Cuentos Recopilados por el Rabino Richard Kaufmann.
Rabí Eliezer ben Horkenus, fue uno de los más grandes sabios que tuvo el pueblo de Israel en todas las épocas.
Cuando era joven sin embargo, jamás había podido estudiar nada de Torá. Ni siquiera sabía decir el “Shma Israel”, el “Birkat Hamazón”, ni ninguna otro rezo.
El era un jóven grande y fuerte, y todos los días salía a arar los campos de su padre.
Sus hermanos araban la tierra de la planicie, donde ésta era llana y blanda, mientras que él lo hacía en la montaña donde ésta era dura y rocosa.
Un día, Eliezer se sentó en su casa y se puso a llorar.
Vino su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Es acaso porque tus hermanos aran la tierra blanda mientras que tu aras la rocosa que es más difícil de arar? No llores Eliezer, a partir de ahora tu también vas a arar la tierra llana.
Eliezer comenzó a arar en la planicie, más también cuando llegaba a su casa, lloraba. Se sorprendió su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Acaso es porque te di para que trabajes en la planicie?
Le dijo Eliezer: No.
Le preguntó entonces su papá: ¿Y entonces por qué lloras?
Eliezer le dijo: lloro porque quiero estudiar Torá. Si puedo arar tierra rocosa, de seguro que tengo fuerzas suficientes para también estudiar Torá.
Se rió su padre de él y le dijo: ¿Quieres estudiar Torá? ¿Un muchacho grande como tu quiere estudiar Torá? Tu ya podrías casarte. Cuando tengas hijos, llévalos a ellos al colegio para que allí estudien Torá.
Lo miro seriamente Eliézer y le dijo: ¡Me iré a Ierushaláyim y estudiaré allí Torá con Rabí Iojanán ben Zakai!
Se enojó entonces su padre y enojado le dijo: tienes que arar absolutamente todo este campo. Hasta que no termines no recibirás nada de comida.
Horkenus pensó lo siguiente: Mi hijo Eliezer trabajará tan duramente la tierra que finalmente se olvidará de sus deseos de estudiar Torá.
Sin embargo, se levanto temprano Eliezer y aró todo aquel campo. Mas cuando termino de arar no se fue a su casa para pedir comida, sino que sin esperar ni un minuto más, se dirigió caminando hacia la ciudad de Ierushaláyim. En el camino no tenía lo que comer, ni tampoco dinero para comprar comida. Cada vez que sentía hambre, se ponía tierra en su boca y la masticaba, para así evitar sentir tanto hambre.
Llegó finalmente a Ierushaláyim y entró en el Beit Midrásh donde Rabí Iojanán ben Zakai enseñaba a sus alumnos. Se sentó Eliezer en un costado y escuchó. Sin embargo, no entendía nada de lo que hablaban, pues hasta ahora nunca había estudiado Torá. Comenzó entonces a llorar. Al verlo Rabí Iojanán ben Zakai se acerco a él y le preguntó: ¿Por qué lloras hijo mío?
Eliezer le contestó: lloró porque quiero estudiar Torá y entender como el resto de los alumnos entiende.
Noto Rabí Iojanán ben Zakai que él ya era un muchacho grande y no un niño que comenzaba a estudiar, y entonces le preguntó: ¿Acaso hasta ahora nunca has estudiado la Torá?
Nunca estudie hasta ahora absolutamente nada de Torá, le contestó Eliezer.
Entonces, le dijo Rabí Iojanán ben Zakai, te enseñare el “Shmá Israel”, el “Birkat Hamazón” y la tefilá. Le enseño Rabí Iojanán ben Zakai y Eliezer aprendió con gran ahínco todo lo que él le enseñaba, repasándolo varias veces hasta haberlo aprendido correctamente. Luego le enseño Rabí Iojanán ben Zakai más palabras de la sabiduría de la Torá, repasando Eliezer todo lo que estudiaba hasta que lo sabía a la perfección.
¿Y quién le dio de comer a Eliezer? Nadie le dio de comer, y el mismo se había olvidado de que tenía hambre, de tanto que le gustaba estudiar Torá. Así pasaron ocho días.
A causa del hambre y de la tierra que había comido, comenzó a salir un desagradable olor de boca de Eliezar. Cuando Rabí Iojanán ben Zakai percibió aquello, se dio cuenta que eso se debía a que hacía mucho tiempo que no entraba nada en su boca.
Se dirigió entonces a Eliezer y le dijo: Eliezer, ¿has comido hoy? Se avergonzó Eliezer que ya hacia ocho días que no comía nada, y por vergüenza calló.
Le insinuó Rabí Iojanán ben Zakai a dos de sus alumnos que vayan en silencio a la casa donde Eliezer dormía por la noche y que le pregunten a la dueña de casa si le dieron allí de comer.
Fueron hasta allí y le preguntaron a la dueña de casa si su amigo Eliezer había comido allí.
Ella les dijo: no , pensé que comía con Rabí Iojanán ben Zakai. Sin embargo, vi que saco algo de una bolsa y lo masticó. Quizás allí hay comida. Abrieron la bolsa y vieron que allí había solamente tierra.
Regresaron al Beit Midrash y le contaron esto a Rabí Iojanán ben Zakai, quién inmediatamente llamó a Eliezer y le dijo: Eliezer hijo mío, así como salió mal olor de tu boca por no haber comido ocho días, que así te hagas un buen nombre que sea mencionado por boca de todas las personas, pues ciertamente te has de transformar en un gran sabio. A partir de ahora siempre habrás de comer en mi mesa. Se quedó Eliezer con Rabí Iojanán ben Zakai estudiando Torá día y noche, hasta que logró transformarse en un gran sabio del pueblo de Israel.
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Una vez, salió Rabí Akiva al camino y llevo con él a un burro, una gallina y a una candela.
¿Para qué llevó al burro? Para poder viajar sobre él cuando se canse, y también para poder colocar sobre él a sus paquetes.
¿Para qué se llevó a la gallina? Para que lo despierte a la madrugada y pueda aprovechar eficazmente su día.
¿Para qué se llevó a la candela? Para que pueda encenderla en la noche y pueda estudiar Torá a su luz.
Se levantó Rabí Akiva, rezó y salió al camino. Recorrió Rabí Akiva un largo trecho, y al hacerse la noche llegó a una ciudad donde buscó hospedaje para poder pasar allí la noche. Sin embargo, en dicha ciudad no habían hospedajes ...
Pidió Rabí Akiva a las personas de la ciudad que le brinden un lugar en sus casas donde poder dormir, mas ellas le dijeron que allí no había lugar para él y que se retirase.
Quedose Rabí Akiva parado solitario en medio del frío de la noche, sin que persona alguna le ofreciera su casa para cobijarse en ella. A pesar de su incomoda situación, inmediatamente dijo Rabi Akiva: todo lo que Hashem hace, lo hace para bien. No quiso Rabí Akiva permanecer en aquella ciudad donde sus habitantes eran personas tan malvadas e inhospitalarias, y decidió retirarse al bosque donde busco un lugar debajo de un árbol para pasar allí la noche. Encendió allí su candela y le dio de comer a su gallina y a su burro.
Se sentó a la luz de la candela y se dispuso a estudiar Torá, habiéndose olvidado por completo que se hallaba sólo en medio del bosque.
De pronto, escuchó Rabí Akiva un terrible rugido y vio como un enorme león se abalanzo ferozmente sobre su burro, devorándole.
Sorprendido y atemorizado por aquel trágico suceso, de pronto se percató que apareció un gato en medio del bosque el cual atacó diestramente a su gallina devorándola. Antes de poder levantarse para ir en auxilio de su gallina, sopló un fuerte viento que apagó completamente su candela.
Increíblemente, en unos breves instantes, se quedó Rabi Akiva sin su burro, sin su gallina y sin su candela.
A pesar de todo ello, igualmente dijo Rabí Akiva: todo lo que Hashem hace lo hace para bien.
De pronto, escucho un gran ruido de gritos y alaridos provenientes de la ciudad, que hace tan solo unas horas había tenido que abandonar.
¿Qué había sucedido en la ciudad aquella noche?
A la mañana siguiente, se enteró Rabí Akiva que sus enemigos la invadieron sorpresivamente a la misma tomando como prisioneros a todos sus habitantes.
¿De que más se enteró Rabí Akiva además?
Que de camino a la ciudad habían pasado aquellas personas por el bosque al cual él se había dirigido para pasar la noche.
Dijo Rabí Akiva: ahora entiendo perfectamente todo lo que me sucedió y comprendo perfectamente que todo lo que Hashem hizo lo hizo para bien. Si el león no se hubiera comido al burro y el gato no hubiera cazado a la gallina, estos hubieran emitido sus sonidos tradicionales al percibir a personas acercándose, y sin lugar a dudas me hubieran descubierto. Respecto a la candela, si ésta no se hubiera apagado con el viento, hubiera iluminado la oscuridad en medio de la noche y ellos me hubieran tomado también a mi como prisionero.
Le agradeció Rabí Akiva a Hashem por haberle salvado tan milagrosamente su vida, y continuó con optimismo su camino recordando siempre que: todo lo que Hashem hace lo hace para bien.
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3) El sabio y los comerciantes
Una vez, viajaba un gran barco en el mar en el cual habían muchos tripulantes. El barco partió hacia tierras lejanas, y las personas que habían en él llevaban diversos tipos de mercancías para poder venderlas allí. Uno tenía grandes rollos de telas, otro fina loza hecha de oro y plata, otro alfombras y almohadas y otro valiosas joyas.
Se juntaron los comerciantes y comenzaron a charlar, y cada uno mostró la mercadería que traía, jactándose que la suya era la mejor de todas, y que por ende sería el que más ganancias habría de obtener. Sin embargo, había en el barco una persona que no contó nada acerca de su mercadería, ni participó de aquella charla entre comerciantes. En su mano llevaba únicamente un libro, y lo leía sin prestar ninguna clase de atención a lo que sucedía a su alrededor. Al principio lo dejaron en paz, mas luego que transcurrió largo tiempo del viaje, y las personas se empezaron a aburrir, se dirigieron a él y le preguntaron acerca de la mercadería que él llevaba.
Aquel hombre no era un comerciante sino un sabio Rabino. Pensó un poco en qué es lo que debía de contestarles y entonces les dijo: yo tengo una mercadería mucho mejor que la que tienen ustedes, pero la escondí en un lugar donde nunca la van a poder encontrar.
Inmediatamente le preguntaron: ¿Por qué no nos la muestras como hicimos cada uno de nosotros? Les contesto el sabio: ya llegará el tiempo en que verán la clase de mercadería que yo llevo.
Se dirigieron los comerciantes a buscar la mercadería de aquel sabio por todo el barco, mas no encontraron absolutamente nada. Se burlaron de él los comerciantes y le dijeron: en vano te vanaglorias de tu mercadería. Tu no tienes ninguna mercadería ... Escucho el sabio aquellas palabras y simplemente calló.
Sucedió un día, que unos piratas se adueñaron del barco robándose todas las mercancías de aquellos comerciantes, dejándolos vivos únicamente con la ropa que ellos llevaban puesta.
Al llegar el barco finalmente a su destino, aquellos ricos comerciantes no tenían ni siquiera dinero para comprar un trozo de pan. El sabio en cambio, se dirigió al Beit Hakneset del lugar, se busco un asiento y se dispuso a estudiar Torá. Vieron las personas del Beit Hakneset que había llegado un rabino de una tierra lejana y comenzaron a hacerle muchas preguntas. El contestó acertadamente a cada una de las preguntas, y ellos estaban sumamente contentos y regocijados con su presencia. Lo invitaron a sus casas para que coma junto a ellos, le dieron varios regalos y le pidieron que se quede con ellos para así transformarse en el Rabino de aquel lugar. Le prometieron que le darían una casa y que le suplirían todas sus necesidades. Aceptó el Rabino aquella oferta, y con gran júbilo lo acompañaron felices a lo que sería su nueva casa, tal como si se tratase del mismísimo Rey en persona.
Los comerciantes que habían bajado del barco y que aún se encontraban mendigando en las calles de la ciudad, al ver a aquel sabio le dijeron: “¡Ayúdanos por favor! Tu sabes que éramos ricos comerciantes y que los piratas nos robaron todo. Cuéntales a las personas de la ciudad sobre nosotros para que al menos nos den un trozo de pan, pues estamos realmente sumamente muy hambrientos”. Se dirigió a ellos el sabio y les dijo: “¿Ven ustedes como mi mercancía es mejor que la de ustedes? La Torá que estudie es la mejor mercancía que existe en el mundo, y es en mi cabeza donde la escondí. Ningún pirata del mundo me la podría quitar y fue gracias a ella que estoy recibiendo el trato tan honroso que estas personas me están brindando. Mas no se pongan tristes por vuestra situación les dijo el sabio, pues yo pediré a los ciudadanos de este lugar que los ayuden para que también vuestra situación mejoré”. Solicitó el rabino a los integrantes de la comunidad para que los ayuden, y por el respeto que le tenían al nuevo Rabino, inmediatamente así lo hicieron. Les dieron ropa y comida, y también dinero para que puedan regresarse a sus casas.
De esto aprendemos que la Torá es más preciosa que las perlas, y que es la única y verdadera riqueza que acompaña al individuo, la cual jamás nadie se la podrá robar.
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Rabí Yehudá Hanasí (el príncipe), era una persona justa y santa, querida y considerada positivamente por todos. De tanto amor que le tenían, lo llamaban bajo el título de “Rabeinu Hakadosh” (nuestro sagrado rabino), o simplemente “Rabi”.
También Hashem lo apreciaba mucho, mas a pesar de ello, cuando una vez el Creador noto que Rabí Yehudá Hanasí no tuvo compasión por un animal que estaba sufriendo, hizo que Rabí Yehudá sienta inmediatamente la consecuencia por la falta de sensibilidad que en ese momento había tenido.
¿Qué fue lo que sucedió? Una vez, en un caluroso día, Rabi Yehudá Hanasí se encontraba enseñándole Torá a sus alumnos sentado afuera del Beit Hakneset. De pronto, se aparecieron unos hombres que venían de una aldea con un pequeño borrego, al cual llevaban atado de un pequeño lazo en busca de un shojet (matarife), para que éste lo mate de acuerdo a las leyes rituales del judaísmo, y así poder comérselo.
Al pasar cerca del Beit Hakneset, se escapo el borrego de su lazo y corrió hacia Rabí Yehudá Hanasí, escondiéndose sigilosamente debajo de su capota.
Comenzó a emitir lloros y quejidos, como pidiéndole a Rabí Yehudá Hanasí para que intercediera y no lo mataran. Rabi Yehudá sin embargo, no tuvo compasión de aquel borrego, lo saco de debajo de su capota y le dijo así al borrego y dirigiéndose al borrego le dijo: “¿Qué puedo hacer? Para eso fuiste creado. Las vacas y los borregos fueron creados para que los seres humanos coman su carne”.
Al ver Hashem esto se dijo para sí: “Una persona sabia y justa como Rabí Yehudá Hanasí, no debió de haber reaccionado diciéndole al borrego estas palabras. Debido a que no tuvo compasión de aquel pequeño borrego, Yo tampoco tendré compasión de él. A partir de ahora también él comenzará a tener sufrimientos ...”.
Desde aquel día, empezó Rabí a padecer de fuertes dolores en sus dientes, lamentándose muchísimo a causa de ellos. Y ningún médico lograba aliviarlo, pues Hashem había decidido que así debía de ser.
Luego de algunos años, la empleada de Rabí estaba limpiando en su casa y encontró pequeños ratones recién nacidos en una de las esquinas de su casa. Eran muy pequeños y no podían escaparse de aquel lugar. Tomo la sirvienta una escoba y quiso comenzar a barrerlos para así echarlos a la calle.
Le dijo Rabí Iehuda a su empleada: “Déjalos, también ellos tienen una madre que sufrirá si no los encuentra. Está escrito en el libro de los Salmos: ‘Y su compasión es por sobre todas sus criaturas’. Hashem tiene compasión también por todas las criaturas, también por criaturas tan pequeñas como esos ratoncitos”.
Al escuchar el Creador del mundo las palabras de Rabi dijo así: “Ahora que vi como tuvo compasión por animales que las personas generalmente persiguen para matar, corresponde que también yo tenga compasión de él y deje de sufrir de sus dolores”.
A partir de ese momento, curó Hashem a Rabi Iehuda Hanasí, y ya nunca más le volvieron a doler sus dientes.
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Hace muchos años que salimos de Ierushalaim para Iafo. En aquella época no habían carreteras sino que aún andábamos sobre burros, y el camino se hacía muy largo y difícil
Llovía mucho, y al estar todo el camino embarrado se nos hacia muy difícil poder seguir. Cuando llegamos a la ciudad de Ramle, ya casi era Shabat. Preguntamos si habían judíos en la ciudad y nos respondieron que solamente había un judío llamado Rabí Pinjas, y nos mostraron donde estaba situada su casa. Golpeamos la puerta y salió a recibirnos un hombre anciano. Le dijimos “Shalom Rabí Pinjas, ¿acaso podemos pasar Shabat en su casa?”. Vimos que el anciano parecía un poco enojado e inmediatamente se fue sin contestarnos. Pensamos que en aquel lugar no les gustaba recibir invitados y nos dispusimos a buscar otra casa. De pronto salió un muchacho joven y nos dijo: “Dice Rabí Pinjas que los haga entrar a su casa. Yo me encargaré también de vuestros burros”. No queríamos entrar en la casa del anciano, mas lo hicimos por honor al Shabat.
Rabí Pinjas se acerco a nosotros y nos dijo “Shalom” haciéndonos entrar inmediatamente a un cuarto muy agradable. Nos dio agua para que lavemos nuestras manos y también nuestros pies. Luego nos vestimos con nuestras ropas de Shabat y nos dispusimos a rezar. Pensamos que no nos iban a llamar para la comida de Shabat, mas Rabí Pinjas entró en nuestro cuarto y con un cálido “Shabat Shalom” nos dijo: “vengan conmigo mis queridos invitados, pues juntos comeremos la cena de Shabat”. Entramos en una gran sala en la que había una gran mesa tendida con las velas de Shabat, buen vino y manjares para honrar el día sábado. Nos lavamos las manos y procedimos a sentarnos a la mesa. Comimos, bebimos, cantamos canciones de Shabat y bendijimos a Hashem por el alimento que nos dio y por todas sus bondades. Al regresar a nuestro cuarto encontramos las camas tendidas para que nos acostemos. Antes de hacerlo fuimos a ver a nuestros burros, y también ellos habían comido y bebido. A la mañana siguiente luego de rezar, nos trajeron vino para que hagamos el kidush, y también café y torta para agasajarnos.
“El anciano se encuentra en su cuarto estudiando la sagrada Torá” nos dijeron. También en la tarde nos llamaron para almorzar, y lo mismo para la tercer comida de Shabat. Luego de rezar “arvit” y hacer la “havdalá” quisimos continuar nuestro viaje. Sin embargo, Rabí Pinjas nos prohibió que viajáramos en la noche. Al poco tiempo otra vez nos volvieron a llamar nuevamente para que vayamos a comer la comida de “melave malka”, la cual acompaña a la reina del Shabat que se separa de nosotros hasta la próxima semana. Comimos, tomamos vino y cantamos hermosas canciones correspondientes a la finalización del Shabat.
A la mañana entramos al cuarto de Rabí Pinjas para despedirnos de él, quién nos recibió con una grande y cálida sonrisa. Nos preguntó: “¿Ya desean viajar mis queridos invitados? Pues viajen en paz y que Hashem haga que vuestro camino sea exitoso”.
Quisimos pagarle por los gastos que le ocasionamos, mas él se negó a escuchar siquiera hablar de ello. “La hospitalidad es una gran mitzvá” nos dijo, “todo el dinero del mundo no alcanzaría para pagar por el mérito de poder cumplir con esta mitzvá”.
Le dijimos entonces: “No se enoje Rabí Pinjas, pero queremos hacerle una pregunta: ¿por qué se mostró enojado cuando le preguntamos si podemos pasar el Shabat en su casa?”.
El nos contestó: “Obviamente que me enoje. El Shabat se acerca y en la ciudad no hay otro judío aparte de mi persona, ¿y ustedes todavía preguntan si pueden pasar el Shabat aquí? Tendrían que haber entrado directamente sin hacer ningún clase de preguntas ... Todo el pueblo judío somos como una gran familia y ustedes son como hijos que regresan a su casa para pasar el Shabat ...
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6) ¿Quién eres?
Cierta vez, llegó un joven a la casa de un importante Rabino a quién aún no conocía. Al presentarse ante el Rabino, el Rabino le preguntó: “¿quién eres?”.
El joven le respondió: “me llamo Moshé”. El Rabino insatisfecho por su respuesta le dijo: “No te he preguntado como te llamas, sino que te he preguntado ¿quién eres?”.
Confundido un poco y luego de meditar unos instantes le dijo: Creó que ya comprendí su pregunta, soy el hijo de Jaim Donner.
El rabino, nuevamente insatisfecho volvió a decirle: “No te he preguntado por la identidad de tu padre, sino que te he preguntado: ¿quién eres?”.
Decidió reflexionar un poco más sobre la pregunta del Rabino, hasta que finalmente le dijo: “Soy un estudiante de la yeshivá ‘Torat Jaim’”.
El Rabino lo miro fijamente a los ojos y por tercera vez le dijo: “no te he preguntado cual es tu ocupación ni dónde estudias. Te he preguntado sencillamente ¿quién eres?”.
Sintiéndose superado por la insistente y “amenazadora” pregunta aún no contestada, se dirigió el joven al Rabino y le dijo: “me rindo señor Rabino, ¿podría contestarme usted por favor quién soy? El Rabino lo miro fijamente a los ojos y le dijo: Tu eres el alma divina que hay en ti. No eres ni tu nombre, ni tu ropa, ni tampoco aquello que estudias ...
El alma es nuestro “yo” verdadero, y es a ese yo al que con mayor énfasis debemos de tratar de cuidar y alimentar.
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Había una vez, un sagrado Rabino de Jerusalem llamado Rav Arie Levin. El era conocido como "el Rabino de los presos". Cuando los británicos encarcelaban a judíos bajo la acusación de auto-defenderse atacando a sus enemigos, este Rabino los visitaba semana a semana en la cárcel donde se encontraban detenidos.
Se cuenta que una vez, la hija del Rav Arie Levin se enfermo gravemente. Cuando Rav Arie Levin fue a la cárcel a rezar junto a "sus presos" durante el Shabat por la mañana, al enterarse “sus presos” de la gravedad de la enfermedad de la hija del Rav Levin, al subir cada uno de ellos a la Torá, en lugar de donar dinero de Tzdaká (que no tenían), para que en mérito a ello la hija del Rav Levin se cure, decidieron donar días de sus propias vidas, para de esa manera contribuir con su salvación.
El primero en subir dono un día de su vida. El segundo en subir dono una semana de su vida. El tercero dono un mes de su vida... Cuando llego el turno de la cuarta persona, el preso Dov Tamiri (ex-profesor del Tejnión), él los miró a todos y declaro: yo estoy dispuesto a donar toda mi vida con tal de que la hija de nuestro amado Rabino finalmente se cure ... A la semana siguiente el milagro había sucedido, y la hija del Rav Levin se había curado completamente ...
Reflexionemos, si aquellos sagrados presos estuvieron dispuestos a donar parte de sus vidas - e inclusive toda la vida - con tal de salvar a la hija del Rav Arie Levin, ¿acaso nuestros hermanos judíos alejados de la vida judía no merecen que donemos parte de nuestro tiempo para que intentemos acercarlos? Si cada uno de nosotros hace una donación de este tipo, tratando de interesar a sus correligionarios en las actividades que se realizan dentro de nuestra comunidad,, seguramente que muchas vidas judías podrán ser salvadas de la apatía y el desinterés. "¡Quién salva a una vida de Israel, es como si salvase a un mundo entero!"
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Un día, se despertó Ionatán temprano por la mañana, y recordó el cuento que le había contado su mamá el día anterior antes de irse a dormir. Ese cuento era sobre el patriarca Abraham, quién todo el tiempo buscaba como hacer obras de bien ... y quién inclusive, a pesar de estar viviendo en el caluroso desierto, salía diariamente de su tienda para buscar invitados.
Su mamá le había contado que los tres invitados que habían venido, no eran hombres sino ángeles, los cuales habían llegado para avisarle a Sará sobre el nacimiento de su hijo Yitzjak. El cuento llenó de emoción el corazón de Ionatán, y este se dijo a si mismo “ ¡Qué gran Tzadik que era Abraham, yo también quiero ser como él”.
Se levantó rápidamente, se lavo las manos y se vistió, y salió de su cuarto decidido a buscar buenas acciones para poder hacer. Se dijo para si mismo: “¿Quién sabe? Quizás Hashem me envíe un ángel también a mi, o algún milagro por el estilo, para que así yo también pueda hacer una buena acción. Recitó las bendiciones matutinas y el “Shma Israel” con suma intención, y apurado se dirigió a la cocina para desayunar y así tener más fuerzas para poder hacer buenas acciones. Mientras su mamá preparaba el desayuno le dijo: “Querido Ionatán, ¿viste los juguetes que quedaron desde ayer desparramados por el piso en el cuarto de los niños? Yo tengo mucho trabajo hoy y no voy a tener tiempo para poder ordenarlos. ¿Podrías juntarlos por favor y guardarlos en el armario?”
Con una sonrisa llena de orgullo, Ionatán le contestó a su madre: “Mamá, hoy no puedo porque estoy muy ocupado, y pienso salir en búsqueda de buenas acciones tal como me ensañaste ayer acerca de nuestro patriarca Abraham. Cuando regrese a casa juntaré los juguetes”.
Salió Ionatán corriendo de su casa y se dirigió a la casa de su abuelo. Su abuelo era un gran Rabino y sabio de la Torá. Ionatán pensó que seguramente él le podría recomendar acerca de buenas acciones que podría lograr hacer. Quizás buscar dinero para alguna familia pobre necesitada, o ayuda para hacer posible la construcción de un Beit Kneset ...
Entró Ionatán a la casa de su abuelo, y para su gran sorpresa no lo vio estudiando Torá como generalmente sucedía, sino arreglando la puerta de un armario que se había salido de su lugar.
Le contó Ionatán sobre sus planes de hacer buenas acciones, más su abuelo solo esbozó una sonrisa. Se dirigió el abuelo a Ionatán y le dijo: “Quizás podrías sostenerme la caja con los clavos mientras yo trato de fijar la puerta ...”.
“Clavos”, se dijo Ionatán para sí con gran decepción. “Mi abuelo está tan ocupado con la puerta que quiere arreglar, que no entiende que yo estoy buscando realizar buenas acciones. No lo voy a molestar, mejor voy a consultar a mi abuela, quizás ella me pueda recomendarme buenas acciones para hacer”. “¡Ionatán!” exclam su abuela demostrando la gran alegría que tenía de verlo: “¡Qué linda sorpresa! Ven querido nieto, ayúdame por favor a sacar la ropa que está colgada, pues me temo que prontamente va a comenzar a llover y no quiero que se moje”.
Miro Ionatán a su abuela y le dijo: “Lo siento abuela. Estoy muy apurado, tengo algo muy importante que hacer”.
Salió Ionatán de la casa de su abuela y se dijo a si mismo: Ya se, tengo que hacer una lista con buenas acciones que puedo hacer. De esta manera, todo estará ordenado en mi mente y sabré con qué comenzar. Sacó un papel del escritorio de su papá y se sentó a escribir: “Buenas acciones que se pueden hacer: Recibir invitados, visitar enfermos, dar dinero a los necesitados, etc ...”. Sin embargo, antes de terminar su lista, su pequeña hermana se dirigió a él y le pidió con voz llorosa que la ayude a arreglar la muñeca a la cual se le había salido su pierna. “¡Muñecas!” dijo enojado Ionatán: ‘¿Yo estoy haciendo una lista de buenas acciones y tu mes molestas con ‘muñecas’? Así no se puede trabajar”.
Y así continuó Ionatán pensando durante largo tiempo acerca de buenas acciones que se podían hacer. Finalmente se dijo a si mismo: “¿Cómo puede ser? ¿Un niño judío quiere hacer buenas acciones, y Hashem no le envía ni una sola oportunidad para hacerlas?”. Pensó durante largos minutos, hasta que de pronto se lleno de vergüenza y dijo como recriminándose a si mismo: “¿Qué hubiera hecho Abraham nuestro patriarca si le hubieran pedido que ordenase su cuarto, o que ayudase a arreglar una puerta rota, o que bajase la ropa que estaba colgada, o que arreglase la pierna de una muñeca? Abraham nuestro patriarca hubiera entendido que justamente esas son las buenas acciones que Hashem le envió para realizar. “Y yo, Ionatán, de tanto pensar y pensar en hacer buenas acciones, desperdicié todo mi día sin hacer ninguna”.
Al escuchar su mamá los pensamientos que dijo en voz alta Ionatán, se dirigió a él y le dijo: “No te sientas mal mi querido hijo, pues hoy has aprendido una gran lección: que son justamente las pequeñas situaciones que se presentan en cada día, las oportunidades que Hashem nos envía para que podamos ayudar a nuestros semejantes y así transformarnos en mejores personas.
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9) La fiesta de Purim de Rabi David de Dinov
Una vez antes de Purim, nuestro sagrado Rabino Rabí David de Dinov, escuchó que un grupo de no judíos estaban planeando un pogrom (persecución) para la segunda noche de Pesaj, pues aquellas personas entendieron que todos los judíos se hallarían en sus casas durante aquella noche. Rabí David de Dinov se enteró además, que todas aquellas personas que pensaban planificar el pogrom se iban a reunir en la noche de Purim, en uno de los albergues que existían no lejos de su ciudad.
Estimados lectores, cierren los ojos por unos instantes y vengan conmigo a la cena de la noche de Purim con nuestro sagrado Rabino, Rabi David de Dinov.
Imagínense que no hay mas mal en el mundo, y que todo ya es finalmente bueno.
Cuando los jasidim estaban bailando y cantando hasta el corazón del cielo y ya casi era media noche, se levanto Rabí David de Dinov de su lugar y les dijo: "Amigos míos, hermanos judíos: ¿Están dispuestos a ir a borrar de la faz de la tierra al malvado más grande que hay en el mundo?". Los jasidim asintieron de inmediato: “Por supuesto Rabí, seguro que estamos dispuestos".
