PERASHA HAAZINU:
"Teshuba:
el regalo Divino"
Nos encontramos en los "diez días de Teshuba" que corresponden
a los días que median entre Rosh Hashaná y Iom Kipur. Sobre ellos, el versículo
en Ieshaiá 55 se refiere diciendo: "Busquen a Hashem cuando se encuentra,
llámenlo mientras se encuentra cerca". Son días propicios para
alcanzar la Teshuba. Para ello debemos saber en qué consiste y cuáles son
los caminos para encontrarla. El Talmud en Shabat 10 comenta: "Quien
entrega un regalo a su compañero, debe hacérselo saber". ¿Por qué debe
hacerlo? Rashi lo explica: "Para que su compañero lo aprecie, y ese
sentimiento traerá unión entre todo el pueblo de Israel". Pero quizás se
pueda dar otra respuesta: quien recibió un regalo y no se enteró, no podrá
valorarlo ni utilizarlo. Si alguien introduce dinero en el bolsillo de su compañero
sin que éste se entere, no sólo que no cuidará el dinero que recibió, sino
que tampoco podrá tener provecho del mismo. Quien aprecia de verdad a su compañero,
debe informarle no sólo del obsequio que le dio, sino del valor del mismo para
que pueda aprovecharlo de la mejor manera posible. La Teshuba es un regalo
precioso que Hashem entregó al pueblo de Israel por el cariño que le tiene.
Debemos comprender en qué consiste realmente para poder obtener el mejor
beneficio de ella.
El Rambam en Halajot Teshuba cap.2 menciona cuatro principios de la
Teshuba: 1) abandonar el pecado y retirarlo incluso del pensamiento 2) decidir
con todo el corazón no ser reincidente en el futuro 3) arrepentirse
sinceramente por el pasado, poniendo como testigo a Quien sabe los secretos de
la persona, que no caerá nuevamente en el pecado 4) confesar con sus labios
delante de Di-s todo su actual pensamiento. Una de las preguntas clásicas que
se formulan con respecto a este tema es la siguiente: la Teshuba depende del
deseo sincero de no tropezar nuevamente con el pecado y Hashem debe atestiguar
que ese pensamiento es verdadero. Por lo tanto, si la persona con el correr del
tiempo reincide en el pecado, demuestra que su deseo de aquel momento no fue
sincero. Entonces, ¿se anuló retroactivamente su Teshuba? De ninguna
manera, lo que sucede es que el ser humano nunca se encuentra en un mismo nivel
espiritual: se eleva o desciende. Cuando decide en su interior en forma sincera
que "no lo hará nuevamente", Di-s atestigua sobre él que ése es su
verdadero pensamiento. El Rambam se refiere indirectamente a este punto al
acentuar la frase: "poniendo como testigo a Quien sabe los secretos de la
persona". El Rambam no se refiere a "Quien sabe el futuro",
porque si bien en ese momento Hashem sabe que la persona caerá nuevamente -nada
está oculto para El- de todas formas la juzgará por su Teshuba de ese momento.
Si el sentimiento es puro y sincero y se cumplen las cuatro condiciones que
el Rambam menciona, la Teshuba es aceptada por más que el instinto del mal lo
hará tropezar en el futuro. Evidentemente que si, a los pocos días de Iom
Kipur reincide en el pecado, quedará demostrado claramente que su Teshuba habrá
sido sólo una expresión de deseo sobre la que Hashem no había atestiguado. El
Saba Mikelem Z"L lo ejemplifica con un niño al que su padre le ordenó
arrojar la golosina que tenía en su mano. El niño obedeció a su padre, pero
al poco tiempo tomó nuevamente otra golosina, demostrando que cuando la había
arrojado no había sido porque aceptaba la orden de su padre sino por la presión
que recibió. Seguramente que cuando la había arrojado, estaba pensando cuándo
encontraría la oportunidad de volver a tomarla. En forma similar, si la
persona después del día de Kipur retorna a sus pecados, evidencia que su
pretendida Teshuba fue sólo un acto externo lejano del verdadero sentido del
arrepentimiento.
No se trata de una tarea sencilla. Sólo que Hashem extiende Su mano al
encuentro de quienes con sinceridad intentan alcanzar la Teshuba.
