El Rabino Shimshon Rafael Hirsch (1808-1888, Alemania) en su comentario a
la Torá
, nos presenta -a modo
de síntesis- en qué consiste
nuestra porción
semanal. Éstas son sus
palabras: "...Shelaj Lejá (Envía
para ti -a las
espías-, lectura de la semana anterior) es la perashá
que nos presenta la
sublevación popular contra D-s; Koraj, en cambio, es la perashá que muestra
la rebelión contra Moshé".
Seguramente nos resultará un tanto difícil comprender esta situación. Pero
la realidad es que las cosas -cuando vienen mal- se "agolpan" tras la
puerta del presente y se "abren paso" sin pedir permiso. Y el de éste,
nuestro pueblo, elevado de entre la miseria, el anonimato y la
despersonalización que generó en él la esclavitud egipcia, no es para nada
claro. Creemos que "makát joshej" - "la plaga de la oscuridad" se ha
cernido sobre el campamento, una densa y dramática neblina, que más allá de
no permitir ver, ha enceguecido los ojos de toda una generación. "No hay
peor ciego que el no quiere ver", dice un aforismo popular. Y tal vez allí
radique la génesis de los conflictos. Cuando no vemos. O mejor
dicho,
cuando no queremos ver más allá
de lo que podemos o debemos.
Porque como si "fuera poco", tal como lo asevera el Rabino
Hirsch, la
"semana pasada" la cosa fue contra el mismísimo Creador, y ahora, ya
"superado" el "reto al Cielo", lo bajamos a tierra, siendo los
destinatarios Moshé y su
hermano Aharón.
"...Mas Koraj... con Datán y Aviram... y On, hijo de Pélet
...tomaron
gente, y presentáronse delante de Moshé y Aharón, con
250 hombres de los
hijos de Israel, príncipes de la congregación, personas escogidas de la
asamblea, varones de renombre; y juntándose contra Moshé y Aharón, les
dijeron: ¡Basta ya con
vosotros, pues toda la congregación, todos ellos son
santos y el Señor está en
medio de ellos! ¿Por qué, pues, os eleváis -sólo
vosotros- sobre la asamblea del Señor?"
Este es el tema dominante de la perashá. Sin duda alguna. Y no podemos
evitar el volver a hablar de él. Creemos que la sentencia del Rabino Hirsch
es muy clara: en la perashá anterior
se puso "en tela de juicio" la
Soberanía del Creador, del Uno y Único, de Su Palabra, de Su Promesa, de su
irrestricta Bondad para con este pueblo "duro de cerviz". Y si ya llegamos
a este punto, nos decimos para nuestros adentros, ¿cómo no esperar estos
acontecimientos arriba relatados? Si ya se pudo "cuestionar" a D-s en medio
de un campamento, ¿cómo no cuestionar el liderazgo terrenal? ¿Cómo no dudar
de la integridad de Moshé y de
su hermano? ¿Por qué no hacerlo, se
preguntaban Koraj y sus hombres, si de todos modos ya "todo está perdido"?
(Recordemos por favor, la sentencia emanada de D-s, luego del suceso
de los
espías, que "toda aquella generación moriría indefectiblemente en el
desierto", a causa de la poca fe experimentada frente a la conquista de la
tierra). Pero, ¿por qué todo
esto, y ahora?
"Kashá ka-sheol kiná" - "tan dura como la muerte es la envidia", sentencia
el Shir Ha Shirím -Cantar de los Cantares- (Cap. 8:6), y continúa diciendo:
"...¡sus brasas arden como brasas de fuego, llama
fuerte!" Así como el
fuego no se detiene en su implacable marcha de muerte y destrucción de todo
cuanto hallare en su camino, así la envidia -"Kiná"-, si ella se anidó en
el corazón del ser humano, no tardará en quebrar las cavidades del corazón
para extender su fuego a todo cuanto se interponga en su trayecto.
Ese corazón, asiento de la sabiduría y el discernimiento en la perspectiva
bíblica, no sabrá de tales
virtudes cuando se encuentra consumido por la
envidia, pues más allá de
"quemar a terceros", se estará "incendiando a sí
mismo". Seguramente afectará a terceros con su llama y los quemará, pero
quien se consumirá definitivamente
en su propio fuego, será él
mismo...
"...la envidia es fuego que carcome de los huesos", dice
el libro
Proverbios (Cap. 14:30). Mientras Rabi Eliezer ha-Kapar sentenciaba: "La
envidia, la codicia y la ambición terminan por sacar al hombre de este
mundo" ("Kiná, veha-taavá veha-cavod, motsiím et ha-adám min ha-olam",
según Pirké Avot 4:21).