Rabí David les dijo: "Entonces preparen los caballos y viajemos".
¡Imagínense qué noche! Afuera era invierno, todo blanco de nieve como el corazón de los jasidim, todo puro y sagrado.
Los jasidim y el Rebe cantaron durante todo el viaje que los conducía al albergue en el cual se encontraba todo aquel que se consideraba a si mismo como un antisemita.
La hora eran unos minutos después de medianoche, los campesinos estaban un poco borrachos y comenzaron a insultar y maldecir a los judíos.
De pronto, la puerta se abrió de par en par, y el sagrado Rabí David de Dinov entró al interior de la sala, hermoso cual un ángel del cielo, sino más aún.
Cada jasid continuó cantando y bailando y - tomando cada uno a un campesino de su mano - comenzaron con gran ímpetu a bailar. De pronto, todo el cuarto se había colmado de la santidad y la dulzura que los alumnos de Rabí David transmitían.
En cierto momento, Rabí David los detuvo y todos los campesinos y jasidim se apretujaron alrededor de Rabí David para escuchar sus palabras. Entonces se dirigió Rabí David a ellos y les dijo: "Queridos hermanos, es muy agradable para mi estar junto a ustedes, y estoy muy contento de que vine por aquí. Sin embargo, les voy a decir la verdad, escuche rumores terribles - aunque estoy seguro de que no pueden ser ciertos -; pero igualmente los escuche. Escuché que ustedes odian a los judíos y que están planeando algo muy malo contra ellos. ¿Acaso hay alguien aquí que nos odie a nosotros?". Los campesinos se miraron los unos a los otros, y cada uno de ellos dijo en voz alta: "yo no, quizás haya otra persona que los odie, yo no odio a los judíos". El Rabí les dijo: "Pues entonces, si ustedes no nos odian mis buenos amigos, ¿por qué no somos como hermanos?".
Los campesinos quedaron tan sorprendidos de la santidad de Rabí David, que cada uno de ellos le dijo a Rabí David: "Rabí, por favor, yo quiero que usted sea para siempre mi mejor amigo".
Entonces Rabí David les contestó: "Está bien, mas júrenme que por siempre vamos a ser los mejores amigos y que siempre vamos a ser como hermanos ...”.
... Y nuevamente comenzaron todos juntos a cantar y a bailar ...
A veces nosotros dudamos y nos preguntamos: ¿Cómo puede ser lógico que cuando llegue el Mashíaj, de pronto todo el mundo va a comenzar a amar al pueblo de Israel? Pues bien, recuerden siempre el cuento de Rabí David de Dinov; ¡y eso que él todavía no era verdaderamente el Mashíaj! (Extraído del libro "Para mis hermanos y amigos" de las enseñanzas del Rabino Shlomo Carlebaj ztz"l, con pequeñas variantes. Traducido por el Rabino Richard Kaufmann).
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Había una vez, un león muy hambriento, que acercándose a un valle vio a tres grandes toros pastando muy placidamente. Un toro era rojo, el otro negro y el otro blanco.
El león estaba realmente muy
hambriento, pero era imposible que luchase contra tres poderosos toros a la vez
y lograra vencerlos. Se le ocurrió entonces una idea. Se acerco a los toros rojo
y negro y les dijo: “Miren
cuan pálido y desagradable se ve el toro blanco. Déjenme que vuelva mañana por
la mañana y yo me lo devoraré, y así ustedes y yo podremos compartir juntos la
vida en este hermoso valle”.
Los dos toros aceptaron considerar la propuesta y contestarle al día siguiente.
Al llegar el león al valle, los toros le dijeron que efectivamente también a
ellos les parecía que el toro blanco se veía muy pálido y desagradable, y que
aceptaban gustosos que se encargara de devorarlo.
El león se puso manos a la obra, y en pocas horas había acabado con el toro
blanco.
A la semana siguiente, el león estaba nuevamente con muchísima hambre. Se acerco al valle y al ver a los dos toros pastando, también le pareció que seria una empresa muy difícil poder luchar contra ambos toros. Se acerco entonces al toro de color rojo y así le dijo: mira al toro negro que sucio y feo que se ve. Déjame venir mañana y devorarlo, y tú y yo compartiremos juntos la vida en este verde y agradable valle. El toro rojo aceptó gustoso considerar la propuesta, y al día siguiente le dijo al león, que también a él le disgustaba mucho el aspecto sucio y desagradable del toro negro, aceptando con gusto que también a él se lo comiera. El león nuevamente se puso manos a la obra y en pocas horas se lo había devorado casi completamente al toro negro.
Placidamente, se retiro de aquel valle para descansar en su guarida. A la tercer semana, cuando nuevamente se hallaba con hambre, se acerco al toro rojo y le dijo: “prepárate, pues en unos minutos voy a empezar a devorarte. El toro rojo lo miró y le dijo: “¡¿Pero cómo?!, ¿no éramos amigos que íbamos a vivir juntos compartiendo la vida en el valle?”. El león lo miro y le dijo: “amigos … amigos”, pero cuando yo tengo hambre ya no tengo más “amigos”, e inmediatamente comenzó a devorarse al último de aquellos tres toros ...
¿Cuál es el mensaje para el pueblo de Israel? En el pueblo judío existen diferentes tipos de personas y de grupos. Cuando nos mantenemos unidos y no hablamos mal los unos de los otros, ningún enemigo del mundo puede luchar exitosamente contra nosotros. Sin embargo, cuando hablamos mal sobre los demás, o estamos dispuestos a “sacrificarlos” en harás de nuestros objetivos, ello despierta el insano apetito de nuestros enemigos, los cuales aprovecharán esa “debilidad” –Hashem no lo permita– para así intentar devorarnos …
Quiera Hashem que sepamos convivir unos con otros, aceptando las inclinaciones personales de cada quién, en armonía con Hashem, la Torá y la santidad del pueblo de Israel.
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11) Pagar a tiempo
Una vez, cuando Rav Zusha era muy pobre, junto centavo a centavo su dinero, para alegrar a su esposa comprándole un vestido. Cuando tuvo la cantidad necesaria, se la entregó a su esposa para que se fuera a lo del sastre que se lo tejería. El sastre que también era pobre, y que estaba por casar a una hija, trabajo arduamente durante más de una semana hasta que finalmente se lo pudo entregar. Cuando llegó la esposa de Rav Zusha a lo del sastre, observó que aquel hombre estaba sumamente apenado. Al preguntarle por el motivo de su tristeza, le contó que cuando se estaba ocupando de hacerle su vestido, entro su futuro suegro pensando que seguro era el vestido de bodas del casamiento de su hija. Cuando le dije que no era, y que se lo iba a dar a la esposa de Rav Zusha, se enojo mucho a tal punto que amenazo con anular el casamiento. Al escuchar la esposa de Rav Zusha lo sucedido, decidió regalarle su vestido a la hija del sastre, para que ésta lo usara para su casamiento. Cuando regreso a su casa y le contó a su marido que había regalado su vestido, su marido le preguntó si le pagó al sastre por el trabajo que había realizado. Ella sorprendida le dijo: ¿Pagarle por su trabajo? ¡Si todo el vestido se lo regale! Le dijo entonces su esposo:¿qué tiene que ver que se lo diste de regalo con el pago de su salario por haberlo hecho? Él trabajó durante más de una semana esperando recibir el pago para poder alimentar a sus hijos hambrientos. ¿Es que acaso por habérselo dado de regalo para su hija, estás exonerada de pagarle por el trabajo realizado? Inmediatamente se dirigió la esposa de Rav Zusha a lo del sastre, y le pagó por el tiempo de su trabajo ...
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Una vez, llegaron dos personas ante Rabi Leibele de Bialistock, autor del libro “Oneg Iom Tov”, las cuales tenían un litigio en torno al límite de sus tierras. Uno decía: “este pedazo de tierra me pertenece a mí, y el limite entre nosotros pasa después de dicho pedazo” y el otro decía “este pedazo de tierra me pertenece a mi, y el limite entre nosotros pasa después de este otro pedazo”. Pidió el Rabino que lo llevasen a conocer el terreno y salió junto a los dos litigantes a visitar el campo. Llegaron al lugar en disputa y los dos litigantes continuaron gritándose el uno al otro. Uno decía: “este pedazo de tierra es todo mío” y el otro decía “este pedazo de tierra es todo mío”.
De pronto, el autor del libro “Oneg Iom Tov” acercó su oído a la tierra y les dijo: “la tierra dice que ustedes dos son míos ...”.
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El Emperador Antonino le dijo a Rabí Iehuda Hanasi: “Tanto el cuerpo como el alma se pueden liberar del Juicio Final. ¿De qué forma? El cuerpo puede alegar y decir: el alma es la que cometió las transgresiones, y la prueba es que desde el día en que ha abandonado a mi cuerpo estoy echado como una piedra sin movimiento, no pudiendo realizar ninguna de las transgresiones que antes cometía. El alma puede venir y decir: el cuerpo es el que ha cometido transgresiones, ya que desde el día en que me separé de él, vuelo en el aire libre como un pájaro, y no puedo hacer ninguna cosa mala tal como lo hacía antes”.
Le contestó Rabí Iehuda Hanasi: “Esto se puede comparar con la siguiente fábula. Un rey de carne y hueso tenía un bello jardín, y en su interior crecían higos muy apetitosos y para cuidarlos colocó a dos guardianes: uno cojo y el otro ciego. Le dijo el cojo al ciego: Yo veo unos higos muy apetitosos en el jardín. Ve y móntame sobre tus hombros, después yo los cortaré y juntos nos los comeremos.
Al cabo de unos días, llegó el dueño del jardín y les dijo: ¿Dónde están estos apetitosos higos?
Dijo el cojo: ¿Es que acaso tengo yo piernas para acercarme a ellos? Le dijo entonces el ciego: ¿Es que acaso tengo yo ojo para verlos? ¿Qué hizo el rey? Montó al cojo sobre el ciego y los juzgo cual si fueran un solo individuo”.
Así el Santo Bendito Sea su nombre, toma al alma y la coloca sobre el cuerpo y juzga a ambos como a un solo ser.
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Contó una vez el Rebe de Kotzk, que las almas descienden de los cielos a este mundo a través de una larga escalera, y cuando llegaron a la esfera terrenal, la escalera repentinamente desaparece, no volviendo a aparecer jamás.
Desde el cielo una voz llama a las almas para que retornen nuevamente hacia su fuente celestial.
Algunas almas quedan petrificadas en el lugar al escuchar dicha voz, y aseveran que es imposible elevarse hacia el cielo sin tener una escalera por la cual poder subir.
Otras sin embargo, brincan y caen algunas veces hasta que finalmente desisten de sus intentos.
Sin embargo, dijo el Rebe de Kotzk, existen almas que saben muy bien lo difícil que es elevarse hacia el cielo en un solo brinco. Es más, a pesar de que son plenamente conscientes de que es imposible poder saltar y alcanzar verdaderamente el cielo, igualmente continúan intentándolo de acuerdo al llamado de dicha voz. Finalmente, el Creador del mundo observa conmovido la obstinación y el empeño que ponen dichas personas en su intento por elevarse. En entonces que D-s las toma personalmente con sus propias manos y las conduce hacia las alturas ...
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15) El regreso a la tierra de Israel
Rabí Shmuel Moholiver visitó una vez San Peterburgo. Allí se realizó una fiesta en su honor en la cual dio un discurso a favor de “los amantes de Tzión”. El Profesor Noaj Baksht que se oponía a dicho movimiento, se levantó y dijo: ¿En verdad usted cree que se puede levantar un Estado Judío en la Tierra de Israel? Le contestó Rabí Shmuel con voz calma diciéndole: “Yo también tengo una pregunta para usted: cuando su padre lo envió al colegio, ¿acaso él sospechaba que su hijo Noaj se transformaría algún día en un Profesor? ¿Cuál fue pues el pensamiento que paso por la cabeza de su padre al enviarlo a estudiar en el colegio? Seguramente él pensó así: si mi hijo logra aprender el lenguaje del país en el colegio, definitivamente eso será muy bueno. Si además logra terminar sus estudios en el colegio y transformarse en un comerciante ilustrado ¡pues qué mejor! Y si encima luego es aceptado en la Universidad y logra transformarse en un profesor ¡eso sería verdaderamente algo excelente ...! Así también decimos nosotros acerca del asentamiento en la tierra de Israel: ¡Vayamos a asentarnos a la tierra de Israel! Si logramos encontrar allí nuestro sustento, ¡pues que bueno! Si además logramos erigir un centro espiritual, ¡pues qué mejor!, y si además llegamos algún día a poder erigir un Estado propio, ¡pues eso será verdaderamente excelente!
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Una vez, viajaba una persona por el camino llevando algunas gallinas. Cuando ya fue muy pesado para él seguir cargándolas, se sentó al lado de la puerta de la casa de Rabí Janina ben Dosa y dejo allí a las gallinas. Le dijo entonces: “dejaré aquí las gallinas por algunas horas e iré a comprar algo para comer, luego volveré a buscarlas”. Se fue el hombre al negocio a comprar cosas y se olvido de sus gallinas. Durante el camino se acordó de las gallinas, mas no lograba recordar dónde las había dejado, entristeciéndose mucho a causa de ello.
Mientras tanto, las gallinas se sintieron hambrientas y comenzaron a cacarear.
Escuchó la esposa de Rabí Janina el cacareo de las gallinas y preguntó cómo habían llegado a su patio. Se acercó a la entrada de su casa y vio que habían gallinas cuyos pies estaban atados con sogas.
Fue a lo de su esposo y le contó acerca de aquel hecho.
Él le dijo entonces: de seguro que alguien las dejó aquí y no se acuerda adónde las dejó. Cuidémoslas hasta que venga el dueño a pedirlas nuevamente.
La mujer desparramo semillas para que se alimenten y colocó agua para que puedan tomar. Ellas comenzaron a dar huevos y así comenzaron a nacer pollitos. Crecieron los pollitos y se transformaron en gallinas, hasta que el patio se llenó de gallinas.
Vio Rabí Janina que era muy difícil para él mantener tantas gallinas pues era una persona muy pobre (además del hecho que ensuciaban la casa y su continuo cacareo era muy molesto). Decidió pues venderlas y comprar con dicho dinero algunas cabras, pues estas eran capaces de ir a pastar solas al bosque y también regresar solas de allí. Luego de varios años, el hombre que había perdido a las gallinas pasó por la ciudad de Rabí Janina y por su casa y se acordó que allí había dejado a sus gallinas. Se acercó a Rabí Janina y le contó la historia, y Rabí Janina le preguntó: ¿Te acuerdas del color de las plumas y de que color era la soga con que las ataste?
El señor le dijo: eran marrones las gallinas y las até con un hilo rojo. Rabí Janina, al ver que efectivamente se encontraba ante el dueño de las gallinas, lo llevó al establo y le mostró las cabras, contándole lo que había hecho.
Le devolvió sus cabras y el hombre regreso feliz a su hogar.
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Rabí Itzjak de Vorka decía: no hay cosa en el mundo que no se pueda revisar objetivamente si es buena o mala. ¿Cuál es la forma de revisar si un judío está en el camino correcto en el servicio de Hashem?
La respuesta es: el amor que siente hacia todos y cada uno de los integrantes del pueblo de Israel. Si uno ve que mediante el servicio a Hashem, su amor por cada judío crece y se incrementa, entonces eso significa que efectivamente se encuentra en el camino correcto en su trabajo espiritual; mas si no siente que su amor por cada judío crece, entonces eso ha de significar lo contrario.
De aquí inferimos que un judío puede cumplir con todos los preceptos de la Torá en relación al Creador, llegando inclusive a un elevado nivel de amor hacia Hashem, y aún así no estar correctamente encaminado en un auténtico crecimiento espiritual.
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18) “Ama a tu prójimo como a ti mismo”
En cierta oportunidad, un Rabino decidió guardar el dinero que llevaba consigo dentro de uno de los libros de Torá que estaba estudiando. Colocó su dinero en el lugar en el cual aparece la mitzvá de “no robarás”. Al cabo de unos días fue a buscar su dinero a dicho libro, mas se percató que el dinero ya no se encontraba en el lugar donde lo había dejado. Lo buscó con mayor detenimiento y encontró un billete del doble de valor que el billete original. El billete estaba colocado en la página que decía: "Amaras a tu prójimo como a ti mismo" ...
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En Atenas, capital de Grecia, vivía hace muchos años una persona muy rica que poseía muchos esclavos. Este rico señor era, por naturaleza, un individuo sumamente enojadizo, y a quién no le hacía caso, simplemente le profería una buena porción de insultos y de golpes. Una vez, en el momento en que le pegaba a uno de sus esclavos como era su costumbre, pasó por allí un famoso sabio. Se detuvo aquel sabio y le dijo: “no es adecuado que un esclavo le pegue a otro esclavo”.
Inmediatamente paró el rico señor de pegarle a su esclavo. Se irguió orgullosamente y le preguntó al sabio: ¿Por qué usted dice eso? ¿Acaso yo no soy el dueño de mi esclavo?
Le contestó entonces el sabio: la diferencia entre tú y el esclavo es que él no puede librarse del enojo de tu mano, pues él te pertenece. Pero tú, en cambio, eres esclavo del enojo que te domina, hasta tal punto que eres incapaz de liberarte de él.
Las palabras del sabio hicieron reflexionar al hombre rico, quién a partir de ese momento se esforzó por dejar la “esclavitud de su enojo” para así comenzar a ser un individuo verdaderamente libre.
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Un día antes de Iom Kipúr, vino un jasid a visitar a Rabí Elimelej de Lizenk, y le pidió a su asistente que por favor le permita ver como se comporta el rabino Elimelej en vísperas de Iom Kipúr. Cuando escucho eso Rabí Elimelej, le ordenó a su asistente que traigan al Jasid.
Le dijo entonces Rabí Elimelej, que tomase una carreta y que viajase a determinada aldea cercana a la ciudad de Lizensk; y que al llegar a a allí preguntase por el lugar donde vivía el dueño del albergue.
Cuando llegó allí el judío, encontró un cuarto lleno de gentiles que habían tomado bebidas alcohólicas. El dueño judío del albergue era un judío sumamente simple al igual que su esposa.
Ellos servían las bebidas y se ocupaban de ellos. Luego de ello se sentaba en un rincón del salón y se hacía el dormido.
A medianoche, luego que los gentiles se retiraron, observa el jasid que el dueño del albergue se paseaba por el cuarto emitiendo quejidos.
Luego llamo a su esposa y le pidió que le traiga el libro de cuentas que estaba debajo de la cama. Ella se inclinó y tomó de allí un libro viejo y medio roto. El dueño del albergue se sentó y comenzó a pasar hoja por hoja leyendo lo que estaba escrito y llorando a causa de ello. En ese libro estaban escritos todas las transgresiones que cometió durante el año: en tal día no le hable correctamente a un transeúnte, en tal otro día no cumplí adecuadamente con la mitzvá de la hospitalidad, aquel otro día presté atención a las palabras sucias que decían las personas que se habían emborrachado, y en otro día tuve pensamientos extraños durante el rezo ... enumerando finalmente una larga lista de transgresiones, hoja tras hoja.
Luego de nombrar cada transgresión que leía del libro, suspiraba sollozaba, llorando amargamente.
Luego que termino con el libro de las transgresiones, otra vez se dirigió el dueño del albergue a su esposa y le pidió que le sacase el segundo “libro de cuentas”, el cual se encontraba en otro rincón debajo de la cama.
Otra vez saco la mujer el “libro de cuentas” que estaba todo arrugado y se lo entregó.
Él dueño del albergue comenzó a leer hoja por hoja. En ese libro se encontraban todas las preocupaciones, sufrimientos y dolores que pasaron sobre él durante el año. No había un día que no había tenido algún sufrimiento. Luego de finalizar el libro, colocó su cabeza sobre la mesa y comenzó a meditar. Elevó sus ojos al cielo y dijo: “No lo niego, Soberano del Mundo, tengo una gran deuda hacia Tí, tengo una deuda verdaderamente enorme. Pero ... Tú también tienes para conmigo una gran deuda, una enorme deuda ... Y yo no se, quién le debe más a quién y quién debe de recibir el vuelto de quién ... El calculo es muy complejo y difícil. Y debido a que estamos en víspera de Iom Kipúr, y que es un día de perdón y de arrepentimiento, hagamos – Soberano del Mundo -, un trato: Yo no te debo nada a ti y Tú no me debes nada a mí. El “libro de cuentas de las transgresiones” “contra” “el libro de cuentas de los sufrimientos”, éste es mi trato, éste es mi sustituto, ésta es mi expiación ...
¡Lejaim, Soberano del Mundo. Por un buen año!”.
A la madrugada llegó de regreso el jasid a Lizenk, y cuando entró a lo de Rabí Elimelej, lo recibió el Rabino con una enorme sonrisa y le dijo: ¿Y, que viste?
El jasid le contó con lujo de detalles lo que vio, y Rabí Elimelej le dijo: Nosotros hacemos frente al Soberano del Mundo, lo mismo que hizo el dueño del albergue.
Nos presentamos ante Él y le decimos: “Si bien hemos cometido transgresiones ante Ti con nuestras malas conductas, nuestros sufrimientos son “a cuenta” de nuestras transgresiones. Perdonémonos mutuamente y hagamos las paces entre nosotros y D-s.
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Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enojada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos.
Le dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado? ¿No es posible acaso hablarle en voz baja? ¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enojados?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía las expectativas del sabio.
Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra.
Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente. ¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.
Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra y se vuelven más cercanas a través de su amor.
Y finalmente ... Llega un momento en que ya ni siquiera se necesitan susurrar; y únicamente se miran y eso es todo. Así sucede cuando dos personas verdaderamente se aman ...
Finalmente el sabio les dijo: cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no se digan palabras fuertes que los distancien más aún; pues puede ser que llegue el día en que la distancia sea tan grande que ya no serán capaces de encontrar el camino de regreso ... Sobre esto dijeron nuestras fuentes: “las palabras de los sabios con suavidad son escuchadas”.
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En un día de otoño, Rabí Simja Bonim de Pshisja les dijo a sus alumnos más allegados, que alquilasen una carroza, pues inmediatamente debían de partir. Sin perder ni un minuto les anunció: hoy por la noche, vamos a irnos de visita a Varsovia, la capital de Polonia.
Cuando llegaron a Varsovia, les preguntaron sus alumnos a que albergue deseaba dirigirse.
Les contestó Rabí Simja Bonim: mi alma desea realizar un paseo nocturno por las calles de la ciudad. Bajaron el Rabino junto a su comitiva de la carroza, y comenzaron a pasear alegremente por las calles de la ciudad. Miraron las vidrieras de los negocios y meditaron acerca de sus vendedores. De pronto, súbitamente se detuvo Rabí Simja Bonim y les dijo: Deseo entrar en este albergue.
Entró el Rabí junto a todos sus alumnos, y observaron que en uno de los lados de la mesa estaban sentados dos judíos de apariencia simple, quienes se servían una copa tras otra.
Las ropas que vestían, no dejaban ninguna clase de duda de que su oficio era el de “cargadores”.
El Rabí y su comitiva se sentaron en la otra esquina de la mesa, y el dueño del albergue colocó bebidas sobre la mesa para que tomasen. Mientras tomaban y se decían unos a otros “lejaim”, prestaron atención a la charla que estaban desarrollando aquellos dos “cargadores”.
Un cargador le dijo al otro: “¿Estudiaste en Shabat la parashá de la semana?”.
El otro le respondió: “Si, la estudie. Pero debo confesarte, que no todo lo pude entender. Está escrito sobre Abraham y Avimelej: “e hicieron ellos dos un pacto” (Bereshit 21, 27). Yo me pregunté: ¿Cómo puede ser que un justo como Abraham, que creía en un solo D-s, haya hecho un pacto con un idólatra como Avimelej? Que un judío haga negocios con un gentil, eso se puede comprender, pero ¿qué necesidad tenía de hacer un pacto con él?”.
El primero lo miró entonces y le dijo: Yo tampoco comprendí bien éste versículo mas por otro motivo. Allí está escrito que “ellos dos” sellaron un pacto; y yo me pregunto: ¿para que hacía falta decir “ellos dos”? ¿No hubiera sido suficiente con decir únicamente que habían hecho un pacto, dándose por sobre entendido que el pacto era entre ellos dos?”. El segundo dijo entonces: “Tu pregunta ha sido la respuesta a mí pregunta, pues a pesar de que Abraham y Avimelej hicieron un pacto, cada uno mantuvo su identidad y su singularidad separadamente, y es por eso que la Torá dice “ellos dos”. Seguramente que ellos tenían negocios y otros asuntos en común, sin embargo, cada uno de ellos siguió siendo quién era: Abraham siguió siendo Abraham y Avimelej siguió siendo Avimelej”.
Al escuchar esto, Rabí Simja Bonim les insinuó a sus alumnos que era hora de marcharse, y regresaron inmediatamente a Pshisja.
En el camino de regreso les dijo a sus alumnos: “Todo nuestro viaje esta noche a Varsovia, no fue sino para escuchar las palabras de estos dos “cargadores”. Cuando dos personas hacen un pacto, existe la sospecha de que uno eventualmente pueda aprender de las malas cualidades del otro. La sabiduría radica en saber cómo estar junto a aquel que es diferente de uno, y sin embargo distinguirse y conservar la propia identidad ...”.
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23) No interrumpir durante la Tefilá ...
Una vez, transitaba un judío por un largo camino en medio del campo. Al notar que llegó la hora de rezar minjá y no ver ningún Beit Hakneset en las cercanías, decidió detenerse y rezar al costado del camino, para así no demorarse del tiempo correcto en el que debía rezar.
Cuando llegó al rezo de "Shmoné Ezré" donde está prohibido realizar interrupciones, paso por allí uno de los ministros importantes del reino.
El ministro montaba su caballo, y esclavos corrían delante suyo abriéndole paso. Cada persona que pasaba delante del ministro, debía honrarlo y saludarlo con gran cortesía.
Todos tenían temor de aquel ministro, pues sabían que si no lo saludaban correctamente, podría castigarlos de una manera sumamente severa.
Al ver el ministro, que el judío parado al costado del camino no le saludaba ni dirigía su mirada hacia él, con gran enojó se dirigió a él y gritándole le dijo: "Shalom Judío".
El judío permaneció callado sin contestarle, hasta que dio por finalizado su rezo.
Furioso el ministro le gritó entonces: "Tonto, ¿acaso no ves quién está pasando delante tuyo? ¿Cómo osaste no saludarme? Si te hubiera matado con mi espada, ¿quién te hubiera salvado? Ahora voy a darte el justo castigo por tu tan desvergonzada actitud ...".
"Un momento", le dijo el judío antes de que desenvainase su espada. "Quizás pueda explicarle el porque de mi actitud y evitar que usted se enoje conmigo de esta manera.
Dígame señor ministro, ¿acaso estuvo usted parado alguna vez delante del rey?".
"¡Por supuesto que estuve!" le contestó orgullosamente el ministro, "muchas veces tuve el honor de estar en presencia del rey".
Le preguntó entonces aquel judío: "Y si mientras estaba parado delante del rey hubiera pasado una persona, inclusive otro ministro, ¿acaso se hubiera distraído de prestarle atención al rey para contestarle el saludo a esa persona?".
"D-s me libre y guarde" contestó con gran vehemencia el ministro. Está prohibido distraerse mientras uno se encuentra delante del rey. Sería una afrenta a su honor realizar una acción de ésta clase".
"¿Y que le haría el rey si usted realizara una cosa así?",preguntó insistentemente el judío.
El ministro sin titubear le dijo: "pues me mataría con su espada".
"¿Acaso usted escucha lo que su boca está diciendo?. Yo me hallaba rezando delante del Rey de los Reyes, el Santo Bendito Sea, ¿cómo podría haber parado de rezar para saludarle a usted?. Si con un rey de carne y hueso uno debe de ser respetuoso, ¡cuánto más con el Rey de los Reyes!
"Tienes razón" le contesto el ministro. Ya no estoy más enojado contigo, pues entiendo perfectamente la validez de tus motivos. Puedes continuar en paz transitando por tu camino ...
Imitemos la conducta de aquel judío, y también nosotros permanezcamos silenciosos durante nuestros rezos ...
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24) David el pastor
Cuando el rey David era aún un niño, pastoreaba el ganado de su padre. Cada día salía con sus ovejas y cabras al desierto, para que éstas no pastoreasen en tierras ajenas.
Observó David que las ovejas y cabras adultas y fuertes salían primero, empujando a un lado a las ovejas y cabras pequeñas y débiles, comiéndose ellas los pastos más suaves y dejando aquellos más duros para las más débiles.
Pensó David en su corazón: "no actúan correctamente las cabras y ovejas adultas. El pasto suave deberían de dejarlo para las ovejas y cabras más pequeñas, pues ellas aún no tienen dientes suficientemente fuertes como para comer de los pastos duros, y ellas, las adultas, deberían de comer de los pastos más duros pues ya tienen la fuerza para hacerlo".
¿Que hizo entonces David? Construyo cercos para separar a las cabras y ovejas en tres grupos: pequeñas, jóvenes y adultas.
A la mañana siguiente, se levanto David de madrugada y abrió la cerca de las cabras y ovejas pequeñas, para que ellas vayan y pastoreen primero. Corrieron felices las ovejas y cabras pequeñas, comiendo de los pastos tiernos y suaves hasta que sentirse satisfechas. Luego saco David a las cabras y ovejas jóvenes y dejo que éstas coman de los pastos "intermedios" hasta sentirse satisfechas. Finalmente saco al rebaño más adulto, a aquel que era capaz de comer de los pastos más duros, y esperó a que también ellos satisfagan su apetito.
Así todos comieron sin empujarse los unos a los otros, quedando todos satisfechos y felices ...
Observó el Kadósh Baruj Hu a la sabía y sensible actitud que había tenido el joven David y entonces se dijo para sí: "aquel que sabe pastorear al rebaño brindándole a cada uno lo que necesita, es la persona apropiada para pastorear a mi amado rebaño: al pueblo de Israel".
