PERASHA EKEB:

"El temor a Di-s"

 

"Y ahora Israel, ¿qué es lo que Hashem tu Di-s reclama de ti? Sólo que temas a Hashem tu Di-s" (Debarim 10). El Talmud en Berajot 33 comenta que en los depósitos celestiales, Hashem sólo guarda los tesoros del temor hacia El. El Gaon de Vilna explica esa frase del Talmud diciendo que normalmente en los tesoros se guarda lo más preciado que existe, lo que no se encuentra fácilmente en cualquier lugar. Como Hashem es quien da absolutamente todo a la persona, no hay nada que tenga valor en el cielo, ya que todo abunda allá. Lo único que depende de la persona misma es el temor a Di-s y es lo más precioso que existe en el cielo. Por eso, Hashem lo cuida en Su tesoro celestial.

 

En Bereshit 20, la Torá comenta que Abraham Abinu fue a un lugar llamado Guerar y le pidió a su esposa Sará que dijera que él era su hermano para que no lo mataran para quedarse con ella. El rey Abimelej tomó a Sara, pero Hashem se le presentó en sueño y le advirtió: "He aquí que morirás por la mujer que tomaste; ella tiene marido...". "Y Abimelej no se acercó a ella...". Madrugó Abimelej al otro día y reunió a toda su gente para contar su sueño y llamó desesperadamente a Abraham: "¿Qué nos has hecho? ¿Qué pequé contra ti que trajiste sobre mi reino un gran pecado?...¿Qué has visto para hacer tal cosa?". El reclamo de Abimelej a Abraham consistía en averiguar por qué le había mentido diciéndole que Sara era su hermana. La respuesta de Abraham fue muy clara: "Porque dije, sólo que no hay temor a Di-s en este lugar y me matarán por causa de mi mujer". ¿Cómo supo Abraham que no había temor a Di-s en ese lugar? El Talmud en Babá Kamá 92 lo aclara: "un huésped que llega a una ciudad es normal que le pregunten si necesita comida o bebida. ¿Acaso le preguntan por su mujer? ¿Le preguntan si es su señora o su hermana?". En apariencia, Guerar era un lugar de gente culta e inteligente. Cualquiera hubiera creído que se podía vivir en él con tranquilidad ya que las leyes que regirían serían correctas. Sin embargo, Abraham Abinu sabía del peligro real. Esas personas de apariencia educada, podían transformarse en las peores bestias de un instante al otro con tal de complacer su propio instinto. No servirían para nada la educación y los buenos modales. Sólo algo existe en lo que el ser humano puede confiar: el temor a Di-s, y en Guerar no existía. Quien lo posee y tiene presente que el Señor del Mundo lo observa en forma continua en sus actos y pensamientos, podrá controlar su instinto. A eso se refirió Abraham: "sólo algo no encontré en este lugar: el temor a Di-s". Cuando Ribi Eljanan Vaserman Z"L dio una conferencia en Alemania muchos años antes de que estallara la segunda guerra mundial, se basó en el razonamiento de Abraham Abinu para advertir a los alumnos sobre el peligro que acechaba. El nivel cultural de Alemania en aquel entonces era uno de los más elevados del mundo; sus leyes se referían a la justicia y rectitud. Pero lamentablemente, pocos años transcurrieron y se convirtieron en animales salvajes que asesinaron sin piedad a millones de seres inocentes. Sólo quien había estudiado la Torá con tanta profundidad, pudo prever lo que finalmente sucedió.

 

¿Cómo se refleja el temor a Di-s? Cuando la persona siempre tiene presente a Su Creador, cuando controla sus deseos respetando la palabra Divina. En todas sus actitudes, se cuida de cometer alguna falta que pueda representar una ofensa a Di-s. ¿Acaso alguien intentará -por ejemplo- sobornar a un funcionario público si sabe que en ese momento lo están grabando y filmando? ¡Las pruebas serán evidentes y no podrá desmentirlo! Quien teme a Su Creador sabe que deberá rendir cuenta de todos sus actos.

 

El Talmud en Berajot 28 comenta que cuando enfermó Ribi Iojanan ben Zakai, ingresaron sus alumnos a visitarlo. Al verlos, el Rab comenzó a llorar. Sus alumnos le dijeron: "Luz de Israel ¡columna derecha! ¡poderoso bastón! ¿por qué llora?". El Rab les contestó: "si me llevaran ante un rey de carne y hueso que hoy existe pero que mañana estará en una tumba, que si se enojara conmigo su furia no sería eterna, que si me encarcelara no sería para siempre e incluso si me matara no sería una muerte eterna, a pesar de que podría convencerlo con palabras y sobornarlo con dinero; de todas maneras lloraría. En este momento, me conducen delante del Rey de los Reyes que vive en forma Eterna, que si se enoja su furia será eterna, si me encarcela será por siempre y si me mata, la muerte será para siempre, no lo puedo sobornar con plata ni convencer con palabras. Más aún, existen delante de mí dos caminos: el del paraíso y el del infierno y no sé en cuál de ellos me llevarán. ¿Ustedes no quieren que llore?". Los alumnos estremecidos por la respuesta del Rab le pidieron que les diera una bendición. El Rab les dijo: "Que sea la voluntad de Di-s que tengan temor a El como temen a los seres humanos". Sus alumnos sorprendidos le dijeron: "¡Sólo esto!". El Rab finalizó: "¡Ojalá! Sepan que cuando alguien comete una transgresión, se preocupa porque nadie lo vea". En esas palabras, Raban Iojanan ben Zakai resumía la clave a la que nos referimos: tener presente a Di-s en todas las circunstancias de la vida. Sin esto, el temor a Di-s será imposible que exista.

