Ki Tetse

 

Cuando olvidar vale la pena

 

"Estos son los preceptos para cuyo cumplimiento la Torá no asigna límites:

Peá (rincones de un campo en cultivo, que no debían ser cosechados durante

la siega, reservándolos para los necesitados y extranjeros desprovistos de

tierras), las primicias (primeros frutos de la tierra, que se traían como

ofrenda al Templo), el Reaión (ofrendas que se traían al Templo de

Jerusalém en ocasión de las 'Fiestas de Peregrinación': Pesaj, Shavuot y

Sucot), la beneficencia, y el estudio de la Torá" (Mishná Peá I:1).

 

El mes de Elul, "Tiempo de Misericordia y Perdón" para el pueblo de Israel,

asume un significado muy particular no sólo en cuanto a la relación con

D-s, como lo indica su nombre, sino también a la de nuestros vínculos con

nuestros prójimos.

A lo largo del mes, último del calendario hebreo, debe existir una suerte

de "tornar corazones" entre los integrantes del pueblo judío. Así lo

entendieron nuestros rabinos, cuando al querer hallar ese símbolo, "leían"

en cada letra de las cuatro que componen el nombre Elul en hebreo, un

mensaje doble, a saber:

 

E (equivalente a la letra "alef") = Ish;

L (equivalente a la letra "lámed") = Le-reéu;

U (equivalente a la letra "vav") = U-matanot;

L (equivalente a la letra "lámed") = La-ebioním.

 

Vale decir: "Cuando cada Hombre (ish) se torne hacia su prójimo (le-reéu),

y cuando se dan regalos (matanot) para los indigentes (ebionim)"; así

también este mes, significaba con sus letras un caro concepto que anidaba

en el sentimiento profundo de nuestros Sabios, insinuando tanto el vínculo

con el Creador, como así también para con sus congéneres:

 

E (equivale a la "alef") = Aní;

L = Le-dodí;

U (equivale a la letra "v"

cuando no es vocal) = Ve- dodí;

L = Lí.

 

Es decir:

"Aní Le-dodí Ve-dodí Lí" - "Yo soy de mi amado y mi amado lo es para mí".

El mes propone, el hombre dispone. Y entre ambos, asoma mágicamente en el

tiempo nuestra Torá, donde el privilegio de la vida no le es concedido a

unos pocos, y construye un puente -vital, atemporal y ético-, entre ese

tiempo que nos propone y la sociedad que se predispone a vivir ese momento

con integridad.

Así, accederemos una vez más a través de la presente perashá "Ki Tetsé" -

"Cuando salieres", a esos aspectos donde cuidadosamente el texto bíblico

nos propone "ganarnos la recompensa" de ser un poco más humanos, por medio

del cumplimiento de preceptos que, tal cual lo perfila la Mishná

(recopilación de la tradición Oral del pueblo judío, Siglo III de la Era

común), "No se les asigna límites"(es decir, no se nos dice de cuánto deben

ser ni de cuánto deben constar; preceptos no cuantitativos).

De este modo, quedarán expuestos en el capítulo 24, y a partir del

versículo 19 hasta el 22 (tan sólo cuatro versículos son suficientes,

insinuaría la Torá, para comprender la Tsedaká...) los criterios básicos

que -en cuanto a los donativos a los pobres- deberemos implementar. La Torá

nos habla de: ..."cuando segares tu mies en tu campo, y olvidares alguna

gavilla en el campo..." ¿Qué hacer en ese caso?... "No vuelvas para

recogerla".

Debo dejarla. No volver tras de mí. Debe quedar allí donde quedó. ¿Para

quién? "...será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda...."

establece nuestra Torá. Y si prevalece en nosotros la duda, si es que vale

la pena obrar de este modo, nos lo aclara el final del versículo: "...para

que Te bendiga el Señor, Tu D-s, en toda obra de tus manos". Pero allí no

termina la tarea. Es sólo el comienzo. El otro espacio lo constituye:

"...cuando vareares tus olivos... No recogerás las ramas que hayas dejado

tras de ti..."

Nuevamente se me indica no retroceder. Nuevamente los beneficiarios serán

el "extranjero, el huérfano y la viuda". Y por último, el tercer recinto de

productividad tampoco será "presa del olvido": "...cuando vendimiares tu

viña, no rebuscarás tras de ti".

