EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE
Sobre el mundo animal y la Tora
Quisiera
dedicar este articulo a un mundo que nos es sumamente cercano, y que, sin
embargo, nos suele parecer un tanto ajeno a nuestros deberes como judíos.
Me refiero al mundo animal, al cual aluden numerosas Mitzvot de la Torá.
¡¿El mundo animal?! ¡Sí, señor!
Muchas de las Mitzvot, las debemos practicar en relación con los
animales. No
nos vamos a dedicar en este momento a los Korbanot (ofrendas), (ni a la
costumbre de muchos de visitar el zoológico en Jol HaMoed...) sino a la vida
cotidiana.. Sin
embargo, antes de entrar en el tema de los preceptos puntuales, debemos ubicar
al ser humano (que somos nosotros) en su posición frente a los animales.
En el génesis
del universo, se habla del ser humano como aquel que recibe las guías
del Todopoderoso acerca del rumbo que debe tener el cosmos en su totalidad y la
responsabilidad del hombre frente a las demás creaciones.
En aquel momento trascendental, D”s le advirtió que “señoree sobre
los peces del mar y las aves del cielo... (Bereshit 1:26
y 28)”.
“Lo has hecho gobernar sobre Tu creación, todo has colocado bajo sus
pies” (Tehilim
8:7-9). Nuevamente,
después del gran diluvio que ocurrió en la época de Noé, D”s declaró
(Bereshit 9:2) que “vuestro temor y pavor será sobre todo animal en la tierra
y toda ave en los cielos...”
(Bereshit 9:3) “todo reptil que vive, a vosotros servirá para comer,
como la verdura de hierba...”.
De estos versículos queda bastante claro, que el
mundo animal está a disposición de los seres humanos para utilizar y para
consumir.
En los distintos escritos de los Sabios, encontramos que las creaciones
se clasifican en cuatro categorías que son cada una superior a las anteriores:
los elementos inertes, los vegetales, los animales y el hombre.
Este último que se denomina “medaber”, o sea parlante, supera a
todas.
“¿Has visto alguna vez un bicho o ave que tengan un oficio?” - pregunta R.
Shimon ben Eleazar en la Mishná al final del tratado de Kidushin (4:14) -
“sin embargo, se alimentan sin aflicción, y estos no han sido creados sino
para servirme, mientras que yo fui creado para servir a mi Creador (es decir que
vivo en un plano mas elevado).. ¡¿No debiera estar provisto mi sustentoa al
menos tan disponible como el de ellos?!
Sin
embargo, he corrompido mis acciones y frustré mi manutención”.
La visión de los Sabios en cuanto al rol honorífico y diferenciado del
hombre frente al animal, es sumamente claro.
“Si no hubiese sido entregada la Torá, hubiésemos podido aprender la
conducta recatada de los gatos,
la abstención del robo de las hormigas,
la fidelidad hacia la pareja de las palomas
y la conducta conyugal de las gallinas”
(Talmud Kidushin 100:).
“Iehudá ben Tiemá dice:
Debes ser valiente (ante la adversidad externa) como una pantera,
ingrávido (suave con la gente) como el águila,
rápido (diligente con el cumplimiento de los preceptos) como el ciervo
y fuerte (firme en las convicciones) como el león
para cumplir la voluntad de tu Padre del Cielo”
(Pirkei Avot 5:23, explicado a base de “Visions of the Fathers” de
Rav Avraham Twersky M.D.-
Artscroll/Mesorah))
“El buey
conoce a su dueño y el asno
el pesebre de su amo; mas Israel no quiso conocer... (Ieshaiahu 1:3)
Dada
su inteligencia, el ser humano debe poder contemplar (hasta discernir lo
positivo de sus conductas) y emplear a todos sus subalternos en su propia misión
divina, moral, libre y soberana, sin abusarlos en el modo que no corresponde.
¿Qué es lo que no corresponde? - pregunta Ud.
Bien.
La Torá nos hace saber, mediante varias leyes, que todo tormento y
suplicio causado
innecesariamente a los animales está prohibido.
Si bien existe una discusión en la Mishná acerca de si esta prohibición
es de orden bíblico o rabínico, la definición legal queda como la primer
postura: Causar
dolor superfluo (Tza’ar ba’alei
jaim) al animal es una prohibición bíblica (Maimónides Mishné Torá,
Hiljot Rotzeaj 13:8).
El
pueblo de Israel no ha conocido cazadores de animales como
lo fueron los “caballeros” de la Edad Media y la aristocracia de la
Edad Moderna. Las
corridas de toros y las riñas de gallos, pertenecen a otras culturas.
