Itro
Saber hacer para saber escuchar
Egipto, la "casa de la esclavitud", ha quedado atrás. El obstinado faraón
junto a su ejército yacían en las profundidades de un mar, que había visto
instantes previos, la salvación -milagrosa- de la nación hebrea. Se había
cumplido, sin que mediara obstáculo alguno, aquello que Moshé había
pronunciado frente a una masa de gentes desesperadas, atormentadas y hasta
desalentadas a orillas del inmenso mar: "...HaShem ilajém lajem" - "D-s
librará la batalla por Uds." - "veatem, tajarishún" - "empero vosotros
todos permaneceréis enmudecidos". Sólo el silencio será testigo de los
grandes hechos. Sólo en silencio podrá el pueblo judío liberado contemplar
y comprender. Nada de gritos ni de confusión. Hechos claros como el día,
pues la "noche de la esclavitud", la oscura noche del sufrir y del dolor
había terminado para siempre. Aquí comenzaba la "gueulá", este movimiento
inconfundible que se tornaba en voz para hablar tan sólo de libertad, no de
lamentos...
Ahora es tiempo de "encuentros y re-encuentros". Un pueblo que se encamina
hacia un destino, distante cincuenta días, para su "encuentro" con el
Todopoderoso. El Monte Sinai, aquel que atesoraba en sus reducidas
dimensiones, a la pequeña zarza -que aún ardía sin consumirse-; aquel
paraje desértico que vio nacer el liderazgo de Moshé, concediéndole la
capacidad de preguntar y de saber, esperaba ser testigo de la promesa
efectuada por D-s a un pastor -por ese entonces- casi incrédulo y temeroso:
"...Dijo: Pues Yo estaré contigo y esto habrá de ser para ti el signo, ya
que Yo te he enviado. En cuanto saques al pueblo de Egipto habréis de
servir a Elokim sobre la montaña ésta..." (Shemot Cap. 3:12).
Mientras tanto hay un re-encuentro en medio del camino. Itró, sacerdote de
Midián, suegro de Moshé, sale a encontrarse con el pueblo redimido y su
conductor. Junto a Tsipora y sus nietos, Guershón y Eliezer -esposa e hijos
de Moshé respectivamente-.
"Vaishmá Itró" relata el comienzo mismo de nuestra perashá. Itró "escuchó",
"...todo lo que había obrado D-s por Moshé y por Israel, cuando sacó
HaShem a Israel de Egipto" (Shemot, Cap. 18:1).
Nuestros Sabios interpretan esta visita, preguntándose: "¿...má shemuá
shamá u-bá?" Es decir, ¿qué fue lo que escuchó y lo hizo allegarse? "Rabi
Ieoshúa afirma: escuchó los sucesos de la guerra con Amalek y vino.
(Recordemos al final de la perashá pasada el salvaje y traicionero ataque
de Amalek en el desierto, fundamentalmente a 'todos los débiles y
enfermos' del pueblo judío); Rabi Eleazar haModaí sostiene en cambio: la
entrega de la Torá lo hizo venir (en nuestra perashá accedemos a los 'diez
Mandamientos'); Rabi Eliezer dice: El cruce del Mar Rojo había escuchado y
vino..." (Ialkut Shimoni).
Quedará medianamente claro, que no hay obra del Todopoderoso que pase
desapercibida para el entorno general y que los eventos -dramáticos
algunos, felices otros y de una poderosa carga emocional e intelectual los
otros-, representan una afirmación elocuente por la cual nada habrá de ser
ya igual para los habitantes de un mundo, testigos oculares y presenciales
del poder del Creador, ahora definido por el mismísimo líder de una nación
pagana, cuyo nombre define la identidad de nuestra perashá en cuestión:
"...Ahora sé yo qué grande es HaShem por sobre todos los dioses..."
Y esto es ciertamente lo importante. El Rabi de Kotsk así lo considera y
enseña: "...Lo que escuchó Itró, fue también escuchado por muchísimas otras
personas", pero -sostiene el maestro jasídico-, "hay quienes escuchan, mas
no oyen, pues las cosas no logran penetrar sus oídos, y por ende no
alcanzan a sus corazones y ni hablar de sus pensamientos. La verdadera
virtud de Itró fue aquella que insinúa nuestra Torá: 'Vaishmá Itró' -que
escuchó y supo lo que había escuchado-. Lo comprendió e internalizó".
Allí reposa tal vez el mérito de un hombre que, habiendo cosechado y
probado el sabor del poder que concede el liderazgo, y por otro lado,
estando ya "hecho" en su creer y sentir, logra imbuirse -más allá de la
familiaridad y de las emociones- de una nueva fe que asoma en pleno paisaje
del desierto; una fe que lleva como sello peculiar la Bondad Divina. Así lo
afirma Itró después de atender al relato de Moshé: "...Se regocijó Itró por
toda la bondad -Tobá- que había hecho HaShem para Israel, cuando lo hubo
librado de bajo el poder egipcio" (Shemot Cap. 18:9).
Y así, nuestra fundamental perashá, lleva su nombre. Primero por su
humildad, y en segunda instancia por su sabiduría (¡que pone de manifiesto
la humildad de Moshé!).
Porque es a partir de este re-encuentro que los caminos de ambos -de Moshé
y de Itró- se habrán de separar (no así el de los descendientes del pueblo
judío y de Itró); los "ojos de Itró", que tanto pondera Moshé en su
insistir para que su suegro los acompañe en el trayecto por el temible
desierto, le "hacen ver" a Moshé una realidad, que en el comienzo mismo del
camino era un escollo para la libertad: la Justicia y los medios acerca de
cómo administrarla...
Ciertamente la Torá habría de "llegar" de boca de D-s. Palabra por Palabra.
Pero antes, tal vez, en este orden que nos proponen los versículos, es
necesario ordenarse, organizarse, prepararse a crecer en la tarea más
compleja aunque base esencial para el Decálogo, como lo es la
implementación de cortes de justicia -uno de los siete preceptos de los
hijos de Noaj-, en este vuelta a crearse del mundo como lo será el Maamad
Har Sinai, tiempo de Revelación, tiempo de acción -Naasé-, tiempo de
concebir los hechos -Venishmá-.
Así lo confirma Moshé, cuarenta años después frente a los herederos de la
tierra de Promisión: "...Y ¿qué nación grande -hay- que tiene fueros y
leyes justos -"tsadikím"- como toda la Torá ésta, que yo doy ante vosotros
el día de hoy?" (Debarím 4:8).
Hay una Torá verdadera -Torát Emet-, y sus "jukím vemishpatím tsadikím",
con leyes y fueros justos. La verdad debe producir justicia. La justicia
debe ser el recipiente para la verdad. Si ello se logra, despuntará Shalom,
la paz.
Así lo transmitió Itró a Moshé, con simpleza, con elocuencia, con
sabiduría: "...si esta cosa tú vas a hacer -y D-s te lo ordena- podrás
mantenerte en pie y también todo este pueblo a su lugar habrá de llegar en
paz..."