Introducción al Perek Jelek[1] 

 

C

reí oportuno, explayarme aquí sobre temas básicos de la fe, muy profundos e importantes[2].  

1.- Acerca del verdadero bien y recompensa de los preceptos.

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ebes percatarte, que entre los observantes de la Torah, existen distintas opiniones[3] con respecto al bien que le avendrá al hombre por el cumplimiento de los preceptos que nos encomendó Dios, por intermedio de nuestro maestro Moisés, como así también, sobre el mal que nos acaecerá al transgredirlos.

Es grande la brecha, entre las distintas opiniones, con respecto a esta materia, acorde a la variedad de ideas; hasta el punto de quedar sumergido el tema en una profunda confusión debido al embrollo que impera en sus razonamientos. Tal es el caso, que casi no encontrarás un individuo que tenga una idea clara en esta cuestión, ni persona que tenga una opinión concisa, más bien impera una gran mezcolanza de conceptos.

El primer grupo[4] sostiene que el máximo bien es el Jardín del Edén, y lo describen como un lugar donde se come y bebe gratuitamente, sin esfuerzo físico ni trabajo, y que existen allí casas de piedras preciosas, con camas vestidas de seda, con doncellas sirviendo vino perfumadas con deliciosos aromas y abundan en cosas por el estilo[5].

Por el contrario, el máximo mal es el infierno (Guinóm), y lo describen como un sitio de fuego ardiente donde son quemados los cuerpos y donde los individuos son sometidos a todo tipo de tormentos y sufrimientos, extendiendo mucho sus relatos al respecto.

Este grupo, aportará pruebas a su teoría de entre las  palabras de nuestros sabios y de los escritos Bíblicos, los cuales son tomados literalmente, para afirmar todas o la mayoría de sus alegaciones. 

El segundo grupo sostiene y piensa, que el bien supremo serán los tiempos mesiánicos:

Según ellos, en dicha época todos los humanos serán como ángeles, todos vivirán y perdurarán eternamente y se elevarán mucho, serán fructíferos y colmarán la tierra para siempre, aun el mismísimo Mesías, tal como ellos  lo conciben, vivirá eternamente, con la ayuda de Dios.

Afirman que en aquellos días germinarán de la tierra vestimenta ya confeccionada, como así también pan ya horneado y cosas por el estilo, sobrenaturales.

En cuanto al mal supremo, consistiría en que ese individuo no tenga el mérito de llegar a aquella época y presenciarla[6], aportando pruebas para lo que afirman de las palabras de los sabios y las escrituras que admiten, tomadas en su literalidad, los que ellos sostienen.

El tercer grupo piensa que el bien anhelado es la resurrección de los muertos, es decir que reviva el individuo después que murió, para reencontrarse con sus queridos y familiares, comiendo y bebiendo sin volver a morir nuevamente[7].

En cambio, el mal sería, no revivir después de fallecido, junto al resto de los resucitados.

Aportan varios de los dichos de los sabios y versículos de la Biblia que tomados literalmente parecen afirmar lo que ellos dicen, o parte de lo que alegan.

El cuarto grupo piensa que el bien que nos sobrevendrá por el cumplimiento de los preceptos será el reposo físico y alcanzar los placeres materiales en este mundo, como ser: buena tierra, muchas pertenencias, descendencia numerosa, longevidad y salud, paz y seguridad, reinando alguno de la casa de Israel y extendiendo nuestro poder sobre nuestros enemigos[8].

Por el otro lado el mal que nos sobrevendrá al revelarnos contra la Torah, será lo contrario de estas cosas, tal como lo soportamos nosotros hoy, en nuestros días, en este exilio.

Aportan pruebas, acorde a su capacidad, de todos los escritos de la Torah, donde se relata acerca de las bendiciones y maldiciones, y todas aquellas historias que allí figuran.

El quinto grupo, que está conformado por mucha gente, fusionan todas las opiniones anteriores y alegan que el máximo bien será la época mesiánica, la resurrección de los muertos, acceder al Jardín del Edén, comer y beber allí y estar sanos eternamente.

Empero el mayor bien, el más importante, me refiero al mundo por venir, encontrarás muy pocos que lo tengan en mente, que piensen o mediten en él, menos aún, que lo consideren como un fundamento básico.

Tampoco encontrarás quienes se cuestionen sobre el tema unos a otros: ¿Cómo es que uno se hace meritorio del mundo por venir? ¿Se trata del bien supremo o es un intermedio? ¿Realmente cualquiera de las opiniones anteriores constituye el verdadero bien final? [9]

Así también, notarás que son muy pocos los que sepan diferenciar entre medios para alcanzar el objetivo y el objetivo en sí. En cambio, ¿qué es lo que se cuestionan, tanto el vulgo como  los más entendidos? Los interrogantes que se plantean son: ¿Cómo  revivirán los muertos, vestidos o desnudos? ¿Revivirán con las vestimentas de adorno, tal como fueron enterrados o sólo con la mortaja que cubre al difunto? O preguntas tales como: ¿En la época mesiánica, el rico y el pobre, el fuerte y el débil,  serán iguales? Y otras muchas preguntas por el estilo[10].

 2.- Servir a Dios en forma desinteresada (por amor).

E

n cuanto a ti lector del presente tratado, compenétrate del ejemplo que seguidamente te ilustraré y entonces estarás en mejores condiciones para comprender lo que luego te explayaré al respecto[11].

 Imaginemos un infante que es traído delante del maestro de Torah para que lo instruya en ese camino. Este es su mayor beneficio para alcanzar su realización y trascender[12], no obstante, debido a su niñez y limitados conocimientos, no comprende todavía la nobleza y pureza de este bien[13], como así tampoco cómo este estudio lo conduce a lo trascendente. Por lo tanto, el educador, al ser más inteligente que el educando, necesitará incentivar al pequeño a estudiar valiéndose de aquellas cosas que le agradan al niño, acorde a su desarrollo intelectual, por lo tanto le dirá: “Estudia y recibirás una golosina o un dulce”, y de esta manera estudiará y se esforzará, no por el estudio en sí, ya que no percibe todavía la trascendencia de ese estudio, sino que lo hace para que le den esas golosinas[14], pues poder saborear esos dulces para él, indudablemente, es más valioso e importante que el estudio. De esta forma, sin percibirlo, se encontrará estudiando y profundizando para así obtener el objetivo que él tanto ansía, es decir la golosina o el dulce. Empero cuando crezca y madure un poco más intelectualmente, y aquel objetivo que otrora fuera importante, ahora sea poca cosa a sus ojos y comenzare a perseguir otras ambiciones, deberá ser incentivado y despertar su interés, por medio de aquellas cosas que ahora le son más dignas, y le dirá entonces el maestro: “Estudia y recibirás zapatos de tal marca o ropa nueva de tal marca etc.” y de esta manera estudiará no por amor y valoración del estudio, sino por aquellas vestimentas que le prometieron, ya que aquellas ropas son a sus ojos más importantes que la Torah[15], y ellas son el objetivo de su estudio.

