Matot

El guardián de la Palabra

Ésta perashá comienza refiriéndose a las leyes relativas a promesas, votos
y juramentos que fueron inculcadas por Moshé
a "las cabezas (Matót) de las
tribus de los hijos de Israel" (Cap. 30:2). Y nos preguntamos: ¿qué

necesidad vio Moshé de transmitir -especialmente- esta perashá concerniente
a las promesas, a los líderes de las tribus de Israel? Veamos cómo lo
explica el Gaón (Sabio) Rabí
Moshé Sofer, autor del Jatam Sofer
(1762-1839), cuando expresa: "Es costumbre que 'Rashé
ha-Matót', esto es
los dirigentes y askaním en general, prometen y aseguran a su comunidad
diferentes promesas, grandes y pequeñas, e incluso hasta se juramentan por
el cumplimiento de sus palabras, y resulta, al final, que no cumplen
siquiera con una pequeñísima parte de su compromiso (de com-prometer
),
aduciendo vanos motivos y falsas excusas.
"
Una amarga realidad es que precisamente, quienes dirigen los destinos de
una comunidad -que deberían ser el ejemplo y servir de modelo al pueblo
,
tanto en sus actos como en sus atributos- se permitan ellos mismos alterar
sus compromisos 'sin pestañear', borrando de un plumazo aquellas promesas
expuestas públicamente ante su pueblo. Por lo tanto, nuestra sagrada Torá

se dirige y previene rigurosa y solemnemente a cada uno de los jefes
tribales 'rashé
ha-matot' y les dice: 'no ha de violar su palabra, conforme
a todo lo que saliere de su boca, deberá
hacer' " (Cap. 30:3).
De acuerdo al tzadik, Rabi Aharón de Chernobil (1787-1871), el versículo
nos insinúa -desde el punto de vista idiomático- "Que es un deber para los
líderes tribales, es decir, para los dirigentes comunitarios y conductores
populares, prestar oídos atentos a los hijos de Israel. Todo líder en
Israel deberá
'afinar' permanentemente su sentido de la audición, para
escuchar muy bien todas aquellas cosas que son dichas sobre él, en los más
variados espectros y espacios comunitarios, y tomar debida nota de las
necesidades inmediatas que requieren las personas por él lideradas
.
"
Y así, de acuerdo con su capacidad de 'escucha', sostendrá e incrementará
en todo momento su accionar (correcto) para el bien del pueblo, de su
comunidad y de todos sus integrantes".
"De acuerdo con todo cuanto haya de decir, así
habrá de hacer", es tal vez
el aspecto más contundente de nuestra perashá
.
Sin lugar a dudas, la preocupación de nuestra Sagrada Torá va un poco más
allá
de la dirigencia circunstancial y del dirigente ocasional.
Principios, razones y convicciones hacen al hombre por doquier. Mucho más
,
lo elevan en su compromiso para con la comunidad. Pero más todavía, lo
enaltecen con sus obligaciones para el Todopoderoso.
Decir y hacer, dos notables sentidos del quehacer humano, juegan aquí
un
rol preponderante. Máxime cuando se trata de "Rashé
" -las cabezas
visibles- "ha-Matot", de la conducción del pueblo judío
.
Por un lado se exalta el llegar a ser una persona confiable, y por el otro,
alcanzar en medio de mi sociedad, la consideración de ser digno y
honorable.
Allí
radica la grandeza del hombre. En su dimensión más íntima, en sus
fueros más internos donde los pensamientos vencen -a veces- a los deseos y
los hechos posteriores; allí
donde las conveniencias y el poder entran a
crear un sinfín de argumentos y tergiversaciones, es donde se ponen a
prueba esos principios.
En esos momentos es precisamente cuando la Torá
exige nobleza, carácter y
semejanza con lo Divino: "Bendito Aquel que dice y hace; Bendito Aquel que
ordena y cumple". Mantener la palabra en su estado de santidad es tarea del
dirigente. Hacer q ue la misma tenga valor será
su deber cotidiano.
Saber escuchar ante todo, para saber después qué responder, será el eje que
fundamente su existencia al frente de una comunidad. Y el orden, así
como
la honorabilidad más la confianza, deben comenzar por la "cabeza". Por
aquel que se torna "visible". Por quien ha sido designado entre sus
hermanos para liderarlos en algún segmento de su libre existencia
.
"
Rosh ha-dor, ke-jol ha-dor" afirma el Midrash. "La cabeza de la generación
es como toda la generación". De allí
en más, todo aquello que "se dice",
deberá ser necesariamente "todo aquello que se haga".
Dar la palabra, en la tradición legal del judaísmo, compromete. Ser
guardián y ejecutor fiel de la misma, ennoblece.

