La helenización  y la rebelión contra ella

*Material editado por Najalat Baruj

Cuando Alejandro Magno, llego a Israel la estampo con la cultura Griega. No había casi  ninguna institución, casi ningún lugar que no hubiera sido influenciado por el nuevo espíritu, la deificacion del deporte y la belleza, de la poesía y del dominio mundial. Incluso los sacerdotes del Santo Templo fueron afectados hasta el punto que se empezaron a vestir diferente y a entonar sonidos distintos a los habituales. Un hombre llamado Joshua, el cual había sobornado a las autoridades griegas para que le dieran el trabajo de Gran Sacerdote en el Templo de Jerusalem, se cambio el nombre a Jason. Su hermano menor de llamarse Jonyah se cambio el nombre a Menelaus. Construyeron un gimnasio a los pies del monte del Templo. Fuera con lo viejo, adentro con lo nuevo.

Pero acaso realmente se podía llevar a cabo el servicio del Templo con unos dirigentes que solo pensaban en belleza y el gimnasio? Acaso uno podía prosternarse en el santuario de D—S, declarando su firmeza hacia las leyes que fueron entregadas en el Sinai, y después salir a tirar la jabalina, recitarle algo a Zeus y a sus amigos los dioses en el monte de Olimpus?

Como hemos visto, todo era muy fácil. Cuando ellos se ponían los uniformes de sacerdotes, eran sacerdotes. Cuando se los quitaban, podían indulgirse de todas las porquerías paganas que habían exportado de Atenas. Ellos, y quienes los siguieron, decían sus rezos pero de los labios para afuera, su judaísmo era como una jabalina que podía ser lanzada en un momento, dejando todo y tratando de ser tan buenos como los Griegos.

Rab Shimshon Rafael Hirsh, ofrece una nueva perspectiva en la historia de Januca. El pregunta, acaso no es extraño, que los Macabeos comenzaron la revuelta en contra de los helenistas lejos del Templo? Un día, un grupo de soldados griegos rodearon la ciudad de Modiin. Construyeron un altar pagano, y el capitán ordeno a el venerable anciano Matatiahu, a que llevara una ofrenda al altar. Matatiahu, un viejo hombre en sus ochenta, se rehúso. Mientras que otro judío se acerco para hacer la ofrenda y complacer al capitán, el anciano Matatiahu, se puso furioso en celos por D—S, por lo que mato al renegado judío y al capitán griego, destruyo el altar, y declaro la guerra a los invasores.

Con esto nació la conocida revuelta Macabea. Miles de judíos con coraje subieron a las montanas y atacaban a las patrullas griegas. Este sobresaliente contra ataque, en el nombre de D—S y ayudado por D—S, empujo al fuerte invasor y culmino con la liberación y rededicación (Januca) del Templo.

 Aquí estaba un viejo hombre el cual vivía a una larga distancia del Templo de Jerusalem. El podría aparentar estar mas alejado de la vida espiritual judía que el prestigioso Jason y Menelaus, los cuales caminaban por Jerusalem cargando consigo el titulo de Gran Sacerdote. Pero para Matatiahu, la religión no era una identidad la cual uno podía vestirse y desvestirse según la necesidad del momento. Su judaísmo no estaba limitado a un set prescrito de rituales los cuales se tenían que llevar a cabo. Si Matatiahu no podía vivir cada momento de su vida como judío, no podía vivir del todo. Un hombre así hizo falta para combatir la infiltración del helenismo en la vida judía. Este es el hombre el cual recordamos cada Januca.

El entender esta explicación en la historia de Januca suma una nueva dimensión a las luces de la janukia. Estamos encomendados a prender en orden ascendente: uno, dos, tres y así sucesivamente. Pero este ritual no es para llevarlo a cabo en la sinagoga, nuestro Templo. Debe ser llevado a cabo en nuestras casas. Nosotros conmemoramos el milagro de la dedicación del Templo en Jerusalem al prender ese pequeño potecito de aceite en nuestros propios cuartos, en la cocina, para recordarte que el judaísmo no es un traje el cual debe ser vestido para llevar a cabo el servicio tres veces al ano, y que puede ser desvestido cuando obstruye nuestra carrera o limita nuestro circulo de amigos. Esto es lo que nos advierte la Janukia, es una travesía para el judaísmo y consolida nuestra existencia como pueblo.