 Empero cuando se desarrolle aún más intelectualmente, hasta que también estas ambiciones se empequeñezcan a su vista, pondrá su mente en cosas más importantes. Entonces se le dirá: “Estudia esto o aquello y tendrás tanto dinero por mes”, de esta manera estudiará y se esforzará por conseguir ese dinero, pues ese monto es para él más importante que el estudio[16], y el motivo por el cual, él se sienta a estudiar, es que se le pague tanta plata por mes, que es lo que se le aseguró.

 Cuando su mente sea más íntegra y también éste objetivo sea para él despreciable y sepa que también eso[17] es poca cosa, ambicionará algo superior, entonces le dirán: “Estudia para que llegues a ser un gran rabino, o un gran juez y todos te honren y te respeten, para que se pongan de pie delante de ti y hagan todo cuanto les encomendares hacer, para que se engrandezca tu nombre en vida y aun después de muerto, como Fulano o Mengano”; de esta manera estudia y se esfuerza para poder alcanzar dichos honores[18], entonces su meta será la notoriedad y el prestigio con el cual lo ensalzarán los hombres y lo alabarán, pero, en realidad, todo esto es despreciable[19].

 No obstante[20], debido a la pequeñez intelectual del hombre, es necesario poner como objetivo de la sabiduría[21], otra meta fuera de la sabiduría en sí, hasta llegar a afirmar: “¿Para qué estudiar?, para llegar a ser más honorable, etc.”

 Empero todo esto en realidad es una falta a la verdad[22]. Sobre este tipo de estudio expresaron los sabios que es un estudio “interesado” es decir, hacer un precepto o estudiar y profundizar en la Torah, no por su propio valor, sino por otro interés externo a ella, es por eso que recomendaron los sabios diciendo: “No la conviertas (la Torah) en corona para vanagloriarte, ni en herramienta para cavar con ella” (Avot 4:7), de esta manera insinuaron lo que te explayé, es decir, no tener como objetivo del estudio de la Torah el recibir honores ni acaudalar dinero, como tampoco dedicarse al estudio de la Torah del Dios altísimo, como medio de manutención; en resumen, que no tenga otro propósito al estudiar la sabiduría, que la sabiduría misma, es decir, saberla, aprehenderla[23]; así, el anhelo de la persecución de la verdad no es otro que la verdad misma, saber que es verdad; y la Torah es la verdad, y el objetivo de saberla es ponerla en práctica. Por lo tanto no es digno que el hombre íntegro se cuestione: -“Al cumplir con los preceptos, que constituyen las buenas cualidades y la rectitud, y al alejarme de las transgresiones, que conforman las malas cualidades, tal como nos advirtió Dios, exaltado sea, ¿cuál será la recompensa que recibiré por ello?”- ya que al pensar de esta manera, se asemeja al joven de nuestro ejemplo que dice: “¿Qué me darán si estudio Torah?” Respondiéndole que  recibirá tal o cual cosa si estudia, pues con su actitud nos percatamos de la falta de madurez intelectual, la cual le imposibilita comprender el valor del estudio de la Torah por sí mismo, por lo tanto reclama al objetivo un objetivo. En este caso recibe como respuesta algo conforme a su ignorancia, tal como dice en Proverbios 26:5: “Responde al insensato acorde a su insensatez”.

 También los sabios nos previenen sobre esto, al decir que, con respecto al servicio a Dios o al cumplimiento de Sus preceptos, no anteponga  ningún otro objetivo, esto es lo que expresó aquel hombre íntegro quien percibió la verdadera noción del tema, me refiero a Antignos Ish Sojos, al decir: “No seáis como los servidores que sirven a  su patrón para recibir una recompensa, sed como los que sirven a su patrón sin importarles la recompensa-” (Avot 1:3)[24], queriendo decir con estas palabras: “Creed en la verdad por la verdad misma”[25].

 Al que se conduce de esta manera, se lo denomina que “sirve por amor”.

 Más aun dijeron nuestros sabios: “Está escrito en Salmos 112:1: ‘En Sus preceptos me regocijo’, dijo Rabí Eleazar: ‘En Sus preceptos’ está  escrito y no ‘En la recompensa de Sus preceptos’”[26], Percátate de lo sublime y profundidad de esta afirmación y cuanta luz irradia sobre nuestro tema.

 Pero más contundente aún, es lo que expresaron en el Sifré (sección Ekev): “Tal vez digas -estudiaré Torah para ser rico, o para que me llamen rabino, o para recibir la recompensa en el mundo venidero- sobre todo esto fue dicho: ‘Por amor a Dios’ (Deuteronomio 19:9) es decir todo lo que hagáis, no lo hagas sino por amor a Dios”,

 De esta manera queda elucidado el tema y es patente que este es el objetivo de la Torah y la base de los dichos de los sabios, por lo tanto no apartes tu vista de esto, pues sólo los necios e ignorantes, que fantasean y anulan su raciocinio, pueden apartarse de este pensamiento[27].

 Esta forma de razonar constituye el  nivel sublime que alcanzó Abraham, nuestro padre, pues él servía a Dios por amor[28]. En este camino es apropiado encaminarse y esforzare.

