PERASHA MATOT:

"La voz del dinero"

 

El capítulo 32 del libro de Bamidbar nos presenta una nueva rebelión que debió enfrentar Moshe Rabenu antes de su fallecimiento. Al margen de tantas situaciones en las que el pueblo enfrentó a Moshe Rabenu -el caso de los espías, la discusión de Koraj y su gente, etc.- algo totalmente inesperado sucedió antes que Moshe abandonara el mundo terrenal. Veamos lo que la Torá nos dice: "Y numeroso ganado tenían los hijos de Reuben y los hijos de Gad, muy abundante; y vieron la tierra de Iahzer y la de Gilhad y he aquí que era un lugar de ganado. Y vinieron los hijos de Gad y Reuben y le dijeron a Moshe...Si hallamos gracia a tus ojos, sea dada esta tierra a tus siervos por heredad y no nos hagas cruzar el Jordán" (Bamidbar 32).

 

Este pedido tan extraño, sucedió en el mismo momento en el que Moshe rogaba a Hashem para que le permitiera ingresar a la tierra de Israel. Simultáneamente, dos tribus de Israel le solicitaban a Moshe permanecer del otro lado del Jordán. De un extremo al otro. ¿Por qué las tribus reaccionaron de esa manera? La misma Torá nos enseña: "numeroso ganado tenían...". La riqueza les nubló la mente, tenían mucho ganado y prefirieron quedarse fuera de Erez Israel, en esa tierra donde había alimento para sus animales. El Midrash Rabá comenta que por ese pensamiento equivocado, cuando muchos años después el pueblo de Israel debió ir al destierro, ellos fueron los primeros en ser expulsados: "Y desterró a la tribu de Reuben, Gad y parte de la tribu de Menashé" (Dibré Haiamim 1-5). El Keli Iakar comenta sobre el versículo "Y vinieron los hijos de Gad y de Reuben", que la tribu de Gad poseía un número mayor de animales que la de Reuben. Por ser más ricos, tuvieron altivez y hablaron en primer lugar, a pesar de que la tribu de Reuben era la primogénita. La riqueza provoca en muchos casos que las bases mínimas de la educación sean dejadas de lado, pensando que se tiene derecho a actuar según el criterio propio.

 

La respuesta de Moshe Rabenu fue muy dura y terminante: "¿Vuestros hermanos irán a la guerra y vosotros permaneceréis aquí? ¿Por qué debilitaréis el corazón de los hijos de Israel de cruzar la tierra que Hashem les dio? Así hicieron vuestros padres cuando los envié desde Kadesh Barnea para espiar la tierra... y se encendió la ira de Hashem en Israel y los hizo errar en el desierto cuarenta años, hasta extinguirse toda la generación que hizo el mal a los ojos del Eterno...y he aquí que os levantasteis en lugar de vuestros padres, estirpe de varónes pecadores, para aumentar más la cólera del Eterno contra Israel" (Bamidbar 32). Ellos habían previsto que Moshe los reprocharía por no ayudar a sus hermanos y por eso habían argumentado: "La tierra que conquistó el Eterno delante de la comunidad de Israel, es tierra de ganado y tus siervos (nosotros) poseen ganado". Querían significar que todos los éxitos que hasta ahora habían tenido en las guerras, habían sido por la mano de Di-s y por lo tanto no era importante si ellos ayudaban o no a conquistar la tierra de Israel. Moshe les respondió que Hashem es quien conquista, pero de todas formas se debía ir a la guerra dando los pasos naturales para recibir la bendición Divina. Si ellos no participaban, el corazón de sus hermanos se debilitaría e incluso dirían: "¿para qué debemos salir a pelear? ¡Hashem entregará a nuestros enemigos en nuestras manos!". En ese momento, reconocieron a Moshe: "cercos para nuestro ganado construiremos acá y ciudades para nuestros niños y nosotros nos armaremos presurosos delante de los hijos de Israel, hasta que conquisten el lugar y habitarán nuestros niños en las ciudades fortificadas, protegidos de los habitantes de la tierra. No regresaremos a nuestras casas hasta heredar los hijos de Israel cada uno su heredad". Incluso en ese momento, la riqueza les perturbó la mente y pensaron en construir primero cercos para el ganado, antes que en las ciudades para sus hijos. El tesoro más grande de cualquier persona y de una nación son sus hijos, pero la ambición del dinero provocó que lo principal de la vida fuera secundario para ellos. Moshe aceptó la proposición, pero los corrigió: "construyan ciudades para vuestros hijos y cercos para vuestro ganado y lo que salió de vuestra boca haréis". El Ketab Sofer explica que la persona que corre tras las cosas materiales y el dinero, no es confiable en su palabra, ya que la ambición cierra sus ojos. Por eso Moshe les dijo: si arrancan de raíz esta mala cualidad de querer el dinero más que a vuestros propios hijos, entonces "lo que salió de vuestra boca haréis". Será posible confiar en que cumplirán lo prometido.

