Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

PERASHA NASO:

"La fuente de la bendición"

 

Esta Perasha que consta de 176 versículos es la más extensa de todas las que componen el Sefer Torá. Evidentemente que no se trata de un número casual, ya que el tratado más extenso del Talmud -Babá Batrá- posee 176 hojas y el capítulo más extenso del Tehilim también posee 176 versículos. Muchos son los temas que se desarrollan en esta Perasha, pero dentro de ella adquiere relevancia una pequeña porción -de sólo seis versículos- de una importancia fundamental: la bendición de los Cohanim. Intentemos analizar no sólo el contenido sino también el sentido de esta Berajá.

 

"Y habló Hashem a Moshe diciendo... Dile a Aharon y a sus hijos: así bendecirán a los hijos de Israel diciéndoles a ellos..." (Bamidbar 6). De esta forma comienzan estos versículos y Rashi nos da en principio dos bases fundamentales para que la bendición tenga efecto: que todos escuchen a los Cohanim en ese momento y que el Cohen bendiga con todo su corazón y concentrado en lo que está haciendo. Precisamente, los Cohanim deben decir una Berajá previa a la bendición que dirán al pueblo en la que recuerdan "que nos santificaste con la Kedushá de Aharon y nos ordenaste bendecir al pueblo de Israel con amor". ¿Cuál es el sentido de la expresión "con amor"? ¡Todos los preceptos deben ser cumplidos con sentimiento y devoción! ¿Acaso cuando -por ejemplo- colocamos el Tefilin decimos en la bendición correspondiente "con amor"? La respuesta de nuestros Sabios es que para que la Berajá de los Cohanim tenga efecto, debe existir un amor recíproco del Cohen hacia el pueblo y de éste al Cohen. Por consiguiente, podemos entender la costumbre de algunas comunidades de saludar a los Cohanim al concluir la bendición diciendo: "Se fuerte y bendito", agradeciendo así por la Mizva que realizaron. ¿Cuál es el sentido del agradecimiento si en realidad están obligados a hacerlo? La explicación es que les agradecen por haberlo hecho con amor y con todo el corazón.

 

No se puede incluir a todo un Sibur en una misma Berajá, ya que no siempre lo que alguien considera bendición representa lo mismo para el otro. Por eso -explican nuestros Jajamim- la Berajá comienza en plural: "así bendecirán... les dirán a ellos", pero cuando comienza el momento preciso de las bendiciones, son dichas en singular. La primera de ellas se refiere a temas materiales: "Te bendecirá el Eterno y te protegerá". Evidentemente que para muchos el dinero -por ejemplo- es considerado como una bendición porque permite dedicarse a cumplir la Torá y sus preceptos con más tranquilidad, ayudar al prójimo y dar Sedaká. Pero también es probable que exista alguien que por el dinero se olvide de su Creador y los aires de grandeza perturben su mente alejándolo de la fe. Por eso, la Berajá es individual, ya que la bendición recaerá sobre cada uno de acuerdo con sus características. Si quisiéramos explicar que los hijos son la bendición de la persona, será así para quienes los educan en un buen camino continuando la cadena de nuestro pueblo. Pero aquellos hijos que se rebelan y provocan el sufrimiento de sus padres, ¿acaso son una bendición para ellos? De todas formas, lo principal de esa bendición Divina es que el Eterno "te protegerá". Rashi lo ejemplifica de la siguiente manera: "quien da un regalo a su sirviente no lo puede cuidar de toda persona, pueden venir ladrones y quitárselo. ¿Qué provecho tendrá? En cambio, Hashem es el que da y el que cuida". En este caso, la Berajá asegura que ningún factor externo -como la envidia o el odio de quienes lo rodean- podrá quitarle lo que Hashem le otorgó.

La segunda parte de la Berajá se refiere a temas espirituales: "Que ilumine el Eterno su rostro hacia ti y te agracie". Rashi resume el sentido de esta expresión diciendo que "te mostrará un rostro benevolente, brillante". En otras palabras, el éxito en la vida se encontrará si la persona puede recibir al prójimo con una sonrisa, demostrando un buen corazón en cada lugar, circunstancia y momento. Por otra parte, es necesario que Hashem "te agracie", porque la realidad demuestra que en muchos casos personas adineradas no son queridas por el público en general y no reciben ese estímulo que cualquier persona necesita: ser querido en su hogar, familia y comunidad. El Talmud en Sotá 47 comenta al respecto que hay tres tipos de gracia: el lugar donde cada uno habita; la gracia de la mujer para su esposo y la del comercio para su dueño. Nadie pretende normalmente cambiar de vecindario, esposa o profesión porque se siente feliz con lo que Hashem le dio, pero evidentemente que la persona debe crear las bases necesarias -sabiduría, ética, buen comportamiento- para poder encontrar la gracia Divina. También estas bendiciones están incluidas en Bircat Cohanim.

