“Matrimonio y cálculos de Guematrias”

Rav Shlomo Aviner

Pregunta: Antes de elegir pareja, e incluso antes de conocerse, ¿acaso no conviene verificar si la pareja es compatible comparando la “Guematria”, la equivalencia numérica de los nombres de los candidatos, tal como muchos acostumbran a hacerlo?

Respuesta: Esta es una indicación muy rara que nunca se ha escuchado ni en la Torá ni en los Profetas, ni en la Mishná ni en la Guemará, no aparece nada al respecto en Maimónides ni en el Shulján Aruj ni en el Compendio del Shulján Aruj.

Indudablemente, hay que formar pareja con alguien que tenga una visión del mundo similar y puntos en común. No se trata de una decisión que se toma a la ligera, sino que es una de las determinaciones más serias en la vida del ser humano pues determina su destino. Si fuese posible evitar los errores de incompatibilidad entre las parejas a través del cálculo de las “guematrias”, ¡nuestros grandes sabios no nos hubieran escondido una información tan preciosa! Por consiguiente, habrían escrito al comienzo del Shulján Aruj Even Haezer:  “el hombre debe casarse, pero antes de hacerlo debe calcular la “Guematria” de tal y tal forma”. Todo sería entonces mucho más fácil, permitiría evitar tantas decepciones por los encuentros vanos y los matrimonios desgraciados. Cuando la pareja sufre, también sufren los hijos - ¿y es posible que todo esto se deba a que la “Guematria” de sus nombres no corresponde? ¿Acaso es posible pensar que nuestros sabios sabían esto hace ya tres mil años y guardaron el secreto hasta esta generación? ¡Sería una increíble crueldad! ¡Qué suerte que en nuestra época finalmente se ha descubierto que a través de la “Guematria” se puede saber en un instante si hemos encontrado a la pareja celestial!

¡Pero todo esto no es cierto! Ese sistema no es tal, no tiene base y ni siquiera es una parábola. En el Shulján Aruj Even Haezer, en el primer capítulo, aparecen varios consejos acerca de cómo se debe elegir a la pareja, y entre otros se menciona que es importante que el elegido tenga un buen corazón y buenas virtudes, pero no hay alusión alguna a las “Guematrias”.

Existen varios métodos para calcular la “Guematria”, uno de ellos es muy simple y muy humillante: si la “Guematria” de ambos jóvenes que quieren casarse equivale, es un buen signo, pero si la del muchacho es mayor, entonces es aún mejor. Pero que no vaya a ocurrir que la “Guematria” de la muchacha sea mayor, ¡D’s libre!, ocurrirá entonces una tragedia, porque la mujer debe ser menos… y así también comprenden que un joven se llama Zeev (nombre que en “Guematria” equivale a 10), tendrá dificultades para casarse, ¡pues le será difícil encontrar una mujer con menor equivalencia numérica! Por otra parte, una joven llamada Shoshana (en “Guematria”, equivale a 661) también tendrá dificultades para casarse, pues le será difícil encontrar a un joven con un nombre que tenga “Guematria” mayor que ella. Pero entonces, proponen una solución mágica: si un joven como Zeev se agrega un nombre de mayor peso, como el de Sheshet (¡que equivale a 1010!), entonces todas las posibilidades estarán abiertas ante él.

Todo esto parece ser cómico, pero entristece. Muchas parejas que se llevaban bien fueron destruidas por cálculos como estos, los que jamás existieron en la historia.

¿Y quien es el candidato apropiado? Es quien tiene un buen corazón y buenas virtudes. El rey David dijo: “Los guivonitas no eran de los hijos de Israel” (Shmuel II, 21:2). ¿Por qué motivo? Porque los hijos de Israel se distinguen por tres cualidades: “Tres virtudes distinguen a esta nación: son misericordiosos, púdicos y caritativos” (Yebamot, 79a). Y así establece el Shulján Aruj que si la persona que se encuentra “odia a las creaturas y no es misericordioso, hay que sospechar que no es judío” (Even Haezer, II). Evidentemente, no es suficiente con un encuentro para saber si la persona tiene un buen corazón ni de una conversación para saber que es la ideal, sino que hay que ponerla a prueba a través de la experiencia y en las condiciones de la realidad.

Nos gustan mucho las matemáticas, pero el matrimonio no es una cuestión de cifras. El matrimonio es un vínculo, un deber del corazón.