INSPIRACIÓN ...

Cuentos Recopilados por el Rabino Richard Kaufmann.

Rabí Eliezer ben Horkenus Todo lo que Hashem hace es para bien El sabio y los comerciantes La compasión por los animales Invitados para Shabat ¿Quién eres?  La hija del Rav Arie Levin
Buenas acciones La fiesta de Purim de Rabi David de Dinov El león  y los tres toros Pagar a tiempo El Dueño de la tierra El cuerpo y el alma El salto y la mano de D-s
El regreso a la tierra de Israel Gallinas y cabras El crecimiento espiritual “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Esclavo de un esclavo Perdonémonos mutuamente. ¿Por qué la gente grita?
Juntos pero separados ... No interrumpir durante la Tefilá ... David el pastor Najum Ish Gam Zu La devolución de cosas perdidas La creación de la mujer El pescador
El pasaporte de Rabi Levi Yitzjak de Berditchev El tesoro real Atravesando un bosque El picapedrero El “Séder” de Moishele el aguador El rompecabezas La paloma blanca
De mi padre el panadero ...  El abolengo La historia del Graf Pototzki Ayudando a casar a una novia Vivir en Israel Unión de letras El poder de la alegría
Santificando el Nombre de D-s Actos de bondad Cambiando de ropas El papa y el judío Pagar a tiempo. El dueño de la tierra. El Regreso a la Tierra de Israel.
Lo que se olvidó Rabí Simja Zisel El  Paraíso Mágico El mérito de nuestra matriarca Rajel El amor por la Torá de Hilel

 Tomar en cuenta a todos ...

La Enseñanza de un Reloj Una carta vacía ...
Mil dólares por apretar un tornillo. Romper muros o ensanchar la puerta “No robarás ... ni siquiera a ti mismo ...” La Buena Lengua Un mundo inverso “Soy un trapero pero no un trapo” Todo lo que Hashem hace es para bien.
Un juego de cama ... ¿Qué es más importante?  Servir a Hashem con fuego Las condiciones de un Tzadik El Mérito del Estudio ... Devolución de dinero Al Kotel no le damos la espalda
Cuidar, cumplir y hacer Nuestra lengua y el Paraíso Amor a segunda vista ¿Por qué recibe sueldo?  Alegrar a las personas El Generoso Benefactor Yerushalaim y Yavne
Cada uno con sus golpes ... Si no más alto aún Un caballo de madera Esto me enseñaron mis maestros Ayudante de sastre Por eso yo lloraba y me quejaba Confusión ...
Pidiendo ayuda a los ricos Todo lo que tenía ... La lámpara A mi mismo me estoy reprendiendo El despertar de los corazones Una sopa especial Los que buscan excusas par no dar
A Fistele is a Fistele El profesor de Gimnasia El socio Las cosas no siempre son lo que parecen La copa del Kidush El kashrut de Rabi Levi Yitzjak de Berditchev  La novia más bella del mundo
Don Yitzjak Abarbanel Como un Etrog ... Una montaña sobre sus cabezas Mejor que hablemos de caballos Todo lo que yo necesito saber lo aprendí del Arca de Noé Tres lecciones de Rabí Najman Ojo por ojo …
El mejor abogado ... de uno mismo El honor del prójimo ¿Has comprendido?        

 

 

         

1) Rabí Eliezer ben Horkenus

 

            Rabí Eliezer ben Horkenus, fue uno de los más grandes sabios que tuvo el pueblo de Israel en todas las épocas.

            Cuando era joven sin embargo, jamás había podido estudiar nada de Torá. Ni siquiera sabía decir el “Shma Israel”, el “Birkat Hamazón”, ni ninguna otro rezo.

            El era un jóven grande y fuerte, y todos los días salía a arar los campos de su padre.

            Sus hermanos araban la tierra de la planicie, donde ésta era llana y blanda, mientras que él lo hacía en la montaña donde ésta era dura y rocosa.

            Un día, Eliezer se sentó en su casa y se puso a llorar.

            Vino su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Es acaso porque tus hermanos aran la tierra blanda mientras que tu aras la rocosa que es más difícil de arar? No llores Eliezer, a partir de ahora tu también vas a arar la tierra llana.

            Eliezer comenzó a arar en la planicie, más también cuando llegaba a su casa, lloraba. Se sorprendió su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Acaso es porque te di para que trabajes en la planicie?

            Le dijo Eliezer: No.

            Le preguntó entonces su papá: ¿Y entonces por qué lloras?

            Eliezer le dijo: lloro porque quiero estudiar Torá. Si puedo arar tierra rocosa, de seguro que tengo fuerzas suficientes para también estudiar Torá. 

            Se rió su padre de él y le dijo: ¿Quieres estudiar Torá? ¿Un muchacho grande como tu quiere estudiar Torá? Tu ya podrías casarte. Cuando tengas hijos, llévalos a ellos al colegio para que allí estudien Torá.

            Lo miro seriamente Eliézer y le dijo: ¡Me iré a Ierushaláyim y estudiaré allí Torá con Rabí Iojanán ben Zakai!

            Se enojó entonces su padre y enojado le dijo: tienes que arar absolutamente todo este campo.  Hasta que no termines no recibirás nada de comida.

            Horkenus pensó lo siguiente: Mi hijo Eliezer trabajará tan duramente la tierra que finalmente se olvidará de sus deseos de estudiar Torá.

            Sin embargo, se levanto temprano Eliezer y aró todo aquel campo. Mas cuando termino de arar no se fue a su casa para pedir comida, sino que sin esperar ni un minuto más, se dirigió caminando hacia la ciudad de Ierushaláyim. En el camino no tenía lo que comer, ni tampoco dinero para comprar comida. Cada vez que sentía hambre, se ponía tierra en su boca y la masticaba, para así evitar sentir tanto hambre.

            Llegó finalmente a Ierushaláyim y entró en el Beit Midrásh donde Rabí Iojanán ben Zakai enseñaba a sus alumnos.  Se sentó Eliezer en un costado y escuchó. Sin embargo, no entendía nada de lo que hablaban, pues hasta ahora nunca había estudiado Torá. Comenzó entonces a llorar. Al verlo Rabí Iojanán ben Zakai se acerco a él y le preguntó: ¿Por qué lloras hijo mío?

            Eliezer le contestó: lloró porque quiero estudiar Torá y entender como el resto de los alumnos entiende.

            Noto Rabí Iojanán ben Zakai que él ya era un muchacho grande y no un niño que comenzaba a estudiar, y entonces le preguntó: ¿Acaso hasta ahora nunca has estudiado la Torá?

            Nunca estudie hasta ahora absolutamente nada de Torá, le contestó Eliezer.

            Entonces, le dijo Rabí Iojanán ben Zakai,  te enseñare el “Shmá Israel”, el “Birkat Hamazón” y la tefilá. Le enseño Rabí Iojanán ben Zakai y Eliezer aprendió con gran ahínco todo lo que él le enseñaba, repasándolo varias veces hasta haberlo aprendido correctamente.         Luego le enseño Rabí Iojanán ben Zakai más palabras de la sabiduría de la Torá, repasando Eliezer todo lo que estudiaba hasta que lo sabía a la perfección. 

            ¿Y quién le dio de comer a Eliezer? Nadie le dio de comer, y el mismo se había olvidado de que tenía hambre, de tanto que le gustaba estudiar Torá. Así pasaron ocho días.

            A causa del hambre y de la tierra que había comido, comenzó a salir un desagradable olor de boca de Eliezar. Cuando Rabí Iojanán ben Zakai percibió aquello, se dio cuenta que eso se debía a que hacía mucho tiempo que no entraba nada en su boca.

             Se dirigió entonces a Eliezer y le dijo: Eliezer, ¿has comido hoy? Se avergonzó Eliezer que ya hacia ocho días que no comía nada, y por vergüenza calló.

            Le insinuó Rabí Iojanán ben Zakai a dos de sus alumnos que vayan en silencio a la casa donde Eliezer dormía por la noche y que le pregunten a la dueña de casa si le dieron allí de comer.

            Fueron hasta allí y le preguntaron a la dueña de casa si su amigo Eliezer había comido allí.

