Los ahorros tan deseados
Cuento
narrado por el Rav Shlomo Carlibaj.
Este
es un relato verídico:
Hace
aproximadamente unos ciento ochenta años vivió el Rav Jaim de Tshernovitz,
para quien todo era Shabat. Si se le pedía traducir la palabra “Bereshit”,
él respondía: “Es Shabat”. O si se le preguntaba el significado de la
palabra “creó”, él respondía: “¿Cómo vuelves a preguntarme?. Toda
palabra en la Torá es Shabat”. Y
en casa de Rabi Jaim, mientras su señora encendía las velas, se había visto
sobre las mismas a la Divinidad, que era como otro hombre. En otro shtetl, no
muy lejos de Tshernovitz, moraba un judío llamado Jachkale David. Una vez,
estuvo en Tshernovitz. La semana siguiente a esa visita, llegó a su Sinagoga el
viernes por la noche, y la congregación allí presente lo reconoció, al mismo
tiempo que lo desconoció. Ese
Shabat su corazón parecía estar ardiente, su rostro reflejaba
júbilo interior. Esto era extraño, tratándose de judío simple, a
quien le era imposible rezar sin cometer algún error.
Fue entonces que le preguntaron: ¿qué te ha sucedido?. El hombre
respondió: Queridos amigos, ustedes saben que a veces un ser humano tiene lo
suficiente como para no morir mas, eso resulta a la vez, insuficiente para
vivir. Jachkale David era uno de esos hombres. Una vez le dijo a su señora:
“si vivimos así durante toda nuestra vida, ¿qué pasará con nuestros niños?
Hagamos lo siguiente: durante el período de cinco años ahorremos cada
centésimo. Casi ni comamos ni bebamos ni compremos nada. Con la ayuda de D-s
ahorraremos quinientos rublos y compraremos una casa y una tienda y quizás nos
enriquezcamos”. Y así fue, cinco años de ahorro y de mucho sacrificio, hasta
que los quinientos rublos estuvieron en manos de Jachkale.
Fue así que éste se dirigió a Tshernovitz
para hacer un negocio cuando, de pronto, se dio cuenta que Shabat estaba
casi por comenzar. ¿Dónde podría dejar el dinero?. Jachkale Jaim entró a lo
de Rabi Jaim y le contó lo que le sucedía y le pidió que le guardase el
dinero hasta finalizado el Shabat. Rabi Jaim le preguntó al hombre: ¿dónde comerás en
Shabat?, a lo que Jachkale le respondió que nadie lo había invitado aún.
Entonces Rabi Jaim le dijo: “Tú debes quedarte en mi casa”. Comenzaron a
dialogar el uno con el otro cuando, de impoviso apareció una mujer, con su
rostro bañado en lágrimas y una expresión de amargura diciendo: “Rabi, por
favor, debes ayudarme; sálvame, ya no tengo más fuerzas”.
Y
esta es su historia: al parecer, su marido (fallecido hacía un mes) era el
hombre más adinerado de Tshernovitz. Sin embargo, luego de su muerte, su viuda
descubrió que no era el hombre más rico de la aldea sino que, por el
contrario, debía tanto dinero como aquél que posee un rico. Al finalizar
Shabat su hija iba a contraer matrimonio y, para tal fin, debía pagar la suma
de quinientos rublos. Si no lo hacía se descubriría que era pobre. ¡Qué
ignominia!. Y, ¿quién sabe si no le habrían de decir: si tú eres tan
pobre nosotros rechazamos el shiduj”.
Y agregó: “Rabi, discúlpeme que no haya venido antes, pero no pude, me sentí
sumamente avergonzada.” Rabi Jaim
le dijo: ¿qué habré de hacer yo ahora, pocos minutos antes de Shabat? ¿De dónde
voy a conseguir quinientos rublos? ¡Y todavía tú necesitas el dinero apenas
finalizado el Shabat ! Fue entonces que Jachkale David se puso de pie y dijo:
“Rabi, hágame un favor. Entréguele a la señora mis quinientos rublos. Yo
soy joven aún y puedo volver a conseguirlos. Rabi Jaim discutió con él, y
durante la discusión tomó el dinero y se lo entregó a la pobre viuda, que
abandonó la casa con una gran alegría.
Rabi
Jaim bendijo a Jachkale David con las siguientes palabras: “Que seas merecedor
de una riqueza como nunca se ha visto, como nunca lo has soñado. Y que vivas
ciento veinte años para ver el casamiento de tus nietos, y de los nietos de éstos.
Es que no puede ser de otra manera”. Y quiero bendecirte por otro motivo:
gracias a ti hay dos almas que tendrán “oneg Shabat” (el placer y el disfrute de Shabat): la señora a la
cual entregaste su dinero, y también su hija; ambas que, de no ser por ti,
seguramente habrían llorado durante todo el Shabat. Por eso te bendigo que
tengas Oneg Shabat por el resto de tu
vida.