Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

 

PERASHA KI TISA:

"El sentido de la Tefilá"

 

Sobre el versículo: "Y será si escucharán mis preceptos que Yo les ordeno hoy de querer a Hashem vuestro Di-s y de servirlo con todo vuestro corazón" (Debarim 11), el Talmud pregunta en Taanit 20: "¿cuál es el servicio que se realiza con el corazón?". La respuesta es: "se refiere a la Tefilá", ya que su base consiste en alcanzar una anulación total del individuo frente a Hashem, demostrando que las fuerzas humanas son absolutamente nulas para alcanzar la solución del problema por más ínfimo que sea y que sólo el Todopoderoso puede responder a los deseos del corazón.

 

En esta Perasha leemos el suceso en donde el pueblo de Israel hizo el becerro de oro, antítesis absoluta de este sentimiento, ya que con ese comportamiento el pueblo quiso demostrar su existencia y su personalidad, como le expresaron claramente a Aharon: "levántate y haz para nosotros un Di-s que se encamine delante nuestro" (Shemot 32). El reclamo era que ellos mismos deseaban elegir quien los dirigiera como ellos querían, sin que nadie les indicara lo que debían hacer. Precisamente, el becerro era el resultado del oro y la plata que ellos mismos habían donado. Luego que el becerro fuera creado, la Torá nos dice: "Y se sentó el pueblo a comer y beber y se levantaron para reír" (Shemot 31). Habían conseguido lo que se habían propuesto: poder comer, beber, reir, satisfacer los deseos materiales olvidándose de todo concepto espiritual de anulación frente a la voluntad de Hashem.. En ese momento, Hashem le dijo a Moshe: "observé a este pueblo y es un pueblo duro de cerviz". Rashi comenta que el significado de esa frase es que dan vuelta la nuca frente a los que los corrigen y se niegan a escuchar. Se trata de la manifestación más clara de querer hacer lo que se antoje de acuerdo al deseo material del momento.

 

Frente a esta negación, el enojo de Hashem fue terrible. Ninguna actitud parecía ayudar: ni que Moshe hubiera roto las tablas, tampoco el haber quemado el becerro hasta convertirlo en cenizas ni que hubieran muerto las tres mil personas responsables de la creación del mismo. Aún Hashem mantenía su furia, ya que el becerro representó una separación entre Israel y Hashem. A pesar de que el Satán fue el instigador de esta rebelión, al mostrar al pueblo cómo en el Shamaim llevaban el féretro de Moshe y que ya no podría regresar, el pueblo debió haber utilizado la fe en Hashem y la anulación de su propia existencia incluso frente a lo que sus ojos veían. La situación era extremadamente difícil. Hashem le dijo a Moshe: "Y ahora déjame y me enojaré con ellos y los exterminaré y haré de ti un pueblo grande" (Shemot 31). ¿Cuál era la solución frente a algo tan terrible? Sólo actuar en forma opuesta totalmente a lo que el pueblo había hecho hasta ahora. Había que llegar a una manifestación extrema de anulación total frente a Hashem. Fue lo que hizo Moshe Rabenu. Veamos cómo actuó.

 

El versículo atestigua: "y estuvo allá con Hashem cuarenta días y cuarenta noches, pan no comió y agua no bebió" (Shemot 34). Realmente no podemos comprender lo que es ayunar durante cuarenta días haciendo Tefilá a Hashem. Nosotros creemos después del día de Kipur, que llegamos al máximo de las fuerzas que un ser humano pueda brindarle a Hashem y que seguramente por la elevación espiritual alcanzada, lograremos el perdón tan ansiado. En este caso, Moshe Rabenu -cuyas Tefilot tenían un nivel que se encuentra fuera de nuestro entendimiento- permaneció tanto tiempo sin comer ni beber, sólo haciendo Tefilá a Hashem. Esa anulación total de Moshe Rabenu frente a Hashem en el monte de Sinai, alcanzó el objetivo buscado: "los perdoné de acuerdo con tus palabras" (Bamidbar 14). A tal punto llegó la anulación de Moshe que sintió que sólo podía pedir por el mérito de nuestros patriarcas: "Recuerda a Abraham, Izjak y Iaacob que juraste a ellos en Tu nombre y les dijiste que aumentarías vuestra descendencia como las estrellas del cielo" (Shemot 32). Cuando los Sabios de la Gran Asamblea fijaron las Tefilot diarias, estipularon en ellas el recuerdo de nuestros Patriarcas enseñándonos el mismo método de anulación propia sin creer que somos merecedores de lo que solicitamos. Sólo podemos pedir apoyándonos en la piedad del Creador y en el mérito de nuestros Patriarcas.

