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PARASHAT KI TAVÓ

Autor: Simjá Raz

 

No hay un legado gratuito

 

"Y será cuando entres a la tierra que H' tu D's te dio por heredad y la poseas y vivas en ella."                                                     (Deuteronomio 26:1)

 

Si en el principio de esta parashá dice: "que H' tu D's te dio por heredad", eso significa que es tuya. ¿Por qué, entonces, agrega: "y la poseas y vivas en ella"?

Las Escrituras quieren decirnos que la posesión de la Tierra de Israel se logra de dos maneras: una de ellas es la promesa de D's, y la otra, el trabajo y el esfuerzo. Nadie accede a una herencia y al afincamiento en la tierra si no se esfuerza y si no da el alma para radicarse en ella. No basta con la doanción efectuada por D's, sino que debemos poseer la heredad y vivr en ella.

 

 

 

El agradecimiento

 

"Y le dirás: Yo reconozco hoy ante H' tu D's."             (Deuteronomio 26:3)

 

Rashí interpretó este versículo de la siguiente manera: Y le dirás que no eres desagradecido.

En Maséjet Bicurim leemos que los artesanos se presentan ante quienes ofrendan las primicias y les preguntan cómo están, a pesar de que está prohibido formular esa pregunta a un jornalero que ha ofrecido sus servicios al amo, porque de esa manera está robando (porque el jornalero conversa con otra persona a expensas del tiempo que su amo le paga).

 

 

Pero en este caso, los sabios autorizaron a los jornaleros a hablar con quienes ofrendaban las primicias en Jerusalén, por el afecto que sentían por el precepto de las primicias. ¿Cuál es la característica especial del mismo?

La Torá se ha explayado acerca de la importancia del precepto de ofrendar las primicias, y por eso se autoriza a los jornaleros a descuidar su trabajo: porque con la ofrenda de las primicias el individuo reconoce las bondades que D's ha derramado sobre él y las bendiciones que ha otorgado a su tierra, y el hecho de que todo lo que tiene proviene de D's. Por eso, la Halajá determina que aun quien tenga una sola espiga de trigo, deberá ofrendar primicias para expresar de esa manera su reconocimiento y su gratitud ante quien le ha otorgado tantos bienes.

 

 

 

"No nos hagas necesitar las dádivas de los seres de carne y hueso ni sus préstamos"

 

"Y te alegrarás en todas las cosas buenas que H' tu D's te dio."   

                                                                                          (Deuteronomio 26:11)

 

El Rabino Moshé Leib de Sasov dijo: ¿Cuándo puede uno alegrarse "en todas las cosas buenas"?

"Que H' tu D's te dio", cuando te da el fruto de tu trabajo y no necesitas las dádivas de otros seres de carne y hueso. Es preferible una sola medida de satisfacción que diez medidas de seres humanos.

 

 

 

Que te lleguen las bendiciones del cielo

 

"Y te harás acreedor a todas estas bendiciones, que te llegarán." 

                                                                                          (Deuteronomio 28:23)

 

El presente versículo repite la idea ("te harás acreedor" "que te llegarán"). Los estudiosos interpretaron que las bendiciones prometidas a Israel llegarán sin trabajo ni esfuerzo. El exegeta Rabí Avraham Ibn Ezrá (1089-1164) interpretó este versículo de la siguiente manera: "te harás acreedor": vendrán por sí mismas; "te llegarán: sin esfuerzo. Ovadia Sforno, uno de los grandes sabios de Italia en la primera mitad del siglo XVI, lo interpretó como: aunque no te esfuerces por obtenerlas, cuando te dedique primordialmente a la Torá, y en segundo lugar al sustento. Por eso las bendiciones te alcanzarán sin que te esfuerces por obtenerlas.

 

 

 

La más difícil de todas

 

"Y el cielo que está sobre tu cabeza se tornará de cobre."

                                                                                          (Deuteronomio 28:23)

 

El Rabino Menájem Méndel de Kotsk dijo: Ésa es la peor de las maldiciones de reprimenda, porque se impide al individuo abrir una brecha en la muralla para atravesarla.

 

 

 

Si te falta el conocimiento, ¿qué es lo que tienes?