            Ella les dijo: no , pensé que comía con Rabí Iojanán ben Zakai. Sin embargo, vi que saco algo de una bolsa y lo masticó. Quizás allí hay comida. Abrieron la bolsa y vieron que allí había solamente tierra.

            Regresaron al Beit Midrash y le contaron esto a Rabí Iojanán ben Zakai, quién inmediatamente llamó a Eliezer y le dijo: Eliezer hijo mío, así como salió mal olor de tu boca por no haber comido ocho días, que así te hagas un buen nombre que sea mencionado por boca de todas las personas, pues ciertamente te has de transformar en un gran sabio. A partir de ahora siempre habrás de comer en mi mesa.      Se quedó Eliezer con Rabí Iojanán ben Zakai estudiando Torá día y noche, hasta que logró transformarse en un gran sabio del pueblo de Israel.

 

***************

2) Todo lo que Hashem hace es para bien

 

   Una vez, salió Rabí Akiva al camino y llevo con él a un burro, una gallina y a una candela.

   ¿Para qué llevó al burro? Para poder viajar sobre él cuando se canse, y también para poder colocar sobre él a sus paquetes.

   ¿Para qué se llevó a la gallina? Para que lo despierte a la madrugada y pueda aprovechar eficazmente su día.

   ¿Para qué se llevó a la candela? Para que pueda encenderla en la noche y pueda estudiar Torá a su luz.

   Se levantó Rabí Akiva, rezó y salió al camino. Recorrió Rabí Akiva un largo trecho, y al hacerse la noche llegó a una ciudad donde buscó hospedaje para poder pasar allí la noche. Sin embargo, en dicha ciudad no habían hospedajes ...

   Pidió Rabí Akiva a las personas de la ciudad que le brinden un lugar en sus casas donde poder dormir, mas ellas le dijeron que allí no había lugar para él y que se retirase.

  Quedose Rabí Akiva parado solitario en medio del frío de la noche, sin que persona alguna le ofreciera su casa para cobijarse en ella. A pesar de su incomoda situación, inmediatamente dijo Rabi Akiva: todo lo que Hashem hace, lo hace para bien. No quiso Rabí Akiva permanecer en aquella ciudad donde sus habitantes eran personas tan malvadas e inhospitalarias, y decidió retirarse al bosque donde busco un lugar debajo de un árbol para pasar allí la noche. Encendió allí su candela y le dio de comer a su gallina y a su burro.

   Se sentó a la luz de la candela y se dispuso a estudiar Torá, habiéndose olvidado por completo que se hallaba sólo en medio del bosque.

   De pronto, escuchó Rabí Akiva un terrible rugido y vio como un enorme león se abalanzo  ferozmente sobre su burro, devorándole.

   Sorprendido y atemorizado por aquel trágico suceso, de pronto se percató que apareció un gato en medio del bosque el cual atacó diestramente a su gallina devorándola. Antes de poder levantarse para ir en auxilio de su gallina, sopló un fuerte viento que apagó completamente su candela.

   Increíblemente, en unos breves instantes, se quedó Rabi Akiva sin su burro, sin su gallina y sin su candela.

   A pesar de todo ello, igualmente dijo Rabí Akiva: todo lo que Hashem hace lo hace para bien.

   De pronto, escucho un gran ruido de gritos y alaridos provenientes de la ciudad, que hace tan solo unas horas había tenido que abandonar.

   ¿Qué había sucedido en la ciudad aquella noche?

    A la mañana siguiente,  se enteró Rabí Akiva que sus enemigos la invadieron sorpresivamente a la misma tomando como prisioneros a todos sus habitantes.

   ¿De que más se enteró Rabí Akiva además?

   Que de camino a la ciudad habían pasado aquellas personas por el bosque al cual él se había dirigido para pasar la noche.

   Dijo Rabí Akiva: ahora entiendo perfectamente todo lo que me sucedió y comprendo perfectamente que todo lo que Hashem hizo lo hizo para bien. Si el león no se hubiera comido al burro y el gato no hubiera cazado a la gallina, estos hubieran emitido sus sonidos tradicionales al percibir a personas acercándose, y sin lugar a dudas me hubieran descubierto.  Respecto a la candela, si ésta no se hubiera apagado con el viento, hubiera iluminado la oscuridad en medio de la noche y ellos me hubieran tomado también a mi como  prisionero.

   Le agradeció Rabí Akiva a Hashem por haberle salvado tan milagrosamente su vida, y continuó con optimismo su camino recordando siempre que: todo lo que Hashem hace lo hace para bien.

 

**************

3) El sabio y los comerciantes

 

   Una vez, viajaba un gran barco en el mar en el cual habían muchos tripulantes. El barco partió hacia tierras lejanas, y las personas que habían en él llevaban diversos tipos de mercancías para poder venderlas allí. Uno tenía grandes rollos de telas, otro fina loza hecha de oro y plata, otro alfombras y almohadas y otro valiosas joyas.

   Se juntaron los comerciantes y comenzaron a charlar, y cada uno mostró la mercadería que traía, jactándose que la suya era la mejor de todas, y que por ende sería el que más ganancias habría de obtener. Sin embargo, había en el barco una persona que no contó nada acerca de su mercadería, ni participó de aquella charla entre comerciantes. En su mano llevaba únicamente un libro, y lo leía sin prestar ninguna clase de atención a lo que sucedía a su alrededor. Al principio lo dejaron en paz, mas luego que transcurrió largo tiempo del viaje, y las personas se empezaron a aburrir, se dirigieron a él y le preguntaron acerca de la mercadería que él llevaba.

   Aquel hombre no era un comerciante sino un sabio Rabino. Pensó un poco en qué es lo que debía de contestarles y entonces les dijo: yo tengo una mercadería mucho mejor que la que tienen ustedes, pero la escondí en un lugar donde nunca la van a poder encontrar.

   Inmediatamente le preguntaron: ¿Por qué no nos la muestras como hicimos cada uno de nosotros? Les contesto el sabio: ya llegará el tiempo en que verán la clase de mercadería que yo llevo.

   Se dirigieron los comerciantes a buscar la mercadería de aquel sabio por todo el barco, mas no encontraron absolutamente nada. Se burlaron de él los comerciantes y le dijeron: en vano te vanaglorias de tu mercadería. Tu no tienes ninguna mercadería ... Escucho el sabio aquellas palabras y simplemente calló.

   Sucedió un día, que unos piratas se adueñaron del barco robándose todas las mercancías de aquellos comerciantes, dejándolos vivos únicamente con la ropa que ellos llevaban puesta.

   Al llegar el barco finalmente a su destino, aquellos ricos comerciantes no tenían ni siquiera dinero para comprar un trozo de pan. El sabio en cambio, se dirigió al Beit Hakneset del lugar, se busco un asiento y se dispuso a estudiar Torá. Vieron las personas del Beit Hakneset que había llegado un rabino de una tierra lejana y comenzaron a hacerle muchas preguntas. El contestó acertadamente a cada una de las preguntas, y ellos estaban sumamente contentos y regocijados con su presencia. Lo invitaron a sus casas  para que coma junto a ellos, le dieron varios regalos y le pidieron que se quede con ellos para  así transformarse en el Rabino de aquel lugar. Le prometieron que le darían una casa y que le suplirían todas sus necesidades. Aceptó el Rabino aquella oferta, y con gran júbilo lo acompañaron felices a lo que sería su nueva casa, tal como si se tratase del mismísimo Rey en persona.

    Los comerciantes que habían bajado del barco y que aún se encontraban mendigando en las calles de la ciudad, al ver a aquel sabio le dijeron: “¡Ayúdanos por favor! Tu sabes que éramos ricos comerciantes y que los piratas nos robaron todo. Cuéntales a las personas de la ciudad sobre nosotros para que al menos nos den un trozo de pan, pues estamos realmente sumamente muy hambrientos”.  Se dirigió a ellos el sabio y les dijo: “¿Ven ustedes como mi mercancía es mejor que la de ustedes? La Torá que estudie es la mejor mercancía que existe en el mundo, y es en mi cabeza donde la escondí. Ningún pirata del mundo me la podría quitar y fue gracias a ella que estoy recibiendo el trato tan honroso que estas personas me están brindando. Mas no se pongan tristes por vuestra situación les dijo el sabio, pues yo pediré a los ciudadanos de este lugar que los ayuden para que también vuestra situación mejoré”. Solicitó el rabino a los integrantes de la comunidad para que los ayuden, y por el respeto que le tenían al nuevo Rabino, inmediatamente así lo hicieron. Les dieron ropa y comida, y también dinero para que puedan regresarse a sus casas.

