El reclutamiento de los alumnos de las  Yeshivot

Rav Shlomo Aviner

 

Pregunta: ¿Acaso ha llegado el momento de obligar a todos los alumnos de las  Yeshivot a alistarse en el ejército? ¿Acaso no constituye un precepto religioso que todos participen y sirvan a la patria?

Respuesta: Durante la guerra de la Independencia, hubo rabinos que amaban a la tierra de Israel y creían en la redención que consideraron que los alumnos de las Yeshivot debían consagrarse día y noche únicamente al Kodesh, a la enseñanza divina, a través del estudio de la Torá.

Sin embargo, en la Yeshivá de Mercaz Harav, la opinión de nuestro maestro el Rav Tzvi Yehuda Kook fue que había que alistarse en el ejército, tal como lo aclaró en su artículo: “Para los preceptos de la tierra”, donde detalló los preceptos y la fe que nos vincula a la tierra de Israel (en “Los senderos de Israel”, A 118). De este modo, siguiendo sus enseñanzas, todos los alumnos de la Yeshivá se alistaron en el servicio militar.

Nuestro rabino precisó que no hay excención alguna ni consideraciones especiales. Enseñó que se podía aplazar el servicio hasta que el alumno se sienta fuerte en su espíritu y se transforme en un Talmid jajam, grande en la Torá. Pero todos, sin excepciones, están obligados a realizar el servicio. Sus alumnos y los alumnos de sus alumnos actúan hasta el día de hoy siguiendo estas enseñanzas. Finalmente, todos llegan a las filas de Tzahal, el Ejército de Defensa de Israel, en diferentes marcos y por distintos períodos, siendo excelentes soldados.

No pensemos que la edad joven es la condición para el servicio militar.  Hay quienes se alistan en una edad más tardía y se transforman en soldados ejemplares. Los alumnos de las Yeshivot sionistas quieren al ejército y sirven en él con una alta motivación.

En cambio, en cuanto a los alumnos de las Yeshivot Jarediot (ultraortodoxas), parece que no hay lugar de imponer el servicio en las filas de Tzahal. No es posible obligarle a una persona a que sea un soldado si no tiene la motivación necesaria. Se puede imponer el pago de impuestos, el dinero llegará de todos modos. El emperador Vespasiano en su época instaló baños públicos pagos. Se sorprendieron en el Senado y dijeron: “¿Acaso de eso haremos dinero?”. Les respondió: “el dinero no tiene olor”. Así también el pago de impuestos: con o sin voluntad, contribuye al estado.

Pero un soldado contra su voluntad, no actuará como corresponde. Por lo tanto, con todo el dolor que esto significa, hay que ser pacientes.  Si D’s quiere, con el tiempo, encontraremos soluciones que sean también aceptadas por el público “Jaredí”.

Un ideal no puede ser impuesto por la fuerza: ni forzando a los jilonim (judíos seculares) para que lleguen a la Torá, ni a los jaredim para que se enrolen en el ejército. Hay que convencer, hay que entusiasmar.

Llevará tiempo, pero con la ayuda de D’s, lograremos hacerlo.