Y fue por este motivo que nos cuenta el Midrash, que David fue elegido para ser el nuevo Rey del pueblo de Israel.
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25) Najum Ish Gam Zu
Hace más de mil quinientos años, vivió en la tierra de Israel una persona muy justa y sabia llamada Najum Ish Gam Zu.
¿Por qué lo llamaron con el apodo de “Gam Zu”? Porque Gam Zu significa en hebreo “también eso”; y esta persona siempre decía: “también eso es para bien“, pues “todo lo que hace Hashem lo hace siempre para bien”.
Una vez, los judíos que vivían en la tierra de Israel dijeron: enviémosle un regalo al emperador de Roma, para así evitar que salga a la guerra en contra de nosotros.
Llenaron un cofre con piedras preciosas y brillantes, y lo prepararon para enviárselo al emperador de Roma.
La pregunta era: ¿Quién podría ser el emisario ideal para llevar a cabo dicha delicada tarea? ¿Quién podrá cuidar adecuadamente el cofre en su trayecto desde la tierra de Israel hasta Roma?
El camino es un camino muy peligroso, y quizás hallan piratas en el mar que intenten apoderarse del cofre. ¿Que persona confiable e inteligente podrá llevar a cabo adecuadamente esta misión?
Todos respondieron al unísono: “¡Najum Ish Gam Zu!”.
Llamaron a Najum Ish Gam Zu, y este aceptó gustosamente la misión, feliz de poder ayudar a sus hermanos judíos.
Al comenzar su camino se dijo: “también esto es para bien”.
Viajo un largo trecho en barco, y cuando descendió del barco, camino por vía terrestre durante algunas horas. Al oscurecer, decidió hospedarse en un albergue para pasar la noche.
Luego de rezar el rezo de Arvit, colocó el cofre con las piedras preciosas y los brillantes al lado de su cama, y se quedó placidamente dormido.
Al notar el dueño del albergue que su huésped tenía un cofre, sintió gran curiosidad por saber que había en su interior.
Cuando vio que aquel se había quedado profundamente dormido, entró y abrió silenciosamente el cofre. Grande fue su sorpresa al notar la enorme riqueza de su contenido.
Observo maravillado todo lo que había en él, y sin lograr contenerse, tomó las piedras preciosas que habían adentro, y en su lugar coloco piedras comunes y arena. Cerró el dueño del albergue el cofre, y tranquilamente se fue a dormir.
De madrugada, se levantó Najum Ish Gam Zu, se puso su Talit y sus Tefilin y rezó el rezo Shajarit, y tomando a su cofre se dirigió confiado al palacio del emperador. Cuando llegó ante el emperador, con gran entusiasmo le dijo: “¡Shalom mi señor emperador! He traído un bonito regalo que te envían los judíos de la tierra de Israel”.
Observo el emperador el bonito cofre, y se despertó su curiosidad por ver lo que había en su interior. Abrió la caja y ¿qué vio? Arena y piedras.
“¿Qué es esto?” preguntó el emperador, mientras su rostro se enrojecía de furia. “¿Acaso a esto ustedes llaman “un bonito regalo”? ¿Acaso falta en mi palacio piedras y arena ? Veo que los judíos quieren burlarse de mi. Los castigaré a ellos, y a aquel que trajo personalmente este regalo, lo mandaré matar de inmediato”. Najum Ish Gam Zu no temió a dicha amenaza, y con una sonrisa en sus labios se dijo para sus adentros: “también esto es para bien”.
Al observar Hashem la enorme confianza que Ish Gam Zu depositaba en las bondades del Creador, envió a Eliahu Hanaví para que vaya en su auxilio.
Apareció Eliahu Hanaví vestido como un ministro de la corte y dirigiéndose al Emperador dijo: “Señor Emperador, ¿por qué se enoja usted con los judíos? De seguro que este no es un “polvo simple”. ¿Cómo van a hacer los judíos algo que haga enojar a Su Majestad? Probablemente, este “polvo” tiene alguna cualidad especial. Tiremos un poco al aire para ver qué sucede. Quizás se transforme en espadas y en flechas para que podamos vencer a nuestros enemigos”. “Bien has hablado”, le respondió el emperador a su “supuesto” ministro. Tiraron un poco de aquel polvo al aire, y efectivamense te transformo en espadas y flechas.
Se alegró grandemente el Emperador y dirigiéndose a Najum Ish Gam Zu le dijo: “discúlpeme que me enojé con usted. En verdad me ha traído un valioso regalo. Le llenaré la caja con oro y piedras preciosas, en lugar del“polvo mágico” que me ha proporcionado. Te pido que les envíes mi más sincero agradecimiento a tus hermanos judíos de la tierra de Israel”.
Dijo entonces Najum Ish Gam Zu para sus adentros: “¿Acaso no dije que todo lo que Hashem hace lo hace para bien?”.
Y así regresó feliz y contento Najum Ish Gam Zu a la amada tierra de Israel.
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26) La devolución de cosas perdidas
En la ciudad de Roma, vivía una reina que tenía un gran palacio y también grandes riquezas. Un día, salió la reina de viaje y en el camino perdió a todas sus joyas: un anillo lleno de brillantes, un collar de perlas y una pulsera de oro. Se apenó mucho la reina por haber perdido a sus joyas, pues éstas le eran sumamente preciadas.
Ordeno publicar un aviso en la ciudad de Roma, ofreciéndose una generosa recompensa a aquel que devuelva las joyas en menos de treinta día, advirtiéndose que si lo hacían después, dicha persona podría ser eventualmente castigada con la pena de muerte.
Espero la reina a que le devuelvan sus joyas antes de los treinta días, pero su espera fue en vano.
Llegó entonces a la ciudad de Roma, un sabio judío de nombre Rabí Shmuel Bar Susrati. En su camino a Roma, encontró a las joyas de la reina, decidiendo esperar con ellas hasta que pasen los treinta días.
Al pasar los treinta días, se presentó ante la Reina y le dijo: “Aquí estás sus joyas. Las he encontrado”.
Miró la Reina a Rabí Shmuel, e inmediatamente le preguntó: ¿Hace cuantos días estás aquí? ¿Acaso hoy has llegado a Roma?
Le contestó entonces Rabí Shmuel: He llegado a Roma hace exactamente treinta días.
¿Y por qué no te has presentado antes ante mi? ¿Acaso no escuchaste mi aviso? Inquirió la Reina.
Le contestó entonces Rabí Shmuel: Si, he escuchado su aviso. Sin embargo, si yo hubiera venido antes de los treinta días, usted hubiera pensado que yo vine porque quería recibir la recompensa, cuando en realidad, mi única intención era cumplir con la voluntad de Su majestad; pues no he venido ni por amor al premio ni por temor al castigo. Yo he devuelto sus joyas porque el Creador del mundo -Bendito Sea- nos ordenó que devolviésemos aquello que no nos pertenece ...
Vio la Reina con cuanta pureza de intención había actuado Rabi Shmuel, y dirigiéndose a él le dijo: “Bendito el D-s de los judíos” cuyos hijos actúan así. Y a partir de entonces, Rabí Shmuel fue tratado con gran respeto y honor ...
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Dijo el emperador a Rabán Gamliel: “Vuestro D-s es un ladrón, pues que está escrito: “D-s hizo caer sobre Adam un profundo sueño y dormido tomó una de sus costillas (Bereshit 2, 21).
La hija de Rabán Gamliel, le pidió a su papá que le permitiera contestar esta pregunta. Se dirigió entonces al Emperador y le dijo: “Facilíteme un juez pues debo investigar un delito”.
Le pregunto entonces el Emperador: “¿De qué delito se trata?”.
Le respondió entonces la hija de Rabán Gamliel: “Durante la noche han entraron ladrones en nuestra casa, se robaron un objeto de plata que nos pertenece, y en su lugar dejaron a un objeto de oro cuyo valor es infinitamente superior”.
“¡Quisiera que este ladrón me visitase todos los días!” exclamó entusiasmado el Emperador.
“¿No fue entonces una cosa maravillosa para el primer hombre, que Hashem le tomara una costilla y que en su lugar le diera a una mujer?
Dijo entonces el Emperador: “Acaso Hashem no debió de haber tomado la costilla de Adam mientras éste estaba despierto”.
La hija de Rabán Gamliel se dirigió al Emperador y le dijo: “Deme un pedazo de carne cruda”.
Inmediatamente lo trajeron. Ella coloco la carne sobre las brazas ardientes, la cocinó y se la sirvió al Emperador diciéndole “¡cómela!”.
El Emperador contesto: “me repugna”.
Ella le dijo entonces: Lo mismo hubiera ocurrido con el primer hombre, si Hashem hubiera creado a la mujer cuando Adam estaba despierto, pues él se hubiera asqueado de ella. Es por ello que la creo mientras dormía ...”. (Sanhedrin 39a).
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28) El pescador
Se cuenta que Eliahu Hanaví caminaba de un lugar a otro. Una vez se encontró con un hombre que no sabía nada de Torá ni nada de Mishná y que las personas se burlaban de él y lo ofendían.
Eliahu Hanaví le preguntó entonces a aquel señor: “Hijo mío: ¿qué le vas a responder a nuestro Padre Celestial cuando te presentes ante Él en el día del juicio?”.
Le contestó el hombre: “Rabí, yo tengo lo que responderle a mi Padre Celestial: que no he recibido la inteligencia y el entendimiento necesarios para poder estudiar.
Eliahu Hanaví le dijo entonces: “Dime una cosa hijo mío, ¿cuál es tu profesión?”
“Soy un pescador”, le contestó.
Le preguntó entonces Eliahu Hanaví: “Hijo mío, ¿quién te enseño a tomar el hilo e hilvanarlo para luego hacer las redes que tiras al mar para poder pescar?”
El pescador le contestó: “para eso si me han dado inteligencia y entendimiento”.
Le dijo entonces Eliahu Hanaví: “¿para hilvanar hilos y hacer redes te han dado inteligencia, y para estudiar la Torá, acerca de la cual está escrito “está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón está el cumplirla”, no te han dado inteligencia?”.
Comenzó el pescador a llorar y a gemir.
Le dijo entonces Eliahu Hanavi: “Que no se entristezca tu corazón ni se deprima tu alma, pues muchas son las personas en el mundo que contestan la misma respuesta en relación a su profesión ... Y sin embargo, ello no les servirá de excusa cuando se presenten ante Hashem en el Día del Juicio ...
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29) El pasaporte de Rabi Levi Yitzjak de Berditchev
Entraron los nazis al pueblo. Tomó el padre a su hija y rápidamente la condujo al sótano del edificio. Le puso una servilleta de tela blanca en sus manos, y le dijo que ese era su pasaporte. Se despidió de ella y presurosamente se marchó.
Los nazis concentraron a todos los judíos en la plaza, y los deportaron en trenes hacia el este.
La pequeña niña permaneció tres días y tres noches en el sótano, sin comer ni tomar absolutamente nada.
Sin poder soportar más el hambre y la sed, salió con sus últimas fuerzas de su escondite, y comenzó a marchar en dirección a la estación de tren.
Al llegar allí, un tren estaba por salir. Subió rápidamente a él, y en lugar que estaba vació se sentó.
Ella solo soñaba con abandonar a aquel infierno que se había llevado a su padre y al resto de su familia.
Al llegar a la frontera con Suiza, subió al tren un soldado alemán y con voz amenazante gritó: ¡Pasaportes. Documentos!
Cada persona sacó su pasaporte y se lo mostró para que lo revisase.
Cuando llegó el soldado al asiento donde se encontraba la pequeña niña, ella le enseño su servilleta al soldado. Éste observó detenidamente la servilleta, la revisó, y sin decir palabra se la devolvió ...
Esta historia, comenzó en realidad doscientos años atrás.
Un anciano judío se hallaba gravemente enfermo. Los médicos locales le dijeron, que la única esperanza para poder salvar su vida era viajar a Viena y operarse con un médico experto allí.
Los gastos del pasaje de ida y vuelta, más los gastos de la operación, ascendían a mil rublos. Con gran apremio vendió todas sus pertenencias y logró juntar exactamente dicha suma.
Se dirigió a la Policía de su pueblo para que le emitan un pasaporte, y el policía que lo atendió le dijo: ¡Sucio Judío! Tu no tienes derecho a recibir un pasaporte. Si quieres uno, tendrás que pagarme mil rublos. De lo contrario, no podrás recibir tu pasaporte.
Quebrantado y desconsolado, decidió dirigirse a la ciudad de Berditchev, para plantearle su problema al Tzadik Rabí Levi Itzjak.Al llegar a allí, golpeó a la puerta de su casa, y encontró al Tzadik sentado leyendo de un libro.
Se acercó ante Rabí Levi Yitzjak, y se desahogó ante él contándole su gran pena.
Rabi Levi Yitzjak le dijo que se siente y que esperase a que él regresase.
Rabi Levi Yitzjak entró a su cuarto y cerro tras de sí la puerta.
Pasó una hora y Rabí Leví Yitzjak no salía, pasaron dos horas y no salía. Pasaron tres horas y no salía. Al comienzo de la cuarta hora, salió Rabí Leví Yitzjak de su cuarto, y entregándole un pañuelo totalmente húmedo con sus lágrimas, dirigiéndose a aquel judío le dijo: “Este es tu pasaporte”.
El hombre abrió la servilleta y vio que era un simple pedazo de tela blanca. Sin embargo, tan grande era su fe en el Tzadik Rabí Levi Itzjak, que confiado se marchó con el “pasaporte” que le había entregado.
Al llegar a la frontera, presentó confiado su “pasaporte”. Con este “pasaporte” llegó a Viena, y con este “pasaporte”, luego de una exitosa operación, también regresó de Viena.
Esta servilleta de tela, que habían contenido a las lágrimas de Rabí Levi Yitzjak de Berditchev, pasó de padre a hijo y de madre a hija, hasta que finalmente llegó a las manos de aquel padre que debió de abandonar a su pequeña hija.
Con ese “pasaporte” se salvó la niña del infierno nazi, con ese “pasaporte” llegó a las costas de Eretz Israel, donde pudo construir finalmente su nuevo hogar.
Esta mujer vive hoy en día en Jerusalem. En su testamento escribió que quiere ser enterrada junto con ese sagrado “pasaporte”, pues también le servirá para entrar con él al Paraíso, y así poder agradecerle a Rabí Leví Yitzjak de Berditchev, por haberle salvado - a través de sus lágrimas- su propia vida.
Que el mérito de Rabí Levi Yitzjak nos proteja y que traiga éxito y bendición sobre nosotros y sobre todo el pueblo de Israel. Amén.
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30) El tesoro real
Un buen hombre, que salvo a la hija del Rey de ahogarse en un río, recibió como premio, un permiso especial del Rey para entrar durante 70 minutos en las recamaras donde se halla el tesoro real, teniendo la autorización de tomar cuantas riquezas desee.
Al escuchar los ministros del Rey, lo que el Rey estaba por dejar hacer, lo llamaron a una reunión de emergencia para advertirle de los serios riesgos que su conducta podía implicar para la Corona ...
Escuchó el Rey la inquietud de sus ministros, mas decidió que el permiso especial igualmente seguiría en píe.
Sin embargo, autorizó a sus ministros a distraer a aquel hombre de una manera indirecta, para así evitar que pudiese apoderarse de las riquezas ...
Al llegar el día fijado, llego el hombre con varias carrozas al Palacio del Rey, y las alineo en la entrada que conducía a las bovedas donde se hallaba el tesoro real.
Ansioso se hallaba el hombre, esperando el momento en que las puertas se abrieran, para asi atravesar las diferentes salas y llegar al cuarto del tesoro real, para así apoderarse de cuanta riqueza pudiera.
Se abrieron de pronto las puertas, y el hombre corrió en dirección a las bovedas.
A los pocos segundos sin embargo, se detuvo atónito ante lo que sus ojos veían, y sus oídos escuchaban.
Estaba pasando por una enorme sala estaba majestuosamente iluminada, en la cual había una monumental orquesta que ejecutaba agradables melodías.
Mientras aquello sucedía, decenas de personas gritaban: “¡viva el salvador de la hija del Rey!, ¡viva el salvador de la hija del Rey!”.
Disfrutó unos cuantos minutos de aquellas bellas melodias, así como de las “hurras” que se decían en su honor.
De pronto, miró asustado a su reloj, y se dio cuenta que sólo le quedaba media hora para tomar las riquezas que se hallaban en el tesoro del Rey…
Corrió sin detenerse hacia las bovedas, mas al llegar a la próxima sala, su olfato se sintió atraído por el aroma de los deliciosos manjares que allí se estaban sirviendo.
Todo tipo de exquisiteses con bellisimas formas habían sido preparados en su honor.
Comenzó a comer y a“devorar” aquellos platillos … Cuando de pronto miró aterrorizado su reloj, y observó que tan sólo le quedaban escasos cinco minutos …
Corrió como un desesperado hacia la boveda real, mas al llegar a la puerta, una mano colocada sobre su hombro lo invitó gentilmente a retirarse, pues sus setenta minutos ya se habían pasado.
Al salir del palacio, no podia creer lo que le sucedió. Comenzó a arrancarse los pelos de su cabeza y a revolcarse por la tierra como si se hubiera enloquecido: “¡que tonto que he sido!” ¿, “¡que tonto que he sido!” se repetía una y otra vez sin hallar consuelo. “Si hubiera tomado aunque sea una joya significativa de aquel importante tesoro, con ello me podría haber alimentado de deliciosos manjares durante toda mi vida … ¿Qué he hecho?
Moraleja: El Creador del mundo nos dió setenta años para estar en Este mundo y poder adquirir Mitzvot y buenas acciones que se encuentran guardadas en Su Tesoro Real. Todo tipo de “distracciones” nos hacen olvidar de nuestro proposito existencial ...
Y cuando queremos acordarnos ... una mano es colocada sobre nuestro hombro, la cual gentilmente nos invita a abandonar Este Mundo ... sin haber logrado adquirir las preciosas mitzvót y buenas acciones, que de no habernos distraido, hubieramos podido conseguir ...
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Habían una vez dos amigos, que debían de atravesar un bosque muy peligroso y lleno de criminales, lo cual era imprescindible para alcanzar finalmente su destino.
Decidieron entonces, que la mejor manera de atravesar el bosque era haciéndolo con prudencia y de la forma más rápida posible. Asimismo decidieron, que cada uno iría por un camino diferente, y que se encontrarían al final del trayecto.
Salieron pues al camino. El primero de ellos cruzó el bosque rápidamente como lo habían planeado, mientras el segundo de ellos se detuvo a tomar licor junto a unos borrachos que había encontrado.
Cuando al día siguiente se despertó decidido a continuar su camino, un grupo de criminales lo atacaron en medio del bosque, robándole todas sus pertenencias y golpeándole hasta dejarlo todo ensangrentado.
Cuando finalmente llegó a su destino y se encontró con su amigo, este le preguntó por lo sucedido.
Inconsciente aún de la terrible apariencia que tenía, le dijo que no le había pasado nada y que gracias a D-s, finalmente logro llegar.
Su amigo le dijo sin embargo: ¿no te das cuenta que estas todo sucio y golpeado, y que además te robaron todas tus pertenencias?
Recién cuando escucho esto, su amigo tomó conciencia de la tragedia que le había sucedido a causa de la forma negligente como actuó.
Explicaron nuestros sabios, que el mundo es cual un bosque peligroso que cada uno debe de intentar atravesar.
Hay quienes son inteligentes y planifican una estrategia y la llevan a cabo al pie de la letra, y hay quienes se dejan distraer por todo tipo de cosas que los desvían de su verdadero propósito, perdiendo aquello que con tanto esfuerzo han logrado.
La Torá nos guía y orienta para que atravesemos el bosque de la vida con prudencia y rectitud, contribuyendo a que logremos una experiencia vital significativa y feliz, para llegar “sanos y salvos” a nuestro destino final en el Mundo Venidero.
En la medida en que estudiemos y profundicemos en sus enseñanzas, estaremos mejor preparados para discernir ante las cosas que se presentan en nuestra vida, eligiendo “el camino de la vida” y desechando el otro.
¡Quiera Hashem que tengamos la grandeza de incorporar las sabias enseñanzas de Su sagrada Torá, a nuestra forma cotidiana de vivir!
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32) El picapedrero
Había una vez, un señor que trabajaba de picapedrero, “de sol a sol” en la ladera de la montaña. Un día, cuando el sol calentaba al mediodía, estaba tan cansado que decidió tomar un descanso a la sombra de un árbol. Al quedarse dormido, inmediatamente comenzó a soñar. En su sueño vio que por la cima de la montaña estaba pasando la carreta del rey; y en ella estaba sentado el rey, vestido con sus más bonitos atuendos, con jinetes montados de a caballo que viajaban delante y detrás de él. El picapedrero se dijo para sus adentros: “¡Qué bueno sería si yo pudiese transformarme en rey!”. Y de pronto, como por arte de magia, su sueño se hizo realidad y se había transformado en un rey. Se miró a si mismo, y para su gran sorpresa, se dio cuenta que estaba en la carreta del rey, y vestido con las ropas del rey. Se dijo entonces a si mismo: “¡Qué bueno que es ser rey. De seguro, no hay cosa mas grandiosa en este mundo que poder llegar a ser rey!”. Sin embargo, al cabo de unos minutos, el calor del sol comenzó a calentar el interior de la carroza, haciendo que el nuevo rey se sienta sumamente incomodo y acalorado. Se dijo entonces el rey a si mismo: “Yo pensé que ser rey era lo mejor que hay en este mundo, pero me doy cuenta que ser sol es más que ser rey, pues si el sol es capaz de molestar inclusive al propio rey, seguramente que no hay cosa mejor en el mundo que poder llegar a ser sol”. Y sueña el rey que se convierte en sol y se convierte en sol. Y entonces, disfrutando de su nueva condición de sol, se dedico a iluminar y calentar el mundo. Hasta que un buen día ... se colocó una gran nube delante del sol e impidió que éste iluminara. Una y otra vez intentó el sol iluminar, mas la nube se ponía en su camino y se lo impedía. Se dijo el sol a si mismo: “Yo pensé que ser sol era lo más grandioso que había en este mundo, pero me doy cuenta que ser nube es mucho más que ser sol, pues si la nube es capaz de molestar al propio sol, eso es señal que es más poderosa aún que él”. Y entonces soñó el sol que se convirtió en nube, y efectivamente se convirtió en nube. Durante varios días se dedico a molestar e importunar al sol ... Hasta que un buen día, llegó un fuerte viento y corrió violentamente a la nube de su lugar. La nube intentó importunar nuevamente al sol, mas otra vez el viento vino y se lo impidió. Se dijo entonces la nube a si misma: “Yo pensé que ser nube era lo más grandioso del mundo, pero me doy cuenta que ser viento es mucho más que ser nube, pues el viento es capaz de molestar inclusive a la nube, señal que es más poderoso aún que ella”. Y soñó la nube que se convirtió en viento, y de pronto se convirtió en viento.
Y disfrutando de su nueva condición de viento, se dedico a molestar a las nubes e impedir que estás tapen al sol, además de soplar fuertemente en determinados lugares del planeta y causar grandes daños y destrozos.
Un buen día, una enorme montaña se topo ante el viento. El viento se dijo a si mismo: “Ahora voy a destruir para siempre a esa altanera y orgullosa montaña”. Juntó todas sus fuerzas y se dirigió a embestir violentamente a aquella montaña. Sin embargo, a pesar de que algunas piedras se corrieron de su lugar, y muchos árboles se quebraron y cayeron, la montaña continuó siendo una montaña. Juntó toda su fuerza otra vez, mas no logro hacer desaparecer a aquella enorme montaña.
Se dijo entonces a si mismo: “Yo pensé que ser viento era la cosa más grandiosa del mundo, pero me estoy dando cuenta, que en realidad ser montaña es mucho más que ser viento, pues la montaña puede hacer frente inclusive a un terrible viento”.
Soñó el viento que se convirtió en montaña y se convirtió en montaña. Y durante varios días se dedicó a disfrutar de nueva condición de montaña y de su imponente tamaño y majestuosidad. Sin embargo, a los pocos días de haberse transformado en montaña, llegó una carreta llena de picapedreros, los cuales comenzaron a picar grandes piedras de aquella montaña. Al principio la montaña no les prestó atención, pues simplemente lo sintió cual si le dieran leves pinchazos. Sin embargo, al ver que los picapedreros estaban sacando grandes piedras de la montaña, la montaña reflexionando se dijo a si misma: “Yo pensé que ser montaña es la cosa más grande del mundo. Sin embargo, me doy cuenta que no hay mejor cosa en el mundo que poder ser un picapedrero, pues ellos son capaces inclusive de poder acabar con una gran montaña”.
Y así, transformado otra vez en picapedrero, nuestro picapedrero inicial, se despertó de su sueño ...
Muchos son los mensajes que se pueden aprender de este cuento. Uno de ellos, y quizás el principal, es que Hashem pone cerca nuestro todo aquello que necesitamos para poder ser felices, y solo por pensar que ello no es así, nos impedimos de poder disfrutarlo.
Las enseñanzas y la práctica de nuestro judaísmo, tienen el poder de brindarnos una sana visión de la forma cómo vivir nuestra vida. No permitamos que “nubes y montañas” impidan que lo veamos ...
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33) El “Séder” de Moishele el aguador
Después de haber acabado el “Séder de Pesaj”, se juntaron los jasidim de Rabí Tzvi Elimélej de Dinov y le dijeron: “Sagrado y dulce Rabí, no hay nadie en el mundo que festeje la noche del ‘Séder’ como tú la celebras ...”.
Miró Rabí Tzví Elimelej a sus jasidim y con gran firmeza les preguntó: “¿Por qué piensan ustedes que mi ‘Séder’ fue tan bueno? ¿Qué saben ustedes de lo que es verdaderamente un buen ‘Séder’? El ‘Séder’ de Moishele el aguador fue el mejor ‘Séder’ que hubo en el mundo entero en este año. Su ‘Séder’ provocó un inmenso tumulto en el cielo ...”.
Al día siguiente, pidió Rabí Tzvi Elimelej que le manden llamar a Moishele el aguador, pues quería que él le cuente cómo fue su ‘Séder’.
Moishele no quería ir, pues estaba sumamente avergonzado. Finalmente, se llenó de coraje y fue. Cuando el Rabí le pregunto cómo había sido su ‘Séder’, se tapó el rostro y pleno de vergüenza le dijo: “Rabí, le juro que nunca más voy a volver a hacer lo que hice. Perdóneme”. Rabí Tzvi Elimélej le dijo: “Tú no me entiendes, ¿acaso te hubiera llamado a aquí para avergonzarte? Yo solo te llame para decirte cuán linda fue tu noche del ‘Séder’, y cuan profundamente fue aceptada con beneplácito en el cielo. Cuéntame exactamente lo que hiciste”.
Y este es el cuento: ustedes saben que la vida de Moishele el aguador estaba llena de sufrimientos y quebranto de corazón. La única cosa que lo alegraba un poco, era cuando bebía y se emborrachaba.
Ahora les voy a contar lo que sucedió con sus propias palabras.
Así le dijo Moishele al Rabi: "Sagrado Rabi, tu sabes la verdad, la única cosa que verdaderamente me alegra es cuando me emborracho. Sin embargo, en Pesaj esta prohibido tomar whisky. Es por este motivo, que decidí que la noche anterior a Pésaj iba a tomar todo el whisky que pudiese, para así estar borracho durante los ocho días de la festividad. Bebí sin interrupción, y a las nueve en punto de la mañana de la víspera de Pésaj, (cuando ya esta prohibido ingerir alimentos leudados -jametz-), pare de tomar. En realidad, no tuve que detenerme, pues estaba verdaderamente borracho ... Llegó la noche del ‘Séder’, y Malka, mi sagrada mujer, entró en mi cuarto y me dijo: "Moishele el aguador, todo padre judío hacer el ‘Séder’ para sus hijos. Tus hijos están llorando y preguntan: ¿por que papá no nos hace el séder?". Rabí: yo lloraba dentro de mi, pero no podía hacer nada. Estaba tan borracho que no podía ni moverme. Le dije: Malka, mi dulce esposa, te pido que le digas a los niños que quiero dormir por unos minutos mas". Cada tantos minutos ella entraba y me decía: "Moishele, los niños están llorando"; pero yo no podía ni moverme. Al final entró Malka y me dijo: "Moishele, en unos minutos va a amanecer, ya es tarde para la noche del Seder". Estaba tan quebrantado ... Entonces le dije: "Malka, trae a todos los niños junto a mi". Todos mis hijos, mas dulces que la miel, entraron adonde yo estaba. Ellos eran lo mas sagrado del mundo. ¿Como tuve el mérito de tener hijos así? Les dije entonces a mis hijos: hijos míos, por favor, acérquense y siéntense muy cerca de mi". Y así les dije entonces: "hijos míos, les juro que ya no voy a beber más. Si la bebida es capaz de impedir que yo haga el ‘Séder’ para mis hijos, entonces yo ya no quiero beber más. Ahora perdónenme hijos míos y escuchen atentamente esto, pues les voy a explicar el significado verdadero de la noche del ‘Séder’: "El Santo Bendito Sea creo el mundo en seis días. Luego nacieron Abraham, Yitzjak y Iaacov, y sus hijos fueron vendidos como esclavos a Egipto durante doscientos diez años. Lloraban y no paraban de llorar, pues sus vidas eran realmente insoportables, y estaban colmadas de sufrimientos. Entonces rezaron al Único y Singular, y el Soberano del mundo escuchó sus rezos. En esta noche, de entre todas las noches, El Santo Bendito Sea nos redimió de Egipto. Hijos míos: yo quiero que me juren que nunca se van a olvidar que hay un solo D-s en el mundo. Júrenme que siempre rezarán y que siempre sabrán que hay alguien que presta atención a cada uno de vuestros rezos. Niños, júrenme que no van a parar de rezar al Uno y Único es Su Nombre, durante todos los días de vuestras vidas". "Rabí, continuó diciendo Moishele el aguador: "eso fue todo lo que les dije, y entonces nuevamente me quede dormido". ¡Cuanto lloró el sagrado Rabi Tzvi Elimelej después de haber escuchado sus palabras, cuanto lloró ...!