 

El rey Shelomo en Kohelet 5 nos advierte: "Hay un grave mal que he visto bajo el sol: la riqueza guardada por su dueño en su perjuicio", ya que el dinero es una prueba para el ser humano y no son muchos los que salen airosos de la misma. El Jafez Jaim compara a quien corre detrás del dinero con un ministro del rey que estaba acostumbrado a comer los mejores manjares, tomar las bebidas más importantes y a deleitarse con los mejores placeres del mundo. No se privaba de nada y sus sirvientes hacían su voluntad por completo. El sentirse omnipotente lo hizo rebelarse contra el rey, quien decidió darle un castigo ejemplar: lo colgaron en una elevada torre inclinado hacia el abismo que aparecía a sus pies. A cada instante observaba el peligro de caer y morir destrozado. Parte del castigo era que en ese lugar le siguieran dando todos los manjares a los que estaba acostumbrado. ¿Acaso podía disfrutar de ellos sabiendo que su vida estaba en constante peligro? Con seguridad que hubiera preferido alimentarse con pan y agua solamente, antes que ver a la muerte frente a sus ojos en forma continua. Es lo que sucede -concluye el Jafez Jaim- con aquellas personas que corren detrás de los lujos y placeres de la vida. Es probable que por una mala operación comercial caigan al abismo de la pobreza. El sufrimiento será terrible, debido a que se acostumbraron a vivir con todo lo bueno. Por eso, no hay nada mejor que comportarse con recato y tranquilidad, sin temor a caer desde lo más alto a un pozo profundo.

 

En Debarim 13 la Torá nos enseña el caso de la ciudad idólatra: "salieron varónes viles e incitaron a los moradores de la ciudad diciendo: iremos y serviremos a otros dioses que no conocéis". De comprobarse el hecho, los habitantes tenían pena de muerte, pero en forma muy particular la Torá concluye: "Y todo su botín juntarás en medio de su plaza y quemarás en el fuego la ciudad y todo su botín completamente... no será jamás reconstruida". El mismo Jafez Jaim nos explica el motivo del exterminio de los bienes de los habitantes: "si toda una ciudad tropezó en idolatría, es una señal que sus hijos estaban sumergidos sólo en lo material y por eso pudieron ser seducidos sus corazones para tropezar con la idolatría. Corresponde por lo tanto que también sus bienes -responsables de lo que sucedió- sean destruidos por el fuego". Ningún ser humano deja de reconocer el valor y la importancia del dinero, pero son pocos los que toman conciencia del peligro que existe si se pierde la noción sobre el manejo del mismo. Los valores han sido invertidos y en lugar de que el dinero sea un medio para la vida, se ha transformado en el objetivo del mundo: acumularlo sin límite ni cuenta si fuera posible.

 

"No toda persona puede tener el mérito de poseer dos mesas" (Berajot 5). Con esta frase, el Talmud nos enseña que son pocos los que en ellos se encuentra la riqueza junto a la elevación espiritual. Así es la naturaleza humana, quien tiene cien pretende tener doscientos y es prácticamente imposible detener la carrera por la posesión de bienes, necesarios a veces sólo por la imaginación. El dinero que Hashem le otorga con su favor a la persona para poder mantenerse y realizar buenas obras, tales como la caridad y el mantenimiento de escuelas y Ieshibot, es utilizado para gastos innecesarios que se pretenden justificar con cualquier motivo, pero que en realidad sólo se realizan para estar a la altura de quienes lo rodean. Finalmente, la persona se acostumbra a vivir de esa forma y cada vez siente que le falta algo nuevo, como sucede con el fuego que mientras más maderas se le agregan, mayor será la llama.

