PERASHA KI TESE:
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta
sección
"Sólo de mí
depende"
Nos encontramos en el mes de Elul, el mes de la Teshuba. Si bien las
bases de la Teshuba son el arrepentimiento sincero de los pecados, la confesión
a Di-s de los mismos y decidir interiormente no ser reincidente en las
transgresiones, para poder alcanzar el éxito ideal de la verdadera
Teshuba se requiere una tarea difícil y complicada. Pero para no caer en
desesperanza, Rabenu Iona en su libro Shaare Teshuba se refiere a la ayuda
celestial que existe para quien decida encarar esta senda de retornar a Di-s.
Analicemos en este comentario uno de los sucesos que el Talmud relata
sobre una persona que había llegado al escalón espiritual más
bajo posible y que sin embargo tuvo el mérito de encontrar la ayuda de
Di-s para recuperarse. En el tratado de Abodá Zará 17 se comenta
sobre una persona llamada Elhazar ben Durdaia que: "no se privó de
estar con ninguna mala mujer que existiera. En una oportunidad, escuchó
sobre una mala mujer que se encontraba en un lugar lejano, llevó una
bolsa llena de dinero y atravesó siete ríos para poder encontrarse
con ella". Imaginemos hasta dónde había descendido esa
persona. La Torá nos ordena: "Y amarás a Di-s con todo tu
corazón, con toda tu alma y con todos tus bienes" (Debarim 6).
Elhazar ben Durdaia -comenta el Maharal de Praga- estaba tan sometido al pecado
que estuvo dispuesto a entregar todo su cuerpo y todo su esfuerzo, poniendo en
peligro su vida y malgastando su dinero con tal de complacer su deseo. Hasta
tal punto estaba unido al pecado. Su
propio nombre lo reflejaba, ya que Durdaia significa en arameo "el resto
del vino", o sea, lo menos valioso del vino, porque en esa condición
se encontraba. Pero su primer nombre era "Elhazar", que significa:
"Di-s está en su ayuda", porque estaba latente en él
la posibilidad de corregirse como finalmente sucedió.
En el momento en que iba a pecar con la mujer, ésta le dijo:
"no tienes posibilidad de Teshuba". Cualquier persona hubiera tomado
esa frase como una simple verdad, pero Elhazar ben Durdaia se dio cuenta de que
por medio de la expresión de esa mujer, desde el cielo le daban una
última posibilidad de retornar a Di-s. Se cumplía en él la
promesa escrita por Hashem al pueblo de Israel en el libro de Debarim 26:
"no los despreciaré ni los expulsaré para
exterminarlos", o sea que no sólo desde el punto de vista físico,
sino también espiritualmente pactó Hashem con nuestros Patriarcas
que existe un límite para la caída de cada judío y en ese
momento está la posibilidad de reaccionar. Con esa ayuda Celestial,
Elhazar ben Durdaia logró la Teshuba, porque se encontraba en él
la chispa Divina que le permitió alcanzarla. Por supuesto, que en base al
libre albedrío que gobierna las actitudes humanas, también estaba
latente la posibilidad de perder esa oportunidad y de destruir su alma.
Deducimos por lo tanto que incluso a un perverso como lo era en ese momento
Elhazar ben Durdaia le envían señales desde el cielo para
despertarse y si realmente lo hace, la ayuda celestial lo conducirá por
la buena senda.
¿Cuáles fueron los siguientes pasos de Elhazar ben Durdaia para
concretar su Teshuba? El Talmud continúa el relato: "Se sentó
entre montañas y valles y dijo: Montes y valles, ¡pidan piedad por mí!".
La respuesta de los montes fue: "Antes de pedir por ti debemos pedir por
nosotros mismos, como está escrito en Ieshaia 54: "Porque las montañas
podrán alejarse y podrán moverse las colinas, pero Mi Misericordia
no se alejará de ti". El Tosafot (acotaciones sobre el Talmud)
comenta que Elhazar ben Durdaia pensó que si los montes hablaran, así
le responderían, pero que no lo hicieron en la práctica. Otra de
las posibilidades que menciona es que cada creación posee un ángel
que la representa en el cielo y fue el ángel de los montes quien le
respondió. De todas formas, el pedido de ayuda no fue escuchado.
Elhazar ben Durdaia se dirigió a los cielos, a la tierra, al sol, a la
luna y finalmente a las estrellas y constelaciones. En todos los casos, la
respuesta fue similar: "no podemos ayudarte". El Maharal de Praga
explica por qué Elhazar ben Durdaia pidió ayuda. Es sabido que el
ser humano es el objetivo de la Creación del Universo y debe dar un
contenido espiritual a su vida utilizándola para servir a Di-s. El libro
Mesilat Iesharim en su primer capítulo comenta que: "si la persona
se arrastra detrás de las cosas mundanas alejándose de Di-s, se
arruina a sí mismo y a la creación propia. Pero si se domina, se
une a Di-s y utiliza del mundo sólo lo que es necesario para servir al
Todopoderoso, se eleva a sí mismo y al propio mundo junto a él".
