
De la Parashá Mishpatim – Más allá de la Ley.
|
D |
ijo Rabí Yojanán: “Ierushalaim fue destruida solo porque en ella se juzgaba de acuerdo con la ley bíblica. Y no se juzgaba dentro de la línea del derecho” (Lifnim Beshurat Hadim).
El din, la ley es uno de los temas más importantes en general y en el pueblo de Israel en particular.
Dijo Rabán Shimón Ben Gamliel: Gracias a tres cosas, el mundo subsiste: La verdad, la paz y la ley como dice el escrito “Ejecutad juicio de verdad y de paz en vuestras puertas y los tres son uno, ya que: Si se hace justicia, hay verdad y hay paz.
Pero la ley de la Torá no se limita a ella, el otro lado de la moneda es “Lifnim Mishurat Hadin” (dentro de las líneas del derecho)
En la terminología Talmúdica de las leyes de la Torá son denominadas “Shurat Adin” (la línea del derecho y el comportamiento de la persona que hace más de lo escrito), en el libro de leyes se conoce por “Lifnim Meshurat Adin” (más allá de la ley)
Hay entre los sabios que opinan que esta última está considerada como imperativo bíblico. “Que han de hacer” se refiere a las acciones del derecho.
De aquí aprendemos sobre la diferencia fundamental entre la ley y más allá de la ley.
Más allá de la ley, o dentro de las líneas del derecho es lo que conocemos como “llegar a un término medio”. ¿Por qué fue destruida Ierushalaim? Porque había un profundo odio entre los hermanos y no pudieron llegar a un acuerdo entre ellos y de aquí a la destrucción hay un solo paso, ya que por la misma vara que uno mide así lo miden, como el pueblo de Israel fue escrito en su ley, el Todopoderoso también lo fue y destruyó la ciudad Santa, ya que aquél que perdona, D-s perdona sus pecados.
El pueblo de Israel tiene otro concepto por el cuál se rige: “Y harás lo recto y lo bueno”, leemos en la Torá: “Si en prendas tomares el vestido de tu prójimo, hasta ponerse el sol lo devolverás a él. Que el es su único abrigo, su vestido para su cuerpo. ¿En que se acostará? Y será cuando clamaré a Mí, que lo escucharé porque misericordioso soy Yo”.
Dice Rashi: “Durante todo el día se devuelves, hasta que se ponga el sol vuelves y la llevas, hasta la mañana siguiente. Como tú me debes a mí puesto que todas las noches tu alma sube al cielo y es juzgada y es hallada culpable y sin embargo la devuelvo a ti (a la mañana al despertar) también tu compórtate igual con el deudor, toma le prenda y devuélvela”.
Según la ley si tiene ya la prenda no tiene que devolverla, pero dentro de las líneas de la ley, se le devolverá, ni tampoco debería haber escuchado su llanto pero - Misericordioso soy Yo - dice el Creador, con piedad creé este mundo, y tú también tienes que actuar con suma piedad y compasión.
Y así nos relata la Guemara:
“Unos cargadores rompieron una vez un barril de vino de Rabá bar Janá, y éste les quitó los mantos. Fueron a quejarse a Rab quien le dijo:
- “Devuélveles los mantos”
- ¿Esa es la ley? – preguntó.
- Cierto – respondió, para que andes por el camino de los buenos. Cuando les devolvieron los mantos los cargadores agregaron:
- Somos pobres hemos trabajado todo el día y estamos necesitados, ¿no nos dará nada?
Págales - ordenó.
¿Esa es la ley? – preguntaron.
Ciertamente – replicó, para que guardes la vereda de los justos.
De éste aprendemos que el objetivo de la Torá es aducar a cada hebreo para que encamine su vida por la senda de los justos, y para lograrlo hay que entrelazar la justicia con la Tzedaká, lo que es recto, porque el uno completa al otro y asegura la justicia y la rectitud del hombre y su semejante y no solamente entre ellos, sino entre el Eterno y el necesitado porque así dice lo escrito: “A menos de que echen mano de Mi fortaleza y hagan paz conmigo”.
Dijo Rabí Iehuda hijo de Rabí Shimón: El pobre está sentado y clama. “en que me diferencio yo de mi prójimo. El está sentado en su casa y yo aquí, él está acostado sobre su cama y yo en el suelo. Y si tú (la persona que ayuda al necesitado), le ayudaste, te aseguro que tu generoso gesto será considerado como si hubieses hecho las paces entre éste pobre hombre y Yo.
