
De Que Trata La Parasha
Matot:
1. Votos y promesas.
2. La Batalla contra los midianitas.
3. Los hijos de Gad y Reubén.
Masei:
1. Los viajes de Bene Israel en el desierto.
2. D-s ordena expulsar a los moradores de la Tierra de Kenaa.
3. Los límites de la tierra prometida.
4. Las ciudades de los levitas.
5. Las ciudades de refugio (Arei Miklat)
6. Las hijas de Tzlofjad.
Haftará: Irmiáhu 2:4
El profeta Irmiahu se dirige al pueblo de Israel: “Así dice el Eterno: que injusticia hallaron ante Mí vuestros padres que se alejaron de Mí y anduvieron tras la vanidad y se hicieron vanos” (2:4). El pueblo de Israel no recuerdas las maravillas que les hizo el Todopoderoso, ¿Qué beneficio tendrán al inclinarse a Egipto y Asiria? Por causa de su maldad y rebeldía Israel será castigado, los dioses que ellos adoran, no los salvará cuando ellos estén en desgracia. Y ¿Dónde están los dioses que han hecho por ti? Levántese ellos, si te pueden salvar en tiempo de tu tribulación. Pues tus dioses Oh Juda, son tantos en números como tus ciudades.
De la Parasha Matot-Masei - Interés Personal o Nacional
"Por ventura, ¿vuestro hermanos irán a la guerra y vosotros permanecéis aquí?" (Bamidbar 32: 5)
"Mas los hijos de Reubén y los hijos de Gad tiene inmensa muchedumbre de ganado... Entonces vinieron... Y hablaron a Moshé... diciendo... La tierra (Transjordania) que hirió el Señor delante de la Congregación de Israel es tierra propia para el ganado, y tus siervos tienen ganado... otorgue esta tierra a tus siervos para posesión y no nos haga pasar al Jordán".
Entonces Moshé le respondió... "¿Vuestro hermanos irán a la guerra y vosotros os quedaréis aquí?" (Bamidbar 32: 1-6)
Estos versículos nos indican parte de las largas negociaciones mantenidas entre tribus citadas, Moshé y Eleazar. Los argumentos vertidos resultan convincentes. Las tribus en sí numerosas y rica, poseían mucho ganado y - viendo que la tierra de Jaser y Guilad, ya conquistadas, eran un lugar propicio para los animales y alejado del centro del país, por lo que no sería citada por ninguna tribus - pidieron a Moshé: "Si hemos hallado gracia a tus ojos, otorgue esta tierra a tus siervos para posesión y no nos haga pasar el Jordán".
Pero, al analizar estos versículos, comprendemos el gran peligro que se esconde tras la proposición:
1. Moshé Rabenu ve antes sí personas que tienen el pensamiento de su provecho personal. A llegar a tierra fértil, piensa sólo en ganado, sin esperar la palabra de D-s, existiendo de la Tierra Prometida y de una suerte común a todas las tribus de Israel.
2. Si Moshé Rabenu accede a la proposición de las dos tribus, éstas no cumplirán su deber nacional de conquistar la Tierra de Kenaán. Recibiendo lo suyo, no hay causa alguna que los obligue a poner en peligro sus vidas al pelear con los intrusos de la tierra de Israel.
Rabí Abarbanel explica las palabras de Moshé, diciendo: "¿Es que piensan ustedes que vuestro hermanos irán a la guerra, mientras ustedes estarán en vuestras casas, campos y viñedos, patrimonio conquistado con el esfuerzo de todas las tribus?"
Después de largas deliberaciones, llegan los hijos de Gad y Reubén a una nueva proposición: Convertirse en la vanguardia del pueblo en la conquista de la Tierra Prometida a cambio de la tierra de pasturas que se daría inmediatamente sus rebaños y familias.
Responde Moshé: "Si hiciere esto, si os armaréis para marchar delante del Señor, hasta que El haya expulsado a sus enemigos y la tierra este es sojuzgada, entonces podréis volver. Y será esta tierra posesión vuestra delante del Señor" (Bamidbar 3: 20-23)
El Pensamiento Jasídico
Y La balanza de oro.