 

Sin lugar a dudas, el temor a Di-s es la fuente de la que emanan los buenos actos de la persona y por cuyo intermedio alcanza a cumplir con sus obligaciones. Si recordamos lo que la Torá comenta sobre las parteras hebreas en Egipto, nos daremos cuenta de la importancia del tema. El Faraón les había advertido: "cuando las mujeres den de parir... si es un varón lo matarán y si es una mujer la harán vivir" (Shemot 1). Iojebed -la madre de Moshe- y su hija Miriam, estuvieron dispuestas a poner en peligro sus propias vidas desobedeciendo la orden del Faraón, con tal de salvar a los niños de Israel. Cuando la Torá menciona la virtud que motivó ese comportamiento, no recuerda que eran piadosas o que no podían tolerar que los niños murieran. Sólo expresa: "Y fue porque temieron las parteras a Hashem". Gracias al temor a Hashem, pudieron las parteras superar esa prueba.

 

El Midrash Rabá formula el siguiente comentario sobre el versículo de esta Perasha: "Y ahora Israel, ¿qué es lo que Hashem tu Di-s reclama de ti? Sólo que temas a Hashem, tu Di-s" (Debarim 10). El Midrash menciona que el término "y ahora" se refiere a la Teshuba. ¿Cuál es la relación? El instinto del mal seduce a la persona con argumentos de que no es éste el momento en que deba estudiar Torá o pensar en reflexionar del camino equivocado de su vida, sino que debe dejarlo para más adelante o para otra oportunidad. Por eso, los Sabios nos enseñan: "regresa al camino de Di-s hoy, ya que quizás mañana morirás". Sólo si este tipo de pensamientos pasan por la mente de la persona, puede vencer a su instinto. Por eso, la Torá nos enseña: "y ahora", significando que en cada momento debemos pensar cuál es el reclamo de Di-s hacia nosotros. Con esta base, la persona vivirá siempre bajo las reglas de la Torá.

 

Es común escuchar en nuestros días casos de corrupción de funcionarios públicos, a pesar de tratarse de gente de un alto nivel intelectual. Los periódicos se sorprenden y hacen notas especiales de aquellos que encuentran dinero u objetos valiosos y los reintegran a sus dueños, como si se tratara de algo excepcional. ¿Acaso no sabemos que ése es el proceder correcto? Por supuesto que sí, sólo que con saber no alcanza. El rey David en el Tehilim 111 nos enseña: "el camino de la sabiduría es el temor a Di-s". El sabio es quien teme a Di-s y no cambia sus actitudes por un interés personal. Nuestros Sabios comentan el siguiente suceso: Rab Safra tenía a la venta su burro cuando un probable comprador se acercó para intentar adquirirlo. Después de inspeccionarlo, le ofreció cien monedas a Rab Safra, pero como el Rab se encontraba recitando la lectura de la Shemá no pudo contestarle. El pensamiento de Rab Safra estaba concentrado en su Tefilá a Hashem y no en lo que el comprador le decía. El comprador creyó que era poco lo que le ofrecía y duplicó la oferta: doscientas monedas. Rab Safra tampoco le contestó y el comprador siguió elevando su oferta hasta llegar a mil monedas. En ese instante, Rab Safra concluyó su Tefilá y le respondió: "Te lo vendo sólo por cien monedas. En el momento en que me ofreciste esa cantidad, estaba de acuerdo con la operación, pero no podía contestarte porque estaba concentrado en la lectura de la Shemá". Si Rab Safra hubiera querido vender el burro en mil monedas no habría pecado, pero él comprendía que Hashem se encontraba siempre a su lado y conocía sus pensamientos. Para él era indistinto si había dicho o no con su boca que aceptaba las cien monedas, ya que de todas formas Hashem sabía cuál había sido su pensamiento.

 

Un alumno correcto no es el que se comporta adecuadamente sólo cuando es observado por su maestro. Se lo debe educar de manera tal que incluso cuando se encuentre a solas tenga presente las enseñanzas que recibió. De lo contrario, todo habrá sido una especie de teatro y representación de un sentimiento que no existía. Quien llega a la categoría de temer a Di-s, lo tiene presente en cada instante de su vida. No solamente en el Bet Hakeneset demuestra que se comporta de acuerdo con la Torá, sino que incluso al salir, en su vida diaria, en su hogar y en el trabajo tiene presente la frase del Pirke Abot: "Debes saber que hay por encima tuyo un ojo que te observa, un oído que te escucha y todos tus actos en el libro serán escritos".