Nuestros sabios exigieron a los dirigentes del pueblo que se comporten, dentro de las líneas del derecho, más allá de la ley, que sirvan de ejemplo educativo a toda la comunidad y así leemos en nuestras fuentes:
Al Rabí Huna se le agriaron cuatrocientas vasijas de vino. Fueron a verlo el Rabí Iehuda, hermano de Rabí Salá el Piadoso, y los demás Rabinos, (según otros el Rabí Adá bar Ahabá y los demás Rabinos) y les dijeron:
- El Maestro debería revisar sus acciones puede que habrá cometido un pecado.
- ¿Soy sospechoso para ustedes? – replicó.
- Es sospechoso el Santo bendito sea – le respondieron - de castigar sin razón.
- Contesto el Rabí Huna: Si alguien sabe algo censurable de mí que lo diga.
- Hemos sabido – le dijeron – que el Maestro no le da a sus arrendatarios las ramas que les corresponden de las vides.
- Si no me deja ninguna – contestó – se las roban todas.
- Eso es lo que precisamente dice la gente – le respondieron – El robo aunque se lo robe a un ladrón siempre sabe a robo.
- Contestó Rabí Huna: ¡Me comprometo a dárselas!
Dicen unos que el vinagre volvió a transformarse en vino y otros que el vinagre subió tanto que se vendió al precio del vino.
Solo una persona que conduce sus actos según la regla de más allá de la ley, puede actuar como él actuó, aún sabiendo que su arrendatario lo robaba.
El ejemplo de los dirigentes espirituales es importante pero también se necesita medios especiales que influyen en la comunidad porque no siempre se logra enseñar a comportarse más allá de la ley, y así enseñaron los Rabinos: “Y estas son las leyes que pondrás ante ellos”, tenían que haber escrito: “Y estas son las leyes que les enseñarás” Dijo Rabí Irmiáhu: “Estos son los utensilios de los jueces”.
Rab Huna, cuando se aprestaba a juzgar solía decir: “Saquen mis herramientas, mi bastón, para castigar a los culpables. Shofar, para usarlo si hay razón para excomulgar a alguien y calzado para jalitza (divorcio de la mujer con al cuál no quisieron cumplir con ella la ley del levirato) Porque los jueces y los policías están siempre juntos”. Los jueces son los que determinan la sentencia y los policías son los que obligan al pueblo a cumplir esa sentencia puesto que los golpean con vara y cinto hasta que acepte y asuma la sentencia del juez.
Lo ideal sería que no tuviésemos necesidad de jueces y policías, como dijeron nuestros sabios: “podrían aprender el precepto de “no robar” de la hormiga”.
Dijo Rabí Shimón ben Jalaftá: “Ocurrió que una hormiga dejó caer un grano de trigo y las otras se acercaron al grano y lo olieron y no la tocaron, porque sintieron que pertenecía ya a otra, llegó la dueña del grano y la tomó”. ¡Fíjense, que inteligencia! Nadie les enseño a no robar, no tienen jueces, ni guardianes. Como dice lo escrito: “Observa a la hormiga ¡perezoso! Mira sus caminos y sé sabio. Sin tener jefe ni guardián, ni regidor, se provee su pan en el verano y recoge su alimento durante la cosecha. ¡Fíjate como escapa del latrocinio!”
Y nosotros el Todopoderoso nos dio los Diez mandamientos, 613 preceptos y nombró Jueces, Rabinos y guardianes, les dio instrumentos legales y ojala que no toquemos lo que no es nuestro. La hormiga advierte a los humanos, ¿por que razón tienen que robar?, el Eterno da sustento a cada una de sus criaturas, y nadie toca lo que pertenece al prójimo. Y a pesar de todos esos pensamientos y escritos, los tribunales necesitan policías y otros instrumentos legales para poder hacer del mundo que vivimos un mundo mejor ya que de no poder ser por el temor a la autoridad, los hombres se devorarían vivos los unos a los otros.
Rabí Janina nos aconseja: Ora sin cesar por el bienestar de la autoridad, pues un mal gobierno, parcial o arbitrario es mejor a pesar de todo, que la anarquía o el vacío de poder.
El pueblo hebreo ha conjugado la ley con el concepto de más allá de la ley para convertirse en un reino de sacerdotes y pueblo santo y esto influyó en sus maneras y costumbres, hoy día, debemos profundizar nuestros conocimientos para acercarnos más a nuestras fuentes eternas y así apresurar la venida del Rey Meshiaj, amén.