DARKEI NOAM

Redaccion: Simjá Raz

 

TRADUCCION: ORNA STOLIAR

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PARASHAT JAIEI SARÁ

 

 

La vida de Sará (Génesis 23:1).

Los justos son aún más grandes en su muerte que en vida

La presente parashá, la quinta del Libro del Génesis, se llama “Jaiei Sará” (la vida de Sará) a pesar de que en ella se habla de la muerte de nuestra madre Sará.. De manera similar, la última parashá del Libro del Génesis se llama “Vaiejí”, aunque en ella se habla fundamentalmente de la muerte de Iaacov.

En ello hay una alusión a las palabras de nuestros sabios, de bendita memoria: “En su muerte, los justos son llamados vivos” (Maséjet Berajot 18, 2).

En la presente parashá vemos a Avraham como una figura humana y sensible, que llora amargamente la muerte de la esposa de sus años juveniles. Avraham se ocupa de hallar un lugar respetable para sepultarla, e inmediatamente después de ello comienza a ocuparse de encontrar una esposa para su hijo Itzjak.

De alguna manera, la presente parashá viene a complementar la anterior. Tal vez haya quien piense que Avraham era una persona cruel, que condujo a su único hijo a la akedá; tal vez alguien sostenga que era una persona muy severa, que sólo vivía con su D’s y no conocía la calidez del sentimiento familiar; pero esta parashá, que describe la muerte de Sará y el acuerdo matrimonial de Itzjak, crea una especie de encuadre a la parashá de la akedá.

El acto de la akedá adquiere una dimensión más profunda y sublime cuando descubrimos hasta qué punto era Avraham sensible y temeroso con respecto de su esposa y su hijo.

En el episodio de la akedá no se menciona el corazón contraído, el alma estremecida y el padecimiento íntimo que experimentara Avraham al conducir a su único hijo a ”uno de los montes”. Sólo ahora, cuando se nos revela como esposo y padre, podemos comprender hasta dónde era ese esposo amante y padre misericordioso capaz de llegar en el cumplimiento de la voluntad de su D’s y el mandato de su Hacedor.

 

 Los años de la vida de Sará” (Génesis 23:1).

El árbol genealógico

Las personas simples son mencionadas según sus años de vida: en tal año nació y en cual año murió; pero en el caso de las personas famosas, los años son mencionados según las personas, y la gente señala que en determinados años vivieron tales y cuales personas importantes. Por eso dice “los años de la vida de Sará”: ésos eran los aòos referidos a nuestra madre Sará.

 

Y vino Avraham a hacer duelo por Sará y a

llorarla” (Génesis 23:2).

Una madre ejemplar

En el midrash Bereshit Rabá dice: “¿De dónde venía? Del Monte Moriá”.

Cuando Avraham hizo duelo por Sará y quiso enumerar sus virtudes, señaló la akedá que tuviera lugar en el Monte Moriá. Si nuestra madre Sará había educado un hijo como ése, dispuesto a entregar el alma con alegría, puede comprenderse hasta dónde llegaban sus virtudes.

Por eso dice el midrash: “¿De dónde venía?”, ¿De qué acontecimiento en la encrucijada de su vida partió Avraham para llorarla? ¿En qué acción se detuvo particularmente al deplorar su muerte?

La respuesta es: “Del Monte Moriá”: de aquel suceso que tuviera lugar sobre el Monte Moriá; ésa fue la fuente de inspiración para llorarla.

 

Y quedó la heredad y la cueva que en ella había de

Avraham, como su posesión para sepultura recibida de

los hijos de Jet” (Génesis 23:20).

La redención de la tierra

¿Por qué razón se explaya tanto la Torá y menciona tantos detalles en el episodio de las “tratativas” de Avraham con Efrón y los hijos de Jet, hasta que Avraham compra la cueva de Majpelá por cuatrocientos siclos?

El Rabino Shmuel Mohilever brindó la siguiente respuesta: La Torá quiere enseñarnos que cuando llegue el momento en que nosotros debamos redimir el suelo de nuestra tierra sagrada de manos extrañas, deberemos saber no regatear, y también nosotros tendremos que pagar el precio completo por cada trozo de suelo.