 No escapa al conocimiento de nuestro sabios, que esta senda, es ardua y difícil y no todo individuo logra alcanzarla[29]. Ni siquiera aquellos que la alcanzan, no pensaban así al comienzo del camino[30], ni estaba del todo convencido al principio de que eso era lo correcto[31], debido a que el hombre no realiza una acción sino  es para recibir a causa de ella algún beneficio, o bien, evitar algún daño o pérdida; y si no es así, entonces aquel acto a su juicio, es un acto vano y sin sentido. Por lo tanto, ¿cómo es posible decirle a alguien observante de la Torah, que debe hacer tales preceptos o apartarse  de ciertas transgresiones, no por el temor al castigo Divino, ni para percibir una recompensa a cambio?

 Ciertamente son conceptos en extremo difíciles de asimilar, ya que no todos los seres humanos logran captar la verdad en forma tan clara como Abraham, nuestro padre. Por ser así, toleraron los sabios, que el vulgo realice los preceptos por su recompensa[32] y se aparte de las transgresiones por temor al castigo[33], todo esto con vistas a introducir al pueblo en la fe; por tal motivo notarás que los estimulan al respecto y refuerzan esta doctrina del vulgo[34], pretendiendo que poco a poco el individuo se percate de que no es ésta la forma más adecuada de servir a Dios, de modo que logre captar la verdad y el camino de los rectos.

 Tal como en nuestro ejemplo con el joven al comienzo de su estudio. Es por eso que los eruditos reprendieron al sabio Antignos Ish Sojo, por su expresión[35] diciendo: ¡Rabinos! Sed cuidadosos con vuestras palabras” (Avot 1:11).

 Lo afirmado hasta aquí, no quiere decir que el vulgo pierde todo mérito al realizar los preceptos por temor al castigo o a la espera de la recompensa, sino que el actuar de esta manera, no es la más altruista. Por el contrario, este accionar del pueblo, puede ser positivo para ellos, en el aspecto  de que los refuerza, los encamina y los predispone en el camino de la Torah y de esta manera despertará en ellos las ansias de conocer la verdad y poco a poco comenzarán a servir a Dios por amor (desinteresadamente), a esto se referían los sabios al decir: “De todas maneras, que se dedique el hombre a la Torah, aun en forma interesada, pues comenzando en forma interesada, terminará sirviendo desinteresadamente”[36].

3.- El lenguaje alegórico de los sabios[37].

E

s importante que te percates, que con respecto a los dichos y expresiones de nuestros sabios de bendita memoria, existen tres posturas al respecto de cómo interpretarlos[38]:

3.1 El primer grupo, que constituye la mayoría de los que conozco, o de los escritos que leí o que llegaron a mis oídos sus opiniones, son los que afirman que las máximas de los sabios deben ser tomadas y entendidas literalmente sin tolerar ningún mensaje oculto o alegórico en sus palabras, aun aquellas afirmaciones de los sabios que contradigan la realidad[39], tampoco en este caso contemplan la posibilidad de que se trate de algo alegórico, sino que sostienen que así tubo que ser en la realidad, (por más extraño e irreal que parezca).

 No obstante, esta manera de pensar, es producto de la falta de comprensión de la naturaleza de las cosas y la carencia de una mente especulativa, crítica e inductiva[40], como así también, nadie los ha introducido en esta materia. Sostienen que los sabios en todas sus sentencias correctas y profundas, no se refirieron, sino a lo que ellos, de acuerdo a su capacidad, entienden, siempre tomando todo en forma literal.

 Sin embargo, algunas de las palabras de los sabios, las deforman y las alejan de todo aspecto lógico y racional hasta el punto tal, que aun si fueran relatadas de esa manera al vulgo, mucho más si se lo dijeren a alguien inteligente, éstos se sorprenderían y quedarían perplejos preguntándose: -¿Cómo es factible que exista alguien que afirme eso, o que piense que es correcto razonar así?, concluyendo, entonces que tales palabras son incoherentes.

 En realidad este grupo, pobre en pensamiento, es digno de lástima, por su insensatez, pues pretenden honrar y elevar a nuestros sabios, acorde a su capacidad, pero en realidad, los sumergen en la más profunda bajeza y ni siquiera se dan cuenta ni entienden esto. ¡Como que vive Dios! Créeme, que este grupo rebaja a la Torah y le quitan todo su brillo, dejando a la Torah de Dios, justo al revés de lo que ella representa; ya que Dios, exaltado sea, dijo en Su sagrada Torah: “Cuando oigan todos estos fueros, habrán de decir: -un pueblo sabio e inteligente es esta gran nación” (Deuteronomio 4:6); empero esta agrupación, al pregonar las máximas de nuestros sabios literalmente[41], hacen que todo aquel que los escuche exclame: “Qué pueblo tonto e insensato es esta nación pequeña”.

 Esto es lo que logran la mayoría de los oradores que explican y comentan al pueblo lo que ellos mismos no entienden; quien nos diera que al ser que no entendieron ni captaron las palabras de los sabios, se quedarán en silencio tal como versa: “¡Ojalá callar se callasen y eso les será considerado sabiduría”(Job 13:5) o que al menos reconocieren y afirmaren: -no comprendemos a qué se refieren los dichos de nuestros sabios en este caso, por lo tanto no sabemos cómo interpretarlos. Empero ellos creen entenderlos e intentan transmitir al pueblo, no lo que los sabios quisieron decir, sino lo que ellos con su flaqueza intelectual entendieron, poniéndose a predicar delante del público, los dichos y afirmaciones de los sabios en el Talmud tratado Berajot o el capítulo Jelek del tratado Sanedrín[42], por supuesto, entendiéndolos en forma literal, palabra por palabra[43].

 3.2 El segundo grupo, también es muy numeroso. Igualmente, éstos toman las palabras de nuestros sabios en forma literal y sostienen que no se referían a otra cosa fuera de lo literalmente expuesto, pero a diferencia del primer grupo, los citan de esta manera en forma despectiva y peyorativamente, difamando lo que no corresponde difamar y frecuentemente se burlan de las expresiones de nuestros sabios, considerándose ellos mismos más inteligentes y con mentes más agudas que la de los sabios, y que aquellos eruditos, eran ingenuos, poco racionales y que desconocían en absoluto la realidad y la naturaleza de las cosas, hasta el punto de no haber alcanzado la sabiduría en cualquiera de sus expresiones.

