PERASHA JUKAT:
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta
sección.
"Artífices de nuestro propio
destino"
Existe un concepto generalizado por el que creemos que los días
que cada persona vivirá están predestinados desde el momento de su
nacimiento. El propio David Hamelej quiso conocer cuándo sería el
último instante de su vida y le pidió a Hashem: "Hazme saber
mi fin y la medida de mis días. Hazme saber cuán fugaz soy"
(Tehilim 39). Al analizar esta Perasha encontraremos la óptica verdadera
de la Torá sobre este tema.
Antes del fallecimiento de Aharon Hacohen, el versículo dice:
"Y dijo Hashem a Moshe y a Aharon en el monte Hor, sobre la frontera de la
tierra de Edom diciendo: que se reúna Aharon con su pueblo, ya que no irá
a la tierra de Israel que di a los hijos de Israel, porque os rebelaisteis
contra mi palabra por el agua de la riña" (Bamidbar 20). Había
llegado el momento en que Aharon debía morir. Pero ¿para qué
fue necesario que la Torá detallara que se encontraban sobre la frontera
de la tierra de Edom? Rashi nos da la respuesta: "nos enseña que
debido a que se acercaron a la tierra de Esav el perverso, se abrió una
brecha en sus actos y perdieron a ese hombre justo" (Aharon). Si hubiésemos
leído la Torá sin analizar este comentario, podríamos haber
pensado que sólo se trataba de un hecho circunstancial. O quizás
con un enfoque más profundo, hubiésemos pensado que como había
llegado el momento en que Aharon debía fallecer, Hashem hizo que el
pueblo de Israel cruzara por esa frontera para encontrar así la causa del
fallecimiento. Al leer Rashi, nos damos cuenta de que se trata de otra
interpretación y es la siguiente: si no se hubieran acercado a la
frontera con Esav el perverso, Aharon hubiera alargado sus días. De
acuerdo con esto, debemos entender que la vida de la persona no está
fijada desde un principio, sino que depende del comportamiento que se
adopte: se la puede alargar o -Di-s no lo permita- acortar.
El de Aharon no es el único caso donde encontramos esta base. La
Torá en Bereshit 21 nos comenta que Hagar se encontraba perdida en el
desierto con su hijo Ishmael cuando habían sido expulsados de la casa de
Abraham Abinu, debido a la influencia negativa que ejercía Ishmael sobre
Izjak, el hijo de Abraham. El agua de la cantimplora se había terminado y
Hagar arrojó a su hijo Ishmael sobre uno de los arbustos para no observar
cómo fallecía y se alejó llorando. Hashem escuchó
su Tefilá y milagrosamente surgió un pozo de agua con el que llenó
su cantimplora y dio de tomar a su hijo. El Talmud en Rosh Hashana 16 comenta que los ángeles
preguntaron a Hashem: "¡Señor del mundo! Quien en el futuro hará
morir de sed a tus hijos, ¿Tú le haces aparecer un pozo?".
Efectivamente, luego de la destrucción del primer Bet Hamikdash -muchos años
después- cuando los Iehudim escapaban de sus opresores, los árabes
salieron al encuentro de ellos con cantimploras infladas con aire. Los Iehudim
pensaban que contenían agua, las abrían en sus bocas, el aire
penetraba en ellos y así morían. Los
ángeles -por lo tanto- no podían entender por qué Hashem
salvaba a Ishmael milagrosamente. La
respuesta de Hashem fue: "Ahora, cómo es su comportamiento: ¿justo
o perverso? Como es recto, lo juzgo de acuerdo a sus actos actuales". En
ese instante, Ishmael no merecía la muerte y por eso se salvó
milagrosamente. Hashem no respondió a los ángeles que todavía
no había llegado el momento en el que Ishmael debía morir, sino
que la respuesta fue que su vida o muerte dependían de su
comportamiento y no del tiempo que tenía fijado.