   De esto aprendemos que la Torá es más preciosa que las perlas, y que es la única y verdadera riqueza que acompaña al individuo, la cual jamás nadie se la podrá robar.

 

 

***************

4) La compasión por los animales

 

   Rabí Yehudá Hanasí (el príncipe), era una persona justa y santa, querida y considerada positivamente por todos. De tanto amor que le tenían, lo llamaban bajo el título de “Rabeinu Hakadosh” (nuestro sagrado rabino), o simplemente “Rabi”.

   También Hashem lo apreciaba mucho, mas a pesar de ello, cuando una vez el Creador noto que Rabí Yehudá Hanasí no tuvo compasión por un animal que estaba sufriendo, hizo que Rabí Yehudá sienta inmediatamente la consecuencia por la falta de sensibilidad que en ese momento había tenido.

   ¿Qué fue lo que sucedió? Una vez, en un caluroso día, Rabi Yehudá Hanasí se encontraba enseñándole Torá a sus alumnos sentado afuera del Beit Hakneset. De pronto, se aparecieron unos hombres que venían de una aldea con un pequeño borrego, al cual llevaban atado de un pequeño lazo en busca de un shojet (matarife), para que éste lo mate de acuerdo a las leyes rituales del judaísmo, y así poder comérselo.

   Al pasar cerca del Beit Hakneset, se escapo el borrego de su lazo y corrió hacia Rabí Yehudá Hanasí, escondiéndose sigilosamente debajo de su capota.

   Comenzó a emitir lloros y quejidos, como pidiéndole a Rabí Yehudá Hanasí para que intercediera y no lo mataran. Rabi Yehudá sin embargo, no tuvo compasión de aquel borrego, lo saco de debajo de su capota y le dijo así al borrego y dirigiéndose al borrego le dijo: “¿Qué puedo hacer? Para eso fuiste creado. Las vacas y los borregos fueron creados para que los seres humanos coman su carne”.

   Al ver Hashem esto se dijo para sí: “Una persona sabia y justa como Rabí Yehudá Hanasí, no debió de haber reaccionado diciéndole al borrego estas palabras. Debido a que no tuvo compasión de aquel pequeño borrego, Yo tampoco tendré compasión de él. A partir de ahora también él comenzará a tener sufrimientos ...”.

   Desde aquel día, empezó Rabí a padecer de fuertes dolores en sus dientes, lamentándose muchísimo a causa de ellos. Y ningún médico lograba aliviarlo, pues Hashem había decidido que así debía de ser.

   Luego de algunos años, la empleada de Rabí estaba limpiando en su casa y encontró pequeños ratones recién nacidos en una de las esquinas de su casa. Eran muy pequeños y no podían escaparse de aquel lugar. Tomo la sirvienta una escoba y quiso comenzar a barrerlos para así echarlos a  la calle.

   Le dijo Rabí Iehuda a su empleada: “Déjalos, también ellos tienen una madre que sufrirá si no los encuentra.  Está escrito en el libro de los Salmos: ‘Y su compasión es por sobre todas sus criaturas’. Hashem tiene compasión también por todas las criaturas, también por criaturas tan pequeñas como esos ratoncitos”.

   Al escuchar el Creador del mundo las palabras de Rabi dijo así: “Ahora que vi como tuvo compasión por animales que las personas generalmente persiguen para matar, corresponde que también yo tenga compasión de él y deje de sufrir de sus dolores”.

   A partir de ese momento,  curó Hashem a Rabi Iehuda Hanasí, y ya nunca más le volvieron a doler sus dientes.

 

********************

5) Invitados para Shabat

 

   Hace muchos años que salimos de Ierushalaim para Iafo. En aquella época no habían carreteras sino que aún andábamos sobre burros, y el camino se hacía muy largo y difícil

   Llovía mucho, y al estar todo el camino embarrado se nos hacia muy difícil poder seguir. Cuando llegamos a la ciudad de Ramle, ya casi era Shabat. Preguntamos si habían judíos en la ciudad y nos respondieron que solamente había un judío llamado Rabí Pinjas, y nos mostraron donde estaba situada su casa. Golpeamos la puerta y salió a recibirnos un hombre anciano. Le dijimos “Shalom Rabí Pinjas, ¿acaso podemos pasar Shabat en su casa?”. Vimos que el anciano parecía un poco enojado e inmediatamente se fue sin contestarnos. Pensamos que en aquel lugar no les gustaba recibir invitados y nos dispusimos a buscar otra casa. De pronto salió un muchacho joven y nos dijo: “Dice Rabí Pinjas que los haga entrar a su casa. Yo me encargaré también de vuestros burros”. No queríamos entrar en la casa del anciano, mas lo hicimos por honor al Shabat.

    Rabí Pinjas se acerco a nosotros y nos dijo “Shalom” haciéndonos entrar inmediatamente a un cuarto muy agradable. Nos dio agua para que lavemos nuestras manos y también nuestros pies. Luego nos vestimos con nuestras ropas de Shabat y nos dispusimos a rezar. Pensamos que no nos iban a llamar para la comida de Shabat, mas Rabí Pinjas entró en nuestro cuarto y con un cálido “Shabat Shalom” nos dijo: “vengan conmigo mis queridos invitados, pues juntos comeremos la cena de Shabat”. Entramos en una gran sala en la que había una gran mesa tendida  con las velas de Shabat, buen vino y manjares para honrar el día sábado. Nos lavamos las manos y procedimos a sentarnos a la mesa. Comimos, bebimos, cantamos canciones de Shabat y bendijimos a Hashem por el alimento que nos dio y por todas sus bondades. Al regresar  a nuestro cuarto encontramos las camas tendidas para que nos acostemos. Antes de hacerlo fuimos a ver a nuestros burros, y también ellos habían comido y bebido. A la mañana siguiente luego de rezar, nos trajeron vino para que hagamos el kidush, y también café y torta para agasajarnos.

   “El anciano se encuentra en su cuarto estudiando la sagrada Torá” nos dijeron. También en la tarde nos llamaron para almorzar, y lo mismo para la tercer comida de Shabat. Luego de rezar “arvit” y hacer la “havdalá” quisimos continuar nuestro viaje. Sin embargo, Rabí Pinjas  nos prohibió que viajáramos en la noche. Al poco tiempo otra vez nos volvieron a llamar nuevamente para que vayamos a comer la comida de “melave malka”, la cual acompaña a la reina del Shabat que se separa de nosotros hasta la próxima semana. Comimos, tomamos vino y cantamos hermosas canciones correspondientes a la finalización del Shabat.

   A la mañana entramos al cuarto de Rabí Pinjas para despedirnos de él, quién nos recibió con una grande y cálida sonrisa. Nos preguntó: “¿Ya desean viajar mis queridos invitados? Pues viajen  en paz y que Hashem haga que vuestro camino sea exitoso”.

   Quisimos pagarle por los gastos que le ocasionamos, mas él se negó a escuchar siquiera hablar de ello. La hospitalidad es una gran mitzvá nos dijo, todo el dinero del mundo no alcanzaría para pagar por el mérito de poder cumplir con esta mitzvá.

   Le dijimos entonces: No se enoje Rabí Pinjas, pero queremos hacerle una pregunta: ¿por qué se mostró enojado cuando le preguntamos si podemos pasar el Shabat en su casa?.

    El nos contestó: “Obviamente que me enoje. El Shabat se acerca y en la ciudad no hay otro judío aparte de mi persona, ¿y ustedes todavía preguntan si pueden pasar el Shabat aquí? Tendrían que haber entrado directamente sin hacer ningún clase de preguntas ... Todo el pueblo judío somos como una gran familia y ustedes son como hijos que regresan a su casa para pasar el Shabat ...

*************************************

 

6) ¿Quién eres?

   Cierta vez, llegó un joven a la casa de un importante Rabino a quién aún no conocía. Al presentarse ante el Rabino, el Rabino le preguntó: “¿quién eres?”.