 Sin embargo la mayoría de los que integran este grupo, suelen equivocarse debido a que se ven a sí mismos como entendidos en las ciencias médicas, versados en las vanidades de la astrología y considerándose grandes sabios, inteligentes, jactándose de intelectuales y filósofos. Mas en realidad no se percatan cuán lejos están de aquellos verdaderos sabios y filósofos.

 Este grupo es más necio que el primero y mucho más ignorante que aquel. Tornándose detestables, debido a que ensucian a ilustres y grandes personalidades, cuya sabiduría es manifiesta para los más sabios, empero esta agrupación de incapaces, si tan solo excursionaran un poco en el conocimiento, hasta saber cómo es digno expresar y escribir acerca de temas metafísicos o por el estilo, tanto para el pueblo como para los eruditos[44], comprendiendo la filosofía práctica, entonces podrían discernir si los doctos eran realmente sabios o no, entendiendo lo que aquellos quisieron decir.

 3.3 El tercer grupo, son tan pocos, que por Dios, no merecen que se los denomine agrupación, sino, más bien, deberían designarse individuos. Ellos son los que perciben la grandeza y agudeza mental de nuestros sabios, al observar lo acertado que son sus dichos y afirmaciones que llegaron a nosotros.

 A pesar que los aforismos de los sabios son pocos y dispersos por varios lugares, esos escritos atestiguan acerca de su grandeza y que realmente captaron la verdad. Así también, comprobamos por medio de ellos, cómo nuestros sabios descartaban lo que era imposible de ser y afirmaban aquello que en la realidad no podría ser de otra forma[45], que ellos no hablaban cosas vanas; de forma tal que queda absolutamente claro a los miembros de este grupo, que en las palabras de nuestros eruditos, hay cosas manifiestas y también mensajes ocultos[46] y que todas sus sentencias que tomadas literalmente contradicen la realidad[47], se trata de afirmaciones metafóricas y alegóricas, pues esta es la manera de expresarse de los verdaderos sabios.

 Es por eso que el más célebre de los sabios[48], comenzó su libro diciendo: “Para entender proverbios y dichos agudos, las palabras de los sabios y sus alegorías” (proverbios 1:6).

 Como es manifiesto para los conocedores de la lengua, “alegoría” es aquello cuyo verdadero mensaje está oculto en ella, que no está expresado en forma literal y prueba de ello es lo que afirmo Sansón al decir: “les plantearé una alegoría...” (Jueces 14:12). Pues las palabras de los doctos, se refieren a temas metafísicos, y éstos son el verdadero objetivo[49], no obstante, se expresaron en forma alegórica o metafóricamente. Por lo tanto, ¿cómo es factible criticarles el hecho que hayan manifestado la sabiduría en forma simbólica o que se hayan valido de ejemplos vulgares, después de observar que el más sabio entre los hombres, actuó de esta misma manera asistido con la inspiración Divina?, Me refiero al rey Salomón en Proverbios, en el Cantar de los Cantares y partes de Eclesiastés. Y más aún, ¿cómo es posible que se nos reproche por explicar la profundidad de sus palabras, sacándolas de su sentido literal y de esa forma demostrar cómo coinciden la verdad con las sagradas escrituras, cuando ellos mismos[50] sacan versículos de su literalidad y los plantean como alegoría? Siendo esto correcto[51]; como por ejemplo encontramos con respecto al versículo: “él hirió a dos campeones de Moav” (I Crónicas 11:22) que todo es en forma metafórica[52], también lo que dice: “bajó e hirió al león dentro del pozo” (Ibídem.), como así lo que dice: “¿Quién me hiciera beber agua del pozo de Bet Lejem?” (Ibídem? 17)[53] y el resto del relato, todo es metafórico.

 Asimismo con respecto al libro de Job, sostienen algunos que en su totalidad se trata de una parábola[54], sin especificar a qué se refiere dicha parábola[55], como así, opinan algunos que el episodio de la resurrección de los muertos de Ezequiel (capítulo 37), fue una alegoría y muchos otros casos por el estilo.

 Mas, si tú lector, perteneces a uno de las dos primeras agrupaciones, no te detengas en mis palabras ni prestes atención a ninguna cosa sobre este tema, ya que no recibirás con agrado nada alusivo a esta materia, sino que te perjudicará y lo odiarás, pues ¿cómo podemos pretender que los alimentos saludables, en su justa medida, y nutritivos, puedan gustarles a quien está acostumbrado a comer en abundancia alimentos no tan saludables ni nutritivos?, más, en verdad, a pesar de tratarse de alimentos buenos, a ellos[56] los perjudican y ellos detestan otra comida que no sea lo que están acostumbrados; esto se puede comprobar por medio de lo que dijeron aquellas personas acostumbradas a comer cebolla, ajo y pescado: “Nuestra alma está seca con este pan detestable[57]” (Números 21:5).

 Empero si perteneces al tercer grupo y te topas con alguno de los numerosos aforismos de los sabios que aparentemente contradicen la lógica[58], detente, reflexiona acerca de él y descubrirás que se trata de una parábola o algo alusivo. En ese caso, pon todo tu corazón, aplica tu agudeza mental en dicha expresión analizando su razonamiento, y dedícate a descifrar el mensaje de forma tal que no contradiga a la sabiduría ni a la fe verdadera; tal como versa: “hallar palabras que agraden y escribir correctamente palabras de verdad” (Eclesiastés 12:10). Entonces profundiza en este coloquio y con la ayuda de Dios, te percatarás de su utilidad.


4.- El verdadero placer

C

omenzaré ahora a desarrollar el tema que me propuse.

 Debes saber, que así como el ciego no puede captar los colores[59], ni el sordo percibir los distintos sonidos[60], así los cuerpos físicos no pueden apreciar los placeres espirituales[61]. Tal como a los peces les es imposible concebir la esencia del fuego, ya que viven en un hábitat que es el opuesto a aquel[62], asimismo es inverosímil captar en este mundo material, los deleites del mundo espiritual.

 En realidad, es inconcebible que el hombre goce con un placer que no sea corporal o fuera de lo que los sentidos advierten: comida, bebida y sexualidad. Cualquier otro tipo de placer fuera de este campo, es para nosotros imposible de captar y concebir de buenas a primeras, sino luego de analizar el tema en profundidad[63].

