1. La muerte de Sara.
2. Abraham compra la cueva de Majpela.
3. Abraham pide a Eliécer que encuentre una esposa para Itzjak.
4. Eliécer encuentra a Rivká junto al pozo.
5. Eliécer en la casa de Betuel.
6. Rivká se encuentra con Itzjak.
7. Abraham toma a Ketura como esposa.
8. Fallecimiento de Abraham.
9. Ismael y sus descendientes.
Haftará: Melajim 1-1
La Parashá trata de la vejez de Abraham, la Haftará de los últimos días del rey David. Los dos se preocupan de su sucesión. En el hogar de Abraham sopla un espíritu de nobleza. En el palacio del rey, reina la intriga por la toma del poder. Abraham se preocupa en buscar una mujer que se parezca a Sara, Itzjak acepta la elección de su padre.
En la Haftará vemos como el hijo del rey David se proclama rey en lugar de su padre; y Adonayá, hijo de Jaguit se vanagloria diciendo: “Yo reinaré”, y adquirió para sí carro y gente a caballo y cincuenta hombres que corriesen delante de él (1:5). Natan apela al rey para que cumpla con su promesa de nombrar a Shlomo hijo Bath-Sheva como sucesor.
Abraham y David, dos hombres con muchas líneas semejantes.
Abraham pide a Eliécer que encuentre esposa Itzjak
2087Después del período de duelo que guardó Abraham por la muerte de Sara, envió a su hijo a estudiar los caminos de D-s en la Yeshivá se Shem, Vaeber, e Itzjak permaneció allí durante tres años (2084 – 87). Cuando regresó a la casa de Abraham, éste llamó a Eliécer, su esclavo y mayordomo, y le dijo: “Tú sabes que el Todopoderoso me ha bendecido en todo; sólo falta algo importante, quiero ver a mi querido Itzjak casado. Por eso deseo que viajes a Jaran, donde habitan mis familiares, y elijas una esposa para mi hijo. Quiero que jures que no escogerás mujer para él entre los Kenaaitas, pueblo en el que viví”
Eliécer era el más antiguo servidor de la casa de Abraham. Nimrod, el rey de Babilonia, después de la salvación del patriarca del horno, le entregó a Eliécer para que fuera su sirviente. Entre los sabios hay quienes dicen que era hijo de Nimrod.
Eliécer era un hombre sabio y aprendió mucho de Abraham, y lo que aprendía, lo enseñaba a los otros; dominaba sus instintos y se comportaba con suma piedad, repartía caridad a los pobres y hacía bien. Estas fueron las razones por la cuáles Abraham le encomendó la misión de buscar una pareja honorable para su hijo Itzjak.
Cabe preguntarse por qué le ordenó Abraham que no eligiera mujer entre las hijas de los Kenaanitas, dado que también del otro lado del río eran paganos ¿Qué diferencia entre los Kenaanitas y los arameos?
Así lo explica Rabenu Nisim (Ran) “Los mandamientos y los delitos enumerados en la Torá son de dos clases; aquéllos que impresionan al cuerpo y al espíritu, como las cualidades y las acciones, y aquéllos que impresionan solo al espíritu, como las creencias. Las acciones y emociones que impresionan al cuerpo y al espíritu, como el odio, la venganza, la crueldad, la prostitución y la avaricia afectan también a la descendencia de quienes la practican, pues las cualidades impresionarán a los humores, del mismo modo que los humores promoverán las cualidades. Así como cuando la sangre del corazón hierve, el hombre es irascible, también quien se irrita hará que hierva la sangre de su corazón. Vemos entonces que aquellas cualidades moldearán los temperamentos, que se transmitirán por herencia a sus hijos. Este era el defecto de los Kenaanitas.
En cambio, las acciones impresionan sólo al espíritu, es decir las creencias, a pesar de ser falsas y defectuosas, no serán necesariamente heredadas por los hijos. Por ello, a pesar de que Labán y Betuel fueran idólatras, sus ideas no necesariamente pasarían por herencia a sus hijos, y éste fuel el motivo por el cuál Abraham los prefirió por sobre las hijas de los Kenaanitas”
De lo citado anteriormente entendemos que Abraham alegaba justicia, que lo que podía poner en peligro el futuro de la nación hebrea no eran las ideas de la futura mujer de Itzjak sino sus malos hábitos.
La Torá en el libro de Vaikrá, nos relata las abominables acciones de los Kenaaneos, a quienes se consideraba el pueblo más corrupto y decadente de la humanidad y nos previene: “Ni obraréis conforme al uso de la tierra de Kenaán, adonde yo os llevo, no seguiréis su leyes”
El Rabino Shimshon Refael Hirsh agrega en su comentario: “Abraham explicó a Eliécer y le dijo: “La influencia de la mujer de Kenaán sobre mi hijo será mucho más fuerte, puesto que habitamos en su medio; mi hijo sufrirá su influencia, no sólo de su mujer, sino también de su familia, sus parientes y sus amistades” Respondió Eliécer: “Quizás la mujer no quiera acompañarme hasta estas tierras y tenga que llevar a tu hijo hasta allá.
