Redaccion:
Simjá Raz
Editor: Rabbino Yerahmiel Barylka
Productora: Ahuva Bar-Lev
Coordinacíon Logística: Merav Shveiky
“H’ dijo a Avram: Vete de tu tierra y de tu
patria y de la casa de
tu
padre, a la tierra que te mostraré”. (Génesis 12:1)
Rabí Shmuel de Sochaczew solía decir que la exhortación “Vete”
no fue dicha solamente al primer hebreo, sino a todos los seres creados a
imagen de D’s, es decir, que avanzaran por una senda acorde con su propia
esencia. “Vete” significa vé para ti mismo, sé como eres.
Rabí Israel Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico, solía
decir: “Sabe qué hay por encima de ti”: debes saber que lo que ves allí
en lo alto es tuyo. Cada ser traza para sí la imagen suprema del Creador de
acuerdo con su propia imagen interna. Si bien el Creador hizo al hombre a su
propia imagen (la del Creador), a raíz de las limitaciones del cuerpo y el
alma del ser humano, éste crea la imagen de D’s según su propia imagen,
según su “yo” personal y vivencial.
Rabí Israel de Rozin solía narrar:
En el espléndido palacio de un rey opulento había
siempre ministros y condes, y uno de los mejores conjuntos musicales solía
interpretar gratas melodías para alegrar los corazones del rey y sus amigos.
Pero en ese palacio había también un canario que silbaba con su grata voz, y
el rey se complacía más con el canto del avecilla que con todos los músicos
y cantantes. ¿Por qué razón? Porque la voz del canario era límpida y
estaba exenta de cualquier imitación. El sonido era suyo, y sólo suyo…
“Vete…
a la tierra que te mostraré”. (Génesis 12:1)
Rabí Meír Iejiel de Ostrowiec solía decir: “El
precepto de asentarse en Eretz Israel es grande, pues se trata del primer
precepto ordenado a cualquier judío en el mundo”.
esta tierra”. (Génesis 12:7)
“Ojalá
tenga yo parte en esta tierra”
A los 75 aňos abandonó Avraham su tierra natal
para trasladarse a Eretz Cnaan. ¿Qué lo impulsó a dar ese paso? Hallaremos
la respuesta en el midrash (Bereshit Rabá 39):
“Dijo Rabí Leví: mientras Avraham transitaba por
Aram Naharaim y Aram Najor, los vio comiendo, bebiendo y precipitándose, y se
dijo: “Ojalá no tenga yo parte en esta tierra”. Mas cuando llegó a
Sulama Shlal Tzur (en el linde con Eretz Israel) los vio atareados con el
desbroce en el tiempo del desbroce, y con la escarda en el tiempo de la
escarda, y se dijo: “Ojalá tenga yo parte en esta tierra”.
Le dijo D’s: “A tu descendencia he de dar esta
tierra”.
“Dijo
Avram a Lot: No haya disputas entre nosotros, ni entre mis pastores y tus
pastores, pues somos hermanos”. (Génesis 13:8)
La realidad nos enseňa que cuando estalla una riňa entre
hermanos, resulta más difícil impedirla y detenerla que cuando estalla una
disputa entre dos personas extraňas; por eso: “No haya disputas entre
nosotros… pues somos hermanos”: las consecuencias de una disputa entre
nosotros serán amargas y nos resultará difícil reconciliarnos.
“Dijo
H’ a Avram…: Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el
norte, el mediodía, el oriente y el poniente”. (Génesis 13:14)
Así vemos que D’s dijo a Moshé (Deuteronomio 3:27): “Sube a la
cumbre y alza tus ojos”; es decir, que Eretz Israel requiere que se alce la
vista. Toda persona puede acceder a ver su grandeza y loor. Rabí Meír Simjá
de Dvinsk dijo que quien baje la vista, sólo verá en Eretz Israel un país
terrenal, como cualquier otro en el mundo, pero quien alce la mirada a las
alturas verá en Eretz Israel una tierra celestial, más elevada que todas las
otras en su grandeza y espiritualidad.