   El joven le respondió: “me llamo Moshé”. El Rabino insatisfecho por su respuesta le dijo: “No te he preguntado como te llamas, sino que te he  preguntado ¿quién eres?”.

   Confundido un poco y luego de meditar unos instantes le dijo: Creó que ya comprendí su pregunta, soy el hijo de Jaim Donner.

   El rabino, nuevamente insatisfecho volvió a decirle: “No te he preguntado por la identidad de tu padre, sino que te he preguntado: ¿quién eres?”.

   Decidió reflexionar un poco más sobre la pregunta del Rabino, hasta que finalmente le dijo: “Soy un estudiante de la yeshivá ‘Torat Jaim’”.

   El Rabino lo miro fijamente a los ojos y por tercera vez le dijo: “no te he preguntado cual es tu ocupación ni dónde estudias. Te he preguntado sencillamente ¿quién eres?”.

   Sintiéndose superado por la insistente y “amenazadora” pregunta aún no contestada, se dirigió el joven al Rabino y le dijo: “me rindo señor Rabino, ¿podría contestarme usted por favor  quién soy? El Rabino lo miro fijamente a los ojos y le dijo: Tu eres el alma divina que hay en ti. No eres ni tu nombre, ni tu ropa, ni tampoco aquello que estudias ...  

   El alma es nuestro “yo” verdadero, y es a ese yo al que con mayor énfasis debemos de tratar de cuidar y alimentar.

 

******************

7) La hija del Rav Arie Levin

   Había una vez, un sagrado Rabino de Jerusalem llamado Rav Arie Levin. El era conocido como "el Rabino de los presos".  Cuando los británicos encarcelaban a judíos bajo la acusación de auto-defenderse atacando a sus enemigos, este Rabino los visitaba semana a semana en la cárcel donde se encontraban detenidos.

   Se cuenta que una vez, la hija del Rav Arie Levin se enfermo gravemente. Cuando Rav Arie Levin fue a la cárcel a rezar junto a "sus presos" durante el Shabat por la mañana,  al enterarse sus presos de la gravedad de la enfermedad de la hija del Rav Levin, al subir cada uno de ellos a la Torá, en lugar de donar dinero de Tzdaká (que no tenían), para que en mérito a ello la hija del Rav Levin se cure, decidieron donar días de sus propias vidas, para de esa manera contribuir con su salvación. 

   El primero en subir dono un día de su vida. El segundo en subir dono una semana de su vida. El tercero dono un mes de su vida... Cuando llego el turno de la cuarta persona, el preso Dov Tamiri (ex-profesor del Tejnión), él los miró a todos y declaro: yo estoy dispuesto a donar toda mi vida con tal de que la hija de nuestro amado Rabino finalmente se cure ... A la semana siguiente el milagro había sucedido, y la hija del Rav  Levin se había curado completamente ...

  

   Reflexionemos, si aquellos sagrados presos estuvieron dispuestos a donar parte de sus vidas - e inclusive toda la vida - con tal de salvar a la hija del Rav Arie Levin, ¿acaso nuestros hermanos judíos alejados de la vida judía no merecen que donemos parte de nuestro tiempo para que intentemos acercarlos?  Si cada uno de nosotros hace una donación de este tipo, tratando de interesar a sus correligionarios en las actividades que se realizan dentro de nuestra comunidad,, seguramente que muchas vidas judías podrán ser salvadas de la apatía y el desinterés. "¡Quién salva a una vida de Israel, es como si salvase a un mundo entero!"

**********************

 

8) Buenas acciones

   Un día, se despertó Ionatán temprano por la mañana, y recordó el cuento que le había contado su mamá el día anterior antes de irse a dormir. Ese cuento era sobre el patriarca Abraham, quién todo el tiempo buscaba como hacer obras de bien ... y quién inclusive, a pesar de estar viviendo en el caluroso desierto, salía diariamente de su tienda para buscar invitados.

   Su mamá le había contado que los tres invitados que habían venido, no eran hombres sino ángeles, los cuales habían llegado para avisarle a Sará sobre el nacimiento de su hijo Yitzjak. El cuento llenó de emoción el corazón de Ionatán, y este se dijo a si mismo ¡Qué gran Tzadik que era Abraham, yo también quiero ser como él.

   Se levantó rápidamente, se lavo las manos y se vistió, y salió de su cuarto decidido a buscar buenas acciones para poder hacer. Se dijo para si mismo: ¿Quién sabe? Quizás Hashem me envíe un ángel también a mi, o algún milagro por el estilo, para que así yo también pueda hacer una buena acción. Recitó las bendiciones matutinas y el Shma Israel con suma intención, y apurado se dirigió a la cocina para desayunar y así tener más fuerzas para poder hacer buenas acciones. Mientras su mamá preparaba el desayuno le dijo: Querido Ionatán, ¿viste los juguetes que quedaron desde ayer desparramados por el piso en el cuarto de los niños? Yo tengo mucho trabajo hoy y no voy a tener tiempo para poder ordenarlos. ¿Podrías juntarlos por favor y guardarlos en el armario?

   Con una sonrisa llena de orgullo, Ionatán le contestó a su madre: Mamá, hoy no puedo porque estoy muy ocupado, y pienso salir en búsqueda de buenas acciones tal como me ensañaste ayer acerca de nuestro patriarca Abraham. Cuando regrese a casa juntaré los juguetes.

   Salió Ionatán corriendo de su casa y se dirigió a la casa de su abuelo. Su abuelo era un gran Rabino y sabio de la Torá. Ionatán pensó que seguramente él le podría recomendar acerca de buenas acciones que podría lograr hacer. Quizás buscar dinero para alguna familia pobre necesitada, o ayuda para hacer posible la construcción de un Beit Kneset ...

   Entró Ionatán a la casa de su abuelo, y para su gran sorpresa no lo vio estudiando Torá como generalmente sucedía, sino arreglando la puerta de un armario que se había salido de su lugar.

   Le contó Ionatán sobre sus planes de hacer buenas acciones, más su abuelo solo esbozó una sonrisa. Se dirigió el abuelo a Ionatán y le dijo: Quizás podrías sostenerme la caja con los clavos mientras yo trato de fijar la puerta ....

   Clavos, se dijo Ionatán para sí con gran decepción. Mi abuelo está tan ocupado con la puerta que quiere arreglar, que no entiende que yo estoy buscando realizar buenas acciones. No lo voy a molestar, mejor voy a consultar a mi abuela, quizás ella me pueda recomendarme buenas acciones para hacer. “¡Ionatán! exclam su abuela demostrando la gran alegría que tenía de verlo: ¡Qué linda sorpresa! Ven querido nieto, ayúdame por favor a sacar la ropa que está colgada, pues me temo que prontamente va a comenzar a llover y no quiero que se moje.

   Miro Ionatán a su abuela y le dijo: Lo siento abuela. Estoy muy apurado, tengo algo muy importante que hacer.

   Salió Ionatán de la casa de su abuela y se dijo a si mismo: Ya se, tengo que hacer una lista con buenas acciones que puedo hacer. De esta manera, todo estará ordenado en mi mente y sabré con qué comenzar. Sacó un papel del escritorio de su papá y se sentó a escribir: Buenas acciones que se pueden hacer: Recibir invitados, visitar enfermos, dar dinero a los necesitados, etc .... Sin embargo, antes de terminar su lista, su pequeña hermana se dirigió a él y le pidió con voz llorosa que la ayude a arreglar la muñeca a la cual se le había salido su pierna. ¡Muñecas! dijo enojado Ionatán: ¿Yo estoy haciendo una lista de buenas acciones y tu mes molestas con muñecas’?  Así no se puede trabajar.

   Y así continuó Ionatán pensando durante largo tiempo acerca de buenas acciones que se podían hacer.  Finalmente se dijo a si mismo: ¿Cómo puede ser? ¿Un niño judío quiere hacer buenas acciones, y Hashem no le envía ni una sola oportunidad para hacerlas?. Pensó durante largos minutos, hasta que de pronto se lleno de vergüenza y dijo como recriminándose a si mismo: ¿Qué hubiera hecho Abraham nuestro patriarca si le hubieran pedido que ordenase su cuarto, o que ayudase a arreglar una puerta rota, o que bajase la ropa que estaba colgada, o que arreglase la pierna de una muñeca? Abraham nuestro patriarca hubiera entendido que justamente esas son las buenas acciones que Hashem le envió para realizar. Y yo, Ionatán, de tanto pensar y pensar en hacer buenas acciones,  desperdicié todo mi día sin hacer ninguna.