 Es lógico que así sea[64], ya que nosotros estamos sumergidos en un mundo material por lo tanto sólo percibimos los placeres bajos y momentáneos[65], empero los deleites espirituales son eternos, persisten para siempre y no tienen fin; además, no tienen ningún tipo de relación ni semejanza con los placeres físicos[66].

 No obstante no es correcto, en nuestro carácter de conocedores de la Torah, ni aún para los teólogos entre los filósofos, afirmar que los ángeles no tienen ningún tipo de goce[67], ya que en realidad sí experimentan un gran regocijo, al captar y percibir la verdadera esencia del Creador, y de esta manera, gozan eterna e ininterrumpidamente.

 Asimismo, entre los ángeles, no se da ningún tipo de placer físico, ni pueden percibirlo, pues carecen de los sentidos, como los nuestros, para captar, tal como lo hacemos nosotros.

 Así, quien entre los humanos[68], tenga el mérito de elevarse hasta ese nivel[69] después de la muerte, no experimentará más los placeres físicos ni los anhelará, tal como un rey, una vez que alcanza la realeza, no ambicionará despojarse del honor del trono para ir a jugar a la pelota en la calle con los niños, a pesar de que eso, en un tiempo pasado, era algo apetecible a sus ojos, aún más que acceder al trono, esto era así, cuando era un infante, falto de madurez intelectual, cuando todavía no podía diferenciar cuál de estas dos cosas[70] es superior; así nosotros hoy, enaltecemos los placeres físicos por sobre los deleites espirituales[71].

 Cuando analices en profundidad estos dos tipos de placer[72], observarás la vileza de uno[73] y la excelencia del otro[74], aún estando en este mundo. Prueba de ello es que vemos a la mayoría de los seres humanos consagrar sus almas y sus cuerpos, desvelándose y esforzándose en extremo, para alcanzar honra, reputación y fama a ojos de sus semejantes; y estos deleites no son similares al placer que se experimenta al comer o beber[75].

 Asimismo, muchas personas disfrutan vengándose de sus enemigos, más que con otros placeres físicos[76]. Otros  prefieren dejar de lado el mayor de los placeres corporales, por temor a que ello le ocasione vergüenza y deshonor delante de la sociedad, o porque ambicionan hacerse un buen nombre. Si esto es así en este mundo[77], con más razón lo será en el mundo espiritual, es decir el mundo por venir, donde nuestras almas percibirán al Creador, tal como lo hacen los seres celestiales, o más aún.

 Este regocijo, no es divisible[78], tampoco puede ser contado[79] y el goce que allí se experimenta no puede ser ilustrado con ningún tipo de ejemplo[80], sino, como dijo el profeta[81] cuando le fue manifiesta la excelsitud del bien aquel: “Cuán magno es el bien que tienes guardado para los que te temen” (Salmos 31:20), y así afirmaron los sabios[82]: “En el mundo venidero, no existe comer, beber, bañarse[83] ni untarse con bálsamo, sino que, allí, los justos permanecen sentados con las coronas sobre sus cabezas regocijándose con el resplandor de la Presencia Divina”; al decir: “con las coronas sobre sus cabezas” se referían a la trascendencia del alma, mediante la percepción del Creador, hasta transformarse el que capta y la captación, en uno[84], tal como  aseveran los grandes filósofos y no es este el lugar para extendernos en este tema.

 Cuando dijeron: “regocijándose con el resplandor de la Presencia Divina”, quisieron decir que aquellas almas se deleitan con lo que captaron y percibieron acerca  del Creador, tal como se regocijan los Jaiot Hakodesh[85] y el resto de los ángeles según su nivel, acorde a la captación y percepción del Eterno.

 Queda pues en claro que el objetivo del hombre y el máximo bien que le puede acontecer, es alcanzar aquella congregación celestial y ser digno de aquel honor que mencionáramos[86].

 En cuanto a la subsistencia del alma, como expresamos, es eterna[87], tal como la permanencia del Creador, ya que Él mismo es la causa de Su existencia[88], y al captarlo, el alma igualmente se eterniza[89], tal como se aclara en la filosofía antigua.

 Éste es el bien supremo, que no tiene igual ni hay deleite que se le compare, pues, ¿cómo puede equipararse lo eterno, lo que no tiene fin, con algo restringido y limitado?, esto es lo que se afirma: “Para que te vaya bien y se alarguen tus días” (Deuteronomio 22:7) cuya explicación unánime[90] que hemos recibido sobre éste versículo: “para que te vaya bien”, en el mundo en donde todo es bien, “y se alarguen tus días”, en el mundo que no tiene fin[91].

 El máximo mal y la perdición suprema es la aniquilación del alma y su extinción[92], es decir, que no sobreviva y perdure y esto es a lo que se refiere en la Torah cuando dice: “Caret” (“exterminio”) queriendo decir que ese alma será destruida.

 Dijeron los sabios con respecto al versículo: “exterminar será exterminada ese alma” (Números 15:31), “exterminar”, en este mundo[93], “será exterminada” del mundo por venir[94].  Y está escrito: “Y el alma de mi señor, está atada a los lazos de la vida eterna[95] (Samuel-1 25:29).

 Por lo tanto, todo aquel que prefiere y se encamina en todo tipo de placeres corporales, despreciando la verdad y apegándose a lo falso, es desarraigado de ese nivel celestial, quedando en estado de materia inerte.

 Ya nos anunció el profeta, que el mundo venidero no es apreciable con los sentidos corporales, al decir: “ningún ojo lo ha visto fuera de Ti Dios, que obra para los que en Él esperan” (Isaías 64:3) y explicaron al respecto los sabios: “Los profetas, en su totalidad, no profetizaron sino sobre los tiempos mesiánicos, mas con respecto al mundo venidero: `ningún ojo lo ha visto fuera de Dios`”[96].

 No obstante, el significado de  los beneficios y las desdichas que están escritas en la Torah[97] es el siguiente[98]: Él te asegura que si cumples esos preceptos te ayudará a poder practicar los mandamientos en forma íntegra[99], quitando de tu camino todo tipo de obstáculo o traba que te impida realizarlos ya que le es imposible al hombre cumplir los preceptos [en su integridad] estando enfermo, hambriento o sediento, como tampoco en época de guerra o persecuciones, por lo tanto, asegura Dios que apartará todas estas cosas y los mantendrá sanos y tranquilos para que de esta manera [puedan realizar los preceptos y] alcanzar un conocimiento pleno[100] haciéndose meritorio entonces del mundo por venir.

