Jukat
Entre paradojas y absurdos:
superándonos
"Y el Todopoderoso habló a
Moshé y a Aharón, diciendo: Éste es el estatuto
de la ley que ha prescrito el Todopoderoso, diciendo: Di a los hijos de
Israel que te traigan una vaca perfectamente roja (bermeja), que no tenga
defecto, sobre la cual nunca se haya puesto yugo; y la daréis al Sacerdote
Elazar, y la sacará fuera del
campamento, y la degollarán en su presencia.
Luego el sacerdote Elazar tomará
de la sangre de ella con su dedo, y
rociará de esa sangre hacia el
frente de la tienda de reunión siete veces.
En seguida quemarán la vaca a vista de él: su cuero y su carne, y su
sangre, a más de su estiércol quemarán. Luego el sacerdote tomará madera de
cedro e hisopo y lana carmesí, y
los echará en medio de la quema
de la
vaca.
"Entonces el sacerdote lavará sus vestidos, y bañará su cuerpo en agua, y
después entrará en el
campamento: pero el sacerdote quedará impuro hasta la
tarde... Asimismo aquel que la hubiere quemado lavará
sus vestidos en
agua... y quedará impuro hasta
la tarde...
"En seguida un hombre puro recogerá las cenizas de la vaca, y las
depositará fuera del campamento
en un lugar puro; y serán guardadas para la
congregación de los hijos de Israel, para el agua purificadora de
impurezas: es sacrificio que purifica el pecado. Y el que recoge las
cenizas de la vaca, lavará sus
vestidos, y quedará impuro
hasta la tarde. Y
esto les será a los hijos y al
extranjero que habitare en medio de ellos,
un estatuto perpetuo. El que tocare cadáver humano, quedará impuro siete
días.
"El tal se purificará con aquellas cenizas el día tercero y el día séptimo
y estará puro..."
(Bemidbar Cap. 19:1-12).
El precepto
de la "Pará Adumá"- "Vaca (enteramente) Roja"
es una ley
denominada "Juká", esto
es, una sentencia de D-s, que se nos ordena
observar aunque no se expliquen las razones por la que fue instituida. Así
existen otros preceptos enmarcados en esta categoría, a saber: no
vestir un
tejido mezcla de lana y lino; no cocinar el cabrito con la leche de su
madre, etcétera. El "agua viva" mezclada con la ceniza de esta vaca
quemada, tenía la facultad de convertir en puros a los impuros, pero los
hombres en estado puro que se ocupaban de degollar, quemar, etcétera, a la
vaca, se convertían en impuros con su contacto, según podemos observar
leyendo la cita extractada del capítulo 19, comienzo de nuestra perashá.
Y aquí, aparentemente,
se presenta un gran dilema: la vaca, Pará Adumá,
"Metahéret et ha-temeím, u-metaemá et ha-teorím", es decir, "Purifica a los
impuros e impurifica a los puros" (?!). El absurdo perfecto, ejemplificado
perfectamente en nombre de la Torá. Y por lo tanto todos los "no
creyentes", todos aquellos de entre nuestros hermanos alejados física y
espiritualmente de nuestra esencia de vida, "cobran su cuenta" a la Torá,
en esta oportunidad. Y es por eso tal vez, que escuchamos que
"no queremos
ser religiosos". ¿Por qué? ¡Porque la religión es absurda!
Pero no seamos ilusos y no pensemos que es nuestra generación la única que
descubre lo racional, lo distingue de lo absurdo y lo adora elevándolo
hasta lo sublime. Somos la generación de la "razón pura". Pero no olvidemos
que una de las funciones de la "Pará Adumá" - "La
vaca roja" era purificar,
también.
Y el ser humano siempre ha buscado la pureza, en todos sus sentidos
y
aplicaciones. El ser humano judío ha querido saber el significado de la
religión en especial. Y dentro de la religión ha querido saber el aspecto
ritual en especial, cuando lo más fácil habría sido querer conocer el
aspecto racional de la misma.
Pareciera que el hombre se ha sentido más desafiado por aspectos rituales
que no le atañan en forma directa -como la "Pará
Adumá"-, pues era sólo
para los impuros; y sin embargo parece no sentirse atraído por el
cumplimiento de Mitsvot así llamadas
"lógicas", por ejemplo: la "Tsedaká".
La tarea comunitaria nos enfrenta a diario con cuestionamientos,
pues la
tarea es aprender. Es educar. Son pocas, escasas o tal vez nunca, las veces
que se nos pregunta cómo se cumple con la mitsva de tsedaká; pero decenas
de veces se nos ha interpelado acerca de la pará adumá... Entonces...