   Al escuchar su mamá los pensamientos que dijo en voz alta Ionatán, se dirigió a él y  le dijo: “No te sientas mal mi querido hijo, pues hoy has aprendido una gran lección: que son justamente las pequeñas situaciones que se presentan en cada día, las oportunidades que Hashem nos envía para que podamos ayudar a nuestros semejantes y así transformarnos en mejores personas.

**********************************

 

9) La fiesta de Purim de Rabi David de Dinov

 

   Una vez antes de Purim, nuestro sagrado Rabino Rabí David de Dinov, escuchó que un grupo de no judíos estaban planeando un pogrom (persecución) para la segunda noche de Pesaj, pues aquellas personas entendieron que todos los judíos se hallarían en sus casas durante aquella noche. Rabí David de Dinov se enteró además, que todas aquellas personas que pensaban planificar el pogrom se iban a reunir en la noche de Purim, en uno de los albergues que existían no lejos de su ciudad.

   Estimados lectores, cierren los ojos por unos instantes y vengan conmigo a la cena de la noche de Purim con nuestro sagrado Rabino, Rabi David de Dinov.

    Imagínense que no hay mas mal en el mundo, y que todo ya es finalmente bueno.

    Cuando los jasidim estaban bailando y cantando hasta el corazón del cielo y ya casi era media noche, se levanto Rabí David de Dinov de su lugar y les dijo: "Amigos míos, hermanos judíos: ¿Están  dispuestos a ir a borrar de la faz de la tierra al malvado más grande que hay en el mundo?". Los jasidim asintieron de inmediato: Por supuesto Rabí, seguro que estamos dispuestos".

    Rabí David les dijo: "Entonces preparen los caballos y viajemos".

¡Imagínense qué noche! Afuera era invierno, todo blanco de nieve como el corazón de los jasidim, todo puro y sagrado.

    Los jasidim y el Rebe cantaron durante todo el viaje que los conducía al albergue en el cual se encontraba todo aquel que se consideraba a si mismo como un antisemita.

    La hora eran unos minutos después de medianoche, los campesinos estaban un poco borrachos y comenzaron a insultar y maldecir a los judíos.

   De pronto, la puerta se abrió de par en par, y el sagrado Rabí David de Dinov entró al interior de la sala, hermoso cual un ángel del cielo, sino más aún.

   Cada jasid continuó cantando y bailando y - tomando cada uno a un campesino de su mano - comenzaron con gran ímpetu a bailar. De pronto, todo el cuarto se había colmado de la santidad y la dulzura que los alumnos de Rabí David transmitían.

   En cierto momento, Rabí David los detuvo y todos los campesinos y jasidim se apretujaron alrededor de Rabí David para escuchar sus palabras. Entonces se dirigió Rabí David a ellos y les dijo: "Queridos hermanos, es muy agradable para mi estar junto a ustedes, y estoy muy contento de que vine por aquí. Sin embargo, les voy a decir la verdad, escuche rumores terribles - aunque estoy seguro de que no pueden ser ciertos -; pero igualmente los escuche. Escuché que ustedes odian a los judíos y que están planeando algo muy malo contra ellos. ¿Acaso hay alguien aquí que nos odie a nosotros?". Los campesinos se miraron los unos a los otros, y cada uno de ellos dijo en voz alta: "yo no, quizás haya otra persona que los odie, yo no odio a los judíos". El Rabí les dijo: "Pues entonces, si ustedes no nos odian mis buenos amigos, ¿por qué no somos como hermanos?".

   Los campesinos quedaron tan  sorprendidos de la santidad de Rabí David, que cada uno de ellos le dijo a Rabí David: "Rabí, por favor, yo quiero que usted sea para siempre mi mejor amigo".

   Entonces Rabí David les contestó: "Está bien, mas júrenme que por siempre vamos a ser los mejores amigos y que siempre vamos a ser como hermanos ....

   ... Y nuevamente comenzaron todos juntos a cantar y a bailar ...

   A veces nosotros dudamos y nos preguntamos: ¿Cómo puede ser lógico que cuando llegue el Mashíaj, de pronto todo el mundo va a comenzar a amar al pueblo de Israel? Pues bien, recuerden siempre el cuento de Rabí David de Dinov; ¡y eso que él todavía no era verdaderamente el Mashíaj! (Extraído del libro "Para mis hermanos y amigos" de las enseñanzas del Rabino Shlomo Carlebaj  ztz"l, con pequeñas variantes. Traducido por el Rabino Richard Kaufmann).

 

*********************

10) El león  y los tres toros

 

Había una vez, un león muy hambriento, que acercándose a un valle vio a tres grandes toros pastando muy placidamente. Un toro era rojo, el otro negro y el otro blanco.

El león estaba realmente muy hambriento, pero era imposible que luchase contra tres poderosos toros a la vez y lograra vencerlos. Se le ocurrió entonces una idea. Se acerco a los toros rojo y negro y les dijo: Miren cuan  pálido y desagradable se ve el toro blanco. Déjenme que vuelva mañana por la mañana y yo me lo devoraré, y así ustedes y yo podremos compartir juntos la vida en este hermoso valle. Los dos toros aceptaron considerar la propuesta y contestarle al día siguiente. Al llegar el león al valle, los toros le dijeron que efectivamente también a ellos les parecía que el toro blanco se veía muy pálido y desagradable, y que aceptaban gustosos que se encargara de devorarlo.
El león se puso manos a la obra, y en pocas horas había acabado con el toro blanco.

A la semana siguiente, el león estaba nuevamente con muchísima hambre.   Se acerco al valle y al ver a los dos toros pastando, también le pareció que seria una empresa muy difícil poder luchar contra ambos toros. Se acerco entonces al toro de color rojo y así le dijo: mira al toro negro que sucio y feo que se ve. Déjame venir mañana y devorarlo, y tú y yo compartiremos juntos la vida en este verde y agradable valle. El toro rojo aceptó gustoso considerar la propuesta, y al día siguiente le dijo al león, que también a él le disgustaba mucho el aspecto sucio y desagradable del toro negro, aceptando con gusto que también a él se lo comiera. El león nuevamente se puso manos a la obra y en pocas horas se lo había devorado casi completamente al toro negro.

Placidamente, se retiro de aquel valle para descansar en su guarida. A la tercer semana, cuando nuevamente se hallaba con hambre, se acerco al toro rojo y le dijo: prepárate, pues en unos minutos voy a empezar a devorarte. El toro rojo lo miró y le dijo: “¡¿Pero cómo?!, ¿no éramos amigos que íbamos a vivir juntos compartiendo la vida en el valle?”. El león lo miro y le dijo: amigos amigos, pero cuando yo tengo hambre ya no tengo más amigos, e inmediatamente comenzó a devorarse al último de aquellos tres toros ...

¿Cuál es el mensaje para el pueblo de Israel? En el pueblo judío existen diferentes tipos de personas y de grupos. Cuando nos mantenemos unidos y no hablamos mal los unos de los otros, ningún enemigo del mundo puede luchar exitosamente contra nosotros. Sin embargo, cuando hablamos mal sobre los demás, o estamos dispuestos a “sacrificarlos” en harás de nuestros objetivos, ello despierta el insano apetito de nuestros enemigos, los cuales aprovecharán esa debilidad” –Hashem no lo permita para así intentar devorarnos

Quiera Hashem que sepamos convivir unos con otros, aceptando las inclinaciones personales de cada quién, en armonía con Hashem, la Torá y la santidad del pueblo de Israel.