Era Avraham ya viejo, y avanzado en años”

(Génesis 24:1).

Insufló contenido a sus días

Rabí Menájem Mendel de Kotsk dijo: “Era Avraham ya viejo, y avanzado en años”: nuestro padre Avraham avanzó con los años, con todos los añעos, no dejף un solo dםa, una sola hora, sin colmarlos con sus acciones.

 

Y haz mercedes con mi señעor Avraham” (Gיnesis

24:12).

Recuerda las mercedes de los antepasados

El midrash Bereshit Rabá 60, 2 dice lo siguiente: “Todos necesitan mercedes, inclusive Avraham, en cuyo honor circulaban las mercedes en el mundo, pues dice: “Y haz mercedes con mi señor Avraham”.

Este midrash nos enseña que si una persona ha tenido el privilegio de ser bendecido con todo lo posible, conocimiento y bienes materiales, riqueza y honores, tal como lo fuera en su momento nuestro padre Avraham -tal como se señala en la presente parashá, “Y H’ había bendecido a Avraham en todo” (Génesis 24:1)- no debe pensar que no le falta nada y que no necesita nada de los demás, que nadie le haga favores y que él no los hará a nadie.

Por el contrario, una persona siempre debe hacer mercedes y buenas acciones sin esperar recompensa, pues una persona debe involucrarse con las demás en el saber, las mercedes y la misericordia.

 

Que me había guiado por el camino de la

verdad” (Génesis 24:48).

La verdad se reconoce

La verdad, que es un mandato de D’s, era especialmente valiosa para el Rabino Avraham Itzjak Hacohen Kuk z’l, que explicaba las palabras de Rabí Janiná “la verdad es la impronta de D’s” (Maséjet Shabat 55, 1) de la siguiente manera: Es como el sello impreso sobre el lacre que cierra una carta: cuando el lacre se resquebraja, el sello carece de valor y la carta está abierta a todos. Lo mismo sucede con la verdad: no hay verdades a medias, a tercios o a cuartos; la verdad debe ser tan íntegra como el sello.

Y también dijo: Así como nuestros sabios afirmaban que “la verdad es la impronta de D’s”, también es la impronta del hombre, creado a imagen de D’s. La verdad interna del ser humano es el fundamento de su personalidad, la impronta de su vida.

Mientras el sello permanece íntegro sobre el papel, no se ven las letras; sólo cuando se quita el sello todo se pone de manifiesto; sólo entonces se ve cada letra en su totalidad y en su contexto.

En la vida de una persona, lo oculto supera a lo explícito; no siempre puede conocerse la verdad del rumbo que emprende. Sólo después de su muerte se pone de manifiesto su personalidad total, el sello de su verdad queda entonces expuesto a la vista de todos.

 

“Entonces Laván y Betuel respondieron y dijeron:

De H’ ha salido esto” (Génesis 24:50).

Una pareja celestial

La parashá del desposamiento de Itzjak implica una enseñanza total, que ha dejado su impronta sobre nuestros antepasados con respecto a la unión conyugal de una persona.

La declaración conjunta de Laván y Betuel: “De H’ ha salido esto” ha servido debase para la concepción clásica de nuestros sabios, de bendita memoria, que sostiene que “la unión conyugal de una persona sólo proviene de D’s” (Bereshit Rabá 68), y que encuentra respaldo en el texto de Proverbios 19:14: “La casa y las riquezas son herencia de los padres, mas de H’ la mujer prudente”.

 

Y había salido Itzjak a meditar al campo a la hora

de la tarde” (Génesis 24:63).

Sus meditaciones son sus plegarias

Rashí interpreta “a meditar al campo”: “es una expresión de plegaria”, tal como dice en los Salmos 55:22: “Echa sobre H’ tu carga”.

Rabí Najmán de Bratslav rezaba así: “Señor del mundo, haz que pueda salir todos los días al campo, entre los árboles, el césped y todas las plantas, para aislarme y abundar en la meditación -que es el rezo- entre mi ser y mi Creador, a fin de meditar en todo lo que llevo en el corazón”.

 

¡Shabat Shalom!