 

Nuestros Sabios nos enseñan que sabio es quien sabe prever el futuro. En los momentos de bendición económica no malgasta su dinero, porque sabe que el mundo es una rueda que gira y nadie tiene asegurada su posición. Si Hashem lo agració con riqueza, su ropa será fina y elegante pero sencilla a la vez, para no despertar orgullo en su corazón ni provocar la envidia de la gente, con las consecuencias negativas para él mismo y para quienes lo celan. ¡Cuántas parejas forman sus hogares endeudando a sus padres o a ellos mismos con deudas imposibles de pagar y que tarde o temprano terminarán privando la felicidad de esos hogares, sólo por haber pretendido lo que no estaba al alcance de ellos! Instrumentos eléctricos o del hogar que hasta hace poco eran artículos de lujo, hoy son considerados como lo mínimo indispensable para poder vivir. Quien no sabe poner freno a los deseos materiales, se convierte en un sirviente de esas ambiciones. Quien no puede controlar las tentaciones que el mundo le ofrece, terminará por no saber adonde está corriendo. Su único pretexto será: "todos corren". ¿Cuántos automóviles podrá manejar? ¿Cuántas ropas podrá vestir en el mismo momento? Sin embargo, terminará creyendo que el valor de la persona es de acuerdo con la casa que posea, con los lugares de lujo que frecuenta o por los automóviles que adquiera.

 

Está escrito en el Midrash Kohelet Rabá 1: " la persona se va del mundo sin la mitad de sus deseos materiales; si tuvo cien monedas hubiera deseado tener doscientos, si tuvo doscientos pretendía cuatrocientos". Los comentaristas del Midrash preguntan: ¡si obtuvo cien y quería doscientos, alcanzó por lo menos la mitad de lo que pretendía! Ellos mismos responden diciendo que con seguridad la persona quería doscientos, pero sin considerar los cien que ya tenía, de manera tal que pretendía trescientos en total y por lo tanto no alcanzó con los cien la mitad de su deseo. Nuestros Sabios nos enseñan a cuidarnos de no perseguir las vanidades del mundo, ya que cuando se obtiene alguna, enseguida se ambiciona otra pues el ojo humano nunca se llena. Al respecto, el Talmud en Tamid 32 comenta que Alejandro el Magno en su conquista del mundo llegó a una ciudad donde había solamente mujeres. Al intentar conquistarla, las mujeres le respondieron: "si nos matas, el mundo dirá que asesinas a mujeres y no es un símbolo de fuerza. Si nosotras te vencemos, serás la burla de todos al haber sido vencido por mujeres. Es preferible que no pelees con nosotras". Alejandro les pidió que le trajeran un pan para comer y le trajeron un pan de oro en una mesa de oro. Alejandro les preguntó: "¿acaso una persona come pan de oro?". Las mujeres le respondieron: "en realidad no es nuestra costumbre hacerlo, pero nos sorprendimos al ver que has venido de un lugar tan lejano sólo para comer y pensamos que todo tu deseo es el oro y la plata. Por eso te ofrecimos ese pan de oro". Cuando Alejandro se retiró, escribió sobre los portones de la ciudad: "Yo, Alejandro el Magno fui un loco, hasta que llegué a esta ciudad de mujeres y ellas me enseñaron inteligencia". En el camino, se detuvo en una fuente de agua a comer unos pescados que llevaba. Al lavarlos para sacarle la sal que tenían, los pescados tomaron un aroma muy agradable. Se dio cuenta que ese manantial provenía del paraíso y siguió el curso del mismo para ver donde nacía. Finalmente llegó a una puerta y golpeó diciendo: "¡Abran la puerta!" Una voz le respondió: "Ésta es la puerta de Hashem, sólo los rectos entran en ella". Alejandro insistió: "soy un rey importante y si no me dejan entrar, por lo menos entréguenme algo del Gan Eden". En ese momento le entregaron una calavera humana. Cuando Alejandro llegó a su reino y quiso pesar la calavera, todo el oro y plata que colocaba del otro lado de la balanza no era suficiente: la calavera pesaba siempre más. Sorprendido, les pidió a los Sabios de Israel la explicación de lo que sucedía. Ellos le respondieron: "tienes la calavera de un ser humano, en la que se encuentran dos ojos que nunca estarán satisfechos y por eso absorben todo el oro y plata que colocas del otro lado. El ojo humano -continuaron- siempre pretende más, hasta que finalmente la persona muere y la cubren con tierra". Alejandro les preguntó: "¿Cómo sé que vuestras palabras son correctas?" Le respondieron: "Toma un poco de polvo y cubre los ojos de la calavera de manera que no pueda observar, así se encontrará llena y sabrás su peso real". Así sucedió finalmente.

