se acordó

de cómo éste lo había llevado de vuelta a palacio y lo había devuelto a su

trono; sintió piedad y compasión, y perdonó a su viejo amigo totalmente,

devolviéndole su anterior puesto".

"Así ocurrió con nosotros, el pueblo de Israel" -asevera el autor de

Kedushat Leví- "en el momento de la Entrega de la Torá, en que el

Todopoderoso se la presentó a todas las naciones del mundo, mas éstas se

negaron a aceptarla. Pero nosotros, los hijos de Israel, aceptamos la Torá

con tal alegría y placer que hasta nos comprometimos a 'obedecerla antes de

entenderla'. Asumimos con responsabilidad el 'Yugo del Reinado de D-s', lo

hicimos Rey nuestro y nos comprometimos a obedecer Sus mandamientos, Sus

estatutos y Su Sagrada Torá" (de la misma manera que el sabio en el bosque

devolviera al rey a su reinado).

Todo esto ocurrió hace miles de años, en tiempos de Matán Torá. Y desde

entonces hemos transgredido Su Voluntad, y nos hemos rebelado contra Él

rutinariamente. Al acercarse Rosh HaShaná, sabemos que nos enfrentaremos a

un Juicio, "Iom Ha-Dín". Sabemos también que el juicio tiene "dos caras":

la del rigor y la de la misericordia.Y sentimos temor frente a ese juicio

que se ha iniciado durante Rosh HaShaná, y que llegará a su fin en el

sagrado día de Iom Ha-Kipurím -el Día del Perdón-, pues sabemos también,

que Él nos juzgará por todas nuestras faltas expuestas, aunque también por

aquellas que no habremos de pronunciar, nuestras "transgresiones ocultas",

que de acuerdo al texto de nuestro majzor "también tienes presente ante

Ti"...

Del mismo modo que el amigo del rey conocía el castigo correspondiente a un

rebelde, así también conocemos que, por derecho, cada hombre debe ser

juzgado estrictamente de acuerdo a lo que hizo.

Por eso hacemos sonar el Shofar en Rosh HaShaná y en la conclusión de Iom

Ha-Kipurím (entre otros motivos): nos "vestimos" con los mismos ropajes que

cuando ocurrió la entrega de la Torá, para que D-s recuerde que nosotros la

aceptamos y que en el Monte Sinai lo coronamos Rey, por medio del sonido

del Shofar...

Estamos en Shabat Shuvá. El sábado intermedio. Nos hallamos transitando los

primeros días del año, días que reciben un nombre propio: "aseret iemé

teshuvá", los diez días del arrepentimiento. Hacia un lado Rosh HaShaná: el

tiempo en que el Rey vino a nuestro encuentro, en palabras del relato.

Hacia el otro lado Iom HaKipurim: el tiempo en que cada uno de nosotros se

dirige al encuentro con D-s...

Uno me habla de Juicio y Reino de D-s. El otro me está insinuando el

profundo misterio del arrepentimiento sincero... No olvidemos, por favor,

ni por un instanste, que este Iom Kipur nos trae a nuestra memoria un nuevo

Matán Torá: las tablas de la Ley, las enteras, fueron entregadas el

mismísimo día de Kipur... En silencio, en quietud, en plegaria, cada uno

elevando su oración hacia el Todopoderoso para que olvide, borre, y

erradique definitivamente los aspectos negativos que hicieron a nuestra

existencia hasta el momento...

En medio de estas "dos montañas", un Shabat. El tiempo para reflexionar, y

volver a mostrarnos tal cual somos, tal como queremos ser, tal como lo

soñamos algún día... Un Shabat para elegir "el vestuario más simple, más

honesto y adecuado" que nos permita llegar al día de Kipur y, que cuando

nos enfrentemos en nuestra soledad con D-s, Él nos reconozca, nos recuerde,

y recuerde aquel momento, cuando solemnemente, casi estremecidos y

aturdidos, confundidos y emocionados, lo "acompañábamos" a Él a ser Rey, y

nosotros su ministro principal.

Es tiempo de Teshuvá. De respuestas múltiples y de toma de iniciativas. Es

tiempo de "Shuvá": de retornar, de volver. Volver a ese entonces y volver a

vestirnos con las ropas más simples -que no por ello dejan de ser las más

bellas-, para lograr el reconocimiento de D-s únicamente. Para que nos

permita ligarnos a la vida, al libro de la bendición, la paz, y el

sustento. Eso quería insinuar el Rabí de Berdichev. ¿Cómo habremos de

presentarnos el próximo Iom Kipur? ¿Qué ropas elegiremos? ¿Cómo haremos

para que el Rey nos reconozca? Hay muchas preguntas por cierto. Quiera D-s

que también haya respuestas. Por nosotros. Por la vida. Por todo lo que

empieza. Para no perdernos más en la espesura de nuestras propias

contradicciones, indecisiones y actitudes rebeldes, que no hacen más que

alejarnos de un Rey, un Amigo Verdadero, que nos dio todo el poder y la

decisión, para hacer de nuestras vidas todo lo feliz que deseamos hacer de

ella, o que al menos decimos que queremos hacer de la misma. He aquí el

punto de unión. Sólo nosotros sabemos dónde va colocado el "acento"...

"¡Guemar jatimá tová!"