En el Sefer Orjot Sadikim se comenta que es tan importante la Teshuba que llega
hasta el Trono Celestial, como está escrito en el versículo de Hoshea 14:
"Retorna Israel hasta Hashem tu Di-s". Nuestros Sabios explican que
cuando Moshe Rabenu subió espiritualmente al Cielo para recibir la Torá, fue
pasando sucesivamente por cada uno de los siete cielos hasta que pudo tomar con
su mano el Trono Celestial. En cada uno de los cielos, un grupo de ángeles le
explicaba a Moshe la importancia de distintos valores con los que Hashem creó
el mundo. En el primer cielo, los ángeles le hablaron de la Torá. En el
segundo, le comentaron sobre la importancia de la Torá y del pueblo de Israel.
Sucesivamente fue subiendo Moshe Rabenu por cada cielo y escuchó como los ángeles
le hablaron sobre Ierushalaim, el Mashiaj, el Gehinam y el Gan Eden. En el último
de los cielos, los ángeles le mencionaron a Moshe la importancia de la Teshuba.
El Zohar Hakadosh en Vaikrá 29 comenta que "todas las almas se
encuentran debajo del Trono Celestial", o sea que Hashem por el cariño que
dispensa al pueblo de Israel le dio la función de crear el mismo Trono
Celestial. Moshe Rabenu lo alcanzó en ese instante. Cada ser humano puede también
lograrlo y a eso se refiere la frase: "es grande la Teshuba que llega hasta
el Trono Celestial". Hashem con Su piedad nos entregó ese tesoro tan
precioso llamado Teshuba que devuelve a la persona al lugar de donde provino su
alma. Lo que Moshe Rabenu pudo alcanzar luego de elevarse por siete cielos y
de recibir las enseñanzas de los ángeles, el ser humano puede alcanzarlo en un
instante por medio de la Teshuba. El Rab Dessler en su libro Mijtab Meeliahu
lo compara con un edificio muy alto que tiene un ascensor muy pequeño y de
capacidad limitada. A quien puede caminar por sus propios medios, le piden que
se esfuerce y suba por las escaleras. En cambio, a una persona inválida la
suben rápidamente por el ascensor hasta el último piso. De la misma forma,
quien tiene el mérito de servir a Di-s con sus propias fuerzas desde su
juventud, debe esforzarse nivel tras nivel para completar su función dentro de
las almas de Israel. Pero quien no posee esa fuerza, dependerá de la ayuda de
Di-s que le permita sacarlo de la profundidad del pecado. Como el favor de
Di-s no tiene límite, en un sólo instante alcanzará su lugar debajo del Trono
Celestial.
El Talmud en Sanhedrin 103 comenta sobre la Teshuba de uno de los reyes
de Israel: el rey Menashé. Luego de años de cometer los peores pecados tales
como introducir una estatua en el propio Bet Hamikdash, supo aprovechar su
instante de reflexión y retornó en Teshuba. Hashem -relata el Talmud- hizo un
"túnel" especial debajo de Su Trono para aceptar la Teshuba de Menashé
pese a la oposición de los ángeles fiscales. En realidad, la Teshuba de Menashé
había sido condicionada. En un momento de sufrimiento, se había dirigido a
todas las idolatrías que servía para que lo salvaran. Al no recibir respuesta
alguna, recordó que su padre Jizkiá le había enseñado sobre la existencia de
Di-s y decidió recurrir a Su ayuda diciendo: "si Tú me contestas existes,
de lo contrario eres como todas las idolatrías". Su Teshuba no fue íntegra,
los ángeles en el cielo quisieron impedir que su Teshuba fuera aceptada. Sin
embargo, Hashem la aceptó para enseñarnos hasta qué punto se puede recibir
la ayuda Celestial si por lo menos se da un pequeño paso -como el que había
dado el rey Menashé- hacia Su encuentro.
El término Teshuba proviene de la raíz "Lashub" que significa
volver. ¿A dónde debemos regresar? A nuestra fuente, debemos devolver el
alma al lugar de donde provino haciendo Su voluntad expresada en la Torá.