 

"Enloquecerás con lo que han de ver tus ojos."          (Deuteronomio 28:34)

 

La persona que conoce y reconoce sus defectos y errores marcha por la senda correcta para enmendarse. El peor defecto es pensar que todo está bien y que no hay nada para enmendar. El Rabino Najmán de Bratslav lo ejemplificó con la siguiente parábola:

Cierta vez dijo un rey a su virrey:

-Cuando miro las estrellas, en mis visiones percibo que quienes coman la cosecha de este año habrán de enloquecer. Amigo, aconséjame, ­¿qué comeremos este año?

El virrey pensó y le respondió:

-Mi rey, mi consejo es el siguiente: emita un decreto para que nosotros dispongamos de la suficiente cantidad de cosecha del año pasado, a fin de que no tengamos que comer la de este año.

El rey repitió:

-¿Qué ganaremos con eso? ¿Qué sentido tiene que sólo nosotros conservemos el sano juicio y que todos los demás enloquezcan? Todos dirán que nosotros, y no ellos, estamos locos. ¿Y si también los demás quieren guardar la cosecha del año pasado? Las reservas de nuestros silos no serán suficientes.

El virrey le preguntó:

-¿Cuál es, entonces, su sugerencia?

El rey respondió:

-No tenemos otra alternativa que comer también nosotros la cosecha de este año, y enloquecer junto con todo el mundo. Pero quiero que nosotros dos nos distingamos de las demás personas y que al menos sepamos que estamos locos, aunque los demás no lo sepan.

El virrey preguntó:

-¿Cómo lo haremos?

Y el rey le explicó:

-Para eso sí tengo una idea: Hagámonos en la frente una señal con hollín. Cada vez que nos miremos, sabremos quee stamos locos.

 

 

"Y renueva un espíritu inmutable dentro de mí"

 

"Habéis visto todo lo que hizo H' ante vuestros ojos."

                                                                                            (Deuteronomio 29:1)

 

En aquella magna circunstancia, Moshé recordó a los hijos de Israel: "habéis visto". Si bien todos lo habían visto y nadie puede negar lo que ven sus ojos, pues el olvido aparentemente no se impone a lo que se ha visto, más aún en la generación de Moshé, la Torá es para todas las generaciones. Alguien puede percibir con la vista algo grande y maravilloso, nunca igualado, y a pesar de ello no ver: "Pero H' no os dio un corazón que entienda, ni ojos que vean ni oídos que oigan" (Deuteronomio 29:3).

El Rabino Elimélej Bar Shaúl, el Gran Rabino de la ciudad de Rejovot, dijo que si bien es cierto que D's concede al hombre ojos para ver, oídos para oír y un corazón para entender, el hombre es quien debe ver, oír y entender.

D's revela maravillas, pero el hombre debe abrir bien los ojos para ver todas esas manifestaciones magníficas. No basta con abrir los ojos para aprehender todas las revelaciones, sino que el individuo debe abrir el corazón para saber y entender lo que sus ojos ven y lo que sus oídos oyen.

Si ve sólo con los ojos, ve muy poco. Y si se conmueve, esa emoción no imlicará la conmoción del alma requerida. Por su misma naturaleza, la vista y el oído deben ser las vías hacia el coraazón y sus recovecos. Pero si el ojo y el oído se apartan del corazón para ser independientes, malogran su cometido, su sentido y su vitalidad; son como puertas abiertas hacia palacios cerrados desde adentro, como portales apartados del palacio al que deben servir de entrada y salida. Aunque estén hechos de oro, no son portales. La vista y el oído de un judío están destinados a ver las mercedes y las maravillas de D's, a transmitir esas impresiones al corazón, y también a extraer del corazón los sentimeintos de santidad, de alegría por la creación, de fe íntegra y de amor por los preceptos; a impreganr de esa manera todas las esferas de la vida. Sólo de esa manera cumplen su función como auténticos portales.

 

¡Shabat Shalom!

 

Autor: Simjá Raz

Editor: Rabino Yerahmiel Barylka

Productora: Ahuva Bar-Lev

Traductora: Orna Stoliar

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