El piso estaba cubierto con sus lágrimas. Se dirigió entonces a sus jasidim y les dijo: ¿Acaso escucharon alguna vez a un padre judío, contar de esta forma a sus hijos que hay una sola divinidad en el cielo?". Rabi Tzvi Elimelej le dijo a Moishele el aguador: "Bendíceme, para que alguna vez en la vida tenga el mérito de contarle a mis hijos que hay un solo D-s, de la forma en que tú se lo explicaste a tus hijos ayer en la noche del ‘Seder’".
Quiera Hashem que hagan vuestro Seder junto a todas las personas que quieren, y que siempre recuerden que hay Alguien en el cielo, que siempre está atento y escucha vuestros rezos.
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34) El rompecabezas
Un científico, que vivía
preocupado por los problemas del mundo,
estaba resuelto a encontrar los medios para contribuir a disminuirlos. Días
enteros se pasaba en su laboratorio, en busca de respuestas satisfactorias para
sus preguntas.
Cierto día, su hijo de siete años invadió su laboratorio decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió que se fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarlo de allí, pensó en algo que pudiera darle al niño para mantenerlo ocupado. De pronto, encontró una revista en la cual había un mapa del mundo, justamente lo que él precisaba.
Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos, y tomando un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciéndole: -"como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el “mundo” todo roto, para que tú sólo lo repares, sin recibir ayuda de nadie".
El padre pensó que al pequeño niño le llevaría diez días componer aquel mapa.
Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando, pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente diciéndole: "Papá, papá, ya lo hice, conseguí terminarlo".
Al principio el padre no creyó en lo que el niño le estaba diciendo, pues pensó que era imposible que a su corta edad lo hubiese conseguido.
Desconfiado, levantó la vista de sus anotaciones, con la absoluta certeza de que vería un rompecabezas “mal hecho” por un niño.
Grande fue su sorpresa, cuando observo que el mapa estaba armado en forma completa a la perfección.
¿Cómo era posible? ¿Cómo un niño tan pequeño había sido capaz de lograr algo tan difícil y complejo?
El padre se dirigió a su hijo y con asombro le preguntó: -"Hijito, si tu no sabías como era el mundo... ¿cómo lo lograste armar?"
-"Papá - respondió el niño - yo
no sabía como era el mundo, pero
cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado
estaba la figura de un hombre. Lo que hice fue dar vuelta el rompecabezas y
comenzar a recomponer al hombre. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta
la hoja y me dí cuenta que había logrado arreglar el mundo ...".
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35) La paloma blanca
Había una vez una paloma blanca muy hermosa, la cual se veía diferente de todo el resto de las palomas, las cuales en su mayoría eran de tonos marrones y grises.
Ella sabía que era diferente de todas las demás palomas, y ello le generaba una sensación de incomodidad y de confusión.
Un buen día, se presentó la paloma ante el Creador del mundo y preguntó: ¿por qué fui creada distinta al resto de las palomas? Me siento diferente y rara a causa de ello.
El Creador del mundo, la miró con dulzura, y con gran ternura le dijo: “¿Acaso no ves que eres blanca y pura, y que tus alas relucen cual si fueran dos diamantes? ¿Estarías dispuesta a dejar tu brillo y tu belleza simplemente para sentir que eres igual que todas las demás? ¿Acaso un cambio de tu color de alas realmente te beneficiará?
¡Debes comprender: tu belleza radica justamente en que eres distinta. Tú eres única y especial, y nada en el mundo puede compararse con tu inusual belleza. Debes sentirte feliz y orgullosa por haber sido elegida para ser una paloma blanca, pura y diferente.
Nuestras fuentes comparan al pueblo judío con una paloma, siendo el brillo de nuestro judaísmo el que nos distingue y nos hace diferentes y singulares.
Puede ser que a veces nos sintamos un poco incómodos ..., pero el ser distintos es lo que nos otorga nuestra belleza y singularidad …
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36) De mi padre el panadero ...
El Rabino Iejiel Meir de Ostrovetza era hijo de un judío que era panadero de profesión. Una vez, al hallarse sentado junto a un grupo de Admori”m (jefes de grupos jasídicos) que citaban palabras de Torá que habían escuchado de sus antepasados, Rabí Iejiel Meir de Ostrovetza les dijo: “yo de mi padre aprendí que el pan fresco es mejor que el pan de los días pasados ...”, y comenzó entonces a decir sus propias explicaciones acerca de las palabras de la Torá ...
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37) El abolengo
Sobre este mismo tema, se cuenta que una vez llegó ante un Rabino cierta persona, la cual se jactaba de su abolengo familiar, y de los antepasados maravillosos que había tenido. El Rabino, luego de haber escuchado suficiente de aquella persona, lo miro fijamente a los ojos y con gran vehemencia le dijo: “¿Sabe cual es la diferencia entre usted y yo? Que mientras que con usted, aparentemente el abolengo de su familia se termina, el mío, con la ayuda de D-s, recién empieza ...”.
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38) La historia del Graf Pototzki
Quiero contarles una historia muy importante y profunda. Cómo ya explicamos, el rey David y el Baal Shem Tov murieron en la festividad de Shavuot. Sin embargo, hay otra gran tzadik y kadosh (justo y sagrado) que murió también en el día de Shavuot: esta persona es el Graf Pototzki.
El Graf Pototzki, fue uno de los tzadikim y de los conversos más grandes que se unieron en toda la historia al pueblo de Israel.
Todos escucharon hablar de la familia Pototzki, una familia no judía muy conocida en toda Polonia, la cual se dedicaba a la venta y comercialización de la vodka. Debido a que vendían vodka, bebían intensamente día y noche. Se maldecían y se pegaban los unos a los otros, y no les quedaba demasiado tiempo para la vida familiar. El joven Pototzki, que tan solo contaba con dieciocho años, se hartó de ver a sus padres todo el tiempo borrachos, pegándose entre ellos y también a sus hijos.
Un viernes, a la una de madrugada, cuando ya no podía soportar más aquella situación, saltó sobre su caballo y cabalgó en dirección al palacio del rey. De camino, pasó por una posada (es sabido que el único negocio que le estaba permitido ocuparse a los judíos era la venta de vodka en las posadas, y por eso vivían al lado de los palacios), y obviamente, la misma estaba cerrada porque era la noche de Shabat.
El joven Pototzky miró por la ventana, y vio a un judío sentado con pureza y santidad junto sus hijos. Todos estaban sentados alrededor de la mesa, y se miraban los unos a los otros con tanta dulzura y con tanto amor, que él no podía dejar de mirarles.
Pensó para sus adentros: ojalá hubiese tenido una familia así, ojalá mis padres se hubieran sentado conmigo, aunque sea una sola vez, tal como aquel simple judío lo hacía junto a su familia en la noche del viernes.
Se dirigió hacia la entrada y decidió golpear la puerta.
En aquellos días, cuando un gentil golpeaba la puerta, se sentía cierto “olor” a peligro en las casas de los judíos.
El dueño de casa abrió la puerta y le preguntó al joven Pototzky: “¿Cómo te puedo ayudar?” Pototzki le contestó: “¿Acaso puedo unirme a ustedes?”. Pototzki entró y maravillado observaba, diciéndose a si mismo: D-s mio, ¡qué dulzura tenía aquel simple judío!, ¡qué santidad que tienen los judíos!
El comprobó cuán preciados y sagrados son los judíos en la noche de Shabat. El judío más pobre es un rey de reyes; y avergüenza a todos los reyes del mundo en ello.
Cuando terminaron de comer, Pototzki le preguntó: “¿puedo volver la semana próxima?” El judío le contestó: “puedes venir todas las semanas”. Y así, poco a poco, empezó a llegar todos los Shabatot, comenzando a estudiar la Torá y a conocer a sus mitzvót.
Una cosa más muy importante, deseo contarles señores míos: Aquel judío tenía una hija muy linda y sagrada, y a Pototzki le quedaba claro que ella era su pareja del cielo.
Sin embargo, Pototzki todavía no era judío, y convertirse en Lituania era algo sencillamente arriesgado e imposible. Primero, había sobre ello pena de muerte, y segundo, de seguro que al día siguiente habría un pogrom (persecución) en contra de los judíos.
Pototzki decidió que viajaría a Holanda por algunos años, y allí se convertiría para luego regresar.
De pronto, desapareció Pototzki de su ciudad natal.
Yo no sé cuanto lloraron sus padres por su desaparición, pero después de tres años, finalmente regresó, y ya nadie lo podía reconocer.
Su alma era un alma verdaderamente sagrada. Cuando era un bebé y su madre lo paseaba en su cochecito, de pronto comenzó a llorar. El sagrado Baal Shem Tov pasó en aquel instante por el otro lado de la calle, y entonces le dijo a sus jasidim: “¿Ven ustedes a aquel bebé? Él estuvo parado con nosotros frente al monte Sinai”. El Baal Shem Tov fue al cochecito y levantó al bebé. El bebé estaba tan feliz y contento que se reía sin parar. Los jasidim que vieron eso, sabían que aquel bebé era seguramente algo muy especial, mas solamente ahora somos capaces de entender el porqué.
Regresó el Graf Pototzki después de tres años, y no solo que se sabía todo el Talud a la perfección, sino que además se había transformado en un sagrado kabalista. Él logró en tres años, lo que parte de nosotros no hubiéramos logrado en miles de reencarnaciones. Se casó entonces con la hija de aquel judío, y con sus “peot” y su larga barba, sencillamente era irreconocible.
Lamentablemente, en el Beit Haknéset donde él acostumbraba a rezar, había un judío que aparentemente la faltaba cierto grado de santidad, y solía hablar todo el tiempo en medio de la tefilá.
El Graf Pototzki le rogaba: “¡por favor, no hables en medio de la tefilá, molestas a todos con tu voz!”.
Cierta vez, el Graf Pototzki se acercó al judío que hablaba y le dijo: “En verdad, no está bien que hables tan ruidosamente molestando a los demás”. Aquel judío se dirigió al Graf Pototzki y en voz alta dijo ante los allí presentes: “¡fíjense lo que sucede aquí, viene un converso y me dice lo que tengo que hacer!”. En el instante en que dijo eso, se reveló su secreto, y la gente comenzó a averiguar acerca de su pasado.
Después de una semana, su madre no judía lo reconoció y la policía lo detuvo. Ella vino con un cura, y éste le dijo que había una iglesia que tendría compasión de él, y que estaba dispuesta a recibirlo a pesar de sus transgresiones. Mas si él no retornaba a la iglesia, entonces tendrían que quemarlo en la hoguera.
Fijaron la fecha para su quema en la festividad de Shavuot. ¡Qué gran mérito es poder elevarse de este mundo en conjunto con la sagrada Torá en el día de Shavuot! Entre los grandes tzadikim de aquella época estaba también Alexander Zizkind, autor del libro “Iesod Haavodá”. Él también se contaba entre los grandes kabalistas de su época. A pesar de lo peligroso que podía ser para un judío aparecer en el día de la hoguera, Rabí Zizkind decidió que él debía de estar allí presente, para decir junto al Graf Pototzki su último “Shmá Israel”, acompañándolo en nombre de todo el pueblo de Israel.
Es obvio que el Rav Zizkind tenía un nivel espiritual suficientemente elevado como para hacer una cosa así.
Trepó entonces a un árbol muy alto, y no necesitó de comida ni de ninguna otra cosa material. Cuando llegó el momento de la quema, todos los gentiles gritaron fuertemente: “¡muerte a los judíos!”, e inmediatamente procedieron a quemarlo. Rabí Zizkind le gritó entonces al Graf Pototzki: “tú no estás solo, yo estoy aquí para acompañarte en nombre de todo el pueblo de Israel”. Y entonces, juntos dijeron con gran concentración el “Shmá Israel”
¡Qué “Shmá Israel” sagrado que dijeron. ¡Hasta el día de hoy aún se lo puede escuchar ...!
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39) Ayudando a casar a una novia
El Kaiser Maximiliano, rey de la ciudad de Praga, quería y respetaba a Rabí Mordejai Maizel, quién era uno de los hombres de negocios más respetados y prominentes de su tiempo, el cual realizaba todas sus transacciones con gran rectitud y honestidad.
Una vez, como señal de reconocimiento hacia su persona, el Kaiser Maximiliano le entregó de regalo una enorme cadena de oro a Rabí Mordejai Maizel, cadena que el Kaiser en persona solía utilizar.
Una vez, cuando Rabí Mordejai Maizel salió a caminar por las calles de Praga, vino hacia él una persona pobre y honrada, la cual le solicitó que lo ayude para poder casar a su hija, pues ésta había llegado a la edad de contraer matrimonio, y no tenía ni siquiera una cantidad mínima de dinero para poder casarla.
Se fijo Rabí Mordejai Maizel cuanto dinero tenía en su bolsillo, y no encontró ninguna moneda que sea digna de entregarle a aquel señor.
Se quitó Rabí Mordejai Maizel la cadena de oro que le había entregado el Kaiser, y se la dio al pobre diciéndole: “toma esta cadena, véndela y así podrás casar a tu hija”.
El hombre pobre se negó a aceptar la cadena de oro y le dijo a Rabí Mordejai: “Mi señor benefactor, de ninguna manera puedo tomar el regalo que el Kaiser le entregó a usted en persona, pues si el Kaiser se llega a enterar, se va a sentir sumamente ofendido por la forma cómo usted se desprendió de dicha cadena. Mañana pasaré por su negocio, y allí usted me podrá entregar cuando dinero deseé.
Sonrió Rabí Mordejai Maizel y con gran dulzura le dijo: “También mi dinero y todos mis bienes me fueron entregados como regalo por el Rey de los Reyes, el Santo Bendito Sea, y si tengo permiso de Él para entregar regalos a personas necesitadas, de los regalos que Él me da, cuanto más que estoy autorizado para dar de los bienes que el Kaiser, quién es un rey de carne y hueso, me ha entregado.
Además quiero darte un consejo: toma ahora esta cadena que te estoy entregando, pues en este momento se despertó la generosidad de mi corazón para darte un regalo así. ¿Quién sabe si mañana, cuando vengas a mi negocio, voy a tener la inspiración de darte, tal como la tengo en estos momentos?
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40) Vivir en Israel
Rabí Aizel Jarif consideraba a cada judío que hacía aliá a Israel como a una persona sumamente sagrada, como a un verdadero “justo” en el más amplio sentido de la palabra.
Una vez, entró una de las personas allegadas a Rabí Aizel y vio que el estaba con su cabeza agachada, esperando a que un judío simple coloque sus manos sobre su cabeza para otorgarle su bendición. Dicha persona no comprendió el porque de tan sorprendente conducta.
Cuando falleció Rabí Aizel y dicha persona fue tras su féretro, los alumnos de Rabí Aizel se acercaron y le preguntaron acerca de lo que había sucedido aquella vez, cuando colocó su mano sobre la cabeza de Rabí Aizel.
Les dijo aquel señor: lo que sucedió fue que yo iba a realizar mi aliá a la tierra de Israel y entré con Rabí Aizel para que me bendiga antes del viaje. Al escuchar que yo me iría a vivir a la tierra de Israel, se dirigió a mi y me dijo: en lugar de que yo te bendiga a ti, tu debes de bendecirme a mí; pues tu eres la persona sagrada que se radicará en la tierra de Israel. Es por ello que yo coloqué mis manos sobre su sagrada cabeza y lo bendije ...
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41) Unión de letras
Una vez se dirigió el Baal Shem Tov a sus jasidim y les pidió que salgan a las afueras de la ciudad de Mezivoz, pues allí encontrarían a uno de los sabios y justos de la generación.
Fueron a dónde el Baal Shem Tov les había dicho y vieron a un judío sentado en el campo, quien cantaba y recitaba las letras del Alef Bet. Al finalizar decía: Soberano del Mundo. Tu creaste el Alef Bet y tu combinas todas sus letras. Yo no se como alabarte ni como rezarte. Padre Celestial: Combina Tú las letras de la mejor manera posible, y considerada a esta como mi alabanza, pues sin duda Tú sabrás hacerlo mejor que yo.
Cuando regresaron y le contaron al Baal Shem Tov lo que habían visto, el Baal Shem Tov les dijo: hay veces que lo que puede lograr un judío con su simpleza, ni el más grande de los sabios es capaz de lograrlo mediante sus rezos ...
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Una vez, al finalizar Iom Kipúr, no se podía ver la luna debido a una gran capa de nubes que cubría el cielo, lo cual provocó que el Baal Shem Tov se lamentase profundamente. Ello se debía a que si no podían decir la “Santificación de la Luna” (Kidúsh Lebaná) al finalizar Yom Kipúr, ello supuestamente representaba un mal augurio para el pueblo de Israel.
Sus alumnos no sabían nada acerca de la “gravedad” de no poder santificar la luna en la finalización Yom Kipúr; mas mientras esperaban que el cielo se despeje, se pusieron a cantar y a bailar alegremente.
Ellos bailaban, y la alegría y el entusiasmo crecían minuto a minuto. Tan grande fue su alegría que tomaron al Sagrado Baal Shem Tov de la mano, y lo llevaron al círculo para que bailase junto a ellos, hasta que la alegría de los jasidim llegó prácticamente hasta el corazón del cielo.
Todavía estaban bailando, cuando de pronto, las nubes se corrieron hacía un lado y apareció la luna en todo su esplendor.
El Baal Shem Tov ordeno inmediatamente “Santificar la Luna” y así lo hicieron todos sus alumnos junto a él.
Después de ese suceso, el Baal Shem Tov les contó a sus alumnos que lo que él no logró hacer por medio de sus rezos, lo lograron hacer ellos mediante el baile y la alegría que sintieron en aquel entonces: logrando que las nubes se disipen y que la Luna finalmente pudiese ser santificada.
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43) Santificando el Nombre de D-s
El sabio Rabí Jaim Yosef Gottlib, era un conocido vendedor de ropas en Hungría, el cual era reconocido por su gran rectitud y por su enorme temor de D-s.
Una vez, entró a su negocio una persona no judía, la cual dijo que necesitaba comprarse un saco nuevo.
El gentil se quitó su saco viejo y le pidió al dueño de la tienda que lo botase a la basura. Se probó su saco nuevo, lo pagó y se retiró de la tienda.
Al día siguiente, luego que ya hubieron retirado la bolsa de basura del negocio y quemado su contenido (pues así se hacía antiguamente con la basura), se recordó el gentil que se había olvidado de sacar una importante suma de dinero que tenía guardada en su saco viejo, antes de pedirle al dueño de la tienda que lo botase a la basura ...
El gentil se comenzó a sentir muy mal por la gran perdida que había tenido, y apesadumbrado se dirigió a la tienda del judío para ver cual había sido el destino de su saco. Cuan grande fue la sorpresa que tuvo, cuando al pisar la puerta de entrada, el vendedor judío le extendió su mano con el fajo de billetes que el gentil había dejado por error en su saco.
El vendedor judío se dirigió al gentil y le dijo: “Antes de botar su saco a la basura, se me ocurrió revisarlo por las dudas. En uno de los bolsillos encontré este dinero: ¡es suyo, lléveselo!
El gentil comenzó a saltar de alegría y no descanso hasta que bendijo al D-s de los hebreos por los sagrados hijos que tenía,
Cuando le quiso pagar al judío una suma de dinero por haber actuado con rectitud, el judío se negó a recibirla, explicándole que no hay mérito más grande que actuar correctamente y hacer la voluntad del Creador.
Asombrado y feliz, se retiró el gentil de aquel negocio, y a cada lugar que iba, le contaba a las personas acerca de la rectitud con la que actuaban los integrantes del pueblo de D-s ...
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44) Actos de bondad
Cuando Rabí Pinjas de Uzida - autor del libro Midrash Shmuel sobre el Tratado de Avot - era aún una persona joven, entró en pleno día de semana vestido con sus ropas sabáticas para visitar al Arí Hakadosh. Al verlo el Arí Hakadosh, se levantó en su honor para recibirlo.
Al salir Rabí Pinjas de Uzida, su alumno Rabí Jaim Vital, le preguntó por qué le había dado tanto honor a aquel joven, parándose para recibirlo. A esto el Arí Hakadosh le contestó: me he levantado en honor a Rabí Pinjas ben Yair (sabio de la época de la Mishná), cuya alma se encontraba en ese momento acompañando a dicho joven.
Al escuchar esto, salió Rabí Jaim Vital en búsqueda de aquel joven. Al encontrarlo, se dirigió inmediatamente a él y le preguntó: ¿Qué mitzvá grande has hecho el día de hoy? Rabí Shmuel le contestó diciéndole: “De camino al Beit Hakneset, escuche ruidos de llantos que salían de una de las casas que se encontraban en mi camino. Fui a averiguar la causa de dichos llantos, y me contaron que en la noche anterior entró un ladrón a la casa, y se robó todas las ropas de los habitantes de aquel hogar, no teniendo siquiera ropa para poder salir a la calle.
Me dirigí diligentemente a mi casa, y me puse de inmediato mis ropas sabáticas, entregándoles a ellos las ropas que uso durante los días de la semana, logrando que puedan salir normalmente de su casa, sin llamar la atención de los transeúntes”. Cuando le contó Rabí Jaim Vital la acción que aquel joven había hecho a su Rabino el Arí Hakadosh, éste le dijo: “debido a que cumplió con la bonita mitzvá de ayudar a las personas necesitadas, en el interior de su alma brillo el alma de Rabí Pinjas ben Yair, quien toda su vida se dedico a hacer actos de generosidad para con sus semejantes ...”.
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El corazón de Rabí Yitzjak de Vorka, siempre estaba sensible a los problemas que aquejaban a sus semejantes, incluso en las cuestiones más comunes y corrientes.
El siempre se sentía identificado con la persona que sufría o que se hallaba apenada, sintiendo su dolor como el suyo propio.
Si a alguna persona le sucedía que las fuentes de su sustento se acababan, o que las dificultades en la crianza de sus hijos aumentaban, que su hija había crecido y no tenía dinero para casarla, o que su mujer enfermó y los médicos se dificultan en encontrar el medicamento para curarla, e inclusive si la vaca que había en el establo ya no podía dar más su leche, todos ellos llegaban ante Rabí Yitzjak de Vorka en busca de ánimo y de consuelo.
Su cálido y sensiblhe oído, captaba cada quejido y cada llanto que salía del corazón de su hermano que sufría.
Los sufrimientos estremecían a su corazón tal como el fuerte viento hacía temblar las ramas de los árboles.
Rabí Yitzjak era un gran estudioso y una persona de un alto nivel espiritual, mas a su vez era un guía accesible y sencillo, cuyo consejo iluminaba a todo aquel a quién podía ayudarle.
Comerciantes y vendedores, obreros y artesanos, todos ellos venían ante Rabí Yitzjak a relatarle las preocupaciones que cotidianamente los aquejaban. El era capaz de descender de los niveles más elevados de la introspección espiritual, para auxiliar a su hermano que se hallaba en un momento de dolor.
Esta excelsa conducta que marcaba la forma de actuar de Rabí Yitzjak, estaba sustentada por el versículo de la Torá que enseñaba acerca del trabajo del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) en el Beit Hamikdash en el día de Yom Kipur. Sobrhe dicho trabajo está escrito: “Y se quitó las ropas y vistió otras ropas” (Vaikra 6, 4). De este simple versículo, Rabí Yitzjak aprendía, que aquel que es un guía espiritual, debe estar dispuesto a descender del álgido lugar en el cual se encuentra, para ocuparse de las cuestiones más cotidianas del judío más simple.
Un líder verdadero, debe tener la capacidad de cambiar de ropas tantas veces como sea necesario, para así ayudar a todas las personas que lo necesitan ...
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Hace algunos siglos, el Papa decidió que todos los judíos debían dejar el Vaticano.
Naturalmente, hubo un gran alboroto de parte de la comunidad judía local, motivo por el cual El Papa decidió hacer un trato. El tendría un debate religioso con un miembro representante de la comunidad judía. Si el judío ganaba, los judíos se podrían quedar. Pero si el Papa ganaba, ellos deberían irse.
Los judíos comprendieron que no tenían otra opción, así que eligieron a un hombre de edad media llamado Moishe, para que los representara a la comunidad en aquel debate. Moishe pidió que se hiciera una adición al debate; que para hacerlo más interesante, a ninguno de los dos lados le estaría permitido hablar. El Papa aceptó.
El gran día del debate finalmente llegó, y Moishe y el Papa se sentaron uno frente al otro para debatir.
Durante un minuto el Papa levantó su mano y mostraró tres dedos. Moishe lo miró seriamente a los ojos y levantó un dedo. El Papa movió sus dedos en círculo sobre su cabeza. Moishe apuntó a la tierra donde estaba sentado. El Papa sacó una hostia y un vaso de vino. Moishe sacó una manzana. El Papa se levantó y dijo: "Me rindo. Este hombre es muy bueno. Los judíos se pueden quedar".
Una hora después, los cardenales estaban todos alrededor del Papa preguntándole lo que había pasado. El Papa dijo: "Primero, yo levanté tres dedos en representación de la Trinidad. El respondió levantando un dedo para recordarme que hay un solo D-s para todas las religiones. Después moví mis dedos sobre mí, para enseñarle que D-s estaba alrededor de todos nosotros. El respondió apuntando a la tierra, mostrándome que D-s también se encontraba aquí junto a nosotros. Yo saqué el vino y la ostia, para enseñarle que D-s nos absuelve de todos nuestros pecados. El sacó una manzana, para recordarme que del pecado original no nos absuelve. ¿Qué podía hacer yo?, preguntó el Papa"
Mientras tanto, la comunidad judía se amontonó alrededor de Moishe. "¿Qué pasó?", le preguntaron. "Bueno", dijo Moishe, "primero él me dijo que todos los judíos teníamos tres días para irnos de aquí. Yo le dije que ni siquiera uno de nosotros se iba a ir. Después él me dijo que iban a limpiar toda la ciudad de judíos. Yo le hice saber que todos nosotros nos quedaríamos aquí". "¿y después?", preguntó una mujer. "Yo no sé", dijo Moishe, "él sacó su refacción y yo saqué la mía".
47) Pagar a tiempo.
Una vez, cuando Rav Zusha era muy pobre, junto dinero centavo a centavo, para alegrar a su esposa comprándole un vestido. Cuando tuvo la cantidad suficiente, se la dio y ella se fue al sastre para que se lo teja. El sastre que también era muy pobre, y estaba por casar una hija, trabajo arduamente durante más de una semana hasta que finalmente se lo pudo entregar. Cuando llego la esposa de Rav Zusha, vio que el sastre estaba triste y decaído. Al preguntarle por el motivo de su tristeza, le contó que cuando estaba haciéndole su vestido, entro su futuro suegro pensando que de seguro aquel era el vestido de bodas. Cuando le dije que no era y que se lo iba a dar a la esposa de Rav Zusha que lo encargó, se enojo mucho conmigo, a tal punto que amenazo con anular el casamiento si no le hacía uno igual. Al escuchar la historia, la esposa de Rav Zusha, decidió regalarle su vestido a la hija del sastre, para que lo use como vestido de bodas para su casamiento. Cuando regreso a su casa y le contó a su marido que había regalado su vestido, su marido le preguntó si le pagó al sastre por el trabajo que había realizado. Ella sorprendida le dijo: ¿Pagarle por su trabajo? ¡Si todo el vestido se lo regale! Le dijo entonces Rav Zusha: ¿qué tiene que ver que le diste el vestido de regalo con el pago de su salario? Él trabajó durante más de una semana esperando recibir el pago para poder alimentar a sus hambrientos hijos . ¿Es que acaso por haberle dado el vestido de regalo, estás exonerada de pagarle por el trabajo que hizo? Inmediatamente se dirigió la esposa de Rav Zusha a lo del sastre, y le pago por lo trabajado ...
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Una vez, llegaron ante Rabi Leibele de Bialistock, el autor del libro “Oneg Iom Tov”, dos personas que tenían un litigio en torno de sus tierras. Una decía: “este pedazo de tierra me pertenece y el limite entre nosotros pasa después de este pedazo” y la otra decía “este pedazo de tierra a mí me pertenece, y el limite pasa antes de dicho pedazo”.
Pidió el Rabino que lo lleven a conocer el terreno, y partió junto a los dos litigantes a ver el campo. Al llegar al lugar continuaban gritándose acaloradamente el uno al otro. Uno decía: “la tierra es toda mía” y el otro decía “la tierra es toda mía”.
De pronto, el autor del libro “Oneg Iom Tov” se agachó acercando su oído a la tierra, y entonces les dijo: “la tierra dice que ustedes dos son míos ...”.
Muchas veces nos involucramos demasiado intensamente en las cuestiones de índole terrenal, perdiendo la proporción adecuada de las mismas, y olvidándonos que a los ciento veinte años, también nosotros regresaremos finalmente a allí ...
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51) El Regreso a la Tierra de Israel.
Rabí Shmuel Moholiver visitó una vez San Peterburgo. Allí se realizó una fiesta en su honor, donde dio un discurso en favor de “los amantes de Tzión”. El Profesor Noaj Baksht, que se oponía en aquel entonces a dicho movimiento, se levantó y en voz alta dijo: ¿En verdad usted cree que se puede levantar un Estado Judío en la Tierra de Israel?
Rabí Shmuel con voz calma le contestó diciéndole: “Yo también tengo una pregunta para usted: cuándo su padre le envió al colegio, ¿acaso él sabía que su hijo Noaj se transformaría en un Profesor? ¿Cuál fue pues el pensamiento que paso por la cabeza de su padre al enviarlo a estudiar en el colegio? Seguramente él pensó así: si mi hijo logra aprender el lenguaje del país en el colegio, definitivamente eso sería muy bueno. Si además logra terminar sus estudios en el colegio y transformarse en un comerciante ilustrado ¡pues qué mejor! Y si encima luego es aceptado en la Universidad y logra transformarse en un profesor ¡eso sería verdaderamente excelente ...! Así también decimos nosotros acerca del asentamiento en la tierra de Israel: ¡Vayamos a asentarnos en la tierra de Israel! Si logramos encontrar allí nuestro sustento, ¡pues que bueno! Si además logramos erigir un centro espiritual, ¡pues qué mejor!, y si además llegamos algún día a poder erigir un Estado propio, ¡eso será verdaderamente excelente!
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53) Lo que se olvidó Rabí Simja Zisel
El Rabino Simja Zisel de Brody, Jefe de la Yeshivá de Jebrón, era muy estricto en el trato respetuoso y sensible que tenía para con su esposa.