 

"Si lo buscaras como la plata y lo persiguieras como los tesoros, entonces entenderías el temor a Di-s y hallarías el conocimiento de Di-s" (Mishle 2). El rey Shelomo nos enseña con este versículo la clave de la vida: el temor a Di-s. El Jafez Jaim se refiere a la diferencia que existe entre quien busca dinero y quien persigue un tesoro. Muchas veces, la persona sale de su hogar frente a un día de trabajo con la esperanza de realizar una buena operación comercial. Luego de recorrer las calles de un lugar a otro, comprueba que en ese día no hay nada favorable para hacer. Retorna a su hogar con la esperanza de que quizás al día siguiente la suerte cambiará. Algo distinto completamente sucede con quien busca un tesoro. Imaginemos que una persona adinerada antes de fallecer reúne a sus hijos y les dice: "Hijos míos, hace muchos años escondí un tesoro con miles de monedas de oro al pie de la montaña que se encuentra al norte de la ciudad. Luego de mi fallecimiento, vayan a buscarlo y divídanlo entre ustedes como herencia". Esos hijos irán con seguridad a buscar el tesoro luego del fallecimiento del padre. ¿Qué sucederá si no lo encuentran? ¿Acaso volverán tranquilos al hogar diciendo mañana será otro día? ¡No!, no descansarán hasta encontrarlo, porque saben con absoluta certeza que el tesoro existe. En cambio, quien buscaba en la calle realizar una buena operación comercial, no tenía la seguridad de concretarla. Es lo que sucede con nuestro tema, nos enseña el Jafez Jaim. En el momento en que se gesta un bebé en el vientre de su madre, un ángel pregunta a Hashem: "qué sucederá con este bebé?, ¿será sabio o necio?, ¿fuerte o débil?, ¿rico o pobre?" (Nidá 16). El ángel no pregunta si será recto o perverso, ya que "todo proviene del cielo, menos el temor al cielo" (Berajot 33). La persona no recibe el temor a Di-s ni por herencia ni por regalo, sino que debe buscarlo y perseguirlo con la seguridad de que podrá encontrarlo. Los libros de ética de nuestros Sabios, el pensamiento y la reflexión continua de las actitudes que realizamos, son los caminos por excelencia que conducirán al objetivo anhelado.

 

Moshe Rabenu le dijo al pueblo que Hashem reclama de ellos sólo el temor a Di-s. El Talmud en Berajot 33 pregunta: "¿Acaso es tan sencillo alcanzarlo?". La respuesta del Talmud es: "Sí, para Moshe es algo sencillo". Debemos analizar la respuesta, ya que aparentemente podríamos decir que si bien para Moshe resultaba fácil conseguirlo, para el pueblo de Israel es realmente difícil. ¿Qué es lo que impide que la persona alcance el temor a Di-s? El Rambam explica en su libro Mishné Torá, que en situaciones específicas el tribunal Rabínico castigaba físicamente a personas determinadas obligándolas a realizar lo que en principio no aceptaban. Por ejemplo, es sabido que el hombre puede divorciar a su esposa en caso de que decida hacerlo por su propio entendimiento y conciencia. Sin embargo, en determinado tipo de casos, el Bet Din (Tribunal Rabínico) tenía el poder de azotar a un marido incorrecto para que así divorciara a su esposa. Podríamos preguntar: ¡entonces no lo hacía concientemente sino presionado por los golpes! La respuesta de nuestros Sabios es que en su interior todo judío es puro. En el fondo de su corazón, ese marido quiere actuar como Hashem determina, sólo que su instinto del mal no le permite hacerlo. Los golpes que recibe nivelan su estado porque destruyen su instinto del mal y de esta forma divorcia a su esposa a plena conciencia. Ahora comprendemos quizás la pregunta que formulamos anteriormente. Para Moshe Rabenu -la persona más sencilla del universo- alcanzar el temor a Di-s era una tarea sencilla. Había trabajado sobre sí mismo elevando sus cualidades al máximo de lo que un ser humano puede alcanzar. El resultado lógico de ese esfuerzo era obtener el temor a Di-s. En cambio, para el resto del pueblo de Israel, la tarea de alcanzar el temor a Di-s es complicada porque el egoísmo humano y las malas cualidades dificultan la misión.

 

Bienaventurada la persona temerosa de Di-s; la que cuida que ninguna de sus actitudes provoque la ira del Todopoderoso; la que se aparta del mal y sólo se preocupa por complacer la voluntad del Todopoderoso. Tengamos el mérito de pertenecer a ese grupo selecto que el rey David calificó diciendo: "El principio de la sabiduría es el temor a Di-s" (Tehilim 111).