Preguntas los sabios por qué Eliécer pondría tantas dificultades para cumplir con la misión encomendad por Abraham y contesta el Midrash, que Eliécer tenía una hija muy querida, a quien quería casar con Itzjak, pero no asaba proponerle esta unión a Abraham, pues al fin y a cabo él era su siervo y estaba seguro que no vería con buenos ojos dicho casamiento. En cambio le insinúo la posibilidad de que la familia de Jarán no quisiera que una de sus hijas abandonara el terruño natal y como posibilidad podría ofrecer a su hija como mujer para el hijo de Abraham, pero el patriarca entendió perfectamente la intención de Eliécer y le dijo: “guárdate de no llevar allí a mi hijo y aunque tú Eliécer, eres un hombre bueno e instruido, no debes olvidarte que eres de la simiente de Kenaán y tu hija no podrá casarse con mi hijo. El Eterno, D-s de los cielos, que me alejó de la casa de mi padre y de la tierra de mis familiares me hizo el siguiente juramento: ‘A tu simiente daré esta tierra’. El enviará a su ángel ante ti y allí tomarás mujer para mi hijo. Y si no quisiera la mujer venir contigo, quedarás libre de mi juramento; pero de ningún modo llevarás allí a mi hijo. Y si no encontrases en la tierra de Jarán la mujer adecuada para Itzjak te doy el permiso para que tomes para tu hijo a una de las hijas de Aner. Eshkol y Manré, pero mi hijo no saldrá nunca de los límites de la tierra de Eretz Israel, puesto que después del sacrificio no consumado es considerado una ofrenda y como tal no podrá salir de la Tierra prometida por el Altísimo”.
Y juró Eliécer a Abraham que iba a cumplir con lo que le encomendó.
* Eliécer encuentra a Rivká junto al pozo
Abraham entregó a Eliécer un documento en el cuál certificaba que le legaba a su hijo Itzjak todos sus bienes, tomo el siervo el documento citado, preparó diez camellos cargados de regalos de preciado valor, joyas y diamantes y se encaminó a Aram Naharaym (Mesopotamia). Al atardecer llegó Eliécer al lugar, hizo sentar a los camellos cerca del pozo de agua y dijo: “Eterno D-s de mi señor Abraham” ayúdame por favor a encontrar a la muchacha adecuada para Itzjak, aquella que sea digna de él, que tenga buenos sentimientos y merezca formar parte de la casa de Abraham. He de poner a prueba a una de las muchachas que vengan a sacar agua del pozo. Le pediré que me dé agua y si me responde: ‘Bebe y también daré agua a tus camellos’, sabré que es bondadosa y hospitalaria y será para mí una señal de que es la destinada por el Altísimo como esposa para Itzjak”
Eliécer observó a todas las jóvenes que sacaban agua del pozo, y notó que una de ellas no tenía necesidad de introducir su balde dentro del pozo, sino que las aguas ascendían hacia ella. Era Rivká, la hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Major, hermano de Abraham.
Rivká era una mujer humilde, recatada y piadosa y ninguno de los jóvenes de la región se acercaba a ella, puesto que eran todos malvados y no querían tomar como mujer a una joven limpia y de cualidades morales como las que poseía la pariente de Abraham. Al ver a Rivká, Eliécer pensó: “esta muchacha es piadosa, por eso D-s hizo el milagro por ella”. El siervo de Abraham corrió hacia ella y le dijo: “Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro”. Rivká le dio de beber, y cuando Eliécer hobo saciado su sed, dijo la joven: “Ahora también daré a tus camellos todo el agua que necesiten” Y varias veces corrió al pozo para llenar su cántaro para dar de beber a los diez camellos de Eliécer.
El siervo de Abraham estaba asombrado por la noble acción de Rivká y se dio cuenta de que sus oraciones se iban convirtiendo en realidad, pues D-s le había mandado la esposa adecuada para Itzjak.
Cuando los camellos terminaron de beber, Eliécer le entregó a Rivká valiosos regalos: un aro de oro, de medio ciclo de peso, que se acostumbraba a colocar en la nariz, y dos pulseras de oro, cada una de las cuales pesaba diez ciclos. Estos obsequios representaron una profecía: el aro que pesaba medio ciclo, simbolizaban las monedas que los hijos de Israel aportarían a la tienda de D-s; las pulseras, las tablas de la ley, y los diez ciclos anticipaban los diez mandamientos que serían entregados en las dos tablas.
Después le preguntó: “¿Hija de quién eres? Dime por favor si en casa de tus padres hay lugar para pasar la noche”.
Rivká le respondió: “Soy hija de Betuel”, hija de Milca y Najor; tenemos en casa lugar para hospedarte y también abundante paja y forraje para tus camellos”.
Entonces Eliécer agradeció al Altísimo por haberlo guiado a la casa de los hermanos de Abraham.