Contó uno de sus alumnos, que una vez, cuando ya era muy anciano y le costaba bastante caminar, salió junto a Rabí Simja Zisel para ir a visitar a una determinada persona. Cuando estaban bastante lejos ya de su casa, se detuvo de pronto Rabí Simja Zisel y le pidió a su alumno que regresaran de inmediato.
Debido a la dificultad que tenía en caminar, intento su alumno disuadirlo para que lo dejará ir a él en su lugar, mas Rabí Simja Zisel insistió de que debía ser él quién regresase personalmente a su casa, pues se olvido de un asunto de suma importancia que solo él podía resolver.
Cuando abrió la puerta de su hogar, se dirigió al cuarto donde se hallaba su esposa y le pidió disculpas por haberse ido de su casa sin haberse despedido de ella.
Una vez hecho esto, se dirigió a la puerta y salió nuevamente junto su alumno, a realizar la visita que tenían planificada ...
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Se cuenta que Rabí Elazar Shapira de Munkatch, reunió una vez a sus alumnos y les contó la siguiente historia: Rabí Levi Yitzjak de Berditchev, el gran abogado defensor del pueblo de Israel –que su mérito nos proteja–, cuando yacía en su lecho de muerte, antes de cerrar sus ojos les dijo a sus allegados: ¿Acaso ustedes no están sorprendidos que todos los justos que durante sus vidas movieron cielo y tierra para anular los decretos negativos sobre el pueblo de Israel, ahora están en el cielo disfrutando del Paraíso y ya no hacen nada para poner fin a los sufrimientos del pueblo de Israel? Yo me pregunto: ¿Por qué no hacen temblar el Trono Celestial para que Hashem decida finalmente enviar al Mashíaj? ¿Dónde está Rabí Moshé Leib de Sasov, que tanto amaba al pueblo de Israel, que inclusive cuando un bebé judío lloraba él no podía tener descanso por ello? ¿Dónde está el sagrado Baal Shem Tov? ¿Por qué ellos no aceleran la llegada del Mashiaj para que cesen los sufrimientos del pueblo de Israel?
Nadie de los allegados supo responder a esta pregunta. Luego que Rabí Levi Yitzjak se recuperó uno poco, se dirigió a ellos y les dijo: Cuando un justo llega al Cielo, inmediatamente lo llevan a su lugar en el Paraíso. Ángeles celestiales resplandecientes lo reciben con rostros plenos de amor, lo toman de sus brazos y lo conducen de una “sala” a la otra, hasta que finalmente llega su lugar en el Paraíso. La belleza y la majestuosidad de las esferas celestiales enceguecen a los ojos del justo, y de tanta sorpresa y excitación que esa experiencia espiritual le provoca, rápidamente se olvida de todos los sufrimientos del pueblo de Israel.
Le es muy difícil al justo abandonar la majestuosidad de las dimensiones espirituales para ocupar su mente en los sufrimientos de los seres mortales. Todos los asuntos que preocupan a los mortales son vistos como cuestiones superfluas y sin sentido cuando uno llega al Mundo Venidero. Rabí Levi Yitzjak reflexionó por unos instantes y entonces les dijo a sus alumnos: Sin embargo, yo les prometo que a mi no me van a enceguecer. Yo no voy a pasearme por las esferas celestiales mientras el pueblo judío está sufriendo en este mundo. No voy a escuchar las voces de los ángeles celestiales que me inciten a avanzar, y no voy a entrar en las puertas del Paraíso. No voy a callar hasta lograr que mis rezos por el bienestar del pueblo de Israel sean recibidos. Cuando Rabí Moshé Teitelbaum escuchó lo que Rabí Levi Itzjak había prometido, les preguntó a quienes lo rodeaban: Y bien, ¿dónde está el gran justo Rabí Levi Yitzjak de Berditchev, aquel que prometió que a sus ojos no los iban a lograr enceguecer? Y les respondió: Cuando Rabí Levi Yitzjak murió y los ángeles lo fueron a buscar para conducirlo al Paraíso, él se negó a entrar diciéndoles: no quiero vuestro Paraíso, a mi no me van a lograr enceguecer. Deje sufriendo a los judíos en el mundo terrenal, mientras ellos esperan la tan ansiada Redención. No voy a callar. Voy a demandar a Hashem a juicio hasta que finalmente acepte traer al Redentor, y no entraré al Paraíso hasta que no lo envíen. Inmediatamente, prosiguió contando, hubo un gran tumulto entre los ángeles del cielo, pues todos los patriarcas, tanaítas y justos, estaban esperando ansiosos su llegada. Sin embargo, Rabí Levi Yitzjak se mantenía firme en su postura. ¿Qué hicieron pues los ángeles? Como ustedes saben, Rabí Levi Yitzjak sabía tocar muy bien el violín. Fueron entonces los ángeles celestiales a buscar al Rey David a las puertas del Paraíso, y éste comenzó a tocar hermosas melodías. Comenzó Rabí Levi Yitzjak de Berditchev a escuchar aquellas bonitas melodías y poco a poco fue acercándose al umbral del Paraíso, hasta que finalmente lo pasó y las puertas se cerraron tras de él. ¿Y que pasó con Rabí Moshé de Wohl que dijo que como él no sabía nada de música, a él no lo iban a lograr seducir para entrar al Paraíso? Como ustedes saben, a Rabí Moshé de Wohl le gustaba mucho hacer razonamientos lógicos en base a las enseñanzas del Talmud. Cuando Rabí Moshé se negó a entrar en el Paraíso, trajeron a un grupo de sabios a las puertas del Paraíso para que Rabí Moshé de Wohl los escuche. Tuvo de pronto un gran deseo de hacer conocer sus opiniones a aquellos sabios, e inmediatamente comenzó su alocución. Lentamente mientras hablaba, se fue acercando al umbral del Paraíso hasta que finalmente lo paso y las puertas se cerraron tras de él. Finalizó el Rabí de Munkatch diciéndoles: Y así se pasean todos los justos en el Paraíso ante la majestuosidad de la Presencia Divina, olvidándose de nosotros los mortales. De esto aprendemos, que a pesar que los méritos de los justos nos protegen en este mundo y en el mundo venidero, no hay en quién verdaderamente apoyarnos, sino en nuestro Padre Celestial.
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55) El mérito de nuestra matriarca Rajel
Cuando fue destruido el primer Beit Hamikdash, y el pueblo judío fue conducido al cautiverio en Babilonia, en primer lugar se presentaron los patriarcas ante Hashem.
Comenzó Abraham Avinu a hablar ante Hashem y le dijo: Cuando tenía cien años me diste un hijo, y cuando éste llegó a la edad de treinta y siente años, me ordenaste que lo entregue en sacrificio. Fui cruel en ese momento, no tuve compasión de él, y con mis propias manos lo ate en el altar. ¿Es que acaso no tomarás la fe que puse en mi acción y no tendrás compasión de mis hijos?
Continuó Yitzjak y le dijo a Hashem: Hashem, Rey Todopoderoso: cuando mi padre me ató en el altar, yo me ofrecí voluntariamente en sacrificio, y Tú, ¿no tendrás compasión por mis hijos en mérito a mi acción?
Siguió luego Yaacov y le dijo: “Hashem, veinte años trabaje en la casa de Labán y cuando salí de allí, me encontré con Esav y éste quiso matar a mis hijos. Yo me ofrecí en lugar de ellos, y ahora mis descendientes están en manos de sus enemigos, como ganado que es llevado en sacrificio. He sufrido toda mi vida hasta la ancianidad por el bien ellos, ¿Y Tú no les tendrás compasión ?
Luego vino Moshé y dijo: “Hashem Todopoderoso, es que acaso no fui el fiel pastor del pueblo de Israel, y corrí delante de ellos como un caballo en el desierto, y cuando llegó la hora en que debía entrar a la tierra de Israel, fui condenado a morir en el desierto. Y ahora que fueron desterrados, has ordenado que los vele y llore por ellos?, ¿Y Tú no les tendrás compasión ?
Luego llegaron Irmiahu y Moshé a ver a los cautivos que estaban sentados a la vera de los ríos de Babilonia. Cuando lo vieron, gritaron los cautivos: “He aquí Moshé, él nos sacara del cautiverio”. Moshé entonces les respondió: Ha sido ordenado que seáis expulsados de Israel. Elevaron su voz quejumbrosa prorrumpiendo en la plegaría: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aún llorábamos acordándonos de Tzión” (Tehilim 137).
Cuando llegó Moshé ante los Patriarcas, éstos le preguntaron: ¿Qué ha ocurrido con nuestros hijos? Y Moshé les respondió: “Unos fueron asesinados, a otros le ataron sus manos con hierros y les han quitado sus ropas. Otros han sido entregados a las aves de rapiña, y otros murieron por la sed. Irrumpieron entonces los patriarcas en llantos y lamentos.
Y le dijo entonces Moshé a Hashem: “Todopoderoso, ¿es que acaso no está escrito en tu Torá “no matarás al hijo y a su madre en el mismo día, sea buey o carnero, no degollaras en un día a él y a su hijo” (Vaikra 22, 28), y hoy están matando a la madre y a su hijo en el mismo día?
En ese momento, se presentó Rajel nuestra matriarca ante Hashem e imploró diciéndole: Hashem Todopoderoso. Tu sabes que Yaacov tu siervo me amaba y trabajo por mí durante siete años, y yo tuve compasión de mi hermana Lea, y se lo entregué en mi lugar (para que no sea públicamente avergonzada), y esperé por él otros siete años para poder ser su esposa.
¡Yo, que soy de carne y hueso no tuve celos de ella. Y Tú que eres Todopoderoso, has tenido celos de los ídolos de piedra y madera que tus hijos han servido, y por culpa de ellos han sido desterrados y asesinados por la espalda, y sus enemigos han hecho con ellos todo lo que han querido! ¿Y Tu no tendrás compasión?
Al escuchar el justo razonamiento de nuestra matriarca Rajel, la compasión de Hashem se despertó sobre su pueblo y entonces exclamó : “Por ti, Rajel, por ti haré retornar a Mis hijos a su tierra”.
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56) El amor por la Torá de Hilel
Cuentan nuestros sabios, que una vez llegó una persona muy pobre ante el Tribunal Celestial y entonces le preguntaron: ¿Por qué no estudiaste Torá?
El contestó: Porque era pobre y toda mi vida tuve que ocuparme en trabajar para así poder conseguir mi sustento. El Tribunal Celestial insistiendo le dijo: ¿Acaso fuiste tan pobre como Hilel?
Cuentan nuestras fuentes, que el anciano Hilel trabajaba todos los días, ganando una sola moneda diaria. De lo que ganaba, la mitad del dinero lo daba para el guardián del Beit HaMidrash y la otra mitad le servía para sostenerse a si mismo y a su familia. Un día, Hilel no encontró trabajo, y el guardián del Beit HaMidrash no le permitió entrar. Subió Hilel al tejado junto al tragaluz, para así poder escuchar mejor las enseñanzas que los sabios Shmayá y Avtalión impartían.
Aquel crudo día de invierno, era viernes víspera de Shabat, y la nieve había caído durante toda la noche por aquel lugar.
Al amanecer, Shmayá le dijo a Avtalión: Avtalión hermano mio, todos los días tenemos bastante claridad en la casa, pero hoy ésta está muy oscura: ¿será que el día esté tan nublado? Miraron por la chimenea y vieron la cara de un hombre dibujándose a través del tragaluz. Al subir al tejado, encontraron a Hilel, sobre el cual habían tres codos de nieve. Lo bajaron, lo lavaron, le frotaron su piel con aceite y lo sentaron frente al fuego.
Al observarlo, se miraron mutuamente y dijeron: Por un hombre que posee una entrega tan grande para estudiar Torá, el Shabat merece ser profanado (pues encendieron fuego para calentarle y salvarle la vida).
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57) Tomar en cuenta a todos ...
El Gaón (genio) Rabí Natan Adler de Frankfurt, conocido como “el Gran Águila”, fue una vez invitado a una aldea, para ser el Sandak de un Brit Milá y pasar la noche junto al niño antes del día de su circuncisión. Rabí Natan Adler llegó a la aldea a medianoche. Era una noche especialmente fría de invierno, y la nieve cubría a toda la superficie de la tierra. Rabí Natan se calentó un poco al lado de la estufa que había en el salón de la casa a la cual había sido invitado, y luego de haber descansado un poco y recuperado sus fuerzas, salió otra vez para afuera.
Luego de transcurrida media hora sin que Rabí Natan Adler regresase, comenzaron preocupados a buscarlo. Salieron a la calle y vieron, que en medio de la oscuridad, había una forma humana al lado de la carroza en la cual había llegado a la aldea. “¿Quién eres?” le preguntaron aquellas personas. “Soy Natan de Frankfurt” les contestó. Enseguida se acercaron a él, y vieron que una gruesa capa de nieve lo cubría y que estaba tiritando de frío y tosiendo.
“¿Qué le pasó?”, le preguntó atemorizado el dueño de la casa, “¿acaso mi casa no es apropiada para usted? “De ninguna manera” le contestó. Sin embargo, cuando estaba dentro de la casa, calentándome al lado de la estufa, pensé en mi pobre cochero, quien de seguro se estaba congelando de frío allí afuera. Decidí salir por unos minutos a cambiarlo, para que también él se calentase, y aún no ha regresado ...”. Corrieron hacia la casa, y vieron que el cochero se hallaba durmiendo acurrucado a lado del pequeño horno caliente ...
Quisieron despertarlo inmediatamente, pero Rabí Natan enérgicamente se los prohibió. Finalmente, buscaron en la casa un lugar adecuado para que también los caballos pudiesen calentarse, y recién, luego Rabí Natan Adler se fue a dormir.
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Una vez, llegó uno de los alumnos de Rabí Noaj de Lekowitch a visitarlo a su casa. Le pidió que le diga palabras de Torá que lo motiven a mejorar sus cualidades y arrepentirse por sus malas acciones.
En ese mismo instante, comenzó a campanear el reloj de pared que se encontraba en la casa. Rabí Noaj de Lekowitch le dijo a su alumno: “¿Acaso necesitas de un maestro mejor que los sonidos de la campana de un reloj?. A cada hora suena para recordarnos que otra hora más de vida acaba de pasar ...”.
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Un judío siempre se encuentra de camino a Ierushalaim (Jerusalem). No hay dolor en el mundo que pueda provocar que me olvide de Ierushalaim. Tampoco hay alegría en el mundo que pueda provocar que me olvide de Ierushalaim.
Nuestro sagrado Rabino el Maguid de Mezeritch, y nuestro sagrado Rabino de Gurlitz, se mantuvieron en contacto por correspondencia durante más de diez años. Cada uno comenzaba sus cartas con las palabras: «Para mi importante y querido amigo» y firmaba con su nombre: “Abrahama’le” o “Brujel” (dependiendo de quién la enviase). Sin embargo, entre la apertura y la firma de la carta, la hoja se hallaba completamente en blanco. Cuando le preguntaron al Maguid de Mezeritch por qué él y el Rebe de Gurlitz se mandaban este tipo de cartas, él les respondió: “cuando se escribe con tinta hay palabras, cuando se escribe con sangre no hay palabras”.
Cada judío en el mundo recibe cartas desde Ierushalaim, una hoja vacía que empieza con las palabras: “Para mi querido amigo”, y que está firmada: “Ierushalaim”. Esta hoja es tan profunda y sagrada ... por un lado te da esperanza y por el otro lado te parte el corazón.
Queridos hermanos y hermanas: yo les escribo sosteniendo esta carta vacía, tanto en mi mano como en mi corazón. Todos amamos tanto a Ierushalaim y a la tierra de Israel ... y debido a que la hoja está vacía, cada uno llena dicha hoja con sus propias palabras.
Yo sé que las palabras que cada judío escribe provienen de su profundo amor por Ierushalaim. Sin embargo, espero que llegue el día en que las piedras quebradas del Kótel Hamaaraví, los corazones rotos del pueblo de Israel desde hace ya dos mil años, revelen lo que realmente Ierushalaim desea de nosotros.
Yo los bendigo a ustedes y a mí para que mañana por la mañana, o inclusive hoy por la noche en nuestros sueños, recibamos otra carta de Ierushalaim; mas no una carta cubierta de sangre, sino una carta colmada de luz, rebosante de la luminosidad que desde Ierushalaim resplandecerá hacia el interior del pueblo de Israel, y hacia el interior de toda la humanidad.
Frima: Su hermano y amigo, Shlomo ben Fasia. El loco de amor por cada judío. Loco de amor por Ierushalaim. Y de tanta locura, enamorado aún del mundo entero (Extraído del libro “Para mis hermanos y amigos” del Rabino Shlomo Carlebaj ztz”l).
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60) Mil dólares por apretar un tornillo.
Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla. Un buen ejemplo es el caso del experto que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja... Una computadora que valía 12 millones de dólares. Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba funcionando perfectamente. El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.
-¿Cuánto le debo? -preguntó.
-Son mil dólares, si me hace el favor.
-¿Mil dólares? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillo?
¡Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! Le pagaré lo que pide, solo mi envía una factura perfectamente detallada que la justifique.
El experto asintió con la cabeza y se fue.
A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, asintió con la cabeza y procedió a pagarla sin chistar.
La factura decía:
Servicios prestados
Apretar un tornillo..................1 dólar.
Saber qué tornillo apretar... 999 dólares.
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61) Romper muros o ensanchar la puerta
Se cuenta que cuando el hijo de nuestro sagrado Rabino, el Admó”r Hazakén, se caso con la nieta de Rabí Levi Itzjak de Berditchev - sagrado y grandioso es su nombre- y ambos se hallaban en camino hacia la jupá, tuvieron que salir de la casa a través de una puerta sumamente angosta.
Obviamente, Rabí Levi Itzjak le dijo al Admó”r Hazakén: “pase usted primero”, a lo que el Admó”r Hazakén, le contestó: “pase usted primero”. Comenzaron entonces a discutir entre ellos, cuando de pronto Rabí Levi Itzjak de Bercitchev le dijo al Admó” r Hazakén: “tengo una idea, salgamos juntos a través de la pared”. Al escuchar esta poco convencional propuesta, el Admó”r Hazaken le contestó: “creo que será mejor que ensanchemos la puerta”.
De este relato aprendemos un secreto muy importante acerca de la forma cómo conducirnos en la vida: a veces es verdaderamente necesario romper muros, mas otras veces es suficiente simplemente con ensanchar las puertas ...
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62) “No robarás ... ni siquiera a ti mismo ...”
Rabí Iejiel Mijal de Gostinin, viajó una vez a Kotzk, para estar en la cercanía del Saraf de Kotzk durante la festividad de Shavuot. Cuando regresó a su hogar, su suegro le preguntó: “¿Qué provecho has obtenido de tu viaje? ¿Acaso en Kotzk recibieron la Torá de una manera distinta a cómo se recibe en cualquier otro lugar?
Por supuesto, le contestó Rabí Iejiel Mijal de Gostinin. Y respondiéndole con una pregunta, le preguntó a su suegro: ¿Cómo explican ustedes el versículo que dice “No robarás”?
Muy simple, le contestó su suegro, ¡que está prohibido robarle a nuestro prójimo!
Sin embargo, le dijo Rabí Iejiel Mijal, en Kotzk escuche una explicación mucho más amplia aún: que también está prohibido robarse a uno mismo, que no está permitido auto-engañarse, y robarse a uno mismo mediante razonamientos torcidos desarrollados por el intelecto ...
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63) La Buena Lengua
Rabí Shmuel Hanaguid era un importante ministro en la corte de los Reyes de España. Una vez, uno de los ministros, el cual envidiaba la posición que tenía el ministro judío, decidió delatar a Rabí Shmuel Hanaguid ante el Rey de España, profiriendo toda clase de argumentos en su contra.
Al escuchar el Rey las acusaciones, no solo que hizo caso omiso a las palabras de aquel malvado ministro, sino que mando llamar a Rabí Shmuel Hanaguid ordenándole que le corte la lengua al ministro que tan malignamente había hablado de él. ¿Qué hizo Rabí Shmuel Hanaguid al escuchar la orden real? Invitó al ministro enemigo a su casa, lo recibió ofreciéndole deliciosos manjares y grandes honores, y le hablo hermosas palabras que lograron ablandar a su malvado corazón.
Posteriormente, con mucho tacto y delicadeza le explicó la importante función que cumple la “lengua“, la cual debe de ser utilizada únicamente para decir cosas buenas o de provecho, y no para hacer daño a través de ella, insinuándole acerca del error que había cometido al hablar mal acerca de su persona.
La manera como trato Rabí Shmuel Hanaguid a aquel hombre, causaron el efecto que Rabí Shmuel había esperado, provocando que el ministro se disculpase, comprometiéndole corregir su conducta para convertirse en una nueva persona.
Luego de un tiempo, cuando llegó a oídos del Rey que Rabí Shmuel Hanaguid no había cumplido con su orden de cortarle la lengua al ministro, tal como lo había ordenado, lo mando llamar para pedirle explicaciones por el incumplimiento de su orden real.
Rabí Shmuel Hanaguid se dirigió al Rey de España y le dijo: “Yo si he cumplido con la orden de Su Majestad, pues a través a través de mis cálidas y sinceras palabras, logré extirpar la “mala lengua” que tenía aquel hombre, logrando que se transforme en una lengua sana y buena ...
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64) Un mundo inverso
Un conocido Rabino visitó una vez una sinagoga donde rezaban personas “modernas”. Observo el Rabino que besaban a la Torá estirando sus dedos. Luego, al venderse las “aliot” para decir la bendición de la Torá, observo que la gente donaba sumas verdaderamente respetables. Luego de la Tefila, escucho decir al Gabai que eran muy pocas las personas que verdaderamente pagaban lo que prometían. El Rav se dirigió al Gabai y le dijo: He visto un mundo inverso, a la Torá la besan con la mano, mientras que la tzdaká la dan únicamente con su boca. Sería mejor que a la Torá la besen con su boca, y que la tzdaká salga verdaderamente de sus manos ...
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65) “Soy un trapero pero no un trapo”
Rabí Israel Baal Shem Tov, deseaba profundamente conocer a la persona que iba a compartir con él el mundo venidero. Una vez, cuando se acostó a dormir, soñó que finalmente conocía a aquella persona, y que ésta vivía en un pueblo cercano de allí.
A la mañana siguiente, cuando Rabí Israel Baal Shem Tov se despertó, vistió rápidamente sus ropas y se dirigió al pueblo donde aquel hombre supuestamente vivía.
Grande fue su sorpresa cuando al mirar por la ventana, observó a una persona sucia y del prolija, que comía en forma verdaderamente desagradable.
Sorprendido el Baal Shem Tov por la conducta de quién habría de estar con él en el mundo venidero, se dirigió al Beit Midrash para estudiar un poco de Torá, y calmar su espíritu de la gran sorpresa que había tenido.
Luego de algunos días, decidió volver a la casa de su futuro “compañero del mundo venidero”, resuelto a investigar los méritos y acciones que dicha persona tenía.
Golpeó la puerta de su casa, se presentó ante su dueño y le contó el contenido de su sueño. Posteriormente le pregunto acerca de su vida y de su accionar.
El dueño de casa, si bien no sabía exactamente cuales eran sus méritos, pensó que quizás había algo en su conducta que posiblemente era valioso a los ojos de D-s.
Se dirigió pues al Baal Shem Tov y así le dijo: “Mi padre, que en paz descanse, era un judío sumamente justo, pero extremadamente bajo y delgado. El viajaba de pueblo en pueblo y vendía trapos. Un día, un grupo de cosacos lo detuvieron en el camino, y lo intimidaron a besar una cruz que ellos traían.
Mi padre, continuó relatando el dueño de casa, se rehusó a besar a aquella cruz. Los crueles cosacos, al ver la obstinación de mi padre, comenzaron a pegarle duramente con sus puños y a azotarlo con sus palos y látigos. Él continuó rehusándose y ellos continuaron pegándole.
¿Cómo debe de comportarse un judío en un momento así? Un judío debe santificar el nombre de D-s y no aceptar besar a aquello que para él representa la idolatría. Los cosacos le decían: “Nashek Iehudi Metunaf” - “Besa la cruz asqueroso judío”. Mas mi padre, se negó una y otra vez a hacerlo.
Mi padre era un judío pequeño y delgado. Luego que le pegaron y azotaron hasta prácticamente matarlo, le dijeron por última vez: “ o besas a la cruz o te quemaremos vivo”.
Mi padre era un trapero igual que yo. Se dirigió a ellos y con sus últimas fuerzas les dijo: “Yo soy un trapero pero no un trapo, y al símbolo que representa a vuestro dios yo no besaré”.
Tomaron los cosacos violentamente a mi padre, lo ataron a un árbol y lo prendieron fuego. El fuego ardió unos breves minutos y luego se apago.
A partir de aquel momento, decidí comer y comer para ser grande y fuerte, para que si -D-s no lo permita- un día llegan los cosacos y me obligan a abjurar de mi fe, mi cuerpo arda por un largo tiempo, para que los cosacos y todo el mundo sepan, que a un judío no se lo puede quemar tan fácilmente ...”.
El Baal Shem Tov dijo entonces: ahora entiendo el mérito que he de tener al poder compartir el Mundo Venidero contigo ...
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66) Todo lo que Hashem hace es para bien.
Hace mucho tiempo, en un reino distante, había un rey que no creía en las bondades de Hashem. Tenía, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de dicha verdad. En todas las situaciones decía: -"!Rey mío, no se desanime, porque todo lo que D-s hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca!".
Un día, el rey salió a cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla lo ataco. El súbdito consiguió matar al animal, pero no evito que Su Majestad perdiese el dedo meñique de la mano derecha. El rey, furioso por lo que le había ocurrido, y sin mostrar agradecimiento alguno por los esfuerzos de su siervo en salvarle la vida, le pregunto: "¿Y ahora que me dices, que también en ello D-s fue bueno conmigo? Si D-s hubiera sido bueno conmigo, yo no hubiera sido atacado por una fiera, y no hubiera perdido mi dedo". El siervo le respondió: "Rey mío, a pesar de lo sucedido, solamente puedo decirle que D-s es bueno, y que quizás, perder un dedo, también ello sea para su bien, pues todo lo que D-s hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca!".
El rey, indignado con la respuesta del súbdito, mando apresarlo en la celda más oscura y fétida del calabozo.
Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente a cazar, y fue atacado por una tribu de indios que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabia que hacían sacrificios humanos para sus dioses. Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a prepararse para el ritual del sacrificio.
Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena se dirigió a examinar a la víctima. Furioso exclamó: "¡Este hombre no puede ser sacrificado, pues es defectuoso! ¡Le falta un dedo!”.
Gracias a ello, el rey tuvo el privilegio de poder ser liberado.
Al regresar al palacio, inmediatamente se dirigió al palacio para liberar a su súbdito, solicitando que de inmediato venga ante su presencia. Al ver a su siervo, le abrazo afectuosamente y le dijo: "¡Querido siervo, D-s fue realmente muy bueno conmigo! Tu debes haberte enterado que escape justamente debido a que me faltaba uno de mis dedos. Sin embargo, ahora tengo una gran duda en mi corazón: “¿Si D-s es tan bueno, por que permitió que tú estuvieses preso?”.
El siervo sonrió, y le dijo: .. -"Rey mío, si yo hubiera estado junto con usted en esa caza, seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ¡ya que a mí no me falta ningún dedo! Por lo tanto recuerde: ...Todo lo que D-s hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca! ¡Todo lo que Hashem hace, lo hace siempre para bien!”
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Una vez, el Gaón Rabí Eliahu Jaim Maizel escuchó acerca de una novia muy pobre, la cual lloraba por no tener dinero para adquirir un juego de cama para su noche de bodas. ¿Qué hizo Rabí Eliahu Jaim? Tomo su propio juego de cama y se lo envió a la novia de regalo. Al notar las personas de su casa que el juego de cama había desaparecido, pensaron que alguien se lo había robado y fue a decírselo a la esposa de Rabí Maizel, (quien no sabía que su esposo lo había regalado a la novia), la cual se lamentó mucho por el robo.
A los pocos días, escuchó la esposa de Rabí Maizel, que la novia pobre había logrado finalmente conseguir el juego de cama que tanto necesitaba. Le dijo entonces a su esposo: ¡ojalá hubiéramos tenido el mérito de dar el juego de cama a la novia, en lugar de que nos lo hayan robado! A esto le respondió su esposo con una sonrisa: Efectivamente así fue ... contándole posteriormente toda la historia.
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El genio Rabí Isser Zalman Meltzer, caminaba acompañado de su alumno hacia la Yeshivat “Etz Jaim”, donde tenía que dar una clase. Mientras caminaba, comenzó a llover una lluvia torrencial. En medio de su caminata, los paró un judío que se ocupaba de juntar dinero para Tzedaká y le pidió una contribución. Comenzó Rabí Isser Zalman a buscar en sus bolsillos, hasta que encontró un billete y se lo entregó a aquel judío.
La demora provocó que sus ropas se mojasen, motivo por el cual, le dijo el alumno al hombre que pedía la Tzedaká: “no está bien lo que hace usted, pues el Rabino se está mojando en medio de la lluvia torrencial, además de que se está dirigiendo a dar su clase”. Interrumpió el Rabino a su alumno y le dijo: “querido alumno: mi ocupación es la de dar mi clase y la ocupación de este señor es la de juntar el dinero para darlo de Tzedaká”. Créeme que yo no se cual de las dos ocupaciones es la más valorada en el cielo ... por lo tanto, por demás que está justificado que me moje para poder cumplir con la mitzvá de la Tzedaká ...
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Se cuenta que nuestro sagrado rabino, Rabí David de Lelov - o quizás Rabí Moshé de Kobrin - dijo cierta vez: “He aprendido de los cosacos la forma cómo servir correctamente a Hashem. Una vez, pasé al lado de una base militar donde los cosacos realizaban su entrenamiento militar, y vi como ellos golpeaban a otro cosaco. Les pregunté: “¿qué es lo que ha hecho para que le peguen así?”. Me contestaron: “ayer por la noche estuvo haciendo guardia, y hoy por la mañana lo encontramos casi congelado, medio muerto“. Les dije entonces a los cosacos: “entonces tendrían que darle una medalla de honor, por haber vigilado a pesar del frío!”. Se rió entonces el cosaco y me dijo: “usted no entiende, si en verdad uno está sirviendo al Zar de Rusia, todo lo que uno hace lo tiene que hacer con tanto fuego y pasión, que sólo con eso debe de permanecer su cuerpo caliente”.