Y nos volvemos a preguntar: ¿es que tan bajo hemos llegado? Y tal vez sea
así. Cuesta mucho ascender,
elevarse, llegar a un punto desde donde podemos
"ver las cosas de otro modo". Pero ¿cuánto cuesta mantenernos en esa
posición? ¿Cuánto es el
esfuerzo que debemos imponer a nuestro "corazón",
para que no "envidie, ni codicie ni ambicione"? ¿Cómo hacer para no
sentirnos fuera de éste, nuestro mundo, un mundo donde los cuestionamientos
-como "brasas de fuego, llama fuerte"-, están a la orden del día, y sólo
nos retractamos una vez que "motsiím otanu min ha-olam", una vez que nos
han sacado de este mundo, de la vida misma?
Koraj y toda su gente representan esa dimensión. No supieron esperar su
propia oportunidad, ni dieron lugar a su corazón para ser sabio y
reflexivo. Sumir a una comunidad en anarquía y libertinaje es cosa de todos
los días, cuando todos los días lo único que se interpone ante mí es el
"dirigente de turno". Así lo vivió Koraj. Una
persona con todos los títulos
y con todo el abolengo. Una persona como cualquiera de nosotros, en
cualquier día, en idénticas circunstancias. Pues, llegar "arriba" fue duro,
difícil. El era Leví. Estaba por encima de todo el resto. Pero no le
bastaba. La caída es abrupta, "en picada" podríamos decir. ¡Qué rápido se
baja y se cae uno! ¿Verdad?
Los Sabios del Talmud fueron muy claros y precisos en cuanto a este
episodio, a Koraj y a todos los suyos. Así lo aseveraron en el Tratado de
Sanhedrín 109 A y B: "...La sociedad de Koraj no tiene participación en el
mundo futuro, como dice lo escrito: 'Y los cubrió la tierra...' en este
mundo, 'Y perecieron de en medio de la congregación', para el mundo del
futuro; éstas son las palabras de Rabi Akiva". Claro. Tal como lo dijimos,
"todo estaba perdido para ellos". ¿Todo realmente? Según Rabi Akiva, con su
accionar perdieron este mundo y el otro... Tal vez por eso fue que no
pudieron ver más allá, por esa
ceguera atroz que causa la ambición por el
poder, la envidia, la codicia... "fueron sacados del mundo" en palabras de
la Mishná. Rabi Akiva agrega:
"de este mundo y del venidero". Pero ¿no hay
esperanzas, nos preguntamos?
Y leeremos en nuestra perashá: "Mas los hijos de Koraj no murieron"
(Números 26:11). Enseña nuestro Talmud: (Sanhedrín 110 A): "Se ha enseñado
que se dijo en nombre de nuestro maestro Moshé: se les destinó un
lugar en
el 'Guehinóm' -las profundidades de la tierra donde hay fuego- donde se
sientan a cantar (salmos). Cierta vez -refirió Rabáh bar Bar Janah-,
estando de viaje, me dijo un árabe: 'Ven, te mostraré el lugar donde fueron
tragados los hombres de Koraj'. Fui con él y vi dos grietas de las que
salía humo. El árabe tomó un manojo de lana, lo mojó con agua, lo ensartó
en la punta de la lanza y lo pasó por allí, y la lana se chamuscó.
'Escucha', me dijo, 'lo que ahora vas a oír'. Y oí que decían: 'Moshé y su
Torá son verdaderos, y nosotros
somos mentirosos'. 'Cada treinta días', me
dijo el árabe, 'se dan vuelta en el guehinóm -este espacio subterrenal
ardiente en fuego-, como carne en la olla, y dicen: 'Moshé y su Torá son
verdaderos, y nosotros somos mentirosos' ".
Un relato que tiene que ver con aquel "fuego de la envidia", al cual
hicimos referencia. Pero los hijos de Koraj, tuvieron lugar en el
Santuario. Para cantar, para alabar al Creador "...Lamnatseaj libné Koraj,
mizmor" leemos en el libro de Tehilím. Y se cantaba muy
temprano por la
mañana. Cuando las cosas son claras, cuando se disipan todas las nubes y la
densa neblina y oscuridad, dejan su lugar a la luz, sólo allí se puede ver
mejor y se puede comprender que existe un orden. Sólo allí podemos acceder
a la dimensión de saber ocupar nuestro lugar. Para no salir
"prematuramente" de éste, nuestro mundo... Para alcanzar la inmensidad de
la vida, multiplicada por dos. Dos mundos. Dos vidas. Toda una eternidad.
Koraj se lo perdió. No supo ver
más allá de sus propias
ambiciones. No pudo
superar nunca sus propias frustraciones. Un hombre -un ejemplo-, que en
palabras de Rabí Shimón ben
Lakish "tomó un mal
negocio entre sus manos"; y
que por otro lado "sumió a
Israel en el vacio", a su propio pueblo; y que
por sobre todo, "un ser humano que abrasó con intenso fuego a todo el
mundo, tanto como el calor del mediodía"... Rashí, el comentarista bíblico
por excelencia, dice: "Perashá zó iafé nidreshet". Esta perashá de la Torá
ofrece infinidad de interpretaciones. Ya lo creemos. Koraj no murió nunca
tal vez de en medio de nosotros. Todavía el fuego que encendió -así como el
relato del Talmud- sigue prendido y humeando...