 

El rey Shelomo nos enseña: "El que quiere el dinero, no se llenará del dinero" (Kohelet 5). Nunca tendrá provecho del mismo, ya que su vida la derrochará en la búsqueda de un materialismo que nunca será suficiente. No todas las personas pueden ser millonarias de dinero, pero todas pueden obtener la riqueza verdadera: la alegría de tener provecho de lo que Hashem le agració y de saber conformarse con su parte. Si en verdad el Creador lo bendijo con dinero, será un fiel cuidador de lo que Di-s le otorgó. No le será difícil utilizarlo para servir mejor a Hashem, para hacer el bien al prójimo y a los necesitados. No envidiará lo que los demás poseen, no despreciará a los pobres por su mala situación económica y su dinero lo ayudará a adquirir buenas cualidades alejándose de las negativas. En esta época de descenso espiritual y en donde los valores humanos se encuentran tan tergiversados, no debemos cambiar lo principal por lo secundario. No debemos invertir todas nuestras fuerzas en el materialismo o en los "cercos para el ganado" como hicieron las tribus de Reuben y de Gad, ya que de esa forma no se construirá el futuro de nuestras generaciones. Sólo lo espiritual y por sobre todo, la atención a una vida llena de Torá para nosotros y nuestros hijos, será la base de la continuidad del pueblo judío para siempre.

PERASHA MASÉ:

"El maestro y el alumno"

 

Uno de los temas que trata esta Perasha es el conocido con el nombre de "las ciudades de refugio". En el capítulo 35 de Bamidbar, la Torá ordena: "destinaréis para vosotros ciudades... y huirá allí el homicida que hiriera de muerte a alguien involuntariamente". A lo largo de varios versículos, la Torá especifica los casos en los que una persona que accidentalmente quitó la vida de otra, debía refugiarse en cualquiera de las 48 ciudades que los levitas poseían. De esta forma "la comunidad salvará al homicida de la mano del redimidor de la sangre", ya que ningún pariente o amigo del muerto podía vengarse del homicida mientras éste permaneciera en esas ciudades. "Porque residirá en la ciudad de su refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote y después de morir el Sumo Sacerdote, regresará el homicida a la tierra de su propiedad" (Bamidbar 35).

 