De esta historia aprendemos, que también a nuestro judaísmo debemos de vivirlo con entusiasmo y con pasión, pues solo así logrará calentar a nuestros corazones y obtener su beneficiosa bendición sobre nuestras vidas.
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70) Las “condiciones” de un Tzadik (justo)
Una vez, llegó al hogar del Tzadik de Gostinin un transeúnte que desconocía la identidad del dueño de casa. Éste era un judío que había llegado de una aldea lejana y buscaba un lugar donde dormir. Cuando noto que había luz en la casa, golpeó la puerta y fue recibido con el semblante alegre del dueño de casa, quién no era otra persona que el Tzadik de Gostinin. El transeúnte recibió rica y abundante comida, y el dueño de casa le preparó inclusive una cama en la cual pueda dormir y reponer sus fuerzas. El cansado transeúnte esperó hasta que el dueño de casa terminó de preparar su cama, pero de tanto cansancio que tenía, se quedó dormido entre las almohadas en las que se había recostado, mientras vestía aún sus ropas y calzaba las botas con las que había llegado del camino ... Al amanecer y despertarse, se enteró el transeúnte de la excelsa identidad de quién había sido su anfitrión. Se estremeció hasta lo más profundo de su corazón por todo lo que lo había hecho trabajar, y con lágrimas en sus ojos le pidió perdón por las molestias que le había ocasionado. El Tzadik de Gostinin sonrió ampliamente y le dijo: te perdono pero con una condición, que cada vez que estés de paso por este lugar, me prometas que únicamente en mi casa te vas a hospedar ...
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Se cuenta que una vez, Rabí Jaim Leib, Rosh Yeshivá de la Yeshivá de Mir, se sentó junto a sus alumnos en una fiesta que hicieron en la Yeshivá, comenzando a hablar con ellos de cuestiones de carácter cotidiano.
Se dirigió a ellos el Rosh Yeshivá y les dijo: “¿Saben ustedes, hijos míos, que aquel de ustedes que estudie Torá con más ahínco de nuestra Yeshivá, impidorá que el rico Sr. Lord Rotschild se asimile y se aleje del pueblo de Israel?”.
Sorprendidos por la sorpresiva acotación del Rabino, sus alumnos le pidieron que les aclare aquel concepto
Les dijo entonces Rabí Jaim Leib: “Piensen ustedes en lo siguiente. El que más estudia Torá en nuestra Yeshivá, estudia aproximadamente 20 horas por día. El resto de los alumnos, estudian aproximadamente 14 horas por día. Por debajo de ellos se encuentran aquellas personas que trabajan y que tratan de dedicar al estudio de la Torá, al menos 3 horas por día. Por debajo de ellos, está el comerciante de la ciudad de Minsk que estudia en forma fija al menos 1 hora por día. Debajo de ellos están los comerciantes de Varsovia que rezan al menos tres rezos por día. Por debajo de ellos está el comerciante de la ciudad de Moscú, que al menos cuida el Shabat estrictamente de acuerdo a las prescripciones de la Ley judía. Por debajo de ellos se encuentran los comerciantes de Londres, que al menos son cuidadosos en ingerir únicamente alimentos de carácter kasher. Finalmente se encuentra el rico Sr. Rotschild, quién aún continúa considerándose a si mismo como judío, y que se mantiene como un fiel integrante de la Congregación del Pueblo de Israel.
Luego de esta poco común descripción, agregó Rabí Jaim Leib: Si aquel que estudia Torá 20 horas por día, disminuye la cantidad de lo que estudia a 14 horas, los que estudian 14 horas van a disminuir su cantidad a un número menor; y entonces el trabajador que estudiaba 3 horas fijas, seguramente que pasará a estudiar una hora, y los comerciantes de Minsk ni siquiera una sola hora van a estudiar. Los de Varsovia van a dejar de rezar sus tres tefilot diarias, y los de Moscú van a dejar de cuidar el Shabat. Cuando eso suceda, los de Londres comenzarán a ingerir alimentos prohibidos, y Lord Rotschild de Viena -D-s no lo permita- se asimilará, abandonando finalmente a la Congregación de Israel ...
¿Qué aprendemos de todo esto? Que el mérito del estudio de la Torá, influye sobre la relación que tiene cada integrante del pueblo de Israel hacia su judaísmo. Por lo tanto, cuanto más tiempo dedica un judío a estudiar Torá, más mérito logramos para que nuestros hermanos judíos no se pierdan de nuestro pueblo, contribuyendo a aquellos que sí están integrados, fortalezcan y profundicen su identidad ...
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Una vez, entró ante Rabí Eliahu Jaim de Lodz una mujer que prorrumpió en un profundo llanto. Se dirigió a Rabí Eliahu Jaim y le dijo: “Sagrado Rabino, ¡estoy desesperada! Llegue de la ciudad de Bialystock a Lodz con 10.000 rublos para realizar una compra de mercadería. Pase por algunos negocios y encargue buena mercadería. Cuando fui a pagar, note que habían desaparecido mis 10.000 rublos y no se lo que hacer. ¿Cómo voy a regresar a mi hogar sin el dinero y sin la mercadería?” Le dijo Rabí Eliahu Jaim: “Cálmate, los habitantes de la ciudad de Lodz son personas honestas y judíos temerosos de D-s. Si alguien encuentra la cartera con su dinero, de seguro que querrá cumplir con la mitzvá de ‘devolver el objeto perdido’ y vendrá a aquí para entregármelo”. Se despidió de él la mujer y regreso más tranquila a su hogar. A los pocos días, llegó un changador pobre que trabajaba en el mercado y pidió para hablar con el Rabino Eliahu Jaim. Le dijo entonces: “Rabino, yo soy un changador del mercado y encontré la cartera de la señora que perdió su dinero. Yo quiero que usted me diga que dice la ley judía al respecto. No quiero que me diga que es lo más adecuado de hacer, ni que me diga como una persona piadosa debe de comportarse. Quiero que me diga si la ley judía me obliga o no a devolver dicho dinero, pues escuché que los sabios dicen que si un persona se desespera de su perdida y la da por irrecuperable, entonces no es obligación el devolverla”. El Rabino Eliahu Jaim envió la pregunta al Rabino Yitzjak Eljanan Spector, quién respondió que según el Talmud Jerosolimitano, no está considerada la mujer como desesperanzada de su pérdida, motivo por el cual el changador debe devolverle su dinero.
El Rabino Eliahu Jaim mandó llamar a la mujer, y le pidió al changador que llegase con el dinero, pues según la ley era su obligación devolvérselo.
Una vez que la mujer hubo finalizó de contar su dinero, se levantó el changador para retirarse. La mujer le dijo al changador: esperé un poco y tomó 3.000 rublos para dárselo.
El changador se negó a aceptar el dinero y le dijo a la señora: si lo que hubiera buscado era el dinero, podría haberme quedado con los 10.000 rublos. Lo que yo buscaba era actuar correctamente de acuerdo a lo que la ley judía determina, y por ello no quiero aceptar el dinero que usted me ofrece.
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73) Al Kotel no le damos la espalda
Si un judío le hubiese dicho a un soldado romano hace dos mil años, que él iba a regresar a la tierra de Israel y a Yerushalaim, y que algún día reconstruiría el Beit Hamikdash, éste seguramente le hubiera golpeado la cara diciéndole que estaba completamente loco y que decía únicamente disparates. Sin embargo, ¿quién se acuerda hoy de aquel soldado romano? Nosotros en cambio, sí que hemos regresado. ¡Aunque parezca algo casi imposible de creer!
Yo sé que una parte de nosotros vive en Nueva York, en Inglaterra y en todo tipo de lugares fuera de la tierra de Israel. Sin embargo, yo quiero bendecirlos con algo especial, que siempre suelo decirle a mis amigos más queridos: ¿Saben ustedes cómo nos retiramos del Kótel? No nos damos la vuelta y nos vamos de allí, sino que caminamos hacia atrás (mirando siempre en dirección al Kótel).
Cuando nos encontramos con el Zar de Rusia, no le damos la espalda ... Yo los bendigo para que siempre caminen hacia atrás, y para que siempre guarden en vuestra memoria al Kótel Hamaaraví, y a la sagrada ciudad de Jerusalem. Y también los bendigo para que cuando vuestros hijos crezcan y dejen vuestro hogar para construir sus propios hogares, nunca dejen de mirar en dirección a Ierushalaim ...
Hay muchos hijos que al irse de casa se dan la vuelta, y ya no quieren continuar construyendo un hogar judío. Yo los bendigo para que vuestros hijos dejen vuestro hogar caminando siempre hacia atrás, y que los hijos del pueblo de Israel levanten casas que permanezcan para siempre conectadas con Ierushalaim y con el sagrado Kótel Hamaaraví ...
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Contó Rabí Israel Meir HaCohen de Radin, autor del libro “Jefetz Jaim”, que había una vez un hombre rico que debía viajar a un lugar lejano por un tiempo prolongado. Antes de salir de su casa, le entregó a uno de sus sirvientes una lista donde detallaba las cosas que debía hacer durante su ausencia, advirtiéndole que no se olvide de leer cada día la lista para hacer lo que le pidió. Cuando regresó de su viaje, llamó inmediatamente a su servidor y le preguntó: “¿Hiciste todo lo que te ordene?”. “¡Por supuesto, señor, contestó el sirviente, he leído todos los días la lista que me entregó!”. Le preguntó entonces su señor: “¿Y obviamente has hecho lo que allí está escrito?”. “No señor, yo solamente leí la lista tal como usted me lo ordenó”. Le dijo entonces el dueño de casa: “¿Es que acaso yo te entregué la lista para que la leyeras y nada más? Yo te di la lista para que la repases y te sirva como guía, para que de esa manera recordaras todas las cosas que tenías que hacer, sin olvidarte de ninguna de ellas. ¡Yo no te di la lista para que su lectura sustituya a lo que debías de hacer!”.
Luego de contar este cuento, comentó el “Jefetz Jaim”: Así también sucede con el estudio de la Torá y la conducta de muchos judíos: la Torá detalla todas las acciones que debemos de hacer en cada momento de nuestras vidas, y su sabiduría y su valor espiritual son inmensos. Sin embargo, muchos judíos solo la estudian de manera teórica, tal como el sirviente lo hizo con su lista, viviendo en la incoherencia de no traducir sus contenidos al terreno de la acción ...
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75) Nuestra lengua y el Paraíso
Una vez, en la festividad de Purim, se emborrachó uno de los alumnos de la Yeshivá de Radin. Mientras estaba borracho, entró al cuarto donde se hallaba el “Jefetz Jaim” y le pidió que le prometiera que iba a estar con él en el Paraíso. El “Jefetz Jaim” le dijo: “¿Cómo te puedo prometer algo así, si ni siquiera yo estoy seguro de que tendré un lugar allí?
El joven no estaba dispuesto a aceptar aquella respuesta, y continuó exigiéndole que tomase sobre sí dicha promesa.
Más de una hora le insistió el joven en su pedido, y más de una hora, le contestó el “Jefetz Jaim” con el mismo argumento.
Se acercaba el tiempo límite para comenzar el banquete de Purim, y el alumno no estaba dispuesto a retirarse sin que el “Jefetz Jaim” le halla hecho formalmente la promesa.
Las personas le recomendaron al “Jefetz Jaim” que tome sobre si el compromiso, pues sino no iban a poder comenzar con el banquete, mas también a ellos el “Jefetz Jaim” les argumento de la misma manera
Finalmente, el “Jefetz Jaim” se dirigió al muchacho y le dijo así: “Mira, si voy a tener un lugar en el Paraíso o no, eso yo realmente no lo se; pero sí existe una cosa por la cual yo pienso que quizás merezca recibir un lugar en el Paraíso, y es que desde que tengo uso de razón, jamás he hablado “lashón hará” (maledicencia) sobre ninguna persona, ni tampoco lo he escuchado.
Si me prometes que de ahora en más no vas a hablar ni escuchar “lashón hará” sobre nadie, entonces te podré prometer que estarás junto a mi en el lugar que yo tenga en el Paraíso ...
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Rabí Meir Horowitz de Zadikow, solía interpretar el versículo que dice “y fue cuando el músico ejecuto su música” (Reyes II, 3, 15) de la siguiente manera: Hay personas que llegan con el Tzadik (Justo) y si en la primera vez éste no les causó una buena impresión, o no se asombraron de la forma especial como dicho Tzadik se conducía, inmediatamente lo descalifican y no concurren más con él, siendo que muchas veces esto puede llegar a ser un grave error. ¿A qué se parece dicha conducta? A una persona que escucha una melodía por primera vez, y lo primero que piensa es que no es suficientemente armónica y que sus partes no están bien relacionadas las unas con las otras.
Sin embargo, hay quienes no se “rinden” a la primera vez, y continúan escuchando la melodía varías veces, hasta que finalmente comprenden la “lógica” que unifica a todas sus partes, sintiendo un gran placer y disfrute al escucharla.
Lo mismo sucede cuando una persona va a visitar a un Tzadik. Al principio le parece extraña la forma cómo se conduce, y no comprende la lógica entre las diferentes costumbres que el Tzadik tiene. Sin embargo, luego que uno visita al Tzadik recurrentemente, y pasa cierto tiempo junto a él, descubre la belleza y armonía de toda su conducta, y comienza paulatinamente a agradarle su forma de actuar ...
Es respecto a ello que el versículo dice: “y fue cuando el músico ejecuto su música, que se posó sobre él el espíritu de Hashem”, es decir cuando luego de escuchar la melodía varías veces, logró que ésta se transforme en “su música”.
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El genio Rabí David de Novardok, solía sentarse durante todas las horas del día en el Beit HaMidrash, estudiando Torá con sumo ahínco y tenacidad.
Desde aquel lugar contestaba preguntas sobre Halajá (ley judía), escribía conclusiones que iba descubriendo de su estudio de la Torá y se ocupaba de otras tareas de carácter rabínico.
Una vez, uno de los responsables en buscar trabajo para los judíos de la ciudad, se acercó a Rabí David y le consultó por un asunto de índole comercial. Rabí David le dijo que él no era experto en asuntos de carácter comercial, y que por ende no le podía responder a su pregunta.
Luego de cierto tiempo, entró la misma persona con Rabí David y le preguntó por un asunto que tenía que ver con un “shiduj” para una joven pareja. Rabí David le contestó que él no se especializaba en “shidujim” (plural de shiduj) y que por ende también en este caso prefería no responderle.
Se enojó aquel hombre con Rabí David e impulsivamente le dijo: ¡Yo no entiendo entonces por qué recibe usted su sueldo!, ¿acaso a usted le pagan por las cosas que usted no sabe?
Le respondió entonces Rabí David con una sonrisa: “Usted está en un error, mi sueldo se paga en forma completa únicamente por responder por las cuestiones que yo si sé. Si tuviesen que pagarme por las cuestiones que yo no sé, todos los tesoros del mundo no alcanzarían para poder pagarme ...”.
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Se cuenta que una vez, un grupo de personas notó que el Tzadik (justo) Rabí Israel Salanter estaba parado en una de las calles de Vilna charlando con un hombre simple. Prestaron atención que el Tzadik Rabí Israel Salanter lo entretenía contándole chistes y cosas divertidas, y que ambos se reían juntos de ello.
Esta extraña conducta del Tzadik sorprendió de sobremanera a las personas que por allí pasaban, pues todos sabían lo cuidadoso que era Rabí Israel de Salanter en no hablar palabras vanas o cosas sin sentido.
Al despedirse de aquel señor, uno de sus alumnos se acercó a Rabí Israel Salanter y le preguntó por lo aparentemente extraño de su conducta, pues también de ello quería aprender la forma adecuada de actuar. Rabí Israel Salanter le explico: “ese judío que se acaba de ir, es una persona que se encuentra pasando por una situación sumamente difícil y su estado de animo estaba totalmente “por el piso”. Al darme cuenta de lo que le sucedía, decidí que era oportuno contarle chistes y cosas divertidas, para así elevar su animo y darle fuerzas para continuar esforzándose; y no hay mitzvá más grande en el mundo que alegrar el corazón de las personas ...
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Una vez llegó a la ciudad de Frankfurt un judío de escasos recursos, con la intención de presentarse antes el Barón Shimón Rotschild y pedirle su ayuda, pues todos sabían que él era un generoso benefactor, y que jamás dejaba a persona alguna sin ayudar.
Cuando llegó a la ciudad de Frankfurt y quiso preguntar por el lugar donde vivía Rotschild, para su suerte se encontró con el Barón Shimón de Rotschild en persona, mas por no conocer su identidad, le preguntó dónde estaba la casa donde vivía el acaudalado Barón.
Sin dar a conocer su identidad, el Barón Rotschild le dijo: “ven y te mostraré dónde está su casa”.
Caminaron juntos un tramo, y al llegar al palacio del Barón, el judío con un tono de vergüenza le dijo: “¿Cómo voy a llegar ante el Barón Rotschild con mis ropas sucias del viaje?”.
El Barón Rotschild le dijo entonces: no debes de preocuparte, e inmediatamente lo condujo hacía los baños públicos para que se asease. Cuando el hombre entró en los baños, el Barón Rotschild le encargó a su ayudante que traiga ropas nuevas para aquel hombre.
Cuando salió vestido con ropas limpias y nuevas, tomo “fuerzas” y coraje y se dirigió al palacio del Barón.
Al entrar al palacio, el sirviente mandó llamar al dueño de casa. Grande fue la sorpresa de aquel, cuando noto que el Barón Rotschild, no era otro que el guía anónimo que lo condujo a los baños públicos y le prestó la ropa ...
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El Cesar Vespasiano sitió a la ciudad de Jerusalem durante tres largos años, generándose allí una gran hambruna.
Salió Rabí Iojanán ben Zakai a pasear por el mercado, y vio a los habitantes de Jerusalem cocinar paja en agua y tomarse el “caldo” que habían producido. Les dijo entonces: personas que cocinan paja y toman su caldo, ¿acaso podrán enfrentar a los soldados de Vespasiano y vencerlos?
Pensó Rabí Iojanán para sí: saldré de la ciudad secretamente y me dirigiré a hablar con Vespasiano.
Al presentarse ante Vespasiano, se paró firmemente ante él y le dijo: ¡La paz sea sobre ti, mi señor Rey! ¡La paz sea sobre ti, mi señor Rey!
Le dijo entonces Vespasiano: Tú mereces la pena de muerte dos veces: una, por haberme llamado Rey cuando no lo soy, y la otra, en caso de que yo fuera Rey, ¿cómo no has llegado a verme hasta ahora?
Le dijo entonces Rabí Iojanán: - En relación a lo que dijiste: “no soy un Rey” - en verdad si eres un Rey. Sobre tu segunda pregunta de por qué no vine hasta ahora, la respuesta es que hasta ahora no me dejaron salir de la ciudad.
Mientras ellos conversaban, llegó un mensajero de la ciudad de Roma y le dijo a Vespasiano: el Cesar ha muerto en Roma, y los grandes dirigentes han decidido que tu habrás de ser el nuevo Rey.
Le dijo Vespasiano a Rabí Yojanán ben Zakai: Debido a que he sido nombrado el nuevo Cesar, me tendré que ir de aquí y enviaré a otro hombre en lugar de mi. Dado que he visto que tú eres un gran sabio - pues pudiste saber cosas que el común de la gente es incapaz de ver antes de que sucedan – te pido que solicites algo para que yo te conceda.
Le dijo entonces Rabí Iojanan: “Dame a Yavne y sus sabios”. Vespasiano le concedió su pedido y Rabí Iojanán ben Zakai se transformó en el jefe de los sabios de la ciudad de Yavne. Fue gracias a este aparentemente pequeño pedido, que la enseñanza de la Torá se pudo mantener en el pueblo de Israel, desarrollándose la Torá a partir de allí.
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81) Cada uno con sus golpes ...
Una vez, los hermanos Reb Zusha y Rabí Elimélej decidieron exiliarse voluntariamente por un cierto tiempo. Erraron por innumerables comunidades judías como simples menesterosos en procura de la expiación y purificación de sus almas. Cierta cruda noche de invierno, llegaron a una aldea y resolvieron entrar en una posada para calentarse un poco. Justo en ese momento, se festejaba allí un casamiento aldeano de una pareja gentil. Ambos forasteros decidieron ubicarse en un rincón detrás de la estufa a leña, para que no notaran su presencia. Sus recaudos fueron inútiles sin embargo, pues finalmente los descubrieron. Los aldeanos que ya se encontraban un poco borrachos, se empecinaron en fastidiar a ambos menesterosos. Acostaron a Reb Zusha sobre una mesa y se pusieron a bailar. Al finalizar cada baile, cada aldeano se acercaba a Reb Zusha y le daba un golpe. De este modo transcurrió un largo tiempo hasta que se cansaron y entraron en la habitación contigua para continuar bebiendo.
Rabí Elimélej se acercó a su hermano Zusha y le dijo: “Querido hermano, ¿por qué has de recibir tú solo todos los golpes? Yo tomaré tu lugar en la mesa”. Zusha aceptó dolorido como estaba, y Elimélej se acostó en su lugar. Cuando los invitados, ya bien borrachos, entraron nuevamente para continuar bailando, uno de ellos dijo: “Peguémosle ahora al otro que está sentado detrás de la estufa a leña. Que pruebe también él el sabor de nuestros golpes, y así se llevará un “lindo recuerdo” del casamiento en nuestra aldea”. Dicho y hecho. Cargaron nuevamente al golpeado Reb Zusha, lo acostaron sobre la mesa y reanudaron su “diversión” de bailar y golpearlo. Al poder salir del lugar, el pobre Reb Zusha le comentó a Elimélej: “Ya vez, querido hermano, es la voluntad de Hashem que yo reciba los golpes. Así fue dictaminado desde el Cielo; y el hombre se incapaz de liberarse de los golpes que debe recibir, no habiendo truco en el mundo que pueda impedirlo ...
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El Rabí de Nemirov había desaparecido. Eran los días entre Rosh Hashaná y Yom Kipúr, y los judíos se reunían en la madrugada para rezar las “Selijot”. Cada una de esas mañanas, tanto el Beit Hakneset como el Beit Hamidrash se encontraban repletos de gente.
Sin embargo, el Rabí de Nemirov no se encontraba en ninguno de ellos. ¿Dónde estaba entonces el Rabí? Las personas se decían: “Son los ‘Yamim Noraim’ (Días Reverenciales) y en unos días va a ser Yom Kipúr. Los judíos necesitamos sustento, paz, salud, bendición ... De seguro que en estos días el Rabí de Nemirov sube al cielo y reza allí por todo el pueblo de Israel ...”.
En esa época, llegó a Nemirov un judío proveniente de la ciudad de Lita, quién no creía en el poder espiritual del Rabí de Nemirov, y que al escuchar que éste subía al cielo, simplemente, no pudo hacer más que reírse.
Les dijeron las personas que escucharon su risa: Si tu te ríes tanto, dinos entonces ¿dónde está el Rabí de Nemirov durante las “Selijot”?
El hombre de Lita no contestó nada, y en su corazón se dijo a si mismo: “iré yo mismo a ver qué hace el Rabí de Nemirov durante las “Selijot””. En la misma noche, se dirigió el hombre a la casa del Rabí de Nemirov y se acostó debajo de su cama sin que nadie pudiera darse cuenta. Estuvo allí toda la noche, y una hora antes de las “Selijot”, escucho un fuerte suspiro del Rabí.
Es sabido que los suspiros del Rabí de Nemirov estaban colmados de dolor ,y que todo aquel que los escuchaba no podía hacer más que llorar junto a él ...
Los dos estaban recostados: el Rabí sobre su cama y el hombre de Lita debajo de ella.
Al hacerse la hora de decir las “Selijot”, todas las personas de la casa del Rabí se levantaron de sus camas dirigiéndose al Beit Hakneset. Solamente se quedaron en la casa el Rabí de Nemirov y su “huésped” secreto ...
Un gran temor se apoderó del hombre que llegó desde Lita, pues no era cosa pequeña estar a solas con un “Justo” de la altura del Rabí de Nemirov.
De pronto, se levantó el Rabí de Nemirov de su cama, tomó de su armario una ropa simple de campesino y se vistió con ella ....
El hombre de Lita estaba sumamente sorprendido, y se preguntaba en su corazón: ¿Para qué se está vistiendo el Rabí de Nemirov con ropas de campesino? “¿Quizás esté soñando?”. Sin embargo, aquello no era un sueño.
El Rabí de Nemirov salió del cuarto, y el hombre de Lita marchó sigilosamente tras él. Llegó a un cuarto en el fondo de la casa y tomó de allí un hacha.
Pensó el hombre de Lita para sus adentros: Parece que el Rabí es un “Justo” durante el día, y un ladrón durante la noche ...
El Rabí de Nemirov camino silenciosamente de calle en calle, y el hombre de Lita caminaba tras él. A veces se escuchaban los quejidos de algún enfermo dolorido, y otras veces se escuchaban las voces de los rezos de las “Selijot” provenientes de las sinagogas. El Rabí de Nemirov caminaba a la luz de la Luna, y el hombre de Lita caminaba secretamente tras él.
El Rabino salió de la ciudad y se interno en un bosque cercano. Cuando encontró un árbol pequeño, le dio algunos hachazos hasta que el árbol cayó. El hombre de Lita estaba parada a lo lejos y observaba como el Rabí de Nemirov cortaba a un gran árbol en pequeños pedazos. Tomó una cuerda y ató a dichos pedazos. Los colocó sobre su hombro y regresó a la ciudad.
¿Por qué hará esto el Rabí de Nemirov?, se preguntó para sus adentros el cada vez más sorprendido hombre de Lita ...
El Rabí camino hasta llegar a una calle, se acercó a una pequeña casa y golpeó por la ventana. El hombre de Lita estaba parado detrás de un árbol observando lo que sucedía.
“¿Quién está ahí?” preguntó una voz desde el interior de la casa.
“Yo” dijo el Rabí de Nemirov en idioma ucraniano.
“¿Y quién es “yo”?” preguntó la mujer.
El Rabí de Nemirov contestó “Vasil”.
“¿Vasil?, ¿qué Vasil? ¿y qué quieres Vasil?”.
El Rabí de Nemirov contestó: “Tengo algunas árboles para leña y quiero venderlos”. Y sin esperar respuesta, abrió la puerta y entró a la casa ... Luego de lo cual entró secretamente el hombre de Lita tras él ...
A la luz de la Luna, observó el hombre de Lita que aquella casa era una casa sumamente pequeña y pobre, y que había una mujer enferma acostada sobre la cama.
La mujer dijo: “¿Con qué dinero voy a comprar la leña? No tengo dinero. Soy viuda y pobre”.
Le dijo el “campesino” a la mujer: “Yo solo pido seis centavos. Si no tiene dinero no se preocupe. Ya me pagará en otro momento ...”.
“No, no tomaré la leña”, contestó la pobre mujer, “pues no tengo ninguna esperanza de conseguir dinero para pagarle” ... Luego de un instante, la mujer dijo lamentándose: “¿de dónde provendrá mi ayuda?”.
El Rabí de Nemirov apoyó la leña sobre el piso y dijo: “¡Tu eres una mujer que está enferma, y yo tengo confianza que me vas a poder pagar, y tu tienes un D-s que es grande y bueno; ¿Acaso no crees que Él te va a poder ayudar para que te cures y puedas pagarme?!”.
“¿Y quién va a encender la estufa?” inquirió la mujer. “Mi hijo trabaja toda la noche y quién sabe a qué hora vendrá”.
“Yo encenderé su estufa” le contestó el Rabí de Nemirov, procediendo de inmediato a hacerlo .
Cuando coloco la leña en el horno recitó el primer cántico de las “Selijot”. Cuando encendió el fuego recitó el segundo cántico. Cuando cerró la estufa recitó el tercer cántico.
Desde aquel día, comenzó a amar el hombre de Lita al Rabí de Nemirov y a creer en lo elevado de su santidad ... Y cuando escuchaba que la gente comentaba que el Rabí de Nemirov subía al cielo durante los días de las “Selijot”, él ya no se reía como lo hacía antes, sino que agregaba a dicho comentario: “¡Y quién sabe si no sube mucho más alto aún!”.
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Una vez, estaba el Rabino Rabí Dov Beer de Mezeritch hablando con sus alumnos acerca de las personas soberbias, tales como muchos de aquellos que manejan el dinero público y que deciden sobre cuestiones de Estado que influyen sobre la vida de aquellas personas que viven en él. Ellos sienten eventualmente que el mundo se encuentra en sus manos y que pueden “hacer y deshacer” como se les da la gana. Le dijo entonces Rabí Dov Beer a sus alumnos: ¿A qué se parece esto? A un niño que toma un palo de madera y lo “transforma” en un “caballo”, cabalgando sobre él con suma alegría y beneplácito, tal como si lo estuviera haciendo sobre un caballo de verdad.
Cuando alguien cabalga sobre un caballo de verdad, es el caballo quién lleva al hombre y no el hombre al caballo, sin embargo, el niño cabalga sobre su palo de madera apoyado sobre sus pies, cual si en verdad hubiese un caballo que lo está transportando. Incluso el padre siente placer al ver la alegría del niño cuando cabalga sobre su caballo; y si éste le pide su caballo, el niño le dará su “caballo” para que también él cabalgue sobre él.
Así también sucede con la gente que maneja dineros públicos. Ellos “cabalgan” sobre las posiciones de poder que poseen, y manejan el dinero aparentemente como les place, sintiendo que es de ellos de quién depende el destino de las personas. Sin embargo, ellos son solamente cual un palo, y quién verdaderamente dirige las cosas es el Creador del mundo. Sólo él determina “qué” va a recibir “quién”, “cuando” y “de que manera”.
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84) Esto me enseñaron mis maestros
Contó el Rabino Abraham Bahern, quién erigió un colegio de niñas ejemplar en Kfar Pines y posteriormente otro en la ciudad de Jederá, lo que provocó que tomase la decisión de transformarse en un educador en el pueblo de Israel.