 Por lo tanto, el objetivo de esta recompensa por el cumplimiento de los preceptos no es alcanzar la abundancia  terrenal o disfrutar de una vida larga y saludable[101], sino que todas estas recompensas les sean  un medio para poder cumplir la Torah plenamente[102].

 Asimismo, si transgreden la Torah serán castigados, les alcanzarán todos aquellos males anunciados en ella, hasta el punto tal, que se vean imposibilitados de realizar los preceptos[103], como esta dicho: “Por cuanto no servisteis al Señor vuestro Dios con alegría y con la buena predisposición de vuestro corazón y con todos vuestros medios, por lo tanto, serviréis a vuestros  enemigos...” (Deuteronomio 28:37-38).

 Cuando analices este tema en profundidad, te percatarás que el objetivo de estas advertencias de la Torah, es como si te dijera: “si realizas algunos preceptos por amor[104], y te esfuerzas, Yo te ayudaré a realizar todos los preceptos y apartaré de ti todo obstáculo que te lo impida[105], mas, si abandonas algunos de ellos despectivamente, traeré sobre ti todo tipo de impedimentos que no te permitirán cumplir con el resto de los mandamientos, hasta que, de esta manera, no logres alcanzar el nivel ni el mérito para heredar el mundo por venir”. Es lo que dijeron: “La recompensa del precepto es el precepto[106] y el castigo de la transgresión es la transgresión[107].

 5.- Aclaración de conceptos.

E

l Jardín del Edén, es un lugar físico[108], con vegetación y abundancia de todo lo bueno y hermoso de todo el mundo. En él hay varios ríos y árboles frutales.

 Este jardín lo manifestará Dios al hombre en el futuro y le enseñará el camino que conduce hacia él. Es factible que descubran allí vegetales asombrosos[109], de gran provecho, nutritivos y deliciosos, además de aquella flora que ya nos es conocida.

 El edén, no es un lugar contra-natura en sí, ni que contradiga las leyes naturales, por el contrario, sería muy factible que existiera aunque no estuviera escrito en la Torah, con más razón al ser citado por ella.

 El Gueinóm, es un apelativo[110] con el que se designa a todo tipo de sufrimientos y castigos que se hacen pasible los malvados. No fueron explicados en el Talmud los detalles y pormenores de esta penalidad.

 Hay quienes opinan, que aquellos malvados se aproximarán al sol hasta ser quemados por el astro, valiéndose de lo dicho: “he aquí que se aproxima el día ardiente como un horno” (Malaquías 3:19).

Otros consideran que es un ardor que provendrá del interior de sus cuerpos hasta quemarlos[111], aportando como prueba lo dicho: “vuestro espíritu es un fuego que os consumirá” (Isaías 33:11)[112]

 

 La resurrección de los muertos es uno de los principios fundamentales de la Torah de Moisés, nuestro maestro, y todo aquel que no cree en esto no tiene parte ni cabida en la religión judía[113]; no obstante, la resurrección de los muertos será sólo para aquellas personas que fueron justas e íntegras[114], pues así está escrito[115]: “El beneficio de las lluvias afecta tanto a los virtuosos como a los malvados, empero la resurrección de los muertos es sólo para los justos”.

 Más aún, ¿cómo revivirán los perversos si aún en vida están “muertos”? Pues está dicho[116]: “los malvados aún en vida son considerados muertos, mas los justos, aun después de muertos, son considerados vivos”. Sabrás, que el destino de todo hombre es morir indefectiblemente[117] y que su cuerpo se desintegrará.

 Los tiempos mesiánicos se refiere a la época en que el pueblo judío vuelva a tener un rey de la estirpe de Israel[118] y vuelvan a la tierra prometida.

 Aquel rey, será muy prestigioso e importante y su reino, establecido en Sión, engrandecerá aun más su nombre.

 Su fama entre los demás pueblos, superará la del rey Salomón[119]. Todos los pueblos convivirán en paz[120] con él y las naciones lo servirán por su gran justicia y por su maravilloso reino.

 Todo aquel que se levante contra él, Dios lo hará fracasar y lo entregará en manos del Mesías.

 Abundan los versículos que nos hablan acerca de su prosperidad y nuestra buenaventura junto a él. En cuanto a las leyes naturales, nada cambiará de la realidad que nosotros conocemos hoy[121], sólo el regreso del reino de Israel, esto es lo que dijeron los sabios: “la única diferencia entre nuestros días y los del Mesías, es el sometimiento a las demás naciones”.

 También en la época mesiánica, habrán ricos y pobres, fuertes y débiles, mas en aquellos días, le será muy sencillo al hombre proveerse su sustento, bastará con muy poco esfuerzo para obtener grandes logros, es lo que dijeron los sabios: “en un futuro, la tierra de Israel hará brotar pasteles y vestimentas[122], tal como se expresa la gente cuando encuentran algo fácil o servido: “fulano encontró pan horneado y comida cocinada”, prueba de ello es lo expresado: “y gente extraña a vosotros serán vuestros labradores y viñadores” (Isaías 61:5), con esto se demuestra que habrá siembra y cosecha[123]. Esa es la razón por la cual el sabio que afirmó esto[124] se enfadó con su discípulo que no comprendió la metáfora y la tomó literalmente, entonces le contestó conforme a la capacidad de aquel alumno, mas se trataba de  una respuesta fingida[125], evidencia de que se trataba de una respuesta ficticia[126],  es lo que trae a colación: “responde al insensato acorde a su insensatez” (Proverbios 26:3).

El gran beneficio que otorgará la época mesiánica, será la finalización del sometimiento a las demás naciones que nos oprimen y nos impiden cumplir los preceptos en plenitud[127].

También en aquellos días, la sabiduría se multiplicará, como versa: “pues la tierra se llenará del conocimiento de Dios” (Isaías 11:9) y cesarán las guerras[128], pues está dicho: “no alzará espada una nación contra otra, ni se entrenarán más para la guerra” (Mijá 4:3). En aquel tiempo la rectitud, integridad y espiritualidad abundarán y de esta manera se harán meritorios del mundo por venir[129].