Todo el objetivo de la Creación del mundo es servir como medio para
que la persona pueda unirse a su Creador. Por eso, Hashem condicionó
la creación del mundo a que el pueblo judío recibiera la Torá
en el monte de Sinai en el futuro, ya que de lo contrario la tierra volvería
a ser "desierta y huera" como la Torá relata al comienzo de
Bereshit. Cuando Elhazar ben Durdaia se dio cuenta de todo lo que se había
alejado de Di-s al someterse al pecado, pensó que por lo menos sería
como lo inerte o como el cielo y la tierra que son medios para que el ser humano
pueda servir a Di-s. Elhazar ben Durdaia pensó que no sería menos
que ellos y por eso les pidió ayuda. Quizás ahora podamos
comprender la respuesta que recibió: "Antes de pedir por ti, debemos
pedir por nosotros mismos...". El Maharal de Praga explica que el pedido de
Elhazar ben Durdaia fue para que no perdiera el Olam Habá. Como los
montes, el cielo y la tierra no tienen parte en el mundo venidero, no podían
brindarle algo que ellos mismos no poseían. El Talmud en Sanhedrin 94
comenta que "seis mil años el mundo se mantendrá, mil años
permanecerá destruido y luego Hashem lo renovará". Más
allá de analizar este comentario del Talmud, tomemos conciencia que sólo
el hombre -objetivo de la Creación- puede acceder al mundo venidero,
mientras que los montes, el cielo y la tierra en algún momento se
destruirán. Por lo tanto, no tenían el poder de salvar a Elhazar ben
Durdaia.
Elhazar ben Durdaia comprendió que sólo de él dependía.
Si le habían enviado desde el cielo un mensaje por medio de esa mujer
para que reaccionara, era porque aún existía un camino para
encontrar la solución. Mientras pensaba que factores externos lo ayudarían,
aún no estaba preparado para encontrar la verdadera Teshuba. Se trata de
una clave del sentimiento humano: cuando la persona no se siente satisfecha con
su comportamiento espiritual, tranquiliza su conciencia haciendo depender sus
errores de causas ajenas a él. En ciertos casos, culpa a las malas compañías;
a no haber recibido una buena educación; al medio ambiente que frecuenta;
a los problemas económicos, etc. El instinto del mal encuentra distintas
formas para convencer a la persona de que no es responsable por lo que le
sucede. La verdadera salvación llegará sólo cuando
comprenda que sólo depende de él mismo. Se dará cuenta en
ese instante de que sus "respuestas" anteriores eran simples excusas
que no le servirán cuando deba justificar ante Di-s las actitudes de su
vida. El ser humano debe servir a Di-s con las condiciones que posee; con la
capacidad mental, el corazón, y las cualidades que Hashem le otorgó;
en el hogar que posea y a pesar de las dificultades que puedan existir. No
existe argumento posible. La
verdad es que sólo de cada uno depende. El Pirke Abot 1 comenta: "si
yo no me preocupo por mí ¿quién lo hará?; si sólo
pienso en mí ¿qué soy? y si no es ahora ¿cuándo será?".
El sentido de esta frase es explicado en el libro Shaaré Teshuba con el
mismo concepto que intentamos transmitir: "no se debe pensar que los
cambios en el alma de la persona se producirán desde afuera....
Ciertamente que las palabras de ética y corrección que se escuchen
producen el primer despertar, pero luego todo depende de uno mismo.... Porque
aunque haya escuchado palabras maravillosas, el instinto del mal se las hará
olvidar y las quitará de su corazón. Sólo si aprovecha ese
momento y aumenta palabras de reflexión en sí mismo sin apoyarse sólo
en lo que escuchó, su alma encontrará la Teshuba hasta purificarse
por completo".
Luego de comprender que sólo de él dependía, el
Talmud comenta que Elhazar ben Durdaia colocó su cabeza entre sus
rodillas y comenzó a llorar hasta que finalmente falleció.
Ribi Jaim Mivoloshin Z"l comenta que esta actitud nos enseña que la
Teshuba verdadera es aquella en la que la persona está dispuesta a
entregar incluso su alma con tal de alcanzarla. A esto se refiere el versículo
de Debarim 30: "Y volverás a Hashem tu Di-s con todo tu corazón
y con toda tu alma". ¿Por qué sólo esa entrega se considera
como Teshuba? La respuesta es muy sencilla: ¿cuál es el valor de la vida
si la persona se encuentra alejada de su Creador? ¡Su vida no es vida! Por eso,
si puede alcanzar la verdad -unirse al Todopoderoso- aún a cuenta de
entregar su alma, es correcto que así proceda. El Talmud continúa
diciendo que en el momento en que falleció Elhazar ben Durdaia, un eco
celestial proclamó: "Ribi Elhazar ben Durdaia está invitado
para la vida del Olam Haba". En ese momento, lloró Ribi y dijo:
"hay quien adquiere su mundo venidero en muchos años y hay quien lo
adquiere en un instante". ¿Por qué lloró Ribi?