El Talmud en Berajot 33 menciona el siguiente suceso: "en un lugar
había un reptil que mataba a la gente. Le avisaron a Ribi Janina ben Dosa
quien pidió ver su guarida. Lo llevarón allí y Ribi Janina
ben Dosa puso su pierna dentro del pozo en donde se escondía el reptil.
Cuando mordió a Ribi Janina ben Dosa, el reptil murió instantáneamente.
Ribi Janina alzó al reptil sobre sus hombros, lo llevó al Bet
Hamidrash y les dijo a sus alumnos: "¡Vean hijos míos!, no
es el reptil el que mata, sino que el pecado es quien mata. En ese momento,
los alumnos dijeron: "Pobre de aquella persona que se encuentre con un
reptil y pobre del reptil que se encuentre con Ribi Janina ben Dosa".
El Talmud está lleno de sucesos en donde este concepto se confirma
y sólo intentemos recordar uno más escrito en Babá Batra
11: Biniamin el Sadik estaba encargado de la caja de la Sedaká cuando se
presentó una mujer en una época de hambre pidiéndole que la
ayudara. Biniamin le juró que no había ni una moneda en la caja.
La mujer le respondió que si no la ayudaba, ella y sus siete hijos morirían
de hambre. Biniamin la ayudó de su propio pecunio. Al poco tiempo,
Biniamin enfermó a punto de morir y los ángeles reclamaron delante
de Hashem: "¡Señor del mundo! Tú has dicho que quien
mantiene a un alma de Israel se le considera como si hubiera mantenido a un
mundo entero. ¡Biniamin salvó de la muerte a esa mujer y a sus siete
hijos!". En ese instante se anuló el decreto celestial que posaba
sobre él y se alargó su vida por veintidós años. Por
otra parte, comprobamos en muchos casos -incluso en nuestra época- cómo
personas con enfermedades graves se dirigen a Sadikim para que oren por ellos. Hashem
escucha la Tefilá y cura a los enfermos de Israel. En consecuencia
y recordando la frase de nuestros Sabios: "La Teshuba, la Tefilá y
la Sedaká anulan un mal decreto", llegamos a la conclusión de
que el destino de cada persona depende de su propio comportamiento.
Volviendo al tema de la muerte de Aharon Hacohen, no podemos interpretar
que su fallecimiento se debió a alguna actitud incorrecta, ya que estamos
hablando de un Sadik de la talla de Aharon. El Talmud en Shabat 33 nos enseña
que en ciertos casos los Sadikim se van del mundo por los pecados de la generación
y es precisamente lo que sucedió en esta oportunidad. Pero, ¿tan grave
fue el error del pueblo? ¡Sólo pasaron cerca de la frontera de Esav el
perverso cuando se dirigían a Erez Israel! Debemos entender que incluso
este pequeño acercamiento a un perverso o a una sociedad corrupta,
representa un terrible peligro para la integridad espiritual de la persona, por
lo que deberá alejarse de ese núcleo o en todo caso sufrirá
las consecuencias. No existe garantía de que la persona se mantendrá
en sus principios cuando se encuentra bajo una influencia negativa. Si
hablamos de la educación de los hijos, cuando las compañías
que los rodean no son las que nuestros Sabios nos aconsejan, el peligro es mayor
aún. El propio Abraham Abinu -cuya virtud era el favor- realizó
actos que en apariencia eran crueles -como expulsar a Hagar con su hijo Ishmael-
sólo para que Izjak no fuera influenciado por las malas actitudes de
Ishmael. El Pirke Abot 1 nos enseña: "Aléjate del mal
vecino y no te unas al perverso", ya que no sólo que sus pecados
no tendrán límite, sino que no habrá posibilidad de que su
conciencia lo despierte en algún momento y corrija su comportamiento. Ni
siquiera sentirá que su camino está equivocado y por eso la
importancia que nuestros Jajamim le dieron al tema.
