DISTINTOS,
PERO UNIDOS
Esta historia
sucedió
en el hotel "Edelweiss" del Sr. L Bermann en St. Moritz, Suiza en el
verano 1990. Era jueves a la noche y los hombres se estaban reuniendo para rezar
Arvit, cuando observaron a un grupo de unos 20 jóvenes con su líder
Temuri Jacobashvili de Tbilsi, Georgia (de la ex - U.R.S.S.) quienes estaban
intentando entender al Rebbe de Kaliv de Bnei Brak, que les estaba dirigiendo la
palabra. El Rebbe, con su barba blanca, sombrero negro y su Kaftan amarillo
intentaba estimular a los muchachos, quienes lucían
vestimenta moderna, algunos de ellos con la imagen de Mikhail Gorbachov llamando
a la perestroika, para que cumplieran todas las Mitzvot que les fuera posible
aunque fuese únicamente
recitar el Shmá
diario, una vez que retornaran a sus hogares de Georgia. Mientras tanto, en el
lobby del hotel, un grupo de niñas
del mismo origen, estudiaba el semblante de los presentes, asombrándose por la apariencia de estas personas tan distintas a lo que estaban
acostumbradas.
¿De dónde
venían estos jóvenes?
Una organización judía
los había traído
de Georgia para que se encontraran con sus pares de Europa occidental y pasaran
un mes de convivencia fraternal. Sin embargo, los jóvenes
suizos, franceses, italianos y holandeses con quienes debían compartir la
experiencia, venían
de casas distantes del cumplimiento de Mitzvot, y por lo tanto, estos chicos de
Rusia, se sintieron aislados y comenzaron a extrañar
sus hogares. A la semana de su estadía,
Temuri entendió
que no los podía
convencer a quedarse más tiempo y tomaron el tren a Zurich para volver a casa. En el camino, el
tren se detuvo en St. Moritz y a Temuri se le ocurrió
que al haber un hotel judío
en el lugar, podría conseguir comida casher para los muchachos.
Cuando el Sr.
Bermann escuchó
la historia de Temuri, le dijo que no permitiría que estos chicos volvieran a Rusia con tan mala experiencia y, por lo
tanto, los invitaba a pasar Shabat a todos en su hotel - gratis. Al comienzo,
los jóvenes
se sentían como una rareza en ese ambiente extraño, pero en el transcurso del día viernes, los huéspedes del hotel
se fueron acercando individualmente y se enteraron de su situación.
Durante la Tefilá
de Shabbat a la mañana,
un rabino de Miami hizo una colecta de promesas para proveerles Tefilin,
Tzitziot, Sidurim, Jumashim y otros elementos religiosos. Al promediar Seudá Shlishit, ya
los jóvenes de Georgia se sentían
familiarizados con el entorno y cantaban las canciones israelíes que habían
aprendido en Tbilsi acompañados
por el resto de los huéspedes del hotel. Aquella noche, después de Shabbat estaban todos reunidos en el lobby, y Temuri habló
al público.
Lo que dijo en aquel momento, quedará
grabado en la memoria de los presentes para siempre.
Comenzó
relatando al historia de Joni Ha’Meaguel (Talmud Ta’anit 23a) que durmió
durante 70 años.
Al despertar, fue a la casa de estudios, pero sus compañeros
ya no estaban. Joni se sintió
frustrado y entristecido. En su desilusión, exclamó:
"o javruta, o mituta" (= O los compañeros, o la
muerte). Y agregó:
"Durante setenta años, hemos estado
‘durmiendo’, aislados del mundo por el régimen soviético.
Conocemos tan poco, y queremos saber tanto más.
Por favor sean Uds. nuestros compañeros.
Ayúdenos a estudiar, inspírenos con su
amistad para que cumplamos mejor con la Torá,
pues de otro modo estamos condenados a volver a Rusia y morir como judíos ignorantes..."