Ahora comprendemos el concepto del Sefer Orjot Sadikim refiriéndose a que
"la Teshuba llega hasta el Trono Celestial". Por lo tanto, la Teshuba
abarca no sólo al pecador sino también a la persona íntegra y recta, que
también deberá esforzarse y superarse en sus actos para devolver su alma pura
a Su Creador. El Talmud en Nidá 30 comenta que al bebé en el vientre de su
madre un ángel le enseña toda la Torá. Antes del nacimiento, le hace olvidar
todo lo que le enseñó. ¿Cuál es el sentido de haberle enseñado si luego hará
que lo olvide? Explican nuestros Sabios que si no fuera que previamente el ángel
le enseño la Torá, la persona en vida no podría comprenderla por más
esfuerzo que realizara. Sólo después que la Torá quedó grabada en su
alma por medio del ángel, podrá alcanzar en la vida el nivel que tuvo en un
momento.
En el alma de cada Iehudi, está implícito el deseo de elevarse y unirse
a Di-s. El instinto del mal confunde a la persona y la lleva por el camino
incorrecto de los placeres y deleites falsos de este mundo. El alma mientras
tanto está sedienta. El libro Mesilat Iesharim lo compara con un campesino que
se casó con la hija del rey. Aunque le brinde todo lo mejor, nunca estará
conforme porque ella estuvo en el palacio y los placeres que recibió son
superiores completamente. En forma similar, el alma nunca se llenará con
los placeres mundanos, sólo cuando se dedique a lo espiritual cumpliendo las
Mizvot y estudiando la Sagrada Torá encontrará su verdadero bienestar. Es el
camino de la Teshuba al que nuestros Sabios se refieren.
Nadie debe pensar que es sólo una persona más que existe en el mundo y
que por lo tanto sus actos son intrascendentes. Por el contrario, cada
pensamiento, palabra y hecho que la persona realice influye en los mundos que
Hashem creó. Ribi Jaim Mivoloshin Z"L en su libro Nefesh Hajaim nos
aclara el concepto. Si bien la persona posee cuerpo y alma, la raíz de su alma
está en uno de los lugares más elevados de los mundos que Hashem creó,
incluso por encima de los propios ángeles. El Zohar Hakadosh comenta que los
mundos que Hashem creó se desarrollan uno a continuación del otro. Lo que
sucede en el mundo inferior, depende de la influencia que reciba del superior. La
persona con sus actitudes modifica su raíz celestial que se encuentra en uno de
los mundos más elevados: si se comporta con santidad, su raíz celestial
transmite esa Kedushá a todos los mundos que la suceden. Si lamentablemente su
actitud es negativa, transmitirá la impureza de sus actos a su raíz celestial
que a su vez la irradiará a los otros mundos. De la misma forma que al
tirar del extremo de una soga, se provoca un movimiento que llega hasta el otro
extremo de la soga, las actitudes y pensamientos de la persona modifican la raíz
de su alma que se encuentra por debajo del Trono Celestial. Quizás ahora se
pueda dar otra explicación al concepto del Pirke Abot 2: "Debes saber lo
que existe por arriba de ti". Normalmente explicamos que se refiere a que
la persona debe tener conciencia que desde el cielo Hashem observa su
comportamiento. Pero con estos conceptos tan profundos, el Rab Mivoloshin
Z"L explica: "debes saber que lo que existe arriba es de ti", o
sea que lo que sucede en el Cielo depende de los propios actos de la persona. La
responsabilidad que tenemos es enorme.
Cada uno de nosotros dispone de esa fuerza. Quien comprenda aunque sea
sólo una parte de estos conceptos, debería estremecerse por todo lo que de él
depende. El Rab Jaim Mivoloshin Z"L comenta que la persona puede con
sus actitudes ser peor que el rey de Babel Nabucodonosor que destruyó el primer
Bet Hamikdash o que Titos el perverso, quien destruyó el segundo Bet Hamikdash.
El razonamiento es lógico: lo que ellos hicieron en la práctica, fue sólo una
reproducción de lo que ya había sucedido en el Cielo. El Bet Hamikdash
celestial ya había sido destruido a causa de los pecados del pueblo. Titos y
Nabucodonosor fueron la mano ejecutora de algo que ya estaba concluido. En
cambio, cada Iehudi con sus actos puede elevar los mundos o -Di-s no lo
permita- destruirlos. Es la fuerza que poseemos y es otra de las
explicaciones que se dan al concepto de "imagen y semejanza" que
tenemos con Di-s. Así como El es dueño de la fuerza y todo lo hizo de la nada,
también el ser humano dispone en su medida del poder para construir o destruir
mundos con sus actitudes.