No debo "volver a buscar". Mi primer intento, meticuloso o no, ya es

suficiente. También aquí, el extranjero, el huérfano y la viuda necesitan

recorrer la viña.

Pero cabe la pregunta: ¿cuál es el objetivo del mandamiento? Podríamos

pensar, a priori, en el apoyo material al débil y mendigo. Pero no. No

creemos que la finalidad sea precisamente ésa, al menos desde el punto de

vista social. ¿Por qué? Nos induce a pensar de este modo, el hecho de la

cantidad ínfima que proporcionan la espigadura y la gavilla olvidadas, que

no podrán satisfacer las necesidades materiales de estos tres sectores,

profunda y sensiblemente carenciados.

Más aún llama la atención, lo fortuito en el cumplimiento de tales

preceptos. No sólo eso, creemos que es inaceptable, hacer depender la

imprescindible ayuda al menesteroso, de... ¡la casualidad del olvido!

Estamos, eventualmente, ante el único precepto que no depende de la

voluntad humana. Y tal vez, la única oportunidad en la cual no hay

intención (Cavaná) en el cumplimiento del mismo. (¡Nadie olvidará algo suyo

y tan prioritario como el alimento en su propio campo!). Por lo tanto:

¿cuál es el propósito último de esta noble ordenanza? Y nos respondemos:

tal vez debemos buscar el propósito de la misma, en la ausencia de

intención de ella.

El Sefer HaJinuj (obra referida a los 613 preceptos, donde se explican sus

motivos, fundamentos y principales normas. La identidad del autor se

desconoce, habiendo quienes la atribuyen a Rabí Aharón HaLeví, sabio

Barcelonés del Siglo 12), sugiere que la raíz del precepto encierra la idea

de "la educación del individuo, o más bien, la educación de la conciencia

del individuo" - "She-ikné bazé Néfesh Tová" - "Para que pueda forjarse un

Nefesh (la totalidad de su ser vital), un alma buena y generosa". Es decir,

que D-s quiso que el pueblo de Israel, sea ornamentado, adornado (para ser

embellecido) con toda virtud, buena y cara, para que posea un "Alma

generosa y espíritu dadivoso". ¿Cómo podemos explicarnos todo esto?

Se nos sugiere que hay Acciones -"Guemilut Jasadim"-, o sea, todos aquellos

actos que provienen de la Bondad ilimitada. Cuando estas acciones -Jasadim-

forman parte de nuestra dinámica espiritual, nuestro Nefesh, nuestra Alma

resultaría quedar "Impresionada" por la buena actitud, y así se tornaría

cada vez más y más bondadosa, permitiendo al Jesed crecer en nosotros,

transformándose de ese modo (el alma) en el receptáculo ideal para la

Bendición del Eterno "...Para que Te bendiga el Eterno, Tu D-s, en toda

obra de tus manos".

Por tanto, sepamos discernir un criterio básico: los motivos para los

preceptos que tienen que ver con lo social, en cuanto a lo equitativo, o

mejor dicho, a la equiparación en el plano de las necesidades vitales que

hacen a cada ser humano; decíamos, que los preceptos no sólo son ordenados

para mejorar la situación de los pobres, sino y fundamentalmente, para

educar a los más pudientes...

Debemos intentar, cada día de cada año, "adquirir una alma bondadosa". No

basta con nacer bueno. El Jesed, la bondad, es un atributo que como cada

uno de nosotros, debe acompañar nuestro crecimiento físico y moral. No hay

casualidades. El olvido que nos plantea la Torá, es activo: ¡No nos

olvidemos de que somos humanos! No pretendamos "llenar nuestras almas"

recogiendo hasta el último beneficio de nuestro trabajo, pues de esa forma

la "estaremos vaciando" de su esencia: la generosidad...

Por eso, tal vez, la Torá nos pide: "¡No te vuelvas para atrás...!"

Retroceder es descender de tu escala espiritual, de ese "Ruaj nedibá", de

ese espíritu dadivoso que te habrá de mostrar... ¡cuánto has crecido!

A veces es bueno olvidar. Cuando mi olvido me "permite recordar" cuán

humano debo ser, para deberme al pueblo judío, a su Torá y por sobre todo

¡a D-s!