La persona por naturaleza se relaciona con la sociedad y recibe las
influencias externas. El comportamiento del medio que frecuenta tiene una
gran importancia sobre la formación de la personalidad de cada individuo.
El Rambam en Halajot Deot capítulo 6 nos enseña: "La persona
se deja arrastrar en sus pensamientos y actos por sus compañeros y amigos
y se comporta como la gente de su ciudad. Por eso, se debe unir a los Sadikim y
sentarse con Jajamim para aprender de sus actos y alejarse de los perversos que
caminan por la oscuridad". Si nos olvidamos de esta base, el riesgo es
enorme. Existe una presión de la sociedad a comportarse de una manera
determinada y quien no lo hace, será objeto de la burla y desprecio de
todos. Quien por el contrario cumpla con esas reglas, será valorado y
honrado. Toda la publicidad que hoy existe funciona con este sistema: se enseña
día y noche que todo el mundo compra un producto determinado y el mensaje
penetra en el subconciente de cada uno. "¿Acaso alguien tan pequeño
como yo se puede oponer a lo que todo el mundo hace?", se pregunta la
persona interiormente. La respuesta es automática, no sólo porque
se piensa que no se dispone de la fuerza necesaria para enfrentar la situación,
sino porque tampoco existe la voluntad de intentarlo.
Si alguien piensa que sólo personas con falta de personalidad se
dejan llevar por lo que opina la gente, analicemos la siguiente investigación
que nos permitirá comprender la veracidad de lo que comentamos. Los
investigadores reunieron a un grupo de personas a las que explicaron claramente
cuál era el comportamiento que debían asumir. Sólo después
agregaron al grupo a otra persona a la que le dijeron que se trataba solamente
de analizar el grado de visión de todas esas personas. Este último
hombre no sabía que el único que era investigado era él
mismo. Sobre una pantalla reflejaron dos círculos y cada uno de los
participantes debía decir cuál de ellos era mayor. Todas las
respuestas fueron similares y "por casualidad", el último que
debía responder era la persona que se había agregado al final. La
experiencia se volvió a repetir en otras imágenes con distintas
medidas y siempre las respuestas de todos eran coincidentes. Pero en una de esas
pruebas, aparecieron en pantalla dos líneas rectas una de las cuales era
mayor que la otra. Para sorpresa de la última persona que debía
responder, el primer participante contestó diciendo que la línea
corta era la más larga. El resto de los participantes confirmó la
posición del primero -ya que ése era precisamente el truco que
estaba programado- y todos esperaban con ansiedad a ver cuál sería
la respuesta del que verdaderamente era investigado. Al llegar su turno
respondió en forma idéntica a los restantes. Cuando finalmente
le explicaron en qué consistía la investigación y le
preguntaron por qué había cambiado su respuesta si él había
observado cuál línea era la más corta, intentó
justificarse diciendo: "¡Todos dijeron...!"
De todas formas, no hacía falta conocer esta encuesta para saber
que esto es real no sólo con personas comunes, sino que puede suceder con
aquellos que poseen una propia personalidad. La Mishná en Sanhedrin
determina que en los juicios en donde el acusado podía recibir la pena de
muerte, cuando le preguntaban a los jueces si el acusado era culpable o
inocente, se debía comenzar por el más pequeño de los
jueces. El juez de mayor nivel sólo daba su veredicto al final, a pesar
de que por una cuestión de respeto debía haber opinado en primer
lugar. ¿Cuál es el motivo de este orden? Los Jajamim sospecharon que si
opinaba el mayor de los jueces en primera instancia, el menor se vería
influenciado y podría variar su posición. Aunque ese juez debía
permanecer toda la noche anterior despierto, analizando una y otra vez los
testimonios presentados que invariablemente lo debían llevar a un
veredicto claro, era probable que de un instante al otro variara su posición,
sólo porque el otro juez había entendido de otra forma.