Las leyes correspondientes a este tema que mencionamos en forma muy general, están detalladas en varias secciones del Talmud. En una de ellas, en el Tratado de Makot, el Talmud menciona algo que en principio llama la atención: "Un alumno que debe ir a una ciudad de refugio será acompañado por su maestro que es desterrado con él y, de la misma forma, un maestro que debe ir a una ciudad de refugio, es seguido por toda su Ieshiba". El Rab Iaacob Naiman Z"L formula la siguiente pregunta: ¿cuál es la culpa del maestro? Ciertamente, el alumno que accidentalmente mató debe ir al destierro y su obligación de estudiar Torá continúa en esa ciudad. Pero de todas formas, podía encontrar otro maestro que viviera en ese lugar que le enseñara Torá. No olvidemos que se trataba de ciudades de los levitas sobre los que está escrito: "enseñan tus leyes a Iaacob y tu Torá a Israel" (Debarim 33). ¿Por qué el maestro debe ir con el alumno al destierro? Más aún, el Talmud menciona que cuando el Rab va al destierro, toda la Ieshiba debe ir detrás de su maestro. Por lo tanto, por ese alumno que mató en forma involuntaria y que debe ir al destierro, su maestro deberá acompañarlo y a su vez toda la Ieshiba deberá también ir detrás de su maestro. ¿¡Para que un alumno estudie Torá con su maestro, cientos de alumnos terminan en el destierro!? La explicación de Jazal al respecto es que como la Torá menciona: "y escapará a una de esas ciudades y vivirá" (Debarim 19), el Talmud aclara que se debe dar al homicida todas las condiciones indispensables para que pueda vivir. Para el alumno que no dispone de su Rab a su lado para que le enseñe Torá, la vida no es vida y por eso su maestro deberá acompañarlo al destierro. Podríamos preguntar: ¿acaso estudiar Torá con otro maestro significa que no podrá vivir? Sí, porque en relación con el estudio al que estaba acostumbrado se trata de una especie de "muerte". Debido a que su castigo era el destierro y no la muerte, no hay más remedio que desterrar a su maestro con él. Al resto de los alumnos de la Ieshiba no les quedará otra solución que cerrar las puertas de esa casa de estudio e ir detrás de su maestro al lugar de destierro.

 

Con esta visión de la Torá de todo lo que significa un maestro para su alumno, podemos comprender por qué en tantos lugares la Torá reclama por el respeto a los Sabios. En Pirke Abot 4 está escrito: "que el temor a tu Rab sea como el temor al Cielo". En el capítulo 2 del mismo tratado se menciona: "Debes recibir el calor del fuego de los Sabios, pero debes ser cuidadoso de sus brasas que no te quemen, ya que la mordedura de ellos es como la de un escorpión". En el Talmud, se mencionan varios sucesos que reflejan hasta qué punto llega la gravedad de faltar el respeto al maestro. El tratado de Menajot 68, menciona que en una oportunidad Iehuda ben Najmani presentó una contradicción a lo que su maestro Ribi Tarfon decía. En ese instante, el rostro de Iehuda ben Najmani brilló por haber puesto en aprieto a su maestro. Ribi Akiba le dijo: "Iehuda, Iehuda; ¿brilla tu rostro por haberle contestado al anciano? Me sorprendería si alargas tus días de vida". El Talmud concluye comentando que al poco tiempo falleció Iehuda ben Najmani.

 