 

La tercera parte de la Berajá dice: "Que el Eterno dirija su rostro hacia ti y te conceda la paz". La explicación de Rashi es que Hashem domine su enojo a pesar de que la persona haya pecado. El Talmud en Berajot 20 comenta que los ángeles celestiales dijeron delante de Hashem: "Señor del mundo, está escrito en tu Torá (Debarim 10): "Que no favorece rostros ni recibe soborno" y Tú reconoces a Israel como está escrito "que el Eterno dirija su rostro hacia ti" (Bamidbar 6)". La respuesta de Hashem fue: "¿cómo no he de favorecer a Israel que a pesar de que está escrito en la Torá: "Y comerás y te hartarás y bendecirás a Hashem, tu Di-s", ellos bendicen incluso comiendo Kazait o Kabesá (cantidades mínimas de alimento)?". Podemos deducir entonces que está a nuestro alcance "obligar" a Hashem a comportarse con nosotros con una bondad que quizás no merezcamos. ¿Cómo? Respetando sus preceptos en una forma más estricta aún de lo que corresponde. La Berajá de los Cohanim concluye con el Shalom, el regalo Divino tan necesario y del que depende todo el éxito de la persona, como en muchas oportunidades mencionamos.

 

En el último versículo de Bircat Cohanim la Torá concluye: " Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel y Yo los bendeciré". Rashi da dos explicaciones: la primera es que Hashem bendecirá a Israel como dijeron los Cohanim. La segunda se refiere a que Hashem bendecirá a los propios Cohanim. Podríamos preguntarnos: ya que finalmente todas las bendiciones provienen de Hashem, ¿para qué es necesario todo este acto de Bircat Cohanim? Más aún, el Midrash comenta en nombre de Ribi Iehoshua ben Levy, que Hashem desea que los Cohanim bendigan al pueblo, pero por otro lado nos advierte que la Berajá proviene sólo de El. ¿Cuál es la explicación? Con sólo observar el texto que leímos en Bircat Cohanim encontraremos la respuesta. Todas las bendiciones que mencionamos tienen algo en común: el nombre de Hashem se repite en los tres versículos. El objetivo verdadero del Cohen no es bendecir al pueblo, ya que la bendición proviene directamente de Hashem. Lo que hace el Cohen es educar a los hijos de Israel en esta senda: "todo, absolutamente todo lo que poseas, proviene de la mano de Hashem". Por eso, Su nombre se repite en los tres versículos. ¿Quién te bendecirá y te protegerá? Hashem, porque El es la fuente de la Berajá. ¿Quién te iluminará y te dará gracia? Hashem, porque El es quien otorga inteligencia y favor al ser humano. También te concederá la paz. La función del Cohen es recordarle a la persona que no se confunda pensando que sus éxitos materiales, la familia que formó y el Shalom que posee son los frutos de su picardía, inteligencia y capacidad. El Cohen le recuerda una y otra vez a la persona que todo es de Hashem. Ése es precisamente el pedido de Hashem: "y pondrán Mi nombre", Hashem les pide a los Cohanim que eduquen al pueblo con esta base. La consecuencia directa será: "y Yo los bendeciré".

 

Ahora podemos comprender la Tefilá de Iaacob Abinu cuando debió escapar de la casa de su padre, porque su hermano Esav quería matarlo. Su oración a Hashem para que lo ayudara en ese momento de sufrimiento, concluye con una promesa: "Y todo lo que me des, sacaré el diezmo para ti" (Bereshit 28). Realmente sorprendente, imaginemos a un pobre que se dirige a una persona adinerada y le ruega para que lo ayude -por ejemplo- con mil dólares y le asegura que le devolverá cien dólares. ¿Acaso no parece jocoso? En verdad, y basándonos en lo que explicamos anteriormente, todo se comprende. ¿Acaso Hashem necesita que Iaacob Abinu le devuelva el diezmo de lo que le otorgue? ¡Hashem es el dueño de la riqueza: "¡Mía es la plata, Mío es el oro, dijo Hashem de los ejércitos!" (Jagai 2). Lo que sucede es que Hashem desea "la Berajá de los Cohanim", espera que la persona que recibe algo sepa Quién se lo da, que tenga claro hasta lo profundo de su alma cuál es la fuente de la Berajá. Por eso, Iaacob Abinu al dar el diezmo, estaba demostrando que reconocía que nada era suyo y que sólo el Creador es el que otorga todo.