Así él nos contó. Cuando era niño, mientras estudiaba en el Talmud Torá “Etz Jaim”, el día de estudios era muy extenso y culminaba al anochecer.
Para calmar el hambre, nos daban a cada niño un plato lleno de compota a la tarde, y cuando un niño terminaba su plato, tenía permiso para acercarse a la cocina y pedir más
Uno de aquellos días, recibí mi porción de alimento y comencé a comer. Tenía mucho hambre y temí que hasta que termine mi comida, se termine la compota que aún le sobraba a la cocinera. Me acerqué inmediatamente a ella y le pedí otra porción. Su reacción fue: “¡recién recibiste tu porción!”. Yo era un niño y como consecuencia del enojo provocado por su respuesta, tomé por mi mismo la olla, y la compota se cayó enterita de bruces contra el piso ... lo cual provocó un gran tumulto y desorden en el lugar.
Al día siguiente me avisaron que el “mashguiaj rujani” (supervisor espiritual) del Talmud Torá, el Tzadik Rav Arié Levín, me citó para reunirse conmigo. Temí mucho de aquella reunión, pues estaba seguro que me iban a escarmentar por mi conducta.
Cuando entré en su pequeña oficina la cual estaba debajo de las escaleras del Talmud Torá, me sentó a su lado y me dijo: he escuchado lo que te sucedió ayer, y me he dado cuenta de que a ti te gusta mucho la compota.
Aquí tienes un plato de compota solo para ti. Siéntate y cómelo hasta que te sientas satisfecho. En ese mismo momento me dije a mi mismo: he recibido una gran lección sobre cómo se debe de educar. Y fue en ese momento, que decidí que cuando crezca, también yo quería transformarme en un educador para el pueblo de Israel.
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Cuando Rabí Tzví Hirsch de Rimanov - jefe de un grupo de miles de jasidim - era niño, trabajaba de ayudante de sastre. Cosía botones en ropas nuevas y colocaba parches en ropas gastadas.
Mientras trabajaba, su boca recitaba los capítulos de los Salmos. Por las noches, iba a estudiar Torá al pequeño Beit Midrash de los sastres. En cierto momento, contó el Rabino Iehudá Leib HaCohen Maimón, que llegó uno de los Jasidim de Rabí Mendel de Rimanov a visitar a aquella aldea, prestando atención a la conducta del joven Tzvi Hirsch, quien constantemente realizaba acciones meritorias y se comportaba con extrema pureza.
El alma del joven jasid se sintió atraída por el alma del jóven Tzví Hirsch, motivo por el cual comenzó a enseñarle lo que había aprendido con Rabí Mendel de Rimanov, tratando de persuadirle para que viajara con él hacia la ciudad donde el Rebe se encontraba. Reunió el joven Tzvi Hirsch su dinero centavo a centavo, y cuando tuvo el dinero que necesitaba, viajo a la ciudad de Prishtik en la cual vivía Rabí Mendel de Rimanov, antes de pasarse a la ciudad de Rimanov.
El Rabí de Rimanov le tenía mucho apreció a aquel joven, el cual permaneció desde aquel momento en su casa, transformándose en sirviente y ayudante del Rabí y de los jasidim que allí llegaban.
Tzvi Hirsch se ocupaba de barrer el piso del Beit Midrash, sacudir el polvo de las lámparas, arreglar las velas, limpiar la pileta de “Netilat Yadaim”, encender las estufas y que haya bebida y comida suficiente en los días en que se conmemoraba el fallecimiento de algún “tzadik” (justo) de renombre. Envolvía el Talit del Rabí y guardaba sus Tefilin, limpiaba su ropa, colocaba su comida sobre la mesa y le hacía su cama. Cuando los antiguos alumnos estaban estudiando con él en el cuarto, entraba sigilosamente Rabi Tzví Hirsch para barrer o limpiar, tratando de hallarse siempre cercano al Rabi para escuchar sus sabías palabras de Torá.
En las noches, observaba como el Rabí leía las decenas de papeles que se amontonaban sobre su mesa con los pedidos de sus jasidim, quienes le pedían que rezara por ellos para que tengan éxito en sus estudios, en su trabajo, en la crianza de sus hijos, temas de salud, casamientos, etc.
Luego de leer cada carta, lloraba el Rabí y le rogaba a D-s para que los ayude. Posteriormente le daba a Tzví Hirsch los papeles para que los queme en la estufa, y al hacerlo Rabí Tzvi Hirsch le rezaba a D-s para que ayude a todas aquellas personas por las que el Rabí de Rimanov había rezado.
Antes de morirse, se acercó Rabí Naftali Horowitz de Rofshitz al Rebe de Rimanov para que lo bendiga y le pase el liderazgo del grupo jasídico. El Rebe de Rimanov colocó su mano izquierda sobre él y lo bendijo. Cuando Rabí Naftalí le preguntó: ¿y la mano derecha para quién la está guardando? El Rebe de Rimanov le contestó: la derecha la guardo para bendecir a mi ayudante, Rabí Tzví Hirsch, quien luego de mi deceso liderará a mis jasidim.
Cuando Tzví Hirsch fue nombrado Rabí de dicho grupo jasídico, y dejo de ser el “servidor” del Rabí de Rimanov, aún así pidió que lo sigan llamando “el servidor”, enfatizando que él continuaba considerándose como el servidor de Rabi Mendel de Rimanov, pues se esforzaría por continuar con lo que él Rabi de Rimanov había comenzado.
Años después de haberse convertido en Jefe Jasídico, dijo Rabí Tzvi Irse a sus alumnos: cuando era niño, fui ayudante de sastre. Dos son las cosas que el sastre con quien trabajaba me enseño: cuando me daba una ropa gastada me decía: “trata de unir las partes rotas y arreglarlas todo lo que puedas”, y cuando me daba tela para hacer una ropa nueva se dirigía a mi y me decía: “ten cuidado de no arruinar la nueva tela que te estoy dando”. Esta enseñanza del sastre, me esfuerzo por aplicarla cada día de mi vida, tratando de corregir mis caminos para que ninguna parte de mi alma permanezca “rota”, y esforzándome por no arruinar el nuevo espíritu de santidad que Hashem coloca sobre mí cada nuevo día ...
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86) Por eso yo lloraba y me quejaba
Una noche, durmió Rabí Simja Bonim de Pshisja, el alumno principal del Rabí Yaacov Yitzjak – el Yehudí Hakadósh” (El Sagrado Judío)- en el cuarto contiguo al cuarto de su maestro.
Unas horas antes del amanecer, escucho sonidos de llantos y quejidos que salían directamente de aquel cuarto. A levantarse a la mañana, se dirigió a su Rabino y le preguntó por el motivo de aquellos quejidos.
El “Yehudí Hakadósh” le contestó así: cuando me hallaba acostado sobre mi cama, me puse a pensar en la situación de “ascensos y descensos” que desde siempre caracterizaron a la historia de nuestro pueblo.
El primero que salvó al pueblo de Israel cuando éste se hallaba en una situación de descenso espiritual hundido en los cuarenta y nueve portones de la impureza egipcia fue Moshé. Luego el pueblo volvió a descender espiritualmente y a cometer transgresiones y entonces vinieron los “Jueces”. Posteriormente otra vez volvimos a cometer transgresiones y entonces aparecieron los “Profetas”. Luego descendimos espiritualmente otra vez más y vinieron los “Sabios de la Gran Asamblea”. Después de ellos vinieron los Tanaitas de la época de la Mishná, los Amoraítas de la época de la Guemará, y los Saboraim y los Gueonim en las dos épocas subsiguientes. Después de ellos apareció Maimónides y otros sabios, quienes de acuerdo a la forma personal como comprendieron la realidad de su generación, y la fuerza y el estilo peculiar que tenían- trabajaron para salvar al pueblo judío y ayudar a que su luz ascendiera nuevamente.
Posteriormente hubo otra vez un gran descenso espiritual y entonces aparecieron Rabinos, oradores y maestros, los cuales también llegaron que en nuestra ayuda. Luego llegaron los “Tzadikim” de las sectas jasídicas y ellos contribuyeron a acercar a los integrantes del pueblo de Israel a su Padre Celestial.
Sin embargo - continúo el “Yehudí Hakadosh”- nuestra generación se encuentra en las puertas de un nuevo y terrible descenso espiritual, y yo realmente estoy muy preocupado de quienes serán los líderes que nos habrán de salvar de dicha situación.
Dime una cosa, continuó el “Yehudí Hakadosh”, cuando uno piensa en la situación espiritual del pueblo de Israel durante su exilio, ¿acaso no tiene motivos suficientes para no dormir durante las noches, llorando por todas las cosas terribles que nos han sucedido y aún nos suceden?
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87) Confusión ...
Rabí Zusha de Anipoli dijo una vez. En el Midrash Rabá (Parashat Vaerá) está escrito que: “En el futuro gritará el Paraíso ‘tráiganme personas justas, no quiero ocuparme de personas malvadas’, mientras que el infierno gritará lo opuesto: ‘tráiganme personas malvadas, no quiero ocuparme de personas justas’”. Evidentemente este comentario es muy sorprendente. ¿Es que acaso alguien puede llegar a imaginarse que las personas malvadas serán conducidas al Paraíso, mientras que las personas justas irán al infierno?
Contestó entonces Rabí Zusha: el motivo de este Midrash es porque llegará el día en que será muy difícil distinguir entre un justo y un malvado, y hasta los ángeles celestiales se equivocarán y conducirán a los malvados al Paraíso y a los justos al Infierno. Y será entonces cuando gritarán y advertirán al Paraíso y al Infierno, para que sean muy cuidadosos en sus tareas, y no se equivoquen al sacar los cálculos sobre el verdadero lugar que le corresponde a cada uno ...
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88) Pidiendo ayuda a los ricos
Cuando Rabí Yitzjak Eljanán Spektor, Rabino de Kovna, tenía que dirigirse a una de las personas ricas de la ciudad para pedirle dinero de ayuda para los pobres, él mismo visitaba a la persona rica en su casa.
Una vez, una de las personas ricas a quien visito le dijo a Rabi Yitzjak Eljanán: ¿Por qué usted se esfuerza en llegar hasta mi casa? Yo con gusto iría a la suya si usted me invitara
Le contestó entonces Rabí Yitzjak Eljanán: Yo vine a usted para pedirle una ayuda para uno de los alumnos pobres que hay en la ciudad, y deseo que me brinde su ayuda de una manera completa. Si yo le invitara a mi casa, usted seguramente pensaría que con el hecho de haberse tomado la molestia de venir, ya con eso me hizo la mitad del favor, lo cual provocaría que también su ayuda se vea reducida a la mitad ...
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Contó una vez el Baal Shem Tov, que el hijo del Rey se perdió por el camino. Sediento y hambriento, llegó a un campo en el cual había un pastor que pastaba a sus ovejas.
El pastor se dio cuenta por las ropas que llevaba, que no podía ser sino el hijo del rey la persona que estaba perdida, y se esforzó todo lo que pudo por darle el máximo de honor posible y ayudarlo de acuerdo a sus posibilidades.
Como no tenía una mesa en el campo, tomó un trozo de tela y lo colocó sobre la grama; y en lugar de la silla colocó una frazada. No le pudo dar de comer manjares ni delicias, pues solo tenía la comida simple que comían los pastores. Le trajo agua del manantial y le dio todo lo que necesitaba para que pudiera continuar su camino, despidiéndose cálidamente de él y deseándole todo lo mejor.
Cuando logro finalmente regresar al palacio, sus amigos realizaron un gran banquete en su honor.
Sin embargo, al recordar la bondad que había hecho aquel buen pastor para con él, le ordenó que primero traigan a aquel pastor, y que solo luego comenzarían a disfrutar juntos del banquete.
Trajeron al pastor y lo sentaron a su lado, brindándole el príncipe especial atención y grandes honores.
Al finalizar el banquete, se acercaron los amigos del príncipe y le preguntaron: ¿Acaso es más importante para ti el pedazo de tela y el trozo de frazada que colocó el pobre pastor sobre la grama, que todas las telas de seda, oro y plata que nosotros colocamos ante ti para este banquete?
Les contestó el príncipe: por supuesto que su pedazo de tela y su trozo de frazada fueron más importantes para mi, pues él me dio todo lo que tenía ...
Hashem no nos mide según lo que tenemos, sino según aquello que damos ... para nuestro judaísmo, para nuestros semejantes, y para todas las cosas valiosas que es importante dar.
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90)
La lámpara
Érase una vez un hijo, que dejó su casa paterna y viajó a un lejano país
donde permaneció durante varios años. Allí estudió todas las ramas de la
ciencia, y luego regresó al hogar de su padre.
- ¿Qué aprendiste, durante tu ausencia?- le preguntó su papá.
- Aprendí a hacer una hermosa lámpara que iluminaría a un enorme salón. Te ruego, padre, que reúnas a todos los artesanos y artistas de esta tierra, para que vengan y contemplen mi trabajo.
El padre hizo caso al pedido de su hijo, y convocó a los más importantes artistas de su tierra, para que juzgasen la obra que su hijo con tanto esmero había hecho.
Cuando todos estuvieron reunidos, presentó el hijo a su lámpara.
Diversas expresiones se dibujaron en los rostros de los artesanos de aquel país, quienes en forma general expresaron que aquella obra verdaderamente no les agradaba.
Al preguntarles el padre por su opinión. Cada uno fue ratificando la opinión de sus compañerpos: que la lámpara estaba llena de defectos.
- Cuando se retiraron los artesanos, el padre se dirigió a su hijo y enfadado le dijo: Hijo mío: ¿qué sabiduría has adquirido, si todos los artesanos unánimemente han reprobado la lámpara que tu has hecho?
- Le respondió entonces el hijo: - Ésta es precisamente la sabiduría que he adquirido al hacer la lámpara. En esta lámpara hice constar a todos los defectos en que suelen incurrir los que practican este arte. Sucede que cada artesano cuida cierta parte de su obra, mas descuida paralelamente ciertas otras.
¿Qué que hice yo? Reuní en una sola lámpara a los defectos que juntas tienen todas las lámparas. Eso lo hice, para que cada uno pueda descubrir a su propio defecto personal en ella ...
Comentó sobre esta historia Rabí Najman de Breslav: No siempre somos capaces de acceder a la perfección, pero a través de tomar conciencia de nuestros defectos y errores, paulatinamente podremos llegar a mejorarnos y perfeccionarnos ...
Si bien no podemos corregir a todos nuestros errores en el día de Yom Kipúr, vale la pena realizar el esfuerzo de -al menos- tratar de identificarlos, para así poder comenzar a trabajar en la corrección de ellos, haciendo posible que la luz de nuestra alma brille e ilumine cada vez un poco mejor ...
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91) A mi mismo me estoy reprendiendo
El conocido Rabino, Rabí Yehuda de Satmer, solía reprender la conducta de las personas a las que les hablaba en sus discursos. Una vez dio un discurso en el cual “disparo” reprensiones a diestra y siniestra con una enorme pasión.
En medio del discurso, se detuvo súbitamente, y dirigiéndose a sus escuchas les dijo: No piensen señores míos que yo estoy diciendo estas reprensiones solamente para ustedes. En realidad, todas las reprensiones me las estoy dirigiendo a mi mismo. Mas debido que ustedes seguramente también tienen que corregir alguna de las cosas que yo menciono, es por eso que las digo en voz alta, para que de esta manera también ustedes se beneficien de mis comentarios, y ello contribuya a acercarlos en el camino de retorno al Creador.
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92) El despertar de los corazones
Una vez, cuando Rabí Israel de Rozin le estaba explicando a sus alumnos acerca de la importancia de llegar en hora a la tefilá, les dijo que se debe llegar en hora al rezo también en los casos en que el corazón no se halla aún suficientemente inspirado. Para enfatizar esta idea les contó la siguiente historia.
En una pequeña aldea, durante cierto tiempo vivió allí un relojero. Luego que se fue de la aldea, por mucho tiempo no llegó un relojero a vivir en el lugar. Debido a eso, no había quién repare y ajuste los relojes, y las personas dejaron de ajustar las agujas de sus relojes, pues ya nadie lograba tener la hora exacta. A causa de ello, habían quienes llegaban temprano al rezo, y habían quienes llegaban sumamente tarde.
Una parte de las personas de la aldea se preguntaron para que servía tener un reloj en el bolsillo, si de cualquier manera no dice la hora que verdaderamente es, luego de lo cual procedieron a quitarse sus relojes y guardarlos en el armario de sus casas. Otros en cambio, continuaron utilizando sus relojes y dándoles cuerda diariamente, aún si no podían obtener de ellos la hora exacta.
Pasaron los años y llegó un relojero a la aldea. Los habitantes de la aldea se apresuraron para que les ajustase los mecanismos de sus relojes.
Sin embargo, cuando aquellos que habían guardado sus relojes en el armario llegaron con el relojero, él les dijo que los mecanismos y resortes internos se habían herrumbrado, y que por ende sus relojes ya no tenían ninguna utilidad.
A aquellos que si continuaron dándole cuerda a sus relojes a pesar de no tener la hora exacta, el relojero simplemente les ajustó los mecanismos internos y éstos comenzaron a funcionar adecuadamente otra vez.
El mensaje del cuento es claro: la persona no debe sentarse de brazos cruzados y esperar a que su corazón se despierte para rezar y servir a D-s.
Si la persona no hace una acción externa para despertarse, corre el riesgo de que los mecanismos del alma se herrumbren definitivamente, y ya no pueda hacer nada para “despertarse” nuevamente para el servicio de D-s.
No debemos esperar a los días de las festividades altas para despertarnos a venir al Templo a servir a D-s, sino que debemos de esforzarnos por llegar periódicamente a los rezos, pues solo así, cuando el momento de inspiración espiritual verdaderamente nos llegue, tendremos los “mecanismos” preparados para poder obtener el máximo provecho espiritual de ellos.
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En sus últimos años de vida, Rabí Elimelej de Lizensk, apenas si probaba su comida. Su familia debía rogarle que coma o tome algo, aunque tan solo sea para sobrevivir.
En cierta oportunidad, le dijo a su hijo Rabí Elazar, que la comida que le daban carecía de todo sabor.
Cuándo le preguntaron: ¿qué quieres comer entonces? Rabí Elimelej contestó: quiero un plato de sopa de avena, como el que comí en la posada roja, cuando deambulaba con mi hermano Zusha de Anípoli, por las aldeas a la vera del río Dnieper.
Después de la muerte de Rabí Elimelej, Rabí Elazar decidió buscar a la posada roja junto al Dnieper que había mencionado su padre. Después de un largo viaje, llegó finalmente al lugar y pidió allí para albergarse y cenar en el lugar.
La mujer del posadero le dijo: somos muy pobres, y lo único que puedo ofrecerle hoy es sopa de avena.
Pues eso es lo que quiero comer, contestó Rabí Elazar. Comió un plato y luego otro y luego un tercero, terminando también éste. Luego de haberse comido los tres platos, le preguntó a la mujer del posadero: ¿Qué le haz puesto a la sopa? Tiene un sabor verdaderamente único.
Rabí, le dijo la mujer, no le he puesto absolutamente nada más que avena, pues nada más tengo que ello.
Rabí Elazar no quedó satisfecho con su respuesta, e insistió para que la mujer le contase que más colocó.
Finalmente ella dijo: ¡El Paraíso es el responsable!, a lo cual agregó la siguiente historia. “Hace muchos años, dos grandes personas estuvieron en nuestra posada. No recuerdo sus nombres, pero su presencia era imponente y se veían como Tzadikim (justos) verdaderamente genuinos. Esa noche, nada tenía en casa, a excepción de la sopa de avena. Mientras la cocinaba le pedí a Hashem con todo mi corazón: ¡Hashem, Tu que estas lleno de bondad, agrégale a esta sopa algunas hierbas del Paraíso, para que estos hombres piadosos puedan saciar su hambre!”.
Ambos Tzadikim no solo vaciaron la sopera, sino que yo volví a llenar una y otra vez la olla y ellos volvieron a vaciarla una y otra vez. Uno de ellos me dijo: - ¡Hija, tu sopa sabe a Paraíso!
Esta noche, cuando usted llegó y pidió para comer, tuve la misma sensación que tuve en aquel entonces mientras cocinaba la comida, y también esta ves le pedí a Hashem para que agregue en ella sus hierbas del Paraíso ...
Hay muchas personas que cuando cocinan sus alimentos no solo le ponen los condimentos de este mundo, sino que además leen Salmos (Tehilim) y le rezan a D-s, para que sus comidas tengan también un poco del sabor especial del “otro mundo”...
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94) Los que buscan excusas par no dar
Se cuenta que una vez, Rabí Shmuel Moholiver, llegó de visita a una ciudad para juntar dinero para ayudar a la construcción de la Tierra de Israel. Reunió allí a las personas importantes y sabios de la ciudad, para darles un sermón sobre las bondades de la tierra de Israel, y de la importante mitzvá que cumplen quienes habitan en ella, la cual es equivalente al peso de todas las demás mitzvót de la Torá juntas. También enfatizó la importancia, de que –especialmente– las personas adineradas del pueblo de Israel, aporten su generosa ayuda a la construcción del país.
Cuando finalizó Rabí Shmuel su discurso, se levantó una de las personas que estaban allí presentes, quien también era rica en bienes materiales y también “rica” en temor de D-s. Se dirigió al Rabino Shmuel Moholiver y le dijo: Mi estimado Rabino, mi voluntad es dar mi dinero en forma generosa para la construcción de la Tierra de Israel. Sin embargo, usted y yo sabemos, que muchos de los grandes sabios de Israel de esta generación, se oponen a la idea de intentar acelerar la finalización del exilio. Además, muchas de las personas que se ocupan de la construcción del país, no son temerosas de D-s y transgreden los sagrados contenidos de la Torá. Es por eso, que yo sospecho que dar en un caso así, podría ser llegado a ser considerado como un caso de “hacer una mitzvá a través de cometer una transgresión” (cosa que evidentemente está prohibida); y en lugar de ganar por haber hecho una mitzvá, tendré una “perdida” espiritual por haber dado mi dinero a un fin incorrecto ...
Le contestó dijo Rabí Samuel a esta persona: Te voy a contar una historia que sucedió hace algunos años.
En una aldea pequeña, vivía un joven que se ocupaba de estudiar día y noche la Torá. Él integraba al grupo de jóvenes que abandonaban sus ciudades natales en búsqueda de mejores lugares para profundizar sus conocimientos sobre los estudios sagrados.
Su padre le enviaba los telegramas y el dinero para su hijo, a través de un Shojet (matarife) que vivía en la aldea, y quien personalmente se lo hacía llegar.
Una vez, recibió el joven una carta de su padre, en la cual expresaba su sorpresa por no haber confirmado la recepción de los veinticinco rublos que le había enviado con el Shojet.
Se dirigió el joven a lo del Shojet y le mostró el telegrama de su papá. Le dijo entonces el Shojet: Por mi vida que yo no he recibido dicho dinero.
No pasaron muchos días, y el muchacho recibió otra vez una carta de su padre, en la cual le preguntaba nuevamente por el dinero que le había envíado.
Se dirigió otra vez a lo del Shojet, más éste afirmó no haber recibido tal dinero.
Sin quedarle otra opción, el joven citó al Shojet a un “Din Torá” (Juicio ante un Tribunal Rabínico), para que ellos determinasen cual es el veredicto en una situación así.
El veredicto del tribunal rabínico, fue que el Shojet debía jurar que él no había recibido dicho dinero.
Sacó el Shojet veinticinco rublos de su billetera y se los entregó al juez para que éste se lo transfiera al muchacho, jurando en ese mismo instante que el dinero jamás le llegó a él.
Le preguntaron los sorprendidos jueces: Si pagaste, ¿para que juraste? - y si juraste, ¿para qué pagaste?
Les dijo entonces el Shojet: Si hubiera jurado y me hubiera ido, hubieran sospechado que yo me quede con el dinero y que solo juré en falso para no tener que devolverlo.
Por otra parte, si lo hubiera pagado y no hubiera jurado, hubieran sospechado que yo me robé el dinero y que por temor a la gravedad de hacer un juramento, lo devolví. Ahora que yo pague y también juré, todos pueden ver que yo no me quedé con el dinero y que mi juramento fue un juramento verdadero.
Señores míos: “Así sucede también con el tema que estamos tratando. Todo aquel que no quiere dar para la construcción de la tierra de Israel con el argumento de que es temeroso de Hashem y que no quiere dar para una causa en la cual pueda haber una transgresión, mejor que primero dé su dinero y que luego diga sus argumentos, pues así sabremos que verdaderamente no quería dar por temor de D-s.
Sin embargo, si solamente argumenta y finalmente no da de su dinero, va a haber lugar para sospechar, que en realidad lo único que buscaba era quedar absuelto de tener que contribuir ...
Cuenta Rabi Najman de Breslav, que en un lugar muy lejano existía un reino llamado el reino de la tristeza. Un buen día, decidío el rey pasear por su reino para ver si todos sus habitantes cumplían con la ley del reino y estaban tristes. El rey se disfrazó de un simple campesino y comenzó a peregrinar para averiguar si la gente cumplía la orden real, pues de ser eso así, umentaría su tristeza, lo cual era el objetivo de su vida y el motivo de la existencia de su reino.
Cierto día, llegó el rey a la casa de un señor muy pobre cuyo oficio era remendar. El rey vio que el remendero estaba muy contento comiendo su almuerzo, remendaba objetos rotos y hasta a veces remendaba el corazón de aquellas personas cuyas corazones estaban quebrantados.
Este rey le preguntó el motivo de su alegría y él le contestó en yidish: “ A Fistele is a Fistele” un banquete es un banquete, tengo lo que comer con mi humilde trabajo. Esto ya es un buen motivo para estar contento, ¿o no?.
El rey enojadísimo, se fue a su palacio y decretp al día siguiente que apartir de ahora estaba prohibido ejercer el oficio de remendero.
Este pobre señor, al escuchar la orden real, de ninguna manera se desesperó. Salío a la aldea y al encontrar a un cortador de leña que trabajaba duramente, le propuso brindarle su ayuda a cambio de unas pocas monedas que le permitan sustentarse.
Este buen señor comenzó a trabajar con el leñador. A los pocos días el rey que continuó con sus averiguaciones, y estaba grandemente satisfecho de lo que había hecho. Sin embargo, cuán grande fue su decepción cuando encontró al remendero que trabajaba junto al leñador, comer contento su comida.
El rey se acercó al antiguo remendero y le preguntó acerca del motivo de su alegría; y él le contestó su tradicional respuesta: “A Fistele is a Fistele”.
El rey muy enojado se fue a su palacio y decretó que a partir de ahora estaba prohibido trabajar cortando leña.
Este hombre tampoco se desesperó al perder su segundo trabajo, y se fue a buscar a un limpiador a quien ofrecerle sus servicios a cambio de algunas monedas.
Llegó otra vez el rey dizfrazado y le preguntó por el motivo de su alegría: “ A Fistele is a Fistele” le contestó, tengo mi banquete diario de comida, ¿que más se puede pedir?
El rey se fue enojadísimo a a su palacio, y emitió un decreto según el cual estaba prohibido limpiar casas para los demás. A partir de ahora, cada uno solo podía limpiar su propia casa.
Luego de que ya no quedaron mas oficios para poder mantenerse, el antiguo remendero decidió que la única opción que le daba era enrolarse en el ejército del rey.
Con el sueldo que recibía continuó dándose su Fistele. El rey salió a visitar a los integrantes de su ejército, y nuevamente se encontró al antiguo remendero disfrutando muy alegre de su banquete.
Cuando le preguntó acerca del motivo de su alegría. Al igual que siempre le contestó: “A Fistele is a Fistele”. Ya casi sin saber qué hacer, se dirigió el rey a su palacio y decideió emitir un decreto según el cual se le pagará a los soldados su sueldo, solamente una vez cada seis meses. Al escuchar este nuevo decreto y al habersele acabado al remendero su último dinero, decidió dirigirse al “mercado negro” de los herreros para vender su espada, envainándo en su lugar a un trozo de madera.
A las pocas semanas el rey salió otra vez a visitar a su ejercito, y otra vez vio al hombre muy contento con su banquete. Cuando le preguntó porqué estaba tan contento, el hombre le respondió: A FISTELE IS A FISTELE.
El rey disfrazado le preguntó de donde había obtenido dinero para comprar sus alimentos, a lo que el remendero le dijo: te lo contaré pero debes prometerme que no se lo contarás a nadie, pues si alguién se enterá me podrían llegar a matar.
Al retornar el rey a su palacio, decidio poner fin a la vida de aquel hombre, pues con su alegría podía hacer peligrar gravemente la continuidad de su reino.
Pensó y reflexionó un rato y se le ocurrió una idea. Mando formar a todo su ejército y paralelamente pidió que traigan a todos los criminales del reino que pendía sobre ellos la pena de muerte.
Ordeno entonces: “usted soldado – y lo señalo a nuestro remendero- saque su espada y mate a ese criminal –señalando a uno de los criminales que allí estaban”.
Nuestro remendero no se desanimo, y en un brillante momento de creatividad dijo: “ Si este hombre es culpable, que mi espada lo atraviese, pero si este hombre es inocente, que mi espada se transforme en una espada de madera”.
Y al desenvainar su espada y ver el rey la forma creativa como este hombre logró salvarse de la muerte, comenzó también el rey a reirse, y la gente que estaba su alrededor, al ver al rey reirse también ellos se rieron, y al escucharse las risas fuera del palacio todo el reino se rió, y así el reino de la tristeza se transformó en el reino de la alegría.
¿Que podemos aprender del cuento? Uno de ellos es que una sola persona puede cambiar el mundo si solamente es constante y se lo propone. Además, debemos aprender a estar contento con las cosas sencillas, pues ellas son las que verdaderamente tienen el potencial se hacernos felices.
Quiera Hashem que todos los días de nuestra vida sean una FISTELE-FISTELE y que solamente tengamos momentos de alegría.
Contó una vez el rabino Shlomo Carlebaj z"l:
Estaba una vez sentado en un avión, y observé un artículo muy interesante en el diario.
Cierta persona contaba así: Mi hijo de doce años regresó a casa del colegio y me dijo: “Papá, te quiero mucho”, a lo que yo le respondí: “¿Y ahora qué quiere?