El Mesías, fallecerá[130], y su hijo reinará en su lugar, y luego el hijo de su hijo. Desde antaño, el profeta, consciente de que al Mesías le llegará el día de fallecer, dijo: “No fallecerá ni será aplastado hasta que haya puesto justicia en la tierra”. Su reinado se extenderá por muchos años y los años de vida de los hombres también se incrementarán[131], ya que al disminuir las preocupaciones, nerviosismo y ansiedad, la longevidad se extenderá[132]; y no será motivo de asombro que su dinastía se extienda por miles de años, pues afirmaron nuestros sabios: “la gran asamblea cuando se reúna, no se dispersará rápidamente”.

El motivo de nuestro anhelo y sed por la era mesiánica, no es por estos beneficios y riquezas, ni para montar en lujosos vehículos, tampoco para beber exquisitos vinos, tal como piensan los simples dentro de nuestra religión[133], sino que el verdadero motivo por el cual los profetas y los virtuosos  aspiraban tanto la época mesiánica y con tanto empeño se aferraban a ese anhelo, es por la sociedad de justos que se erigirá y las buenas costumbres que en ella imperará, como así también la abundancia de la sabiduría, la justicia e integridad de aquel rey grande en erudición y cercano a Dios, como dice: “ el Señor me dijo, tú eres mi hijo, hoy te he dado a luz” (Salmos 2:7) 

 

El cumplimiento de los preceptos de la Torah en aquella época no será una molestia o fastidio ni los harán por imposición[134], pues está dicho: “Y no dirá más el hombre a su compañero, ni el hombre a su hermano: ¡conoce a Dios!, ya que todos Me conocerán, desde los pequeños hasta los grandes” (Jeremías 31:33), “Puse mis fueros en medio de ellos” (Jeremías 31:32), “Y mudaré vuestro corazón de piedra por un corazón de carne” (Ezequiel 36:26) y abundan los versículos al respecto. De esta forma[135] obtendrán una gran percepción del mundo por venir[136].

 6.- El bien por el bien mismo.

  

E

n cuanto al objetivo final[137], indudablemente se trata del mundo venidero, y hacia él hay que encaminar nuestros esfuerzos; por lo tanto, aquel gran sabio, conocedor de la verdad, que profundizó en el objetivo primordial haciendo a un lado el resto, afirmó: “Todo judío tiene parte en el mundo venidero”.

 A pesar de ser ésta la meta principal, no es apropiado, para aquel que pretende servir a Dios por amor[138], dedicarse a los preceptos con la intención de alcanzar el mundo por venir tal como lo explicamos anteriormente[139]. Lo correcto es que el hombre íntegro actúe de la siguiente manera: al contemplar la sabiduría de la Torah, que fue promulgada por Dios por intermedio de los profetas, las buenas cualidades que nos inculcan los preceptos, y las malas costumbres que conllevan las transgresiones, por tratarse de un hombre recto, se encaminará detrás del bien y se apartará del mal, al conducirse de esta forma, se realizará como ser humano y se distinguirá de las bestias.

 

Cuando se realice como persona, nada le impedirá que su alma se perpetúe en el lugar adecuado para ello, es decir, en el mundo por venir, tal como dejamos expuesto; esto es lo que afirma: “No seáis como un caballo o como una mula sin entendimiento que ha de ser sujetado con riendas” (Salmos 32:9), es decir, no seáis como aquellas bestias que precisan de algo externo a ellas para que no actúen desenfrenadamente, pues no es digno que el hombre (íntegro) obre así, sino que lo que le impida proceder de ese modo, sean sus propios principios internos, ya que cuando logra realizarse como ser humano, esa misma condición es la que le impide actuar de manera inapropiada o incorrecta, en otras palabras, apartarse de las malas cualidades y eso lo impulsará hacia aquello que lo conducirá hacia la perfección, me refiero a las buenas cualidades[140]. Para mí es claro, que éste es el propósito que se esconde detrás de todos los aforismos de los sabios sobre este tema tan trascendente y elevado.

 

No obstante, en otro compendio[141], explicaré todos los dichos y afirmaciones  que se encuentran en el Talmud y fuera de él, elucidando  la sabiduría y el razonamiento correspondiente para comprender la verdadera esencia de lo expresado, acotando también pruebas de que lo que afirmo es correcto, citando palabras de los mismos sabios en cuestión[142]. Asimismo, debelaré qué cosas deben ser tomadas literalmente, cuáles alegóricamente y cuáles de ellas sucedieron en sueños, mas fueron recordadas (en el Talmud), sin hacer mención de ello[143], como si fuera que ocurrió en la realidad. En ese mismo coloquio, te debelaré grandes temas y allí me extenderé en aquellos principios que en el presente, sólo abordé en forma limitada, pero lo suficiente como para que te hagas una idea. Por lo tanto, no sería justo criticarme por el lenguaje de este extracto, reclamándome: ¿¡por qué no me explayé más en estos temas utilizando frases y un lenguaje más coloquial digno de los eruditos e intelectuales!?, pues renuncié a ello con el objetivo de que el individuo no instruido ni versado en la materia, pueda comprender estos temas que no son accesibles a todos los hombres[144].

7.- Quiénes no tienen parte en el mundo venidero[145]

 

L

a palabra “Apicorós”, proviene del arameo y se emplea para referirse a aquellos que se burlan o desprecian la Torah y a sus sabios; por lo tanto se utiliza este vocablo para designar a todo aquel  que reniega de los fundamentos y principios de la Torah o que desprecia a los sabios en general o a uno en particular, o quien menosprecia a su maestro[146]. [Los enmarcados dentro de esta categoría, son excluidos del mundo venidero].

 

Libros apócrifos[147], fueron denominados así los libros que niegan la existencia de Dios, tal es el caso del libro de “Siserá”, éste fue un individuo que compuso varios libros vacuos y disparatados, que no tienen utilidad más que la pérdida de tiempo en vano[148]. Así también, todo libro cuyo contenido y lectura no conduzcan a cosas de sabiduría o algún beneficio físico[149], sino a la pérdida del tiempo vanamente.

 

En este estatus se incluye aquel que pronuncia versículos bíblicos sobre una herida y saliva sobre ella mientras pronuncia el versículo (a la manera que hacían los idólatras y los brujos), pues de esta manera está despreciando a Dios[150].