 

*********************

 

11) Pagar a tiempo

   Una vez, cuando Rav Zusha era muy pobre, junto centavo a centavo su dinero, para alegrar a su esposa comprándole un vestido. Cuando tuvo la cantidad necesaria, se la entregó a su esposa para que se fuera a lo del sastre que se lo tejería. El sastre que también era pobre, y que estaba por casar a una hija, trabajo arduamente durante más de una semana hasta que finalmente se lo pudo entregar. Cuando llegó la esposa de Rav Zusha a lo del sastre, observó que aquel hombre estaba sumamente apenado. Al preguntarle por el motivo de su tristeza, le contó que cuando se estaba ocupando de hacerle su vestido, entro su futuro suegro pensando que seguro era el vestido de bodas del casamiento de su hija. Cuando le dije que no era, y que se lo iba a dar a la esposa de Rav Zusha, se enojo mucho a tal punto que amenazo con anular el casamiento. Al escuchar la esposa de Rav Zusha lo sucedido, decidió regalarle su vestido a la hija del sastre, para que ésta lo usara para su casamiento. Cuando regreso a su casa y le contó a su marido que había regalado su vestido, su marido le preguntó si le pagó al sastre por el trabajo que había realizado. Ella sorprendida le dijo: ¿Pagarle por su trabajo?  ¡Si todo el vestido se lo regale! Le dijo entonces su esposo:¿qué tiene que ver que se lo diste de regalo con el pago de su salario por haberlo hecho? Él trabajó durante más de una semana esperando recibir el pago para poder alimentar a sus hijos hambrientos. ¿Es que acaso por habérselo dado de regalo para su hija, estás exonerada de pagarle por el trabajo realizado? Inmediatamente se dirigió la esposa de Rav Zusha a lo del sastre, y le pagó por el tiempo de su trabajo ...

********************

 

12) El Dueño de la tierra

 

   Una vez, llegaron dos personas ante Rabi Leibele de Bialistock,  autor del libro “Oneg Iom Tov”, las cuales tenían un litigio en torno al límite de sus tierras. Uno decía: “este pedazo de tierra me pertenece a mí, y el limite entre nosotros pasa después de dicho pedazo” y el otro decía “este pedazo de tierra me pertenece a mi, y el limite entre nosotros pasa después de este otro pedazo”. Pidió el Rabino que lo llevasen a conocer el terreno y salió junto a los dos litigantes a visitar el campo. Llegaron al lugar en disputa y los dos litigantes continuaron gritándose el uno al otro. Uno decía: “este pedazo de tierra es todo mío” y el otro decía “este pedazo de tierra es todo mío”.

   De pronto, el autor del libro “Oneg Iom Tov” acercó su oído a la tierra y les dijo: “la tierra dice que ustedes dos son míos ...”.

 

************

13) El cuerpo y el alma

 

   El Emperador Antonino le dijo a Rabí Iehuda Hanasi: “Tanto el cuerpo como el alma se pueden liberar del Juicio Final. ¿De qué forma? El cuerpo puede alegar y decir: el alma es la que cometió las transgresiones, y la prueba es que desde el día en que ha abandonado a mi cuerpo estoy echado como  una piedra sin movimiento, no pudiendo realizar ninguna de las transgresiones que antes cometía. El alma puede venir y decir: el cuerpo es el que ha cometido transgresiones, ya que desde el día en que me separé de él, vuelo en el aire libre como un pájaro, y no puedo hacer ninguna cosa mala tal como lo hacía antes”.

   Le contestó Rabí Iehuda Hanasi: “Esto se puede comparar con la siguiente fábula. Un rey de carne y hueso tenía un bello jardín, y en su interior crecían higos muy apetitosos y para cuidarlos colocó a dos guardianes: uno cojo y el otro ciego. Le dijo el cojo al ciego: Yo veo unos higos muy apetitosos en el jardín. Ve y móntame sobre tus hombros, después yo los cortaré y juntos nos los comeremos.

Al cabo  de unos días, llegó el dueño del jardín y les dijo: ¿Dónde están estos apetitosos higos?

Dijo el cojo: ¿Es que acaso tengo yo piernas para acercarme a ellos? Le dijo entonces el ciego: ¿Es que acaso tengo yo ojo para verlos? ¿Qué hizo el rey? Montó al cojo sobre el ciego y los juzgo cual si fueran un solo individuo”.

   Así el Santo Bendito Sea su nombre, toma al alma y la coloca sobre el cuerpo y juzga a ambos como a un solo ser.

 

**************

14) El salto y la mano de D-s

 

   Contó una vez el Rebe de Kotzk, que las almas descienden de los cielos a este mundo a través de una larga escalera, y cuando llegaron a la esfera terrenal, la escalera repentinamente desaparece, no volviendo a aparecer  jamás.

     Desde el cielo una voz llama a las almas para que retornen nuevamente hacia su fuente celestial. 

   Algunas almas quedan petrificadas en el lugar al escuchar dicha voz, y aseveran que es imposible elevarse hacia el cielo sin tener una escalera por la cual poder subir.

   Otras sin embargo, brincan y caen algunas veces hasta que finalmente desisten de sus intentos.

   Sin embargo, dijo el Rebe de Kotzk, existen almas que saben muy bien lo difícil que es elevarse hacia el cielo en un solo brinco. Es más, a pesar de que son plenamente conscientes de que es imposible poder saltar y alcanzar verdaderamente el cielo, igualmente continúan intentándolo de acuerdo al llamado de dicha voz. Finalmente, el Creador del mundo observa conmovido la obstinación y el empeño que ponen dichas personas en su intento por elevarse. En entonces que D-s las toma personalmente con sus propias manos y las conduce hacia las alturas ...

 

***************

15) El regreso a la tierra de Israel

 

   Rabí Shmuel Moholiver visitó una vez  San Peterburgo. Allí se realizó una fiesta en su honor en la cual dio un discurso a favor de “los amantes de Tzión”. El Profesor Noaj Baksht que se oponía a dicho movimiento, se levantó y dijo: ¿En verdad usted cree que se puede levantar un Estado Judío en la Tierra de Israel? Le contestó Rabí Shmuel con voz calma diciéndole: “Yo también tengo una pregunta para usted: cuando su padre lo envió al colegio, ¿acaso él sospechaba que su hijo Noaj se transformaría algún día en un Profesor? ¿Cuál fue pues el pensamiento que paso por la cabeza de su padre al enviarlo a estudiar en el colegio? Seguramente él pensó así: si mi hijo logra aprender el lenguaje del país en el colegio, definitivamente eso será muy bueno. Si además logra terminar sus estudios en el colegio y transformarse en un comerciante ilustrado ¡pues qué mejor! Y si encima luego es aceptado en la Universidad y logra transformarse en un profesor ¡eso sería verdaderamente algo excelente ...! Así también decimos nosotros acerca del asentamiento en la tierra de Israel: ¡Vayamos a asentarnos a la tierra de Israel! Si logramos encontrar allí nuestro sustento, ¡pues que bueno! Si además logramos erigir un centro espiritual, ¡pues qué mejor!, y si además llegamos algún día a poder erigir un Estado propio, ¡pues eso será verdaderamente excelente!

*****************

 

16) Gallinas y cabras

   Una vez, viajaba una persona por el camino llevando algunas gallinas. Cuando ya fue muy pesado para él seguir cargándolas, se sentó al lado de la puerta de la casa de Rabí Janina ben Dosa y dejo allí a las gallinas. Le dijo entonces: “dejaré aquí las gallinas por algunas horas e iré a comprar algo para comer, luego volveré a buscarlas”. Se fue el hombre al negocio a comprar cosas y se olvido de sus gallinas. Durante el camino se acordó de las gallinas, mas no lograba recordar dónde las había dejado, entristeciéndose mucho a causa de ello.

   Mientras tanto, las gallinas se sintieron hambrientas y comenzaron a cacarear.

Escuchó la esposa de Rabí Janina el cacareo de las gallinas y preguntó cómo habían llegado a su patio. Se acercó a la entrada de su casa y vio que habían gallinas cuyos pies estaban atados con sogas.

Fue a lo de su esposo y le contó acerca de aquel hecho.

Él le dijo entonces: de seguro que alguien las dejó aquí y no se acuerda adónde las dejó. Cuidémoslas hasta que venga el dueño a pedirlas nuevamente.

La mujer desparramo semillas para que se alimenten y colocó agua para que puedan tomar. Ellas comenzaron a dar huevos y así comenzaron a nacer pollitos.  Crecieron los pollitos y se transformaron en gallinas, hasta que el patio se llenó de gallinas.