 

Más aún, no sólo que Moshe no pidió por su propio mérito, sino que estuvo dipuesto a renunciar a todo lo que había alcanzado. Sobre el versículo: "y ahora, si levantas su pecado. Y si no lo haces, bórrame del libro que escribiste" (Shemot 32), Rashi explica que Moshe le dijo a Hashem que los perdonara y en caso de que no lo hiciera, que borrase su nombre de la Torá. Pero el Seforno tiene otra explicación más concordante con lo que está escrito literalmente y es la siguiente: "tanto que lo perdones o no lo hagas, borra mis méritos de tu libro y anótalos en la cuenta de ellos para que alcancen el perdón". Esta anulación total de Moshe no podía tener otra consecuencia que el perdón buscado. Quizás con esta base podamos entender por qué luego de quinientas quince Tefilot que había hecho Moshe para poder entrar a la tierra de Israel, la respuesta de Hashem fue: "suficiente para ti, no aumentes hablarme más de este tema" (Debarim 3). Hashem ya había comprobado con el suceso del becerro hasta dónde podía llegar la Tefilá de Moshe y si lo hubiese dejado, el resultado no podía haber sido otro que despertar la piedad de Hashem permitiéndole entrar a la tierra de Israel.

 

¿Cómo hacer para alcanzar ese grado de anulación en nuestra Tefilá? Nuestros Sabios nos dieron una señal: "aunque las puertas de la Tefilá hayan sido cerradas como dice el versículo en Tehilim 39: "escucha mi Tefilá Hashem y presta atención a mi clamor, a mis lágrimas no dejes de escuchar" (Berajot 32). El llanto no depende de la voluntad de la persona. No se llora ni se deja de hacerlo porque se quiera, sino que se trata de una reacción espontánea que depende del sentimiento y se encuentra fuera del control humano. Por eso, cuando la persona en el momento de la Tefilá alcanza ese sentimiento que le hace brotar lágrimas de sus ojos, es una señal de anulación de su personalidad frente al Todopoderoso. De ahí proviene el concepto del Talmud acerca de que su Tefilá será escuchada porque "las puertas del llanto no están cerradas".

 

Es cierto que muchos problemas que la persona tiene en la vida son solucionados por otra persona. Aparentemente, sólo se debe recurrir a la dirección correcta: un familiar, un amigo influyente, un buen médico, etc. Pero todos somos concientes de que hay situaciones en la vida en las que ni la plata ni la medicina más avanzada ni ningún amigo pueden solucionar. Sólo quien creó ese problema puede hacerlo. ¿Por qué no dirigirnos a El con todo nuestro corazón y con el idioma que nuestros labios hablan para hallar la salida? El concepto de Tefilá no es sólo decir lo que está escrito en el libro de oraciones tres veces por día. La Torá nos califica en varios lugares como hijos de Hashem y, como tales, nuestra relación con nuestro Padre es total y en cada instante del día podemos encontrarlo. ¿Acaso escuchamos alguna vez que un padre reciba a su hijo sólo tres veces por día? Debemos aprender de los niños que ante cualquier problema recurren a sus padres ya que piensan que ahí encontrarán la respuesta necesaria. Nosotros también tenemos a Hashem que nos creó, nos da todo lo que necesitamos, a cada instante nos hace favores y nos quiere mucho más que lo que ama cualquier padre a su hijo. Sólo debemos saber en cada momento de la vida que Hashem está con nosotros, que supervisa lo que sucede y que sólo a El hay que pedirle. El que sabe que su padre se encuentra a su lado y que puede solucionar cualquier inconveniente que se presente, tendrá su espíritu tranquilo; su alma feliz y todos sus problemas se empequeñecerán.