Cuando Temuri
acabó
con sus palabras, hubo un aplauso estremecedor. Uno de los presentes, comenzó
a cantar una canción
de Ajdut (unidad fraternal), y todos comenzaron a bailar entusiasmados, los
hombres en el lobby y las mujeres en una habitación
de al lado. Gente de Israel, EE.UU., Europa y Rusia bailaron juntos por más de una hora,
transmitiéndose
unos a otros sentimientos de hermandad y solidaridad. El Midrash Tanjuma de
Nitzavim nos dice que "Israel no será
redimido hasta que sean una entidad unida" (adaptado del libro "In the
footsteps of the Maggid de R. Paysach Krohn)
En Parshat
Vaiejí,
Ia’acov se despide de sus doce hijos antes de fallecer. Ia’acov tiene la
dicha de saber que el pueblo de Israel se va a conformar con la totalidad de sus
hijos, siendo cada uno de ellos progenitor de una tribu, cosa que no ocurrió
con Avraham o Ytzjak, quienes no tuvieron aquella satisfacción. En ese momento, Ia’acov bendijo a cada uno de ellos acorde a sus
características
particulares - como persona y como tribu. No habían
dos hijos iguales entre los hijos de Ia’acov - ni en otra familia. Tampoco el
futuro de las tribus sería
similar, como lo vemos en la historia. Por ejemplo: Leví
sería
progenitor de los sacerdotes y Iehudá
de los reyes. Zevulún
mantendría a Isajar materialmente para que se dedicara al estudio y Gad iba a
defender las fronteras. Así, cada uno de
ellos tendría su rol, sin el cual el pueblo no estaría completo. Cada tribu le daría al pueblo de
Israel su líder
en el futuro, en el momento indicado.
Como
introducción
a la bendición, Ia’acov exigió
a sus hijos "ser unidos y solidarios". Aun si cada uno de ellos fuera
distinto a los demás,
no debería sentirse autárquico
e independiente del resto. En muchas oportunidades, los versículos y las
palabras de los Sabios nos hacen saber la importancia de la unidad del pueblo.
¿Qué
nos impide ser unidos? Obviamente, que el sentimiento de solidaridad, como a su
vez la omisión
de animosidad por los logros ajenos, son requisitos imprescindibles. Sin
embargo, debemos cuidarnos en primer lugar, del sentimiento de auto-suficiencia
de un grupo de judíos. Esa sensación
es equivocada. Todos dependemos de todos, del mismo modo en que cada miembro de
un cuerpo sufre del dolor y la carencia del otro. En segundo lugar, daña el intento de alguna agrupación de influir para que todos los judíos tengan la misma característica.
Esta segunda
modalidad, la encontramos en ciertos grupos que creen que su tradición
y costumbre es superior a otras y procuran enseñar
sus prácticas particulares a todos los judíos, en desmedro de las usanzas originales del lugar de origen de cada
congregación.
Los Minhaguim (modo de cumplimiento de las Mitzvot) de cada comunidad son
sagrados y están avalados, en su gran mayoría, por eruditos
de generaciones, quienes fijaron la costumbre para esa específica comunidad. (En particular, nosotros, los descendientes de judíos
de Alemania, tenemos nuestro Minhag, el "Nusaj Ashkenaz" fijado por
los Rishonim - los Sabios de la época
medieval - y muchos de ellos intactos desde la época
del Bet HaMikdash). Cada tribu tenía
su Minhag, y, del mismo modo, cada comunidad tiene su Nusaj, sus melodías y su estilo
de estudio. En ciertas Ieshivot, se estudia de manera más intensiva cubriendo menos hojas de Talmud por Z’man (semestre), en otras
se estudia más
velozmente, cubriendo más
hojas. En cada Ieshivá,
el Rosh Ieshivá
elige los tratados (Masejtot) que se estudiarán. En algunos
lugares, se estudia el Talmud "aliba dehiljetá"
(para llegar a la conclusión
legal), mientras que en otros lugares, no es así.
En nuestra Ieshivá
)"Jazón
Iejezkel"), el estudio está
centrado en la Guemará
(Talmud) en distintos niveles de profundización, el estudio de Torá (Jumash) con
comentarios, la Halajá
y el Musar (auto-conocimiento y corrección de los
defectos personales). Dentro de la observancia estricta del Shuljan Aruj y la
adhesión
a los trece principios de nuestra Emuná,
son numerosos los caminos hacia el Irat Shamaim y no se excluyen recíprocamente.
En la época
de los jueces, hubo una cruenta guerra civil entre la tribu de Biniamín y todas las
demás
tribus. Cuando Biniamín fue derrotado y corría peligro de
desaparecer, los ancianos del pueblo advirtieron que eso sería
erróneo (Shoftim 21:17). Fue entonces, que todos ayudaron para reestablecer a
aquella tribu, que luego le dio el primer rey (Shaul) a Israel. El
"Ajdut" (= unidad) fue siempre considerado un elemento esencial para
la supervivencia de los judíos. Depende del
respeto por la particularidad de los otros, que esta unidad sea posible.