Es cierto que hay casos en donde alguien se sobrepone a la influencia
externa. "Abraham Haibri" -por ejemplo-, su nombre reflejaba que toda
esa generación tenía una óptica de vida basada en la
idolatría y sólo él propagaba la fe en un Di-s único.
De los doce espías que envió Moshe Rabenu para investigar la
tierra de Israel, Kaleb ben Iefune y Iehoshua bin Nun no se dejaron arrastrar
por el mal consejo de quienes difamaron la tierra. Moshe hizo Tefilá a
Hashem para que su alumno Iehoshua no cayera en la trampa de los espías.
Kaleb -por su parte- fue a Jebron a orar frente a la tumba de los Patriarcas
para no ser seducido por sus compañeros. Estos son algunos de los
ejemplos de quienes se mantuvieron frente a la influencia negativa. En otros
casos, se puede encontrar que alguien influyó positivamente sobre un
grupo de personas incorrectas, pero la realidad demuestra que las
posibilidades de que esto ocurra son mínimas y los riesgos que se corren
de caer en las malas actitudes de la mayoría son enormes. "Las
moscas muertas tornan descompuesto al aceite del perfumista; lo mismo puede
hacer una pequeña insensatez con la sabiduría y la honra"
(Kohelet 10). El rey Shelomo nos enseña que un pequeño insecto
muerto descompone una gran cantidad del mejor aceite perfumado. Quizás
hubiéramos pensado que al haber una gran cantidad de aceite, el insecto
debería perfumarse. Pero la realidad nos demuestra lo contrario. Es lo
que sucede con las malas influencias, se debe temer a copiar esas actitudes más
que a tener esperanzas en que nuestro buen ejemplo contagiará.
Para concluir, recordemos lo que sucedió con un Iehudi llamado
Iosef Meshita (Ialkut Shimoni Bereshit 115): cuando los enemigos de Israel
destruyeron el Bet Hamikdash no se animaban a ingresar al Hejal (uno de los
lugares más sagrados) y buscaron a un Iehudi traidor que lo hiciera por
ellos. Le dijeron a Iosef Meshita: "ingresa tú primero y llevarás
como pago lo que retires". Al ingresar Iosef Meshita, sacó el
candelabro de oro. Pero los enemigos al ver la belleza del candelabro, le
dijeron: "no es correcto que una persona común posea algo tan
precioso, ingresa nuevamente y lo que ahora tomes será tuyo". Iosef
Meshita se negó diciendo: "¿no es suficiente que enfurecí a
mi Creador una vez que pretenden que lo haga nuevamente?". Intentaron
convencerlo con mucho dinero y se negó a hacerlo. Lo amenazaron físicamente
hasta que lo arrastraron por la tierra atado a un burro y murió diciendo:
"pobre de mí que enfurecí a mi Creador". El Rab
de la Ieshiba de Ponevitz, Ribi Iosef Kaneman Z"L preguntó: ¿Qué
sucedió con Iosef Meshita que luego de convertirse en un traidor uniéndose
al enemigo y profanando el Bet Hamikdash se transformó repentinamente y
murió santificando el nombre de Di-s? ¿Qué sucedió en el
interior de su alma que estuvo dispuesto a morir con tal de no enfurecer
nuevamente a su Creador? El mismo Rab respondió: "Iosef Meshita
ingresó por un instante a la casa de Hashem. Esos segundos que
permaneció en un lugar tan sagrado transformaron su pensamiento. Así
se convirtió de un traidor en una persona que murió santificando
el nombre Divino". El mensaje para nosotros es claro: debemos
acercarnos a los lugares de estudio de Torá: escuelas, Ieshibot y Baté
Kenesiot. El sólo hecho de sentarnos en esos lugares tan sagrados -al
margen de estudiar la palabra de Hashem con maestros y rabinos que predican con
el propio ejemplo de vida- será la mejor influencia que podamos recibir,
para poder enfrentar con total convicción los mensajes negativos que la
calle nos transmite y así poder elevarnos continuamente en el
cumplimiento de la Torá.