Vio Rabí Janina que era muy difícil para él mantener tantas gallinas pues era una persona muy pobre (además del hecho que ensuciaban la casa y su continuo cacareo era muy molesto). Decidió pues venderlas y comprar con dicho dinero algunas cabras, pues estas eran capaces de ir a pastar solas al bosque y también regresar solas de allí. Luego de varios años, el hombre que había perdido a las gallinas pasó por la ciudad de Rabí Janina y por su casa y se acordó que allí había dejado a sus gallinas. Se acercó a Rabí Janina y le contó la historia, y Rabí Janina le preguntó: ¿Te acuerdas del color de las plumas y de que color era la soga con que las ataste?

El señor le dijo: eran marrones las gallinas y las até con un hilo rojo. Rabí Janina, al ver que efectivamente se encontraba ante el dueño de las gallinas, lo llevó al establo y le mostró las cabras, contándole lo que había hecho.

Le devolvió sus cabras y el hombre regreso feliz a su hogar.

 

**********************

 

17) El crecimiento espiritual

 

   Rabí Itzjak de Vorka decía: no hay cosa en el mundo que no se pueda revisar objetivamente si es buena o mala.  ¿Cuál es la forma de revisar si un judío está en el camino correcto en el servicio de Hashem? 

   La respuesta es: el amor que siente hacia todos y cada uno de los integrantes del pueblo de Israel. Si uno ve que mediante el servicio a Hashem, su amor por cada judío crece y se incrementa, entonces eso significa que efectivamente se encuentra en el camino correcto en su trabajo espiritual; mas si no siente que su amor por cada judío crece, entonces eso ha de significar lo contrario.

   De aquí inferimos  que un judío puede cumplir con todos los preceptos de la Torá en relación al Creador, llegando inclusive a un elevado nivel de amor hacia Hashem, y aún así no estar correctamente encaminado en un auténtico crecimiento espiritual.

 

*************************

18) “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

 

   En cierta oportunidad, un Rabino decidió guardar el dinero que llevaba consigo dentro de uno de los libros de Torá que estaba estudiando. Colocó su dinero en el lugar en el cual aparece la mitzvá de “no robarás”. Al cabo de unos días fue a buscar su dinero a dicho libro, mas  se percató que el dinero ya no se encontraba en el lugar donde lo había dejado. Lo buscó con mayor detenimiento y encontró un billete del doble de valor que el billete original. El billete estaba colocado en la página que decía:  "Amaras a tu prójimo como a ti mismo" ...

*******************

 

19) Esclavo de un esclavo

   En Atenas, capital de Grecia, vivía hace muchos años una persona muy rica que poseía muchos esclavos.  Este rico señor era, por naturaleza, un individuo sumamente enojadizo, y a quién no le hacía caso, simplemente le profería una buena porción de insultos y de golpes.  Una vez, en el momento en que le pegaba a uno de sus esclavos como era su costumbre, pasó por allí un famoso sabio. Se detuvo aquel sabio y le dijo: “no es adecuado que un esclavo le pegue a otro esclavo”.

   Inmediatamente paró el rico señor de pegarle a su esclavo. Se irguió orgullosamente y le preguntó al sabio: ¿Por qué usted dice eso? ¿Acaso yo no soy el dueño de mi esclavo?

Le contestó entonces el sabio: la diferencia entre tú y el esclavo es que él no puede librarse del enojo de tu mano, pues él te pertenece. Pero tú, en cambio, eres esclavo del enojo que te domina, hasta tal punto que eres incapaz de liberarte de él.

   Las palabras del sabio hicieron reflexionar al hombre rico, quién a partir de ese momento se esforzó por dejar la “esclavitud de su enojo” para así comenzar a ser un individuo verdaderamente libre.

 

*****************

 

20) Perdonémonos mutuamente.

 

   Un día antes de Iom Kipúr, vino un jasid a visitar a Rabí Elimelej de Lizenk, y le pidió a su asistente que por favor le permita ver como se comporta el rabino Elimelej en vísperas de Iom Kipúr. Cuando escucho eso Rabí Elimelej, le ordenó a su asistente que traigan al Jasid.

Le dijo entonces Rabí Elimelej, que tomase una carreta y que viajase a determinada aldea cercana a la ciudad de Lizensk; y que al llegar a a allí preguntase por el lugar donde vivía el dueño del albergue.

   Cuando llegó allí el judío, encontró un cuarto lleno de gentiles que habían tomado bebidas alcohólicas. El dueño judío del albergue era un judío sumamente simple al igual que su esposa.

Ellos servían las bebidas y se ocupaban de ellos. Luego de ello se sentaba en un rincón del salón y se hacía el dormido.

A medianoche, luego que los gentiles se retiraron, observa el jasid que el dueño del albergue se paseaba por el cuarto emitiendo quejidos.

Luego llamo a su esposa y le pidió que le traiga el libro de cuentas que estaba debajo de la cama. Ella se inclinó y tomó de allí un libro viejo y medio roto. El dueño del albergue se sentó y comenzó a pasar hoja por hoja leyendo lo que estaba escrito y llorando a causa de ello. En ese libro estaban escritos todas las transgresiones que cometió durante el año: en tal día no le hable correctamente a un transeúnte, en tal otro día no cumplí adecuadamente con la mitzvá de la hospitalidad, aquel otro día presté atención a las palabras sucias que decían las personas que se habían emborrachado, y en otro día tuve pensamientos extraños durante el rezo ... enumerando finalmente una larga lista de transgresiones, hoja tras hoja.

Luego de nombrar cada transgresión que leía del libro, suspiraba sollozaba, llorando amargamente.

Luego que termino con el libro de las transgresiones, otra vez se dirigió el dueño del albergue a su esposa y le pidió que le sacase el segundo “libro de cuentas”, el cual se encontraba en otro rincón debajo de la cama.

Otra vez saco la mujer el “libro de cuentas” que estaba todo arrugado y se lo entregó.

Él dueño del albergue comenzó a leer hoja por hoja. En ese libro se encontraban todas las preocupaciones, sufrimientos y dolores que pasaron sobre él durante el año. No había un día que no había tenido algún sufrimiento. Luego de finalizar el libro, colocó su cabeza sobre la mesa y comenzó a meditar. Elevó sus ojos al cielo y dijo: “No lo niego, Soberano del Mundo, tengo una gran deuda hacia Tí, tengo una deuda verdaderamente enorme. Pero ... Tú también tienes para conmigo una gran deuda, una enorme deuda ... Y yo no se, quién le debe más a quién y quién debe de recibir el vuelto de quién ... El calculo es muy complejo y difícil. Y debido a que estamos en víspera de Iom Kipúr, y que es un día de perdón y de arrepentimiento, hagamos – Soberano del Mundo -, un trato: Yo no te debo nada a ti y Tú no me debes nada a mí. El “libro de cuentas de las transgresiones” “contra” “el libro de cuentas de los sufrimientos”, éste es mi trato, éste es mi sustituto, ésta es mi expiación ...

¡Lejaim, Soberano del Mundo. Por un buen año!”.

   A la madrugada llegó de regreso el jasid a Lizenk, y cuando entró a lo de Rabí Elimelej, lo recibió el Rabino con una enorme sonrisa y le dijo: ¿Y, que viste?

El jasid le contó con lujo de detalles lo que vio, y Rabí Elimelej le dijo: Nosotros hacemos frente al Soberano del Mundo, lo mismo que hizo el dueño del albergue.

Nos presentamos ante Él y le decimos:  “Si bien hemos cometido transgresiones ante Ti con nuestras malas conductas, nuestros sufrimientos son “a cuenta” de nuestras transgresiones. Perdonémonos mutuamente y hagamos las paces entre nosotros y     D-s.

*********************

 

21) ¿Por qué la gente grita?

   

   Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enojada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos.

Le dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado? ¿No es posible acaso hablarle en voz baja? ¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enojados?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía las expectativas del sabio.

Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra.

Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente. ¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.

Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra y se vuelven más cercanas a través de su amor.

Y finalmente ... Llega un momento en que ya ni siquiera se necesitan susurrar; y únicamente se miran y eso es todo. Así sucede cuando dos personas verdaderamente se aman ...