Otro suceso similar relata el Talmud en Babá Mesiá 84. Ribi Iojanan se estaba bañando en un río y desde la otra orilla lo observó un ladrón famoso llamado Resh Lakish. De un salto, Resh Lakish llegó al lado de Ribi Iojanan, ya que desde lejos pensó que era una mujer por la belleza que Ribi Iojanan tenía. Ribi Iojanan le dijo: "debes aprovechar tu fuerza para el estudio de la Torá", a lo que Resh Lakish le respondió: "y tu belleza debería ser para una mujer". Ribi Iojanan le dijo: "si retornas en Teshuba, te entregaré a mi hermana que es más bella que yo". Finalmente, Resh Lakish aceptó la propuesta, estudió con Ribi Iojanan a lo largo de muchos años y se convirtió en uno de los Sabios de más renombre del Talmud. En una oportunidad, discutió con su maestro sobre desde qué momento recibían impureza las espadas, cuchillos e instrumentos similares. Ribi Iojanan sostenía que era desde el momento en el que concluía su fabricación al fundirlos en el horno. En cambio, Resh Lakish le dijo que aún restaba un paso más: sumergirlos en agua para que el acero tomara aún más consistencia. Ribi Iojanan reconoció esa idea y le dijo sin ninguna mala intención: "Como fuiste un ladrón, conoces de tu profesión". Resh Lakish malinterpretó esos términos, se sintió ofendido y le dijo: "¿Acaso en qué me has beneficiado? Anteriormente me llamaban maestro (de los ladrones) y ahora también soy un maestro (de Torá)". Ribi Iojanan le dijo: "¡Te beneficié al acercarte bajo las alas de la Shejiná!". El dolor que Ribi Iojanan tuvo en ese momento por las palabras que Resh Lakish le había dicho, provocó una acusación en el cielo en contra de Resh Lakish quien enfermó gravemente. La esposa de Resh Lakish -que era hermana de Ribi Iojanan- con lágrimas en sus ojos le pidió a su hermano: "¡Perdónalo, para que una mujer no quede viuda ni sus hijos, huérfanos!". Sin embargo, no hubo solución y finalmente Resh Lakish murió. ¿Por qué Ribi Iojanan no lo perdonó? Más aún, el Talmud continúa relatando que Ribi Iojanan enloqueció cuando falleció Resh Lakish porque no encontraba a nadie con esa capacidad para poder estudiar Torá junto a él. Todos los Sabios que se acercaban al lado de Ribi Iojanan sólo podían apoyar lo que Ribi Iojanan decía, pero nunca contradecirlo para que así se ampliara más el estudio. Los Sabios no tuvieron otro remedio que pedir Tefilá a Di-s para que Ribi Iojanan falleciera, ya que si hubieran hecho Tefilá para que se curara, al volver a su estado normal y comprobar que no estaba Resh Lakish a su lado volvería a enloquecer. Ribi Iojanan no pudo soportar no tener a su lado a alguien de la talla de Resh Lakish para estudiar Torá y finalmente murió. Cuando el Rab Jaim Shmulevish Z"L comenta este suceso en su libro "Sijot Musar" recuerda que al propio Ribi Iojanan le habían fallecido diez hijos en su vida y sin embargo no había enloquecido. Pero cuando su ya anciano compañero y alumno Resh Lakish falleció, no pudo tolerarlo.

 

De todas maneras y retomando la pregunta: ¿por qué Ribi Iojanan no hizo Tefilá para que Resh Lakish no muriera, ya que no tendría un alumno de su nivel para continuar estudiando? El Rab Jaim Shmulevish Z"L responde: "debemos deducir que la gravedad de faltar el respeto al maestro no se limita a la honra personal que fue dejada de lado, sino que provoca que el Rab deje de infundir su sabiduría e influencia sobre el pueblo de Israel. Cuando el pueblo judío no escucha ni cuida el respeto de sus Sabios y ancianos, es como si éstos no existieran. Todo el mérito que permite que el pueblo de Israel se mantenga es por escuchar a sus Sabios y respetarlos". De manera tal, que el Rab no puede perdonar cuando alguien falta a su honra. No se trata de una cuestión personal, sino que todo el mantenimiento de Israel está en peligro si se pierde el respeto a los Sabios. El tema es mucho más profundo y está relacionado con la propia subsistencia del pueblo de Israel.

 

¿Cuál fue el mérito por el que Iehoshua bin Nun heredó el lugar de Moshe Rabenu? El versículo lo aclara: "Y su ayudante Iehoshua bin Nun no se apartaba de la carpa" (Shemot 33). Los Sabios explican que Iehoshua no sólo respetaba a su maestro sino que lo servía y no se apartaba un instante de su lado. El Talmud en Berajot 7 comenta que es más importante el servir al maestro que el propio estudio del mismo, como el versículo en Melajim 2-3 menciona: "He aquí Elisha ben Shafat, que virtió agua sobre las manos de Eliahu Hanabi". El acento se pone en el término "virtió", ya que toda la categoría del profeta Elisha fue por haber servido a su maestro Eliahu, más que por haber estudiado con él. El tema es comprensible, ya que el maestro verdadero transmite en cada acto e instante de su vida una enseñanza. Dichoso el alumno que se encuentra a su lado para saber recogerla. El Ramban comenta que todos aquellos príncipes de cada tribu que la Torá menciona al comienzo de la Perasha "Shelaj Lejá" antes de nombrar a Iehoshua bin Nun, eran superiores a él en nivel de estudio. Sin embargo, fue Iehoshua quien suplantó a Moshe Rabenu en la conducción del pueblo de Israel. Su mérito fue haber servido a su maestro durante toda la vida.