 

Cuando luego del Diluvio Universal la paloma regresó al arca de Noaj, lo hizo con una hoja de olivo en su boca (Bereshit 8). El Talmud en Erubim 18 comenta al respecto que el sentido era decirle a Noaj: "es preferible que mi alimento sea amargo como el olivo pero de la mano de Hashem y no dulce como la miel de la mano del ser humano". Seamos francos, ¡qué lejos estamos de ese sentimiento que la paloma demostró! Pero más aún, la expresión "de la mano del ser humano" se puede interpretar no sólo diciendo que no sea un tercero quien nos otorgue el sustento, sino que nosotros mismos no pensemos que nuestra habilidad determinó el éxito. Para poder llegar a este nivel, necesitamos la Berajá de los Cohanim. Por eso es que Hashem la desea, ya que gracias a ella aprendemos la base fundamental de la vida: toda la Berajá proviene de Hashem. Ahora podemos comprender más lo que dijimos anteriormente: cuando el Iehudi le agradece a Hashem por esa cantidad mínima de alimento que ingirió a pesar de no haberse satisfecho, está diciendo claramente que todo proviene del Todopoderoso. Por eso es que Hashem lo beneficia, no como un acto que no corresponda, sino que por el contrario se llegó al objetivo de la Creación: que el ser humano reconozca a su Creador.

 

¿Cuál es el sentido de ir a pedir Berajot a los grandes Sabios sin mejorar el cumplimiento de los preceptos? La bendición del Sadik dependerá del cambio de actitudes y de saber con fe ciega que todo es de Hashem. En una oportunidad, un Jasid fue a lo de su Rab a pedirle que lo salvara de su difícil situación económica. El Rab le dijo que comprara un número determinado de un billete de lotería y el Jasid lo compró esperando resultar favorecido. Su confianza no era total y la noche anterior al sorteo no podía dormir pensando en lo que sucedería y decidió probar a ver si la Berajá del Rab era cierta o no. Escribió en un papel muchos números y entre ellos escribió también el número del billete que había comprado. Luego de mezclarlos retiró uno y realmente era el número que el Rab le había dicho. Al otro día, ya estaba confiado plenamente y se dirigió al lugar del sorteo, pero para su sorpresa el número no resultó beneficiado. Llorando, se dirigió del Rab para preguntarle el motivo de la desilusión. El Rab no podía entender por qué no había ganado y cuando lo interrogó a ver cuál había sido su actitud, escuchó lo que el Jasid había hecho la noche anterior. El Rab le dijo: "te di el número del éxito por una sola vez, lo malgastaste en la prueba que hiciste esa noche". El Jasid, por no tener fe completa en su Rab perdió su oportunidad.

 

El rey David nos enseña: "No deposites vuestra confianza en príncipes ni en seres humanos de los cuales no cabe esperar ayuda... Feliz es aquel cuya ayuda es el Di-s de Iaacob, cuya esperanza está en el Eterno... que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en él, que guarda la verdad por siempre... hace justicia para los oprimidos, que da pan al hambriento, Hashem libera a los prisioneros" (Tehilim 146). Cuando el Cohen educa al pueblo con esta fe en Hashem, cuando se cumple "y pondrán mi nombre sobre el pueblo de Israel", el resultado indefectible será "Y Yo los bendeciré". Ése es el sentido de la Berajá.

 

En el Shuljan Aruj, capítulo 128, está escrito que en un Bet Hakeneset en donde todos son Cohanim, todos ellos deben subir a decir la Berajá. ¿A quién bendicen? "A sus hermanos que están en los campos". ¿Quién contesta Amén? "Las mujeres y los niños". Los Cohanim de hoy no son solamente los que suben en la práctica al Duján a bendecir, sino que toda persona que cumple la Torá y Mizvot recibe ese título: "Y ustedes serán para mi un reinado de sacerdotes" (Shemot 19); "Porque los labios del Cohen cuidan la sabiduría y Torá reclamarán de él" (Malhají 2). En estos dos versículos observamos que todos los que cumplen los preceptos deben ser considerados sacerdotes y transmitir la enseñanza de Bircat Cohanim a aquellos hermanos que aún están "en los campos", a los Iehudim que se alejaron de la fe. Debemos intentar alumbrar en ellos el espíritu Divino que poseen en su interior, haciéndoles saber que todo proviene de Hashem, nuestro Creador y supervisor. A diferencia de la verdadera Bircat Cohanim que se realiza de pie y en un mismo lugar, debemos en este caso movilizar nuestras piernas de un lugar a otro buscando acercar a nuestros hermanos. No debemos extender sólo las manos como los Cohanim hacen, sino también comportarnos ágilmente con nuestras piernas para poder ir al encuentro de quienes en el fondo de su corazón nos aguardan. Sólo hay algo que debe ser común a ambas situaciones: "bendecir al pueblo con amor". Si lo hacemos, con seguridad seremos dignos que se cumpla el final del versículo "Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel y Yo los bendeciré". Amén.