Varias de las leyes que nos enseñan a tener consideración especial con
la aflicción del animal, están en Ki Tetzé.
Otras están ubicadas en otros sitios de la Torá.
El orden que seguimos a continuación al enumerar los preceptos no
corresponde a la secuencia en la cual se encuentran en el texto de la Torá.
Veamos:
“No deberás colocar un bozal al toro cuando está trillando” (Devarim
25:4): pues
el toro ve las espigas que trilla, pero no
puede comer.
“No ararás con el toro y el asno juntos” (Devarim 22:10) según
algunos: el
asno mira cómo el toro rumia y vuelve a masticar, mientras él tiene la boca
vacía.
“No verás al asno de tu hermano o a su toro caídos en el camino...
ciertamente lo ayudarás a levantarlos” (Devarim 22:4).
Al
encontrarse simultáneamente con esta última Mitzvá y aquella que ordena a
asistir a otra persona a cargar los bultos sobre su asno, dado el dolor del asno
caído, se deberá priorizar a aquel que sufre (Talmud Baba Metzia 32:).
“Si te encontraras con un nido de pájaros en el camino... no tomarás
a la madre que está con los hijos...” (Devarim 22:6).
El tema no se agota aquí, pero alcanza para darnos a entender el
compromiso que nos incumbe respecto al cuidado de estos seres que son inferiores
a nosotros y que D”s puso a nuestra disposición.
Antes de pasar a un incidente aleccionador del
Talmud, sería útil agregar que los Sabios han desplazado ciertas leyes
rabínicas en situaciones en que chocaban con Tza’ar ba’alei jaim.
Rabi Iehudá HaNasí estaba estudiando, cuando un ternero - que estaban llevando
para carnear - se escapo y ocultó bajo la vestimenta del Rab.
R. Iehudá lo alejó y le dijo que fuera con sus dueños, pues para ese
fin había sido creado.
Desde aquel momento comenzó a sufrir espantosamente.
Su padecimiento persistió por trece largos años y no se calmó hasta
que ocurrió otro episodio:
la empleada estaba limpiando la casa y, en algún rincón se habían
refugiado unas crías de comadrejas.
Cuando R. Iehuda vio a la empleada barriendo a las crías con la escoba,
intercedió para protegerlas, diciendo:
“Su misericordia (se extiende) sobre todas las criaturas” (Tehilim
149:9).. En
aquel momento, desaparecieron los sufrimientos que lo torturaban.
(Talmud
Baba Metzia 85.)
¡Qué
importante esta lección!
La mayor jerarquía del hombre, se traduce en mayor responsabilidad..
Nuestros líderes:
Ia’acov, Moshé y el rey David, fueron pastores.
El Midrash nos cuenta que Moshé fue declarado digno de guiar a su
pueblo, después que demostró su preocupación para con las ovejas.
Por otro lado, Noaj (Noé), perdió su encumbramiento (de haber sido el
salvador de la humanidad), cuando expresó al cuervo (que no quería alejarse
del arca por miedo a arriesgar la continuidad de la especie):
“¿Y quién, acaso, te necesita?”
El
único espacio en que las proporciones de los sentimientos encuentran un
equilibrio perfecto, es la Torá.
En la edad contemporánea, nos encontramos con el extremo del absurdo,
cuando los nazis, asesinos de hombres, mujeres y niños, prohibieron la Shejitá
(modo ritual de faenar) por no responder a los lineamientos de su “sociedad
protectora de animales”... El profeta Hoshea (13:2) los singularizó:
“los que sacrifican personas, besan animales”.
La
gente suele decir que el perro es “el mejor amigo del hombre”. ¡Qué
triste! ¡Qué mal habla esto de nosotros.
El perro suele ser fiel al amo (aun si fuera cruel y desalmado), pues
responde al instinto que D”s le confirió.
No tiene otra opción. ¿No
debiera el hombre mismo ser “el mejor amigo del hombre” (su prójimo) por
elección moral?
¿Es que solo en el animal, encuentra el hombre un “mejor amigo”?
Posiblemente el versículo de Tehilim (49:21) nos dé la respuesta:
“Cuando el hombre, que vive en su gloria, no quiere comprender (su
potencial, prestigio y preponderancia espiritual con las consiguientes
obligaciones), pues se compara a un animal sin vida” (“El
animal no domina al hombre, sino cuando intuye que este se le asemeja”
- Talmud Shabbat 151:) ¿Será, quizás, que el ser humano perdió el timón?
Daniel
Oppenheimer