LA REVELACIÓN
CONSTANTE
La sala
de estudio estaba casi vacía. En el
estrecho lugar, en el cual habitualmente se abarrotaban habitualmente decenas de
alumnos para escuchar a R. Shlomó
Heimann sz"l en la Ieshivat Torá
v’Da’at de Nueva York, aquel día
acudieron apenas cuatro de ellos. ¿Por qué?
¿Acaso había
huelga de docentes? No. Lo que sucedió
fue que la nevada había
sido tan intensa durante la noche anterior, que Nueva York quedó paralizada. El
venerado Rav comenzó
a dar su Shiur diario con el acostumbrado apasionamiento que lo caracterizaba y
con el cual, obviamente, quería
imbuir a sus jóvenes alumnos americanos, quienes no habían conocido el brillos del entusiasmo de las Ieshivot destruidas de Europa.
A los
pocos minutos de haber comenzado el Shiur, la voz del Rav hacía temblar hasta la última silla vacía
del salón. Los cuatro alumnos escuchaban atentos el Shiur, pero cuando en cierto
momento, el Rav interrumpió lo que decía para tomar
aire, uno de ellos aprovechó
para hacerle ver a su distinguido maestro que no necesitaba habla tan alto dado
que solamente eran cuatro...
A lo
cual respondió
R. Shlomó:
: "¿Uds. piensan que yo les estoy hablando únicamente a ustedes? No! Yo le estoy enseñando la Torá
a Uds., a vuestros hijos y alumnos, y a los alumnos de vuestros alumnos. Yo
quiero que también
ellos escuchen lo que estoy enseñando!".
("In the footsteps of the Maggid" de R. Paysach Krohn)
Es muy posible
que muchos de nosotros no tengamos noción de lo que es la Revelación Di-vina. Aun
menos, si estamos veraneando lejos de nuestros apoyos espirituales como son la
sinagoga o la Ieshivá
en donde estudiamos. Sin embargo, brevemente, podemos decir que, si después
de más de tres mil años,
los judíos somos concientes de nuestra identidad y seguimos aferrados a la enseñanza
que se nos transmitió,
entonces se debe a que en cada momento en que se sienta a estudiar un maestro
con su alumno, o un padre con su hijo, se vuelve a transferir la Torá
al próximo eslabón.
En este esfuerzo mancomunado tienen participación
todos los que promueven que eso suceda. En primer lugar, los que estudian y sus
esposas o sus padres que los apoyan. A su vez, y con importante mérito, quienes
hacen posible que esto suceda mediante su soporte económico. Entre todos, hacen arder el fuego del Monte Sinaí
del cual leemos en Parshat Itró,
tal como ardió
frente al pueblo congregado allí por Moshé.
El gran
Sabio R. Meir Shapiro sz"l, Rosh Ieshivá
de Jajmei Lublin propuso ante la gran asamblea de rabinos en 1923 en Viena, que
en todas las Ieshivot se estudiara el mismo folio de Talmud como parte de su
programa diario, uno por día
todos los días del año,
de manera que al cabo de siete años
y medio, todos los alumnos hubieran cubierto el Talmud completo. El proyecto fue
aceptado con gran ímpetu por los presentes (hasta el día de hoy se sigue este ritmo en numerosísimas sinagogas, con el nombre de Daf Iomí(,
y se decidió
dar comienzo al programa a partir del siguiente Rosh HaShaná.
En
aquella noche de Rosh HaShaná,
la hermana de R. Meir tuvo un sueño en el cual vio
cómo
en Gan Eden, investían a su madre con una corona de oro.
Cuando más
tarde le preguntaron a R. Meir el significado del sueño,
éste respondió:
"Cuando yo era niño, nuestra
familia estaba obligada a mudarse de vivienda muy a menudo de una ciudad a otra.
Lo que más
molestaba a mi madre, era que a raíz
de eso, yo perdía, en cada cambio, días de estudio.
Una vez, cuando se programaba la próxima mudanza, mi
madre contrató
a un maestro del lugar hacia donde nos trasladábamos, para que me esperara en el lugar de arribo de las carretas. Cuando
llegamos, no estaba. Mi madre se sentó
y comenzó
a llorar allí
mismo. Yo traté
de consolarla: ‘No importa, mamá!
Mañana
volveré
a estudiar’. Mi madre me miró
a través
de sus lágrimas, y me respondió: ‘Meir’l,
Meir’l, tú
eres demasiado joven para comprender el valor de un día de
estudio..." (extraído
de "More Shabbos Stories")
....y
nosotros, los mayores, ¿comprendemos el valor de cada día de estudio?
Daniel
Oppenheimer