También puede decirse que Eretz Israel espiritual requiere que se
eleve la vista, mientras que Eretz Israel material requiere que se alcen las
manos para revivirla y fecundarla. Las dos están relacionadas, pues “si no
hay harina, no hay Torá”.
“Mira
al cielo y cuenta las estrellas… así será tu descendencia”. (Génesis
15:5)
El sabio Rabí Meír Shapira, director de la ieshivá de Lublín,
dijo con respecto al presente versículo: D’s invita aquí a Avraham Avinu:
“Mira al cielo y cuenta las estrellas”; y así como miras al cielo y
cuentas las estrellas, a pesar de que sabes perfectamente que el ser humano no
es capaz de contar las innumerables y grandiosas estrellas del cielo, “así
será tu descendencia”: nada les será imposible y lograrán escalar por
encima de la naturaleza humana; su fuerza de voluntad no se medirá por su
capacidad, sino que su capacidad se elevará a las alturas y en algunas
ocasiones llegará a ser una fuerza de voluntad inagotable.
“Y
creyó él en H’, el cual se lo reputó por justicia”. (Génesis 15:6)
La fe es una sola, si bien sus senderos son múltiples.
Cualquier senda es buena, si se adecua a las características del alma
del creyente. El ansia de divinidad es tan multifacética que no puede hallar
un solo cauce de expresión.
Después de la desaparición de Rabí Elimélej de Lyzhansk, sus discípulos
buscaban un justo que ocupara su lugar. Marcharon a Lublín y se dirigieron a
Rabí Iaacov Itzjak, apodado “el mago de Lublín”. Cuando vieron que “el
mago” no servía a D’s tal como ellos solían hacerlo en Lyzhansk con su
maestro, se dispusieron a partir de Lublín en busca de otro justo.
Pero cuando ingresaron a la habitación del “mago”
para recibir la bendición de despedida, éste les dijo: “La Torá tiene
setenta facetas, pero el servicio de D’s tiene cuatrocientas sendas. Pues ¿qué
valor tendría presuntamente D’s si existiera una sola forma de servirlo?
Nuestro maestro Rabí Israel Baal Shem Tov dijo: D’s
quiere que lo sirvan de todas las maneras, pero el ser humano debe elegir por
sí mismo, con todas sus fuerzas, la forma de hacerlo. Un largo pasillo
conduce hacia el recinto interior en el que se encuentra el Creador, y en ese
pasillo existen numerosas puertas. El pasillo está abierto para todos, pero
cada puerta se abre con la llave adecuada a las cualidades de la persona que
cruza el umbral. Hay puertas que se abren por medio de la alegría y otras que
se abren por medio de una lágrima; hay puertas que se abren con loas y
alabanzas y otras que se abren ante los rezos y plegarias; hay una puerta que
se abre por medio del amor y otra a través del temor reverencial.
El justo impuso a sus discípulos el deber del
autoexamen para saber a qué senda tendía cada uno de ellos.
El judaísmo no se retrae ante las vacilaciones
internas; sus maestros hallaron ciertos aspectos positivos en la duda. Así
dijo Rabín Najmán de Bratslav: …”El clamor en sí es una forma de fe. A
pesar de que grandes dudas, disidencias e interrogantes se abaten sobre el ser
humano, puesto que clama, ciertamente hay en su corazón un destello de fe. Si
no hubiera allí esa chispa de fe, no clamaría en absoluto”.
“Y
creyó él en H’, el cual se lo reputó por justicia”. (Génesis 15:6)
Rabí Moshé de Kobrin solía decir: La fe en D’s estaba arraigada e
implantada en el corazón de Avraham Avinu, pero él no pensaba que la fe había
sobrevenido por su propia fuerza, sino que “se lo reputó por justicia”:
supo que D’s le había retribuido con caridad y merced, que había
implantado en su corazón su fe y su peculiaridad.
Rabí Akivá de Razimin solía decir: Si se cree en las mercedes del
Creador, no hay interrogantes; si se cree, no hay excusas…
¡Shabat Shalom!