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Editor: Rabino
Yerahmiel Barylka
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PARASHAT JAIEI SARÁ
La
vida de Sará (Génesis 23:1).
La
presente parashá, la quinta del Libro del Génesis, se llama “Jaiei
Sará” (la vida de Sará) a pesar de que en ella se habla de la muerte
de nuestra madre Sará.. De manera similar, la última parashá del Libro del
Génesis se llama “Vaiejí”, aunque en ella se habla
fundamentalmente de la muerte de Iaacov.
“Los
años
de la vida de Sará” (Génesis 23:1).
Las
personas simples son mencionadas según sus años
de vida: en tal año
nació y en cual año
murió; pero en el caso de las personas famosas, los años
son mencionados según las personas, y la gente señala
que en determinados años
vivieron tales y cuales personas importantes. Por eso dice “los años
de la vida de Sará”: ésos eran los aòos referidos a nuestra madre Sará.
“Y
vino Avraham a hacer duelo por Sará y a
llorarla”
(Génesis 23:2).
En
el midrash Bereshit Rabá dice: “¿De dónde venía? Del Monte
Moriá”.
Cuando
Avraham hizo duelo por Sará y quiso enumerar sus virtudes, señaló
la akedá que tuviera lugar en el Monte Moriá. Si nuestra madre Sará había
educado un hijo como ése, dispuesto a entregar el alma con alegría, puede
comprenderse hasta dónde llegaban sus virtudes.
Por
eso dice el midrash: “¿De dónde venía?”, ¿De qué acontecimiento en la
encrucijada de su vida partió Avraham para llorarla? ¿En qué acción se
detuvo particularmente al deplorar su muerte?
La
respuesta es: “Del Monte Moriá”: de aquel suceso que tuviera lugar sobre
el Monte Moriá; ésa fue la fuente de inspiración para llorarla.
“Y
quedó la heredad y la cueva que en ella había de
Avraham,
como su posesión para sepultura recibida de
los
hijos de Jet” (Génesis 23:20).
¿Por
qué razón se explaya tanto la Torá y menciona tantos detalles en el
episodio de las “tratativas” de Avraham con Efrón y los hijos de Jet,
hasta que Avraham compra la cueva de Majpelá por cuatrocientos siclos?
El
Rabino Shmuel Mohilever brindó la siguiente respuesta: La Torá quiere enseñarnos
que cuando llegue el momento en que nosotros debamos redimir el suelo de
nuestra tierra sagrada de manos extrañas,
deberemos saber no regatear, y también nosotros tendremos que pagar el precio
completo por cada trozo de suelo.
“Era
Avraham ya viejo, y avanzado en años”
(Génesis
24:1).
Rabí
Menájem Mendel de Kotsk dijo: “Era Avraham ya viejo, y avanzado en años”: nuestro padre Avraham avanzó con los
años, con todos los añעos, no dejף un solo dםa, una sola hora, sin colmarlos
con sus acciones.
“Y
haz mercedes con mi señעor Avraham” (Gיnesis
24:12).
El
midrash Bereshit Rabá 60, 2 dice lo siguiente: “Todos necesitan mercedes,
inclusive Avraham, en cuyo honor circulaban las mercedes en el mundo, pues
dice: “Y haz mercedes con mi señor
Avraham”.
Este
midrash nos enseña
que si una persona ha tenido el privilegio de ser bendecido con todo lo
posible, conocimiento y bienes materiales, riqueza y honores, tal como lo
fuera en su momento nuestro padre Avraham -tal como se señala
en la presente parashá, “Y H’ había bendecido a Avraham en todo” (Génesis
24:1)- no debe pensar que no le falta nada y que no necesita nada de los demás,
que nadie le haga favores y que él no los hará a nadie.
Por
el contrario, una persona siempre debe hacer mercedes y buenas acciones sin
esperar recompensa, pues una persona debe involucrarse con las demás en el
saber, las mercedes y la misericordia.
“Que
me había guiado por el camino de la
verdad”
(Génesis 24:48).
La
verdad, que es un mandato de D’s, era especialmente valiosa para el Rabino
Avraham Itzjak Hacohen Kuk z’l, que explicaba las palabras de Rabí Janiná
“la verdad es la impronta de D’s” (Maséjet Shabat 55, 1) de la
siguiente manera: Es como el sello impreso sobre el lacre que cierra una
carta: cuando el lacre se resquebraja, el sello carece de valor y la carta está
abierta a todos. Lo mismo sucede con la verdad: no hay verdades a medias, a
tercios o a cuartos; la verdad debe ser tan íntegra como el sello.
Y
también dijo: Así como nuestros sabios afirmaban que “la verdad es la
impronta de D’s”, también es la impronta del hombre, creado a imagen de
D’s. La verdad interna del ser humano es el fundamento de su personalidad,
la impronta de su vida.
Mientras
el sello permanece íntegro sobre el papel, no se ven las letras; sólo cuando
se quita el sello todo se pone de manifiesto; sólo entonces se ve cada letra
en su totalidad y en su contexto.
En
la vida de una persona, lo oculto supera a lo explícito; no siempre puede
conocerse la verdad del rumbo que emprende. Sólo después de su muerte se
pone de manifiesto su personalidad total, el sello de su verdad queda entonces
expuesto a la vista de todos.
“Entonces Laván y Betuel respondieron y dijeron:
De H’ ha salido esto” (Génesis 24:50).
La
parashá del desposamiento de Itzjak implica una enseñanza total, que ha dejado su impronta sobre nuestros antepasados con
respecto a la unión conyugal de una persona.
La
declaración conjunta de Laván y Betuel: “De H’ ha salido esto” ha servido debase para la
concepción clásica de nuestros sabios, de bendita memoria, que sostiene que “la unión
conyugal de una persona sólo proviene de D’s” (Bereshit Rabá 68), y que
encuentra respaldo en el texto de Proverbios 19:14: “La casa y las riquezas
son herencia de los padres, mas de H’ la mujer prudente”.
“Y
había salido Itzjak a meditar al campo a la hora
de
la tarde” (Génesis 24:63).
Rashí
interpreta “a meditar al campo”: “es una expresión de plegaria”, tal
como dice en los Salmos 55:22: “Echa sobre H’ tu carga”.
Rabí
Najmán de Bratslav rezaba así: “Señor
del mundo, haz que pueda salir todos los días al campo, entre los árboles,
el césped y todas las plantas, para aislarme y abundar en la meditación -que
es el rezo- entre mi ser y mi Creador, a fin de meditar en todo lo que llevo
en el corazón”.
¡Shabat Shalom!