Me dijo el niño: te diré la verdad padre, nuestro profesor pidió a toda la clase, que cuando regresemos a nuestra casa le digamos a nuestros padres cuanto los queremos, y que mañana le contemos que nos contestaron al decirselos ...
Me enoje terriblemente, contó el papá. ¡Que atrevimiento!, un profesor que debería de enseñar geografía, historia y cosas por el estilo ... ¿quién es él para entrometerse así en nuestras vidas personales?
Le pregunte entonces a mi hijo: “¿quién es ese profesor?”.
Me contestó: “el profesor de gimnasia”.
Pensé para mis adentros: ese es el atrevimiento más grande del mundo, ¡que repugnante! El tiene que enseñar a los niños como entrenarse, ¿quién es él para meterse en nuestras vidas?
Le dije pues a mi hijo: “mañana cuéntame lo qué dijeron los demás alumnos”
Pues bien, regresó mi hijo al día siguiente del colegio y me dijo: “entre el 85 y 90 % de los padres de los alumnos, cuando estos les dijeron "te quiero mucho", sus padres le contestaron: ¿y ahora qué quieres pedirme?. Sus padres no les dijeron: "yo también te quiero mucho" o "yo te quiero más aún".
Llame entonces al profesor de gimnasia y enojado le pregunte: “¿porqué le pidió a los alumnos que hicieran esa pregunta? ¿Qué tiene que ver eso con la clase de gimnasia?”.
Me contestó entonces el profesor: ¿Sabe usted porque los niños se enferman?
Porque sus padres no les dicen: "te quiero mucho".
Yo quiero enseñarles a los niños a mantenerse sanos, pero no puedo hacer nada para lograrlo, si sus padres no les dicen también cuánto los quieren ...
Está es una enseñanza muy profunda, una enseñanza de verdaderos tzadikim (justos).
Había una vez un señor llamado Moishele, el cual tenia una posada en la cual vendía bebidas y alimentos para los viajeros.
Además de atender con mucha calidez a sus clientes, cada vez que alguien tenia algún problema venía y se lo contaba a Moishele.
Alguien que se casó y no podía tener hijos (que a nadie le pase), venía y le contaba a Moishele su pena. Moishele lo calmaba y le decía: “no te preocupes, vas a tener hijos”. Alguien que no tenía trabajo venía y le contaba a Moishele su pena y Moishele le decía: “no te preocupes, vas a encontrar trabajo”. Increíblemente, cada bendición que Moishele daba, al poco tiempo esta se cumplía.
Una vez, un gran sabio escuchó acerca de las "bendiciones" que repartía Moishele, y decidió ir a verlo para averiguar cual era el mérito que le permitía lograrlo.
Moishele no quería contarle, pero finalmente insistió tanto que accedió a su pedido y le dijo así.
Resulta que una vez, en mi familia eramos realmente muy pobres, tan pobres que ni siquiera había dinero para poder comer.
Mi sagrada esposa se dirigió a mí y me dijo: Moishele, tienes que buscarte un socio, de lo contrario nos vamos a morir literalmente de hambre. Si no puedes hacer buenos negocios tu solo, quizás con un buen socio si lo logres.
A Moishele le pareció muy inteligente la recomendación de su esposa, y emprendió sus pasos hacia la calle decidido a buscarse un nuevo socio.
Mientras pensaba en un socio se dijo Moishele para sí mismo: ¿Que clase de socio me voy a buscar? ¿Uno que hoy esta en este mundo y mañana quizás ya no esté? ¿Uno que hoy es fiel y mañana a lo mejor me traiciona? Yo necesito un socio de verdad, un socio que nunca me falle ...
Elevo entonces sus ojos hacia el cielo y le dijo a Hashem: "A partir de ahora Tu vas a ser mi socio. De lo que yo gane, la mitad será para mi y mi familia y la otra mitad para vos. La mitad la voy a dar para tzdaka y otras mitzvot, y la otra mitad la utilizaré para mis gastos. A partir de ese momento empecé a vender bebidas y alimentos en el patio de mi casa, y con lo que ganaba hacia exactamente lo que había acordado con el Creador: la mitad lo colocaba en una alcancía detrás del mostrador y la otra mitad era para mi y mi familia.
Cuando la gente llega conmigo y me cuenta sus problemas pidiéndome bendiciones, yo con gusto se las doy, pues las bendiciones que doy ... son en realidad las bendiciones de mi socio...
Debemos recordar que siempre tenemos un socio “en el cielo” que esta junto a nosotros. En la medida en que asociemos al Creador a nuestras vidas, Sus bendiciones fluirán hacia nosotros, transformándonos en fuente de bendición para las personas que nos rodean.
Una vez, el Rabino Elimelej de Lizenk (z"l), percibio a traves de su espiritu cuasi- profético, que grandes dificultades y sufrimientos se avecinaban sobre el pueblo de Israel.
Conmocionado por tal situación, no entendía cómo era posible que los grandes sabios y justos que estaban en el cielo no hacían nada para anular el mal que tan evidentemente se avecinaba.
Se le aparecío entonces su difunto maestro el maguid de Mezeritch en su sueño y le dijo así: "Elimelej, si bien tu percibes que las cosas estan tomando una dirección negativa, debo informarte que "desde aqui arriba" las cosas se ven bastante, bastante bien".
Se dirigío entonces Rabi Elimelej a su maestro y en el sueño le preguntó: "¿Eso significa que debo dejar de rezar pues todo está bien encaminado?".
Le contestó su maestro diciéndole: "no Elimelej, mientras tu estés en el mundo material, debes actuar de acuerdo a tu humano entender, y rezar y actuar para que las cosas mejoren. Sin embargo, debes comprender que las cosas no siempre son lo que aparentan ..., y que lo que se vé de un lugar de una manera, no se vé de la misma manera desde otro ángulo diferente ...".
Había una vez una familia
judía que vivía en un pequeño pueblito en Polonia. Al llegar a la edad de Bar
Mitzvá de su hijo primogénito, decidieron hacer un "Kidush" en su honor.
Cuando llegó el momento en que todos levantasen las copas para hacer el
tradicional "Lejaim", el padre del niño trajó una copa finamente ornamentada
con piedras preciosas, para que el niño dijese la bendición del vino sobre
aquella copa.
Al finalizar la fiesta, cuando todos los invitados se retiraron, se
dieron cuenta que la fina copa de "kidush" había desaparecido. Comenzaron a
investigar y unir cabos, y arribaron a la terrible conclusión que había sido
el Rabino de la ciudad quien se la había llevado.
Como hubiera sido una afrenta hablar con el Rabino acerca de esto o
acusarlo, sencillamente nadie le dijo nada. Cuando aquel niño creció y llegó
el momento de casarse, la familia fue a buscar a un Rabino de otro pueblo para
dirigir la ceremonia de la "jupá".
Al enterarse el Rabino de ello, decidió ir a visitar a la familia para
que le explicasen el motivo de aquella elección (pues lo más común era que el
Rabino del pueblo llevase a cabo todas las ceremonias en dicho lugar).
La familia trató de evadir la respuesta diciendo que tenían cierta
relación personal con el otro Rabino, mas ante el no convencimiento y la
insistencia del Rabino local, finalmente el jefe de familia le contó lo
sucedido con la copa de "kidush" en la Bar Mitzvá de su hijo, y la conclusión
a la que tristemente habían llegado.
Entonces el Rabino les dijo
así: ¡Ah, la copa de kidush! Como ví que era algo tan preciado, decidí
guardarla en la bolsita de los "tefilin" para que no le pase nada. ¿Cómo? ¿El
niño no se puso los tefilin desde su Bar Mitzvá ...?
Queridos amigos: nuestro judaísmo es algo demasiado importante como para
tenerlo guardado "en la bolsa de los tefilin". El judaísmo es para vivirlo y
disfrutarlo, para así llenar de sentido y trascendencia a nuestra preciada
vida. ¡Vale la pena darnos una oportunidad ... !
Se cuenta que Rabi Levi Yitzjak de Berditchev solía viajar por las aldeas recolectando plata para liberar judíos que habían caído presos en manos de gentiles, y para casar a novias de familias pobres. En uno de esos viajes llegó a una pequeña aldea en el límite con Hungría. El campesino judío que lo hospedó tenía ese día en su casa una fiesta con motivo del compromiso de una de sus hijas.
Este señor se dirigío al Rabi y le dijo:
- Rabi, seguramente usted conoce las leyes de la shejita.
- Así es, respondío respondió Rabi Levi Yitzjak.
- Se dirigió entonces el campesino al Rav y le dijo:
- Le pido por favor haga la shejita de esta vaca. Yo le pagaré por esto generosamente.
- Rabi Levi Yitzjak acepto el pedido y salío con el campesino en dirección a su estancia para ir a matar a la vaca.
- En el camino se dirigió Rabi Levi Yitzjak al campesino y le dijo:
- Le ruego por favor que me preste cinco monedas de oro, y se las devolveré dentro de una semana.
- Sorprendido el campesino, lo miró diciéndole:
- Lamentablemente no voy a poder satisfacer su pedido. Yo a usted recien lo conocí en el día de hoy, ¿cómo he de prestarle una suma tan grande a un desconocido?
Sonrío Rabi Levi Yitzjak y le dijo:
- La verdad yo no necesito para nada su dinero. Solamente se lo pedí para enseñarle acerca del error que usted a cometido.
Sorprendido el campesino por dicho comentario, le exigió que le dé una explicación.
Rabi Levi Yitzjak de Berditchev le dijo entonces:
- Respecto a tu dinero, eres sumamente cuidadoso en no prestarlo a personas desconocidas, pero en cuanto a las leyes de Kashrut, si estabas dispuesto a que yo haga la shejita, sin conocerme y sin tener ninguna referencia de mi ...
¿Que aprendamos de este cuento? Muchas veces somos muy cuidadosos en las cosas que tienen que ver con nuestro bienestar material, mas cuando se trata de cosas que tienen que ver con el “Bienestar de nuestra Alma”, somos mucho menos estrictos en su cuidado.
No olvidemos que el mundo material es un mundo pasajero y nada nos llevaremos de él. Sin embargo, el mundo espiritual es eterno, y del grado de depuración que obtengamos en nuestro trabajo en este mundo, dependerá el lugar que heredarémos para el mundo de la Eternidad ...
101) La novia más bella del mundo
El Rebe de Bovov era el bisnieto de Feiguele, la hija del Rebe de Zanz.
Tenía el Rebe de Zanz once hijos, y Feiguele era la más pequeña de todos ellos. Cuando finalmente le llegó el tiempo de contraer matrimonio, miles de jasidim llegaron, pues ¿quién querría perderse el casamiento del último de los hijos del Rebe de Zanz? Todos los hijos del Rebe de Zanz eran muy lindos - tanto interior como exteriormente -, y también Feiguele era muy linda.
El Rebe de Zanz solía decir: «solo una cosa puede romper mi corazón: las lágrimas. Cuando alguien llora, eso realmente me parte el alma».
Finalmente llegó el día del casamiento, y el sagrado Rebe de Zanz fue con su esposa y su hija Feiguele en dirección hacia la Jupá (palio nupcial). De pronto, el Rebe de Zanz le dijo a su ayudante: «escucho a alguien que está llorando». El ayudante fue a revisar y en verdad encontró a una niña de catorce años llorando en un rincón. También Feiguele tenía catorce años. Trajeron a la niña ante el Rebe de Zanz y éste le preguntó: «¿por qué lloras?». Ella le dijo así: «yo también me caso el día de hoy, ¡y no tengo siquiera un vestido para ponerme!». El Rebe de Zanz la miró, y vio que ella estaba vestida con harapos. Se dirigió entonces a su hija Feiguele y le dijo: «debes saber que está escrito, que la vestimenta del Kadosh Baruj Hú es la tzdaká (caridad-justicia) (40). En lugar de vestidos de lana, ¡tú puedes vestir la vestimenta que usa el Kadosh Baruj Hú!». Regresaron pues a su casa y se intercambiaron las ropas. Feiguele se vistió con los harapos de la niña, y la niña se vistió con el vestido de lana de Feiguele. Al finalizar el cuento, dijo el Rebe de Bovov: los jasidim comentaron sobre la novia – “jamás vimos a una novia más bella que Feiguele” ...
Cuando nacen los niños, sus madres les compran todo tipo de ropas pequeñas y «tiernas», y todo eso es realmente muy agradable y bonito. Sin embargo yo les recomiendo, cuando tengan vuestros propios hijos, ¡denles las ropas del Kadosh Baruj Hú! Sus abuelos y abuelas les dejaron a ustedes muchas ropas. No las ropas de lana, sino las ropas hechas de toda la tzdaká que hicieron durante sus vidas. Yo los bendígo entonces: que lleven a esas ropas siempre con ustedes, y que todo el tiempo se vistan con ellas.
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Don Yitzjak Abarbanel, Ministro del Tesoro de los Reyes de España, era sumamente envidiado por los demás ministros de la Corte española, por su riqueza y por su elevada posición. En cierta ocasión, intentaron tenderle una trampa, pidiéndole que declarase a cuanto ascendía el total de sus riquezas. Don Yitzjak Abarbanel declaró una suma que a los ministros les pareció fraudulenta. Inmediatamente se dirigieron a la reina para acusar a Don Yitzjak de haberle mentido a Su Majestad. La reina mandó citar a Don Yitzjak para pedirle explicaciones. Al presentarse ante Su Majestad, sacó una libreta de su bolsillo y le dijo a la reina así: “Observe Su Majestad, ésta es la libreta en la cual anoto todos los dineros que doy para obras sociales y de beneficiencia. La suma que yo declaré acerca de mis riquezas, es el total del dinero que aparece en esta libreta. Mi verdadera riqueza no es el dinero que yo tengo, sino el dinero que yo doy. El resto de mi fortuna hoy la tengo y mañana quizás no, pero el mérito de mi ayuda permanecerá conmigo en Este Mundo y en el Mundo Venidero”. La reina comprendió la sabia y adecuada respuesta de Don Yitzjak, y lo despidió cálidamente amonestando a sus demás ministros por el incidente ...
Quiera Hashem que tengamos la grandeza de mirar nuestra “riqueza” con los ojos de Don Yitzjak Abarbanel y que en mérito a ello seamos bendecidos con satisfacciones y prosperidad, junto a todo el pueblo de Israel.
103) Como un Etrog ...
Una vez, durante los años que Rabi Zusha de Anípoli viajaba de lugar en lugar llevando a cabo su “exilio” físico-espiritual, llegó a una ciudad en vísperas de Shabat. Inmediatamente se dirigió al Beit Hakneset del lugar para rezar allí la tefilá de “Kabalat Shabat” junto a los judíos del lugar. Al finalizar el rezo, ninguna persona se acercó a él para invitarlo a comer la cena de Shabat, pues estaba vestido con ropas tan harapientas, que la gente tenía miedo de llevárselo para su hogar.
Finalmente, el “shamash” (encargado) del Beit Hakneset tuvo compasión de él, y se lo llevó para que cenase junto a él en su casa. De pronto, en medio de la cena, comenzó Rabí Zusha a manifestar su alegría de estar allí comiendo, riéndose con una fuerte y ruidosa risa. De tan alegre que estaba, comenzó a aplaudir y a besarse sus propias manos.
Las personas de la casa notaron la inusual conducta del invitado, y quedaron petrificados en sus asientos con angustiantes miradas de sospecha y de temor. Al darse cuenta Rabí Zusha de la situación que había provocado, se dirigió a las personas que estaban sentadas alrededor de la mesa y les dijo así: “Pueden estar tranquilos, queridos amigos, que Zusha no se ha vuelto loco. Lo que sucede es que Zusha está contento de poder comer su comida en casa de judíos buenos, que gracias a Zusha tuvieron el mérito de cumplir con la mitzvá de ‘hajnasát orjím’ (hospitalidad). Es por eso que Zusha está contento, pues Zusha se parece ahora a un ‘Etrog’ (fruto sobre el cual se dice la bendición de las cuatro especies en la festividad de Sucot). Díganme, ¿acaso las personas se preocupan por el Etrog durante el año? No. Durante el año el Etrog nadie se preocupa por el Etrog, y éste es un fruto totalmente desatendido.
¿Cuando el Etrog adquiere su lugar y su importancia? En la festividad de Sucot, fiesta en la cual el Creador del mundo ordenó que cumplamos con una mitzvá a través de tomarlo y bendecirlo junto a otras tres especies. También Zusha es así como el Etrog, alguien sin importancia durante todo el año. Sin embargo, en el día de hoy, Zusha se convirtió en un medio para que otros cumplan con el precepto de ‘hajnasát orjím’. Y es por eso que Zusha está contento y siente un gran amor por si mismo y se besa las manos, pues ahora Zusha se parece a un Etrog, que sirve para que todos cumplan con una mitzvá a través de él”.
104) Mejor que hablemos de caballos ...
Una vez, viajó Rabí Aharón de Karlín a lo de su Rabino el Maguid de Mezeritch. Junto a él en la carreta, viajaban un grupo de cocheros. Durante el viaje, los cocheros comenzaron a hablar mal de las personas que vivían en su ciudad, diciendo calumnias y difamaciones sobre ellos.
Al notar Rabí Aharón de Karlin la clase de diálogo que ellos tenían, comenzó a hablar muy animadamente con los cocheros sobre temas relacionados con caballos. Los cocheros se entusiasmaron con el tema y continuaron hablando de ello a lo largo de todo el viaje. Cuando la carreta entró finalmente en la ciudad de Mezeritch, un gran grupo de jasidim salieron entusiasmados, a recibir al gran Rabí Aharón de Karlín que venía a visitarlos.
Al notar que el Rabino que viajaba con ellos era un sabio prominente de la Torá, se dirigieron a él y justificadamente le preguntaron: Si usted es un gran Rabino y sabio de la Torá, ¿por qué nos habló durante todo el viaje de temas relacionados con caballos?
A esto les respondió Rabí Aharón de Karlin: Note que con vuestros comentarios y calumnias estaban “matando” espiritualmente a los habitantes de su ciudad. Me dije entonces para mis adentros: será mejor que hablemos de caballos, y que mejor “matemos” con nuestras habladurías caballos y no personas ...
105) Una montaña sobre sus cabezas
Rabi Yitzjak de Gur solía decir: “Como ustedes saben, en el momento del recibimiento de la Torá, el Creador del Mundo colocó una montaña sobre las cabezas del pueblo de Israel, para así obligarlos a recibir la Torá. ¿Para que hizo falta que el Creador haga esto –preguntó Rabí Yitzjak de Gur-, si el pueblo ya había aceptado con buena voluntad recibir la Torá, al declarar la conocida fórmula de “naase venishmá” - “haremos y escucharemos”?
Su respuesta fue entonces: “Cuando el pueblo judío estuvo parado a los pies del monte Sinai y comenzaron a escuchar los mandamientos de “no asesinarás”, “no robarás” y “no codiciarás”, los “intelectuales” judíos de la época se encogieron de hombros y mirándose unos a otros dijeron: ‘¿es que acaso para esto nos trajo Moshé a los pies del monte Sinai? Nosotros pensamos que veníamos a aquí para escuchar explicaciones elevadas y profundas, dignas de personas sabias como nosotros. ¿Acaso desean enseñarnos a nosotros sobre “no robar”, “no codiciar” y “no matar’?”
Cuando ya se disponían a levantarse para irse del monte Sinai, Hashem colocó una montaña sobre sus cabezas para evitar que se moviesen, y dirigiéndose a ellos les dijo: ¿Acaso ustedes piensan que estos conceptos no son relevantes para ustedes? ¿Acaso piensan que ustedes no los deben de escuchar? Lamentablemente están muy equivocados. Si revisan en las profundidades de vuestros corazones, con total seguridad van a encontrar un poco de tendencia al robo, un poco de deseo de cometer asesinato, y probablemente muchas ganas de tener aquello que es propiedad de vuestros semejantes ...Y si bien a simple vista dichas cualidades negativas no son fácilmente visibles, cuando uno observa y escarba en profundidad, con seguridad que también de eso habrá finalmente de encontrar.
A través de escuchar los mandamientos, y estudiar y profundizar en sus enseñanzas, lograremos extirpar esta clase de pensamientos y deseos subliminales de nuestro corazón, cultivando sentimientos nobles y positivos, sirviendo a Hashem con auténtica pureza, entrega y devoción ...
106) Todo lo que yo necesito saber lo aprendí del Arca de Noé
Uno: No pierdas el barco ...
Dos: Recuerda que todos estamos en el mismo barco.
Tres: Planea por adelantado. Cuando Noé empezó a construir el Arca, no estaba lloviendo.
Cuatro: Manténte en buena salud. No sea que cuando tengas 600 años, y alguien venga a pedirte que hagas algo verdaderamente grande.
Cinco: No escuches a los críticos; simplemente sigue con el trabajo que necesita ser hecho.
Seis: Construye tu futuro en tierra alta.
Siete: Por razones de seguridad, siempre viaja en pareja.
Ocho: La velocidad no siempre es una ventaja. Los caracoles estaban a bordo junto con las chitas.
Nueve: Cuando estés estresado, ponte a flotar un rato.
Diez: Recuerda, el Arca fue construida por aficionados guiados por la mano de D-s; el Titanic fue construido por profesionales ....
Once: No importa la tormenta, cuando estás con D-s, siempre habrá un Arco Iris esperándote ...
107) Tres lecciones de Rabí Najman
(Por el Rabino Shlomo Carlebaj z”l)
Nuestro sagrado Rabino, Rabí Najman de Breslav decía: Para ser un servidor de Hashem hace falta aprender tres lecciones.
La primera lección es: una persona tiene que saber como caminar y como pararse. Cuando rezamos, nosotros nos paramos delante de Hashem. Cuando hacemos mitzvót y buenas acciones, nosotros caminamos en el camino de Hashem. Solo los que saben como pararse, saben también cómo caminar. Y sólo los que saben cómo caminar, saben también cómo pararse.
La segunda lección es: una persona debe saber como caer y cómo levantarse. Y eso es muy difícil. Realmente es muy difícil saber cómo caer y cómo levantarse.
Si vos te caes pero estás lleno de alegría, ¿qué es lo que sucede?
Hashem te enseña cómo levantarte. También cuando te caes, tienes que estar lleno de alegría. Dile a Hashem: Soberano del Mundo, yo se que Tu me quieres enseñar algo (a través de la caída). Tú me dices: ¡aprende a caer, aprende a levantarte, aprende a caer, aprende a levantarte ...!
La tercera lección es: ¿Qué haces cuando te caes y estás tan quebrantado que ya no puedes levantarte?
¿Qué haces cuando no solamente estás “quebrantado” sino que además estás “destruido”? ¿Qué haces cuando caes y nadie te está sosteniendo la mano? ¿Qué haces cuando te caes y nadie te ayuda a levantarte? ¿Qué haces cuando ya estás en el “final” ... y no te puedes levantar?
Mientras tanto, continúa cantando. Mientras tanto, continúa bailando. Mientras tanto, continúa caminando. Mientras tanto continúa parándote. Mientras tanto, continúa amando. Mientras tanto, continúa teniendo esperanzas.
Hasta que de pronto vas a prestar atención y te vas a dar cuenta: que en realidad nunca has caído.
¿Cómo has podido caer, cuando el Uno, Único y Singular te está sosteniendo fuerte todo el tiempo?
¿Acaso no sabes que Hashem está contigo todo el tiempo?
Hashem está contigo todo el tiempo, todo el tiempo. Cuando caminamos, cuando nos paramos y también cuando nos caemos.
108) Ojo por ojo …
Había una persona que acostumbraba a viajar a lo de Rav Zusha de Anípoli para darle dinero de “rescate” a cambio de que rece para que se le cumplan sus pedidos.
Una vez fue a visitar a Rav Zusha y no lo encontró en su casa. Le preguntó a la esposa de Rav Zusha dónde estaba, y ella le respondió que se había ido a visitar a su Rabino, el Maguid de Mezeritch.
Exclamó el sorprendido visitante: ¿Qué? ¿Acaso el Rabí tiene su propio Rabí? Y pensando para sí se dijo: iré entonces yo también a visitar a su Gran Rabí.
Viajó a lo del “Maguid de Mezeritch”, entró a su cuarto, le dio el “dinero de rescate” y retornó a su casa.
Sin embargo, a partir de aquel día sus negocios comenzaron a empeorar, hasta que finalmente perdió todos sus bienes.
Su esposa lo atormentaba increpándole: ¿por qué abandonaste a tu Rabino? Debes viajar a lo de tu antiguo Rabino Rev Zusha, y pedirle que rece por tu salvación.
Decidió hacerle caso a lo que dijo su esposa y viajó a lo de Rev Zusha.
Al llegar a la ciudad de Anípoli, entró con Rev Zusha y le contó todo lo que le había sucedido. Luego de relatarle su situación le dijo así: Todo el tiempo que venía con usted, me continuaba enriqueciendo día a día, más luego de comenzar a visitar a su sagrado Rabino, me fui empobreciendo hasta que quedé prácticamente en la ruina. ¿Acaso es justo me haya sucedido lo que me sucedió, después que fue usted mismo quién me dijo que su Rabino era mucho más grande que usted?
Le contestó Rev Zusha diciéndole: Te voy a explicar. Por supuesto que mi Rabino es miles de veces más elevado que yo, y justamente por eso te sucedió lo que te sucedió. Todo el tiempo que dabas a alguien simple como Rev Zusha, el Santo Bendito Sea se comportaba contigo de la misma manera y te daba sin discriminarte en relación a otras personas. Sin embargo, cuando comenzaste a buscar a personas más importantes que yo para darles, del cielo decidieron discriminarte también a ti, y entregarle el dinero a personas que son más importantes que tu ...
109) El mejor abogado ... de uno mismo.
Rabi Shabtai HaCohen, autor del Sha”j (Autor del libro “Siftei Cohen sobre los Tomos de ‘Yore Dea’ y ‘Joshen Mishpat’ del ‘Shuljan Aruj’), tuvo una vez un litigio sobre cuestiones monetarias con una de las personas mas ricas de la ciudad de Vilna. Ambos litigantes acordaron presentar el problema ante una de las autoridades halajicas mas importantes de su generacion, el cual vivia en una ciudad que quedaba lejos de Vilna, y que de seguro no conocia al Sha”j. El Rabino elegido fue el Rabino Abraham Aba, Rabino de la ciudad de Novardok, el cual era conocido como un genio en cuestiones halajicas y una persona sumamente justa.
Antes de salir de viaje, repaso el Sha”j todos los temas relacionados con el litigio que tenian que aclarar, revisando tanto el Talmud como las decisiones halajicas de Maimonides, el ‘Tur’ y el ‘Shuljan Aruj’, llegando a la conclusion que definitivamente la justicia en el litigio estaba de su parte, y que de seguro saldria ‘vencedor’ en el juicio.
Cuando vinieron ante Rabi Aba y ambos litigantes presentaron sus punots de vista, Rabi Aba profundizo en todos los aspectos legales y finalmente decidio que la razon estaba de parte del otro litigante y que el Sha”j era quien habia errado en su apreciacion de la situacion.
El Sha”j se sorprendio sumamente del veredicto, por lo cual le pregunto en base a que argumento lo habia inculpado.
Rabi Aba se dirigio a su armario y saco de alli el libro del Sha”j ‘Siftei Cohen’ sobre el ‘Joshen Mishpat’, el cual habia sido publicado hace menos de un ano, y le mostro que en las disposiciones halajicas que alli aparecian, en una situacion asi la razon estaba de la otra parte.
Profundizo el Sha”j en lo que alli aparecia escrito, y efectivamente entendio las razones de Rabi Aba.
Luego de esto, el Sha”j se presento ante Rabi Aba, haciendose conocer como el autor de dicho libro. Luego de esto exclamo: Cuan ciertas son las palabras de nuestros sabios que dicen que la persona nunca ve sus propias culpas y que definitivamente somos los mejores abogados de nosotros mismos ...
110) El honor del prójimo
El Rabino Jaim Ozer de la ciudad de Grodzensky, iba una vez caminando junto a sus alumnos por las calles de Vilna. De pronto, se acercó a el un hombre y le pregunto al Rabino si conocía donde quedaba determinada calle. A pesar de que la calle quedaba lejos de allí, caminó el Rabino Ozer durante casi media hora hasta que llegaron a la dirección exacta a la cual el hombre tenía que llegar.
Le preguntaron los alumnos al Rabino: Por qué dedicó tanto tiempo a acompañar al señor hasta la dirección que necesitaba? Acaso no podría haber hecho lo que la gente comúnmente hace, que es dar las indicaciones de como llegar, y como máximo la persona hubiera preguntado nuevamente durante el camino donde quedaba la dirección exactamente? Por que usted decidió realizar una caminata tan extensa para acompañarlo al lugar preciso al cual tenia que llegar?
Les contestó el Rabino Ozer: Acaso no se dieron cuenta que el señor que preguntó por la dirección era tartamudo? Si yo no lo hubiera acompañado, el hubiera tenido que preguntar una y otra vez, con la incomodidad y vergüenza que eso implica para una persona de su condición. Para evitar que una persona sea avergonzada, vale la pena realizar una caminata tan larga como la que hicimos ...
Una vez, Rabí Meir de Lublin visitó una ciudad para recaudar fondos para el mantenimiento de su Yeshivá - “la Yeshivá de los Sabios de Lublin”. Entró en el Beit Hakneset principal de la ciudad, y brindó un impresionante sermón en el cual enfatizaba la importancia de ayudar a las personas que se dedican al estudio de la Torá, logrando despertar los corazones de sus oyentes para dar su dinero con beneplácito y generosidad.
Al finalizar su sermón, se dirigió a un muchacho muy jovencito que se hallaba entre el público, el cual se había apretujado entre la enorme masa de gente para poder escuchar lo que el Rabino decía.
Hijo mío, exclamó Rabí Meir: “¿Acaso has comprendido lo que he dicho en mi sermón?”.
“¡No!”, exclamó el joven muchacho, sólo comprendí que una persona debe de estar dispuesta a desprenderse de sus bienes materiales y dar de su dinero para propósitos de Tzdaká.
“Si es así – exclamó Rabí Meir -, has comprendido mi sermón mucho mejor que la mayoría de las personas adultas que se han congregado en este lugar ...