Mase

No sólo un itinerario de viaje

Éstas son las travesías de los hijos de Israel, que salieron de la tierra
de Egipto, bajo la mano de Moshé
y Aharón. Y escribió Moshé las partidas de
ellos conforme a sus travesías, por orden del Todopoderoso..." (Bemidbar
Cap. 33:1-2).
Muchos son los comentaristas bíblicos que se cuestionan -con gran asombro
-
el motivo que ha llevado al texto bíblico a nombrar detalladamente cada una
de las decenas de estaciones que atravesaron nuestros antepasados a lo
largo de su travesía por el desierto. Rashí
, en su exégesis a nuestra
perashá
, así lo entiende: ..."¿Por qué han sido escritas todas estas
travesías y lugares donde acamparon? Para que podamos apreciar las bondades
del Creador del Mundo (en particular, Su bondad para con el pueblo de
Israel); pues a pesar de que decretó
sobre ellos (como consecuencia de la
crisis desatada por los emisarios al regreso de reconocer la tierra
prometida) que no habrían de ingresar, y que habrían de errar por el
desierto hasta que hubiera muerto toda aquella generación, no vayamos a
pensar que estuvieron errando, de lugar en lugar, por espacio de cuarenta
años, sin tener descanso alguno."
Pues, he aquí
que tenemos contabilizadas cuarenta y dos travesías ("masaót"
en hebreo) desde la ciudad de Raamsés en Egipto hasta Avel Shitím, en el
desierto de Moab (Cap. 33:3-49). Ahora bien, debemos restar del total
catorce travesías, pues todas ellas fueron realizadas durante el primer año
de la salida de Egipto, y antes del decreto de D-s (Cap. 14:25-35);
asimismo deberemos deducir de aquellas (de las cuarenta y dos travesías en
total) otras ocho, que tuvieron lugar después de la muerte de Aharón -desde
Hor haHar y hasta el desierto de Moab- en el año 40 (es decir, cuando hubo
finalizado el decreto Divino). Quiere decir, comenta Rashí
, a manera de
conclusión que "a lo largo de treinta y ocho años (que erraron los hijos de
Israel en el desierto) se movilizaron en total en veinte ocasiones".
En términos similares se refiere a este episodio Rabí
Moshé ben Maimón
(Maimónides, 1135-1204) diciendo que: "...D-s, ordenó
escribir cada una de
las travesías de los hijos de Israel, a fin de que sepan las generaciones
venideras acerca de todos los milagros que obró
el Santo Bendito Él, por Su
pueblo Israel en el desierto. Para que no vayamos a pensar, erróneamente
,
que nuestros antepasados estuvieron habitando en el desierto cerca de algún
lugar poblado, o que acamparon en aquellos lugares donde hoy lo hacen los
árabes, o tal vez en las proximidades de algún oasis o en lugares de
vegetación y pozos de agua
".
Una explicación interesante acerca del tema la provee Rabí Iosef Shaul
Natanzon, el Rabino de Levob (1808-1875), en su libro Divré
Shaúl: "En la
perashá
'Shofetím' (en el 5to libro de la Torá, Deuteronomio) es expresada
la prohibición de retornar a Egipto y de asentarse en ese país, tal como lo
dice el escrito: 'no volveréis a transitar por ese camino nunca jamás
'
(
Deuteronomio 17:16). Es por eso que la Torá se encarga de detallar
-minuciosamente- cada lugar y estación en la que se detuvieron nuestros
antepasados a la salida de Egipto, para enseñarnos que la prohibición
explicitada en perashat 'shofetím' recae sobre quien retorna a Egipto por
el mismo camino que atravesaron nuestros antepasados".
Esta posición, fue aceptada por varios de nuestros Sabios
"Rishoním", es
decir aquellos hombres eminentes que vivieron hasta el siglo XVI (entre
ellos Maimónides, quien vivió
en Egipto), y entre ellos Rabí Moshé ben
Iaacob de Kotzi, autor del Sefer Mitzvot Guedolet (Talmudista del siglo
13); posición
ésta que generó entre muchos y conspicuos hombres del pueblo
de Israel, el retornar y asentarse en Egipto con el correr de las
generaciones.