 

El Rab Iejezkel Levinshtein Z"L nos enseña una base fundamental sobre lo que es la Tefilá. Normalmente, se cree que la Tefilá es un medio para salvarse del problema y si éste no existiera no sería necesario pronunciarla. El Midrash Rabá nos da el siguiente ejemplo que nos muestra hasta qué punto estamos equivocados: un rey iba por un camino y escuchó los gritos de una joven princesa que era atacada por unos ladrones y rápidamente la liberó de los asaltantes. Al poco tiempo quiso casarse con ella, pero la princesa ni siquiera le dirigía la palabra. ¿Qué hizo el rey? Le envió ladrones para que la atacaran y cuando ella clamó, apareció nuevamente el rey para salvarla. La Tefilá es un objetivo por sí mismo que mantiene al mundo al acercar al orador a su Creador. Cuanto más se concentre la persona en sus ruegos, más se elevará espiritualmente con temor, agradecimiento y amor a Hashem. Por eso, el Talmud en Berajot 21 comenta: "ojalá que la persona hiciera Tefilá todo el día". Cuando la persona deja de hacer Tefilá y se olvida de Hashem, aparecen los problemas que lo despiertan para que vuelva a hacer Tefilá. O sea que la Tefilá no es un medio para solucionar el problema, sino que por el contrario el problema es el medio que Hashem utiliza para que la persona haga Tefilá. Es el ejemplo del Midrash sobre el rey que utilizó a los ladrones para que la princesa se acordara de él. Con este concepto se puede responder a esa pregunta famosa: ¿Cómo puede la persona hacer Tefilá para que Hashem anule el decreto que El mismo le envió? Después de lo que el Rab Levinshtein Z"L nos enseñó, encontramos la respuesta: lo que Hashem pretende al enviar los problemas a la persona es que se despierte y que precisamente haga Tefilá. ¿Acaso Hashem no conoce el problema de la persona y cuál es su necesidad? ¿Para qué hacer Tefilá?

 

El secreto de la Tefilá es que por intermedio de ella, al anularse la persona y depender únicamente de su Creador demuestra que todo y absolutamente todo proviene de Su supervisación y no existe nada que suceda fuera de ella. Precisamente ésa es la grandeza de nuestros Sabios a los que recurrimos para que imploren por nuestros problemas. ¿Por qué Hashem escucha la Tefilá de ellos? El Talmud comenta en Berajot 34 que a Ribi Janiná ben Dosá siempre le sucedían milagros. En una oportunidad, había ido a estudiar con Raban Iojanan ben Zakai y el hijo de éste se enfermó. Raban Iojanan le dijo: "¡Janiná, pide Tefilá por él para que viva!". Ribi Janiná ben Dosá colocó su cabeza entre sus rodillas, pidió piedad al Eterno y así el niño se curó finalmente. Ribi Iojanan le contó a su señora que si él mismo hubiese puesto su cabeza entre las rodillas durante todo el día, no se hubiese aceptado su Tefilá. Su señora le preguntó: "¿acaso Ribi Janiná es más importante que ti?". La respuesta de su esposo fue: "no, sino que él se compara a un sirviente delante del patrón que puede entrar y salir sin permiso; en cambio, yo soy como un ministro que no lo visita en forma continua". Es la clave de la Tefilá, sentir que nada depende de uno mismo, como sucedía en la época de la esclavitud, en donde el esclavo dependía íntegramente de su amo, pero tenía la ventaja de poder entrar al palacio en cualquier momento para arreglar o limpiar algo sin preguntar ni decir hacia dónde se dirigía. El ministro, al ser más importante, debe concertar una cita previa para poder encontrarse con el rey. Esa relación entre la persona y el Creador debe ser como dice el rey David: "como un bebé con su madre" (Tehilim 131). Toda madre llega a su hogar luego del parto con una orden del médico: debe descansar y reponerse. Sólo que su pequeño bebé, cada tres horas se despierta para comer, sin importarle la hora del día o de la noche. ¿Qué es lo que obliga a esa madre a levantarse y atenderlo? Ella sabe que su hijo depende exclusivamente de ella y por eso le otorga todo. Pero cuando ese hijo ya crece y se independiza de su madre, cada vez recibe menos de ella. Mientras más depende, más recibe. Es el secreto de la Tefilá, es lo que sabía Ribi Janiná ben Dosá: se sentía como un sirviente que no podía hacer nada por su cuenta. Todo dependía de su amo y quizás a eso se refiere el Talmud cuando comenta que Ribi Janiná colocaba "la cabeza entre las rodillas", la misma posición que tiene un bebé en el vientre de la madre dependiendo sólo de ella.

 

Que el Todopoderoso reciba nuestras Tefilot y seamos dignos de presenciar el momento de la Gueulá. Amén.