*Eliécer en la casa de Betuel
Dice la Torá que Rivká corrió a la casa de su madre para contar lo que había sucedido. ¿Por qué señala que fue a la casa de su madre y no a la casa de sus padres? En aquel tiempo era costumbre que las mujeres tuvieran una casa donde hacían sus tareas y allí las hijas solían conversar con sus madres.
Rivká contó a su madre lo que le había ocurrido con Eliécer, le mostró los regalos que le había entregado y le contó que le había pedido un lugar donde dormir. El hermano de Rivká, Labán, que había escuchado con atención el relato de su hermana y también vio las joyas que le habían regalado, pensó que si invitaba al desconocido a su casa le entregaría valiosos regalos. Labán, un hombre malvado y codicioso que como tal era conocido en toda la región, corrió hacia Eliécer y lo invitó a entrar, y como sabía que ningún allegado a Abraham entraría en una casa llena de ídolos, le informó que había retirado toda señal de idolatría.
Eliécer entró a la casa de Milca y se apresuró a preparar la mesa, pero el enviado de Abraham no quiso comer nada sin antes anunciarle la misión por la cuál había llegado a la ciudad de Najor.
“Abraham, mi amo – dijo Eliécer -, es muy rico y me envió a su tierra natal para buscar, entre su parentela, una esposa para su hijo Itzjak. Traigo conmigo un documento donde consta que cede todos sus bienes a su hijo. Gracias a D-s hice el viaje, que regularmente duraría diecisiete días, en unas pocas horas; si quieren verificarlo, observen la fecha en que fue escrito el documento y verán que esta mañana salí de Jevrón y llegue al atardecer al pozo de agua y fue ahí donde encontré a Rivká. Al verla ejercer sus buenas costumbres y observar su generoso corazón, supe que ella será la mujer que el Eterno ha elegido para el hijo de mi señor. Y ahora, díganme si están dispuestos a ser bondadosos y leales con mi señor, si están de acuerdo de dar a Rivká como esposa para Itzjak y si no es así díganmelo, y volveré a Jevrón y buscaré una esposa entre las hijas de la familia de Lot o de Ishmael”. Labán, que además de ser un hombre malvado era irrespetuoso, contestó antes que su padre Betuel y dijo: “Es evidente que todo lo sucedido es obra de D-s; por lo tanto no podemos negarnos” Al escuchar la respuesta afirmativa de la familia de Rivká, Eliécer agradeció al Todopoderoso y entregó a Rivká, su madre y su hermano los valiosos regalos que había traído, costosos atuendos y joyas de plata y de oro. Luego, él y su comitiva comieron, bebieron y durmieron allí.
Betuel, el padre de Rivká, no estaba de acuerdo con el compromiso y mientras Eliécer hablaba con Labán, envenenó la comida del siervo de Abraham, pero vino un ángel del cielo y cambió los platos que estaban en la mesa, y así fue con el plato envenenado fue tomado por Betuel, quién comió de él y murió.
*Rivká se encuentra con Itzjak
A la mañana siguiente dijo Eliécer a Labán y a su madre que quería regresar a la casa de Abraham, pero le contestaron que Rivká debía pasar los siete días de duelo por la muerte de su padre y que, además, se acostumbraba a que la joven se quedara en la casa de su padre doce meses, tiempo necesario para preparar el ajuar de la novia.
Pero Eliécer respondió que quería que fuese con él en ese momento. Dijeron que llamarían a la joven y lo consultarían con ella. Así lo hicieron y Rivká, quién en ese momento tenía catorce años, respondió que quería ir a Eretz Kenaán para casarse con el justo Itzjak. Eliécer y Rivká, acompañada de sus mozas, se dirigieron a Jebrón, en Eretz Kenaán. Cuando estaban llegando, Itzjak regresaba de rezar la oración de Minja en Mearat Hamajpela, la cueva doble, donde estaban enterrados Adam y Java, y su madre Sara.
Rivká levantó la vista y vio a un hombre que parecía ser un justo, así como a un ángel que estaba parado junto a él. La moza descendió de su camello y preguntó quién era ese hombre. “Es mi amo, Itzjak” – respondió Eliécer. Rivká se cubrió el rostro con un velo, en señal de recato y modestia.
Entonces Eliécer contó detalladamente a Itzjak y a Abraham lo que le habían acontecido durante el viaje y cómo había encontrado a Rivká gracias a su ruego al Todopoderoso.
Itzjak tomó a Rivká y la llevó a la tienda de Sara. Entonces todo volvió a ser como había sido en vida de su madre Sara, porque cuando su madre vivía las velas encendidas duraban de un sábado al otro sábado y la mesa era bendecida con abundancia, y siempre había una nube, que representaba al espíritu divino, sobre la tienda. Tras la muerte de Sara todo eso había cesado y cuando llegó Rivká, volvió a ser.
“Y así se consoló Itzjak de la muerte de su madre”.
Como premio a su exitosa misión, Abraham liberó a Eliécer de su esclavitud y fue nombrado rey, conocido como Og, el rey de Bashan.