 

Asimismo, el que  pronuncia el Nombre inefable de Dios, con las letras que conforman el Nombre inefable, י-ה-ו-ה[151].

 

Los sabios mencionaron otros hábitos, además de los aludidos anteriormente, que el que los realiza no tiene parte en el mundo venidero, dijeron: “el que avergüenza a su prójimo en público, no tiene porción en el mundo por venir; (ni tampoco) el que apoda a su compañero[152] y el que se vanagloria del fracaso o dolor de su prójimo”. Si bien estos actos aparentemente son acciones leves, la consecuencia es tan severa, pues [normalmente] no son realizados sino por aquel que posee un espíritu nefasto, lejano de la perfección, siendo de esta manera inapto para acceder al mundo por venir[153].

8.- La esencia del judaísmo

 

E

s importante recalcar en este contexto, por ser el más apropiado para ello[154], que los fundamentos de nuestra religión son 13 principios[155], a saber:

1º Principio

 

S

aber[156] que existe el Creador, es decir, una existencia absolutamente perfecta en todo aspecto posible, y ella es la causa de todo lo existente[157].

 

En Él reside la posibilidad de ser de todo lo demás y por Él existen[158].

 

Es absurdo suponer que no exista, pues al dejar de existir, todo lo demás se anularía y no quedaría nada que pudiera subsistir por sí mismo[159]. Si pudiéramos suponer que todo dejará de existir con excepción de Él, no se anularía la existencia de Dios y en nada Lo afectaría, pues Le basta consigo mismo para existir y no precisa de nada ajeno a  Él[160]. Todo lo demás, desde lo celestial, me refiero a los ángeles, hasta lo terrenal y lo que entre ellos hay, todo precisa de Él para existir[161]. Invoca este principio lo dicho: “Yo soy el Señor tu Dios[162]


 

2º Principio

 

L

a unicidad de Dios. Es decir, saber que esa existencia, que es la causa de todo, es única. No es una unidad que tiene semejantes, ni tampoco uno como un individuo de una especie, ni como un hombre que está compuesto[163] y por lo tanto se puede dividir en varias unidades[164].

Tampoco es uno como una unidad material que puede ser divisible infinitamente[165]. Sino que Él, elevado sea, es una unidad única e indivisible, que no hay otra igual en ningún aspecto[166].

Sobre este segundo principio atestigua lo escrito: “Escucha Israel, el Eterno es Dios, el Eterno es Uno[167].

 

3º Principio[168]

 

L

a negación de cualquier tipo de corporación de Dios[169]. Se refiere, a saber que ese Único que mencionáramos, no es corporal ni fuerza en un cuerpo[170].

Asimismo, no le afectan aquellas cosas que afectan a la materia[171], como por ejemplo, el movimiento, el tiempo o el reposo[172], no en forma constante ni casual[173], es por eso que nuestros sabios descartan la posibilidad en Él de una composición o división afirmando: “en las alturas, no existe sentarse ni pararse, no espalda ni frente”. Tal como dice el profeta: “¿A quién, entonces se equipara Dios, o con quién podréis compararle?”, “¿A quién Me asemejaréis para que se Me parezca?, dice el Santo Bendito Él” (Isaías 40:18 y 25), y si fuera corpóreo se asimilaría en algún aspecto a los demás cuerpos[174].

Todo pasaje bíblico que describe a Dios con atributos físicos tales como: Encaminarse, sentarse, hablar y semejantes, todo está expresado en un lenguaje figurativo, así dijeron los sabios: “se expresó la Torah en lenguaje humano” y se han extendido bastante al respecto[175].

Este tercer principio es lo que nos encomienda al decir: “Pues no han visto ninguna imagen[176]”, ya que Él, tal como expusimos, no es material ni fuerza expandida en un cuerpo. 


4º Principio

L

a eternidad de Dios. Saber que este Ser Único, al que nos referimos, es absolutamente eterno[177].

 Nada de lo existente, fuera de Él, es anterior a Él[178], prueba de ello son los abundantes versículos que hablan de este tema, en especial el que versa: “El Dios desde tiempos remotos” (Deuteronomio 33:27).

5º Principio

S

ólo a Él es apropiado alabar y servir, difundir Su excelsitud y cumplir sus preceptos, y no a cualquier otro que este por debajo de Él, ya sean ángeles, constelaciones o cualquier tipo de ente[179], puesto que todos ellos son limitados, no son ellos los que juzgan ni poseen libre albedrío para actuar como les place[180], sino solo a Dios es digno glorificar.

 Asimismo, no es correcto apelar a nada ni a nadie para que nos sirva de intermedio entre nosotros y Dios[181], sino sólo hacia Él deben ser dirigidos todos nuestros ruegos  y dejar de lado otro medio fuera de Él.

 A este 5º principio hacen referencia todas las transgresiones referentes a la idolatría y la mayoría de la Torah hace alusión a esto[182].

6º Principio[183]

E

xiste la profecía[184]. Esto es, que en la especie humana, existen individuos con potencial y cualidades sobresalientes y dueños de  una plena perfección, con un espíritu sabio e inteligente, hasta adquirir una mente sublime[185]. Es entonces cuando esta mente humana se apega a una “mente superior”, siendo iluminada intensamente por ella. A este tipo de individuos se los denomina: profetas y esa experiencia[186] es la profecía siendo esa[187] su naturaleza.

Aclarar más este tema sería arduo extenso[188] y no es nuestra intención aquí aportar pruebas irrefutables sobre cada principio, ni tampoco elucidar la esencia de esta percepción profética, puesto que para ello sería necesario como requisito, incursionar y tener noción de todas las ramas de la sabiduría, mas en este coloquio sólo enumeraremos los principios en forma esporádica. En cuanto a la  profecía abundan en la Torah eventos que atestiguan acerca de la profecía de varios profetas.

 7º Principio

 

L

a profecía de Moisés, nuestro maestro. El punto principal es saber que Moisés es el nivel superior[189], el “maestro” de todos los profetas anteriores o posteriores a él, todos están por debajo de su nivel. Moisés fue el selecto de toda la humanidad que captó respecto al conocimiento de Dios más de lo que cualquier otro, en el pasado o en el futuro percibió o percibirá[190].