   Finalmente el sabio les dijo: cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no se digan palabras fuertes que los distancien más aún; pues puede ser que llegue el día en que la distancia sea tan grande que ya no serán capaces de encontrar el camino de regreso ... Sobre esto dijeron nuestras fuentes: “las palabras de los sabios con suavidad son escuchadas”.

 

****************

22) Juntos pero separados ...

 

   En un día de otoño, Rabí Simja Bonim de Pshisja les dijo a sus alumnos más allegados, que alquilasen una carroza, pues inmediatamente debían de partir. Sin perder ni un minuto les anunció: hoy por la noche, vamos a irnos de visita a Varsovia, la capital de Polonia.

Cuando llegaron a Varsovia, les preguntaron sus alumnos a que albergue deseaba dirigirse.

Les contestó Rabí Simja Bonim: mi alma desea realizar un paseo nocturno por las calles de la ciudad. Bajaron el Rabino junto a su comitiva de la carroza, y comenzaron a pasear alegremente por las calles de la ciudad. Miraron las vidrieras de los negocios y meditaron acerca de sus vendedores. De pronto, súbitamente se detuvo Rabí Simja Bonim y les dijo: Deseo entrar en este albergue.

Entró el Rabí junto a todos sus alumnos, y observaron que en uno de los lados de la mesa estaban sentados dos judíos de apariencia simple, quienes se servían una copa tras otra.

Las ropas que vestían, no dejaban ninguna clase de duda de que su oficio era el de “cargadores”.

El Rabí y su comitiva se sentaron en la otra esquina de la mesa, y el dueño del albergue colocó bebidas sobre la mesa para que tomasen. Mientras tomaban y se decían unos a otros “lejaim”, prestaron atención a la charla que estaban desarrollando aquellos dos “cargadores”.

Un cargador le dijo al otro: “¿Estudiaste en Shabat la parashá de la semana?”.

El otro le respondió: “Si, la estudie. Pero debo confesarte, que no todo lo pude entender. Está escrito sobre Abraham y Avimelej: “e hicieron ellos dos un pacto” (Bereshit 21, 27). Yo me pregunté: ¿Cómo puede ser que un justo como Abraham, que creía en un solo D-s, haya hecho un pacto con un idólatra como Avimelej? Que un judío haga negocios con un gentil, eso se puede comprender, pero ¿qué necesidad tenía de hacer un pacto con él?”.

El primero lo miró entonces y le dijo: Yo tampoco comprendí bien éste versículo mas por otro motivo. Allí está escrito que “ellos dos” sellaron un pacto; y yo me pregunto: ¿para que hacía falta decir “ellos dos”?  ¿No hubiera sido suficiente con decir únicamente que habían hecho un pacto, dándose por sobre entendido que el pacto era entre ellos dos?”. El segundo dijo entonces: “Tu pregunta ha sido la respuesta a mí pregunta, pues a pesar de que Abraham y Avimelej hicieron un pacto, cada uno mantuvo su identidad y su singularidad separadamente, y es por eso que la Torá dice “ellos dos”.  Seguramente que ellos tenían negocios y otros asuntos en común, sin embargo, cada uno de ellos siguió siendo quién era: Abraham siguió siendo Abraham y Avimelej siguió siendo Avimelej”.

Al escuchar esto, Rabí Simja Bonim les insinuó a sus alumnos que era hora de marcharse, y regresaron inmediatamente a Pshisja.

En el camino de regreso les dijo a sus alumnos: “Todo nuestro viaje esta noche a Varsovia, no fue sino para escuchar las palabras de estos dos “cargadores”. Cuando dos personas hacen un pacto, existe la sospecha de que uno eventualmente pueda aprender de las malas cualidades del otro. La sabiduría radica en saber cómo estar junto a aquel que es diferente de uno, y sin embargo  distinguirse y conservar la propia  identidad ...”.

 

****************

 

23) No interrumpir durante la Tefilá ...

 

   Una vez, transitaba un judío por un largo camino en medio del campo. Al notar que llegó la hora de rezar minjá y no ver ningún Beit Hakneset en las cercanías, decidió detenerse y rezar al costado del camino, para así no demorarse del tiempo correcto en el que debía rezar.

   Cuando llegó al rezo de "Shmoné Ezré" donde está prohibido realizar interrupciones, paso por allí uno de los ministros importantes del reino.

   El ministro montaba su caballo, y esclavos corrían delante suyo abriéndole paso. Cada persona que pasaba delante del ministro, debía honrarlo y saludarlo con gran cortesía.

   Todos tenían temor de aquel ministro, pues sabían que si no lo saludaban correctamente, podría castigarlos de una manera sumamente severa.

   Al ver el ministro, que el judío parado al costado del camino no le saludaba ni dirigía su mirada hacia él, con gran enojó se dirigió a él y gritándole le dijo: "Shalom Judío".

   El judío permaneció callado sin contestarle, hasta que dio por finalizado su rezo.

   Furioso el ministro le gritó entonces: "Tonto, ¿acaso no ves quién está pasando delante tuyo? ¿Cómo osaste no saludarme? Si te hubiera matado con mi espada, ¿quién te hubiera salvado? Ahora  voy a darte el justo castigo por tu tan desvergonzada actitud ...".

   "Un momento", le dijo el judío antes de que desenvainase su espada. "Quizás pueda explicarle el porque de mi actitud y evitar que usted se enoje conmigo de esta manera.

Dígame señor ministro, ¿acaso estuvo usted parado alguna vez delante del rey?".

   "¡Por supuesto que estuve!" le contestó orgullosamente el ministro, "muchas veces tuve el honor de estar en presencia del rey".

   Le preguntó entonces aquel judío: "Y si mientras estaba parado delante del rey hubiera pasado una persona, inclusive otro ministro, ¿acaso se hubiera distraído de prestarle atención al rey para contestarle el saludo a esa persona?".

   "D-s me libre y guarde"  contestó con gran  vehemencia el ministro. Está prohibido distraerse mientras uno se encuentra delante del rey. Sería una afrenta a su honor realizar una acción de ésta clase".

   "¿Y que le haría el rey si usted realizara una cosa así?",preguntó insistentemente el judío.

   El ministro sin titubear le dijo: "pues me mataría con su espada".

   "¿Acaso usted escucha lo que su boca está diciendo?. Yo me hallaba rezando delante del Rey de los Reyes, el Santo Bendito Sea, ¿cómo podría haber parado de rezar para saludarle a usted?. Si con un rey de carne y hueso uno debe de ser respetuoso, ¡cuánto más con el Rey de los Reyes!

   "Tienes razón" le contesto el ministro. Ya no estoy más enojado contigo, pues entiendo perfectamente la validez de tus motivos. Puedes continuar en paz transitando por tu camino ...

    Imitemos la conducta de aquel judío, y también nosotros permanezcamos silenciosos durante nuestros rezos ...

 

******************

24) David el pastor

 

   Cuando el rey David era aún un niño, pastoreaba el ganado de su padre. Cada día salía con sus ovejas y cabras al desierto, para que éstas no pastoreasen en tierras ajenas.

   Observó David que las ovejas y cabras adultas y fuertes salían primero, empujando a un lado a las ovejas y cabras pequeñas y débiles, comiéndose ellas los pastos más suaves y dejando aquellos más duros para las más débiles.

   Pensó David en su corazón: "no actúan correctamente las cabras y ovejas adultas. El pasto suave deberían de dejarlo para las ovejas y cabras más pequeñas, pues ellas aún no tienen dientes suficientemente fuertes como para comer de los pastos duros, y ellas, las adultas, deberían de comer de los pastos más duros pues ya tienen la fuerza para hacerlo".

   ¿Que hizo entonces David? Construyo cercos para separar a las cabras y ovejas en tres grupos: pequeñas, jóvenes y adultas.

   A la mañana siguiente, se levanto David de madrugada y abrió la cerca de las cabras y ovejas pequeñas, para que ellas vayan y pastoreen primero. Corrieron felices las ovejas y cabras pequeñas, comiendo de los pastos tiernos y suaves hasta que sentirse satisfechas. Luego saco David a las cabras y ovejas jóvenes y dejo que éstas coman de los pastos "intermedios" hasta sentirse satisfechas. Finalmente saco al rebaño más adulto,  a aquel que era capaz de comer de los pastos más duros, y esperó a que también ellos satisfagan su apetito.