 

Uno de los graves problemas de la generación en la que vivimos es la falta de respeto a los Sabios de la Torá. No es justificativo pensar que quizás los Rabinos actuales no posean el nivel de aquellos grandes Sabios de las generaciones que nos precedieron. Sobre el versículo "Irás del juez que exista en aquellos días" (Debarim 17), Rashi comenta: "A pesar de que no sea como el juez que lo precedió, debes escucharlo; no tienes para ti sino al juez de tu época". El peor desastre que puede suceder es cuando cada uno determina por su cuenta y no escucha ni respeta la opinión de su Rab. El libro "Mesilat Iesharim" encuentra la raíz de esa conducta negativa: "es la consecuencia del orgullo que perturba el entendimiento".

 

El Talmud en Guitin 56 menciona un hecho que sucedió antes de la destrucción del segundo Bet Hamikdash. Los alumnos de Ribi Iojanan ben Zakai simularon que su maestro había fallecido e intentaron sacarlo fuera de Ierushalaim en un féretro, para que pudiera negociar la paz con los romanos que sitiaban la ciudad. Un grupo de judíos rebeldes quería enfrentar por cualquier medio a los romanos y no permitía que nadie saliera de Ierushalaim, salvo en caso de fallecimiento. Para comprobar que Ribi Iojanan ben Zakai estaba realmente muerto, algunos componentes del grupo de rebeldes intentaron traspasar el féretro con sus lanzas. El jefe de ellos llamado Abá Sikrá se los impidió, porque era una falta de respeto a un sabio. Tampoco les permitió tirar el féretro al piso. A pesar de tratarse de judíos rebeldes, el respeto a los Sabios era tenido en cuenta. Es lamentable comprobar en nuestra generación que muchas personas faltan la honra de nuestros Rabinos. Más triste aún es observar que muchos hermanos que respetan una gran mayoría de preceptos, no toman en cuenta esta base fundamental de la existencia de nuestro pueblo.

 

Para concluir, recordemos que el pueblo judío necesita -para continuar su trayectoria- que los Sabios de cada generación lo guíen en la senda que nuestros Patriarcas marcaron. La Torá es eterna y en ella se encuentra el manual de instrucciones para todas las situaciones de la vida. Pero debemos tener presente que el progreso constante de la humanidad presenta preguntas que necesitan una respuesta clara con las bases de nuestra Sagrada Torá. Para ello, es indispensable que los Sabios de cada generación den la interpretación exacta de cada tema. Los libros básicos de nuestra jurisprudencia, si bien presentan una infinidad de temas basados en muchas situaciones de la vida, no abarcan todas las novedades que se presentan con el desarrollo de la tecnología moderna. En el Shuljan Aruj, el libro básico de Halajot por el que nos guiamos, escrito por Maran Rabenu Iosef Caro Z"L hace más de 450 años, no están tratados temas tales como la electricidad en Shabat, temas medicinales como el transplante de órganos, inseminación artificial o, incluso, la clonación de animales o personas. Para poder dar una respuesta a cada caso, no basta con un conocimiento profundo de la Torá y la jurisprudencia. El Rab debe conocer también el funcionamiento estricto del tema en cuestión para poder luego encontrar el veredicto justo. La Supervisación Divina quiso otorgarnos que en cada generación existan gigantes de Torá que mantienen al mundo y analizan todos los temas del momento. No son muchos los que alcanzan ese nivel. Nuestra obligación consiste en crear las bases para que esa cadena continúe. ¿Cuál es esa base? Las escuelas y las Ieshibot donde se estudia la Torá. Quién mejor que un Rosh Ieshiba para dirigir su casa de estudio y dar a cada alumno la posibilidad de desarrollarse, para que en el futuro pueda ser uno de los grandes Sabios que iluminará al mundo. Para ello es necesario que tengamos presente que debemos respetar y honrar a aquellos, que han hecho de la Torá no sólo un estudio sino una forma de vida. Que por el mérito de respetar a nuestros Sabios, podamos ir rápidamente en nuestros días a recibir al Mashiaj Sidkenu. Amén.