Rabí Naftalí, un discípulo de Rabí de Apt, el coronel tiempo llegó hacer Rabí de Roptchitz, pidió un condiscípulo que averiguara que pensaba de él su maestro. Durante medio año su amigo hizo toda clase de esfuerzos para conseguir que el Rabí dijera algo, pero éste no pronunció palabra acerca de Naftalí, ni elogios ni de reproches. De modo que condiscípulo informó a Naftalí, diciéndole:
"Ya lo ves, el maestro tiene una balanza de oro en su boca. Nunca emite juicios sobre alguien por temor de cometer una injusticia. ¿No nos ha prohibido juzgar incluso a los que consideramos absolutamente perversos? Porque si alguien fuera injusto con ellos, ser injusto con D-s"
Y Lágrima y risas
Un hombre confesó un pecado al Rabí de Apt el y le contó con lágrimas en los ojos como había hecho penitencia por ello. El Tzadik río. El hombre sigo contando lo que pensaba hacer todavía para expiar su pecado; el Rabí siguió riendo. El hombre quiso seguir con su discurso, pero la risa el otro no se lo permitía. Miro al Tzadik con horror, y entonces su alma contuvo el aliento y escuchó las voces que hablaban muy hondo en su interior. Comprendió cuán trivial había sido toda su alharaca sobre la penitencia y se enfrentó con D-s.
Más tarde el Rabí de Apt dijo a sus jasidim. "Hace dos mil años, ante convertirse en sumo sacerdote en el Templo de Jerusalén, tuve que aprender el servicio pasó paso. Primero fui aceptado en la compañía de sacerdotes jóvenes. En ese tiempo este hombre que acaba de irse era uno de los que vivía apartado de lo demás. Era severo consigo mismo, puro y probado en la práctica de todas las virtudes. Pero, inesperadamente, se enredó en un grave pecado. De acuerdo con la ley, se preparó para ofrecer un sacrificio por el pecado"
"La costumbre de aquel tiempo era esta. -Explicó el Rabí - Cuando un hombre llegaba hasta el encargado de elegir el animal para el sacrificio, el funcionario le preguntaba que pecado era el que debía redimir. Cuando el hombre empezaba a hablar, la pena de su secreto rebosaba y desahogaba su corazón. Luego tomaba el animal y camina por las calles de Jerusalén hasta la sala del Templo donde se realizaría el sacrificio. Ahí salieron a su encuentro sacerdotes jóvenes y le preguntaba cuál había sido su pecado, y de nuevo su corazón se fundía como cera en el fuego. Cuando llegaba al sumo sacerdote y le confesaba su secreto más íntimo, una transformación completa se operaba en él".
"Ahora bien: Cuando ese hombre entró en el Templo con su animal del sacrificio tuve la piedad de su rostro apenado y lleno de lágrimas. Lo consolé, lloré con él y alivié su corazón, hasta que empezó a recobrar su compostura y su pecado fue pesándole cada vez menos. Cuando llegó al sumo sacerdote no experimentó arrepentimiento, y su ofrenda no fue benignamente aceptada. Por consiguiente, con el tiempo tuvo que bajar a la tierra una vez más y presentarse ante mí nuevamente. Pero esta vez lo amé más"
Quitar Obstáculos de Nuestras Residencias
(“Maaké”)
El precepto con el cuál se nos ordenó quitar obstáculos y los escollo de todos nuestros lugares de residencia; es decir que construyamos una pared alrededor de las terrazas, pozos y fosas, a fin de que nadie caiga en ellas o de ellas. Del mismo modo, se nos obliga construir y reparar todos los lugares donde exista el peligro, a fin de erradicarlo.
Este precepto positivo se expresa en el versículo: "Y harás valla para tu terraza". (Devarim 22:8)
Las leyes derivadas de este precepto han sido explicadas en el Tratado Talmúdico de Babá Kamá.
El "Sefer HaJinuj” (mitzvá 538), elabora el concepto de este precepto explicando que D-s dio al hombre alma y cuerpo, subyugando a ambos a las fuerzas naturales. Esta fuerza natural e imponen que, bajó determinar circunstancias (como la caída de un lugar alto, la caída de un peso encima de la persona, etc.), el hombre sufra daños, salvo cuando se trata de hombres sumamente piadosos, fuertemente adheridos al Creador como Abraham Abinu, Jananiá y Azariá, quienes fueron arrojados dentro de un horno encendido sin que sufrieron rasguño alguno. A éstos hombres D-s entregó - a diferencia del resto de la gente - la fuerza de la naturaleza en sus manos. Debido a que la mayoría del pueblo, por sus faltas, no llega a este alto nivel, la Torá le ordenó erradicar todos los elementos que en forma natural podrían causarle daño, y no permitió que confiasen en su preservación mediante el milagro, como está escrito: "Todos el que apoya sus actos confiando en el milagro, con él no hacen milagro" (Talmud, Shabat 32 a)