Volvamos a la "Vaca Roja" si es lo que intriga. Vayamos a
destruir lo
absurdo. Pero prestemos atención, no sea que al destruir ese absurdo,
destruyamos también aspectos muy importantes de nuestra misma existencia,
que, como nos podemos imaginar, algo de absurdo podría tener. O tal
vez
algo de contradictorio.
Y cuenta el Midrash, que un no-judío, que seguramente era un exponente de
la cultura greco-romana, interpela a Rabí Iojanán ben Zacái, diciéndole que
la "para adumá" era
"maasé keshafím"
-cosas de magia-; para resumir la
discusión entre ambos, diremos que Rabí Iojanán ben Zacái le demuestra a
este hombre, que él ha visto muchas cosas llamadas mágicas que funcionan en
la vida; y el no-judío lo acepta. Y entonces Rabí Iojanán ben Zacái le
contesta: Y si la magia funciona en la vida y la aceptas, ¿qué es lo que te
molesta en la Pará Adumá, aun si fuera magia? Y el greco-romano se
retira
jubiloso por haber satisfecho su curiosidad intelectual. O sea que para el
greco-romano la magia responde al intelecto. ¡Qué bien! Un absurdo
más.
Pero el relato no termina allí.
Porque los discípulos de Rabí Iojanán ben
Zacái interpelaron a su maestro diciéndole: "A este greco-romano lo
convenciste con cosas baratas, pero a nosotros, ahora, ¿qué nos vas a
decir? Entonces el maestro contestó: A vosotros os digo: ¡Por
vuestra vida!
ni el muerto impurifica ni la vaca purifica a nadie. Sino que lo que
dice
D-s es: esta ley os he dado y el decreto es éste, y vosotros no tenéis
derecho a murmurar en pos de mis leyes".
Quiere decir, si leímos bien, que
el mundo greco-romano aquí representado
puede convencerse de lo absurdo; al mundo judío no hay que convencerlo de
nada, simplemente hay que decirle la verdad.
Hay que hablarle de sus limitaciones, hay que hablarle de disciplina, pero
¿quién quiere escuchar? Limitaciones, disciplina...
¿No somos la generación
acaso de las liberaciones? Pero sigamos. La "pará
adumá" terminó, no existe
más ese rito, como así tampoco
el Bet ha-Mikdash, ni los sacerdotes, ni
nada. Pero, ¿podríamos decir con responsabilidad, que no existe más lo
absurdo? ¿Qué nuestras vidas
son lógicas, coherentes, racionales, puras?
¿Hay alguna ceniza o alguna cosa que se pueda quemar hasta
reducirla a
cenizas con la que se nos pueda rociar para purificarnos?
La Torá nos cuenta que el Cohen
a quien le tocaba purificar al hombre
mancillado, él mismo, automáticamente se convertía en Tamé, -esto es
impuro-, hasta la puesta del sol.
Tengamos cuidado antes de emprender la acción de "purificar" a alguien, de
orientar a alguien, de enseñar a alguien; conozcamos el precio que
pagaremos por ello. Por otra parte tal vez, ésa sea la
única forma que
tenemos para entender a alguien: compartir con él su salud y su carencia de
salud. Aceptarlo en todos sus aspectos, no idolatrarlo. El hombre no es
ídolo. Es idólatra.
"U-bá ha-shemesh ve-taher" dice el texto. Que sólo "cuando el sol llegaba a
su ocaso", el Cohen que había ayudado a alguien y que por ello se había
impurificado, recién entonces, "automáticamente volvía a ser puro". Una vez
pasado el encandilamiento, una vez terminado el brote explosivo de luz,
cuando empieza a surgir la penumbra, encontramos la "Tahará", -pureza-
nobleza, modestia.
Recordemos bien que no existe inmunización en este campo. Puedes
ayudar a
alguien pero dejarás parte de ti mismo en él, tomarás parte de él para ti
mismo. A veces podemos -cuando podemos-, brindar amor y recibimos casi lo
contrario, digamos odio, digamos indiferencia. Podemos ofrecer amistad y
recibir en respuesta "ilusión de amistad". Entonces, ¿seguimos pensando
todavía que la "Pará adumá" es "el" absurdo? ¿Seguimos pensando que es la
Torá "lo irracional"?
O tal vez la razón ¿no habrá llegado a sus límites? O
algo más simple. Una pregunta más simple: ¿nuestra vida ha superado los
aspectos absurdos de nuestra existencia?