Seguramente que no fue un sentimiento de envidia debido a que él se
esforzó durante toda la vida para alcanzar el Olam Habá, mientras
que Elhazar ben Durdaia lo había logrado en un instante. Su reflexión
fue mucho más profunda: Se reclamó a sí mismo, por haber
comprendido en ese instante la fuerza de la Teshuba si se sabe aprovechar la
ayuda Celestial. La deducción de Ribi fue la siguiente: si un perverso
como Elhazar ben Durdaia, en un instante de reflexión se elevó del
infierno terrenal en el que se encontraba hasta alcanzar el título
celestial de "Ribi", cualquier otra persona que no se encuentra en
un nivel tan bajo si supiera aprovechar con seriedad las oportunidades que Di-s
le brinda para acercarse a El, con seguridad que la vida sería distinta.
Por eso lloró Ribi.
El comentario final de Ribi fue: "No sólo que quienes vuelven
en Teshuba son aceptados, sino que incluso los llaman Ribi (maestro)". En
este caso, lo comprobamos fehacientemente. Ribi Elhazar ben Durdaia se
convirtió en un maestro de cómo hacer Teshuba. No sólo que
alcanzó su Olam Habá, sino que tuvo el mérito de enseñar
el camino de la Teshuba para todas las generaciones. Muchas enseñanzas
recibimos de este suceso. En principio, que existe una ayuda Celestial para toda
persona y en todas las situaciones, incluso para quien se encuentra muy alejado
de Di-s. Sólo se reclama que el ser humano permanezca atento para
aceptar la mano que Di-s le tiende. A eso se refiere el concepto de Pirke
Abot 6: "Cada día y día un eco celestial sale del monte de
Joreb y proclama: Pobre de las personas que ofenden a la Torá". Podríamos
preguntarnos: ¿Quién escucha esa voz? Nuestros Sabios nos responden que
esa voz se encuentra dentro de la persona, es la voz de la conciencia que
golpea tantas veces al reflexionar sobre las transgresiones cometidas. El
ser humano debe aprovechar ese mensaje que Di-s envía a su corazón
corrigiendo sus actitudes. Por otra parte, aprendemos de Ribi Elhazar ben
Durdaia que la obligación de hacer Teshuba es tal que la persona debe
estar dispuesta a entregar su vida por ella si fuera necesario. Para quien aún
no descendió tanto, de todas formas deberá esforzarse para
alcanzarla con toda seriedad y no podrá exceptuarse de trabajar en esa
senda. Recibimos también el mensaje de que: "todo depende de mí".
Por eso, debemos escuchar la voz interna que reclama por la Teshuba y sentir así
la ayuda Celestial que nos permita acercarnos a Di-s.
El mes de Elul en el que nos encontramos es especial para encontrar la
Teshuba. Para ello, debemos analizar el significado de la palabra
"Elul". Sobre el versículo: "Y espiarán la
tierra" (Bamidbar 13), el arameo lo traduce diciendo: "Vealilu Iat
Arha", utilizando para la expresión "y espiarán",
la raíz de la palabra "Elul". O sea que lo que debe hacerse en
este mes consiste en analizarse e investigarse para así poder corregir el
camino. "Aní Ledodí Vedodí Li" (Shir Hashirim 6),
"Yo soy para mi querido y mi querido es para mí". Esa perfecta
armonía está simbolizada en las iniciales de cada palabra del versículo,
que forman así el término "Elul". Las cuatro últimas
letras corresponden a la letra "Iod" que numéricamente suma
diez y por lo tanto refleja que en cuarenta días (desde el 1º de
Elul hasta el día de Kipur) debemos alcanzar el camino de la Teshuba. ¿Por
qué cuarenta días? Quizás porque debemos cambiar el ritmo
de vida y transformarnos en una nueva persona, de la misma forma que un bebé
se forma en el vientre de su madre en cuarenta días. ¿Qué
debemos hacer? ¿Qué espera Di-s de nosotros? Nuestros Sabios nos
enseñan en nombre de Di-s: "Abre para Mí una puerta tan pequeña
como el orificio de una aguja y Yo les abriré para ustedes como la de un
gran salón". Hashem nos reclama iniciativa, por lo menos hacer lo
que está a nuestro alcance aunque quizás parezca poco. Pero
hacerlo con todo nuestro sentimiento y dedicación, para que ese pequeño
paso llegue hasta el fondo del corazón y mueva las fibras más
íntimas de cada Iehudi. Ribi Elhazar ben Durdaia nos enseña el
camino.